Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← "Los mellizos Potter" · de

"Los mellizos Potter" — capítulo 112

Capítulo 27

La locura del señor Crouch

El domingo después de desayunar, los mellizos, Ron y Hermione fueron al lechucero para enviar una carta a Percy, preguntándole, como Sirius les había sugerido, si había visto a Crouch recientemente. Utilizaron a Hedwig, porque hacía tiempo que no le encomendaban ninguna misión. Después de observarla perderse de vista desde las ventanas de la lechucero, bajaron a las cocinas  para entregar a Dobby sus calcetines nuevos.

Los elfos domésticos les dispensaron una cálida acogida, haciendo reverencias y apresurándose a prepararles un té. Dobby se emocionó con el regalo.

-¡Los Potter son demasiado buenos con Dobby!-chilló, secándose las lágrimas de sus enormes ojos.

-Nos salvaste la vida con esas branquialgas, Dobby, de verdad.-dijo Harry.

-¿No hay más pastelitos de nata y chocolate?-preguntó Ron, paseando la vista por los elfos domésticos, que no paraban de sonreír ni de hacer reverencias.

-¡Acabas de desayunar!-le reprochó Hermione enfadada, pero entre cuatro elfos ya le habían llevado una enorme bandeja de plata llena de pastelitos.

-Deberíamos pedir algo de comida para mandarle a Hocicos.-murmuró Tabatha.

-Buena idea.-dijo Ron.- Hay que darle a Pig un poco de trabajo. ¿No podrían proporcionarnos algo de comida?-preguntó a los elfos que había alrededor, y ellos se inclinaron encantados y se apresuraron a llevarles más.

-¿Dónde está Winky, Dobby?-quiso saber Hermione, que había estado buscándola con la mirada.

-Winky está junto al fuego, señorita.-repuso Dobby en voz baja, abatiendo un poco las orejas.

-¡Dios mío!

Los mellizos también miraron hacia la chimenea. Winky estaba sentada en el mismo taburete que la última vez, pero se hallaba tan sucia que se confundía con los ladrillos ennegrecidos por el humo que tenía detrás. La ropa que llevaba puesta estaba andrajosa y sin lavar. Sostenía en las manos una botella de cerveza de mantequilla y se balanceaba ligeramente sobre el taburete, contemplando el fuego. Mientras la miraban, hipó muy fuerte.

-Winky se toma ahora seis botellas al día.-susurró Dobby.

-Bueno, no es una bebida muy fuerte.-comentó Harry.

Pero el elfo negó con la cabeza. 

-Para una elfina doméstica sí que lo es, señor.-repuso. Ella volvió a hipar. Los elfos que les habían llevado los pastelitos le dirigieron miradas reprobatorias mientras volvían al trabajo.

-Pero, ¿Qué le pasa?-preguntó Tabatha.

-Winky está triste.-dijo Dobby apenado.- Quiere volver a su casa. Piensa que el señor Crouch sigue siendo su amo, señor, y nada de lo que Dobby le diga conseguirá persuadirla de que ahora su amo es Dumbledore.

Harry tuvo una idea brillante.

-Eh, Winky.-la llamó, yendo hacia ella e inclinándose para hablarle.- ¿Tienes alguna idea de lo que le pasa al señor Crouch?-preguntó.- Porque ha dejado de asistir al Torneo de los tres magos.

Winky parpadeó y clavó en Harry sus enormes ojos. Volvió a balancearse ligeramente.

-¿El... el amo a... dejado... ¡hip!... de asistir?

-Sí.-respondió el azabache.-No lo hemos vuelto a ver desde la primera prueba. El Profeta dice que está enfermo.

Winky se volvió a balancear, mirando a Harry con ojos enturbiados por las lágrimas.

-El amo... ¡hip!... ¿enfermo?

Le empezó a temblar el labio inferior.

-Pero no estamos seguros de que sea cierto.-se apresuró a añadir Hermione.

-¡El amo necesita a su...hip...Winky!-gimoteó la elfina.- El amo no puede ¡hip! apañárselas ¡hip! él solo.

-Hay quien se las arregla para hacer por sí mismo las labores de la casa, ¿sabes, Winky?-le reprimió Hermione severamente.

-¡Winky... ¡hip!... no sólo le hacía... ¡hip!... las cosas de la casa al señor Crouch!-chilló la elfina indignada, balanceándose más que antes y derramando cerveza de mantequilla por su ya muy manchada blusa.- El amo le... ¡hip!...confiaba a Winky todos sus... ¡hip!... secretos más importantes.

-¿Qué secretos?-preguntó Harry.

Pero Winky negó rotundamente con la cabeza, derramándose encima más cerveza de mantequilla.

-Winky le guarda... ¡hip!... los secretos a su amo.-contestó con brusquedad, balanceándose más y poniéndole a Harry cara de pocos amigos.- Harry Potter quiere... ¡hip!... meter las narices.

-¡Winky no debería hablarle de esa manera a Harry Potter!-la reprendió Dobby enojado.- ¡Harry Potter es noble y valiente, y no quiere meter las narices en ningún lado!

-Quiere meter las narices... ¡hip!... en las cosas privadas y secretas... ¡hip!... de mi amo... ¡hip! Winky es una buena elfina doméstica... ¡hip! Winky guarda sus secretos... ¡hip!... aunque haya quien quiera fisgonear... ¡hip!... y meter las narices.- cerró los párpados y de repente, sin previo aviso, se deslizó del taburete y cayó al suelo delante de la chimenea, donde se puso a roncar muy fuerte. La botella vacía de cerveza de mantequilla rodó por el enlosado.

