"Los mellizos Potter" — capítulo 103
Capítulo 18
La comprobación de las varitas mágicas
Tabatha había regresado a su habitación, minutos después de haber discutido con Cedric. En el camino se había desviado para pasar por el baño y limpiarse el rostro. No quería que nadie la viese en ese estado.
Al ingresar a la Sala Común, aún seguía la celebración por Halloween y los alumnos de Gryffindor, intentaban hacer que ella se integrase, pero la pelirroja (muy amablemente), se negó. Una vez que Lavander y Parvati decidieron ir a dormir, Tabatha sintió sus cuchicheos y sus miradas indiscriminadas hacia ella. Había sido un día bastante complicado, como para seguir sumándole discusiones. La pelirroja se tapó hasta la cabeza con las sabanas y con un movimiento de su varita, cerró el dosel rojo de la cama.
Con los primeros rayos de sol, Tabatha se levantó. Su humor no había cambiado, sino que se había convertido en un revuelto de emociones: tristeza, en cuatro años jamás había tenido una discusión son Cedric. Ambos se llevaban de maravillas juntos. Rabia, ella misma quería encontrar a quién haya puesto su nombre y el de su hermano en el Cáliz. Impotencia, por no poder demostrarle al resto de la escuela (sin contar a algunos de Gryffindor) que ellos no querían participar. Soledad, porque había enviado una lechuza hacia Remus y él aún no había respondido. Con todo eso encima, bajó a desayunar.
Apenas pisó el Gran Comedor, recibió las intimidantes miradas de las mesas de Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw, incluyendo a los visitantes. Tabatha se vio tentada a retroceder y volver por donde había venido, pero Fred y George la obligaron a sentarse. El desayuno jamás había sido tan incómodo para ella. Por más que los miembros de su casa le dijesen que preferían tener a un Gryffindor como ganador. La mesa de los tejones murmuraba sobre ella y la trampa de Harry, diciendo que era injusto; que ellos solo querían acaparar atención y que Cedric era el verdadero campeón.
En esos momentos, se preguntaba dónde estaría Hermione. La respuesta llego, cuando alguien se sentó a su lado.
-Hola.-saludó la castaña, acomodándose la túnica.-Anoche no te escuché llegar.-comentó, tomando una tostada y untándola con mantequilla.-O llegué después de ti, no sé, no recuerdo.-soltó una risita nerviosa y le dio una leve mordida al pan.- ¿Has visto a Harry?-la pelirroja negó, manteniéndose en silencio.-Oh, ya veo.-Tabatha pudo haber resistido el horario del desayuno, de no haber sido por las tediosas miradas que le enviaban los de Slytherin, fomentadas por Snape. Chasqueando la lengua y sin terminar su comida, corrió hacia atrás el banco y se puso de pie como si tuviera un resorte.- ¡Tab!-exclamó Hermione, juntando algunas tostadas.- ¡Espérame!-la pelirroja no aminoró el paso, ni mucho menos se detuvo cuando vio pasar a su hermano a su lado.
Tabatha se abrió paso por el vestíbulo, sin mirar hacia atrás. Las lágrimas le escocían los ojos. Quería gritar, descargase con el primero que apareciese en su camino; hasta llegaría a golpearlo con tal de sacarse la angustia que llevaba encima.
Apenas se detuvo a la orilla del lago. Miró la cristalina superficie del agua y llegó a distinguir las pequeñas hondas que producía el calamar gigante. Se sentó en la hierba, con las rodillas al pecho y el mentón apoyada sobre ellas. Suspiró pesadamente, antes de dejarse caer contra el césped.
-Tranquila, tranquila.-se dijo a sí misma, extendiendo los brazos hacia los costados.-Tranquila, tranquila.-respiró hondo y cerró los ojos.-Tú sabes que no lo hiciste, tú lo sabes.-
-Bueno, estaba segura de que ustedes no se habían presentado.- declaró Hermione, llegando junto a Harry. Tabatha entre abrió los ojos.- ¡Si hubieran visto la cara que pusiste cuando Dumbledore leyó tu nombre, Harry! Pero la pregunta es: ¿quién lo hizo? Porque Moody tiene razón: no creo que ningún estudiante pudiera hacerlo...ninguno sería capaz de burlar el Cáliz de fuego, ni de traspasar la raya de...
-¿Has visto a Ron?-la interrumpió Harry.
Hermione dudó.
-Eh... sí... está desayunando.-dijo.
-¿Sigue pensando que yo eché mi nombre?-
-Bueno, no...no creo... no en realidad.-contestó Hermione con embarazo.
-¿Qué quiere decir no en realidad?-preguntó Tabatha.
