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Historia 138078 — capítulo 2

  1. Sueños Despreciables.

La casa de Luke jamás se encontraba sin vigilancia, la manada se turnaba para protegerlo por si Sebastián aparecía, por lo cual a Clary no le sorprendió que al acercarse observo a dos hombre sobre la calle, conversando sentados en la banqueta, ella los recordaba, amigos de Maia; ella los saludo con la mano, al entrar había, como de costumbre, miles de telas y figuras que formaban parte de los preparativos para la boda, Jocelyn observaba las revistas de pasteles mientras Luke sostenía delicadamente la mano de ella, señalaba de vez en vez un modelo apetecible, entonces se miraron y sus labios se unieron. No era extraño, ella ya lo había visto antes, pero seguía sintiéndose incómoda. 

Entro haciendo ruido, ellos se separaron, la saludaron y ella les explico lo que hizo, aun su madre se tensaba al escuchar que asesinaba a algún demonio o que otro le estallo en la cara o sucesos así. Jocelyn le había permitido ser cazadora, pero, aun parecía muy molesta en la relación que ella tenía con Jace, no lo expresaba pero jamás preguntaba por él, quizás lo odiaba. Se dio un baño y después se colocó la ropa de dormir, cerro los ojos y comenzó a soñar.

Nuevamente soñaba con Jace, su Jace. Caminando hacia ella, deslizando un mechón de su cabello detrás de su oreja, era hermoso, de ojos dorados en tonos mas sutiles que el dorado de su cabello, se estiro para besarlo, y como el Jace de sus sueños no era la "antorcha humana", no quemaba. Sus labios eran suaves y posesivos, sus dedos se deslizaban sobre su piel y entonces acariciaban la curva de su pecho, rozando tan suavemente que le causaba suspiros. Al abrir sus ojos no era Jace, era Sebastián quien la aprisionaba con su cuerpo contra una pared roja detrás de ella, presionó una pierna entre las de ella abriéndolas con fuerza, ella quería apartarse de él, pero no podía, sus brazos se enredaron detrás de él, mientras le permitía tocar su cuerpo, explorar sus labios.

Sebástián era mas severo que Jace, sus besos eran mas crueles, sus dientes se clavaron mordiendo su labio, este sangro y el sabor se mezclo con el beso, sentía el ardor de la herida pero no le importaba. Ella lo tiro al suelo, lo piso con fuerza en el estómago mientras él se reía tan alto que aturdía. Clary se inclino sobre Sebastián sentándose sobre las caderas de él, sintió la excitación en él presionar contra ella.

-- "Un jardín cerrado es mi hermana, una primavera callada, una fuente sellada".-- murmuró Sebastián levantándose con lentitud, sus palabras retumbando en su mente.-- Continuas sellada, ¿no?. Jace no puede tocarte y ahora yo poseeré tu esencia, por que "Ella se abre para mi, mi hermana, mi amor".-- añadió mientras su lengua recorría su cuello, Clary se estremeció, había una parte de ella que deseaba apartarse pero algo la mantenía allí.

Sus ojos verdes buscaban más allá de las caricias, observando el sol sobre ellos, pero ese no era el sol, era Jace. De un golpe aparto a Sebástián y ella cayo al vacío. Despertó gritando, horrorizada, en segundos Jocelyn encendía la luz y Luke sostenía su kindjal, mas nadie estaba allí. Aun así su labio sangraba y el sabor de la sangre se mezclaba con el asco.

-- ¿Qué sucedió, Clary?.-- pregunto Jocelyn.

-- Nada, solo una pesadilla.-- respondió Clary. Una pesadilla más que la atormentaba, no perder a Jace sino, ser lo que él fue alguna vez, una marioneta de Sebastián.


Simon observaba desde lo lejos su celular, sabía que fuera estarían Jordan y Maia conversando sobre detener a Maureen, también era consciente de la cabeza recostada en su brazo y de su largo cabello enredándose a su lado. Isabelle no había definido la relación, ¿eran pareja o no?, se besaban y dormían juntos, ella se acomodaba junto a él de una forma que Clary jamás encajo, ella era apasionada, había ocasiones en las que solo se consumían en besos desesperados que acababan atormentando su sed y su deseo. Era un adolescente normal, debía desear a la mujer junto a él y así sucedía, la deseaba pero también quería que ella definiera su relación.

Su celular vibro levemente, él se estiro y lo abrio.

