"Los mellizos Potter" — capítulo 111
Capítulo 26
El regreso de Canuto
"Vayan al paso de la cerca que hay al final de la carretera que sale de Hogsmeade (más allá de Dervish y Banges) el sábado a las dos en punto de la tarde. Lleven toda la comida que puedan."
-¡No habrá vuelto a Hogsmeade!-exclamó Ron, sorprendido.
-Eso parece.-observó Hermione.
-No puedo creerlo.-dijo Harry muy preocupado.- Si lo atrapan...
-Hasta ahora no lo han conseguido.-recordó Tabatha.-Y el lugar ya no está lleno de Dementores.
Los cuatro bajaron hacia las mazmorras y en el camino se encontraron con Malfoy, Crabbe y Goyle quienes habían formado un corrillo a la puerta de la clase con la pandilla de chicas de Slytherin a la que pertenecía Pansy Parkinson. Todos miraban algo que ellos no podían distinguir, y se reían por lo bajo con muchas ganas. La cara de Pansy asomó por detrás de la ancha espalda de Goyle y los vio acercarse.
-¡Ahí están, ahí están!-anunció con una risa tonta, y el corro se rompió.
-¿Qué cuentas, cara de Bulldog?-preguntó Tabatha, cruzándose de brazos. Tarde se percató de que Pansy llevaba un ejemplar de la revista Corazón de bruja.
Parkinson corrió a la pelirroja de su lugar, pero teniendo cuidado de no tocarla mucho.
-¡A lo mejor encuentras aquí algo de tu interés, Granger!-dijo en voz alta, y le tiró la revista a Hermione, quien la atrapó algo sobresaltada.
En aquel momento se abrió la puerta de la mazmorra, y Snape les hizo señas de que entraran.
Los cuatro se encaminaron hacia su pupitre al final de la mazmorra. En cuanto Snape volvió la espalda para escribir en la pizarra los ingredientes de la poción de aquel día, Hermione se apresuró a hojear la revista bajo el pupitre. Al fin, en las páginas centrales, encontró lo que buscaba.
Los mellizos y Ron se inclinaron un poco para ver mejor. Una fotografía en color de Harry encabezaba un pequeño artículo.
-¿Por qué presiento que esto no va a ser bueno?-susurró Tabatha.
La pena secreta de Harry Potter:
Tal vez sea diferente. Pero, aun así, es un muchacho que padece todos los sufrimientos típicos de la adolescencia, nos revela Rita Skeeter. Privado de amor desde la trágica pérdida de sus padres, a sus catorce años Harry Potter creía haber encontrado consuelo en Hogwarts en su novia, Hermione Granger, una muchacha hija de muggles. Poco sospechaba que no tardaría en sufrir otro golpe emocional en una vida cuajada de pérdidas. La señorita Granger, una muchacha nada agraciada pero sí muy ambiciosa, parece sentir debilidad por los magos famosos, debilidad que ni siquiera Harry ha podido satisfacer por sí solo. Desde la llegada a Hogwarts de Viktor Krum, el buscador búlgaro y héroe de los últimos Mundiales de Quidditch, la señorita Granger ha jugado con los afectos de ambos muchachos. Krum, que está abiertamente enamorado de la taimada señorita Granger, la ha invitado ya a visitarlo en Bulgaria durante las vacaciones de verano, no sin antes declarar que jamás había sentido lo mismo por ninguna otra chica.
Sin embargo, podrían no ser los dudosos encantos naturales de la señorita Granger los que han conquistado el interés de estos pobres chicos.
-Es fea con ganas…-nos declara Pansy Parkinson, una bonita y vivaracha alumna de cuarto curso.-…pero es perfectamente capaz de preparar un filtro amoroso, porque es una sabelotodo. Supongo que así lo consigue.-
Como es natural, los filtros amorosos están prohibidos en Hogwarts, y no cabe duda de que Albus Dumbledore esté interesado en investigar estas sospechas. Mientras tanto, las admiradoras de Harry Potter tendremos que conformarnos con esperar que la próxima vez le entregue su corazón a una candidata más digna de él.
-¿Por qué no dijo nada mí?-preguntó Tabatha, con el ceño fruncido.-Yo le he dicho cosas peores.-
-¡Te lo advertí!- dijo Ron a Hermione entre dientes, mientras ella seguía con la vista fija en el artículo.- ¡Te advertí que no debías picarla! Tab, tal vez esté guardándose las cosas más desagradables para ti. Pero a Hermione, ¡la ha presentado como una especie de... de mujer fatal!
Del rostro de Hermione desapareció la expresión de aturdimiento, y en su lugar soltó una risotada.
-¿Mujer fatal?-repitió, conteniendo la risa.
-Es como las llama mi madre.-murmuró Ron, ruborizándose.
-Si Rita no es capaz más que de esto, es que está perdiendo sus habilidades.-dijo Hermione, volviendo a reírse y dejando el número de Corazón de bruja sobre una silla vacía.- ¡Qué montón de basura!