-¡Ay!, ¿es que no se das cuenta?-exclamó Hermione.- ¡Está celoso!
-¿Celoso?-repitió Harry sin dar crédito a sus oídos.- ¿Celoso de qué? ¿Es que le gustaría hacer el ridículo delante de todo el colegio?
-Mira.-le explicó la castaña armándose de paciencia.-Siempre son ustedes los que acapara la atención, lo saben bien. Sé que no es su culpa.-se apresuró a añadir, viendo la enarcada ceja de su amiga.- Sé que no lo van buscando... pero el caso es que Ron tiene en casa todos esos hermanos con los que competir, y tú Harry, eres su mejor amigo y eres famoso. Cuando te ven a ti, nadie se fija en él, y él lo aguanta, nunca se queja. Pero supongo que esto ha sido la gota que colma el vaso...
-Genial.-dijo azabache con amargura.-Realmente genial. Dile de mi parte que me cambio con él cuando quiera. Dile de mi parte que por mi encantado... Verá lo que es que todo el mundo se quede mirando su cicatriz de la frente con la boca abierta a donde quiera que vaya...
-No pienso decirle nada.-replicó Hermione.- Díselo tú: es la única manera de arreglarlo.
-¡No voy a ir detrás de él para ver si madura!-estalló Harry.-A lo mejor se da cuenta de que no lo estamos pasando bomba cuando me rompan el cuello o...
-Eso no tiene gracia.-interrumpió Tabatha en voz baja.-No tiene ninguna gracia.-aún seguía molesta, pero se las trataba de apañar.- He estado pensando, Harry. Sabes qué es lo que tenemos que hacer, ¿no? Hay que hacerlo en cuanto volvamos al castillo.
-Sí, claro, darle a Ron una buena patada en el...-
-¡No!-exclamó Hermione.
-No, bobo. Me refiero a que tienes que escribirle a Sirius. Tienes que contarle lo que ha pasado. Te pidió que lo mantuvieras informado de todo lo que ocurría en Hogwarts. Da la impresión de que esperaba que sucediera algo así. Yo le envíe anoche a Remus.-
-Llevo conmigo una pluma y un pedazo de pergamino...-acotó Hermione.
-Olvídenlo.-contestó Harry, mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie los oía. Pero los terrenos del castillo parecían desiertos.-Le bastó saber que me dolía la cicatriz, para regresar al país. Si le cuento que alguien nos ha hecho entrar en el Torneo de los tres magos se presentará en el castillo.
-Él querría que tú se lo dijeras.-replicó su melliza con severidad.- Se enterará de todas formas.
-¿Cómo?
-Harry, esto no va a quedar en secreto. El Torneo es famoso, y nosotros también lo somos.-
-Me sorprendería mucho que El Profeta no dijera nada de que has sido elegido campeón...-agregó la castaña, negando con la cabeza.- Se los menciona en la mitad de los libros sobre Quien-tú-sabes. Y Sirius preferiría que se lo contaras tú.
-De acuerdo, de acuerdo, ya le escribo.-aceptó Harry, tirando al lago el último pedazo de tostada.
Luego de que el azabache se reusase a utilizar a Hedwig y a pedirle a Ron su lechuza, subieron al lechucero en busca de una para enviar. Hermione le dejó a Harry un trozo de pergamino, una pluma y un frasco de tinta, y luego paseó entre los largos palos observando las lechuzas junto a Tabatha.
-¿Discutieron?-preguntó la castaña, mirando por entre las aves.
-Acertaste.-respondió la pelirroja, acomodándose un mechón detrás de la oreja.- ¿Cómo lo supiste? ¿Fueron muy obvios mis sollozos nocturnos?-
-Lo vi en tus ojos, Tab.-repuso.-No eres de llorar muy seguido, y lo más lógico que se me ocurrió fue una discusión con Cedric.-Tabatha respiró hondo.
-Puede que tengas razón.-reconoció, estirando el brazo para que una lechuza se posase sobre él. Era Phoebe.- Pero, prefiero no hablar del tema.-pidió, acariciando las plumas del animal.-Ya bastante tuve con tener que escuchar su sarta de idioteces, como para tener que repetirlas.-
-Te entiendo.-ambas regresaron hacia donde se encontraba Harry.
-Ya he acabado.-anunció el chico, poniéndose en pie y sacudiéndose la paja de la túnica. Al oír aquello, Hedwig bajó revoloteando, se le posó en el hombro y alargó una pata.-No te puedo enviar a ti.-le explicó Harry, buscando con que atar la carta a la lechuza de su hermana.- Tengo que utilizar a Phoebe.-Hedwig ululó muy fuerte y echó a volar tan repentinamente que las garras le hicieron un rasguño en el hombro. No dejó de darle la espalda mientras Harry le ataba la carta a la lechuza parda. Cuando ésta partió, Harry se acercó a Hedwig para acariciarla, pero ella chasqueó el pico con furia y revoloteó hacia el techo, donde no podían alcanzarla. -Primero Ron y ahora tú.-le recriminó enfadado.- Y yo no tengo la culpa.