Media docena de elfos domésticos corrieron hacia ella indignados. Mientras uno tomaba la botella, los otros cubrieron a Winky con un mantel grande de cuadros y remetieron las esquinas, ocultándola.

-¡Lamentamos que hayan tenido que ver esto, señores y señoritas!-dijo un elfo que tenían al lado y que parecía muy avergonzado.- Esperamos que no nos juzguen a todos por el comportamiento de Winky, señores y señoritas.

-¡Se siente desgraciada!-replicó Hermione, exasperada.- ¿Por qué no intentan animarla en vez de taparla de la vista?

-Le rogamos que nos perdone, señorita.-dijo el elfo, repitiendo la pronunciadísima reverencia.-Pero no tenemos derecho a sentirnos desgraciados cuando hay trabajo que hacer y amos a los que servir.

-¡Por Dios!-exclamó Hermione enfadada.- ¡Escúchenme todos! ¡Tienen el mismo derecho que los magos a sentiros desgraciados! ¡Tienen derecho a cobrar un sueldo y a tener vacaciones y a llevar ropa de verdad! ¡No tienen por qué obedecer a todo lo que se les manda! ¡Fíjense en Dobby!

-Le ruego a la señorita que deje a Dobby al margen de esto.-murmuró este, asustado.

Las alegres sonrisas habían desaparecido de la cara de los elfos. De repente observaban a Hermione como si fuera una peligrosa demente.

-¡Aquí tienen la comida!-chilló un elfo, y puso en los brazos de Harry un jamón enorme, doce pasteles y algo de fruta.- ¡Adiós!

Los elfos domésticos se arremolinaron en torno a los cuatro amigos y los sacaron de las cocinas, dándoles empujones en la espalda, a la altura de la cintura.

-¡Gracias por los calcetines, mellizos Potter!-gritó Dobby con tristeza desde la chimenea, donde se encontraba junto al bulto en que había quedado convertida Winky, arrebujada en el mantel. 

-¿No podías cerrar la boca, Hermione?-protestó Ron enojado, cuando la puerta de las cocinas se cerró tras ellos de un portazo.- ¡Ahora ya no querrán que vengamos a visitarlos! ¡Hemos perdido la oportunidad de sacarle algo a Winky sobre Crouch!

-¡Ah, como si eso te preocupara!-se burló Hermione.- ¡Lo que a ti te gusta es que te den de comer!

Después de eso, el día se volvió inaguantable. Los dos hermanos se hartaron hasta tal punto de que Ron y Hermione se metieran el uno con el otro mientras hacían los deberes en la sala común, que por la noche llevó él solo la comida de Sirius a la lechucero.

Pigwidgeon era demasiado pequeño para transportar un jamón a la montaña sin ayuda, así que Harry reclutó también otras dos lechuzas. Cuando se internaron en la oscuridad, componiendo una figura muy extraña las tres con el gran paquete, Tabatha se inclinó en el alféizar de la ventana y contempló los terrenos del colegio, las oscuras y susurrantes copas de los árboles del bosque prohibido y las velas del barco de Durmstrang ondeando al viento. Un búho real atravesó el humo que salía de la chimenea de Hagrid, se acercó al castillo, planeó alrededor de la lechucero y desapareció de su vista. Vio a Hagrid cavando enérgicamente delante de su cabaña, y se preguntó qué estaría haciendo: era como si preparara un nuevo trozo de huerta. Mientras miraba, Madame Maxime salió del carruaje de Beauxbatons y fue hacia Hagrid. Daba la impresión de que intentaba trabar conversación con él. El guardabosque se apoyó en la pala, pero no parecía deseoso de prolongar la charla, porque Madame Maxime volvió a su carruaje poco después.

No les apetecía regresar a la torre de Gryffindor y oír a Ron y Hermione gruñéndose el uno al otro, así que se quedaron observando cavar a Hagrid hasta que la oscuridad los envolvió y, a su alrededor, las lechuzas empezaron a despertar y a pasar zumbando por su lado para internarse en la noche.

Al día siguiente, para el desayuno, se había disipado el mal humor de sus amigos, y, para alivio de Harry, no se cumplieron las pesimistas predicciones de Ron de que los elfos domésticos mandarían a la mesa de Gryffindor una pésima comida por culpa de Hermione: el tocino, los huevos y los arenques ahumados estaban tan ricos como siempre.

Cuando llegaron las lechuzas, ella las miró con impaciencia; parecía que esperaba algo.

-Percy no habrá tenido tiempo de responder.-dijo Ron.- Enviamos a Hedwig ayer.

-No, no es eso.-repuso Hermione.- Me he suscrito a El Profeta: ya estoy harta de enterarme de las cosas por los de Slytherin. 

-¡Bien pensado!-aprobó Tabatha, levantando también la vista hacia las lechuzas.- ¡Eh, Hermione, me parece que estás de suerte!-una lechuza gris bajaba hasta ella.

-Pero no trae ningún periódico.-comentó ella decepcionada.- Es...-para su asombro, la lechuza gris se posó delante de su plato, seguida de cerca por cuatro lechuzas comunes, una parda y un cárabo.

-¿Cuántos ejemplares has pedido?-preguntó Harry, agarrando la copa de Hermione antes de que la tiraran las lechuzas, que se empujaban unas a otras intentando acercarse a ella para entregar la carta primero.

-¿Qué demonios...?-exclamó Hermione, que tomó la carta de la lechuza gris, la abrió y comenzó a leerla.- Pero ¡bueno! ¡Hay que ver!-farfulló, poniéndose colorada.

