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Una vida como prostituta — capítulo 1

-Son 250 euros.

-¿Cuánto?-pregunto sorprendido y terminado de ponerse los pantalones.

-Haber, más fácil, hemos estado cinco horas, y una hora son 50 euros. Calcula eso- respondiste contenta pensando que este mes ibas a poder pagar el alquiler.

-Es broma, ¿cierto?-tú en vez de responder, solo negaste con la cabeza

-Toma-te tendió el dinero en la mano enfadado.

-Gracias-dijiste con una gran sonrisa. Te diste la vuelta dispuesta a coger tus cosas e irte de aquel lugar.

-Sabes que no eres nada más que una puta, ¿verdad?-te dijo de repente, haciendo que te detuvieras para mirarlo a los ojos- Puedeque ahora hallas ganado un poco de dinero, pero en realidad estas sola. No tienes a nadie-hizo una pequeña pausa, para poder soltar una pequeña carcajada en sus adentros-la gente como tu es la que destruye este país. La gente tan asquerosa, tan sucia, tan arrogante, tan… puta. Me das asco, verdadero asco- termino mirándote con una clara mueca de desprecio. Tu solo te acercaste a él ytragándote las lágrimas le pegaste una cachetada en la cara, haciendo que te mirara sorprendido.

Cogiste tus cosas y saliste de hay en silencio. Cerraste la puerta de ese asqueroso apartamento y apoyándote en la puertay callando al suelo dejaste que todas las lágrimas salieran por si solas corriendo todo tu maquillaje.

Cuandote recuperaste, te levantaste del suelo y arreglándote el corto vestido caminaste hacia la puerta de entrada y salida del edificio. Sentiste el aire golpearte en la cara, un aire sucio y contaminado por las fábricas, personas, medios de transporte… pero que ibas a hacer, tu no podías cambiar las cosas, simplemente no podías.Cansada te encaminaste hacia tu casa, ya irías mañana al bar a hablar con Marco sobre el dinero ganado esa noche. En este momento lo único que querías era llegar a casa, darte una relajante ducha y dormir hasta que el cuerpo te pidiera que te levantaras.

-Pero que…-dijiste desde el suelo.

-Ten más cuidado-dijo una gruesa voz, que pudiste reconocer como masculina.

-Yo… lo siento, de verdad, no estaba mirando, lo siento mucho-dijiste levantándote del suelo y estirándole la mano al chico.

-No pasa nada, pero la próxima vez mira por dónde vas, es que eres estúpida-te iba a coger la mano, pero al oír lo que te dijo, la quitaste inmediatamente, ocasionando que se callera otra vez, pero no con la misma fuerza que al principio- ¿Estás loca? Me he vuelto a caer por tu culpa-dijo con asco, se levantó y te miro a los ojos. Era un chico muy guapo a decir verdad, tenía unos hermosos ojos azules, con el pelo castaño y unos labios finos, pero a la vez carnosos. Era muy atractivo… pero que dices, este estúpido te acaba de insultar y tu le piropeas en tus pensamientos.

-Perdón su majestad, no sabía que el señorito era de porcelana-dijiste con un claro tono de sarcasmo- Pero tú también me podrías haber esquivado, o que estabas haciendo, ¿eh?-el solo se puso rojo de la vergüenza y de la ira que sentía hacia ti en ese momento-¿Sabes? Paso de hablar contigo, adiós imbécil.

Te diste la vuelta y dejándolo con la palabra en la boca te fuiste de ahí, hacia el destino que tenías en tus pensamientosantes de ser interrumpida por el estúpido aquel.

Sacaste las llaves y abriste la puerta con mucho cuidando intentando hacer el más mínimo ruido. Te diste la vuelta y te dirigiste hacia el salón encontrándote con unas de las razones por las que tú seguías en este mundo, durmiendo. A esa mujer que te había criado, esa mujer que te enseño a leer y contar porque no tenía dinero suficiente para llevarte a un buen colegio, esa mujer que te enseño valores, unos valores que habías perdido y no sabías donde volver a encontrarlos. Y junto a ella, esa niña, esa muñequita que con solo verla sonreír te emocionabas, esa princesita que te recordaba que eras hermosa y que algún día iba a ser como tú, aunque tú te opusieras a esa opción, esa figurita que parecía de cristal, que todos los días te demostraba que estaría a tu lado, que no estabas sola, y la verdad, es que no lo estabas, las tenías a ellas. A mi abuela y mi hermana. Te secaste la lágrima que se estaba cayendo por tu mejilla, ¿pero qué te pasaba que estabas tan sensible hoy? No le diste importancia, te acercaste a ellas y con mucho cuidado las arropaste con una manta. Subiste arriba, te diste una larga ducha quitando de ti todo tipo de pensamiento de aquella dura noche,te vestiste con tu pijama y con mucho cuidado bajaste al salón, donde estaban tus dos mujercitas aun durmiendo acostadas en el sofá. Te pusiste en el sillón de enfrente y con una mantita te quedaste profundamente dormida, consiguiendo que así que otro día se acabase.


PUES ESTA ES MI HISTORIA, ESPERO QUE LES GUSTE. QUE SEPAN QUE VOY A PONER LOS LINKS DE LA ROPA QUE LLEVARAN, Y TODO ESO. POR CIERTO HAY ALGUIEN TAN AMABLE QUE ME PUEDA DECIR COMO SE SUBEN LA FOTOS. MUCHAS GRACIAS Y BESOS. COMENTEN POR FAVOR.

Ropa Isabella: 

 Pijama Isabella: