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Avada Kedavra, Querida Granger. — capítulo 10

Draco subió de nuevo a la habitación, llevando unas pequeñas botellas revestidas de seda color morado

-Aquí está. -Dijo serio.

Blaise se había quedado dormido.

*De nuevo -*Pensó Draco, molesto. Sacudió a su amigo, pensando en que quizás podría derramarle agua fría.

-Hmnn…?  -Murmuró el otro chico, despertándose a duras penas.

-¡EL SOL YA SALIÓ! -Gritó el rubio, quitándole las sábanas y descorriendo las cortinas, para que los rayos de sol dieran a su  amigo- ¡NO SEAS IMBÉCIL, BLAISE ZABINI!

Draco se había desvelado toda la noche junto al pequeño caldero que escondía en su habitación en caso de emergencias, mezclando menjunjes y batiendo restos de pociones viejas. Creía que al fin había obtenido algo decente.

-Yo tomaré esta poción. -Dijo impaciente el Malfoy, apuntado a un líquido verdoso y pantanoso que contenía los cabellos de Zabini- No eres tan buena persona, ¿Eh?

-Yo podría decir lo mismo de ti. -Replicó Blaise. Aunque, mirando las ojeras bajo los grises ojos de Draco, y pensando que se había desvelado por la seguridad de una persona, costaba creer que fuera el malvado chico que conoció en Hogwarts.

El Malfoy observaba con una mezcla de orgullo y pérdida que su poción Multijugos parecía haberse vuelto más pura. Ahora era de un tono naranja suave.

El amor hace mejores a las personas. -Dictaminó mentalmente.

Faltaban dos horas para que su madre llevara a Hermione lejos. La sola mención del tema hacía que Draco se pusiera nervioso.

Ni siquiera la conozco.-Se repetía mentalmente, creyendo que quizás se haría entrar en razón-Estoy arriesgando mi reputación por alguien que ni siquiera conozco. Además, ¿Cómo sé si estoy enamorado de ella? ¡Ella ni siquiera me dijo si le parecía bien...! Quizás, quizás…

Pero nada de lo que se dijera lograba hacerle efecto. Él la apoyaba ciegamente, a pesar de que no quería.

Maldición.

-¿Listo? -Preguntó el moreno.

-Más que listo. -Contestó Draco- A la de tres.

-Una. -Quizás la poción no funcionaría.

-Dos. -Los descubrirían con facilidad.

-Tres. -Ya es tarde.

Ambos chicos completaron esta última palabra al unísono. Dicho esto, bebieron la poción de un solo sorbo.

-¿Pero qué…? -Exclamó Hermione, al mismo tiempo que se desperezaba como un gatito.

-Levántate, sangre sucia. -Exigió Narcissa, con un tono frío y arrogante.- Ya tuve suficiente de ti, mocosa aprovechada.

Muy pocas veces la mismísima Narcissa Malfoy se iba a visitarla en la frialdad de las mazmorras, Granger sabía que algo malo estaba a punto de suceder.

A la castaña le recorrió un escalofrío. Narcissa nunca la había tratado así de mal, solía limitarse a observarla como si fuera un insecto.

-Ya…ya voy. -Dijo Hermione, temerosa de decir algo que podría considerarse inapropiado.

-Pues date prisa. Te reunirás conmigo en el jardín. -Añadió la madre de Draco, soltando en la cama un vestido celeste.- Tendrás que ponerte algo decente, mocosa. Y deberías hacer algo con ese horrible pelambre que tienes sobre la cabeza.

Narcissa salió de las mazmorras con el erguido andar de una reina, sonriendo como si algo le pareciera de lo más divertido.

Hermione masculló entre dientes algo sobre una vieja loca.

No puede hacerme daño. No puede hacerme daño. No puede hacerme daño-La chica se repetía esto con la esperanza de que ella misma se lo creería.- supongo, y por favor que esté en lo cierto.

La castaña se vistió con la ropa que Narcissa le había dejado, que resultó ser un delicado vestido con volados de una suave tela de la que nunca había escuchado hablar. Se sujetó la melena con una cinta de seda roja y se puso unas ballerinas negras.

No tenía la menor idea de por qué la había vestido así.

