"Los mellizos Potter" — capítulo 105
Capítulo 20
La primera prueba
"La primera prueba se trata de dragones."
Tabatha arrugó la nariz e hizo un bollo con el pedazo de pergamino que estaba sobre la mesa. Se mordió el labio con fuerza: no se decidía si advertirle a Cedric o dejar que se enterase por su propia cuenta.
-¿Qué debo hacer?-se preguntó a sí misma, tomando otro trozo de pergamino y escribiendo las mismas líneas. Al levantar la vista, vio a Cedric dejando la mesa de Hufflepuff.
-¿Vienes?-preguntó Hermione, cuando ella y Harry se ponían de pie, preparándose para la clase de Herbología.
-Los veo en el invernadero.-murmuró ella, sin sacarle la vista a la mesa de los tejones.-
-Pero…-
-Vayan, yo los alcanzo en unos minutos.-insistió, tomando su mochila y dejando la mesa de Gryffindor.
Para cuando ella llegó a la escalinata de mármol, Cedric ya estaba al final de ella, acompañado por unos cuantos amigos de sexto curso. Lo que menos quería la pelirroja era hablar con Cedric delante de ellos, porque eran de los que repetían frases del artículo de Rita Skeeter cada vez que los veían. Armándose de valor, lo siguió a cierta distancia, y vio que se dirigía hacia el corredor donde se hallaba el aula de Encantamientos. Eso le dio una idea. Deteniéndose a una distancia prudencial de ellos, sacó la varita y apuntó con cuidado.
-¡Diffindo!-susurró.
A Cedric se le rasgó la mochila. Libros, plumas y rollos de pergamino se esparcieron por el suelo, y varios frascos de tinta se rompieron.
-No se molesten.-dijo Cedric, irritado, a sus amigos cuando se inclinaron para ayudarlo a recoger las cosas.- Díganle a Flitwick que no tardaré, vamos.-aquello era lo que Tabatha había pretendido. Guardó la varita en la túnica, esperó a que los amigos de Cedric entraran en el aula y se apresuró por el corredor, donde sólo quedaban él y ella.-Hola.- saludó el castaño, recogiendo un ejemplar de Guía de la transformación, nivel superior salpicado de tinta.- Se me acaba de descoser la mochila... a pesar de ser nueva.
-Oh…-la pelirroja se mordió el labio y lo miro por una breve fracción de segundos.-Cedric.-dejó la timidez, para hablar con seguridad.- La primera prueba son dragones.
-¿Qué?-exclamó Cedric, levantando la mirada.
-Dragones.-repitió Tabatha, hablando con rapidez por si el profesor Flitwick salía para ver lo que le había ocurrido a Cedric.- Han traído cinco, uno para cada uno, y tenemos que burlarlos.
Cedric la miró. La pelirroja vio en sus grises ojos el mismo pánico que había en los de Harry.
-¿Estás segura?-inquirió Cedric en voz baja.
-Completamente.-respondió ella.- Los he visto.
-Pero ¿cómo te enteraste? Se supone que no podemos saber...
-No importa.-contestó Tabatha con premura.-Pero no soy la única que lo sabe. Harry también. A estas horas Fleur y Krum ya se habrán enterado, porque Maxime y Karkarov también los vieron.
Cedric se levantó con los brazos llenos de plumas, pergaminos y libros manchados de tinta y la bolsa rasgada colgando y balanceándose de un hombro. Miró a la pelirroja con una mirada desconcertada y algo suspicaz.
-Oh, déjame ayudarte.-levantó su varita y apuntó a la mochila.- ¡Reparo!-uno a uno, los hilos de las costuras fueron entrelazándose y sellaron el agujero.
-¿Por qué me lo has dicho?-preguntó Cedric. Por tercera vez, Tabatha se mordió el labio.
-Es justo, ¿no te parece?-murmuró, soltando una risita nerviosa.-Supongo que si te hubieras enterado antes, me lo hubieras dicho…supongo.-ladeo la cabeza y apretó los labios.-Aparte, ahora todos lo sabemos... Estamos en pie de igualdad, ¿no?-
Cedric seguía mirándola con suspicacia cuando se escuchó tras un golpeteo que le resultaba conocido. Se volvió y vio que Ojoloco Moody salía de un aula cercana.
-Ven conmigo, Potter.-gruñó.- Diggory, entra en clase.
La pelirroja miró a Moody, temerosa.
-Eh... profesor, ahora me toca Herbología...
-No te preocupes, Potter. Acompáñame al despacho, por favor...-ella lo siguió, rogando que no hubiese escuchado.
Entró en el despacho después de Moody, que cerró la puerta tras ellos, se volvió hacia ella y fijó los dos ojos, el mágico y el normal.
-Eso ha estado muy bien, Potter.-dijo Moody en voz baja. No supo qué decir. Aquélla no era la reacción que él esperaba.-Siéntate.-le indicó.
Tabatha obedeció casi sin titubear. Mientras esperaba que el profesor hablase, le hecho una rápida mirada al despacho: sin duda habían pasado muchísimos cambios en esa habitación, no era como en la época de Lockhart ni la de Remus. En el despacho, había artefactos que podían haber servido en los tiempos de Moody como Auror.
-¿Te gustan mis detectores de tenebrismo?-preguntó Ojoloco, mirando a la pelirroja detenidamente.
-¿Qué es eso?-quiso saber, a su vez, señalando una aparatosa antena dorada.
