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"Los mellizos Potter" — capítulo 110

Capítulo 25

La segunda prueba

-¡Dijeron que ya habían descifrado el enigma!-exclamó Hermione indignada.

-¡Baja la voz!-pidió Tabatha.- Sólo nos falta...-le hecho una mirada a Harry.-… afinar un poco, ¿de acuerdo?

Ocupaban un pupitre justo al final del aula de Encantamientos. Aquel día tenían que practicar lo contrario del encantamiento convocador: el encantamiento repulsor. Debido a la posibilidad de que ocurrieran desagradables percances cuando los objetos cruzaban el aula por los aires, el profesor Flitwick había entregado a cada estudiante una pila de cojines con los que practicar, suponiendo que éstos no le harían daño a nadie aunque erraran su diana.  

-Olvídense por un minuto del huevo ese, ¿quieren?-susurró Harry, mientras el profesor Flitwick, con aspecto resignado, pasaba volando por su lado e iba a aterrizar sobre un armario grande.-Lo que quiero es hablarles de Snape y Moody...

-¿Snape dijo que Moody también había registrado su despacho?-preguntó Ron con los ojos encendidos de interés, mientras repelía un cojín con un movimiento de la varita.-Esto... ¿crees que Moody ha venido a vigilar a Snape además de a Karkarov?

-Bueno, no sé si eso es lo que Dumbledore le pidió hacer, pero desde luego es lo que está haciendo.-dijo Harry, moviendo la varita sin prestar mucha atención, de forma que el cojín se precipitó del pupitre al suelo.- Moody dijo que si Dumbledore permitía a Snape quedarse aquí era por darle una segunda oportunidad...

-¿Qué?-exclamó Ron, sorprendido, mientras su segundo almohadón salía por el aire rotando, rebotaba en la lámpara del techo y caía pesadamente sobre la mesa de Flitwick.- ¡A lo mejor Moody cree que fue Snape el que puso sus nombres en el cáliz de fuego!-

-Vamos, Ron.-dijo Hermione, escéptica.-Ya creímos en cierta ocasión que Snape intentaba matarlos, y resultó que les estaba salvando la vida, ¿recuerdas?-hizo un movimiento con su varita y envió almohadón hacia la pila.- Me da igual lo que diga Moody.-siguió.- Dumbledore no es tonto. No se equivocó al confiar en Hagrid y en el profesor Lupin, aunque hay muchos que no les habrían dado trabajo; así que ¿por qué no va a tener razón también con Snape, aunque sea un poco...?

-¿...diabólico?-se apresuró a decir Ron.- Vamos, Hermione, a ver, ¿por qué le registran el despacho todos esos buscadores de magos tenebrosos?

-¿Y por qué se hace el enfermo el señor Crouch?-replicó a su vez la castaña.- Es un poco raro que no pueda venir al baile de Navidad pero que, cuando le apetece, se meta en el castillo en medio de la noche.

-Lo que pasa es que le tienes manía a Crouch por lo de esa elfina, Winky.-dijo Ron lanzando un cojín contra la ventana.

-Y tú sólo quieres creer que Snape trama algo.-contestó Hermione metiendo el suyo en la caja.

-Yo me conformaría con saber qué hizo Snape en su primera oportunidad, si es que va ya por la segunda.-interrumpió Harry en tono grave. Para su sorpresa, el cojín cruzó el aula sin desviarse y aterrizó de forma impecable sobre el de Hermione.

-Cambiando de tema.-habló Ron.- ¿Y si para la segunda prueba no utilizan el encantamiento convocador?-propuso.

-Podríamos convocar escafandras.-añadió Harry.

-Claro.-habló Tabatha, con cierta ironía.-Porque nada más normal que ver una escafandra volando por las calles de Londres. Los aplaudo, cerebros.-

-Por supuesto, la solución ideal sería que te transformaras en un submarino o algo así.-comentó Hermione.- ¡Si hubiéramos dado ya la transformación humana! Pero no creo que empecemos a verla hasta sexto, y si uno no sabe muy bien cómo es la cosa, el resultado puede ser un desastre...