Pero todo era parte del plan de Narcissa, que quería que su hijo viera a su amada en todo su esplendor antes de que se marchara para siempre, de ese modo aprenderá la lección. No podía estar más equivocada.

Hermione bajó ansiosa las escaleras, donde la esperaba el carruaje de los Malfoy.

El corazón le latió desbocado. Allí, bajo la llovizna, se encontraba Blaise, esperándola, con una sonrisa confiada que resultaba fuera de lugar en sus pómulos marcados.

Hermione comprendió con suma rapidez. 

Me van a llevar lejos.

Un sudor frío le bajó por la espalda, y entendió asombrada lo que sentía.

No quiero dejar a Draco.

Hermione intentó refrenar su repentino impulso de gritar. Narcissa observó complacida a la Impura, con una pequeña sonrisa curvándole los labios, que sumado a su cabello rubio platino, le daba el aspecto de bruja malvada de un cuento muggle.

-Ve, adelante. -Dijo Narcissa, recuperando su tono impasible y gélido, que calaba hasta los huesos.

Pero Hermione no se movió, estaba en guerra con ella misma.

"Estarás lejos de los Malfoy, y ya no tendrás que soportar sus excentricidades."

"Pero Draco te tocó una canción."

En algún rincón de su mente, la castaña había dejado de llamar al rubio Malfoyy había empezado a llamarlo amistosamente por su nombre. Sentía una opresión en el estómago.

"Y luego dejó de prestarte atención."

"Te dijo que te quería."

"Los chicos cambian rápido de opinión."

"Draco es diferente."

"Querrás decir que te es indiferente."

"El cambió."

"No dejó de llamarte impura."

"Su madre te odia."

"Ella odia a todos."

"Te besó sin permiso."

"Porque te quiere"

"Malfoy es un cretino."

"Pero es mí cretino."

Hermione avanzó... Al sentido contrario.

Narcissa había estado tan confiada que había olvidado asignarle guardias.  Escuchó la exclamación de la madre de Draco cuando ella corrió hacia atrás.

-¡Atrápenla! ¡AHORA! ¡VE, ZABINI!

La chica no sabía si era por la adrenalina o por la preocupación, pero se movía con desmedida agilidad. Aún oía los pasos de los guardias corriendo tras ella, cuando chocó contra un cuerpo.

Alzó la vista, y se encontró asombrada con el causante de todos los problemas, Draco Malfoy.

Dejó de correr, y lo abrazó sin pensarlo. Draco la alzó en el aire, para besarla... O eso parecía que hacía, con un inesperado giro de muñeca, sujetó a Hermione por la cadera. Y la llevó a su madre.

-Eres... un... maldito... Draco... Malfoy. -Exclamó, acentuando cada palabra con un golpe, como solía hacer.

Pero el chico no la soltaba.

-Ese es mi hijo. 

Hermione sintió como se desmoronaba cuando Draco la metió en la carroza y cerró la puerta, dejándola encerrada con Blaise. Ya no podía escuchar las conversaciones de afuera de la carroza.

Unas cálidas lágrimas rodaron silenciosas por la mejilla de la chica cuando los caballos galoparon, y tuvo una última visión de los ojos color gris y los finos labios de Draco, se  secó las lágrimas con la delicada manga del vestido.

Dio un pequeño sollozo, y se acurrucó, como un pequeño gato. Le dolía mirar atrás y le asustaba mirar adelante. Y con un último sollozo, se cubrió el rostro entre sus manos y cayó dormida.

"Así que te duele dejarme ¿eh?"-Pensó su acompañante con una sonrisa soncarrona llena de arrogancia, Blaise Zabini, que en realidad era Draco Malfoy bajo los efectos de la poción Multijugos, miró a la chica dormir hasta que sus párpados se cerraron.

Hola :D ¡Soy yo de nuevo! Lamento haber tardado tanto en subir un nuevo capítulo, es una larga historia, y como me da flojera explicarlo, sencillamente no lo haré. Espero que este capítulo les haya gustado, tengo algunas " "sorpresas" preparadas para el próximo capítulo. Dejen un comentario, ustedes me motivan.

                                         ¡Besos mágicos!