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Mi mentor es Finnick Odair — capítulo 6
Respiro con dificultad, oigo el murmullo de la multitud detrás de las puertas de la nave que nos resguarda de las ansiosas miradas de los habitantes del Capitolio.
Hago un esfuerzo por no morderme las uñas perfectamente pintadas de azul cielo cuando, la imagen de los demás tributos se alza ante mí.
Los del uno y el dos destacan por encima del resto por que son enormes, tienen miradas frías y calculadoras, que, en este mismo momento, se dedican a inspeccionar a los demás tributos.
Busco mi carro con la mirada, tiene que estar por algún lado.
Estoy comenzando a desesperarme, así que empiezo a caminar alrededor de los carros.
-¿Qué haces aquí?-pregunta una voz pausada, lenta y sigilosa.
Al girarme me encuentro con Tigris.
-Yo…-coloca una mano detrás de mi espalda y resopla mientras me conduce hacia un carro donde los caballos son marrones oscuro.
-¡Al fin te encontramos!-exclama Rose, me lleva hacia unas pequeñas escaleras que me ayudan a subir al carro.
Paul ya está montado en el carro, tiene cara de confundido.
Trago saliva y miro hacia abajo; noto como Tigris enreda en mi cabello colocando una especie de corona de perlas.
-Estáis deslumbrantes-dice Finnick tras dibujar una sonrisa en su rostro.
Me fijo en que no viene solo; una mujer joven, pálida y con el pelo azul recogido en un elegante moño está agarrando su brazo.
Lleva una copa en su mano y una expresión de arrogancia en la cara.
-Bueno chicos, ahora será la primera vez que los patrocinadores os vean; por lo que intentad ser diferentes, y que sientan que deben apoyaros a vosotros por que sois especiales.-nos anuncia Mags, después se acerca a mí y susurra-Se estarán fijando en ti, no te perderán de vista.
Tigris me ajusta el vestido por la zona de la cintura y luego mira un mando, después pulsa un par de botones.
El vestido comienza a hacer ondas de todos los tonos del color azul hacia atrás, me agarro a la barandilla oculta por el carro.
Las puertas se abren, y salen los del uno.
"Miro hacia Tigris, pero ella ha desaparecido."
La multitud enloquece cuando salen los del dos.
"Me tiemblan las piernas, busco algo familiar entre la multitud de carros."
Los del tres saludan con timidez a los habitantes enloquecidos del Capitolio.
"Y encuentro su mirada azul-verdosa. Aunque no quiero seguir aguantando esa mirada, lo hago, por que me resulta extrañamente familiar y dolorosa. Como si mi mente quisiera olvidarla y recordarla a la vez."
¡BAM! Los caballos de nuestro carro comienzan a cabalgar de una forma pausada y lenta.
La gente del Capitolio chilla cuando salimos, nos tiran rosas, gritan nuestros nombres, o incluso se desmayan.
Nunca había visto tanto color junto, en movimiento, expectante.
Me sudan las manos, que sujetan con fuerza la barandilla del carro.
Miro hacia todos los lados, pues todo me parece interesante.
Me doy cuenta de que mi cara, está siendo retransmitida por unas pequeñas pantallas a los laterales de la calzada por donde vamos.
Mi maquillaje es natural; tapa la cicatriz que poseo en la mejilla, también tapa mis pecas, no tengo vello en el rostro exceptuando las cejas que están perfectamente depiladas.
Llevo sombra de ojos, azul oscuro en el párpado inmóvil y claro en el móvil.
Los labios tenían un brillo especial, como purpurina.
Pero se notaba en mis facciones de niña que tenía miedo, y estaba confusa.
Intenté cambiar mi mueca a una sonrisa, pero no era capaz.
Por lo que cerré la boca, y eliminé la expresividad en los ojos.
Mi pelo estaba suelto, con pequeñas perlas blancas adornándolo.
Mi vestido era precioso, la parte de adelante era blanca, adornada solamente por un cinturón azul.
No sabía como, pero Tigris había conseguido que la parte de atrás del vestido ondeara hacia atrás en todos los tonos de azul.
Mi pelo castaño también ondeaba.
Los habitantes del Capitolio gritaban mi nombre, impacientados al ver que no despertaban en mí ni la más mínima pizca de atención.
En un momento dado, mi mano rozó la de Paul y pude comprobar que él estaba igual de nervioso que yo.
Sólo que él sonreía y saludaba como un idiota.
Yo no quería hacer eso, yo no iba a venderme, yo iba a ser otra pieza de sus malditos y estúpidos juegos.
Con cada esquina que cruzábamos, podía divisar el final del desfile.
Las rosas iban aumentando, hasta el punto en el que me costaba mirar a través de esa lluvia de rosas que me cubría por completo.
-Les vuelves locos.-dijo a voz de grito Paul, a consecuencia del estruendo que se había armado.-Hazles algo.
Me giré hacia el lado observando con fingido aburrimiento a los asistentes del desfile. Más rosas.
Justo antes de que el carro se detenga frente a una mansión enorme, una idea fugaz se cruza por mi mente: Puede que Lisa, Susan y los niños del orfanato estén viendo esto; así que intento esbozar una sonrisa, la primera desde la muerte de mi madre.
Miro a una de las pantallas que me enfocan y sonrío.
Lo he conseguido.
El público chilla de entusiasmo.
Vuelvo a sonreír pero esta vez mostrando algo que el Capitolio no sabrá comprender, mostrando varias cosas en una sola sonrisa: "Tengo miedo pero estoy bien, voy a volver a casa o al menos lo intentaré. No dejes que mi padre se acerque a Lisa. Ganaré lo Juegos. Él me ayudará. Os hecho de menos."
El carro se para, la lluvia de rosas cede y el público se calla.
Un hombre de pelo blanco se acerca a una tribuna situada en el gran balcón de la mansión.
Es el presidente Snow.
Da un gran discurso sobre el orgullo que le supone presenciar otro año más estos juegos.
Nos mira, carro por carro, y cuando se detiene unos instantes en mí; siento miedo.
Después de su repaso general a los tributos de este año, finaliza su discurso con estas palabras:
"Felices Juegos del Hambre tributos, y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte."
Un relámpago, una idea provocada por la desesperación.
El chillo de mi hermana en la despedida "¡¡VAS A GANAR!!".
Miro hacia la nada, y susurro:
-Voy a ganar.
Por que deseo volver a ver a mi hermana y a Susan, deseo volver a bañarme en el mar del distrito, y por que tengo que averiguar quien es el chico que me salvó la vida.
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Hola!
Os he subido un capítulo, como ya veis.
Tengo muchos más escritos, la verdad.
Y si no los subo es por que ya casi nadie comenta los capítulos, la novela se lee; pero nadie comenta, y por eso estoy pensando en dejarla.
Me daría mucha pena, es la primera novela que escribo y no quiero que salga mal.
Espero que me entendáis.
Besos, que comentéis mucho y que disfrutéis del capítulo.