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"Los mellizos Potter" — capítulo 107

Capítulo 22

El baile de Navidad

-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!-se quejó Hermione, cuando Tabatha intentaba peinarle el cabello.- ¡Me haces doler!-

-¡Mujer, que no es mi culpa que tengas tantos nudos!-replicó la pelirroja, tratando de liberar el cepillo.- La poción debe de estar lista para dentro de…-miró su reloj.-…doce segundos.-sacó su varita e hizo unos suaves movimientos para luego hacer levitar el caldero hasta el tocador del baño.-Bien, echa la cabeza hacia atrás.-la castaña obedeció mientras ella le colocaba una toalla sobre el pecho y cubría sus ojos.-Según la revistaCorazón de Bruja, está poción deberá de dejarte el cabello liso y brillante, gracias a la pulpa de mandarina y las hojas de té.-con la punta de los dedos fue humedeciendo el cuero cabelludo de Hermione y extendiéndolo hacia el resto del pelo.

-Tiene buen aroma.-comentó la castaña.

-Y tendrá buena pinta dentro de unos minutos.-la pelirroja se secó las manos con una toalla.-Debes reposar un poco antes de irte a bañar. Recuerda sacar hasta el más mínimo rastro de poción.-Hermione levantó el pulgar.-Iré a ver mi vestido y vuelvo.-la chica repitió el gesto.

Días antes del baile, habían ido a Hogsmeade y revisaron tienda por tienda, hasta encontrar algo que les gustase. Hermione eligió un vestido con dos tonos de rosas que llegaban hasta el suelo con sutiles volados y un delicado listón atado a la cintura que caía hacia adelante. Tabatha había visto uno de color blanco crema, pero su amiga insistió en que llevase uno de color rojo casi tirando a bordo.

"Eres una campeona y debes lucirte. El baile es tu noche"

Le había dicho Hermione, cuando la vio dentro del vestido.

Por primera vez en sus 14 años, Tabatha se maquillaría y arreglaría para asistir a un baile de gala. Lo máximo que se había arreglado era para alguna de las aburridas citas de té de la tía Petunia, donde la obligaba a llevar un viejo y desgastado vestido color amarillo enfermo. Pero…aquella ocasión era especial.

-¿Quién está en el baño?-preguntó Lavander, asomándose casi por el marco.- ¿Es un fantasma?-

-Es Hermione.-respondió la pelirroja, sacándole una pequeña pelusa a su vestido.

-¿Qué estás haciéndole?-

-La estoy arreglando para el baile.-Lavander soltó una carcajada.- ¿Qué es lo gracioso?-inquirió Tabatha, alzando una ceja.

-¿Hermione, en el baile?-la chica no pudo reprimir otra carcajada.- Por favor, Tab, ella no encaja.-corrió el cabello que caía de su hombro.- A ti si te veo en un baile y con un apuesto acompañante, pero, ¿ella? ¿Con quién ira? ¿Neville?-

-¡Ella irá con Viktor Krum!-gritó Tabatha, roja de ira.

Lavander volvió a reír.

-Claro, excusas.-dándole empujones, la pelirroja logró sacarla de la habitación y tras un portazo, se volvió hacia el baño.

Ron miraba en la luna del rincón con expresión de terror. Su túnica se parecía más a un vestido de mujer que a cualquier otro tipo de prenda, y la cosa no tenía remedio. En un desesperado intento de hacerla parecer más varonil, utilizó un encantamiento seccionador en el cuello y los puños. No funcionó mal del todo: al menos se había desprendido de las puntillas, aunque el trabajo no resultaba perfecto y los bordes se deshilachaban mientras bajaba la escalera.

-No me cabe en la cabeza que hayan conseguido a las dos chicas más  guapas del curso.-susurró Dean.

-Magnetismo animal.-replicó Ron de mal humor, tirándose de los hilos sueltos de los puños.