-Sí, ya. No me hace mucha gracia andar por ahí con un periscopio que me salga de la cabeza. A lo mejor, si atacara a alguien delante de Moody, él podría convertirme en uno...-

-Sin embargo, no creo que te diera a escoger en qué convertirte.-respondió Hermione con seriedad.- No, creo que lo mejor será utilizar algún tipo de encantamiento.-

-Hermi, hemos revisado la biblioteca de arriba abajo y no encontramos nada.-Tabatha resopló.-No creo que haya un encantamiento que nos ayude, si ya revisamos cada libro y nos empolvamos las narices con los más viejos.-

Para cumplir el encargo de Sirius de ser informado sobre cualquier cosa rara que ocurriera en Hogwarts, Harry le envió aquella noche una lechuza parda con una carta en la que le explicaba todo lo referente a la incursión del señor Crouch en el despacho de Snape y la conversación entre éste y Moody.

Exactamente igual que había ocurrido antes de enfrentarse a los dragones, el tiempo se puso a correr como si alguien hubiera embrujado los relojes para que fueran más aprisa. Cuando quedaban dos días, los mellizos perdieron completamente el apetito. Lo único bueno del desayuno del lunes fue el regreso de la lechuza parda que le había enviado a Sirius. Harry le arrancó el pergamino, lo desenrolló y vio la carta más corta que Sirius le había escrito nunca.

"Envíame la lechuza de vuelta indicando la fecha de su próximo permiso para ir a Hogsmeade."

Harry giró la hoja para ver si ponía algo más, pero estaba en blanco.

-Este fin de semana no, el siguiente.-susurró Tabatha.- Toma, ten mi pluma y envíale otra vez la lechuza.

Harry anotó la fecha en el reverso de la carta de Sirius, la ató de nuevo a la pata de la lechuza parda y la vio remontar el vuelo.

-¿Para qué querrá saber lo del próximo permiso para ir a Hogsmeade?-preguntó Ron.

-No lo sé.-respondió Harry desanimado. Se había esfumado la momentánea felicidad que lo había embargado al ver la lechuza.- Vamos, nos toca Cuidado de Criaturas Mágicas.

Ya fuera porque Hagrid intentara compensarlos por los Escregutos de cola  explosiva, o porque sólo quedaran ya dos, o porque intentara demostrar que era capaz de hacer lo mismo que la profesora Grubbly-Plank, el caso es que desde su vuelta había proseguido las clases de ésta sobre los unicornios. Resultó que Hagrid sabía de unicornios tanto como de monstruos, aunque era evidente que encontraba decepcionante la carencia de colmillos venenosos.

Aquel día había logrado capturar dos potrillos de unicornio, que, a diferencia de los unicornios adultos, eran de color dorado. Parvati y Lavender se quedaron extasiadas al verlos, e incluso Pansy Parkinson tuvo que hacer un gran esfuerzo para disimular lo mucho que le gustaban.

-Son más fáciles de ver que los adultos.-explicaba Hagrid a la clase.- Cuando tienen unos dos años de edad se vuelven de color plateado, y a los cuatro les sale el cuerno. No se vuelven completamente blancos hasta que son plenamente adultos, más o menos a los siete años. De recién nacidos son más confiados... admiten incluso a los chicos. Vamos, acérquense un poco. Si quieren pueden acariciarlos...denle unos terrones de azúcar de ésos.-los estudiantes se arremolinaron alrededor de la bolsa.

Durante la clase, el guardabosque se encargó de preguntarle a los mellizos como iban para la segunda prueba. Tabatha tenía intenciones de decirle que no sabía cómo soportar una hora bajo el agua, pero Harry mintió, asegurando que tenía todo bajo control. Luego lo atacó la culpa.  

..*

-Creo que es imposible.-declaró la voz de Ron desde el otro lado de la mesa, abarrotada de libros.- No hay nada. Nada. Lo que más se aproxima a lo que necesitamos es este encantamiento desecador para drenar charcos y estanques, pero no es ni mucho menos lo bastante potente para desecar el lago.

