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Avada Kedavra, Querida Granger. — capítulo 9
Blaise cerró la puerta de su recién adquirida habitación con furia, casi con saña. Y por supuesto que tenía razones para molestarse. Cayó en la cuenta que la historia siempre se repetía, una y otra vez. Yo hago todo el trabajo sucio.-Se decía a sí mismo, convenciéndose cada vez un poco más- Y Draco se queda con la chica, dejándome con las manos vacías. Se sentía utilizado y le provocaba furia. Lo que no quería admitir era que detrás de la furia se sentía herido. Se dejó caer entre las sábanas blancas que la madre de Draco había decorado con notas color verde esmeralda, simbolizando a Slytherin, escuchando el silencio de característico de la media noche, que parecía esmerarse en dejarlo aturdido y somnoliento. -No puedo traicionarlo. Es mi amigo. -Dijo en voz alta, pero advirtió que su propio tono le sonó desalentador. Una súbita ráfaga de aire frío entró por la ventana, helándolo hasta los huesos. Observó con cierto gusto que su habitación también daba al jardín, y se preguntó si todas las habitaciones de la mansión estaban ubicadas estratégicamente para que al menos una ventana tenga vista al jardín. Al principio había pensado que dormir en lo que él llamaba planta baja sería divertido, pero solamente le hacía añorar la sala común de Slytherin, sus dormitorios, sus otros amigos… Narcissa no lo había sacado de Hogwarts a la fuerza, porque eso era prácticamente imposible con las nuevas leyes que El innombrable había impuesto. Había llenado un montón de papeleo, firmado un montón de cartas y dado varios discursos para que lo dejaran salir. Pero otra cosa que lo había ayudado había sido el hecho de convertirse en Mortífago. Aún recordaba con demasiada nitidez al resto de los Mortífagos burlándose de su petición, pensando que estaba bromeando. Con un sudor frío bajándole por la espalda, le asaltó el recuerdo de cuando empezaron a tomárselo en serio, sus murmullos maliciosos, las sonrisas falsas, las carcajadas forzadas que cubrían la incertidumbre que sentían. Y por último, la marca reciente ardiéndole en el brazo… Casi sin darse cuenta llevó su mano a la marca tenebrosa que llevaba, en ese momento no era consciente de todo lo que significaba transformarse en uno de los seguidores del Innombrable… no sabía por qué, pero sintió nauseas. -Debes estar loco si hablas contigo mismo. Zabini escuchó estas palabras estupefacto, porque no salieron de su boca. Se pronunciaron con una voz femenina fría, ligeramente divertida. Con los músculos en tensión, se levantó lentamente de la cama. Ya saben, de ese modo peculiar de cuando uno espera que un loco salte de entre los arbustos. Pero no era nada de eso. Narcissa lo observaba desde la ventana, impasible, pero aun sin estar furiosa. -Vamos a dar un paseo. -Le dijo, no era una pregunta. Era una orden. Blaise prácticamente saltó de la cama, inquieto, buscando algo con lo que entretener sus manos. Porque si Narcissa Malfoy quería algo de él, ese algo no iba a ser nada bueno. Ambos salieron de la habitación al jardín, dando un portazo a la habitación vacía. -Lamento haber irrumpido sin preámbulos tu descanso. -Por la mirada que le lanzó, el chico estaba seguro de que en realidad no lo lamentaba- Te traje aquí con un objetivo, querido, vengo a reformular la petición que te hice al llegar ¿La recuerdas? -Sí. -Contestó, con la garganta repentinamente seca.- Yo me llevaré lejos a la Sangre Impura. -Eso, en pocas palabras. -Narcissa posó su vista en una mariposa que revoloteaba entre las hojas de una planta. Parecía que tenía ganas de prenderle fuego.- Creo que acortaré el plazo en cuestión. ¿Te parece bien? Blaise intentó calmar los desenfrenados latidos de su corazón. Haberle preguntado si le parecía bien era una mera formalidad, ya que no tenía la opción de negarse. -P… Por supuesto. -Respondió, apartando su mirada.- Si no es mucha molestia preguntar, ¿Para cuándo aproximadamente desplazaría la fecha? -Mañana a la amanecer. Eso era antes de lo previsto, y ni siquiera tenía un plan. -Por supuesto, madame Malfoy. Ya que todo está arreglado, ¿Le importaría si vuelvo a dormir? Estoy muy cansado y mañana tendré que despertarme temprano. -De acuerdo. -Se limitó a responder ella, aunque parecía aliviada de no tener que pasar más tiempo del necesario con Blaise. Aunque estaba agotado, Zabini no se dirigió a su cama. Dio una vuelta a la mansión, y subió nervioso las escaleras de dos en dos hasta llegar al cuarto de Draco. El rubio se encontraba dormido en el suelo, lo que le pareció ilógico a Blaise, ya que Draco disponía de una gran y cómoda cama. Se preguntó que estaría haciendo antes de dormir. -Draco, Draco, despierta… -Susurró, moviendo suavemente al otro chico. Cuando notó que nada funcionaba, utilizó lo único que se le ocurrió. -¡Aguamenti! El chico despertó sobresaltado, maldiciendo. -¡Por Merlín! ¿Qué haces despierto a esta hora? ¿Por qué…por qué…? -Cállate, tengo algo que decirte. Blaise relató inquieto todo lo ocurrido esa noche, sin omitir ningún detalle. -… ¿Y qué se supone que haremos? -Finalizó. -¿Por qué tengo que planearlo yo? -Inquirió Draco, que había escuchado absorto toda la historia. Olvidando que estaba empapado. -Porque yo soy el lindo, tú el listo. -No estoy de humor para bromas, Zabini. El Malfoy se recostó en la cama, murmurando un par de palabras amortiguadas por las sábanas. -Tengo poción Multijugos.
Hola :D Perdón por haber tardado tanto en actualizar, ustedes ya saben la razón. Y me alegro de poder decir, (Aunque supongo que a ninguno de ustedes les importa) que saqué buenas notas. ¡Gracias por esperarme! Y muchas gracias a los que me desearon suerte ¡Besos mágicos! :*