La sala común tenía un aspecto muy extraño, llena de gente vestida de diferentes colores en lugar del usual negro. Parvati aguardaba a Harry al pie de la escalera. Estaba realmente muy guapa, con su túnica de un rosa impactante, el pelo negro en una larga trenza entrelazada  con oro y unas pulseras también de oro que le brillaban en las muñecas. Harry dio gracias de que no le hubiera entrado la risa tonta.

-Estás... bonita.-la alagó algo cohibido.

-Gracias.-respondió ella.- Padma te espera en el vestíbulo.-le indicó a Ron.

-Bien.-contestó Ron, mirando a su alrededor.- ¿Dónde están Hermione y Tabatha?-Parvati se encogió de hombros.

-¿Quieres que bajemos?-le preguntó a Harry.

-De acuerdo.-aceptó él, lamentando no poder quedarse en la sala común.

Fred le guiñó un ojo cuando éste pasó a su lado para salir por el hueco del retrato. También el vestíbulo estaba abarrotado de estudiantes que se arremolinaban en espera de que dieran las ocho en punto, hora a la que se abrirían las puertas del Gran Comedor. Los que habían quedado con parejas pertenecientes a diferentes casas las buscaban entre la multitud. Parvati vio a su hermana Padma y la condujo hasta donde estaban Harry y Ron.

-Hola.-saludó Padma, que estaba tan bonita como Parvati con su túnica de color azul turquesa brillante. No parecía demasiado entusiasmada con su pareja de baile. Lo miró de arriba abajo, y sus oscuros ojos se detuvieron en el cuello y los puños deshilachados de la túnica de gala de Ron.

-Hola.-contestó Ron sin mirarla, pues seguía buscando entre la multitud.- ¡Oh, no...!

Se inclinó un poco para ocultarse detrás de Harry porque pasaba por allí Fleur Delacour, imponente con su túnica de satén gris plateado y acompañada por Roger Davies. Cuando pasaron, volvió a enderezarse y a mirar por encima de las cabezas de la multitud.

-¿Dónde estarán las chicas?-repitió.

Llegaron unos cuantos de Slytherin subiendo la escalera desde su sala común. Malfoy iba al frente. Llevaba una túnica negra de terciopelo con cuello alzado. De su brazo iba Pansy Parkinson, con una túnica de color rosa pálido con muchos volantes. Tanto Crabbe como Goyle iban de verde, ninguno de ellos había logrado encontrar pareja.

Se abrieron las puertas principales de roble, y todo el mundo se volvió para ver entrar a los alumnos de Durmstrang con el profesor Karkarov. Krum iba al frente del grupo, acompañado por una muchacha preciosa vestida con túnica azul a la que Harry no conocía. Por encima de las cabezas pudo ver que una parte de la explanada que había delante del castillo la habían transformado en una especie de gruta llena de luces de colores. En realidad eran cientos de pequeñas hadas: algunas posadas en los rosales que habían sido conjurados allí, y otras revoloteando sobre unas estatuas que parecían representar a Papá  Noel con sus renos.

En ese momento los llamó la voz de la profesora McGonagall:

-¡Los campeones por aquí, por favor!

Sonriendo, Parvati se acomodó las pulseras. Ella y Harry se despidieron de Ron y Padma, y avanzaron.

-No puede ser.-comentó Parvati, señalando hacia el inicio de las escaleras. Allí había una joven. Llevaba un elegante vestido, que la hacía ver como una hermosa y radiante princesa. Su acompañante, se colocó al inicio de la escaleras y extendió su mano mientras la joven bajaba, midiendo sus pasos y mordiéndose el labio sutilmente en el camino.

-¿Quién es?-preguntó Harry, casi embobado.

Parvati rodo los ojos.

-Creo que es algo muy obvio.-respondió ella.- Es tu hermana. Vi ese mismo vestido sobre su cama esta mañana.

La pareja se había unido a la fila de los Campeones. Harry giró la cabeza violentamente. Tabatha había realizado un encantamiento para que sus rizos quedasen formados y que no se deformasen mientras bailaba. El vestido bordo realzaba su figura y hacía que su piel fuese más pálida y sus ojos resaltaban como dos bombones de chocolate. Tanto George como Harry, no podían sacarle la vista de encima.

