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Historia 138078 — capítulo 15

  1. Contra Reloj.

Maryse había persuadido a la Clave para que cuiden todo el tiempo y a toda hora de Magnus, era su pieza mas importante, junto con los demás brujos, pero él era mas que importante para los planes que continuaban tramando entre Clary y Maryse a espaldas de todos. La Cónsul había acordado pagar mucho por los servicios de Magnus, este se había negado a cambio de que mantuvieran a Alec dentro de la Clave y su opinión fuese mas que tomada en cuenta, hubo muchos que se negaron. La Cónsul Penhallow aceptaba, pues eso abriría las puertas de muchos jóvenes que como su hija, amaban intensamente a personas de su propio género, pero el Inquisidor y muchos seudo moralistas se negaban.

-- Bien podría tomar a Alec, sus amigos y hermanos, sacarlos de aquí y mantenerlos perfectamente a salvo de todo. Pero ellos prefieren seguirlos, así que les sugiero que tomen mi decisión como única.-- había dicho Magnus ante la negativa de algunos miembros de la clave, Blackstone apoyo a Alec y Magnus, aparentemente sin resentimientos. Al finalizar la reunión, Blackstone llamo a Magnus hacia una esquina del corredor.

-- Si algo pasa y todo termina mal, huye con Alec, sálvalo solo a él aun cuando él se niegue.-- murmuró entregando una suma exorbitante de dinero, Magnus lo observo.

-- No tienes que pagar por ello, pero, si algo sale mal yo me lo llevaré lejos.-- dijo Magnus sin devolver lo obsequiado.

Magnus odiaba aceptar que Blackstone sabía perder, seguramente, si él hubiese perdido estaría intentando una y otra vez recuperar a su amado Alec, pero Blackstone parecía tener respeto por Alec y de alguna manera un aprecio de rivales que al brujo le desagradaba. Un movimiento ligero de una mano delicada que se atravesó ante su visión lo hizo recuperar el momento actual.

-- ¿Estas bien, Magnus?.-- pregunto Alec un tanto temeroso.

-- Claro, solo pensaba en lo acelerado que todo funciona.-- dijo, miro a Isabelle a su lado, junto a Simon y a Blackstone.-- Es decir, ¿cómo sabe Maryse los lugares exactos que serán atacados?, se supone que esa bruja, Raven, los percibe pero no posee poderes de vidente, y mucho menos.-- añadió, Alec se cruzo de brazos.

-- Es verdad. Mi madre solo confía en ella pero no sé si debiéramos hacerlo.-- dijo Isabelle, esta ahora siempre estaba tomada de la mano de Simon, como si temiese que se lo arrebatasen en segundos. Magnus diría algo, pero no pudo, un turbulento movimiento lo tiro al piso, retorciéndose, las barreras se debilitaban, un demonio había entrado, y no cualquier demonio, Satanás había entrado al Instituto. Todo lo cubrió la oscuridad y en segundos la luz resplandeció con fuerza, la figura de Satanás se observo mas ni un solo cazador pudo moverse, al contrario, se mantenían como estatuas.

-- Isabelle y Alexander Lightwood, mis hermosos herederos de la belleza de mi dulce Mikael.-- dijo Satanás caminando hacia ellos, Blackstone quiso moverse mas una mano invisible lo tiro al piso y allí lo presionó contra la fría piedra.-- Pronto estaremos juntos, como debió ser antes, solo ustedes y yo.-- añadió mirando con desprecio a Simon y a Magnus. Un cazador logró moverse, se precipito contra él mas por un segundo su daga se detuvo en lo alto, se giro y comenzó a pelear contra los suyos, que indefensos solo veían su muerte.

-- No tocaras a mi Alec.-- murmuró Magnus. Simon logro moverse y con un desmedido golpe de sus largas piernas hacia el rostro de Satanás lo desequilibro.

-- ¡Maldito vampiro!.-- grito Satanás a punto de cortar de lado a lado la garganta del joven con las garras.

-- Estoy aburrida.-- dijo la voz suave de Clary, entre los que se asesinaban mutuamente resalto la imagen de Clary, toda de verde, que con los brazos cruzados evadía la mirada de los presentes.-- Entrega el obsequio y vámonos. Sebastián nos necesita.-- añadió girándose sobre los tacones, miro a lo lejos a Maryse con una expresión de dolor y disculpa.

