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Mi mentor es Finnick Odair — capítulo 5

Otro tirón.

Muerdo mi labio e intento incorporarme pero un par de brazos verdes me vuelven a recostar.

Una mujer verde y robusta se sienta a mi lado en una butaca blanca, me coge una mano y empieza a jugar con mis uñas.

La observo mientras lo hace: tiene la piel verde pistacho, su pelo es rubio casi blanco y está perfectamente cortado en un triángulo equilátero.

De un momento a otro, una chica con la cara salteada de pecas rosas fucsias se coloca detrás de mí y comienza a manejar mi pelo; cosa que me molesta.

Veo que hace un gesto de desagrado, y sacude su pelo, morado también, hacia atrás.

No sé que tendrán estas personas de ejemplo de habitantes del Distrito 4, pero nadie excepto Finnick es guapo y tiene tiempo para arreglarse mucho.

Después de unos minutos dejo de sentir tirones en las piernas, y un chico con el pelo, las pestañas, y las cejas rojas me dice:

-Hemos terminado con tus piernas.-yo suspiro aliviada, sin imaginarme a que parte de mi cuerpo le tocaba ahora.

                                                     .      .       .

Estoy tumbada en una camilla blanca, completamente desnuda y estoy esperando a mi estilista.

No estoy segura de para que necesito arreglarme tanto si dentro de una semana y media voy a morir.

Como me encuentro muy aburrida, me dedico a inspeccionar con la mirada a la sala en la que me encuentro.

Es completamente blanca y cuadrada, tiene una silla transparente, que parece bastante incómoda, además de la camilla en la que estoy acostada yo. Parece una sala bastante simple, comparada con lo que he visto cuando he llegado al Capitolio.

De un momento a otro, entra en la sala una mujer con los rasgos atigrados, el pelo corto con el flequillo en un tupé color canela. 

-Soy Tigris y seré tu estilista en los Juegos.-me dice la mujer, aunque más que hablar parece que ha maullado.

-Venus…-me interrumpe.

-Ya sé quien eres, en el Capitolio has llamado la atención.- se sienta a mi lado, ignorando que estoy desnuda.-Nos ha sorprendido que te presentases voluntaria, por tu edad.

-Tenía mis motivos.-agacho la cabeza, recordando por que estoy aquí, hablando con esta mujer gato; mientras que podría estar en mi distrito, con mi hermana pero sin Susan.

Quito esa idea de mi mente, sin Susan nada hubiera sido lo mismo. Sin embargo, de mí no se acuerda nadie; ya sea por que hablo poco, o porque paso desapercibida.

-¿Y ahora no los tienes?-quiere saber esa mujer, interrumpiendo mis pensamientos.

-Ahora más que nunca.- digo con voz firme.

La mujer y yo nos quedamos en silencio, ella escruta cada centímetro de mí y de mi cuerpo lo que me pone bastante nerviosa. Yo, mientras tanto, me quedo mirando hacia el suelo.

-Cuéntame de ti.-levanto la cabeza sorprendida.-Verás, el traje que vas a llevar dentro de unas horas no solo representará a tu distrito, si no que también le mostrará al público tu personalidad, pero en su cierta medida, para que tengan ganas de más y no te pierdan de vista.-No sé como tomarme eso, ya que no me gusta que se me queden mirando. Asiento.- Por eso, quiero saber cosas sobre ti.

-No…se me da bien hablar.-le respondo.

-Ya me he dado cuenta.-suelta una pequeña risita, a la vez que se le forma una arruga en sus rasgos atigrados.-Voy a hacerte preguntas.

-De acuerdo.

-¿A qué te dedicabas en tu distrito?

-Yo pescaba y hacía redes para sobrevivir.

-¿Cuál es tu color favorito?

-El dorado.

-¿Por qué te presentaste voluntaria?-bufo y le contesto:

-Es largo de explicar.

-No tenemos mucho tiempo, pero sé que podrás explicarte con rapidez.-la mujer me sonríe y sé que ha ganado parte en mí.

¡Maldición! No quiero encariñarme con nadie, o menos, que se encariñen conmigo por que sé que no duraré más de dos días en los juegos.