-Ya basta, chicos.-pidió ella, ruborizando a más no poder. El azabache sonrió de lado y volvió la vista hacia su pareja.

-Estás muy bonita.-susurró George, inclinándose hacia adelante. Ella sonrió.

-Tú también te ves bien está noche.-ambos se fijaron en el traje.

-Bueno, tuve que pedírselo a Percy.-respondió George.-Es una noche especial y ameritaba vestir bien.-Tabatha se aferró a su brazo. Detrás de ellos se escuchó un bufido. La pelirroja miró por encima de su hombro: Cedric y Cho se encontraban cerrando la fila de Campeones.

-Oh, hola.-saludó Tabatha, fingiendo recién percatarse de su presencia.-Lindo vestido, Cho.-señaló con una corta sonrisa.

-Lo mismo te digo.-Cho no parecía exactamente feliz.

-Diggory.-George hizo una inclinación con la cabeza. Cedric apenas la respondió.

-Nos vemos adentro.-la pelirroja soltó una risita y volvió hacia adelante, haciendo que la mata de rizos rojos rebotasen contra su espalda.

Sin dejar de hablar, la multitud se apartó para dejarlos pasar. La profesora McGonagall les pidió que esperaran a un lado de la puerta mientras pasaban todos los demás: ellos entrarían en fila en el Gran Comedor cuando el resto de los alumnos estuviera sentado.

-¿La pareja de Krum es…Hermione?-preguntó George, mirando hacia adelante.

-Lo es.-aseguró Tabatha.

-Pero está completamente distinta. Se ha hecho algo en el pelo. Ya no lo tiene enmarañado.-

-Bueno, digamos que ameritaba que se pusiese linda.-replicó la pelirroja, riendo.

Cuando todos se hubieron acomodado en el Gran Comedor, la profesora McGonagall les dijo que entraran detrás de ella, una pareja tras otra. Lo hicieron así, y todos cuantos estaban en el Gran Comedor los aplaudieron mientras cruzaban la entrada y se dirigían a una amplia mesa redonda situada en un extremo del salón, donde se hallaban sentados los miembros del tribunal.

Habían recubierto los muros del Gran Comedor de escarcha con destellos de plata, y cientos de guirnaldas de muérdago y hiedra cruzaban el techo negro lleno de estrellas. En lugar de las habituales mesas de las casas había un centenar de mesas más pequeñas, alumbradas con farolillos, cada una con capacidad para unas doce personas.

Mientras Harry se esforzaba en no tropezar, Parvati parecía hallarse en la gloria: sonreía a todo el mundo, y llevaba a Harry con tanta determinación que él se sentía como un perro de exhibición al que la dueña obligara a mostrar sus habilidades en un concurso. En cambio, Tabatha y George caminaban con naturalidad. Él le corrió la silla, como todo un caballero, antes de tomar asiento junto a ella.

Dumbledore sonrió de contento cuando los campeones estuvieron reunidos en la mesa principal. La expresión de Karkarov, en cambio, recordaba más bien a la de Ron al ver acercarse a Krum y Hermione. Ludo Bagman, que aquella noche llevaba una túnica de color púrpura brillante con grandes estrellas amarillas, aplaudía con tanto entusiasmo como cualquiera de los alumnos. Y Madame Maxime, que había cambiado su habitual uniforme de satén negro por un vestido de seda suelto de color azul lavanda, aplaudía cortésmente. Pero faltaba el señor Crouch, como no tardó en notar Harry. El quinto asiento de la mesa estaba ocupado por Percy Weasley.

Hubo una pequeña conversación entre Harry y Percy. Luego quedaron en silencio.  Aún no había comida en los brillantes platos de oro; sólo unas pequeñas  minutas delante de cada uno de ellos. No había camareros. Observó que Dumbledore leía su menú con detenimiento y luego le decía muy claramente a su plato:

-¡Chuletas de cerdo!