-¿Qué pasa?-inquirió Ron.

-Es... ¡ah, qué ridículo...!

Le pasó la carta a Harry, que vio que no estaba escrita a mano, sino compuesta a partir de letras que parecían recortadas de El Profeta.

"eRes una ChicA malVAdA. HaRRy PottEr se merEce alGo MejoR quE  tú. VUelve a tU sitIO, mUggle."

-¡Son todas por el estilo!-dijo Hermione desesperada, abriendo una carta tras otra.- Harry Potter puede llegar mucho más lejos que la gente como tú...Te mereces que te escalden en aceite hirviendo...-

-¡Ay!-se quejó Tabatha cuando el último sobre se abrió y un líquido verde amarillento con un olor a gasolina muy fuerte se le derramó en sus manos y las de Hermione. Rápidamente empezaron a llenarse de granos amarillos.

-¡Pus de Bubotubérculos sin diluir!-dijo Ron, tomando con cautela el sobre y oliéndolo.

Con lágrimas en los ojos, Hermione intentaba limpiarse las manos con una servilleta, pero tenía ya los dedos tan llenos de dolorosas úlceras que parecía que se hubiera puesto un par de guantes gruesos y nudosos.

-Será mejor que vayan a la enfermería.-les aconsejó Harry al tiempo que echaban a volar las lechuzas.- Nosotros le explicaremos a la profesora Sprout adónde han ido...

-¡Se los advertí!-dijo Ron mientras las dos chicas se apresuraban a salir del Gran Comedor, soplándose las manos.- ¡Les advertí que no provocaran a Rita Skeeter!-

Hermione y Tabatha no asistieron a Herbología. Al salir del invernadero para ir a clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, Harry y Ron vieron a Malfoy, Crabbe y Goyle descendiendo la escalinata de la puerta del castillo. Pansy Parkinson iba cuchicheando y riéndose tras ellos con el grupo de chicas de Slytherin.

-Potter, ¿has roto con tu novia? ¿Por qué estaba tan alterada en el desayuno?-gritó Parkinson.

Harry no le hizo caso: no quería darle la satisfacción de que supiera cuántos problemas les estaba causando el artículo de Corazón de bruja.  Hagrid, que en la clase anterior les había dicho que ya habían acabado con los unicornios, los esperaba fuera de la cabaña con una nueva remesa de cajas. Al verlas, a Harry se le cayó el alma a los pies. ¿Les tocaría cuidar otra camada de Escregutos? Pero, cuando llegaron lo bastante cerca para echar un vistazo, vieron un montón de animalitos negros de aspecto esponjoso y largo hocico. Tenían las patas delanteras curiosamente planas, como palas, y miraban a la clase sin dejar de parpadear, algo sorprendidos de la atención que atraían.

-Son Escarbatos.-explicó Hagrid cuando la clase se congregó en torno a ellos.- Se encuentran sobre todo en las minas. Les gustan las cosas brillantes... Miren.-uno de los Escarbatos dio un salto para intentar quitarle de un mordisco el reloj de pulsera a Pansy Parkinson, que gritó y se echó para atrás.

-Resultan muy útiles como detectores de tesoros.-prosiguió Hagrid contento.- Pensé que hoy podríamos divertirnos un poco con ellos. ¿Ven eso?-señaló  el trozo grande de tierra recién cavada en la que Harry lo había visto trabajar desde la ventana de la lechucero.- He enterrado algunas monedas de oro. Tengo preparado un premio para el que agarre al Escarbato que consiga sacar más. Pero lo primero que tienen que hacer es quitarse las cosas de valor; luego escojan un Escarbato y prepárense para soltarlo.

Harry se quitó el reloj, que sólo llevaba por costumbre, dado que ya no funcionaba, y lo guardó en el bolsillo. Luego tomó un Escarbato, que le metió el hocico en la oreja, olfateando. Era bastante cariñoso.

-Esperen.-dijo Hagrid mirando dentro de una caja.-Aquí quedan dos Escarbatos. ¿Quién falta? ¿Dónde está Hermione? ¿Tabatha?-

-Han tenido que ir a la enfermería.-explicó Ron. 

-Luego te lo explicamos.-susurró Harry, viendo que Pansy Parkinson estaba muy atenta.

Era con diferencia lo más divertido que hubieran visto nunca en clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Los Escarbatos entraban y salían de la tierra como si ésta fuera agua, y acudían corriendo a su estudiante respectivo para depositar el oro en sus manos. El de Ron parecía especialmente eficiente. No tardó en llenarle el regazo de monedas.

-¿Se pueden comprar y tener de mascotas, Hagrid?-le preguntó emocionado, mientras su Escarbato volvía a hundirse en la tierra, salpicándole la túnica.

-A tu madre no le haría gracia, Ron, destrozan las casas -repuso Hagrid sonriendo.-Me parece que ya deben de haberlas recuperado todas.-añadió paseando por el trozo de tierra excavado, mientras los Escarbatos continuaban buscando.-Sólo enterré cien monedas. ¡Ah, ahí están las chicas!-ambas se acercaban por la explanada. Llevaban las manos llenas de vendajes, y parecían tristes. Pansy Parkinson las miró escrutadoramente.- ¡Bueno, comprobemos cómo ha ido la cosa!-dijo Hagrid.- ¡Cuenten las monedas! Y no merece la pena que intentes robar ninguna, Goyle.-agregó, entornando los ojos de color azabache.- Es oro Leprechaun: se desvanece al  cabo de unas horas.

