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Mi mentor es Finnick Odair — capítulo 8
La semana de entrenamientos había pasado terroríficamente rápido.
Parecía que los demás tributos me tenían por un blanco fácil. Ese era mi plan, que todos pensaran que moriría en la Cornucopia; y me estaba saliendo bastante bien.
La semana de entrenamientos terminó hoy a media tarde; ahora mismo estoy en mi habitación, recostada sobre la cama mientras miro hacia la nada.
Hace unos minutos encendí un aparato que proyecta las imágenes de forma tridimensional, intento sacarle algún sentido a las palabras de Caesar; pero mi mente solo tiene espacio para una cosa: Finnick lleva toda esta semana enfadado conmigo, ni siquiera me dirige la palabra.
Realmente nadie excepto Mags me dirige la palabra aquí, ella también cree que moriré al inicio de los Juegos.
La chica del Distrito 9 ha intentado desesperadamente entablar conversación conmigo pero yo siempre he sido cortante o la he ignorado; no quiero alianzas y tampoco amigos.
De repente unas palabras provenientes del holograma de Caesar llaman mi atención:
-Ahora se transmitirán algunas imágenes de Los 69º Juegos del Hambre.
Las caras de terror de los tributos en la cuenta atrás, el rostro de una chica al ser asesinada, un río llevándose los cadáveres de un par de tributos y, por último, un tributo apuñalando a otro.
Respiro con dificultad cuando las imágenes dejan de ser retransmitidas.
Unos golpecitos en la puerta me sobresaltan, y en ese momento recuerdo que me he saltado la cena.
-Adelante-digo con voz temblorosa.
La cara de Finnick asoma por la puerta, poco después su cuerpo también lo hace.
No quiero que esté en mi habitación por que estamos enfadados.
-Mañana son las pruebas.-dice un tanto nervioso.
-Lo sé.
-¿Lo sabes?- me mira desesperado.- ¿Y que vas a hacer?
-Un poco de todo.-le respondo.
Finnick resopla y luego me mira atentamente.
-¡¿ES QUE ACASO NO VAS A HACER NADA POR SALVARTE?!-grita agarrando varios mechones de su pelo dorado.
Me asusto ante su reacción y mis ojos se llenan de lágrimas.
Agacho la cabeza, él sigue gritando; sus gritos me provocan un vacío tan grande como el que sentía cuando mi padre se emborrachaba y nos pegaba a mi hermana y a mí, después de la muerte de mi madre.
Pongo mis rodillas a la altura del pecho y escondo la cabeza entre mis brazos, llorando.
Finnick sigue gritando cada vez más fuerte, me tapo los oídos con fuerza.
Minutos después Finnick deja de gritar, levanto la cabeza.
Finnick me mira confundido.
-Vete-susurro sin fuerzas.
-Deja que…-se acerca peligrosamente a mi espacio personal, por lo que le pego un empujón.
-¡VETE!-chillo.
-De acuerdo.-se levanta enfadado de la cama, coge el picaporte metálico de la puerta y se gira.-Si quieres morir en…
-¡TE ODIO!-le grito. Después me levanto y comienzo a darle fuertes golpes en el pecho.
Finnick sujeta mis muñecas, impidiendo que le pegue.
-Mírame.-me pide Finnick.-No voy a dejar que mueras en estos Juegos. Haré todo lo posible por que ganes, vuelvas a casa con tu hermana y salgas del orfanato.
-¿Cómo sabes que vivo en el orfanato?- digo levantando la cabeza. Finnick está pálido, traga saliva notablemente; sus ojos, hay algo que me resulta muy familiar en ellos. Me quedo observándolos durante minutos que para mí son segundos, luego él aparta la mirada. - Te he hecho una pregunta.
-Déjalo.-me suelta y sale de la habitación.
. . .
-Distrito 2, Dexter Speark.-anuncia la voz monótona.
Me remuevo con nerviosismo en mi incómodo asiento, a mi lado Paul observa como Dexter se despide cariñosamente de su compañera tributo a la vez que esta última le desea suerte.
La puerta se cierra detrás de la figura enorme de Dexter, suspiro y cierro los ojos con fuerza.
Decido acabar con mi nerviosismo, analizando la situación, las personas que tengo a mí alrededor y el lugar en el que me encuentro.
Estoy en un gran pasillo oscuro y estrecho, sentada en una incómoda silla, a mí lado derecho se encuentra Paul y al izquierdo el chico del 5.
Los tributos del Distrito 1 han entrado y el tributo masculino del 2 acaba de hacerlo.
Vuelvo a abrir los ojos, Dexter sigue dentro.
El nerviosismo sigue presente en mí, por lo que me dedico a examinar a los tributos que me parecen más letales.
· Distrito 1:
Lucas:
Es un chico bastante grande, fuerte y violento. Disfruta asesinando. Parece poco inteligente. Su fuerte es el combate cuerpo a cuerpo.
Sindy:
Buena actriz, ha conseguido meter en líos a otros tributos en la semana de entrenamientos, acusándoles de haberla amenazado. Va de niña frágil y tonta, ha engañado a casi todos, pero a mí no. Es letal, peligrosa, una víbora.
· Distrito 2:
Dexter:
Es, sin duda, el líder de los profesionales. No se separa nunca del tributo femenino de su distrito. En el entrenamiento alardeaba de su manejo con la espada.
Bianca:
Rápida, pequeña y de mirada perdida. No es como los demás profesionales, no se alegra de estar aquí y tampoco disfruta matando. Dexter parece ser su sombra.
· Distrito 3:
Theodore:
Me he esforzado en averiguar el nombre de este tributo ya que tiene aspecto de ser peligroso, quizá no sea fuerte pero si extremadamente inteligente. Sé que no tendrá remordimientos a la hora de asesinar.
· Distrito 4:
Paul:
Es fuerte, se deja llevar por las decisiones que tomen los profesionales. Él solo no puede sobrevivir en la arena, pero probablemente muera por una traición de los profesionales.
· Distrito 6:
Diría que los dos tributos son asombrosos; son aliados y muy peligrosos.
Seguramente es la primera alianza a por la que vayan los profesionales.
· Distrito 10:
Sarah:
Es la tributo que se ha pasado la semana de entrenamientos intentando hacer una alianza conmigo. Es pequeña, rápida y tiene especialidad con las lanzas.
-Distrito 4, Venus Drewsjet.-me sobresalto mientras que me levanto adormecida.
Entro por las puertas y contengo el aliento.
"VAS A GANAR" me chilla la voz de mi hermana.
Los patrocinadores y los Vigilantes me miran atentamente.
Me dirijo hacia el puesto de cuchillos.
"No soy una pieza de sus juegos" pienso.
Poco después una docena de cuchillos están clavados en los puntos rojos que señalan los maniquíes de entrenamiento.
Termino sin dirigir la vista hacia arriba, donde la aristocracia del Capitolio contempla mis acciones.
Camino hasta el circuito de obstáculos.
Tras correr, escalar y saltar un hombre que me ha cronometrado grita hacia arriba:
-Ha tardado 1 minuto con 2 segundos y siete centésimas.
Asienten con la cabeza a la vez que yo recupero el oxígeno.
-Puedes irte.-me dice el Vigilante Jefe.
Le miro y voy hacia las puertas donde Mags me recibe con los brazos abiertos y me lleva hasta el ascensor.