Miró a los de Slytherin, que los observaban detenidamente para ver si se enfadaban con el artículo. Pero, en cambio, les dirigió una sonrisa sarcástica y un gesto de la mano, y tanto ella como Tabatha, Ron y Harry empezaron a sacar los ingredientes que necesitarían para la poción agudizadora del ingenio.
-Pero hay algo muy curioso.-dijo la pelirroja diez minutos después, deteniendo la mano de mortero sobre el almirez lleno de escarabajos.- ¿Cómo puede haberse enterado Rita Skeeter...?
-¿De qué?-se apresuró a preguntar Ron.- Ella no ha preparado filtros amorosos, ¿no?
-No seas idiota.-soltó Hermione, comenzando a machacar los escarabajos.-Lo que Tab quiere decir... ¿cómo se habrá enterado de que Viktor Krum me ha invitado a visitarlo este verano?- se puso como un tomate al explicar esto, y evitó por todos los medios la mirada de Ron.
-¿Qué?-exclamó éste, dejando caer la mano de mortero, que hizo bastante ruido.
-Me lo pidió justo después de sacarme del lago.-susurró Hermione.- Después de volver a transformarse la cabeza. La señora Pomfrey nos dio una manta a cada uno, y luego él me llevó aparte para que no pudieran oírnos, y me dijo que si no tenía nada pensado para el verano, tal vez me gustaría...
-¿Y qué le respondiste?-la interrumpió Ron, que había recuperado la mano de mortero y lo estaba usando sobre la mesa, bastante lejos de donde tenía el almirez, porque no apartaba los ojos de Hermione. Los mellizos compartieron una mirada y siguieron con lo suyo.
-Y dijo que nunca había sentido lo mismo por ninguna otra chica.-siguió la castaña, poniéndose tan colorada que en aquel momento Ron casi notaba el calor que desprendía.- Pero ¿cómo pudo oírlo Rita Skeeter? Ella no estaba por allí, ¿o sí? A lo mejor tiene una capa invisible, a lo mejor se infiltró en los terrenos del colegio para ver la segunda prueba...
-¿Y qué le respondiste tú?-repitió Ron, pegando tan fuerte con la mano de mortero que hizo una marca en el pupitre.
-Bueno, yo estaba demasiado ocupada intentando averiguar si ustedes dos estaban bien.
-Por fascinante que sea su vida social, señorita Granger…-dijo una voz fría detrás de ellos.-…le rogaría que no tratara sobre ella en mi clase. Diez puntos menos para Gryffindor.-Snape se había ido acercando sigilosamente a su pupitre mientras hablaban. En aquel momento, toda la clase los observaba. Malfoy aprovechó para lucir la inscripción POTTER APESTA de su insignia.
-¡Ah...! ¿También leyendo revistas bajo la mesa?-añadió Snape, tomando el ejemplar de Corazón de bruja.-
-¡Es mía!-se apresuró a decir Tabatha, tratando de recuperarla.
-Otros diez puntos menos para Gryffindor...-Snape la miró con los ojos entrecerrados.- Ah, claro…-en la mirada de Snape apareció un misteriosa sombra.- Potter tiene que estar al día de sus apariciones en la prensa...
Las carcajadas de los de Slytherin resonaron en el aula, y una desagradable sonrisa dibujó una mueca en los delgados labios de Snape. Para indignación de Harry, comenzó a leer el artículo en voz alta.
-La pena secreta de Harry Potter...Vaya, vaya, Potter, ¿de qué sufre usted ahora?-se mofó.- Tal vez sea diferente. Pero, aun así...-Harry notaba que le ardía la cara. Snape se paraba al final de cada frase para dejar que los de Slytherin se rieran.-... las admiradoras de Harry Potter tendremos que conformarnos con esperar que la próxima vez le entregue su corazón a una candidata más digna de él.-soltó un bufido y cerró la revista.- ¡Qué conmovedor!- las risas de los de Slytherin continuaban.- Bueno, creo que lo mejor será que los separe a los cuatro para que puedan pensar en sus pociones y olvidar por un momento sus enmarañadas vidas amorosas. Weasley, Granger, quédense donde están; señorita Potter, allá, con la señorita Parkinson.-Tabatha dejó escapar un gritito y con desdén, junto sus cosas.- Potter, a la mesa que está enfrente de la mía. Muévase, ya.-
Furioso, Harry echó los ingredientes y la mochila en el caldero, y lo llevó hasta la mesa vacía que había en la parte de delante de la mazmorra. Snape lo siguió, se sentó a su mesa y observó a Harry vaciando el caldero.
-Hola, Potter.-Parkinson sonrió malévolamente y cedió un espacio de su mesa.-Estaba reservándome lo mejor para el final de clases, pero…creo que mejor te lo doy ahora.-
-Me muero por saber que es.-ironizó Tabatha, rodando los ojos y sacando los ingredientes.
Parkinson extendió un segundo número de Corazón de Bruja.
-Es interesante lo que dice de ti.-susurró la Slytherin, solando una risita.
La pelirroja no le prestó mucha atención y siguió con sus cosas. Más adelante, en el escritorio del profesor, Snape susurraba lo bastante alto y parecía reprender a Harry.
Llamaron a la puerta de la mazmorra.