Y las chuletas de cerdo aparecieron sobre él. Captando la idea, los restantes comensales también pidieron a sus respectivos platos lo que deseaban. Harry le echó una mirada a Hermione para ver qué le parecía aquel nuevo y más complicado sistema de cena, que seguramente implicaría más trabajo para los elfos, pero estaba absorta en su charla con Krum, y ni siquiera parecía ver lo que comía.

Harry se dio cuenta de que hasta entonces no había oído hablar a Viktor, pero en aquel momento lo estaba haciendo, y con mucho entusiasmo.

-Bueno, nosotrros tenemos también un castillo, no tan grrande como éste, ni tan conforrtable, me parrece.-le decía a Hermione.- Sólo tiene cuatro pisos, y las chimeneas se prrenden únicamente por motivos mágicos. Pero los terrenos del colegio son aún más amplios que los de aquí, aunque en invierrno apenas tenemos luz, así que no los disfrrutamos mucho.Perro en verrano volamos a diarrio, sobrre los lagos y las montañas.

-¡Para, para, Viktor!-lo interrumpió Karkarov, con una risa en la que no participaban sus fríos ojos.- No sigas dando más pistas, ¡o tu encantadora amiga sabrá exactamente dónde se encuentra el castillo!

Dumbledore sonrió, no sólo con la boca sino también con la mirada.

-Con todo ese secretismo, Igor, se podría pensar que no quieren visitas. 

-Bueno, Albus.-dijo Karkarov, mostrando plenamente sus dientes amarillos.-Todos protegemos nuestros dominios privados, ¿verdad? ¿No guardamos todos con celo los centros de saber en qué se aprende lo que nos ha sido confiado? ¿No tenemos motivos para estar orgullosos de ser los únicos conocedores de los secretos de nuestro colegio? ¿No tenemos motivos para protegerlos?

-¡Ah, yo nunca pensaría que conozco todos los secretos de Hogwarts, Igor!-replicó Dumbledore en tono amistoso.- Esta misma mañana, por ejemplo, me equivoqué al ir a los lavabos y me encontré en una sala de bellas proporciones que no había visto nunca y que contenía una magnífica colección de orinales. Cuando volví para contemplarla más detenidamente, la sala había desaparecido. Pero tengo que estar atento a ver si la vuelvo a ver: tal vez sólo sea accesible a las cinco y media de la mañana, o aparezca cuando la luna está en cuarto creciente o menguante, o cuando el que pasa por allí tiene la vejiga excepcionalmente llena.

Harry echó una mirada al Gran Comedor. Hagrid se hallaba sentado a una de las otras mesas de profesores. Había vuelto a ponerse el horrible traje peludo de color marrón y miraba a la mesa en que Harry se encontraba. Harry lo vio saludar con la mano, y que Madame Maxime, con sus cuentas de ópalo que brillaban a la luz de las velas, le devolvía el saludo.

-Her... mi... o... ne.-deletreaba, despacio y claro.

-Herr... mio... ne.

-Se acerca bastante.-aprobó Tabatha, mirando con una gran sonrisa a George. 

Cuando se acabó la cena, Dumbledore se levantó y pidió a los alumnos que hicieran lo mismo. Entonces, a un movimiento suyo de varita, las mesas se  retiraron y alinearon junto a los muros, dejando el suelo despejado, y luego hizo aparecer por encantamiento a lo largo del muro derecho un tablado. Sobre él aparecieron una batería, varias guitarras, un laúd, un violonchelo y algunas gaitas. Las Brujas de Macbeth subieron al escenario entre aplausos entusiastas. Eran todas melenudas, e iban vestidas muy modernas, con túnicas negras llenas de desgarrones y aberturas. Tomaron sus instrumentos. Los farolillos de todas las otras mesas se habían apagado y que los campeones y sus parejas estaban de pie.

-¡Vamos!-le susurró Parvati a Harry.- ¡Se supone que tenemos que bailar!