-Es un sensor de ocultamiento.-explicó- Vibra cuando detecta ocultamientos o mentiras... No lo puedo usar aquí, claro, porque hay demasiadas interferencias: por todas partes estudiantes que mienten para justificar por qué no han hecho los deberes. No para de zumbar desde que he entrado aquí. Tuve que desconectar el Chivatoscopio porque no dejaba de pitar. Es ultrasensible: funciona en un radio de kilómetro y medio. Naturalmente, también puede captar cosas más serias que las chiquilladas.-añadió gruñendo.
-¿Y para qué sirve el espejo?
-Ese es mi reflector de enemigos. ¿No los ves, tratando de esconderse? No estoy en verdadero peligro mientras no se les distingue el blanco de los ojos. Entonces es cuando abro el baúl.-dejó escapar una risa breve y estridente, al tiempo que señalaba el baúl que había bajo la ventana. Tenía siete cerraduras en fila.-De forma que averiguaste lo de los dragones, ¿eh?-ella dudó. Era lo que se había temido, pero no le había revelado a Cedric como había conseguido esa información, tampoco se la diría a Moody.-Está bien.-dijo, sentándose y extendiendo la pata de palo.- La trampa es un componente tradicional del Torneo de los tres magos y siempre lo ha sido.
-Yo no he hecho trampa.-replicó Tabatha con brusquedad.- Lo averigüé por una especie de... casualidad.
Moody sonrió.
-No pretendía acusarte, niña. Desde el primer momento le he estado diciendo a Dumbledore que él puede jugar todo lo limpiamente que quiera, pero que ni Karkarov ni Maxime harán lo mismo. Les habrán contado a sus campeones todo lo que hayan podido averiguar. Quieren ganar, quieren derrotar a Dumbledore. Les gustaría demostrar que no es más que un hombre.- repitió su risa estridente, y su ojo mágico giró tan aprisa que Tabatha se mareó de sólo mirarlo.-Bien... ¿tienes ya alguna idea de cómo burlar al dragón?-le preguntó Moody.
-No.
-Bueno, yo no te voy a decir cómo hacerlo.-declaró Ojoloco.- No quiero tener favoritismos. Sólo te daré unos consejos generales y necesitó que se los pases a tu hermano también, ¿de acuerdo?-ella asintió.- Y el primero es: aprovechen sus puntos fuertes.
-No tengo ninguno.-contestó ella casi sin pensarlo.
-Perdona.-gruñó Moody.-Si digo que tienes un punto fuerte, es que lo tienes. Piensa, ¿qué se te da mejor?
-A Harry…el Quidditch.-repuso con desánimo.- A mí el…-hizo una pausa y frunció los labios.-…las Defensas Contra las Artes Oscuras.-respondió.-Pero, un dragón…-
-Piensa como puedes burlar a un dragón, utilizando tu punto fuerte: las clases de DCAO.-
-El objetivo de esta prueba es burlarlos…-ahogo un gemido y miró a su profesor con los ojos brillantes.- Un Patronus.-añadió.
-Bien-dijo Moody, mirándola intensamente con su ojo mágico, que en aquel momento estaba quieto.- Según los reportes del profesor Lupin, eres una de las pocas brujas de corta edad que saben hacer un Patronus corpóreo.- Tabatha asintió, sintiendo un leve calorcito en sus mejillas.-Mi segundo consejo general.-Ojoloco, acercó su silla.- Para cuando estés cara a cara con el dragón, concéntrate lo más que puedas, revuelve en tu roja cabeza y encuentra el mejor recuerdo que tengas, si puedes, hazlo esta noche y podrás visualizarlo con mayor precisión mañana en la prueba.-se inclinó hacia adelante.- No importa lo que pasé por tu mente, Potter, tú concéntrate y lograrás vencer al dragón.-
..*
-¡Expecto Patronum!-un débil hilo plateado colgaba de la varita de Tabatha. Ella bufó y se acomodó el cabello.
-¡Deben concentrarse!-chilló Hermione, desesperada, reprendiendo a los mellizos. Harry había optado por practicar el encantamiento Convocador, para atraer a la Saeta de Fuego y sobrevolar sobre el dragón. Por más que intentase, todo lo que convocase hacía la mitad del recorrido y terminaban cayendo al suelo como piedras.-Concéntrate, Harry, concéntrate...
-¿Y qué crees que estoy haciendo?-contestó él de malas pulgas.- Pero, por alguna razón, se me aparece de repente en la cabeza un dragón enorme y repugnante... de acuerdo, vuelvo a intentarlo.
-Momentos felices, momentos felices.-la pelirroja cerró los ojos y busco y rebuscó en su cabeza. "Tú primer beso". Al intentar convocar al Patronus, un nuevo hilo plateado salió de la punta. A Tabatha le empezó a doler la cabeza. No podía haberse olvidado como conjurar un Patronus en menos de un año."Piensa cuando descubriste que tenías un padrino". Le aconsejó una vocecita. La pelirroja tomó aire y empuñó su varita.- ¡Expecto Patronum!-volvió a recitar con más ímpetu. La varita, por un momento, tembló y a los dos segundos una espesa niebla gris perlada fluyó de la punta y se fue materializando a medida que iba saliendo. La nube tardó pocos instantes en tomar forma. Ante Tabatha se alzó una majestuosa cierva plateada, de hocico corto y patas largas y refinadas. Tanto Hermione como Harry, prestaron atención.
