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Mi mentor es Finnick Odair — capítulo 7

Al volver del desfile, Rose, Mags, Tigris y la estilista de Paul nos llevan a un edificio enorme.

Por lo que nos cuenta Mags, este edificio es en el que se alojan todos los tributos en total tiene 17 plantas, 4 de ellas subterráneas.

El número de planta corresponde con el número de cada distrito, por lo que nuestra planta es la número 4.

En la planta 13 se encuentra la azotea desde donde puedes ver todo el Capitolio.

En el sótano 1 se encuentra la cocina, en el 2 las lavanderías, en el 3 la zona de entrenamientos y en el 4 donde los estilistas nos preparan.

Cuando estamos dentro del ascensor, todos comienzan a hablar de lo bien que hemos estado en el desfile.

Es entonces cuando me doy cuenta de que Finnick no está con nosotros.

Llegamos a la cuarta planta.

La decoración está relacionada con nuestro distrito, en cuanto me fijo en los sillones, que tienen aspecto de ser muy cómodos, el cansancio me llena.

-¿Dónde están las habitaciones?-pregunto interrumpiendo la charla entusiasta que nos está dando Rose sobre la decoración.

La interrumpida me mira de mala manera y responde a regañadientes:

-En ese pasillo, la tuya es la tercera a la izquierda.

Voy en dirección al pasillo, se oye como se abre el ascensor y una risa gutural acompañada por otra chillona invade el salón.

Me giro para averiguar quien ha entrado y descubro a Finnick con su acompañante del pelo azul.

Finnick lleva la mitad de la camisa blanca abierta que deja al descubierto su pecho.

Unos pantalones negros y unos zapatos del mismo color,

La chaqueta la lleva colgando del hombro, y del otro brazo lleva colgando a la mujer.

Acelero el paso hasta adentrarme en el pasillo, aunque Finnick me ve y me pregunta:

-¿A dónde vas, Venus?

-A…dormir.-respondo con nerviosismo.

-Deberías cenar primero.-Finnick frunce el ceño, y se zafa del agarre de la mujer.

Viene hacia mí, pero yo retrocedo un par de pasos.

-No tengo hambre.-digo seca.

Finnick mira hacia el suelo, y luego vuelve a mirarme pero de forma más dura:

-Mañana es el primer entrenamiento. Rose te llamará una hora antes para que te de tiempo a desayunar.-luego se da la vuelta, coge a la mujer de pelo azul del brazo y se enfrasca en una animada conversación con  Rose.

Yo vuelvo a mi recorrido y voy directa a mi habitación.

Una vez allí, me echo sobre la cama y caigo dormida sin problemas.



-¡Despiértate querida! ¡Venga, que hoy es un gran, gran, gran día!-me despierta una chillona voz con acento del Capitolio.

Resoplo y me levanto de la cama con pesadez.

Me dirijo hacia el baño, me desnudo y después entro en la ducha.

Suelto un chillido cuando, al darle al mando para que salga el agua, un chorro congelado me cae desde arriba.

Le doy a un montón de botones a tientas, y salgo de la ducha con olor a rosas y la piel maltratada por los cambios de temperatura.

Me seco con rapidez, entro en la habitación para encontrarme con un conjunto negro elástico con el número cuatro impreso en el brazo.

Después de vestirme salgo de mi cuarto y avanzo por el pasillo hasta llegar al salón donde se encuentran Mags y Rose desayunando.

-Buenos días.-me saluda Rose.

Hago un gesto con la cabeza, y me siento al lado de Mags.

Unas personas vestidas de negro me colocan los cubiertos para que pueda servirme por mí misma el desayuno.

Me quedo mirándolas; me resultan algo extrañas.

Hay un chico y una chica los dos se van cuando les pido la leche caliente y ninguno de ellos habla.

-¿Qué…-antes de formular la pregunta la voz de Finnick me responde desde atrás:

-Son avox.

Miro hacia el pasillo, y me lo encuentro con cara de dormido despeinándose con una mano el pelo dorado, solamente vestido con unos pantalones cortos azules y una camisa blanca, cualquier chica se quedaría embobada ante eso, sin embargo yo bajo la cabeza y sigo comiendo.

Se sienta a mi lado y comienza a servirse magdalenas.

Le miro disimuladamente, me pone nerviosa su cercanía.