Goyle se vació los bolsillos, enfurruñado. Resultó que el que más monedas había recuperado era el Escarbato de Ron, así que Hagrid le dio como premio una enorme tableta de chocolate de Honeydukes. En esos momentos sonó la campana del colegio anunciando la comida. Todos regresaron al castillo salvo los mellizos, Ron y Hermione, que se quedaron ayudando a Hagrid a guardar los Escarbatos en las cajas. Harry se dio cuenta de que Madame Maxime los observaba por la ventanilla del carruaje.

-¿Qué te les pasado en las manos?-preguntó el guardabosque, preocupado. Hermione le contó lo de los anónimos que había recibido aquella mañana, y el sobre lleno de pus de Bubotubérculos.

-Cabe destacar que Cedric también tiene admiradoras y todas ellas tienen lechuzas malhumoradas.-comentó Tabatha, acariciándose el brazo.-Llegando a la enfermería me acorraló un grupo y me picotearon toda.-

-¡Bah, no se preocupen!-habló Hagrid amablemente, mirándolas desde lo alto de su estatura.- Yo también recibí cartas de ésas después de que Rita Skeeter escribió sobre mi madre. «Eres un monstruo y deberían sacrificarte.» «Tu madre mató a gente inocente, y si tú tuvieras un poco de dignidad, te tirarías al lago.»

-¡No!-exclamó Hermione, asustada.

-Sí.-dijo Hagrid, levantando las cajas de los Escarbatos y arrimándolas a la pared de la cabaña.- Es gente que está chiflada, chicas. No abran ninguna más. Échenlas al fuego según vengan. 

-Se han perdido una clase estupenda.-comentó Harry de camino al castillo.- Los Escarbatos son geniales, ¿a que sí, Ron?-pero Ron miraba ceñudo el chocolate que Hagrid le había dado. Parecía preocupado por algo.

-¿Qué pasa?-preguntó Tabatha.- ¿No está bueno?

-No es eso.-replicó Ron.- ¿Por qué no me dijiste lo del oro, Harry?

-¿Qué oro?

-El oro que te di en los Mundiales de Quidditch.-explicó.- El oro Leprechaun que te di en pago de los omniculares. En la tribuna principal. ¿Por qué no me dijiste que había desaparecido?

Harry tuvo que hacer un esfuerzo para entender de qué hablaba Ron.

-Ah...-dijo recordando.- No sé... no me di cuenta de que hubiera desaparecido. Creo que estaba más preocupado por la varita.

Subieron la escalinata de piedra, entraron en el vestíbulo y fueron al Gran Comedor para la comida.

-Tiene que ser estupendo.-dijo Ron de repente, cuando ya estaban sentados y habían comenzado a servirse rosbif con budín de Yorkshire.-Eso de tener tanto dinero que uno no se da cuenta si le desaparece un puñado de galeones.

-¡Mira, esa noche tenía otras cosas en la cabeza!-contestó Harry perdiendo un poco la paciencia.- Y no era el único, ¿recuerdas?

-Yo no sabía que el oro Leprechaun se desvanecía.-murmuró Ron.- Creí que te estaba pagando. No tendrías que haberme regalado por Navidad el sombrero de los Chudley Cannons.

-Olvídalo, ¿quieres?- pidió el azabache.

Ron ensartó con el tenedor una patata asada y se quedó mirándola.

-Odio ser pobre.-los mellizos y Hermione se miraron. Ninguno sabía qué decir.-Es un asco.-siguió Ron, sin dejar de observar la patata.- No me extraña que Fred y George quieran ganar dinero. A mí también me gustaría. Quisiera tener un Escarbato.

-Bueno, ya sabemos qué regalarte la próxima Navidad.-dijo Hermione para animarlo.- Vamos, Ron, podría ser peor. Por lo menos no tienes los dedos llenos de pus.-

-O picaduras de furiosas lechuzas.-añadió la pelirroja.

Hermione estaba teniendo dificultades para manejar el tenedor y el cuchillo con los dedos tan rígidos e hinchados.

¡Odio a esa Skeeter!-exclamó.- ¡Me vengaré de esto aunque sea lo último que haga en la vida!

·   ·   ·

-Bueno, ¡por lo menos está claro que Rita no usó una capa invisible!-dijo Hermione jadeando cinco minutos más tarde, cuando alcanzó a sus amigos en el vestíbulo.-Moody dice que no la vio por ningún lado durante la segunda prueba, ni cerca de la mesa del tribunal ni cerca del lago.

-¿Serviría de algo pedirte que lo olvidaras, Hermione?-preguntó Ron.

-¡No!-respondió ella testarudamente.- ¡Tengo que saber cómo escuchó mi conversación con Viktor! ¡Y cómo averiguó lo de la madre de Hagrid!

-A lo mejor te ha pinchado.-dijo Harry.

-¿Pinchado?-repitió Ron sin entender.- ¿Qué quieres decir, que le ha clavado alfileres?

Harry explicó lo que eran los micrófonos ocultos y los equipos de grabación. Ron lo escuchaba fascinado.

-Jamás abrieron Historia de Hogwarts, ¿verdad?-inquirió la pelirroja.

-¿Para qué?-repuso Ron.-Si ustedes se la saben de memoria...sólo tenemos que preguntarles.

-Todos esos sustitutos de la magia que usan los muggles no funcionan en los alrededores de Hogwarts porque hay demasiada magia en el aire.-explicó Tabatha.

