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Embarazo de Alto Riesgo — capítulo 13

Después de inhalar y exhalar con violencia, el padre de Hermione se abalanzó sobre Draco tomándolo del cuello de su camina.

-¿Por qué le hiciste esto a mi hija? -preguntó con enojo- ¿No te bastó todo lo malo que le hiciste? ¿Tanto la odias como para querer arruinarla por completo?

-Se equivoca, Señor -respondió Draco soltándose con dificultad del agarre-. Es todo lo contrario, yo quiero a su hija.

-Si tanto la quisieras, no le habrías hecho esto -dijo la madre de Hermione viendo a su hija con tristeza.

El señor Granger soltó a Draco y se alejó un poco de él, se levantó y empezó a recorrer la sala de estar, se podía escucha su respiración agitada, pero intentó calmarse al observar que Hermione comenzaba a llorar. 

No podía contra eso.

Podía resistir todo menos ver sufrir a su única hija.

Hizo un esfuerzo sobrehumano por tranquilizarse, después observó detenidamente cómo la mano de su hija estaba entrelazada con la del muchacho, observó el hermoso anillo en el dedo de su única y muy amada hija, y la manera en que Draco trataba de brindarle apoyo con la mirada.

-¿Cuál es su plan? -dijo sencillamente dejando a un lado el enojo y mostrando cara de decepción.

-Yo amo a Hermione -dijo Draco con firmeza-. Faltan unos cuantos meses para que la escuela termine y nazca el bebé,  queremos casarnos después de que eso pase.

-Pero... es que todo suena muy sencillo para ustedes, pero ¿de qué van a vivir? -dijo el padre muy enojado-. Si creen que casándose están minimizando el problema, déjenme decirles que se equivocan... Además, tener un hijo no es nada fácil, y menos a la edad que tienen ustedes.

-Lo sabemos muy bien, papá -dijo Hermione con un nudo en la garganta-. No se asusten, pero tengo otra noticia que darles.

-¿Y ahora qué? -dijo la mamá de la castaña con mucha preocupación.

-Mi... Mi embarazo es de alto riesgo -respondió con un murmullo.

La Sra. Granger dio un gritito ahogado y se cubrió la boca con ambas manos negando con la cabeza.

El papá de Hermione se dejó caer en el sofá más cercano, y se pasó las manos varias veces por la cabeza con nerviosismo.

-Déjame aclarar algo -susurró su padre con sufrimiento en su mirada-. Eso en el mundo mágico ¿Significa lo mismo que aquí?

-Si... Así es, papá -dijo la castaña con tristeza.

-Pero... ¿No hay nada que se pueda hacer? -preguntó su madre algo alterada- ¿Algún tipo de pócima? ¿Alguno de esos hechizos? ¡Algo!

-Lo siento, mamá -respondió Hermione afligida-. Es un ser vivo que crece dentro de mi, y lejos de ayudarlo, todas esas cosas que mencionas podrían perjudicarlo más.

Durante unos minutos que parecieron eternos, reinó el silencio en la sala de la casa de los Granger.

Hermione veía detenidamente a sus seres amados al mismo tiempo que pensaba la situación.

Sus papás no habían reaccionado ni la mitad de mal de lo que ella había pensado, y a pesar de que lucían algo decepcionados y sumamente preocupados, parecían esforzarse por entender aunque sea un poco la situación.

-Si me da la oportunidad, verá que haré a Hermione muy feliz -dijo Draco rompiendo el incómodo silencio.

 -Es que no termino de entenderlo... La odiabas, le hacías la vida imposible, ahora resulta que la amas, ¡Y la embarazaste! ¡Debes estar completamente enfermo! ¡De seguro es algo Psicológico! -se quejaba el Sr. Granger gesticulando demasiado-. Hay algo mal contigo, chico ¡Esto debe ser algo patológico!

-¿Pata... qué? -preguntó el rubio sin comprender muy bien lo que decía el papá de Hermione.

-¡Por Dios hija!.. ¿Qué este sujeto no comprende nada?

-Verás papá, Harry se crió entre muggles, como yo, pertenece a ambos mundos, a Ron le hemos difícilmente enseñado algunas cosas... Pero Draco... Jamás a estado en contacto con el mundo muggle por mucho tiempo. Es que él... Bueno es cien por ciento mago, por así decirlo -explicó la castaña.

-¿Si no conoce nada de tu mundo cómo pretende casarse contigo? -preguntó su madre.