-Es hermoso.-susurró la castaña.-Simplemente…hermoso.-
-Debes asegurarte que te obedezca cuando te estés enfrentando al dragón.-comentó Harry. Tabatha respiró hondo y atravesó el salón, con la decisión puesta en sus ojos.
-Bien.-quedó frente a la cierva e hizo un suave movimiento con la varita.-Ven.-el animal obedeció casi sin dudar. Su caminar era lento y casi ni tocaba el suelo, más bien, era como si flotase. La cabeza del Patronus, encontró la mano extendida de la pelirroja, pero se desvaneció apenas sintió su tacto.
-.-.-.-
-Los campeones tienen que bajar ya a los terrenos del colegio...tienen que prepararse para la primera prueba.-indicó la profesora McGonagall, ingresando al Gran Comedor.
-¡Bien!-exclamó Harry, poniéndose en pie. El tenedor hizo mucho ruido al caer al plato.
-Buena suerte, chicos.- susurró Hermione.- ¡Todo irá bien!
-Sí.-contestó Tabatha, con una voz que no parecía la suya.
Salieron del Gran Comedor con la profesora McGonagall. Tampoco ella parecía la misma; de hecho, estaba casi tan nerviosa como Hermione. Al bajar la escalinata de piedra y salir a la fría tarde de noviembre, les puso una mano en los hombros.
-No se dejen dominar por el pánico.- aconsejó.- Conserven la cabeza serena. Habrá magos preparados para intervenir si la situación se desbordara...Lo principal es que lo hagan lo mejor que puedan, y no quedarán mal ante la gente. ¿Se encuentran bien?
-Sí.-habló Harry, mirando a su melliza.- Sí, estamos bien.-McGonagall sonrió de lado.
Ella los conducía bordeando el bosque hacia donde estaban los dragones; pero, al acercarse al grupo de árboles detrás del cual habría debido ser claramente visible el cercado, se vio que habían levantado una tienda que lo ocultaba a la vista.
-Tienen que entrar con los demás campeones.- dijo la profesora McGonagall con voz temblorosa.-Y esperar sus turnos, Potter. El señor Bagman está dentro. Él les explicará lo que tienen que hacer... Buena suerte.-
-Gracias.-asintieron los dos, con una leve inclinación de cabeza.
La profesora los dejó en la puerta de la tienda, y ellos entraron.
Fleur estaba sentada en un rincón, sobre un pequeño taburete de madera. No parecía ni remotamente tan segura como de costumbre; por el contrario, se la veía pálida y sudorosa. El aspecto de Krum era aún más hosco de lo habitual, y supusieron que aquélla era la forma en que manifestaba su nerviosismo. Cedric paseaba de un lado a otro. Cuando Tabatha entró le dirigió una leve sonrisa a la que éste correspondió, aunque a los músculos de la cara les costó bastante esfuerzo, como si hubieran olvidado cómo se sonreía.
-¡Ah, los mellizos Potter! ¡Bien!-exclamó Bagman muy contento, mirándolos.- ¡Vengan, vengan, pónganse cómodos!-de pie en medio de los pálidos campeones, Bagman se parecía un poco a esas figuras infladas de los dibujos animados. Se había vuelto a poner su antigua túnica de las Avispas de Wimbourne.-Bueno, ahora ya estamos todos... ¡Es hora de poneros al corriente!-declaró con alegría.- Cuando hayan llegado los espectadores, les ofreceré esta bolsa a cada uno de ustedes para que saquen la miniatura de aquello con lo que les va a tocar enfrentar.-les enseñó una bolsa roja de seda.- Hay diferentes... variedades, ya lo verán. Y tengo que decirles algo más... Ah, sí... ¡su objetivo es tomar el huevo de oro!
Cedric hizo un gesto de asentimiento para indicar que había comprendido las palabras y volvió a pasear por la tienda. Tenía la cara ligeramente verde. Fleur y Krum no reaccionaron en absoluto. Tal vez pensaban que se pondrían a vomitar si abrían la boca.
Tabatha se sentó en uno de los sillones mullidos y enseguida se oyeron alrededor de la tienda los pasos de cientos y cientos de personas que hablaban emocionadas, reían, bromeaban... lo poco que había comido en el desayuno, se revolvió en su estómago y sintió la misma sensación que Fleur y Viktor.
-Tranquila, tranquila.-se ordenó, respirando hondo y pausado.-Tranquila.-
Bagman abrió la bolsa roja de seda.
-Las damas primero.-dijo tendiéndosela a Fleur. Ella metió una mano temblorosa en la bolsa y sacó una miniatura perfecta de un dragón: un galés verde. Alrededor del cuello tenía el número dos. Ella no mostró sorpresa alguna sino completa resignación, de que no se había equivocado.-Potter.-la pelirroja se puso de pie y metió su pequeña mano dentro de la bolsa.- ¡Oh, un Ridgeback Noruego!-exclamó Bagman.-Vaya, vaya, menos mal que eres la tercera.-Tabatha sonrió con desgano y volvió a sentarse, sosteniendo la miniatura de dragón. Krum sacó el Bola de fuego chino. Alrededor del cuello tenía el número cuatro. Él ni siquiera parpadeó; se limitó a mirar al suelo. Cedric metió la mano en la bolsa y sacó el Hocicorto sueco de color azul plateado con el número uno atado al cuello. Sabiendo lo que le quedaba, Harry metió la mano en la bolsa de seda y extrajo el Colacuerno húngaro con el número cinco.- ¡Bueno, ahí lo tienen!-dijo Bagman.- Han sacado cada uno el dragón con el que les tocará enfrentarse, y el número es el del orden en que saldrán, ¿comprenden? Yo tendré que dejarlos dentro de un momento, porque soy el comentador. Diggory, eres el primero. Tendrás que salir al cercado cuando oigas un silbato, ¿de acuerdo?-él asintió.-Bien. Harry… ¿podría hablar un momento contigo, ahí fuera?-
-Eh... sí.-respondió Harry sin comprender. Se levantó y salió con Bagman de la tienda.