-- Bien, ¡bien!.-- dijo Satanás dejando escapar una carcajada, entrego un conjunto de ropa, dos vestidos, uno dorado y otro rojo, a Isabelle. Para Alec solo le dio dos pantalones de cuero y camisas de seda, una espada larga a Isabelle y un arco con flechas de plata a Alec.-- Regalos de su futuro amante.-- añadió deslizando los labios sobre las muñecas de ambos. Alec se sintió humillado e Isabelle quería arrancarle la cabeza, pero la negativa de Maryse los detuvo. 

En un segundo tanto Clary como Satanás se desvanecieron mientras Magnus se recuperaba y el nephilim manipulado se cortaba la garganta él mismo. La conmoción seso, mientras el terror enloquecía a los cazadores. Luke, como líder natural se planto ante todos y exigió calma, <<Somos guerreros, podemos permanecer en calma>> había dicho mientras Maryse corría a ver a sus hijos, Isabelle tiro al piso los obsequios mientras le dirigía una mirada enervada a su madre.

-- ¿Qué quiere de nosotros?.-- pregunto Alec ayudando a incorporarse a Blackstone mientras Magnus se recobraba.

-- No... no lo sé.-- respondió la cazadora mirando a sus hijos.

-- Si Max estuviese vivo también lo querría.-- dijo Robert acercándose a pasos lentos.-- Debemos hablar de algo, algo que nos une a ese demonio.-- añadió.


Satanás estaba extasiado al ver los rostros de terror en los cazadores, incluso bailaba por los pasillos del castillo, Clary lo abandono para entrar en su habitación, Jace se encontraba atado a una silla por una runa de inmovilidad, ella no había podido revelarle la verdad así que solo se mostraba en su papel de "ser corrompido", sus ojos comenzaban a perder el negro y su mente era cada vez mas estable, pero no podía demostrarlo ante Sebastián o alguno, incluso Jace.

Clary camino por la habitación mirándolo, sus ojos dorados le recordaban el filo de peligro que noto cuando lo conoció, se sentó sobre las piernas de Jace y lo abrazo, acariciaba su cabello sin decir nada, vivía para encerrarse allí aun cuando no dijese palabra alguna. Una runa se encontraba oculta por la habitación, si Sebastián o cualquiera quisiera dañarlo cuando ella no estuviera, un portal se abriría bajo Jace y lo llevaría al Instituto. Era duro no poder decir nada a Jace, << Aquí estoy, sigo siendo yo, mírame Jace. Aun soy tuya.>> eran frases que quería expresar con la mirada pero que Jace no debía descifrar.

-- Incluso así eres endemoniadamente sensual.-- murmuró Jace besando suavemente el cuello de Clary. La aversión de Jace al toque de ella se desvanecía con los días y ella detestaba no ser capaz de decirle lo que sentía.-- ¿Quieres hacer el amor, mi pequeña dominatriz?.-- pregunto aspirando su esencia, casi enloquecido por ella.

-- Si te libero querrás huir como la última vez.-- respondió Clary convenciendose de no hacerlo. En cuanto Jace había despertado había querido huir luchando con todas sus fuerzas, le dio una patada que ella no esquivo, en segundos Sebastián estaba allí, sujetando del cuello al "pequeño hermano" hasta adormecerlo.

-- No, esta vez quiero...complacerte, mi pequeña dominatriz.-- dijo Jace. Clary quería liberarlo, quería decirle todo, pero se negó y solo se mantuvo en silencio abrazada de él.

-- Clarissa, te necesitamos ya.-- ordenó la voz de Amatis fuera de la puerta de la habitación, esta sonrió con amargura y se aparto de Jace, este la miraba impaciente, todo le gritaba que ella era su Clary, no había cambiado en nada, pero al verla en los brazos de Sebastián lo enloquecía.

