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Una vida como prostituta — capítulo 2

Me desperté a causa de un grito, me levante del sofá y vi que no había nadie en el salón. Asustada volví a escuchar el grito, pero esta vez estaba acompañado de una… ¿risa? Si, era una carcajada que procedía de la cocina. Corrí hacia la cocina extrañada y lo que vi, no tenía palabras para describirlo, mi hermana estaba manchada de los pies a la cabeza de zumo, bueno me imagino que sería zumo, yjunto a ella mi abuela riéndose mostrando su cuidada dentadura. Sin poder aguantarme me empecé a reír hasta caer al suelo y llorar de la risa.

-¿Pero qué te ha pasado?-le pregunte a mi hermana levantándome y tranquilizándome un poco de la cómica situación en la que estaba mi hermana.

-Pues que quería hacer zumo para que cuando te levantaras tuvieras el desayuno preparado, pero la tapa de la batidora salió volando y me manche-me respondió haciendo muecas raras en cada palabra que decía, que cuando termino no hice otra cosa que correr a abrazarla por el detalle tan bonito que había tenido conmigo, mientras mi abuela nos miraba con una maternal sonrisa en la cara.

-Te quiero mucho pitufa-ese era el apodo que le tenía, ya que un día se puso a jugar con mi maquillaje, el poco que tengo, y se pintó la cara con sombra de ojos azul quedando como una pitufa, una hermosa y tierna pitufa. Inconscientemente le lamí la nariz, quedándome con un dulce sabor a naranja en la boca. Ella hizo una mueca de asco y salió de la cocina para lavarse la cara. Mientras la observaba irse mi abuela me hablo.

-Eleonora, ¿se puede saber dónde estabas anoche? Te estuvimos esperando hasta tarde y no llegaste.-ella era la única persona que me llamaba por mi segundo nombre, y aunque no me gustara que me llamaran así, de ella no me importaba.

-Pues, el jefe me dijo que si me podía quedar un momento para hacer el inventario de las cosas que han traído este mes al restaurante-mi abuela no sabía cuál era mi verdadero trabajo, y la verdad es que no tenía intención de contárselo, ya tenía bastante con sus problemas de salud como para que venga yo y le diga que la mayor de sus tres únicas nietas era prostituta, pues no me daba la gana.

-¿Hasta tan tarde? Por lo menos pudiste haber enviado un mensaje para avisar que no ibas a llegar hasta tarde, estaba muy preocupadas por ti-me dijo lo último con una mirada de tristeza. Yo sabía que le dolía no saber a qué hora estaría en casa, y que casi nunca estuviera por el trabajo, pero si quería sacar esta familia adelante tenía que trabajar, y estaba haciendo todo lo posible para que eso fuera así.

-Está bien, lo siento, ¿me perdonas?- le pregunte con carita de cachorrito, ella lo único que hizo fue reírse ante mi reacción y asentir con la cabeza con su usual sonrisa, esa que tanto me gustaba. -Bien, por cierto ¿dónde está Sandra?-volví a preguntar, mientras me sentaba ybebía lo poco que había quedado en la batidora después del incidente.

-No sé, ayer no vino a casa a almorzar, ni a cenar. Cariño, creo que voy a echarme un ratito en la cama, ese sofá me ha dejado la espalda hecha polvo- me dijo antes de darme un beso en la mejilla e irse. Yo mientras me quede pensando en lo que había dicho mi abuela. Sandra era mi hermana, la mediana de las tres, yo tenía 19, ella 15 y Bianca 8. No nos llevábamos muy entre nosotras dos, pero las dos queríamos más que a nuestra vida a Bianca, esa pequeñaja era la alegría de la casa, a veces me recodaba a Sandra cuando era más pequeña, cuando lo único que le importaba era pintar sin salirse de la línea. Ella ahora ha cambiado, bueno las dos hemos cambiado, hemos ido por caminos distintos, pero aunque ella y yo no nos llevemos muy bien, yo siempre la querré y la cuidare y nadie podrá cambiar eso. Escuche una puerta cerrarse haciendo que me despertara de mis pensamientos. Me acerque a la entrada y la vi, estaba ¿borracha? ¿Enserio? ¿Con 15 años, y ya se emborrachaba? Me acerque a ella y lo confirme, estaba borracha, el olor a alcohol se podía oler perfectamente. La cogí de los hombros por detrás, puesto que estaba en el suelo, y la lleve a al baño para que se lavara la cara. El trayecto por las escaleras fue un poco incómodo, no se quedaba quieta, y se iba para los lados, pero conseguimos llegar. Le quite su chaqueta de cuero y cuando estaba dispuesta a lavarle la cara, se dio la vuelta y empezó a vomitar. Se sentó apoyando la cabeza en la pared de baldosas grises, antes eran blancas, pero la casa era tan vieja que el color se había deteriorado. Yo me senté a su lado, y hice el mismo gesto que ella.

-¿No me vas a gritar?- me pregunto para mi sorpresa, no pensaba que estuviera lo bastante consiente como para hablar.

-No, eso sería demasiado cruel en tu estado- le conteste -además la abuela está durmiendo y no la quiero despertar, ya te gritare después.-ella solo me sonrió, como respuesta.

-Gracias.

No sabía que decirle, en el fondo estaba enfadada, era una niña, bueno adolescente, pero para mí seguía siendo una niña, y ya se estaba emborrachando, pero una parte de mi estaba conmovida. Yo también me había emborrachado y sabía que no era muy cómodo el dolor de cabeza que ocasionaba beber, y que costaba controlarlo, pero eso tampoco lo justificaba.

-Vamos- la levanta del suelo con mucho cuidado, le moje un poco la cara para que se despejara un poco y se quitara la suciedad. Salimos del baño y la lleve a la habitación que compartía con Bianca y conmigo. Le quite los zapatos y los pantalones para que estuviera mas cómoda, y la acosté en la cama. La arrope, y cuando me di cuenta de que estuviera dormida, le bese le frente y le susurre un "te quiero". Salí de la habitación, después de haberla mirado por última vez, apagar la luz y cerrar la puerta.

Baje al salón y me encontré con Bianca viendo los dibujos animados de la televisión. Me senté junto a ella, y después de media hora viendo Mickey y sus amigos, nos quedamos dormidas en profundo sueño, abrazadas una a la otra, dándonos calor mutuamente.