-Hola.-Cedric se acercó al sillón donde estaba Tabatha. Ella sonrió y se inclinó sobre sus rodillas, apoyando los codos.- ¿Nerviosa?-
-No.-respondió.- Bueno, un poco, nada más. ¿Tú?-
-Bueno, soy el primero.-soltó una risa nerviosa.-Se supone que debo estarlo.-
-Cierto, cierto.-la pelirroja se acomodó el cabello y suspiro.- Oye, ¿sigues enojado?-
-Bueno, creo que no.-respondió.- Molesto, tal vez.-
-No entiendo cómo pudiste ponerte histérico, cuando deberías de haberme apoyado.-reprochó Tabatha, sin ánimos de iniciar una discusión.- Digo,…-
-Sí, te entiendo.-la interrumpió.-Supongo que podemos empezar de cero y olvidar esa tontería, ¿no?-la pelirroja asintió.-Tab, gracias por…-se escuchó, procedente de no se sabía dónde, el sonido de un silbato.
-Ay, no.-susurró Tabatha, con un nudo en la garganta. Se puso de pie de un brinco y abrazó a Cedric. Él la envolvió entre sus brazos y descansó su mentón sobre el hombro de la pelirroja.- Te quiero.-
-Y yo a ti.-depositó un beso sobre su mejilla y a continuación, se puso de pie, dirigiéndose hacia la entrada. Harry volvió a la tienda y vio a Cedric que salía, con la cara más verde aún que antes. El azabache intentó desearle suerte, pero todo lo que le salió de la boca fue una especie de gruñido áspero.
Harry se sentó junto a su hermana y la tomó de la mano. Unos segundos después oyeron el bramido de la multitud, señal de que Cedric acababa de entrar en el cercado y se hallaba ya frente a la versión real de su miniatura. Estar allí y escuchar era peor de lo que Tabatha hubiera podido imaginar. La multitud gritaba, ahogaba gemidos como si fueran uno solo, cuando Cedric hacía lo que fuera para burlar al Hocicorto sueco. Krum seguía mirando al suelo. Fleur ahora había tomado el lugar de Cedric, caminando de un lado a otro de la tienda. Y los comentarios de Bagman lo empeoraban todo mucho...luego, tras unos quince minutos, se oyó un bramido ensordecedor que sólo podía significar una cosa: que Cedric había conseguido burlar al dragón y tomar el huevo de oro.
-¡Muy pero que muy bien!-gritaba Bagman*.- ¡Y ahora la puntuación de los jueces!* -pero no dijo las puntuaciones. Harry supuso que los jueces las levantaban en el aire para mostrárselas a la multitud. -¡Uno que ya está, y quedan cuatro!-gritó Bagman cuando volvió a sonar el silbato.- ¡Señorita Delacour, si tiene usted la bondad!-Fleur temblaba de arriba abajo. Cuando salió de la tienda con la cabeza erguida y agarrando la varita con firmeza. Se quedaron solos los mellizos y Krum, en lados opuestos de la tienda, evitando mirarse.
Se repitió el mismo proceso.
Diez minutos después la multitud volvió a aplaudir con fuerza. También Fleur debía de haberlo logrado. Se hizo una pausa mientras se mostraban las puntuaciones de Fleur. Hubo más aplausos y luego, por tercera vez, sonó el silbato. Tabatha se puso de pie de un salto y apretó aún más la mano de Harry.
-Todo irá bien.-le aseguró él.- Nos veremos más tarde.-ella asintió, con las piernas temblándole.
-¡Y aquí aparece la señorita Potter!-anunció Bagman cuando salía Tabatha. La sangre le bombeaba con más fuerza y una migraña repentina atacó su cabeza. Había recibido poca ovación por parte del público. El grupo de Parkinson se había encargado de abuchearla.- ¡Le deseamos suerte, Potter!-sosteniendo la varita en la mano, la pelirroja intentó buscar al dragón por todos lados. A pocos metros de distancia divisó la nidada con los huevos grises y el único que resaltaba: el huevo de oro.
-Esto será fácil.-murmuró, avanzando por el rocoso piso. Cuando dio el quinto paso, algo baboso y pegajoso cayó sobre su túnica. Pasó los dedos sobre esa sustancia e hizo una mueca. Luego, levantó la cabeza. Norberta estaba agazapada sobre su cabeza, enseñando los colmillos y agitando sus alas. Tabatha soltó un grito cuando el dragón se le tiró encima, pero logró ocultarse en una pequeña cueva formada por rocas.
-¡Un ataque inesperado!-bramó Bagman. El público se alzó en un solo grito.
Recuerda a Remus. Recuerda a Remus. Recuerda a Remus. ¡RECUERDA A REMUS!
Le gritó su mente mientras la pelirroja cerraba los ojos. Norberta quería destrozar la cueva con sus potentes garras, pero le estaba costando. En un modo intencional, el dragón creo un hueco por el cual Tabatha pudo escapar.
