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Embarazo de Alto Riesgo — capítulo 12
–Te lo digo en serio, Draco –decía Hermione por tercera vez–. Si sigo comiendo te juro que voy a explotar.
–No me discutas, estuviste muy mal y necesito que nuestro pequeño nazca fuerte como su padre, come un poco más por favor –decía el rubio sirviendo más jugo de calabaza en el vaso de la chica.
Después de 2 días en ese sitio la castaña se sentía mucho mejor, pero la Señora Pomfrey, Draco y Harry, insistían en que se quedara en la enfermería bajo la más rigurosa observación.
Ginny y Luna iban a visitarla con frecuencia, Ron no se paraba por ese lugar desde la propuesta de matrimonio que le había hecho Draco a Hermione; incluso Blaise le había hecho un regalo a Hermione, mejor dicho al bebé, pues era una hermosa sonaja mágica que cambiaba de color cada vez que la agitaban, hermione quedó encantada y muy conmovida ante tan hermoso gesto.
–Escucha, cariño –dijo Draco lentamente cuando la castaña había terminado de comer–. No había querido darte esto para no preocuparte, pero ahora que estás mejor creo que tienes derecho a que te las entregue.
Draco sacó de su bolsillo 2 sobres algo arrugados y se los entregó a quien ahora era su prometida.
–¿Qué es esto? –preguntó ella confundida.
–Son... Cartas de tus padres –confesó el Slytherin con una sonrisa nerviosa–. No las leí, pero supongo que deben estar preocupados por que no fuiste a visitarlos y no han tenido noticias de ti.
La chica con nerviosismo se apresuró a abrir y leer la primera carta.
Querida Hija:
¿Está todo bien?
Esperamos que estés de maravilla, te extrañamos mucho.
Esperamos tu visita ¿Ocurre algo malo? ¿Estás bien?... ¿Cómo está eso de que alguien te acompañará? ¿Deberíamos preocuparnos?
Hemos estado muy inquietos desde que recibimos tu carta,
Te esperamos este fin de semana, hija.
Te queremos mucho.
Papá y Mamá
–La primera carta no está tan mal –dijo Hermione pasándosela a Draco para que la revisara–. Espero que no estén muy preocupados, leeré la otra a ver que pasó.
Hermione Granger:
¿Qué está ocurriendo?
¿Estás bien?
Estamos demasiado preocupados, anunciaste que vendrías y nunca llegaste, estuvimos esperándote pero no apareciste.
Sólo queremos saber si estás bien, si no pudiste venir por algún asunto de la escuela al menos debiste avisar.
Por favor responde esta carta, estamos demasiado preocupados.
De ser posible consigue un teléfono o un celular, por favor. Sabes perfectamente que estas lechuzas nos ponen los nervios de punta.
Te amamos hija, comunícate pronto.
Mamá y Papá
–Están muy preocupados –anunció Hermione viendo a Draco a los ojos–. Muy preocupados por que dije que iría y no fui.
Draco tomó la carta y leyó rápidamente.
–Es normal, no te preocupes, son tus padres y se preocupan por tu bienestar.
–Necesitamos ir a verlos pronto, Draco.
–Pero...
–Sé lo mal que estuve, pero necesito decírselo a mis padres, cuando creí que... Que nuestro bebé no sobreviviría, no sabes lo triste que me puso el saber que quizá mis padres nunca sabrían de su existencia.
–Comprendo lo que dices –dijo Draco acariciándole el cabello–. Pero debo estar seguro de que te sientas completamente bien, ¿Qué te parece?
–De acuerdo –aceptó ella–. Entonces ¿3 días?
–¡Ni hablar! –se negó el rubio–. Es demasiado pronto, ¿Qué tal 2 semanas?
–Es demasiado tiempo, Draco.
–¿Y una semana? –suplicó lentamente.
–Pues... Una semana será –estuvo de acuerdo ella.
–Entonces, recupérate para poder tener fuerzas y enfrentar a nuestros padres –propuso Draco besando su frente.