..*
Los días siguientes se contaron entre los peores que los mellizos pasaron en Hogwarts. Era capaz de entender la actitud de los de Hufflepuff, aunque la mayor parte de los de Ravenclaw parecía pensar que ellos se desesperaban por conseguir un poco más de fama y que por eso habían engañado al Cáliz de fuego para que aceptara sus nombres. Además estaba el hecho de que Cedric quedaba mucho mejor que Harry como campeón. Era extraordinariamente guapo, con la nariz recta, el pelo moreno y los ojos grises, y aquellos días no se sabía quién era más admirado, si él o Viktor. Un día, a la hora de la comida, Tabatha clavó en tenedor en la madera cuando las mismas chicas de sexto que tanto interés habían mostrado en conseguir el autógrafo de Krum le pedían a Cedric que les firmara en las mochilas.
Mientras tanto, Sirius no contestaba, Hedwig dejaba que Harry se acercarse, la profesora Trelawney les predecía la muerte incluso con más convicción de la habitual, y en la clase del profesor Flitwick le fue tan mal al azabache con los encantamientos convocadores que le mandó más deberes.
-De verdad que no es tan difícil, Harry.- decía Hermione para animarlo, al salir de la clase. Ella había logrado que los objetos fueran zumbando a su encuentro desde cualquier parte del aula, como si tuviera algún tipo de extraño imán que atraía borradores, papeleras y lunascopios.- Lo que pasa es que no te concentrabas.
-¿Por qué sería?-ironizó Tabatha con amargura. En ese momento pasó Cedric rodeado de un numeroso grupo de tontitas, todas las cuales miraron a los mellizos como si fuera un Escregutos.-Estúpidas, más el idiota de adelante.-gruñó, apretando los puños hasta dejar los nudillos blancos.-Pero no importa, ¿sabe? Me muero de ganas de que llegue la clase doble de Pociones que tenemos esta tarde...
Cuando, después de comer, ellos y Hermione llegaron a la puerta de la mazmorra de Snape, se encontraron a los de Slytherin que esperaban fuera, cada uno con una insignia bien grande en la pechera de la túnica. Por un momento, Harry tuvo la absurda idea de que eran insignias de la P.E.D.D.O. Luego vio que todas mostraban el mismo mensaje en caracteres luminosos rojos, que brillaban en el corredor subterráneo apenas iluminado: Apoya a CEDRIC DIGGORY: ¡el AUTÉNTICO campeón de Hogwarts!
-¿Les gustan, Potter?-preguntó Malfoy en voz muy alta, cuando los mellizos se aproximaron.- Y eso no es todo, ¡miren!-apretó la insignia contra el pecho, y el mensaje desapareció para ser reemplazado por otro que emitía un resplandor verde: POTTER APESTA.
Los de Slytherin berrearon de risa. Todos apretaron su insignia hasta que el segundo mensaje brilló intensamente por todos lados. Harry notó que se ponía rojo de furia.
-¡Ah, muy divertido!-le dijo Hermione a Pansy Parkinson y su grupo de chicas de Slytherin, que se reían más fuerte que nadie.- Derrochan ingenio.-Ron estaba apoyado contra el muro con Dean y Seamus. No se rió, pero tampoco defendió a Harry.
-Primero, dudo que estos…trogloditas.-susurró Tabatha, haciendo que se estaba sobando la nariz.
-¿Quieres una, Granger?-preguntó Malfoy, ofreciéndosela.- Tengo montones. Pero con la condición de que no me toques la mano. Me la acabo de lavar y no quiero que una sangre sucia me la manche.
La ira que Harry había acumulado durante días y días pareció a punto de reventar un dique en su pecho. Antes de que se diera cuenta de lo que hacía había tomado la varita mágica. Todos los que estaban alrededor se apartaron y retrocedieron hacia el corredor.
-¡Harry!-exclamaron Hermione y Tabatha.
-Vamos, Potter.-lo desafió Malfoy con tranquilidad, también sacando su varita.- Ahora no tienes a Moody para que te proteja. A ver si tienes lo que hay que tener...
Se miraron a los ojos durante una fracción de segundo, y luego, exactamente al mismo tiempo, ambos atacaron.
-¡Furnunculus!-gritó Harry.
-¡Densaugeo!-gritó Malfoy.