-No, Rita está usando la magia para escuchar a escondidas. Si pudiera averiguar lo que es... ¡Ah, y si es ilegal, la tendré en mis redes!-añadió Hermione.

-¿No tenemos ya bastantes motivos de preocupación, para emprender también una vendetta contra Rita Skeeter?-preguntó Ron.

-¡No te estoy pidiendo ayuda!-replicó Hermione.- ¡Me basto yo sola!-subió por la escalinata de mármol sin volver la vista atrás. Harry estaba seguro de que iba a la biblioteca.

-¿Qué se apuestan a que vuelve con una caja de insignias de Odio a Rita Skeeter?-comentó Ron.

Hermione no les pidió que la ayudaran en su venganza contra Rita Skeeter, algo que le agradecían porque el trabajo se amontonaba en los días previos a la semana de Pascua. Harry se maravillaba que Hermione fuera capaz de investigar medios mágicos de escucha además de cumplir con todo lo que tenían que hacer para clase. Él trabajaba muchísimo sólo para conseguir terminar los deberes, aunque también se ocupaba de enviar a Sirius regularmente paquetes de comida a la cueva de la montaña. Después del último verano, sabía muy bien lo que era pasar hambre. Le incluía notas diciéndole que no ocurría nada extraordinario y que continuaban esperando la respuesta de Percy.

Hedwig no volvió hasta el final de las vacaciones de Pascua. La carta de Percy iba adjunta a un paquete con huevos de Pascua que enviaba la señora Weasley. Tanto el huevo de Ron como el de los mellizos parecían de dragón, y estaban rellenos de caramelo casero. El de Hermione, en cambio, era más pequeño que un huevo de gallina. Al verlo se quedó decepcionada.

-¿Tu madre no leerá por un casual Corazón de bruja?-preguntó en voz  baja.

-Sí.-contestó Ron con la boca llena de caramelo.- Lo compra por las recetas de cocina. Hermione miró con tristeza su diminuto huevo.

-¿No quieren ver lo que ha escrito Percy?-dijo Harry. La carta era breve y estaba escrita con verdadero mal humor:

Como constantemente declaro a El Profeta, el señor Crouch se está  tomando un merecido descanso. Envía regularmente lechuzas con instrucciones. No, en realidad no lo he visto, pero creo que puedo estar seguro de conocer la letra de mi superior. Ya tengo bastante que hacer en estos días aparte de intentar sofocar esos ridículos rumores. Os ruego que no me volváis a molestar si no es por algo importante.

Felices Pascuas.

..*

 Tiempo atrás, para esa fecha, los mellizos estarían entrenando a fondo para el último partido de la temporada. Aquel año, sin embargo, debían de prepararse para la tercera prueba, pero seguían sin saber qué tenía que hacer. Finalmente, en la última semana de mayo, al final de una clase de Transformaciones, los llamó la profesora McGonagall.

-Esta noche a las nueve en punto tienes que ir al campo de Quidditch.- dijo.- El señor Bagman se encontrará allí para hablarles de la tercera prueba.-

De forma que aquella noche, a las ocho y media, dejaron a Ron y Hermione en la torre de Gryffindor para acudir a la cita. Al cruzar el vestíbulo se encontraron con Cedric, que salía de la sala común de Hufflepuff.

-Hola.-Tabatha le tomó la mano mientras los tres juntos caminaban.

-¿Qué crees que será?-preguntó la pelirroja, cuando llegaron a la escalinata de piedra y salían a la oscuridad de una noche encapotada.

-Fleur no para de hablar de túneles subterráneos: cree que tendremos que encontrar un tesoro.-murmuró Cedric.

-Eso no estaría mal.-dijo Harry, pensando que sencillamente le pediría a Hagrid un Escarbato para que hiciera el trabajo por él.

 Bajaron por la oscura explanada hasta el estadio de Quidditch, entraron a través de una abertura en las gradas y salieron al terreno de juego.

-¿Qué han hecho?-exclamó Cedric indignado, parándose de repente.

El campo de Quidditch ya no era llano ni liso: parecía que alguien había levantado por todo él unos muros largos y bajos, que serpenteaban y se entrecruzaban en todos los sentidos.

-¡Son setos!-respondió Harry, inclinándose para examinar el que tenía más cerca.

-A Oliver no le gustaría ver esto.-murmuró Tabatha.

-¡Eh, hola!-los saludó una voz muy alegre. Ludo Bagman estaba con Krum y Fleur en el centro del terreno de juego. Los mellizos y Cedric se les acercaron franqueando los setos. Fleur sonrió a Harry: su actitud hacia él había cambiado por completo desde la segunda prueba.-Bueno, ¿qué les parece?-preguntó contento, cuando los recién llegados pasaron el último seto.- Están creciendo bien, ¿no? Dentro de un mes Hagrid habrá conseguido que alcancen los seis metros.-a la pelirroja no le gustaba el aspecto del campo.- No sé preocupen.-añadió sonriente.- ¡En cuanto la prueba finalice, todo volverá a estar como siempre!-aseguró.- Bien, supongo que ya habrán adivinado en qué consiste la prueba, ¿no?

-Un laberrinto.-habló Krum.

-¡Eso es!-corroboró Bagman.- Un laberinto. La tercera prueba es así de sencilla: la Copa de los tres magos estará en el centro del laberinto. El primero en llegar a ella recibirá la máxima puntuación.

-¿Simplemente tenemos que guecoguegellabeguinto?-preguntó Fleur.