Jace la había observado siempre, sus reacciones, su mirada, su dolor, los momentos en los que se desaparecía del ojo vigilante de Sebastián, terriblemente se atormentaba pensando si Sebastián ya la habría tomado como suya, si lo hubiese hecho, sería terrible, pero sino aun sería lo peor, pues querría poseerla en algún momento, y ella no podría defenderse. Amatis, como un zombie, le llevaba comida todos los días y cuando ella no estaba, sus ataduras se liberaban para que él pudiese rondar la habitación, no podía salir pues al tocar la perilla con la mano un golpe lo dormía, ¡un golpe invisible!; pero al segundo de la llegada de Clary, unas manos invisibles lo encadenaban. Todo a base de runas, ella sin duda era increíble. Podía continuar creando runas oscuras.


Sebastián se revolvía en su lugar, levanto la mirada hacia la puerta, su cama estaba desordenada, sus libros sobre la mesa, su ropa por el piso, las sábanas negras cubrían su cuerpo, solo tenía puesto unos pantalones de una tela suave, sentía que todo fallaba de una manera anormal, ya no tenía el control, no se sentía como debía, algo se revolvía en él, algo molesto, sus ojos a veces poseían una tonalidad verde, pero desaparecían, culpaba de ello a Satanás, pero parte de él culpaba a Clary, la runa Oscura lo vinculaba a Clary de una manera en la cual exponía su oscuridad, pero al parecer él mismo se perdía dolorosamente.

Las puertas se abrieron y observo la figura esbelta de Satanás. ¡¿Acaso se burlaría de él?!.

-- Clarissa te debilita, más ahora que antes, por que ahora ella se encuentra clavada en tu mente.-- dijo Satanás.-- Sabes tu destino.-- añadió mientras observaba retorcerse a Sebastián, este clavo la mirada en Satanás.-- El amor es un dulce sentimiento, yo ame una vez.-- agregó con genuina aflicción.-- Los Cazadores de Sombras me negaron el amor, una familia, algo mío; ellos me arrebataron todo y me vengaré de la manera más dulce.-- añadió casi orgulloso.-- Esa familia me debe dolor y sangre.-- finalizo. Sebastián no comprendió a qué familia se refería, estaba por hablar, cuando Clary entro en la habitación, preocupada de una manera extraña corrió hacia su hermano, se recostó a su lado y lo abrazo.

-- ¡Márchate, Demonio!.-- ordenó Clary, el demonio la miro indiferente pero se aparto de ellos. Clary dejo a Sebastián posicionarse sobre ella, una de las largas piernas de Sebastián separaba las suyas.-- ¿Sufres, mi querido hermano?.-- añadió besando las mejillas de Sebastián. Clary odiaba esos instantes, pues los besos, las caricias y la preocupación era real y verdadera.

-- Me vuelvo loco, he sellado mi final al traerte conmigo, no estaba del todo seguro de ello.-- murmuró el nephilim oscuro escondiendo su rostro en el rojo cabello de ella.-- Pero no me arrepiento, tu eres mi mas profunda necesidad, no sabes como deseaba verte, sentirte, amarte.-- agregó presionando su cuerpo pesado y magro contra ella. 

Clary dio un gemido de deseo que detesto, una parte de su cabeza poseía esa alarma que gritaba:"Es tu hermano, es un demonio, es un asesino, él es el culpable de mucho, casi pierdo a Jace por su culpa.!", pero la parte mas expresiva en ella se aferro a él decidida a darle lo que deseaba. Jace y Sebastián, uno su amor verdadero y el otro una parte intrínseca de ella. 

Fuera se escuchaban los pasos de Amatis, molesta, casi enervada, incluso hasta celosa, sentía el final acercarse a su Señor, y Clary lo provocaría, su enfado la llevo por los pasillos hasta la habitación de ella, abrió las puertas escuchando la siempre obvia molestia del nephilim que dentro era atrapado por la runa invisible a sus ojos pero que Clary había marcado en él. Jace la miro con pereza.

-- ¿Me traes la comida del medio día?.-- pregunto simple como si de una sirvienta se tratase.

-- No.-- dijo dibujando una sonrisa.-- Solo venía por ropa limpia, Clarissa dormirá con Sebastián, es muy común, pero con tu presencia, no habían podido tener un tiempo a solas.-- Amatis apuñaló a Jace con sus mentiras, los ojos de Jace se enfocaron en ella con rudeza.