De las varitas salieron unos chorros de luz, que chocaron en el aire y rebotaron en ángulo. El conjuro de Harry le dio a Goyle en la cara, y el de Malfoy a Hermione. Goyle chilló y se llevó las manos a la nariz, donde le brotaban en aquel momento unos forúnculos grandes y feos. Hermione se tapaba la boca con gemidos de pavor.
-¡Hermione!-Ron se acercó a ella apresuradamente, para ver qué le pasaba.
Harry se volvió y vio a hacía él, mientras le retiraba a Hermione la mano de la cara.
No fue una visión agradable. Los dos incisivos superiores de la castaña, que ya de por si eran más grandes de lo normal, crecían a una velocidad alarmante. Se parecía más y más a un castor conforme los dientes alargados pasaban el labio inferior hacia la barbilla. Los notó allí, horrorizada, y lanzó un grito de terror.
-¿A qué viene todo este ruido?-dijo una voz baja y apagada. Acababa de llegar Snape.
Los de Slytherin se explicaban a gritos. Snape apuntó a Malfoy con un largo dedo amarillo.
-Explícalo tú.
-Potter me atacó, señor...
-¡Nos atacamos el uno al otro al mismo tiempo!-gritó Harry.
-... y le dio a Goyle. Mire...
Snape examinó al chico, cuya cara no hubiera estado fuera de lugar en un libro de setas venenosas.
-Ve a la enfermería, Goyle.-indicó Snape con calma.
-¡Malfoy le dio a Hermione!-se apresuró a decir Tabatha, sosteniendo a su amiga.- ¡Mire!-obligó a Hermione a que le enseñara los dientes a Snape, porque ella hacía todo lo posible para taparlos con las manos, cosa bastante difícil dado que ya le pasaban del cuello de la camisa. Pansy Parkinson y las otras chicas de Slytherin se reían en silencio con grandes aspavientos, y señalaban a Hermione desde detrás de la espalda de Snape. Snape miró a Hermione fríamente.
-No veo ninguna diferencia.-
Hermione profirió un gemido y se le empañaron los ojos. Dando media vuelta, echó a correr por el corredor hasta perderse de vista.
-¡Hermione!-exclamó Tabatha, cuando la vio desaparecer. Miró hacia su profesor, pero no le importó sí este le daba la aprobación o no; más bien, fue tras ella.- ¡Hermione!-volvió a llamar cuando estaba a punto de alcanzarla.- ¡Espérame!-al doblar en un pasillo, la encontró apoyada contra una pared.- ¿Hermi?-la castaña tenía el pecho subiéndole y bajándole rápidamente.- ¿Estás bien?-la chica negó.-Ven.-la tomó del brazo suavemente.-Te llevaré a la enfermería.-Hermione se refugió en Tabatha, dejando su coronilla bajo el mentón de la pelirroja.
-Todos se burlaran de mí.-sollozó.
-No, no lo harán.-replicó Tabatha.-Y sí lo hacen…bueno, cuando era chica aprendí a defenderme de Dudley, creo que puedo con un montón de trogloditas como Parkinson y Greengrass.-Hermione sonrió apenas, aferrándose más a su amiga.
Apenas ingresaron a la enfermería, Madame Pomfrey, las miró por encima de sus lentes, detrás de su escritorio al fondo de la habitación.
-¿En qué puedo ayudarlas?-preguntó con tono, más o menos, cálido.
-Hechizo *Densaugeo.-*explicó Tabatha, haciendo sentar a Hermione en una de las camillas. La enfermera se puso rápidamente de pie y se acercó hacia las dos jóvenes.
-Por Merlín.-tomó el mentón de Hermione y observó sus dientes.-Oh, puedes quedarte tranquila, cariño.-sentenció.-Una posición encogedora y todo solucionado.-la chica, le costó un poco sonreír, pero lo logró.-Potter, puedes esperar aquí dentro mientras permanezcas en silencio.-la pelirroja asintió y se sentó en la camilla de al lado.
-¿Crees que Ron esté enojado conmigo también?-preguntó Tabatha en un susurro. Hermione se encogió de hombros.-Perfecto, no me bastaba con Cedric, ahora uno de mis mejores amigos también está enojado conmigo.-rodó los ojos y se acostó en la camilla.- ¿Acaso es muy difícil pedir dos minutos de paz?-bajó sus parpados y reposó sus manos sobre su estómago. Si hubiera sido por ella, se hubiera quedado en la enfermería todo el día, pero con escuchar el estruendo que produjo la puerta al abrirse, supo que no podría.