–Lo haré –respondió Hermione acariciando su mejilla.
–¡Y por merlín santísimo explícame lo que es un lucelar! –se quejó el chico.
–¿Un qué? –dijo Hermione riendo extrañada.
–Tus padres lo mencionan en la carta... –dijo Draco perdiendo la paciencia.
–¡Ahh! –exclamó Hermione riendo a carcajadas–. Un CELULAR.
–Como sea...
–Te explicaré todo lo que tu quieras –sonrió Hermione besándolo.
A pesar del miedo que Draco sentía, la semana pasó rápido, y no notó su rapidez hasta que estaba sentado en uno de los vagones del tren con Hermione frente a él.
No le emocionaba mucho hacer un viaje en tren habiendo métodos mucho más rápidos para llegar, pero prefería eso mil veces antes de exponer a Hermione o a su hijo ante algún método de viaje que les resultara peligroso.
Harry había insistido en acompañarlos, pero ni Draco ni Hermione estuvieron deacuerdo.
Hermione creía que ya había causado demasiados problemas a su amigo, y el Slytherin consideraba que eso era algo que ellos dos debían resolver solos.
El viaje fue tranquilo y no hubo ningún tipo de problema.
Al llegar a la estación los chicos tomaron un taxi directo a la casa de los Granger, estaban ambos tan nerviosos que hubieran deseado que el viaje hubiera sido más largo.
–¿Qué pasará si no me aceptan? –decía Draco con nerviosismo.
–Lo harán... Lo que me preocupa más es que se molesten por mi estado, que me retiren su apoyo, que ya no me quieran o que no quieran a nuestro bebé –murmuró Hermione con los ojos rojos.
–No dejaré que nadie los dañe, ni siquiera tus padres o los míos –prometió Draco besando la frente de su amada–. Además no creo que eso pase, son tus padres y te aman, y me haré responsable de todo, deberán estar un poco más tranquilos por eso.
Cuando el taxi se detuvo, Draco sentía que su alma caía al suelo, estaba realmente nervioso y no sabía cómo mantenerse fuerte para Hermione.
La castaña estaba por las mismas, después de pagar al taxista se dirigió a la puerta de su casa sintiendo que sus piernas le temblaban.
Draco la siguió y tomó su mano.
–Bueno, es la hora, quiero que sepas que estoy contigo y tienes todo mi apoyo pase lo que pase –susurró Draco.
–Si, Draco –dijo Hermione nerviosa–. Pase lo que pase juntos.
La chica hizo sonar el timbre dos veces, y se sintió medio mareada al escuchar unos pasos que se acercaban.
La pareja se soltó de manos y respiraron tratando de estar tranquilos.
–¿Si? –dijo alguien tras la puerta y asomándose por una pequeña rendija– ¡Hija, que bueno que estás aquí!
–Hola, papá –saludó la chica esperando a que el Sr. Granger abriera la puerta.
–¡Pero que gusto verte, hija! –le dijo su papá envolviéndola en sus brazos– Te he extrañado muchísimo, me da gusto saber que estás bien.... ¡Querida, mira quien ha venido a visitarnos!... ¿Es mi imaginación o haz ganado algo de peso?
El Sr. Granger estaba muy sonriente, pero cuando notó la presencia de Draco su sonrisa se fue desvaneciendo poco a poco.
–Estemm... Buenas tardes, Sr. Granger –dijo el rubio nervioso.
–Buenas tardes, Joven –respondió el Sr. con cara de pocos amigos.
–Papá, él es Draco Malfoy –dijo con cuidado la castaña.
–¿Draco Malfoy? –dijo extrañado el padre de Hermione– ¿Y qué hace Draco Malfoy afuera de mi casa con mi hija?
–Pues... Es que yo...
–Dime, Hermione –la interrumpió su padre–. ¿No es este chico el mismo Draco Malfoy por el que llegabas triste a casa cada vacaciones? ¿El chico odioso que decías que te trataba tan mal? ¿El Draco Malfoy por el que durabas incluso varios días triste? ¿El que te hacía sentir menos? ¿El que siempre peleaba contigo y con tus amigos Harry y Ron? ¿Ese Draco Malfoy?