-Pase.-dijo Snape en su tono habitual.
Toda la clase miró hacia la puerta. Entró el profesor Karkarov y se dirigió a la mesa de Snape, enroscándose el pelo de la barbilla en el dedo. Parecía nervioso.
-Tenemos que hablar.-dijo abruptamente, cuando hubo llegado hasta Snape. Parecía tan interesado en que nadie más entendiera lo que decía, que apenas movía los labios.
Evitando las palabrerías de Parkinson y sus amigas, Tabatha trató de escuchar.
-Hablaremos después de clase, Karkarov...-susurró Snape, pero el búlgaro lo interrumpió.
-Quiero hablar ahora, no quiero que te escabullas, Severus. Me has estado evitando.
-Después de clase.-repitió Snape.
Karkarov permaneció detrás del escritorio durante el resto de la doble clase. Al parecer, quería evitar que el profesor de pociones se le escapara al final. Cuando sonó la campana, Tabatha se apresuró a tomar sus cosas y salir.
-¡No te olvides la revista!-exclamó Pansy, acercándosela.- Me encantaría ver tu expresión.-sonrió malévolamente y se alejó con sus compañeras.
Tabatha miró hacia la mesa donde estaba su hermano, pero descubrió que estaba haciendo trabajo de espía, escuchando todo lo que pudiese de la conversación entre los dos profesores.
-¿Qué es eso?-preguntó Hermione, cuando los tres iban hacia la sala común.
-Me lo dio Parkinson.-respondió.
-Oh, oh, ¿Por qué sé que esto no me gustará?-habló Ron.
Tabatha buscó y rebuscó entre las páginas, hasta que halló una en donde había un gran corazón con las fotos de tres personas.
"Tabatha Luna Potter: ¿una roba corazones o una desalmada rompe corazones?
Como hemos visto en páginas anteriores, los hermanos Potter se han ganado el cariño de todo el mundo mágico. Las fans de Harry, estamos un tanto apenadas por la reciente novedad de su relación con la señorita Hermione Granger. Pero, ¿qué hay de aquellos fans, del público masculino, que babean por la dulce e inofensiva Tabatha Potter?
Rumores se decían, por los pasillos de Hogwarts, que la niña que vivió ha sido tocada por la flecha de cupido. ¿Quién es el afortunado? ¡Nada más y nada menos que…! ¡CEDRIC DIGGORY! Pero no se desanimen, admiradoras del campeón de Hogwarts. También se han corrido rumores de supuestas crisis en la pareja.
"Qué yo sepa, Potter siempre va en compañía de uno de los gemelos Weasley. Todos saben que hay más que amistad entre ellos. Cuando Diggory no ve, se andan besuqueando por los pasillos".
Nos confesó Pansy Parkinson. ¿Será Tabatha Potter, igual a su amiga Hermione Granger?
Fotos de la pareja en página 20.
..*
A las doce del día siguiente salieron del castillo bajo un débil sol plateado que brillaba sobre los campos. El tiempo era más suave de lo que había sido en lo que llevaban de año, y cuando llegaron a Hogsmeade los cuatro se habían quitado la capa y se la habían echado al hombro. En la mochila de Harry llevaban la comida que Sirius les había pedido: una docena de muslos de pollo, una barra de pan y un frasco de zumo de calabaza que les habían servido en la comida.
Fueron a Tiroslargos Moda a comprar un regalo para Dobby, y se divirtieron eligiendo los calcetines más estrambóticos que vieron, incluido un par con un dibujo de refulgentes estrellas doradas y plateadas y otro que chillaba mucho cuando empezaba a oler demasiado. A la una y media subieron por la calle principal, pasaron Dervish y Banges y salieron hacia las afueras del pueblo. El ventoso callejón salía hacia el campo sin cultivar que rodeaba Hogsmeade. Las casas estaban por allí más espaciadas y tenían jardines más grandes. Caminaron hacia el pie de la montaña que dominaba el pueblo, doblaron una curva y vieron al final del camino unas tablas puestas para ayudar a pasar una cerca. Con las patas delanteras apoyadas en la tabla más alta y unos periódicos en la boca, un perro negro, muy grande y lanudo, parecía aguardarlos. Lo reconocieron enseguida.
-Hola, Sirius.-saludó Harry, cuando llegaron hasta él.
El perro olió con avidez su mochila, meneó la cola, y luego se volvió y comenzó a trotar por el campo cubierto de maleza que subía hacia el rocoso pie de la montaña. Los cuatro traspasaron la cerca y lo siguieron.
Sirius los condujo a la base misma de la montaña, donde el suelo estaba cubierto de rocas y cantos rodados, y empezó a ascender por la ladera: un camino fácil para él, con sus cuatro patas; pero sus acompañantes se quedaron pronto sin aliento. Siguieron subiendo tras él durante casi media hora por el mismo camino pedregoso, empinado y serpenteante. El perro movía la cola mientras ellos sudaban bajo el sol. A Harry le dolían los hombros por las correas de la mochila.