-Sí, pero habrá obstáculos.-replicó Bagman, dando saltitos de entusiasmo.- Hagrid está preparando unos cuantos bichejos... y tendrán que romper algunos embrujos...ese tipo de cosas, ya se imaginan. Bueno, los campeones que van delante en puntuación saldrán los primeros.-Bagman dirigió a Cedric y Harry una amplia sonrisa.- Luego entrará el señor Krum y la señorita Potter... y  al final la señorita Delacour.-Fleur bajó la cabeza, pero Tabatha le sonrió y le levantó los pulgares en señal de apoyo.- Pero todos tendrán posibilidades de ganar: eso dependerá de lo bien que superen los obstáculos. Parece divertido, ¿verdad?-los mellizos compartieron una mirada. Los dos conocían de sobra el tipo de animales que Hagrid buscaría para una ocasión como aquélla. Aquello no era precisamente divertido. Sin embargo, como los otros campeones, asintieron.-Muy bien. Si no tienen ninguna pregunta, volveremos al castillo. Está empezando a hacer frío...-

Bagman alcanzó a Harry cuando salían del laberinto. Tuvo la impresión de que iba a volver a ofrecerle ayuda, pero justo entonces Krum le dio a Harry unas palmadas en el hombro.

-¿Podrríamos hablarr?

-Sí, claro.-contestó Harry, algo sorprendido.

-¿Te importa si caminamos juntos?

-No.-

Bagman parecía algo contrariado.

-Te espero, ¿quieres, Harry?-

-No hace falta, señor. Podré volver por mi cuenta.-

-¿Vamos?-Cedric abrazó a Tabatha por los hombros.

-Nos vemos, Fleur, Viktor.-saludó la pelirroja, enfilando hacia el castillo.

-Ya no queda mucho.-comentó el muchacho, caminando por la explanada.

-Cierto.-murmuró Tabatha, mirando por encima de su hombro.

-¿Estás bien?-volvió la vista al frente y sonrió de lado.

-Sí, sí. Solo que…-hizo una pausa y se mordisqueó el labio.-Nada. No pasa nada.-

-¿Segura?-asintió con convicción.-De acuerdo, te creo.-la estrechó más contra sí, frotándole los hombros.

-¿De qué crees que estén hablando Harry y Viktor?-preguntó la pelirroja, mirando por encima de su hombro nuevamente.

-¿Tú amiga, Hermione?-Tabatha se llevó la mano a la frente y cerró los ojos.

-Sobre el artículo de Rita Skeeter.-murmuró.-Lo había olvidado.-

-Y ya que hablamos de eso…-Cedric se aclaró la garganta.- Leí el que hablaba de ti.-

-¿No me digas que te lo va a creer?-inquirió la pelirroja.

-No, no, para nada.-aseguró el muchacho.-Solo qué…-dejó la frase inconclusa y volvió la vista al frente.

-¿Qué?-

-Tenía una duda.-habló.-Sobre la segunda prueba.-Tabatha tragó saliva.- ¿Por qué tu rehén fue uno de los gemelos Weasley?-

-La verdad es que no tengo ni idea.-respondió ella.- Y ya que hablamos de eso…-le dirigió una mirada con los ojos entre cerrados.- ¿Por qué tú rehén era Cho Chang?-

Cedric se encogió de hombros.

-La verdad es que no tengo ni idea.-Tabatha rodó los ojos y juntos atravesaron el umbral del castillo.- Te acompaño hasta tu torre.-

-Que romántico eres.-justo cuando dieron un paso para seguir avanzando, algo pasó corriendo a su lado chocando contra la pelirroja.

-¡Lo lamento!-se disculpó Harry, ayudando a su hermana.

-¿Se puede saber qué te pasa?-cuestionó ella, ayudándose también de Cedric.

-Ne…necesito ir con Dumbledore.-respondió el azabache.

-¿Por qué?-inquirió el tejón.

-¡Vengan si quieren!-Harry dio media vuelta y volvió a correr. La pareja se miraron y no dudaron en ir tras él.

El azabache subió como un rayo la escalinata de piedra, atravesó las puertas de roble y se lanzó por la escalinata de mármol hacia el segundo piso. Cinco minutos después se precipitaba hacia una gárgola de piedra que decoraba el vacío corredor.

-¡Sor... sorbete de limón!-exclamó jadeando, siendo alcanzado por Tabatha y Cedric.

-Esa es la contraseña.-murmuró la pelirroja, avanzando un paso.-Se supone que debe hacerse a un lado.

-¡Muévete!-gritó Harry.- ¡Vamos!-

-¡Si le gritas no se moverá!-contestó su hermana.

-Quizá Dumbledore esté en el salón de profesores…-opinó Cedric.

Harry no tardó en precipitarse hacia las escaleras, con los otros dos detrás.

-¡POTTER!-

Snape acababa de salir de la escalera oculta tras la gárgola de piedra. El muro se cerraba a sus espaldas mientras hacía señas a Harry para que fuera hacia él.

-Ay no.-susurró el azabache, obedeciendo.

-¿Qué hacen aquí, Potter?-escudriñó a Cedric.- Lo mismo va para usted, Diggory.-

-¡Tengo que hablar con el profesor Dumbledore!-exclamó Harry, retrocediendo por el corredor y resbalando un poco al pararse en seco delante  de Snape.- Es el señor Crouch…acaba de aparecer…está en el bosque…pregunta…-la pareja volvió a intercambiar una mirada.

-Pero ¿qué está diciendo?-exclamó Snape. Los ojos negros le brillaban.- ¿Qué tonterías son ésas?