-¿Qué es tanto alboroto?-preguntó Madame Pomfrey, saliendo de su despacho.- ¿Acaso nadie sabe qué se debe hacer silencio en un lugar como este?-
-Lo lamento, señora.-se disculpó Colin Creevey.-Pero vengo a buscar a Tabatha.-la pelirroja apretó los ojos y deseo que hubiese otra Tabatha en Hogwarts.
-¿Para qué es, Colin?-preguntó, con voz cansada.
-Es por el Torneo.-respondió el niño con más entusiasmo que ella.-Te necesitan.-
-Ahora estoy ocupada.-se excusó.- ¿Podrías decírselo?-
-Me enviaron diciendo que era importante que estuvieses.-la pelirroja apretó los labios y se puso de pie, acercándose a la camilla de Hermione.
-Vendré más tarde, ¿sí?-la chica asintió, mientras Tabatha le sonreía de lado para luego seguir al chico de tercero.
-¿No es asombroso?-preguntó cuándo salieron al pasillo. En el recodo se encontraba Harry.
-El sueño de nuestras vidas.-ironizó la pelirroja.-Moriríamos por estar aquí.-
Apenas se despidieron de Colin, Harry llamó a la puerta y entraron.
Era un aula bastante pequeña. Habían retirado hacia el fondo la mayoría de los pupitres para dejar un amplio espacio en el medio, pero habían juntado tres de ellos delante de la pizarra, y los habían cubierto con terciopelo. Detrás de los pupitres habían colocado cinco sillas, y Bagman se hallaba sentado en una de ellas hablando con una bruja a quien no conocían, que llevaba una túnica de color fucsia. Como de costumbre, Krum estaba de pie en un rincón, sin hablar con nadie. Cedric y Fleur conversaban. Fleur parecía mucho más contenta de lo que la habían visto y repetía su habitual gesto de sacudir la cabeza para que la luz arrancara reflejos a su largo pelo plateado. Un hombre barrigudo con una enorme cámara de fotos negra que echaba un poco de humo observaba a Fleur por el rabillo del ojo. Bagman divisó de pronto a los mellizos, se levantó rápidamente y avanzó como a saltos.
-¡Ah, aquí están! ¡Los campeones número cuatro y cinco! Entren, chicos, entren... No hay de qué preocuparse: no es más que la ceremonia de comprobación de la varita. Los demás miembros del tribunal llegarán enseguida...
-¿Comprobación de la varita?-repitió Harry nervioso.
-Tenemos que comprobar que sus varitas se hallan en perfectas condiciones, que no dan ningún problema. Como saben, son las herramientas más importantes con que van a contar en las pruebas que tienen por delante.-explicó Bagman.- El experto está arriba en estos momentos, con Dumbledore. Luego habrá una pequeña sesión fotográfica. Esta es Rita Skeeter.-añadió, señalando con un gesto a la bruja de la túnica de color fucsia.-Va a escribir para El Profeta un pequeño artículo sobre el Torneo.
-A lo mejor no tan pequeño, Ludo.-apuntó Rita Skeeter mirando a los mellizos. Tenía peinado el cabello en unos rizos muy elaborados y curiosamente rígidos que ofrecían un extraño contraste con su rostro de fuertes mandíbulas; llevaba unas gafas adornadas con piedras preciosas, y los gruesos dedos que terminaban en unas uñas de varios centímetros de longitud, pintadas de carmesí. Me pregunto si podría hablar un ratito con estas dos hermosas criaturitas, antes de que empiece la ceremonia.-le dijo a Bagman sin apartar los ojos de ellos.- Los más jóvenes de los campeones, aunque supongo que la más pequeña debe ser la bonita pelirroja, ¿no?-Tabatha se encogió de hombros como queriendo decir: *"No tengo padres que me informen quién nació primero".-*Ya sabes... Por darle un poco de gracia a la cosa.
-¡Por supuesto!-aceptó Bagman.- Es decir, si ellos no tienen inconveniente...
-Eh...-vaciló Harry.
-Divinamente.-exclamó Rita Skeeter. Sin perder un instante, sus dedos como garras se enrollaron sobre los brazos de los mellizos con sorprendente fuerza, los volvieron a sacar del aula y abrió una puerta cercana. -Es mejor no quedarse ahí con todo ese ruido.-explicó.- Veamos... ¡Ah, sí, este sitio es bonito y acogedor!
Era el armario de la limpieza. Harry la miró.
-Pero…-
-Entren, caramelitos, está muy bien. Divinamente.-repitió Rita Skeeter sentándose a duras penas en un cubo vuelto boca abajo. Empujó a Harry para que se sentara sobre una caja de cartón y a Tabatha para que se ubicara sobre el regazo de su hermano, para luego cerrar la puerta, con lo que quedaron a oscuras.- Veamos...-abrió el bolso de piel de cocodrilo y sacó unas cuantas velas que encendió con un toque de la varita, y por arte de magia las dejó colgando en medio del aire para que iluminaran el armario.- ¿No les importa que use una pluma a vuelapluma, verdad? Me dejará más libre para hablar...