Al final Sirius se perdió de vista, y, cuando llegaron al lugar en que había desaparecido, vieron una estrecha abertura en la piedra. Se metieron por ella con dificultad y se encontraron en una cueva fresca y oscura. Al fondo, atado a una roca, se hallaba Buckbeak. Sus fieros ojos naranja brillaron al verlos. Los cuatro se inclinaron notoriamente ante él, y, después de observarlos por un momento, Buckbeak dobló sus escamosas rodillas delanteras y permitió que las chicas se acercaran y les acariciara el cuello con plumas. Harry, sin embargo, miraba al perro negro, que acababa de convertirse en su padrino.
Sirius llevaba puesta una túnica gris andrajosa, la misma que llevaba al dejar Azkaban, y estaba muy delgado. Tenía el pelo más largo que cuando se había aparecido en la chimenea, y sucio y enmarañado como el curso anterior.
-¡Pollo!-exclamó con voz ronca, después de haberse quitado de la boca los números atrasados de El Profeta y haberlos echado al suelo de la cueva. Harry sacó de la mochila el pan y el paquete de muslos de pollo y se lo entregó.-Gracias.-dijo mientras que lo desenvolvía de inmediato, tomó un muslo y se puso a devorarlo sentado en el suelo de la cueva.- Me alimento sobre todo de ratas. No quiero robar demasiada comida en Hogsmeade, porque llamaría la atención.
Sonrió a Harry, pero a éste le costó esfuerzo devolverle la sonrisa.
-¿Qué haces aquí, Sirius?-le preguntó.
-Cumplir con mi deber de padrino.-respondió, royendo el hueso de pollo de forma muy parecida a como lo habría hecho un perro.- No te preocupes por mí: me hago pasar por un perro vagabundo de muy buenos modales.
-Sirius…-Tabatha se alejó del Hipogrifo y se sentó cerca del padrino de su hermano.
-Quiero estar cerca.-reconoció.- Tu última carta... Bueno, digamos simplemente que cada vez me huele todo más a problemas. Voy recogiendo los periódicos que la gente tira, y, a juzgar por las apariencias, no soy el único que empieza a preocuparse.
Señaló con la cabeza los amarillentos números de El Profeta que estaban en el suelo. Ron los tomó y los desplegó. Harry, sin embargo, siguió mirando a Sirius.
-¿Y si te atrapan? ¿Qué pasará si te descubren?
-Ustedes cuatro y Dumbledore son los únicos por aquí que saben que soy un animago.-respondió, encogiéndose de hombros y siguiendo con el pollo.
Ron le dio un codazo a Harry y le pasó los ejemplares de El Profeta. Eran dos: el primero llevaba el titular "La misteriosa enfermedad de Bartemius Crouch"; el segundo, "La bruja del Ministerio sigue desaparecida. El ministro de Magia se ocupa ahora personalmente del caso". Harry miró el artículo sobre Crouch. Las frases le saltaban a los ojos: "No se lo ha visto en público desde noviembre... la casa parece desierta... El Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas rehúsa hacer comentarios... El Ministerio se niega a confirmar los rumores de enfermedad crítica..."
-Suena como si se estuviera muriendo.-comentó Harry.- Pero no puede estar tan enfermo si se ha metido en Hogwarts...
-Mi hermano es el ayudante personal de Crouch.-informó Ron a Sirius.- Dice que lo que tiene Crouch se debe al exceso de trabajo.
-Eso sí, la última vez que lo vi de cerca parecía enfermo.-añadió Harry pensativamente, sin dejar el periódico.-La noche en que salió nuestros nombres del cáliz...
-Se está llevando su merecido por despedir a Winky.-dijo Hermione con frialdad. Estaba acariciando a Buckbeak, que mascaba los huesos de pollo que Sirius iba dejando.- Apuesto a que se arrepiente de haberlo hecho. Apuesto a que ahora que ella no está para cuidarlo se da cuenta de lo que valía.
-Hermione está obsesionada con los elfos domésticos.-le explicó Ron a Sirius, dirigiendo a Hermione una mirada severa. Pero Sirius parecía interesado.
-¿Crouch despidió a su elfina doméstica?-
-Sí, en los Mundiales de Quidditch.-repuso Tabatha, y narró la historia de la aparición de la Marca Tenebrosa y de que habían encontrado a Winky con la varita de ellos en la mano, y del enojo del señor Crouch. Cuando hubo concluido, Sirius se puso de nuevo en pie y comenzó a pasear de un lado a otro de la cueva.
-A ver si lo he entendido todo bien.-dijo después de un rato, blandiendo un nuevo muslo de pollo.- Primero vieron en la tribuna principal a la elfina, que le estaba guardando un sitio a Crouch, ¿no es así?
-Sí.-respondieron los cuatro al mismo tiempo.
-Pero Crouch no apareció en todo el partido.
-No.-confirmó Harry.-Me parece que dijo que había estado muy ocupado.
Sirius paseó en silencio por la cueva.
-¿Miraron en los bolsillos si estabas las varitas después de dejar la tribuna principal?
-Eh...-Harry intentó recordar.- No.-contestó por fin.- No la necesité antes de llegar al bosque. Entonces metí la mano en el bolsillo, y lo único que encontré fueron los omniculares.-miró a Sirius.- ¿Crees que el que hizo aparecer la Marca Tenebrosa robó las varitas en la tribuna principal?