-¡Cuidado por detrás, señorita Potter!-la pelirroja volteo y observó como el Ridgeback lanzaba un potente chorro de fuego.
*-¡Aguamenti!-*exclamó, levantando una pared de agua que logró apagar el ataque del dragón. El público se levantó de sus asientos. Tabatha aprovechó para correr, pero el dragón la tomó de la punta de la túnica, elevándola.
-¡Oh, oh!-exclamó Bagman, con preocupación.
¡AHORA!
Volvió a gritarle su mente. Hurgó entre su túnica y empuñó su varita.
-*¡Expecto Patronus!-*la misma nube gris salió de la punta, adquiriendo la forma de una cierva.
-¡EXCELENTE, EXCELENTE!-el público vociferó mostrando su apoyo.- ¡El Ridgeback se alimenta de mamíferos grandes y un ciervo es una buena distracción!-explicó Bagman. El dragón soltó a Tabatha, dejándola caer sobre una roca y haciendo que los huesos de la espalda de la pelirroja, sonasen fuertemente y su cabeza chocase contra la sólida superficie.- ¡Ay, eso debió doler!-a pesar de que el mundo le daba vueltas, Tabatha se las arregló para ponerse de pie y correr hacia la nidada. Miró por encima de su hombro y vio que Norberta intentó comerse a la cierva, pero esta se esfumó en sus fauces.
-Debo apurarme.-la pelirroja puso más empeñó en correr y cuando estaba a punto de llegar al nido, un ola de calor le abrazó el hombro derecho.- ¡Y pesar que le di de comer cuando era pequeño!-jadeo, arrinconándose contra una de las paredes. Tomó un poco de aire, antes de tomar su varita. Cerró los ojos y se volvió a concentrar.- *¡Expecto Patronum!-*una nueva cierva apareció, y bajo las ordenes de su dueña, comenzó a distraer al dragón con una elegante danza. Una vez que estuvo recuperada, volvió a la marcha.
Corrió, corrió y corrió tan rápido como sus piernas le permitían y cuando se dio cuenta estaba a menos a de cinco centímetro de la nidada. Y en un abrir y cerrar de ojo, tomó el huevo dorado.
-¡ASÍ ES, DAMAS Y CABALLEROS!-habló Bagman con la emoción en la voz.- ¡LA SEÑORITA POTTER, ATRAPÓ EL HUEVO!-para sorpresa de Tabatha, el público se unió en uno solo gritó y la vitorearon. Algunos de Ravenclaw y Hufflepuff, lanzaron sus insignias de "Potter apesta de verdad" y la festejaron. Una masa roja y amarilla estalló en exclamaciones. De una parte de la tribuna, Hermione gritaba a todo pulmón.
-Potter.-la profesora McGonagall, se acercó a ella con una amplia sonrisa.-Ven, vamos a la enfermería y luego verás tu puntaje.-la condujo hasta la tienda donde se encontraba Madame Pomfrey. La enfermera apenas le vendó el hombro y la dejó ir con un paño en la cabeza para ver a los jueces. Apenas se puso de pie, los ojos se le nublaron y tuvo que sostenerse de la túnica de Madame Pomfrey.
-Será mejor que te recuestes, Potter.-ordenó, empujándola hacia la cama nuevamente.- Ya te enteraras de tus puntos más tarde.-
-Pero…pero…-su voz sonaba como un susurro.
-Descansa, Potter, descansa.- no tuvo que repetirlo una vez más. La pelirroja apoyó la cabeza contra la almohada y quedó mirando al techo. Madame Pomfrey le colocaría, más tarde, un ungüento para aliviar y sanar la quemadura de Norberta.
-Temí por ti.-ladeo la cabeza hacia un costado, encontrándose con Cedric. Él también estaba un poco magullado, pero seguía entero.-Me asusté mucho con los comentarios de Bagman. Del otro lado de la tienda, se escuchaban las exclamaciones del público. Era el momento de Krum.
-Lo mismo me pasó a mí.-murmuró ella, tragando saliva.-Me ponía nerviosa escuchar lo que pasaba afuera y no poder verte.-se escuchó una nueva oleada de aclamaciones desde el exterior.
Pasado cinco minutos, en los que Tabatha y Cedric estuvieron tomados de la mano, se escuchó el griterío del público anunciando que Krum había atrapado el huevo.
Harry aguardó. Y luego oyó el silbato. Salió de la tienda, sintiendo cómo el pánico se apoderaba rápidamente de todo su cuerpo. Pasó los árboles y penetró en el cercado a través de un hueco. Lo vio todo ante sus ojos como si se tratara de un sueño de colores muy vivos. Desde las gradas que por arte de magia habían puesto después del sábado lo miraban cientos y cientos de rostros. Y allí, al otro lado del cercado, estaba el Colacuerno agachado sobre la nidada, con las alas medio desplegadas y mirándolo con sus malévolos ojos amarillos, como un lagarto monstruoso cubierto de escamas negras, sacudiendo la cola llena de pinchos y abriendo surcos de casi un metro en el duro suelo. La multitud gritaba muchísimo, pero Harry ni sabía ni le preocupaba si eran gritos de apoyo o no. Era el momento de hacer lo que tenía que hacer: concentrarse, entera y absolutamente, en lo que constituía su única posibilidad.
Levantó la varita.
-¡Accio Saeta de Fuego!-gritó.