-¿Una qué?-preguntó Harry.
Rita Skeeter sonrió más pronunciadamente, y los mellizos lograron contar tres dientes de oro. Volvió a tomar el bolso de piel de cocodrilo y sacó de él una pluma de color verde amarillento y un rollo de pergamino que extendió entre ellos, sobre una caja de Quitamanchas mágico multiusos de la señora Skower. Se metió en la boca el plumín de la pluma verde amarillenta, la chupó por un momento con aparente fruición y luego la puso sobre el pergamino, donde se quedó balanceándose sobre la punta, temblando ligeramente.
-Probando: mi nombre es Rita Skeeter, periodista de El Profeta.-ambos hermanos bajaron de inmediato la vista a la pluma. En cuanto la periodista empezó a hablar, la pluma se puso a escribir, deslizándose por la superficie del pergamino: La atractiva rubia Rita Skeeter, de cuarenta y tres años, cuya despiadada pluma ha pinchado tantas reputaciones demasiado infladas...
-Divinamente.-dijo Rita una vez más. Rasgó la parte superior del pergamino, la estrujó y se la metió en el bolso. Entonces se inclinó hacia ellos, pero en especial al azabache.-Bien, Harry, ¿qué te decidió a entrar en el Torneo?
-Eh...-volvió a vacilar él, pero la pluma lo distraía. Aunque él no hablara, se deslizaba por el pergamino a toda velocidad, y en su recorrido pudo distinguir una nueva frase:
Una terrible cicatriz, recuerdo del trágico pasado, desfigura el rostro por lo demás muy agradable de Harry Potter, cuyos ojos...
-No mires a la pluma, Harry.-le dijo con firmeza Rita Skeeter. De mala gana, la miró a ella.- Bien, ¿qué te decidió a participar en el Torneo?
-Yo no decidí participar.-repuso Harry.- No sé cómo llegó mi nombre al cáliz de fuego. Yo no lo puse.
Rita Skeeter alzó una ceja muy perfilada.
-Vamos, Harry, no tengas miedo de verte metido en problemas. Ya sabemos todos que tú no deberías participar. Pero no te preocupes por eso: a nuestros lectores les gustan los rebeldes.
-Pero, ninguno de los dos quiso poner su nombre.-insistió.-No sabemos quién...
-¿Qué te parecen las pruebas que tienes por delante, Tamara?-lo interrumpió Rita Skeeter.- ¿Estás emocionada? ¿Nerviosa?-
-Me llamo Tabatha.-la pluma borroneo y siguió escribiendo.-No he pensado realmente... Sí, supongo que estoy nerviosa.-reconoció.
-En el pasado murieron algunos de los campeones, ¿no?-dijo Rita Skeeter.- ¿Han pensado en eso?-
-Bueno, dicen que este año habrá mucha más seguridad.-contestó Harry.
Entre ellos, la pluma recorría el pergamino a tal velocidad que parecía que estuviera patinando.
-Desde luego, ustedes se han enfrentado en otras ocasiones a la muerte, ¿no?-prosiguió Rita Skeeter, mirándolos atentamente.- ¿Cómo dirían que te ha afectado?
-Eh...
-¿Piensas que el trauma de tu pasado puede haberlos empujado a probarse a ustedes mismos, a intentar estar a la altura de sus nombres? ¿Crees que tal vez se sienten tentado de presentarte al Torneo de los tres magos porque...?
-No nos presentamos.-la cortó Harry, empezando a enfadarse.
-¿Recuerdan algo de sus padres?
-No.-respondieron con sequedad.
-¿Cómo crees que se sentirían ellos si supieran que van a competir en el Torneo de los tres magos? ¿Orgullosos?, ¿preocupados?, ¿enfadados?-
-Si al menos tuviéramos la oportunidad de preguntarles.-gruñó la pelirroja.
Ambos podían notar la atenta mirada de Rita Skeeter. Frunciendo el entrecejo, evitó sus ojos y miró las palabras que acababa de escribir la pluma.
Las lágrimas empañan sus ojos, de un verde intenso, cuando nuestra conversación aborda el tema de sus padres, a los que él a duras penas puede recordar. La pobre Tamara Potter, partió en llanto en este preciso momento.
-¡Yo no tengo lágrimas en los ojos!-dijo casi gritando.- ¡Y ella no está llorando!-
Antes de que Rita pudiera responder una palabra, la puerta del armario de la limpieza volvió a abrirse. Los mellizos miraron hacia fuera, parpadeando ante la brillante luz. Albus Dumbledore estaba ante ellos, observándolos, apretujados en el armario.