-- ¿A qué te refieres?.-- pregunto él, intento disimular la furia pero su entonación lo delato.

-- Me refiero a que ellos tienen "ese" tipo de relación, son muy cercanos, se desean y se tocan.-- respondió ella ignorándolo, o fingiendo ignorarlo, estaba atenta a sus expresiones. No dijo más y salio de la habitación, su acto de crueldad estaba hecho.


La Ciudad de Huesos era más tétrica a cada día, levanto la mirada y vio allí el fantasma de un cazador, vagaba como era su naturaleza, al momento de morir los Hermanos Silenciosos tomaban la forma de quienes fueron antes de ser cosidos y casi mutilados, después de la matanza de Valentine muchos de ellos aun seguían vagando allí. Aquel día Jem debía visitar a algunos cazadores con información sobre su enfermedad, por lo que no estuvo ni cuando Jace fue encerrado ni cuando los Hermanos fueron casi extintos. Los largos dedos de violinista repasaron un pergamino después de otro, y releyó lo escrito:

"Un cazador de Sombras agobiado por la droga demoniaca que causa los padecimientos anteriormente descritos, podrá ser curado si se crea un ritual de curación obteniendo fuerza de un cazador inmortal. Esto causará la mortalidad al cazador y curará al enfermo."

Era una pequeña parte de información que encontró hace casi cincuenta años, cuando todo estaba en calma. Jem había ido a buscar muchas veces a cazadores inmortales, los cuales hubo una vez, pero todos se negaron al ritual y sin el permiso no se podía realizar, Jem había desestimado la opción y había buscado mas curas, pero ninguna perfeccionada o permanente. Entonces cuando pensó en perder la esperanza, allí estaba un joven Lightwood dispuesto a realizar el ritual. 

Tomo un largo pergamino localizando las indicaciones del ritual, dio un tirón más y la esfera de luz mágica rodó por la mesa cayendo estrepitosamente, Jem se puso en pie para levantarla del piso cuando lo sintió, no estaba solo. Se giro lentamente encontrando entre las sombras de la Ciudad de Huesos una figura, los rasgos lo desconcertaron, incluso cubierto por la oscuridad Jem, el hermano Zacharias, dio una especie de jadeo, allí estaban las largas piernas, la espalda ancha, los finos dedos, en una pose tan suya que no dudo un segundo, dio un paso hacia él golpeando la luz mágica que giro y lo iluminó.

William Herondale con sus ropas de gala, como si fuese a una reunión navideña, estaba de pie ante él, era Will en todo su esplendor cuando estuvo vivo y joven. Jem estiro la mano tan cerca que casi lo podía tocar, pero el ruido sordo de la puerta lo interrumpió, un segundo se giro para ver la mano del Hermano Enoch, y al siguiente Will no se hallaba allí. ¿Había sido un sueño o el preludio a una guerra incontrolable?, Jem no solía ser tan fatalista, pero, en ese momento temió que algo más oscuro que Sebastián Morgenstern se elevara entre las sombras.  


Satanás observaba desde lo alto del castillo, los grandes imperios siempre atrajeron su atención, siempre causaba en él grato aprecio, mucho se había dicho de él a lo largo de la vida, mucho era de su conocimiento, pero había algo que aun permanecía en su mente, un acto que lo obligaba a realizar cada paso con lentitud, quería venganza, venganza contra la familia Lightwood, contra los ángeles y los cazadores de sombras, para eso espero a utilizar a aquel ser creado por Valentine, terriblemente dos más estaban involucrados, el hijo de los cazadores y la hija de los ángeles, molesto cruzo los brazos, chasqueo con la lengua y sonrió. Pronto una silueta emergió de las sombras.

-- ¿Lo quieres tanto que traicionaras a los tuyos?.-- pregunto Satanás sonriendo satisfecho de que el deseo lo trajera hasta él.

-- Te seré fiel.-- dijo la voz grave de aquel ser entre las sombras.

-- Pues bien, debilita al pretor, eso le dará oportunidad a Sebastián.-- dijo Satanás sonriendo cruelmente, sabía que a veces el desear algo que no es para ti, te hace caer en sus manos.