Aguardó, confiando y rogando con todo su ser. Si no funcionaba, si la escoba no acudía…le parecía verlo todo a través de una extraña barrera transparente y reluciente, como una calima que hacía que el cercado y los cientos de rostros que había a su alrededor flotaran de forma extraña...y entonces la oyó atravesando el aire tras él. Se volvió y vio la Saeta de Fuego volar hacia allí por el borde del bosque, descender hasta el cercado y detenerse en el aire, a su lado, esperando que la montara. La multitud alborotaba aún más... Bagman gritaba algo... pero los oídos de Harry ya no funcionaban bien, porque oír no era importante... Pasó una pierna por encima del palo de la escoba y dio una patada en el suelo para elevarse. Un segundo más tarde sucedió algo milagroso. Al elevarse y sentir el azote del aire en la cara, al convertirse los rostros de los espectadores en puntas de alfiler de color carne y al encogerse el Colacuerno hasta adquirir el tamaño de un perro, comprendió que allá abajo no había dejado únicamente la tierra, sino también el miedo: por fin estaba en su elemento.
Aquello era sólo otro partido de Quidditch... nada más, y el Colacuerno era simplemente el equipo enemigo... Miró la nidada, y vio el huevo de oro brillando en medio de los demás huevos de color cemento, bien protegidos entre las patas delanteras del dragón.
-Bien.-se dijo a sí mismo.-Tácticas de distracción. Adelante.-
Descendió en picado. El Colacuerno lo siguió con la cabeza. Sabía lo que el dragón iba a hacer, y justo a tiempo frenó su descenso y se elevó en el aire. Llegó un chorro de fuego justo al lugar en que se habría encontrado si no hubiera dado un viraje en el último instante... pero a Harry no le preocupó: era lo mismo que esquivar una Bludger.
-¡Cielo santo, vaya manera de volar!-vociferó Bagman, entre los gritos de la multitud.- ¿Ha visto eso, señor Krum?-Harry se elevó en círculos. El Colacuerno seguía siempre su recorrido, girando la cabeza sobre su largo cuello. Si continuaba así, se marearía, pero era mejor no abusar o volvería a echar fuego.
Harry se lanzó hacia abajo justo cuando el dragón abría la boca, pero esta vez tuvo menos suerte. Esquivó las llamas, pero la cola de la bestia se alzó hacia él, y al virar a la izquierda uno de los largos pinchos le raspó el hombro. La túnica quedó desgarrada. Le escocía. La multitud gritaba, pero la herida no parecía profunda. Sobrevoló la espalda del Colacuerno y se le ocurrió una posibilidad...el dragón no parecía dispuesto a moverse del sitio: tenía demasiado afán por proteger los huevos. Aunque retorcía la cabeza y plegaba y desplegaba las alas sin apartar de Harry sus terribles ojos amarillos, era evidente que temía apartarse demasiado de sus crías. Así pues, tenía que persuadirlo de que lo hiciera, o de lo contrario nunca podría apoderarse del huevo de oro. El truco estaba en hacerlo con cuidado, poco a poco. Empezó a volar, primero por un lado, luego por el otro, no demasiado cerca para evitar que echara fuego por la boca, pero arriesgándose todo lo necesario para asegurarse de que la bestia no le quitaba los ojos de encima. La cabeza del dragón se balanceaba a un lado y a otro, mirándolo por aquellas pupilas verticales, enseñándole los colmillos...remontó un poco el vuelo. La cabeza del dragón se elevó con él, alargando el cuello al máximo y sin dejar de balancearse como una serpiente ante el encantador.
Harry se elevó un par de metros más, y el dragón soltó un bramido de exasperación. Era como una mosca para él, una mosca que ansiaba aplastar. Volvió a azotar con la cola, pero Harry estaba demasiado alto para alcanzarlo. Abriendo las fauces, echó una bocanada de fuego... que él consiguió esquivar.
-¡Vamos!-lo retó el azabache en tono burlón, virando sobre el dragón para provocarlo.- ¡Vamos, ven a atraparme...! Levántate, vamos...-la enorme bestia se alzó al fin sobre las patas traseras y extendió las correosas alas negras, tan anchas como las de una avioneta, y Harry se lanzó en picado. Antes de que el dragón comprendiera lo que él estaba haciendo ni dónde se había metido, éste iba hacia el suelo a toda velocidad, hacia los huevos por fin desprotegidos. Soltó las manos de la Saeta de Fuego... y tomó el huevo de oro. Y escapó acelerando al máximo, remontando sobre las gradas, con el pesado huevo seguro bajo su brazo ileso. De repente fue como si alguien hubiera vuelto a subir el volumen: por primera vez llegó a ser consciente del ruido de la multitud, que aplaudía y gritaba tan fuerte como la afición irlandesa en los Mundiales.
-¡Miren eso!-gritó Bagman.- ¡Mírenlo! ¡Nuestro paladín más joven ha sido el más rápido en tomar el huevo! ¡Bueno, esto aumenta las posibilidades de nuestro amigo Potter!
Harry vio a los cuidadores de los dragones apresurándose para reducir al Colacuerno; y a la profesora McGonagall, el profesor Moody y Hagrid, que iban a toda prisa a su encuentro desde la puerta del cercado, haciéndole señas para que se acercara. Aun desde la distancia distinguía claramente sus sonrisas. Voló sobre las gradas, con el ruido de la multitud retumbándole en los tímpanos, y aterrizó con suavidad, con una felicidad que no había sentido desde hacía semanas. Había pasado la primera prueba, estaba vivo...