-No es tan grave, sólo tiene que aprender lo básico, aunque admito que me gustaría que nuestro bebé conociera todo de ambos mundos -explicó la chica con ilusión.

-Mmm.. Sé lo que es un televisor, mi abuelo tenía uno... Sé varias cosas aunque no lo parezca. A mi abuelo le encantaba coleccionar cosas de este mundo -confesó Draco.

-No tienes que preocuparte por eso, yo te quiero tal y como eres -le dijo Hermione.

Su padre la miró como sí estuviera loca y de nuevo se dedicó a pasearse por toda la habitación.

-De acuerdo, Es tarde, normalmente diría que descansaras en tu habitación y que tu novio en el sofá, pero supongo que ahora que están comprometidos eso sería innecesario, además... No habría nada que prevenir, de todas maneras tu ya estas embarazada.

La chica sintió mucha tristeza al escuchar esas palabras de parte de su padre. 

-Me retiro -anunció él muy serio.

-Gracias por escucharnos -dijo Draco con amabilidad.

-Pues mira, estas a prueba, muchacho -le advirtió el Señor-. Si te atreves a hacerle daño a mi hija te juro que no voy a descansar hasta hacerte pagar, no va a importarme ni toda tu magia ni lo que puedas hacerme, iré por ti y te haré sufrir.

Dicho esto se fue dejando dejando un ambiente algo tenso en la habitación.

-No lo juzgues mal hija, es sólo que tu padre no quiere que sufras, esta muy preocupado aunque parezca enojado.

-¿También tu me odias? -preguntó la chica a su madre con lágrimas en sus ojos.

-No digas eso -dijo su madre abrazándola-. Eres mi hija y siempre voy a amarte. Voy a hablar con tu padre, pero quiero que sepas que pase lo que pase siempre voy a amarte y siempre vas a tener mi apoyo. Tú y este chico, porque si lo elegiste fue por algo, y no pienso cuestionarte por ello. Ya no eres una chiquilla, y confío en que eres capaz de tomar tus propias decisiones.

Se abrazaron como hacía tiempo que no lo hacían, y ambas lloraron.

-Gracias -dijo la pareja al mismo tiempo.

-No sabe lo mucho que significa esto para mi -dijo el chico a la que pronto sería su suegra.

-Sólo no hagas que me arrepienta -dijo la amable señora sonriendo.

-Haré hasta lo imposible para que eso no suceda -prometió.

-De acuerdo, ahora vayan a dormir, en tu estado debes descansar mucho, hija.

Se despidieron y pasaron a la habitación de Hermione, la cama era matrimonial, así que tuvieron que dormir muy juntos el uno del otro.

Draco observaba con cierto interés todos los objetos muggles que lo rodeaban, tratando de imaginar para qué servía cada uno de ellos, observó en una repisa varias fotografías de Hermione desde pequeña hasta esa edad, y no pudo evitar desear que el hijo que estaban esperando fuera así de encantador, pues Draco se imaginaba cargando a una hermosa bebé tan linda como su madre.

-No ha ido tan mal -dijo el rubio besando en la frente a Hermione.

-Si, pudo haber sido peor -estuvo de acuerdo ella.

-No eran tus padres los que me preocupaban más -murmuró el Slytherin con lentitud.

-Todo saldrá bien -dijo la castaña tomando su mano y colocándosela en su vientre semi abultado.

Se besaron y ambos sintieron alivio de que el día hubiera acabado ya.

-Por cierto... ¿La lista no decía nada sobre viajar por chimenea, o sí? -preguntó Draco con curiosidad.

-No, sólo hablaba sobre la desaparición y sobre montar escobas o criaturas mágicas, ¿Por qué lo preguntas?

-Tal vez sería más fácil que viajáramos a mi casa por Red Flu -propuso el chico.

-Pues... No sé si deberíamos arriesgarnos de esa manera -comentó Hermione-, pero resultaría peor hacer una viaje 'al estilo muggle' para llegar hasta la mansión Malfoy.

-De acuerdo, hay que descansar, y si mañana amaneces tranquila y sintiéndote bien iremos al callejón Diagon para tomar una chimenea y llegar así a mi casa -dijo Draco.

-Si, me parece muy bien.


Al día siguiente Hermione se sentía muy tranquila, y decidió con Draco que ya que tenían permiso de la escuela para faltar, aprovecharían para ir a visitar a sus padres de una vez.