-Tal vez.-dijo Sirius.
-¡Winky no las robó!-aseguró Hermione con vehemencia.
-La elfina no estaba sola en la tribuna principal, ¿verdad?-dijo Sirius frunciendo el entrecejo mientras seguía paseando.- ¿Quién más había sentado detrás de ti?
-Mucha gente.-explicó Tabatha.- Funcionarios búlgaros... Cornelius Fudge... los Malfoy...
-¡Los Malfoy!-exclamó Ron de repente, tan alto que su voz retumbó en la cueva. Buckbeak sacudió la cabeza nervioso.- ¡Seguro que fue Lucius Malfoy!
-¿Nadie más?
-Nadie.-dijo Harry.
-Sí, había alguien más: Ludo Bagman.-recordó Hermione.
-¡Ah, sí...!
-No sé nada de Bagman, salvo que fue golpeador en las Avispas de Wimbourne.-comentó Sirius, sin dejar de pasear.- ¿Cómo es?
-Genial.-habló Harry.- Se empeña en ofrecernos ayuda para el Torneo.-
-¿De verdad?-el ceño de Sirius se hizo más profundo.- ¿Por qué lo hará?
-Dice que tiene debilidad por nosotros.
-Mmm.-Sirius se quedó pensativo.
-Lo vimos en el bosque justo antes de que apareciera la Marca Tenebrosa.-dijo Hermione.- ¿Se acuerdan?-añadió.
-Sí, pero no se quedó en el bosque.-observó la pelirroja.- En cuanto le hablamos del altercado, se fue al campamento.
-¿Cómo lo sabes?-objetó Hermione.- ¿Cómo sabes adónde fue al desaparecerse?
-¡Vamos!-exclamó Ron, interviniendo.- ¿Es que crees que fue Bagman el que hizo aparecer la Marca Tenebrosa?
-Antes sospecho de él que de Winky.-replicó Hermione con testarudez.
-Ya te lo he dicho.-señaló Ron, dirigiendo a Sirius una significativa mirada.-Está obsesionada con los elfos dom...
Pero Sirius levantó la mano para que se callara.
-¿Qué hizo Crouch después de que apareció la Marca Tenebrosa y de que hubieron descubierto a su elfina con la varita de Harry?
-Se fue a mirar entre los arbustos.-explicó él.-Pero no encontró a nadie más.
-Claro.-susurró Sirius, paseando de un lado a otro.-Claro, quería encontrar a cualquier otro que no fuera su elfina doméstica... ¿Y entonces la despidió?
-Sí.-contestó Hermione muy acalorada.-La despidió sólo porque no se había quedado en la tienda y dejado que la pisotearan.
-¡Deja en paz a la elfina, Hermione!-le dijo Ron.
Pero Sirius negó con la cabeza.
-Ella ha calado a Crouch mejor que tú, Ron. Si quieres saber cómo es alguien, mira de qué manera trata a sus inferiores, no a sus iguales.-se pasó una mano por la cara sin afeitar, intentando pensar.-Todas esas ausencias de Barty Crouch... Se toma la molestia de enviar a su elfina doméstica para que le guarde un asiento en los Mundiales, pero no aparece para ver el partido; trabaja muy duro para reinstaurar el Torneo, y luego también se ausenta... Nada de eso es propio de él. Si antes de esto había dejado alguna vez de ir al trabajo por enfermedad, me como a Buckbeak.
-¿Conoces a Crouch, entonces?- preguntó Tabatha.
La cara de Sirius se ensombreció. De pronto pareció tan amenazador como la noche en que lo habían visto por primera vez, cuando aún creían que era un asesino.
-Conozco a Crouch muy bien.-dijo en voz baja.- Fue el que ordenó que me llevaran a Azkaban... sin juicio.
-¿Qué?-exclamaron a la vez Ron y Hermione.
-¡Bromeas!-dijo Harry.
-No, no bromeo.-respondió Sirius, arrancando otro bocado al muslo de pollo.- Crouch era director del Departamento de Seguridad Mágica, ¿no lo sabían?
Los cuatro negaron con la cabeza.
-Todos pensaban que sería el siguiente ministro de Magia.-explicó Sirius.- Barty Crouch es un gran mago y está sediento de poder. Ah, no, nunca apoyó a Voldemort.-añadió, comprendiendo lo que significaba la expresión de Harry.-No, Barty Crouch fue siempre un declarado enemigo del lado tenebroso. Pero, entonces, un montón de gente que estaba también contra el lado tenebroso... Bueno, no lo entenderán: son demasiado jóvenes...
-Eso es lo que dijo mi padre en los Mundiales.-dijo Ron con un dejo de irritación en la voz.- ¿Por qué no lo intentas?
Sirius sonrió un instante.