Al levantarse, Harry tropezó con la túnica. Las Brujas de Macbeth empezaron a tocar una melodía lenta, triste. George se puso de pie primero y le tendió una mano a Tabatha. Juntos fueron hasta la parte más iluminada del salón. Al momento siguiente, George la tomó de la cintura y le agarró la mano libre.

-¿De qué te ríes?-preguntó George, cuando comenzaron a bailar.

-Harry no es tan horrible.-respondió Tabatha, riendo con más ligereza.-Míralo como se mueve junto a Parvati. Mientras él miraba por encima de su hombro, la gente comenzó a unirse, de forma que los campeones dejaron de ser el centro de atención. Cuando la canción terminó, comenzó otra un tanto más movida. Harry y Parvati habían desaparecido. Pasaron por al lado de Fred y Angelina, los cuales bailaban de forma tan entusiasta que la gente se apartaba por miedo a resultar herida.

-Estoy agotada.-comentó Tabatha, pasando una mano por sus mejillas encendidas.

-¿Quieres descansar un poco?-

-Me encantaría.-George la tomó la mano y juntos caminaron hacia una mesa.

-¡Hola!-Hermione y Viktor se les unieron.

-¿Quieres un poco de ponche?-ofreció Krum.

-Te lo agradecería.-jadeo Hermione.

-Te voy a buscar uno.-dijo George, soltando a Tabatha.

-Pero…-

-Ve y siéntate.-él le sonrió de lado y se encaminó junto a Viktor hacia la mesa de aperitivos.

-Es todo un caballero contigo.-comentó la castaña, aferrándose al brazo de Tabatha. La pelirroja miraba por encima de su hombro.-Creo que le gustas.-

Tabatha negó.

-Solo somos amigos.-

-¿Lees las novelas muggle que te regale?-inquirió Hermione.- ¡De una amistad se empieza!-

-Ay, preferiría que hables sobre los derechos de los elfos, Hermi.- las dos siguieron caminando y llegaron a la mesa donde encontraban Ron y Harry.

-Hola.-las saludó Harry.

Ron no dijo nada.

-Hace calor, ¿no?-comentó Hermione abanicándose con la mano.- Viktor y George acaban de ir por bebidas.

-¿Viktor?-repitió Ron con furia contenida.- ¿Todavía no te ha pedido que lo llames Vicky?

-¿Ocurre algo, Ron?-inquirió Tabatha, enarcando una ceja.

-Si no lo saben, no se los voy a explicar.-replicó él mordazmente. Hermione interrogó con la mirada a Harry, que se encogió de hombros.

-Ron, ¿qué...? -

-¡Es de Durmstrang!-chilló él.- ¡Compite contra Harry y Tabatha! ¡Contra Hogwarts! Tú, tú estás...-Ron estaba obviamente buscando palabras lo bastante fuertes para describir el crimen de Hermione.- ¡Confraternizando con el enemigo, eso es lo que estás haciendo!

Hermione se quedó boquiabierta.

-¡No seas idiota!-contestó al cabo.- ¡El enemigo! No comprendo... ¿Quién era el que estaba tan emocionado cuando lo vio llegar? ¿Quién era el que quería pedirle un autógrafo? ¿Quién tiene una miniatura suya en el dormitorio?

Ron prefirió no hacer caso de aquello.

-Supongo que te pidió ser su pareja cuando los dos estaban en la biblioteca.

-Sí, así fue.-respondió Hermione, y sus mejillas, que estaban ligeramente subidas de color, se pusieron de un rojo brillante.- ¿Y qué?

-¿Qué pasó? ¿Intentaste afiliarlo a la P.E.D.D.O.?

-¡No, nada de eso! ¡Si de verdad quieres saberlo, me dijo que había ido a la biblioteca todos los días para intentar hablar conmigo, pero que no había conseguido armarse del valor suficiente!

Hermione dijo esto muy aprisa, y se ruborizó tanto que su cara adquirió el mismo tono que la túnica de Parvati.

-Sí, bien, eso es lo que él dice.-repuso Ron.

-¿Qué quieres decir con eso?

