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Avada Kedavra, Querida Granger. — capítulo 7

Se podía decir que Draco se parecía mucho a su madre cuando se enfurecía.

Blaise retrocedió un poco, intentando captar lo que pasaba. Draco Malfoy lo había golpeado.

-¡Me traicionaste! -chilló el rubio, aplastando con su cuerpo a Zabini contra la pared.

-¡Tú me traicionaste! -contestó el aludido.

En eso momento se ensartaron en aquellas conversaciones del nivel de inteligencia de un niño de 6 años. Fue algo como:

-¡Fuiste tú!

-¡No, tú!

-¡Fuiste tú!

-¡Que fuiste tú, dije!

-¿Yo? ¿Qué tengo que ver con algo?

-No tienes que ver con nada, mucho menos con algo.

-¿Qué?

-¡Que fuiste tú!

-¿Qué yo fui qué?

-¿De qué estamos hablando?

-No lo sé.

-Ah.

Ambos se hubieran reído si se trataran de otras circunstancias, pero era un caso delicado.

-¡Un momento! -Pidió Draco, aun aplastándose contra Blaise.- Respóndeme, ¿Qué haces aquí?

-¿Qué es lo que crees que hago aquí?

-Conozco tus juegos, amigo.

-Pues te contaré la historia, aunque supongo que ya la sabes. Estoy aquí por Hermione. Tu madre me envió una carta, diciendo que podía reclamarla y llevármela.

-¿Llevártela para qué? -interrumpió Draco, ruborizado. Se imaginaba para que la quería.

-Eso no te incumbe. Como decía, yo le contesté a tu madre que sí. Ella acordó la fecha, y me preparó algo para asegurarme de que no se resistiera.

-¿El jugo y los Sandwiches?

-Exacto. Les agregó unas pociones. La poción que usó en el jugo era sencilla, para borrar la memoria y modificarla. ¡Imagínate! Yo podía hacerle creer lo que quisiera, que era mi sirvienta, mi hermana, mi mucama, mi novia, mi amante. Pero la poción que usó en los Sandwiches tomó más tiempo, la sacó de una novela muggle de un tal Shakespeare: Te enamorabas de la primera persona que veías. Creo que Narcissa conocía mis intenciones.

Draco reprimió el repentino impulso de lanzarle una piedra enorme.

-¿Qué quieres de Hermione? -preguntó el rubio, intentando sonar despreocupado.

-¿Cómo lo explico? Está buena. Me pone caliente, y no hablo de la temperatura.

Eso hizo que Zabini se ganara un muy merecido puñetazo.

-Entendí tu indirecta. -contestó Blaise, tapándose la nariz.- Auuch. Ah, y Draco, si no es mucho pedir, ¿Podrías dejar de aplastarme contra la pared como si trataras de besarme? Eso incomoda a nuestra invitada.

Draco se volteó y su corazón dio un vuelco al ver a Hermione. El chico se sentía como un estúpido crío enamorado.

-Hola Hermione. -saludó Draco, diciendo lo más imbécil que se le ocurrió.

-Hola Draco. Ah, Hola Blaise. -respondió ella, confundida.

Zabini saludó con la mano. Draco logró captar a su amigo observando demasiado a Hermione. Sabía lo que se proponía.

-Te tengo un trato, Pervertido. -le dijo a Blaise, sacándolo de las Mazmorras.

Cuando estuvieron fuera, Draco empezó.

-¿Quieres irte con la manos vacías o me vas a ayudar, amigo?

-Te voy a ayudar. -Contestó- Me hace falta algo de diversión, hombre.

-Pues bien, tengo un plan.

-Ajá.

-Mi Madre quiere alejar a Granger de mí ¿Comprendes?

-Espera, espera, espera ¿Quieres a la Impura?

-Sí imbécil, ahora cállate y escucha. Pues te ofreció quedarte con Granger, te quedarás con ella. ¡Espera! Pero te quedarás aquí, en la mansión. Le dirás a mi mamá que así me harás sufrir más o que se yo, improvisa.

-¿A tu madre le gustará que su hijo sufra? ¿Ehhh?

-Es evidente que no conoces a mi madre como yo la conozco. Pues bien, quédate aquí el mayor tiempo posible, luego veré que hacer.

-Ese es el peor plan de la historia de los planes.

-Claro que lo es.

-Ah, y ¿Me haces un favor? No te la lleves a la cama.

-Lo tendré en cuenta.

Dicho esto, Blaise Zabini y Draco Malfoy partieron en diferentes direcciones.

Todo había salido perfecto. Era de noche. Y el rubio tenía un esquema. Sus padres habían salido a una fiesta que había organizado un amigo suyo.

-¿Hermione? -Preguntó, al llegar a la puerta de las mazmorras- Tengo algo que decirte.

-¿Eh? -respondió ella en la oscuridad.

¿Por qué Draco quiere hablar conmigo? ¿Por qué Blaise estuvo aquí? ¿Acaso no me odiaba? ¿Por qué estuve inconsciente?

-Tú solo ven. -dijo, extendiéndole la mano.

Con un poco de suerte, Zabini les borraría la memoria a la mañana. Ambos tendrían que olvidar, ya que si Narcissa los sometía al Veritaserum estarían fritos.

Ya que Granger estaba aterrada, logró tomar la mano de Draco y seguirlo por el pasillo.

La chica sentía algo cálido en su estómago. Se detuvieron ante una hermosa habitación, en donde había un gran piano de cola blanco como la nieve.

-¿Sabes tocar? -le preguntó él. Apuntando al inmaculado instrumento.

-Por supuesto. -mintió ella.

La castaña se acercó al piano y tocó un montón de notas a la vez, logrando una horrible sinfonía.

-¿Te diste cuenta? -Le dijo ella, sonriendo.- Hasta se podría decir que soy prodigiosa.

-Claro. -Contestó el chico, también sonriendo- Déjame enseñarte.

Se sentó junto a ella, y con delicadeza sostuvo las manos de Hermione entre las suyas.

-Una, dos, una dos. -le decía al oído.- Eres un desastre.

-No presumas, Malfoy.

-Solo toca esta tecla blanca y luego esta negra. Así, de seguido.

Las manos de Hermione se sentían suaves y pequeñas en las de Draco. La música flotaba en el aire, mientras ambos se sentían queridos por una vez.

-La vida debería tener música de fondo. -citó Hermione, entre notas.

-No si la tocas tú. -respondió el chico.- Eres horrible en esto.

Hermione rió.

-Entonces, ¿Cantas? -preguntó Draco, mientras tocaba una notas dulces y suaves sin prestarle la menor atención al piano.

Hermione se sorprendió a si misma entonando las mismas notas a viva voz.

-Compongamos algo. -expuso el chico.- Mira, Sol, sol, la, la, sol, sol, re.

-Es terrible.

-De todos modos.

Ambos se fundieron en la música. Y empezaron a componer.

-Hermione. -dijo Draco, mirándola, después de que haya entonado una nota especialmente difícil- ¿Sabes? Te amo.

Esta vez Draco estaba consciente y también Hermione, para variar.

Draco posó sus finos labios sobre los de Hermione.

Hermione se sorprendió de tal manera que casi se desmaya.

Pero le correspondió el beso.

Y ambos se besaron.

Hermione sentía a Draco sobre ella. Esta vez logró saber que Draco sabía a Canela y miel. Y se sorprendió por lo mucho que quería que la besara. Draco la estrechó contra su pecho, y mordió su labio inferior.

 Entonces Draco la soltó, y dejó que se durmiera en su pecho.

            Por supuesto, el no sabía lo poco que iba a durar su cuento de hadas.