-De acuerdo, lo intentaré...-paseó unos momentos por la cueva, y luego empezó a hablar.-Imagínense que Voldemort está ahora mismo en su momento de máximo poder. No saben quiénes lo apoyan, no saben quién es de los suyos y quién no, pero saben que puede controlar a la gente para que haga cosas terribles sin poder evitarlo. Tienen miedo por ustedes mismos, por su familia y por sus amigos. Cada semana llegan las noticias de nuevas muertes, nuevas desapariciones, nuevas torturas... El Ministerio de Magia está sumido en el caos, no sabe qué hacer, intenta que los muggles no se den cuenta de nada, pero, entre tanto, también van muriendo muggles. El terror, el pánico y la confusión cunden por todas partes... Así estaban las cosas.-
-Que Dios no permita eso.-susurró Tabatha, achicándose en su lugar.
-Bueno, esas situaciones sacan a la luz lo mejor de algunas personas y lo peor de otras.-continuó Sirius.-Las intenciones de Crouch tal vez fueran buenas al principio, no lo sé. Ascendió rápidamente en el Ministerio y empezó a aplicar medidas muy duras contra los partidarios de Voldemort. Concedió nuevos poderes a los Aurores: por ejemplo, permiso para matar en vez de capturar. Y yo no fui el único al que entregaron a los Dementores sin juicio previo. Crouch empleó la violencia contra la violencia, y autorizó el uso de las maldiciones imperdonables contra los sospechosos. Diría que llegó a ser tan cruel y despiadado como los que estaban en el lado tenebroso. Tenía sus partidarios, por supuesto: mucha gente que pensaba que aquél era el mejor modo de hacer las cosas, y muchos magos y brujas pedían que asumiera el poder como nuevo ministro de Magia. Cuando desapareció Voldemort, parecía que era sólo cuestión de tiempo que Crouch ocupara el cargo más alto del escalafón, pero entonces sucedió algo bastante inoportuno.- sonrió con tristeza.- El propio hijo de Crouch fue descubierto con un grupo de Mortifagos que se las habían arreglado para salir de Azkaban. Según parecía, buscaban a Voldemort para reinstaurar su poder.
-¿Atraparon al hijo de Crouch?-preguntó Hermione con voz entrecortada.
-Sí.-contestó Sirius, tirándole a Buckbeak el hueso de pollo; luego se apresuró a tomar la barra de pan y partirla por la mitad.-Un golpe duro para Barty, me imagino. Tal vez debería haber dedicado más tiempo a la familia, tal vez debería haber trabajado algo menos y vuelto a su casa antes, de vez en cuando, para conocer a su propio hijo.
Empezó a devorar el pan a grandes bocados.
-¿Su propio hijo era un Mortifago?-inquirió Harry.
-No lo sé realmente.-repuso Sirius, metiéndose más pan en la boca.-Yo ya estaba en Azkaban cuando lo llevaron. Éstas son cosas que en su mayor parte he averiguado después de haber salido. Desde luego, el muchacho fue descubierto en compañía de gente que me apostaría el cuello a que eran Mortifagos, pero tal vez sólo estuviera en el lugar equivocado en el momento equivocado, como la elfina doméstica.
-¿Intentó liberar a su hijo?-susurró Tabatha.
Sirius soltó una risa que sonó casi como un ladrido.
-¿Liberar a su hijo?-repitió.- ¡Creía que habías entendido cómo es, Tab! Quería apartar del camino todo lo que pudiera manchar su reputación; había dedicado su vida entera a escalar puestos para llegar a ministro de Magia. Ya lo viste despedir a su elfina doméstica porque lo había vuelto a asociar con la Marca Tenebrosa... ¿No te da eso a entender cómo es? El amor paternal de Crouch se limitó a concederle un juicio y, según parece, no fue más que una oportunidad para demostrar lo mucho que aborrecía al muchacho...luego lo mandó derecho a Azkaban.
-¿Entregó a su propio hijo a los Dementores?-preguntó Harry en voz baja. Tabatha ahogó gemido y se tapó la boca.
-Sí.-respondió Sirius, y ya no estaba nada sonriente.-Vi cuando los Dementores lo condujeron, los vi a través de los barrotes de mi celda. Lo metieron en una cercana a la mía. No tendría más de diecinueve años. Al caer la noche gritaba llamando a su madre. Al cabo de unos días se calmó, sin embargo...todos terminan calmándose... salvo cuando gritan en sueños.
Por un momento, al rememorar la prisión, la mirada triste de Sirius resultó más triste que nunca.
-Entonces, ¿sigue en Azkaban?-inquirió Harry.
-No.-contestó Sirius con voz apagada.- No, ya no está allí. Murió un año después de entrar.
-¿Murió?
-No fue el único.-dijo Sirius con amargura.- La mayoría se vuelven locos, y muchos terminan por dejar de comer. Pierden la voluntad de vivir. Se sabía cuándo iba a morir alguien porque los Dementores lo sentían, se excitaban. El muchacho parecía bastante enfermo cuando llegó. Como Crouch era un importante miembro del Ministerio, él y su mujer pudieron visitarlo en el lecho de muerte. Fue la última vez que vi a Barty Crouch, casi llevando a rastras a su mujer cuando pasaron por delante de mi celda. Según parece, ella murió también poco después. De pena. Se consumió igual que el muchacho. Crouch no fue a buscar el cadáver de su hijo. Los propios Dementores lo enterraron junto a la fortaleza: yo los vi hacerlo.