-¡Pues está bien claro! Él es alumno de Karkarov, ¿no? Sabe con quién vas...intenta aproximarse a los campeones de Hogwarts, obtener información de ellos, o acercarse lo bastante para gafarlo.

Hermione reaccionó como si Ron le acabara de pegar una bofetada. Cuando al fin habló, le temblaba la voz.

-Para tu información, no me ha preguntado nada sobre Harry, absolutamente nada sobre Harry y Tabatha.

Inmediatamente Ron cambió de argumento.

-¡Entonces es que espera que lo ayudes a desentrañar el enigma del huevo! Supongo que durante esas encantadoras sesiones de biblioteca se han dedicado a pensar juntos...

-¡Yo nunca lo ayudaría a averiguar lo del huevo!-replicó Hermione,  ofendida.- Nunca. ¡Cómo puedes decir algo así...! Yo quiero que el Torneo lo gane alguno de los mellizos, y ellos lo sabes, ¿o no? -

-Tienes una curiosa manera de demostrarlo.-dijo Ron de forma despectiva.

-¡Se supone que la finalidad del Torneo es conocer magos extranjeros y hacer amistad con ellos!-repuso Hermione con voz chillona.

-¡No, no lo es!-gritó Ron.- ¡La finalidad es ganar!

La gente empezaba a mirarlos.

-Ron.-dijo Harry en voz baja.-A mí no me parece mal que Hermione haya venido con Krum...

Pero Ron tampoco le hizo caso.

-¿Por qué no te vas a buscar a Vicky?-dijo.- Seguro que se pregunta dónde estás.

-¡No lo llames Vicky!-Hermione se puso en pie de un salto y salió como un huracán hacia la zona de baile, donde desapareció entre la multitud. Con una mezcla de ira y satisfacción en la cara, Ron la vio irse.

-¿No vas a pedirme que bailemos?-le preguntó Padma.

-No.-contestó Ron, sin dejar de mirar a Hermione.

-Muy bien.-espetó Padma.

Se levantó y fue adonde estaban Parvati y el chico de Beauxbatons. Éste se dio tanta prisa en encontrar a otro amigo para ella, que Harry habría jurado que lo había atraído con el encantamiento convocador.

-¿Dónde está Herr... mío... ne?-preguntó una voz.

Krum acababa de acercarse a la mesa con dos cervezas de mantequilla. Detrás de él venía George.

-Ni idea.-respondió Ron con brusquedad, levantando la vista hacia él.- ¿Se te ha perdido?

Krum volvía a tener su gesto hosco.

-Bueno, si la ven, díganle que tengo las bebidas.-dijo, y se fue con su paso desgarbado.

-¿Nos quedamos?-preguntó George.

-No.-negó rotundamente Tabatha, con el ceño fruncido.-Nos vamos.-se puso de pie y zarandeo su vestido hacia los costados.

-¿Pasó algo?-

-Tu hermano es un…inmaduro.-exclamó Tabatha, cruzándose de brazos.-Lamento decir esa palabra pero…-

-Tranquila, no pasa nada.-George le sonrió.

-¡Hola!-Fred los abordó por detrás, abrazándolos.- Mi querida Tab, ¿puedo robarte un momento a mi hermano?-

-Claro, no hay problema.-Fred le guiñó un ojo y arrastró a George hacia el lado opuesto del salón.

La pelirroja tomó los extremos de su vestido y salió al vestíbulo. Por suerte estaba vació. Se sentó en los escalones, dejando que el vestido se desparramase por el suelo. Se deshizo del moño que tenía detrás de la cabeza y los rizos cayeron sobre su frente. Al pasar el costado de la mano por su rostro, borró parte del maquillaje haciéndole ver como si hubiera estado llorando.

Abrazándose a su piernas y apoyando el mentón sobre las rodillas, se quedó sentada.

