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Avada Kedavra, Querida Granger. — capítulo 6
Narcissa estaba furiosa, furiosa de verdad.
Pocas veces adoptaba tal enojo, y hasta resultaba divertido. Claro, resultaba divertido si no eras tú con el que estaba enojado.
Luego de haber sacado por sus propios medios (Si es que la fuerza cuenta como sus propios medios) a la versión de Draco desmayado de su habitación, lo llevó a una gran recámara vieja, que parecía vagamente un comedor. Dejó a Hermione en el calabozo. Se armó un pequeño alboroto que sólo contribuyó a la frenética sensación de furia de la Malfoy. Ya era de noche.
-Draco Malfoy, -exclamó Narcissa. No sonaba nerviosa, sino tranquila, conteniéndose. Lo cual sólo hace cuando se enfurece realmente mucho.- Mi propio hijo, de extirpe pura. ¿Puedes explicarme como has como has sido capaz de algo tan aberrante?
-¿De algo tan qué?
-De algo tan ABERRANTE. A-B-E-R-R-A-N-T-E.
-Ah. Yo no hice nada.
-¿Crees que me voy a tragar ese cuento? ¿Crees que no ví lo que pensabas hacer con esa Sangre Sucia?
-Hermione n...
-¡No la llames Hermione! -cortó su Madre.
-Bien, yo no quiero nada con Granger, Mamá, ella sólo es una inmunda prisionera y así se va a quedar. Astoria es mi Novia.Se sentía extraño para el Malfoy volver a hablar mal de la Sangre Sucia. Pero no le costaba mucho volver a hablar con la voz fría y arrogante que lo caracterizaba.
Creía haberse salido con la suya de nuevo.
No podía estar más equivocado.
-No te creo. -replicó Narcissa como una niña pequeña.
-¿Qué tu… ¿Que no me crees?
-Exacto. No te creo. Pero me alegro de que no te interese. -Dijo, con una curvada sonrisa- Porque no la volverás a ver.
-¿¡Qué?!
-Lo que oíste. La enviaré lejos, muy lejos. Estás castigado. Vete a tu cuarto.-terminó, apuntando un retorcido dedo con malicia.
Draco se quedó congelado. Dejó de respirar y sus pies se quedaron clavados en el suelo.
Hermione.
Había demasiada información, además de ser muy chocante.
Carraspeó. No podía dar la impresión de que Narcissa había ganado. Tenía los ojos como platos y la boca abierta.
Sentía como si fuera a vomitar sus intestinos.
Se levantó y se fue sin poder articular palabra. Pero algo le quedó claro.
*Amo a Hermione, la sangre sucia. -*Pensó, con un incesante dolor en las tripas.
Narcissa salió también de la habitación con aires de Princesa enojada. Ella también tenía un Plan.
No confiaba en su hijo.
Entró divertida a su elegante cuarto y empezó a escribir una carta rápidamente....Querido**Blaise Zabini....
Luego de terminar su larga carta, la envió por medio de una de las numerosas lechuzas que tenía.
Suspiró y volvió a poner manos a la obra.
Comenzó a preparar una merienda casera. Preparaba Sandwiches de atún y jugo.
Empezó a tararear mientras llevaba la merienda al Calabozo y la dejaba en un lugar en donde Hermione (Que seguíahechizada en el suelo) lo encontrara prontamente al despertar.
Lo que ella no había calculado era que Draco viniera al calabozo a ver a Hermione. Había pensado que él se sentiría intimidado por ella.
Draco avanzó con paso confiado, pavoneándose como había hecho ya tantas veces en Hogwarts . Pero su mirada tenía un matiz diferente: Estaba preocupado.
Pocas veces en la vida se podía apreciar la imagen de un Draco Malfoy preocupado. La mirada se le volvía tormentosa y arrugaba constantemente el seño, hablaba con su voz real. No la voz teñida de arrogancia que utilizaba para referirse a todos los que no fueran él mismo.
La llegada de Hermione había desatado los sentimientos más extraños en la familia Malfoy.
Como sea, el chico bajaba apresurado por las escaleras a las mazmorras, lanzado miradas nerviosas a los costados constantemente, sigiloso.
Soltó la cerradura que había puesto su padre, Lucius Malfoy en la cerradura de las mazmorras a pedido de su esposa, la madre de Draco.
Chasqueó la lengua. Tendrás que ser más lista para poder conmigo, madre…
Pero seguía un tanto alterado. Sabía que a su madre le corría el mismo ingenio por las venas.
Además, lo que él pensaba hacer también era arriesgado.
Abrió con delicadeza la puerta y observó un momento a Hermione.
-¿Por qué te amo, Estúpida sangre Impura? Sólo me traes problemas. -refunfuñó, aunque sentía ternura por la frágil figura que tenía enfrente.
Hermione aun llevaba el traje de mesera. Tenía el castaño cabello encrespado y alborotado, con la Luz de la Luna que se filtraba por las ventanas bañando su rostro. Con su esbelta figura frágil y tierna tirada en el suelo.
Se sentó junto a ella. Tenía su cálido aliento en el rostro. Menta.
Entonces fue cuando pasó. Hermione ni siquiera estaba consciente.
El la besó.
Fue un beso delicado y dulce. Los labios de Draco sabían dulcemente a Canela. Y sintió como si su corazón se encogiera, y el mundo desapareciera, sólo existía Hermione. Sin dejar de besarla, la estrechó contra su pecho y empezó a abrazarla. La quería, en verdad.
Draco sentía unas repentinas ganas de llorar.
Notó que Hermione estaba fría, de modo que se sacó su camisa y la puso contra su pecho. Se sentía libre. La Sangre Sucia posó su cabeza en el torso desnudo de Draco.
-¿Sabes estúpida? Te amo. -murmuró a su bella durmiente.
Su mirada soñadora vagó en las mazmorras hasta toparse con la bandeja de Sandwiches y jugo. Eso no debía de estar ahí.
Destellaban.
El corazón del chico se aceleró. Y se puso con brusquedad su camisa y pasó a observar la comida.
No, no, mamá, no…No.
El temor abandonó sus ojos al comprobar que ella no lo había comido.
Su madre le había preparado una trampa. Más o menos.
Fue entonces cuando observó la figura de Blaise Zabini en la puerta.
Las piezas encajaron.
Draco le rompió la nariz a Blaise con un puñetazo.