-- ¿Las pesadillas?.-- pregunto sin necesidad de preguntar. Desde hace unos días pesadillas terribles atormentaban a Clary sin poder decidir si decirle a Jace o a alguien. No podía ser como lo que Lilith le hizo a Jace, pero era de alguna manera obra de Sebastián, ambos lo sabían.

-- No sueño que Jace muere, pero es igual de terrible, quizás más.-- murmuró la voz temblorosa de Clary.

-- ¿Haz pensado en buscar ayuda de los hermanos?.-- pregunto en susurros mientras deslizaba un dedo por la espalda de Isabelle, eso lo hacía sentir bien.

-- No es como lo de Jace. Creo que es distinto. Le preguntaría a Magnus pero no puedo. Tampoco decirle a Jace.-- respondió ella.

-- Nunca me haz dicho de que son esas pesadillas.-- dijo Simon rodandose junto a Isabelle, suavemente beso su cabello negro, ella era de una manera hermosa, no de la forma obvia, sino que era sumamente bella y mortal.

-- Son terribles, si. Es lo único que debes saber, son horribles.-- respondió ella con un suspiro, sintió que ella ocultaba algo. 

-- Entonces busquemos a otro brujo, aunque creo que debes decirle a los Hermanos silenciosos.-- respondió, Clary suspiro de nuevo y solo pareció sollozar.

-- Lo haré.-- dijo para después colgar. Dejo el celular sobre la mesa a su lado. Se acomodo, mas los ojos castaños de Isabelle se abrieron lentamente.

-- ¿Quieres mi sangre?.-- pregunto Isabelle presionándose contra Simon, él sonrió.

-- Becky quiere conocerte. Pero no sé, ella cree que es una relación de novios, y aun cuando lo negué cree que debe conocerte.-- dijo Simon. Había ensayado toda la tarde la manera de decirlo, mencionando que su hermana los vio besándose una vez justo antes de que ella saliese del departamento. Quizás paso a su lado y así la observo, desde ese día quiso conocerla pero él no podía decirle que no eran nada, solo se besaban y dormían juntos, pero no de una manera sexual, solo dormir.

-- ¿Cuando?.-- pregunto palideciendo, su piel blanca y nívea jamás lucio tan pálida.

-- Mañana en la tarde, como a las dos de la tarde, en un café mundano. Le dije que no, que eras una ocupada cazadora de sombras, pero ella insistió, de otra manera iría a buscarte al Instituto. No quise que lo hiciera así que le dije que intentaría convencerte.-- respondió Simon esperando algún grito de enfado o desesperación.

-- Bien.-- dijo Isabelle acomodándose de nuevo entre los brazos de Simon.-- Pero iras por mi al Instituto.-- añadió hablando contra el cuello de Simon.

Simon lo sabía, estaba enamorado de ella, la amaba, la quería, pero ella no lo amaba o quería lo suficiente.    


Una sonrisa satisfecha se marco sobre los labios de Sebastián mientras se ponía en pie. Su cama perfecta y minimalista se encontraba en aquel edificio, sobre un pentagrama de invocación, sangre rodeando la cama, mientras una mujer se aferraba a la cama, su cuerpo sangrando, tan flagelado por cadenas y látigos que a penas si se sostenía, Sebastián se inclino observando a la pequeña criatura, una mundana que tuvo el infortunio de confiar en él. Amatis abrió la puerta señalando a su lado, otro brujo había sido traído, uno de cabello grisáceo y orejas de dragón, Dimitri Benneth; Sebastián jalo del brazo a la diminuta mujer y la arrastro por la habitación.

-- Cúrala y envíala con ellos.-- ordenó arrojándola junto a el brujo.-- Quiero que sienta celos de cualquier mujer que me rodee.-- añadió hacia la mujer, algo en sus ojos verdes resplandeció.

-- Como tu sentías celos de Jace. Valentine lo eligió, Clarissa lo eligió. Puedes ser mejor guerrero que él, pero él los tiene a ambos. Y tú, ¿qué posees tú?.-- dijo ella, su voz suave pero decidida.

-- Tendré una nueva raza, ella será mía. Nada lo evitara.-- dijo Sebastián al segundo que otro círculo de invocación traía a Lilith ante él, sus ojos de serpiente se posaron en él.

-- La nueva raza esta destinada, pero solo en el solsticio será mas poderosa, tu cuerpo y el de ella deberán unirse ese día y el poder de ambos lo quemará todo.-- dijo Lilith en un siseo.