Suspiro.

Rose comienza a hablar con Finnick; para cuando me traen la leche ya no tengo hambre, aún así hago un esfuerzo por tomármela.

Paul entra en el comedor vestido igual que yo y Finnick dice:

-Bien, ahora estamos todos.-suelta sus cubiertos, aparta su plato y nos mira detenidamente.-Hoy empiezan los entrenamientos, quiero que mostréis vuestras habilidades y no os dejéis intimidar. Acercaros a los profesionales, lo que más necesitáis es una alianza con ellos.- ¿Qué está diciendo? ¿Es que se ha vuelto loco? Le miro incrédula y él me devuelve la mirada.- ¿Algo que decir, Venus?

Niego con la cabeza.

He visto muchos Juegos y sé que si entras en la alianza de los profesionales puede que mueras gracias a una puñalada trapera.

En cualquier alianza las cosas se ponen feas cuando quedan 10 tributos.

También sé que es mejor pillar por sorpresa a los demás tributos en cuanto a tus habilidades, como esa chica Johanna Manson.

Todos pensaban que era una llorica y que sería blanco fácil, y aquel año ella ganó los Juegos.

No me gusta la política de Finnick, así que, seguiré mi propia política.

-Es hora de que vayáis bajando al sótano 3.-dice Finnick.

Siento una fuerte opresión en el pecho.

Trago saliva y me levanto con las piernas temblorosas.

Paul y yo entramos en el ascensor, él pulsa el botón; lo último que veo antes de que las puertas se cierren es la mirada preocupada que Finnick me dirige.

Bajo la vista intentando contener las lágrimas, ¿en dónde me he metido?

"Lo haces por ellas, recuerda que vas a volver" me anuncia una voz en mi mente.

Las puertas del ascensor se abren dejando a la vista la sala de entrenamientos.

La mayoría de los tributos se encuentran ya allí.

Cuando los 24 tributos nos encontramos allí una mujer comienza a darnos un discurso.

Al finalizar, cada uno de nosotros se va hacia un puesto de entrenamiento.

Me dirijo al puesto de los cuchillos, cojo un par e intento que ninguno de en el centro; ninguno da en el maniquí.

Suspiro, aunque por dentro estaba sonriendo de alegría al comprobar que la chica del distrito 2 y el chico del 6 me miraban y se reían.

Luego sigo por la carrera de obstáculos y el entrenador me mira con pena.

Poco después pruebo suerte con las lanzas, y ahí no tengo que fingir.

Suena un pitido que nos avisa de que podemos ir a comer, en el comedor me siento sola en una mesa del fondo.

Aún así consigo oír la conversación que Paul mantiene con los profesionales:

-Parece que la chica de tu distrito morirá de las primeras.-todos ríen excepto él.

-¡Oh, vamos!-refunfuña la tributo del 2.-No me digas que le has cogido cariño…

-La conozco, solo eso.-dice Paul.

-Pues olvídate de todo, por que en la arena serás tú quien la mate.-le anuncia el tributo del 1.

Todos en esa mesa callan  siguen comiendo; por mi parte, yo, me quedo pensativa.

En la Cornucopia está claro que debo salir corriendo, no puedo dejar que ningún tributo me vea.

Al terminarme mi comida me levanto y salgo otra vez a la zona de entrenamientos.

Voy al puesto de nudos y seguidamente al de trampas. Decido que mañana pasaré un tiempo en el que debes aprender que plantas son comestibles o no.

Me monto en el ascensor, dos chicas más también lo hacen y justo cuando las puertas se cierran Paul pone la mano y entra también.

El silencio y la tensión que hay en el ambiente me ponen los pelos de punta.

Nos paramos en el piso 3 y una de las chicas se baja, dos minutos después las puertas vuelven a abrirse y esta vez nos bajamos nosotros.

Finnick mira a la chica que venía con nosotros en el ascensor y le guiña el ojo, al momento la chica le saluda coqueta con la mano.

Pongo los ojos en blanco y voy directamente a mi habitación; mientras Finnick me llama cierro la puerta de mi cuarto con cerrojo.

Quiero escapar de aquí o al menos no sentirme tan sola.

Cierro los ojos aguantando las lágrimas y me prometo a mí misma que saldré viva de los Juegos.