-¡Excelente, Potter!-dijo bien alto la profesora McGonagall cuando bajó. Viniendo de la profesora McGonagall, aquello era un elogio desmesurado. Le tembló la mano al señalar el hombro de Harry.- Tienes que ir a ver a la señora Pomfrey antes de que los jueces muestren la puntuación... Por ahí, ya está terminando con Diggory y tu hermana.
-¡Lo conseguiste, Harry!-exclamó Hagrid con voz ronca.- ¡Lo conseguiste! ¡Y eso que te tocó el Colacuerno, y ya sabes lo que dijo Charlie de que era la pe...!
-Gracias, Hagrid.-lo cortó para que él.
El profesor Moody también parecía encantado. El ojo mágico no paraba de dar vueltas.
-Lo mejor, sencillo y bien, Potter.-sentenció.
-Muy bien, Potter. Ve a la tienda de primeros auxilios, por favor.-le dijo la profesora McGonagall.
Él salió del cercado aun jadeando y vio a la entrada de la segunda tienda a la señora Pomfrey, que parecía preocupada.
-¡Dragones!-exclamó en tono de indignación, tirando de Harry hacia dentro.
La tienda estaba dividida en cubículos. A través de la tela, Harry distinguió la sombra de Cedric, que no parecía seriamente herido, por lo menos a juzgar por el hecho de que estaba sentado. La señora Pomfrey examinó el hombro de Harry, rezongando todo el tiempo.
-El año pasado Dementores, este año dragones... ¿Qué traerán al colegio el año que viene?-negó con la cabeza varias veces.-Ah, que golpe se ha dado tu hermana contra esa roca.-volvió a negar.-Pobre, lo único grave ha sido esa quemadura, un poco profunda pero nada que yo no pueda curar.-revisó el de Harry.- Has tenido mucha suerte: sólo es superficial. Pero te la tendré que limpiar antes de curártela.
Limpió la herida con un poquito de líquido púrpura que echaba humo y escocía, pero luego le dio un golpecito con la varita mágica y la herida se cerró al instante.
-Ahora quédate sentado y quieto durante un minuto.-ordenó.- ¡Sentado! Luego podrás ir a ver tu puntuación.-salió aprisa del cubículo, y la oyó entrar en el contiguo y preguntar.- ¿Qué tal te encuentras ahora, Diggory?
Harry no podía quedarse quieto: estaba aún demasiado cargado de adrenalina.
-¡Lo has hecho increíble!-la pelirroja apareció con una cansada sonrisa sobre sus labios, acompañada de una venda al costado de la cabeza.-No pude verte, pero escuché y pareció ser una impecable distracción.-se acercó a su hermano y lo abrazó.
-¿Funcionó tu Patronus?-Tabatha asintió, apoyándose sobre Harry.
-Costó concentrarme, pero logré hacerlo.-ambos hermanos quedaron en silencio.
Por la puerta llegaron dos personas a toda prisa: Hermione e, inmediatamente detrás de ella, Ron.
-¡Han estado genial!-chilló la castaña.- ¡Alucinante! ¡De verdad!
Pero Harry miraba a Ron, que estaba muy blanco y miraba a su vez al azabache como si éste fuera un fantasma.
-Harry, Tabatha.-habló muy serio.-Quienquiera que pusiera sus nombres en el cáliz de fuego, creo que quería matarlos.
Fue como si las últimas semanas no hubieran existido, como si Harry viera a Ron por primera vez después de haber sido elegido campeón.
-Lo has comprendido, ¿eh?-contestó azabache fríamente.-Te ha costado trabajo.-Tabatha le dio un codazo en las costillas y lo miró con una ceja enarcando, modulando un Cállate. Harry se dio cuenta de que quería disculparse y comprendió que no necesitaba oír las excusas.-Está bien.-dijo, antes de que Ron hablara.- Olvídalo.
-No.-replicó Ron.- Yo no debería haber...
-¡Olvídalo!-insistió Tabatha, antes de que se volviesen a pelear. Ron le sonrió nerviosamente, y los mellizos le devolvieron la sonrisa. Hermione, de pronto, se echó a llorar.
-No hay por qué llorar.-habló Harry, desconcertado.
-¡Son tan tontos los dos!-gritó ella, dando una patada en el suelo al tiempo que le caían las lágrimas. Luego, antes de que pudieran detenerla, les dio un abrazo a los tres y se fue corriendo, esta vez gritando de alegría.
-¡Cómo se pone!-comentó Ron, negando con la cabeza.- Vamos, Harry, están a punto de darte la puntuación.-
Tomando los huevos de oro y la Saeta de Fuego, salieron de la tienda, con Ron a su lado, hablando sin parar.
-Has sido el mejor, ni punto de comparación.-la pelirroja lo miró con el ceño fruncido, recordándole que tenía una quemadura en el brazo y un chichón en la cabeza.-Bueno, bueno, Tabatha hizo lo suyo.-Ron rodó los ojos.-Cedric hizo una cosa bastante rara: transformó una roca en un perro labrador, para que el dragón atacara al perro y se olvidara de él. La transformación estuvo bastante bien, y al final funcionó, porque consiguió tomar el huevo, pero también se llevó una buena quemadura porque el dragón cambió de opinión de repente y decidió que le interesaba más Diggory que el labrador. Escapó por los pelos. Y Fleur intentó un tipo de encantamiento...creo que quería ponerlo en trance, o algo así. El caso es que funcionó, se quedó como dormido, pero de repente roncó y echó un buen chorro de fuego. Se le prendió la falda. La apagó echando agua por la varita. Tabatha hizo uso de sus facultades e hizo aparecer una cierva de humo.-
-Se llama Patronus.-lo corrigió ella.
