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Embarazo de Alto Riesgo — capítulo 11

Estaba asustada, justo hacía un momento había enviado una lechuza a anunciar a sus padres su próxima visita, una visita que tal vez no ocurriría, pues no sabía con certeza si habría una noticia que dar..

Sintió su cuerpo pesado, observó desde su mesa como todo se agitaba a su alrededor, y al ver de nuevo sus manos ensangrentadas no pudo más, se desmayó.

Después de varios gritos y escándalo a su alrededor, sintió que con mucho cuidado alguien la estaba revisando.

Mi bebé, pensaba ella una y otra vez con urgencia y sin poder moverse.

Tras varios minutos escuchó unos sollozos acompañados de la voz del ser que más amaba en el mundo, Draco Malfoy.

¿Cómo había sido posible que aquello tan horrible le estuviera pasando?

Si un año antes le hubieran dicho que la situación sería de esa manera jamás lo hubiera creído.

¿Por qué su embarazo tenía que ser de alto riesgo?

¿Por qué no podía tener un embarazo regular como cualquier persona?

Sintió lágrimas caer por sus mejillas. Lágrimas que no podía secar porque no podía moverse.

No era justo.

No era justo ni para ella, ni para Draco, ni mucho menos para ese bebé que tenía en el vientre, que tenía derecho de nacer, y que con dolor ella sentía que su vida se esfumaba poco a poco con cada gota de sangre que emanaba de su cuerpo.

Sintió unas frescas manos que limpiaban su rostro, manos temblorosas que sólo podían pertenecerle a él, Draco Malfoy.

Jamás pensó que podía llegar a amar tanto a alguien.

Sus pensamientos se volvían cada vez más negros, y se transportó a un lugar donde no podía ver nada, sólo una luz al final.

Había escuchado historias, era inteligente, sabía perfectamente que eso podría significar que quizá al llegar a la luz ya no regresaría.

Avanzó poco a poco, y se dio cuenta de que olía a frescura de bosque, siguió su caminar y escuchó una risita, una risa alegre e infantil.

Volteó de un lado a otro sin ver a nadie, siguió avanzando y una joven frente a ella hizo que se detuviera.

¿Qué estaba haciendo ella en ese lugar?

Tenía un pequeño ramo de flores blancas en mano, y le sonrió como siempre le sonreía.

–¿Por qué estás aquí? –le preguntó sonriendo.

–Yo... Hace un rato estaba en la enfermería y... Aparecí aquí de pronto –respondió Hermione confundida.

–Tu no debes estar aquí, por favor regresa –dijo con dulzura la chica.

–No sé como hacerlo –confesó la castaña muy asustada.

Llevó las manos a su vientre y se sorprendió de notar que no tenía ese bultito que había estado creciendo en ella.

–Regresa a recuperarlo –le dijo Luna Lovegood poniendo sus manos en el vientre de Hermione–. Esto aún no se acaba, tampoco es tu hora aún.

–¿Qué va a pasarme? –preguntó la castaña muy afligida.

–Si tienes las fuerzas para seguir luchando lo vas a averiguar, y créeme que a pesar de las dificultades, a pesar de todo lo que venga, tu lugar todavía no es este. Sigue adelante.

–Tu... ¿Eres Luna? –preguntó Hermione sin poder contenerse.

La chica sonrió.

–Yo soy la muerte... La muerte vista desde uno de los seres más puros que conoces, por eso he tomado esta forma.

La castaña se sorprendió a más no poder y no supo que decir ante tal confesión.

–¿Estará bien mi bebé? –preguntó con preocupación.

–Eso depende de ti, encuentra tu camino de regreso, creo que aún tienes algo de tiempo.

La muerte se desvaneció y Hermione se sintió muy confundida.

Caminó un poco sin saber a donde ir, cuando de pronto escuchó la voz de Draco.

–No voy a dejarte partir, yo no tenía nada, Hermione. Te juro que llevaba una existencia vacía, luego entraste a darle un poco de sentido ¿y ahora poco a poco te alejas de mi?. No voy a permitirlo... Cuando sientes que tu vida no vale nada y que estás completamente solo en el mundo... Y luego una persona como tú entra en ella... Todo cambia. No puedes simplemente alejarte de mi ¡No lo permitiré!... Eres todo lo que tengo, y aunque no te lo diga tu lo sabes a la perfección, que sin ti... Mi vida no tiene sentido alguno. Cada cosa que odias de ti misma yo la amo con locura, nunca voy a dejarte sola, ¿Me oyes?... Y sé que nunca lo digo con todas sus letras, tal vez por que soy medio cobarde... Pero... Te amo, te amo Hermione Granger, te amo como nunca he amado a nadie en mi vida. Por favor lucha, no quiero perderte –decía la temblorosa voz de Draco.

Hermione escuchó tan hermosas palabras y lloró, lloró de alegría, tristeza y amor.

Sintió algo de pesadez en la cabeza cuando poco a poco abrió los ojos.

–Yo... Yo también te amo, Draco –susurró muy despacio y adolorida.

Draco se sobresaltó, tomó el rostro de su amada con sus manos y la besó, la besó como hacía varias semanas que no lo hacía. Duraron varios segundos así, hasta que el aire se hizo necesario, después el rubio se dedicó a besar su frente y el resto de su rostro.