-¡El señor Crouch!-gritó.- ¡El del Ministerio! ¡Está enfermo o algo parecido...! Está en el bosque y quiere ver a Dumbledore. ¡Por favor, deme la contraseña!

-El director está ocupado, Potter.-informó Snape curvando sus delgados  labios en una desagradable sonrisa.

-¡Tengo que decírselo a Dumbledore!-insistió.

-¿No me ha oído, Potter?

Harry hubiera jurado que Snape disfrutaba al negarle lo que le pedía en un momento en el que estaba tan asustado.

-Mire.-le dijo enfadado.-Crouch no está bien…está…está como loco…dice que quiere advertir...

Tras Snape se volvió a abrir el muro. Apareció Dumbledore con una larga túnica verde y expresión de ligera extrañeza.

-¿Hay algún problema?-preguntó, mirando a los presentes.

-¡Profesor!-dijo Harry, adelantándose a Snape.- El señor Crouch está aquí. ¡Está en el bosque, y quiere hablar con usted!- esperaba que el director le hiciera preguntas pero, para alivio suyo, no fue así.

-Llévame hasta allí.- indicó de inmediato, y fue tras él por el corredor dejando a Snape junto a la gárgola, que a su lado no parecía tan fea.

-Ohm…-Cedric sonrió de lado.-Buenas noches, profesor.-

-¡Largo!-los echó Snape.

Tabatha no tardó en aferrarse a la mano de Cedric.

-¿A dónde…?-

-No pienso perderme esto.-lo interrumpió la pelirroja, mientras echaba a correr detrás de su hermano.

-¿Qué ha dicho el señor Crouch, Harry?-preguntó Dumbledore cuando bajaban apresuradamente por la escalinata de mármol y eran alcanzados por los otros dos.

-Dice que quiere advertirle...dice que ha hecho algo terrible...menciona a su hijo... y a Bertha Jorkins... y... y a Voldemort...dice algo de que Voldemort se hace fuerte...

-¿De veras?-inquirió Dumbledore, y apresuró el paso para atravesar los terrenos sumidos en completa oscuridad.

-No se comporta con normalidad.-comentó Harry, corriendo al lado del director.- No parece que sepa dónde está. Habla como si creyera que Percy Weasley está con él, y de repente cambia y pide verlo a usted...-

-¿Con quién lo has dejado?-preguntó Tabatha.- ¿Está solo?-

-No, está con Viktor Krum.

-¿Cómo? ¿Lo has dejado con Krum?-exclamó Dumbledore bruscamente, y comenzó a dar pasos aún más largos. Los tres estudiantes tuvieron que correr para no quedarse atrás.- ¿Sabes si alguien más ha visto al señor Crouch?

-Nadie.-respondió.- Krum y yo estábamos hablando. El señor Bagman ya había acabado de explicarnos en qué consiste la tercera prueba, y nosotros nos quedamos atrás. Entonces vimos al señor Crouch salir del bosque.

-¿Dónde están?-preguntó Dumbledore, cuando el carruaje de Beauxbatons se hizo visible. 

-Por ahí.-contestó Harry adelantándose a Dumbledore y guiándolo por entre los árboles.

No se oía la voz de Crouch, pero sabía hacia dónde tenía que ir. No era mucho más allá del carruaje de Beauxbatons... más o menos por aquella zona...

-¡Viktor!-gritó Harry. No respondieron.-Los dejé aquí.-explicó.-Tienen que estar por aquí...

-¡Lumos!-dijo Dumbledore para encender la varita, y la mantuvo en alto.

El delgado foco de luz se desplazó de un oscuro tronco a otro, iluminando el suelo. Y al final hizo visible un par de pies.

-¡Allí!-señaló la pelirroja. Harry y Dumbledore se acercaron aprisa. Krum estaba tendido en el suelo del bosque. Parecía inconsciente. No había ni rastro del señor Crouch. Dumbledore se inclinó sobre él y le levantó un párpado con cuidado.

-Está desmayado.-aseguró con voz suave. En las gafas de media luna brilló la luz de la varita cuando miró entre los árboles cercanos.

-¿Voy a buscar a alguien?-sugirió Cedric.- ¿A la señora Pomfrey?

-No.-dijo Dumbledore rápidamente.-Quédate aquí.-levantó en el aire la varita y apuntó con ella a la cabaña de Hagrid. Harry vio que algo plateado salía de ella a gran velocidad y atravesaba por entre los árboles como un pájaro fantasmal. A continuación Dumbledore volvió a inclinarse sobre Krum, le apuntó con la varita.- ¡Enervate!

Krum abrió los ojos de golpe. Parecía confuso. Al ver a Dumbledore trató de sentarse, pero él le puso una mano en el hombro y lo hizo permanecer tumbado.

-¡Me atacó!-murmuró Krum, llevándose una mano a la cabeza.- ¡Me atacó el viejo loco! Estaba mirrando si venía Potter, y me atacó por detrrás!

-Descansa un momento.-le indicó Dumbledore. Oyeron un ruido de pisadas antes de ver llegar a Hagrid jadeando, seguido por Fang. Había tomado su ballesta.

-¡Profesor Dumbledore!-exclamó con los ojos muy abiertos.- ¡Chicos!, ¿qué...?

-Hagrid, necesito que vayas a buscar al profesor Karkarov.-lo interrumpió el director.-Han atacado a un alumno suyo. Cuando lo hayas hecho, ten la bondad de traer al profesor Moody.