Cuando bajaron a desayunar, el habiente se sentía menos tenso, pero los padres de Hermione seguían viendo a Draco con una extraña expresión en el rostro.

-Pasen y desayunen -dijo la mamá con amabilidad.

El papá de Hermione los observó por encima del periódico y después se dedicó a leer.

Draco observó en la mesa varios alimentos que no conocía, así que simplemente tomó lo que le parecía familiar y se sirvió.

-En un rato más me gustaría que pudiéramos ir a ver a una amiga mía que es médico Ginecóloga -propuso la mamá de Hermione.

Draco por primera vez desde que estaba en la casa de la castaña puso cara de pocos amigos, pues tenía el concepto de que los 'sanadores' muggles hacían más daño del que remediaban.

-Pues... Gracias, mamá. Pero de verdad lo siento, no podemos quedarnos por mucho tiempo, tenemos que hacer una vista a los padres de Draco -dijo la chica-. Necesitamos informarles también de todo esto, al igual que lo hicimos con ustedes. 

-¿!Osea que tus padres no están enterados de la situación!? -se exaltó el Señor Granger tirando su periódico al suelo.

-No, señor -contestó algo apenado Draco-. Aún no lo saben.

-Y aún así tuviste la cínica idea de proponerle a Hermione que se casara contigo? -reclamó el padre.

-Yo la amo, si tengo el apoyo de mis padres seré el hombre más feliz del mundo -dijo el rubio con seriedad-, pero de no ser así, de igual manera me casaré con su hija, eso no esta en discusión, la amo y voy a casarme con ella.

-Tienes agallas como para desafiar a tus propios padres por mi hija... Eso es algo que sí me agrada saber -dijo el padre de Hermione con cuidado-. Aunque la realidad es otra... ¿No necesitarás del apoyo económico de tus padres si tienes alguna dificultad? 

-No -dijo con sequedad Draco. 

-Pero...

-Mire, Señor -interrumpió el chico-. Yo cuento con estabilidad económica de por vida. Si lo que le preocupa es que Hermione o nuestro hijo sufran algún tipo de carencia, déjeme decirle que eso no va a ocurrir.

-No me mal intérpretes, chico -explicó el padre-. Es sólo que no quiero ver a mi hija pasar por alguna necesidad, y mucho menos a mi nieto o nieta... Cuando uno es joven todo le parece sumamente fácil, pero el mundo real es diferente a lo que uno imagina.

-Déjeme aclarar esto para usted -comentó Draco observándolo detenidamente-. Tengo estabilidad económica como para mantener a Hermione, a mi hijo, a usted, a su esposa y a mis padres si así lo quisiera; cundo murió mi abuelo dejó todo a mi cargo... Absolutamente todo, dinero que nunca he tocado, pero que voy a emplear para el bienestar de la familia que formaré con Hermione.

Hermione puso los ojos en blanco, y no pudo evitar observar el anillo de compromiso que el rubio le había dado, sintiendo nervios al imaginar cuanto le habría costado. Ella sabía perfectamente que Draco además de ser sangre pura era rico, pero jamás imaginó que lo fuera a tal grado, porque al conocerlo bien se daba cuenta de que no estaba mintiendo ni bromeando al respecto.

El Sr. Granger abrió tanto los ojos que parecía que se le iban a salir.

-Con que le des a mi hija lo necesario para tener una vida digna, con eso estoy feliz... A ella y a su hijo.

Siguieron desayunando, y después de un poco más de platica los chicos partieron rumbo al Callejón Diagon, sintiéndose realmente felices de haber conseguido la aprobación de los padres de ella.

-Lo más difícil está por venir... Mis padres -murmuró el Slytherin.

La chica no contestó, pero asintió lentamente.

Cuando llegaron al callejón, el rubio se sentía algo aliviado al estar de nuevo rodeado de un ambiente mágico, y Hermione sentía que iba a morirse de lo nerviosa y asustada que estaba por tener que ir a ver a los aterradores padres de Draco.

-Iré primero, espera unos 10 minutos y ve tras de mi -dijo el rubio algo nervioso-. Tengo que prepararlos primero.

-De acuerdo, trata de estar tranquilo, tengo fe en que todo irá bien -trató de mentir la castaña.

Dentro de la chimenea Draco pasó saliva lentamente, abrió los labios con calma, y con el puño lleno de polvos flu, susurró muy despacio:

-Mansión Malfoy.