Sirius dejó a un lado el pan que acababa de levantar para llevárselo a la boca, y en su lugar tomó el frasco de zumo de calabaza y lo apuró.
-Y de esa forma Crouch lo perdió todo justo cuando parecía que ya lo había alcanzado.-continuó, limpiándose la boca con el dorso de la mano.- Había sido un héroe, preparado para convertirse en ministro de Magia; y un instante más tarde su hijo había muerto, su mujer también, el nombre de su familia estaba deshonrado y, según he escuchado después de salir de la cárcel, su popularidad había caído en picado. Cuando el chico murió, a la gente empezó a darle pena y se preguntaron por qué un chico de tan buena familia se había descarriado de aquella manera. La respuesta que encontraron fue que su padre nunca se había preocupado mucho por él. Y por eso el cargo lo consiguió Cornelius Fudge, y a Crouch lo relegaron al Departamento de Cooperación Mágica Internacional.
Hubo un prolongado silencio. Aquél, pues, era el motivo por el que Crouch se había excedido de tal manera al encontrar a Winky bajo la Marca Tenebrosa. Le había recordado a su hijo, el antiguo escándalo y su caída en desgracia en el Ministerio.
-Moody dice que Crouch está obsesionado con atrapar magos tenebrosos.-le dijo Harry a Sirius.
-Sí, he oído que se ha convertido en una especie de manía suya.-repuso, asintiendo con la cabeza.-Seguramente piensa que todavía tiene esperanzas de recobrar su antigua popularidad si atrapa algún Mortifago.
-¡Y se coló en Hogwarts para registrar el despacho de Snape!-exclamó Ron eufórico, mirando a Hermione.
-Sí, y eso no tiene ningún sentido.-dijo Sirius.
-¡Claro que lo tiene!-insistió el pelirrojo emocionado.
Pero Sirius negó con la cabeza.
-Mira, si Crouch quiere investigar a Snape, ¿por qué no va a las pruebas del Torneo? Sería una excusa ideal para hacer visitas regulares a Hogwarts y tenerlo vigilado.
-O sea, que crees que Snape se trae algo entre manos.-dijo Harry, pero Hermione lo interrumpió.
-Me da igual lo que digan. Dumbledore confía en Snape...
-Vamos, Hermione.-dijo Ron impaciente.-Ya sabemos que Dumbledore es muy inteligente y todo eso, pero siempre es posible que un mago tenebroso realmente listo lo pueda engañar.
-Entonces, ¿por qué Snape salvó a los chicos en primero, eh? ¿Por qué no los dejó morir?
-No lo sé. A lo mejor le daba miedo que Dumbledore lo pusiera de patitas en la calle.
-¿Qué piensas tú, Sirius?-preguntó Tabatha, y Ron y Hermione dejaron de discutir para escuchar.
-Pienso que los dos tienen algo de razón.-contestó Sirius, mirándolos pensativamente.- En cuanto supe que Snape daba clase aquí me pregunté por qué Dumbledore lo había contratado. Snape siempre ha sentido fascinación por las artes oscuras; ya en el colegio era famoso por ello. Era un pelota empalagoso de pelo grasiento-añadió, y Harry y Ron se sonrieron el uno al otro.- Cuando llegó al colegio conocía más maldiciones que la mayoría de los que estaban en séptimo, y formó parte de una pandilla de Slytherin que luego resultaron casi todos Mortifagos.-Sirius levantó los dedos y comenzó a contar con ellos los nombres.- Rosier y Wilkes: a los dos los mataron los Aurores un año antes de la caída de Voldemort; los Lestrange, que son matrimonio, están en Azkaban; Avery, del que he oído que se quitó de en medio diciendo que había actuado bajo los efectos de la maldición Imperius, todavía anda suelto. Pero, que yo sepa, contra Snape no hubo denuncias. No es que eso signifique gran cosa: son muchos los que nunca fueron atrapados. Y desde luego Snape es lo bastante listo y astuto para mantenerse al margen de los problemas.
-Snape conoce muy bien a Karkarov, pero lo disimula.-dijo Ron.
-¡Sí, tendrías que haber visto la cara que puso Snape cuando Karkarov entró ayer en Pociones!-se apresuró a añadir Harry.-Karkarov quería hablar con Snape, y lo acusó de estar evitándolo. Parecía realmente preocupado. Le mostró a Snape algo que tenía en el brazo, pero no vi qué era.
-¿Que le mostró a Snape algo que tenía en el brazo?-repitió Sirius, desconcertado. Se pasó los dedos distraídamente por el pelo sucio, y volvió a encogerse de hombros.- Bueno, no tengo ni idea de qué puede ser... pero si Karkarov está de verdad preocupado y acude a Snape en busca de soluciones...- miró la pared de la cueva, y luego hizo una mueca de frustración.-Aún queda el hecho de que Dumbledore confía en Snape, y ya sé que Dumbledore confía en personas de las que otros no se fiarían, pero no creo que le permitiera dar clase en Hogwarts si hubiera estado alguna vez al servicio de Voldemort.