-No hará falta, Dumbledore.-dijo una voz que era como un gruñido sibilante.- Estoy aquí.- Moody se acercaba rengueando, apoyándose en su bastón y con la varita encendida.-Maldita pierna.-protestó furioso.-Hubiera llegado antes... ¿Qué ha pasado? Snape dijo algo de Crouch...

-¿Crouch?-repitió Hagrid sin comprender.

-¡Hagrid, por favor, ve a buscar a Karkarov!-exclamó Dumbledore bruscamente.

-Ah, sí... ya voy, profesor.- Hagrid se volvió y desapareció entre los oscuros árboles. Fang fue trotando tras él.

-No sé dónde estará Barty Crouch.- dijo Dumbledore a Moody.-Pero es necesario que lo encontremos.

-Me pondré a ello.-gruñó Moody. Sacó la varita, y penetró en el bosque rengueando.

Ni Dumbledore ni los mellizos ni Cedric volvieron a decir nada hasta que oyeron los inconfundibles sonidos de Hagrid y Fang, que volvían. Karkarov iba muy aprisa tras ellos. Llevaba su lustrosa piel plateada, y parecía nervioso y pálido.

-¿Qué es esto?-gritó al ver en el suelo a Krum.- ¿Qué pasa?

-¡Me ha atacado!-respondió Krum, incorporándose en aquel momento y frotándose la cabeza.- El señorr Crrouch o como se llame.

-¿Que Crouch te atacó? ¿Que Crouch te atacó? ¿El miembro del tribunal?-

-Igor...-comenzó Dumbledore, pero Karkarov se había erguido, agarrándose las pieles con que se cubría.

-¡Traición!-gritó, señalando al director de Hogwarts.- ¡Es una confabulación! ¡Tú y tu Ministerio de Magia me han atraído con falsedades, Dumbledore! ¡No es una competición justa! ¡Primero cuelas a los hermanos Potter en el Torneo, a pesar de que no tienen la edad! ¡Ahora uno de tus amigos del Ministerio intenta dejar fuera de combate a mi campeón! ¡Todo este asunto huele a corrupción y a trampa, y tú, Dumbledore, tú, con el cuento de entablar lazos entre los magos de distintos países, de restablecer las antiguas relaciones, de olvidar las diferencias... mira lo que pienso de ti!

Karkarov escupió a los pies de Dumbledore. Con un raudo movimiento, Hagrid lo agarró por las pieles, lo levantó en el aire y lo estampo contra un árbol cercano.

-¡Pida disculpas!-le ordenó, mientras Karkarov intentaba respirar con el puño de Hagrid en la garganta y los pies en el aire.

-¡Déjalo, Hagrid!-gritó Dumbledore, con un destello en los ojos.  Hagrid retiró la mano que sujetaba a Karkarov al árbol, y éste se deslizó por el tronco y quedó despatarrado entre las raíces. Le cayeron algunas hojas y ramitas en la cabeza.-Hagrid, ten la bondad de acompañar a mis alumnos al castillo.-pidió con brusquedad. Resoplando de furia, Hagrid echó una dura mirada a Karkarov.

-Creo que sería mejor que me quedara aquí, director...

-Llevarás a estos niños de regreso al colegio, Hagrid.-repitió Dumbledore con firmeza.-Llévalos hasta sus salas comunes. Y quiero que no salgan de ellas. Cualquier cosa que quieran hacer... como enviar alguna lechuza... puede esperar a mañana, ¿me han entendido?

-Eh... sí.-respondieron los tres.

-Dejaré aquí a Fang, director.-dijo Hagrid, sin dejar de mirar amenazadoramente a Karkarov, que seguía despatarrado al pie del árbol, enredado con pieles y raíces.- Quieto, Fang. Vamos, muchachos.

Caminaron en silencio, pasando junto al carruaje de Beauxbatons, y luego subieron hacia el castillo.

-Cómo se atreve.-gruñó Hagrid cuando iban a la altura del lago.-Cómo se atreve a acusar a Dumbledore. Como si Dumbledore fuera a hacer algo así, como si él deseara su entrada en el Torneo. Creo que nunca lo había visto tan preocupado como últimamente. ¡Y tú!-le dijo de pronto, enfadado, a Harry,  que lo miraba desconcertado.- ¿Qué hacías paseando con ese maldito Krum? ¡Es de Durmstrang, Harry! ¿Y si te echa un maleficio? ¿Es que Moody no te ha enseñado nada? Imagina que te atrae a su propio...

-¡Krum no tiene nada de malo!-replicó Tabatha mientras entraban en el vestíbulo.

-No ha intentado echarme ningún maleficio. Sólo hemos hablado de Hermione.-aseguró Harry.

-También tendré unas palabras con ella.-declaró Hagrid ceñudo, pisando fuerte en los escalones.-Cuanto menos tengan que ver con esos extranjeros, mejor les irá. No se puede confiar en ninguno de ellos.

-Pues tú te llevabas muy bien con Madame Máxime.-señaló Harry, disgustado.

-¡No me hables de ella!-contestó Hagrid, y su aspecto se volvió amenazador por un momento.- ¡Ya la tengo calada! Trata de engatusarme para que le diga en qué va a consistir la tercera prueba. ¡Ja! ¡No hay que fiarse de ninguno! ¡Tú!-señaló a Cedric.-Los dejo a ellos y te acompaño a tu sala común.-el tejón asintió varias veces.

Hagrid estaba de tan mal humor que los mellizos se alegraron de despedirse de él delante de la Señora Gorda. Apenas traspasaron el hueco del retrato y el guardabosque ya se llevaba a rastras al Cedric.