-¡Dumbledore!-exclamó Skeeter, aparentemente encantada. Pero Harry y Tabatha se dieron cuenta de que la pluma y el pergamino habían desaparecido de repente de la caja de quitamanchas mágico, y los dedos como garras de Rita se apresuraban a cerrar el bolso de piel de cocodrilo.- ¿Cómo estás?-saludó ella, levantándose y tendiéndole a Dumbledore una mano grande y varonil.- Supongo que verías mi artículo del verano sobre el Congreso de la Confederación Internacional de Magos, ¿no?
-Francamente repugnante.-contestó Dumbledore, echando chispas por los ojos.- Disfruté en especial la descripción que hiciste de mi como un imbécil obsoleto.
Rita Skeeter no pareció avergonzarse lo más mínimo.
-Sólo me refería a que algunas de tus ideas son un poco anticuadas, Dumbledore, y que muchos magos de la calle...-
-Me encantaría oír los razonamientos que justifican tus modales, Rita.-la interrumpió, con una cortés inclinación y una sonrisa.-Pero me temo que tendremos que dejarlo para más tarde. Está a punto de empezar la comprobación de las varitas, y no puede tener lugar si dos de los campeones están escondidos en un armario de la limpieza.
Muy contentos de librarse de Rita Skeeter, los mellizos se apresuraron a volver al aula. Los otros campeones ya estaban sentados en sillas cerca de la puerta, y Harry se sentó rápidamente al lado de Cedric mientras que Tabatha al lado de su hermano, y observaron la mesa cubierta de terciopelo, donde ya se encontraban reunidos cuatro de los cinco miembros del tribunal: el profesor Karkarov, Madame Maxime, el señor Crouch y Ludo Bagman. Rita Skeeter tomó asiento en un rincón. Harry vio que volvía a sacar el pergamino del bolso, lo extendía sobre la rodilla, chupaba la punta de la pluma a vuelapluma y la depositaba sobre el pergamino.
-Permítanme que les presente al señor Ollivander.-dijo Dumbledore, ocupando su sitio en la mesa del tribunal y dirigiéndose a los campeones.- Se encargará de comprobar vuestras varitas para asegurarse de que se hallan en buenas condiciones antes del Torneo.
Era el mismo fabricante que les había vendido las varitas a los mellizos.
-Madeimoselle Delacour, ¿le importaría a usted venir en primer lugar?-dijo el señor Ollivander, avanzando hacia el espacio vacío que había en medio del aula. Fleur fue a su encuentro y le entregó su varita. Como si fuera una batuta, el anciano mago la hizo girar entre sus largos dedos, y de ella brotaron unas chispas de color oro y rosa. Luego se la acercó a los ojos y la examinó detenidamente.-Sí.-murmuró.-Veinticinco centímetros... rígida... palisandro... y contiene... ¡Dios mío!...
-Un pelo de la cabeza de una Veela.-dijo Fleur.-De una de mis abuelas.
-Sí.-confirmó el señor Ollivander.-Sí. Nunca he usado pelo de Veela. Me parece que da como resultado unas varitas muy temperamentales. Pero a cada uno la suya, y si ésta le viene bien a usted...-pasó los dedos por la varita, según parecía en busca de golpes o arañazos.- ¡Orchideous!-y de la punta de la varita brotó un ramo de flores.- Bien, muy bien, está en perfectas condiciones de uso.-declaró, recogiendo las flores y ofreciéndoselas a Fleur junto con la varita.- Señorita Potter, ahora usted.-Fleur se volvió a su asiento, sonriendo a Tabatha cuando se cruzaron.- ¡Ah!, como olvidar esta varita.-la sostuvo entre sus dedos.- ¿Recuerda lo que le dije en el Callejón Diagon, señorita Potter?-
-La varita elige al mago y no siempre está claro porqué.-el señor Ollivander, asintió.
-Exacto. Esta varita la fabrique con madera de Aliso y, ¿sabe cuáles son las propiedades de esta madera?-Tabatha negó.- Primero, es inflexible.-dijo, rozando cada parte de la varita con sus arrugados dedos.- Sin embargo, su dueño ideal no es cabezota u obstinado, sino que a menudo le gusta ayudar, es considerado una persona de lo más agradable.-miró a la pelirroja y le sonrió.- Cuando una varita de aliso encuentra a su dueño se convierte en una ayudante magnífica y leal. De todos los tipos de varita, el aliso funciona mejor con encantamientos no verbales, de ahí le viene su reputación de ser la varita más adecuada para los magos y las brujas más avanzados.-Bagman rompió en aplausos, pero los acalló rápidamente.- Veamos, núcleo de…pelo de cola de Thestral.-la tomó de unos de los extremos.- Veintisiete centímetros y medio.-la agitó en el aire.- ¡Avis! -de la punta de la varita, salió una bandada de pequeños pájaros que no tardaron en envolver a Tabatha, dándome suaves pellizquitos como si fueran besos.-En perfectas condiciones, señorita Potter.-le devolvió la varita.-Señor Diggory, pase.-la pelirroja volvió a su asiento, siendo seguida por los pájaros. Cedric al pasar por su lado, intentó sonreírle, pero Tabatha seguía de malhumor con él.
