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La crisis virginal de Renesmee Cullen Swan. — capítulo 6
Última fase, noviazgo.
Estando sentados en una mesa donde no podían molestarnos, era genial, mi abuela había pensado en todo.
Nos habían separado en un pequeño saloncito, donde estábamos separados de la demás gente del restaurante, pero nos podíamos ver por los cristales transparentes, unas lámparas reposaban en lo alto de unos cimientos, una lámpara de cristales estaba en el centro del saloncito y solo una mesa cuadrada con manteles color vino, la mesa era para dos, uno enfrente de otro.
Unas veladoras en el centro y ambos teníamos copas, una de vino tinto y otra de agua, platos de primera, segunda y tercera entrada.
Ahora estábamos con la segunda entrada, que más bien era el plato fuerte.
-¿Qué te parece la comida, Jake?-
-Me gusta, jamás lo había probado, ¿Qué es?- me pregunto, él tenía el tenedor en la mano.
-Linguina a la Amatriciana, es comida Italiana-
-Sabe genial, jamás lo había probado-
-Bueno, mi abuela siempre me lo prepara porque a mí me encanta, es una de mis comidas favoritas- le sonreí.
-Creo que no tienes problemas para conseguir algo así, tu abuela trabaja en restaurante y te lo pueden llevar a domicilio si quieres- yo solo reí y negué divertida.
Seguimos comiendo mientras nos divertíamos haciendo bromas de la gente que entraba en el lugar, según el eran personas que se alzaban el cuello, pero que no tenían personalidad, en una de esas entro una señora que parecía que olía algo mal, y su peinado era un caso, su cabello parecía una montaña.
Después de tanto, había encontrado a una persona que si me entendía y que además no me criticaba por mi forma de ser, al contrario, le parecía interesante que fuera así, era maravilloso verlo sonreír y cuando se sonrojaba haciendo que sus mejillas se obscurecieran.
Después de terminar el plato fuerte nos trajeron un plato de postre, era pastel de chocolate con tres leches, fresas y mangos, se me hacía agua la boca.
-¿Te gusta el pastel de chocolate?- me pregunto interesado y divertido.
-Lo acepto, recaigo en la leyenda de que a las mujeres con algo de chocolate las enamoran, aunque, el chocolate es un vicio para mí- le sonreí.
-Bueno, a mí también me encanta el chocolate, te contare un secreto - yo solo asentí y me acerque mas para que me susurrara - Yo me he acabado un bote de helado en menos de una hora, y era de chocolate- empecé a reír a carcajada abierta.
Bueno, no era raro que un hombre comiera helado, y menos de chocolate.
-Eso es… genial, al menos ya tengo un compañero de helados- el rioasintió vigorosamente.
-Renesmee, tengo algo que decirte- se puso serio, yo carraspee y también me puse seria.
-Claro, ¿Qué me quieres decir?-
-Bueno, esto no es fácil, más bien es vergonzoso al tener en cuenta que bueno, jamás había hecho esto, pero… sé que vale la pena y…-
-Y si me dices ya que pasa todo será más fácil- lo mire enternecida ante su nerviosismo.
-Bueno, tenemos algún tiempo ya de conocernos, hemos salido y nos llevamos bien, además de que siento como si te conociera desde hace mucho, y yo quería decirte si… ¿Quisieras ser mi novia?- agacho su cabeza mirando las manos que tenía en la mesa.
Me había quedado muda, no sabía que decir, pero la verdad es que me sentía tan a gusto con él, me sentía yo y no tenía que fingir nada con él, el me entendía y sabia además de que sería feliz.
-Claro que sí, sí quiero ser tu novia- me pare y me arroje a sus brazos tumbándolo de la silla y yo junto a él.
Empezamos a reír, lo bese, y a él le gusto porque también me beso, era feliz y se lo estaba demostrando, este amor que empezaba a sentir hacia él no era fingido ni nada, era real y se podía tocar con una suave caricia.