Lilith le había brindado la idea desde un principio, la sangre de un hijo del ángel y un hijo de demonios, ambas en uno, la sangre del demonio devorará el bien, y la sangre de ángel lo fortalecerá. Sebastián tenía planeado ese día, después de que bebiese el último, él ordenaría que Clary se uniera a él, Jace la sostendría mientras Sebastián la poseería. Aquello era lo único que quería hacer sin pensar en superar al hijo favorito de su padre, disfrutaría de la mujer que nació para él. Lo que había deseado desde que había soñado con la hermosa mujer de cabello rojo sangre ondeando, la mujer que flotaba sobre el río de muerte. Con ayuda de una pequeña bruja había entrado en su mente aprovechando que tenían una conexión: su nexo. Había buscado sus ansias, ella quería pertenecerle a Jace, sentirlo a él, pasional, desenfrenado, pero él podía tomar siempre el lugar de Jace, y los sueños eran inconscientes, simples, como un copo de nieve que cae, una mota de polvo. 

Clary sería suya, para ello recurriría al ser capaz de crear una runa oscura.


Mathew Blackstone era un joven muy fuerte, el mejor de todo Idris después de Jace, todos sabían eso. Había pasado junto a los Lightwood sus vacaciones desde los tres años a los diez años, siempre observo a Alec como el ser mas bello, mas delicado, mas hermoso. Sabía que debía sentirse atraído hacia Isabelle, era hermosa, pero sin duda Alec lo hacía sentir intranquilo. Se había aterrado una noche al escuchar pasos y al salir de su habitación había visto a un lindo niño llorar en una esquina, lo había llamado y cuando la luz de las antorchas nocturnas iluminaron sus ojos azules, cristalinos como el mar, había sentido su corazón palpitar.

Odio sentirse así con respecto a él. Decidió dejar de ir, y como un niño nuevo había llegado con ellos, mas desistió de la idea de estar cerca de él. Había conocido a una persona hermosa, pero para su disgusto cada mujer hermosa que se cruzaba con él era comparada con Alec, sus estéticas manos, sus largas piernas, su cintura estrecha, su cabello negro, sus ojos hermosos. Cuando lo vio nuevamente en Alacante, quedo asombrado, no era un niño bonito, era un joven hermoso, demasiado bello para no desear acercarte a él. Mathew observaba como su hermoso Alec era acosado por infinidad de chicas, pero no parecía importarle, ninguna.

La tarde en que los demonios atacarían Alacante, Mathew Blackstone se había soñado cerca de un lago cristalino, sentado a su orilla estaba Alec, observándolo, se puso en pie y se abalanzo sobre él besándolo suave y violentamente, él sintió su corazón desesperado, sus manos encerraron a Alec contra él, sus labios no se cansaban de él. Al despertar fue en su búsqueda pero no se encontraba cerca de sus padres, así que fue a buscarlo con los Penhallow cuando las protecciones cayeron y los demonios azotaron Alicante. 

Entre la locura de la noche vio a Alec dejar la casa de los Penhallow, lo siguió todo lo que pudo, pero pronto se desvaneció; cuando por fin lo vio parecía conversar con un brujo de apariencia asiática, sus ojos de gato lo miraron un segundo antes de que un demonio se mostrase, después una orda llego. Quedo inconsciente.

En el salón de los acuerdos Mathew busco desesperado a Alec, cuando lo hayo corrió hacia él para confesarle su amor, un amor que quiso matar, un amor que siempre lo aferro a él, pero solo se vio herido pues Alec, su Alec, unía sus labios a un brujo, a Magnus Bane. Sintió morir, se sintió muerto.

Paso un tiempo en el cual se dedico por completo a entrenar su cuerpo, su fuerza, tenía que ser el mejor, solo el mejor pues solo el mas adecuado dejaría Idris para entrenar a la hija de Valentine. Mathew tenía pensado enamorar a Alec, si era necesario pelear contra el brujo para recuperar a su Alec, y como un regalo del ángel, la noticia de la soltería de Alec se disperso por todo Idris. Nada podía evitarlo, viajaría al Instituto de Nueva York y confesaría su amor a Alec.

Ahora se encontraba disfrutando de los labios mas suaves y dulces del mundo, la textura mas bella al tacto, pero al abrir los ojos Mathew vio a Alec llorar. No quería hacerlo llorar, no quería verlo sufrir. Se aparto de él, mientras Alec lo miraba confundido. Quizás soñar sea mejor para Mathew.