-Entonces, ¿por qué están tan interesados Moody y Crouch en su despacho?-insistió Ron.
-Bueno.-dijo Sirius pensativamente.-No me extrañaría que Ojoloco hubiera entrado en el despacho de todos los profesores en cuanto llegó a Hogwarts. Se toma la Defensa Contra las Artes Oscuras muy en serio. No creo que confíe absolutamente en nadie, y no me sorprende después de todo lo que ha visto. Sin embargo, tengo que decir una cosa de Moody, y es que nunca mató si podía evitarlo: siempre atrapaba a todo el mundo vivo si era posible. Era un tipo duro, pero nunca descendió al nivel de los Mortifagos. Crouch, en cambio, es harina de otro costal... ¿Estará de verdad enfermo? Si lo está, ¿cómo hace el esfuerzo de entrar en el despacho de Snape? Y si no lo está... ¿qué se trae entre manos? ¿Qué era tan importante en los Mundiales para que no apareciera en la tribuna principal? ¿Y qué ha estado haciendo mientras se suponía que tenía que juzgar las pruebas del Torneo?
Sirius se quedó en silencio, aun mirando la pared de la cueva. Buckbeak husmeaba por el suelo pedregoso, buscando algún hueso que hubiera pasado por alto.
Al cabo, Sirius levantó la vista y miró a Ron.
-Dices que tu hermano es el ayudante personal de Crouch... ¿Podrías preguntarle si ha visto a Crouch últimamente?
-Puedo intentarlo.-respondió, dudando.-Pero mejor que no parezca que sospecho que Crouch puede estar tramando algo grande. Percy lo adora.
-¿Y podrías intentar averiguar si tienen alguna pista sobre Bertha Jorkins?-dijo Sirius, señalando el segundo ejemplar de El Profeta.
-Bagman me dijo que no.-observó Harry.
-Sí, lo citan en este artículo.-dijo Sirius, señalando el periódico con un gesto de cabeza.- Se toma a broma lo de Bertha, y comenta su mala memoria. Bueno, puede que haya cambiado desde que yo la conocí, pero la Bertha de entonces no era nada olvidadiza, todo lo contrario. No tenía muchas luces, pero sí una memoria excelente para el chismorreo. Eso le daba un montón de problemas, porque nunca sabía tener la boca cerrada. Me imagino que en el Ministerio de Magia sería más un estorbo que otra cosa. Tal vez por eso Bagman no se ha molestado demasiado en buscarla...
Sirius exhaló un profundo suspiro y se frotó los ojos.
-¿Qué hora es?
Harry miró el reloj. Luego recordó que no funcionaba desde que se había sumergido en el lago.
-Son las tres y media.-informó Hermione.
-Será mejor que vuelvan al colegio.-dijo Sirius, poniéndose en pie.- Ahora escuchen.-Le dirigió a Harry una mirada especialmente dura.- No quiero que se escapen del colegio para venir a verme, ¿de acuerdo? Confórmense con enviarme notas. Sigo queriendo conocer cualquier cosa rara que ocurra. Pero no salgan de Hogwarts sin permiso: resultaría una oportunidad ideal para atacarlos.
-Nadie ha intentado atacarnos hasta ahora, salvo dos dragones y un par de Grindylows.-contestó Tabatha, encogiéndose de hombros.
Pero Sirius la miró con severidad.
-Me da igual...no respiraré tranquilo hasta que el Torneo haya finalizado, y eso no será hasta junio. Y no lo olviden: si hablan de mí entre ustedes, llámenme Hocicos, ¿de acuerdo?
Le entregó a Harry el frasco y la servilleta vacíos, y se despidió de Buckbeak dándole unas palmadas en el cuello.
-Iré con ustedes hasta la entrada del pueblo.-dijo.-A ver si me puedo encontrar con otro periódico.
Antes de salir de la cueva volvió a transformarse en el perro grande y negro, y todos juntos descendieron por la ladera de la montaña, cruzaron el campo pedregoso y volvieron al punto de la cerca donde estaban las tablas para pasarla con más facilidad. Allí les permitió que le dieran unas palmadas en el cuello en señal de despedida, antes de volverse y salir para dar una vuelta por los alrededores del pueblo.
Los cuatro emprendieron el camino de vuelta al castillo pasando de nuevo por Hogsmeade.
-Me pregunto si Percy sabrá todo eso de Crouch.-dijo Ron.- Pero a lo mejor le da igual... a lo mejor lo admiraría más por ello. Sí, Percy adora las normas. Diría que Crouch se negó a saltárselas incluso por su propio hijo.
-Percy no entregaría a los Dementores a nadie de su familia.-afirmó Tabatha severamente.
-No lo sé.-repuso Ron.- Si pensara que nos interponíamos en su camino de ascenso... Percy es muy ambicioso, ¿sabes?-subieron la escalinata de piedra de acceso al castillo, y, al entrar en el vestíbulo, les llegó un delicioso olor a comida procedente del Gran Comedor.- ¡Pobre Hocicos!-suspiró.- Tiene que quererte mucho, Harry... ¡Imagínate, vivir a base de ratas!-