-Hola.-apenas levantó la vista, encontrándose con Cedric. Le sonrió casi sin ganas. Él llevaba colgando la chaqueta sobre el hombro y el cabello levemente despeinado. Ocupó el espacio a su lado. El silencio se hizo incómodo entre ellos.-Lo siento.-soltó.-Lamento haber dudado de ti.-

-También te debo unas disculpas.-murmuró ella, ladeando la cabeza para mirarlo.- No debí de reaccionar tan mal.-Cedric se acercó más, hasta rodearla con sus brazos y acercarla a su pecho.

-Los dos tenemos algo de culpa que asumir.-ella asintió.-Pero te sigo queriendo.-él la tomó de la barbilla.-Y hoy me hubiera gustado escoltarte en el baile. Haber estado contigo y decirte cuan hermosa te…-Tabatha lo cayó de un beso. Cedric la tomó de las mejillas mientras sus labios danzaban en una dulce y suave danza.

-Hablas mucho.-susurró ella, cuando se separaron. Cedric rió.

-Oye, ¿ya has descubierto como abrir el huevo?-

-Estoy seca en ideas.-

-Date un baño.-

-¿Perdón?-inquirió ella.

-Digo… usa el baño de los prefectos. Es la cuarta puerta a la izquierda de esa estatua de Boris el Desconcertado del quinto piso. La contraseña es Frescura de pino. Un baño es bueno para aclarar ideas, alivianar un poco la mente y bueno para pensar.-explicó.-Y cuando lo hagas, lleva el huevo contigo.-

-De acuerdo…-ella vaciló.-Lo tendré en cuenta. Gracias.-

-No me lo agradezcas.-replicó él.-Te lo debía por haberme advertido sobre los dragones.-Tabatha le sonrió.-Oye, ¿vamos a otro lugar?-él se puso de pie, extendiéndole la mano. Ella no dudo ni un segundo y aceptó.

Caminaron por los pasillos, al pasar por el Gran Comedor se escuchaban a las brujas de Macbeth entonando una nueva canción movida. Al salir a los jardines, el viento los azotó suavemente. Aún quedaba nieve y Cedric tuvo que ayudarla a caminar por encima de los montículos. Luego se deshizo de su chaqueta y la colocó sobre los hombros de ella.

-¿A dónde vamos?-preguntó Tabatha, cuando decidieron volver a los pasillos.

-A un lugar apartado del resto.-respondió él, mientras subían unas escaleras.

Casi que llegaron jadeando, pero llegaron. Estaban en la torre más lejana del centro del castillo. Tenía una excelente vista al bosque Prohibido y al lago.

-Es…hermoso.-comentó Tabatha, asomándose a la ventana.

-Quería compensar todas las estupideces que han estado pasando últimamente.-habló Cedric, colocándose a su lado.

-No hace falta que…-él la calló con un corto beso.

-Necesito que me escuches.-pidió. Ella asintió.-La primera vez que te vi fue algo…algo lindo. Nos conocimos por accidente, teniendo en cuenta que te caíste sobre mí…-Tabatha rió.-Luego…no sé qué me pasó. Sentía la necesidad de verte todo el tiempo. Encontrarte tras los estantes de la biblioteca era como…no sé cómo explicarlo.-confesó tomándola de las manos.- Y cuando te encontré esa noche de Halloween, sola, fue algo que estaba esperando desde hacía tiempo y luego te hable…-

-Ced, ya basta, me sonrojo.-dijo ella.-Te entiendo y te juro que también sentí lo mismo.

-¿Enserio?-la pelirroja asintió. Él la pegó a la pared y le estampó un beso. Pero no como el anterior. Casi tras un mes de discusiones, habían logrado entablar una reconciliación. Aquella prueba de afecto era incluso más dulce que el beso en las escaleras. Tabatha se aferró a Cedric, mientras él la abrazaba por la cintura, acercándola más a él.- Te amo.-le susurró sobre los labios.- ¿Lo sabías?-ella asintió.-Te amo.-volvió a repetirle, mientras ambos se abrazaban bajo el manto estrellado y la pálida luz de la luna.

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**Ropa de Tabatha:**http://www.polyvore.com/tabatha/set?id=78450891