–Papá, es que yo...
–Si, señor –contestó Draco interrumpiendo a Hermione y mirando a su padre con la frente en alto–. Yo ERA ese Draco Malfoy, y el Draco que está parado frente a usted es completamente diferente al que usted está describiendo, vengo porque necesito hablar con usted y con su esposa.
–¿De qué tendrías tú que hablar con nosotros? –preguntó el Sr. Granger cruzándose de brazos.
Cuando el rubio estaba a punto de contestar, la mamá de Hermione apareció enseguida.
Draco la observó con cuidado, tenía el pelo castaño oscuro, ojos verdes y piel blanca. Era ligeramente más baja que su marido, y tenía una expresión de dulzura en el rostro que sin duda Hermione había heredado.
–¡Oh, cariño! –dijo abrazándola con mucha fuerza–. ¿Qué haces aquí afuera? ¡Pasa enseguida, hija!
–Gracias, mamá –respondió la chica.
–No agradezcas, cariño. Pasa, por favor... Es decir, pasen –se corrigió la mamá de la castaña al ver a su hija acompañada.
–Con permiso –anunció Draco al pasar a la casa de la chica y sin poder evitar sentirse extraño entre tantos artefactos Muggles– Mucho gusto señora, soy Draco Malfoy.
La cara de la señora Granger se puso algo pálida, y su sonrisa se esfumó tan pronto como había llegado.
Sin duda la Señora Granger compartía la misma opinión sobre Draco que su esposo.
–¿Qué esta sucediendo, Hermione? –preguntó su madre con sospechas.
–Quiero que los cuatro nos sentemos a hablar –dijo la chica tratando de conservar la calma.
–De acuerdo, hija. Hablemos.
La mamá de Hermione los guió a todos a la sala y les indicó que tomaran asiento.
–¿Quisieran algo de té? –preguntó con nerviosismo la señora.
–Si, por favor –contestaron Hermione, Draco y su esposo al mismo tiempo.
–Quizá el tuyo sin azúcar, Hermione –dijo dulcemente su madre sonriendo de nuevo–. No sé que te estén dando de comer últimamente en esa escuela, pero no pude evitar notar que has subido de peso.
La castaña no dijo nada y sonrió con nerviosismo.
–¿De qué quieres hablar con nosotros, Hermione? –preguntó su padre con seriedad.
–De acuerdo... Trataré de decirlo lo mejor posible, antes que nada quiero que sepan que los amo muchísimo y espero contar siempre con ustedes y que me apoyen –dijo la chica.
–Sólo nos asustas, querida –dijo su madre sirviendo el té–. ¿Qué sucede?
–Empezaré por el inicio... Draco y yo somos novios –comentó Hermione nerviosa.
–¿Qué? –preguntó su padre muy extrañado–. Pero si tu mil veces dijiste que este chico era malo, Hermione; y sobre todo contigo.
–Eso es pasado papá, él y yo llevamos meses de noviazgo.
–Y haz venido sólo para decirnos eso ¿cierto? –preguntó la Sra. Granger mirando a Hermione con nerviosismo, y dándose cuenta de repente del gran y hermoso anillo que había en el dedo de su hija.
–Yo... Draco me pidió matrimonio hace poco... Nosotros nos amamos y... Y estamos esperando un hijo... Mamá, papá... Estoy embarazada...
El padre de Hermione se cubrió la cara con una mano, y con la otra dio un golpe a la mesa frente a él con la mano hecha un puño.
La Mamá de la castaña soltó la taza que tenía en mano y observó a Hermione con horror en la mirada, un gran peso cayó sobre ella al observar de nuevo a su hija y darse cuenta del por qué de su repentino aumento de peso.
Draco y Hermione vieron como esa taza se hacía añicos, y sintieron que lo mismo le estaba pasando a sus esperanzas de que todo saliera bien.