–Jamás... Vuelvas a asustarme de esa manera –advirtió el rubio con lágrimas en los ojos y una pequeña sonrisa asomando en el rostro.

–¡Merlín santísimo! –exclamó la enfermera–. ¡Esto es un verdadero milagro!

Hermione sonrió, pero segundos después una pesada preocupación le recorrió el cuerpo.

–¿Qué pasó? –dijo dirigiendose a la enfermera–. Mi... Mi bebé...

Paseó su mirada por toda la enfermería, y se dio cuenta de que su cama era mucho más grande que las demás, y varias cosas habían cambiado.

–Señorita Granger... Antes que nada quiero que sepa que estuvo usted a punto de morir –dijo a enfermera.

–¿¡Qué!? –se alarmó la chica.

–Llevamos 3 días esperando a que reacciones –confesó el rubio con preocupación.

–Cuando llegó en ese estado tan grave, le dije al señor Malfoy que el aborto era inevitable, de lo contrario los dos morirían –relató la enfermera con tristeza–. El joven se puso muy mal y no supo que hacer, pero cuando traté de... Salvarla, usted se negaba a que le extrajéramos al bebé, incluso duró un día completo cruzada de piernas y enredada en las cobijas para que nadie intentara nada, aún estando desmayada su cuerpo se negaba a dejar que alguien se acercara. El joven insistió en que se le trasladara a San Mungo de inmediato, pero en su estado resultaba imposible, aún así varios sanadores han venido aquí, y decidimos que en esta gran cama estaría mucho más cómoda. Hace unos momentos le dijimos al joven Malfoy que... No había ninguna mejora aparente, y que era posible que usted no sobreviviera. Me alegra saber que estaba equivocada.

–Entonces mi bebé...

–Se encuentra bien... En más riesgo que nunca, pero vive –murmuró Draco quien aún tenía lágrimas en sus perfectos ojos–. No dejaste que nada le pasara, lo defendiste sin dejar que lo arrancaran de ti... De nosotros.

Hermione se llevó las manos al vientre, aliviada de sentir ese pequeño bultito del que se había encariñado en exceso.

–¡Pansy! –gritó alterándose un poco–. Ella, ella me hizo daño, ella...

–Ella va a pagar –dijo Draco enojándose poco a poco–. Sé lo que pasó, confesó ayer todo.

–¡Oh, Draco! –se entristeció la castaña–. Sé que no debí discutir con ella, pero ella ofendió a nuestro hijo, y me dijo cosas horribles.

–Lo sé, me lo dijo todo. No te preocupes, ya nadie dirá nada malo de nuestro hijo. Mi hijo no será un bastardo.

Draco abrió la puerta de la enfermería, y los amigos de la castaña entraron a abrazarla y preguntarle como estaba.

El rubio buscó entre sus bolsillos y al lado de la cama de la castaña se hincó con mucho cuidado. En la enfermería reinó un silencio sepulcral, y el chico extendió la pequeña cajita que había sacado de su bolsillo frente a la vista de Hermione.

–Hermione Granger, ¿Te casarías conmigo? –preguntó el rubio sosteniendo una de las pálidas manos de la Gryffindor.

La chica no podía creer lo que había escuchado, jamás se imaginó que Draco Malfoy le pidiera matrimonio.

Los presentes parecían realmente sorprendidos, todos sonrieron, todos excepto Ron, quien apretó los puños y sintió que sus ojos se enrojecían.

–¡Si! –gritó la chica muy emocionada.

Los presentes aplaudieron y Draco besó a la chica, y sin que los demás escucharan, susurró a su oído:

–Te amo, yo Draco Malfoy, te amo a ti Hermione Granger, y ya no puedo vivir sin ti.

La castaña no cabía de la alegría.

El Slytherin colocó el hermoso anillo en el dedo de la castaña, quien sonrió a más no poder.

–Luna... –susurró buscando entre los presentes.

Localizó a su rubia amiga y sonriendo le pidió que se acercara, la chica le cerró un ojo y se acercó hasta estar a un lado de la chica.

–Gracias –dijo Hermione abrazándola.

–¿Por qué? –dijo luna distraída correspondiendo al abrazo.

–Por ser uno de los seres más puros que he conocido.

–Hasta el día en que nazca el pequeño bebé –dijo Luna con una sonrisa–. Gracias a ti, siento como si tuviera a una buena amiga.

–La tienes. Te aseguro que la tienes –contestó la castaña.

–¿Qué fue todo eso? –preguntó Draco sorprendido cuando Luna se fue.

–Digamos que... le debo mucho a esa chica... Y siento como si ella me hubiera ayudado a regresar.

–No entiendo nada –confesó el rubio extrañado.

–Entiende que te amo.

–Eso es todo lo que necesito saber –dijo sonriendo el rubio mientras besaba su frente.

La castaña observó una vez más el anillo en su dedo sin poder creerlo aún.

–Te haré tan feliz... Futura señora Malfoy –susurraron los labios de Draco al besar dulcemente a Hermione, quien sentía que la tristeza y las pesadillas se disipaban cada vez más.