-¡Eso, Patronus!-exclamó Ron, dándole la razón.-Y en cuanto a Krum... no lo van a creer, pero no se le ocurrió la posibilidad de volar. Sin embargo, creo que después de ustedes es el que mejor lo ha hecho. Utilizó algún tipo de embrujo que le lanzó a los ojos. El problema fue que el dragón empezó a tambalearse y aplastó la mitad de los huevos de verdad. Le han quitado puntos por eso, porque se suponía que no tenía que causar ningún daño.-
Ron tomó aire al llegar con los mellizos hasta el cercado. Retirado el Colacuerno, Harry fue capaz de ver dónde estaban sentados los jueces: justo al otro extremo, en elevados asientos forrados de color oro.
-Cada uno da una puntuación sobre diez.-le explicó Ron.-Ah, tu puntuación es un nueve de Madame Maxime, un cinco de Karkarov, el señor Crouch un ocho, un nueve de Dumbledore y Bagman un diez.-Tabatha asintió, sobándose el brazo.
Entornando los ojos, Harry vio a Madame Máxime, la primera del tribunal, levantar la varita, de la que salió lo que parecía una larga cinta de plata que se retorcía formando un ocho.
-¡No está mal!-dijo Ron mientras la multitud aplaudía.-Supongo que te ha bajado algo por lo del hombro...
A continuación le tocó al señor Crouch, que proyectó en el aire un nueve.
-¡Qué bien!-gritó Ron, dándole a Harry un golpecito en la espalda. Luego le tocaba a Dumbledore. También él proyectó un nueve, y la multitud vitoreó más fuerte que antes.
Ludo Bagman: un diez.
-¿Un diez?-preguntó Harry extrañado.- ¿Y la herida? ¿Por qué me pone un diez?
-¡No te quejes, James!-exclamó Tabatha emocionada.
Y entonces Karkarov levantó la varita. Se detuvo un momento, y luego proyectó en el aire otro número: un cuatro.
-¿Qué?-chilló Ron furioso.- ¿Un cuatro? ¡Cerdo partidista y piojoso, a Krum le diste un diez!
Pero a Harry no le importaba. No le hubiera importado aunque Karkarov le hubiera dado un cero. Para él, la indignación de Ron a su favor valía más que un centenar de puntos. No se lo dijo, claro, pero al volverse para abandonar el cercado no cabía en sí de felicidad. Y no solamente a causa de Ron: los de Gryffindor no eran los únicos que vitoreaban entre la multitud. A la hora de la verdad, cuando vieron a lo que se enfrentaba, la mayoría del colegio había estado de su parte, tanto como de la de Cedric y su hermana. En cuanto a los de Slytherin, le daba igual: ya se sentía con fuerza para enfrentarse a ellos.
-¡Están empatados en el primer puesto, chicos! ¡Krum y ustedes!- dijo Charlie, precipitándose a su encuentro cuando volvían para el colegio.- Me voy corriendo. Tengo que llegar para enviarle una lechuza a mamá; le prometí que le contaría lo que había sucedido. ¡Pero es que ha sido increíble! Ah, sí... me ordenaron que te dijera que tienen que esperar unos minutos. Bagman les quiere decir algo en la tienda de los campeones.
Ron dijo que los esperaría, de forma que los mellizos volvieron a entrar en la tienda, que esta vez les pareció completamente distinta: acogedora y agradable.
Fleur, Cedric y Krum entraron juntos. Cedric tenía un lado de la cara cubierto de una pasta espesa de color naranja, que presumiblemente le estaba curando la quemadura. Al verlos, sonrió-
-¡Lo has hecho muy bien, Harry!-lo felicitó.
-Y tú.-dijo Harry, devolviéndole la sonrisa.
-¡Muy bien todos!-dijo Ludo Bagman, entrando en la tienda con su andar saltarín y tan encantado como si él mismo hubiera burlado a un dragón.- Ahora, sólo unas palabras. Tienen un buen período de descanso antes de la segunda prueba, que tendrá lugar a las nueve y media de la mañana del veinticuatro de febrero. ¡Pero mientras tanto les vamos a dar algo en que pensar! Si se fijan en los huevos que están sujetando, verán que se pueden abrir... ¿ven las bisagras? Tienen que resolver el enigma que contiene el huevo porque les indicará en qué consiste la segunda prueba, y de esa forma podrán prepararse para ella. ¿Está claro?, ¿seguro? ¡Bien, entonces pueden irse!
Los mellizos salieron de la tienda, se reunieron con Ron y se encaminaron al castillo por el borde del bosque, hablando sin parar. Ellos querías que les contaran con más detalle qué era lo que habían hecho los otros campeones. Luego, al rodear el grupo de árboles, una bruja apareció de pronto a su espalda. Era Rita Skeeter. Aquel día llevaba una túnica de color verde amarillento, del mismo tono que la pluma a vuelapluma que tenía en la mano.
-¡Felicitaciones, chicos!-los felicitó.- Me pregunto si podrían concederme unas palabras. ¿Cómo se sintieron al enfrentarte al dragón? ¿Les ha parecido correcta la puntuación que les han dado?
-No, sólo podemos concederle una palabra.-replicó Tabatha de malas maneras.- ¡Adiós!-le dio la espalda y continuó el camino hacia el castillo, al lado de su hermano y Ron.