*-Oppungno.-*con su leve movimiento de varita, los pajarillos le cerraron el paso a Cedric. Dumbledore tuvo que acallar el problema.
-Veamos, ésta la hice yo, ¿verdad?-dijo el señor Ollivander con entusiasmo, cuando Cedric le entregó la suya.- Sí, la recuerdo bien. Contiene un solo pelo de la cola de un excelente ejemplar de unicornio macho. Debía de medir diecisiete palmos. Casi me clava el cuerno cuando le corté la cola. Treinta centímetros y medio... madera de fresno...agradablemente flexible. Está en muy buenas condiciones... ¿La trata usted con regularidad?-
-Le di brillo anoche.-repuso Cedric con una sonrisa. Harry miró su propia varita. Estaba llena de marcas de dedos. Con la tela de la túnica intentó frotarla un poco, con disimulo, pero de la punta saltaron unas chispas doradas. Fleur Delacour le dirigió una mirada de desdén, y desistió.
El señor Ollivander hizo salir de la varita de Cedric una serie de anillos de humo plateado y se declaró satisfecho.
-Señor Krum, si tiene usted la bondad...-Viktor se levantó y avanzó hasta el señor Ollivander desgarbadamente, con la cabeza gacha y un andar torpe. Sacó la varita y se quedó allí con el entrecejo fruncido y las manos en los bolsillos de la túnica.-Mmm.-dijo el señor Ollivander.-Ésta es una manufactura Gregorovitch, si no me equivoco. Un excelente fabricante, aunque su estilo no acaba de ser lo que yo...sin embargo...-levantó la varita para examinarla minuciosamente, sin parar de darle vueltas ante los ojos.-Sí... ¿Madera de carpe y fibra sensible de dragón?-le preguntó a Krum, que asintió con la cabeza.- Bastante más gruesa de lo usual...bastante rígida... veintiséis centímetros... ¡Orbis!-la varita produjo un estallido semejante a un disparo, y una de las sillas desapareció en un pequeño torbellino.-Bien.-dijo el viejo mago, devolviéndole la varita a Krum.- Ahora queda... el señor Potter.-Harry se levantó y fue hasta el señor Ollivander cruzándose con Krum. Le entregó su varita.- ¡Ah, sí!-exclamó el fabricante con ojos brillantes de entusiasmo.- Sí, sí, sí. La recuerdo perfectamente.-Harry también se acordaba. Lo recordaba como si hubiera sido el día anterior.
El anciano mago se pasó mucho más rato examinando la varita que la de ningún otro. Pero al final hizo manar de ella un chorro de vino y se la devolvió a Harry, declarando que estaba en perfectas condiciones.
-Gracias a todos.-dijo Dumbledore, levantándose.-Ya pueden regresar a clase. O tal vez sería más práctico ir directamente a cenar, porque falta poco para que terminen...
Los mellizos se levantaron para irse, con la sensación de que al final no todo había ido mal aquel día, pero el hombre de la cámara de fotos negra se levantó de un salto y se aclaró la garganta.
-¡Las fotos, Dumbledore, las fotos!-gritó Bagman.-Todos los campeones y los miembros del tribunal. ¿Qué te parece, Rita?
-Eh... sí, ésas primero.-respondió la periodista, poniendo los ojos de nuevo en los Potter.- Y luego tal vez podríamos sacar unas individuales.
Las fotografías llevaron bastante tiempo. Dondequiera que se colocara, Madame Maxime le quitaba la luz a todo el mundo, y el fotógrafo no podía retroceder lo suficiente para que ella cupiera. Por último se tuvo que sentar mientras los demás se quedaban de pie a su alrededor. Karkarov se empeñaba en enroscar la perilla con el dedo para que quedara más curvada. Krum se escondió al fondo para quedar medio oculto. El fotógrafo parecía querer que Fleur se pusiera delante, pero Rita Skeeter se acercó y tiró de los mellizos para destacarlos. Luego insistió en que se tomaran fotos individuales de los campeones, tras lo cual por fin pudieron irse.