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Avada Kedavra, Querida Granger. — capítulo 4
La privilegiada mente de Hermione trabajaba toda máquina, trazando planes y desechando opciones al ritmo al cual lo haría una computadora. Se sentía bien, se sentía como si hubiera tomado un galón de cerveza de mantequilla. Estaba lista, tenía un plan; escapar. Se vistió aprisa con el horroroso vestido gris de mecera Muggle que Malfoy le había dado; era más que evidente que que quería humillarla lo más posible. A medida que avanzaba por el solemne pasillo sentía como si se encogiera, la mansión era demasiado grande. Estúpida, no por nada la llaman Mansión. -se decía Hermione mirando a ambos lados, como una niña pequeña antes de cruzar la calle, nadie le prestaba atención- Pero, si es tan difícil llegar a la cocina, ¿Qué tan difícil será llegar a donde quiero? ¿Podré ser tan rápida? Todo el valor que había acumulado se había esfumado en el aire, llevándose también gran parte de la solemnidad de su presencia; al salir de la habitación tenía la frente en alto y el cuerpo ergido, ahora, en medio del pasillo, escondía su cabeza entre su gran mata de cabello y tenía que esforzarse para que no se notara demasiado que sus dedos temblaban, Esto no hacía más que sumarse a su aspecto de desequilibrada. Desde que había entrado en la mansión Malfoy había presentado la mayoría del tiempo una imagen de desequilibro mental, y ahora quizás lo estaba un poco. Malfoy la había convertido en una loca. Por fin había llegado a la cocina. Una señora de edad avanzada y rostro alegre se le acercó y le puso una bandeja llena de bocadillos extravagantes de colores. Tuvo una de esas respuestas inteligentes del tipo; ¿Ehh?, hasta que recordó que ella era la mecera. Ella tenía que servir. -¿Hermione?- la chica se dio vuelta al oír su nombre, pero deseó no haberlo hecho. Se encontró con una versión de Draco sonriente y tranquilo.Nunca lo había visto así; todas las ves que lo había visto, Draco había estado loco de furia, delirando o amenazándola. Este Draco le gustaba. Ese era el problema. -Tengo sed. -dijo, recobrando su actitud pedante.- Dame algo. -Ten. -contestó Hermione, pasándole un vazo de jugo de calabaza. -¿Sabes? -comentó el, pavoneándose a costa de Hermione- Luego de terminar la cena llevaré a Astoria a montar en estoba, tú, por supuesto, te quedarás aquí.Draco no sabía el impacto que sus palabras habían causado en Hermione. Una palabra relució en la mente de la chica, haciendo que las piezas de su plan de escape escajaran a la perfección, como piezas en un rompecabezas. Escobas. Hermione tenía que desviar la atención de Draco: -¿No deberías estar con Astoria? -preguntó, enmascarando su súbita felicidad. Cuando Draco volvió a hablar, lo hizo como si aún tuviera los Once años que tuvieron al conocerse. -No, quiero quedarme contigo. El rubio no se percató de sus palabras hasta antes de darle un último sorbo a su jugo de calabaza. De este modo, recrearon sin siquiera darse cuenta la típica escena de asombro muggle: Draco escupió su bebida en el rostro de Hermione. -Eeehh..Yo, yo yo...-Farfulló el chico--Ehh..Perdón, yo, yo..¿Voy a buscar algo para secarte? Eehh..Claro que sí. Voy. Draco se marchó con una un torrente de ideas en la cabeza: ¿Él había dicho eso? ¿Hermione lo había escuchado? ¿Prefería a Hermione en vez de a Astoria? Y la pregunta que se forzaba a no contestar, ¿Amaba él a una Impura?
Hermione no lo había oído. Había estado demasiado ocupada repasando su plan, demasiado ocupada preocupándose de las variantes. Demasiado ocupada para saber que Draco Malfoy había flaqueado por ella. ¿Qué? Ella no sabía lo que ocurría, sólo sabía que Draco no estaba cerca. Ahora o nunca. Se hechó a correr por los pasillos, ni siquiera había sido necesario encontrarse con Astoria. Woho. Nadie te vigila, puedes hacerlo. -se decía Hermione mirando a ambos lados, como una niña pequeña antes de cruzar la calle- Tienes una estrategia, los tomará desprevenidos. No hay peligro. Pero la amarga sensación que sentía en el pecho se encargaba de desmentir todos sus consuelos. Sudaba y los Pulmones le dolían. Y, aunque no fallara, aunque lograra salir. No estoy a salvo, no estoy a salvo en ninguna parte.Hermione volvió a enumerar su plan, era predecible.
- Huír. Hecho. Siguiente paso, crear una distracción que involucre tanto a Astoria como a Draco y hacer que Draco salve a Astoria y la lleve lejos de ella, eso quitaría del medio a la parejita, mientras todas las demás personas que no sabían nada de ella calmaban las cosas, eso quitaría del medio a los demás. Ahora el problema. ¿Qué puedo utilizar cómo distracción? ¿Romper algo? No, lo podrían arreglar con un simple conjuro.¿Prender fuego a algo? No, eso lo solucionarían con alguno que otro hechizo avanzado. Fue entonces cuando notó a una rata. Se acercó a sus pies y a Hermione le causó una extraña sensación que estuviera ahí. En el momento justo. La chica levantó a la rata del suelo. Donde hay una, hay más -pensó. Y con un poco de asco, empezó a buscarlas. Y, en efecto, había más ratas. En pocos minutos tenía más o menos un ejército de ratas. Había que liberarlas. Con cuidado fue bajándolas una a una, llevándolas a la cocina. Donde Draco había dejado un trapo. Hasta se había olvidado que estaba empapada.Por suerte, nadie se había percatado de que ella habían desaparecido. La cena estaba a punto de comenzar. Dejó a las ratas en el suelo, ellas se armarían sus propios problemas y llevó una bandeja en dirección al balcón en donde estaban sentados Draco y Astoria, el lugar era Impactante. Parecía sacado de un cuento de Hadas. Draco se pavoneó. Hermione sonrió. -¡¡UNA RATAA!! -chilló una chica joven, de rosadas mejillas, en la cocina- !!HAY UNA RAATAAA!! Sus chillidos eran tan agudos que podían ser confundidos fácilmente con una cabra pariendo. Sus chillidos eran alamantes. A Hermione se le cayó la bandeja de canapés de colores al suelo con gran estrepito, mientras Astoria hechaba a correr. Astoria maullaba como loca. Se olvidó de Draco y salió pitando. Maullaba y no se callaba. Daba miedo en verdad. Unas cuantas ratas le morideron los pies mientras salía despedida como el corcho de una botella de Champagne. Hermione salió corriendo por el pasillo mientras los cientos de ratas se defendían con uñas y dientes del personal de la cocina. Todos gritaban. Draco hizo algo inesperado. Hermione corría hacia las escobas, estaba cerca..Tan, tan cerca. Cuando Draco la tomó la de la mano y empezó a correr hacia su dormitorio con una rapidez alarmante, le susurraba cosas a Hermione, ella no lo escuchaba. -¿QUÉ HACES? -Gritó Hermione, intentando soltarse del fuerte agarre de Draco. El rubio contestó sin detenerse. Jadeaba. -Te...Te estoy salvando, querida Granger. Hermione no había contemplado esa variación. Hola :D, Aquí está su Actualización. (Es larga. !OH!) Perdón por haber tardado tanto, es que no tuve oportunidad de utilizar la computadora. Bien, este capítulo lo he hecho muy a prisa, para hacerles saber que no los he olvidado. Aquí recae la cuestión: ¿Les gustó?