-Tiene que haber alguna manera.-murmuró Hermione, acercándose una vela. Tenía los ojos tan fatigados que escudriñaba la diminuta letra de Encantamientos y embrujos antiguos caldos en el olvido con la nariz a tres dedos de distancia de la página.- Nunca habrían puesto una prueba que no se pudiera realizar.

-Ahora lo han hecho.-replicó Ron.-Lo que tienen que hacer mañana es bajar al lago, meter las cabezas dentro, gritarles a las sirenas que les devuelvan lo que sea que les hayan robado y ver si les hacen caso. Es su opción más segura.

-Funcionaría, pero no somos Banshees.-repuso Tabatha.-Si abriésemos la boca dentro de lago, lo más seguro es que se nos llene de agua.-

-¡Hay una manera de hacerlo!-insistió Hermione enfadada.- ¡Tiene que haberla!-

-Ya sé lo que tendría que haber hecho.-dijo Harry, dejando descansar la cabeza en el libro Trucos ingeniosos para casos peliagudos.- Tendría que haber aprendido a hacerme animago como Sirius y Tab.

-¡Claro, así podrías convertirte en carpa cuando quisieras!-corroboró  Ron.

-O en una rana.-añadió Harry con un bostezo. Estaba exhausto.

-Lleva unos cuantos años convertirse en animago.-repuso la pelirroja, hojeando vagamente un libro.-Aun sigo con las clases, ya que todavía me quedan algunos mechones de cabello sobre la cabeza y todavía no logro hacer que desaparezcan por completo las pecas.-

-Además hay que registrarse y todo eso.-añadió Hermione, echándole un vistazo al índice de Problemas mágicos extraordinarios y sus soluciones.- Hay que registrarse en el Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia, y decir en qué animal se convierte uno y con qué marcas, de qué color... para que no se pueda hacer mal uso de ello.

-Estaba hablando en broma, Hermione.- aclaró Harry cansinamente.- Ya sé que no me puedo convertir en rana mañana por la mañana.

-¡Ah, esto no sirve de nada!-se quejó Tabatha cerrando de un golpe los Problemas mágicos extraordinarios.- Pero ¡quién demonios va a querer hacerse tirabuzones en los pelos de la nariz!

-A mí no me importaría.-dijo la voz de Fred Weasley.-Daría que hablar, ¿no?

Los cuatro levantaron la vista. Los gemelos acababan de salir de detrás de unas estanterías.

-¿Qué hacen aquí?-preguntó Ron.

-Buscarlos.-repuso George.- McGonagall quiere que vayas, Ron. Y tú también, Hermione.

-¿Por qué?-dijo Hermione, sorprendida.

-Ni idea... pero estaba muy seria.-contestó Fred.

-También me llamó a mí.-explicó George.-Debemos estar en su despacho

Ron y Hermione miraron a los mellizos.  

-Nos veremos en la sala común.- dijo Hermione al levantarse con Ron. Los dos parecían nerviosos.- Llévense todos los libros que puedas, ¿de acuerdo?-

-Bien.-asintió ellos, incómodos. 

Hacia las ocho, la señora Pince había apagado todas las luces y les metía prisa para que salieran de la biblioteca. Tambaleándose por el peso de todos los libros que pudieron tomar, volvieron  a la sala común de Gryffindor, llevaron una mesa a un rincón y siguieron buscando.

-No hay nada en Magia disparatada para brujos disparatados, ni tampoco en Guía de la brujería medieval, ni una mención a proezas submarinas en la Antología de los encantamientos del siglo XVIII, ni en Los espantosos moradores de las profundidades, ni en Poderes que no sabías que tenías y lo que puedes hacer con ellos ahora que te has enterado.-habló Tabatha, alejando esos libros y tomando otros.

Crookshanks se subió al regazo de Harry y se ovilló, ronroneando. La sala común se fue vaciando poco a poco. No paraban de desearles suerte para la mañana siguiente con voces tan alegres y confiadas como la de Hagrid: todos parecían convencidos de que estaban a punto de llevar a cabo otra sorprendente actuación como la de la primera prueba. Los mellizos no les podían contestar; sólo movían la cabeza de arriba abajo, como si tuviera una pelota de goma en mitad de la garganta. Cuando faltaban diez minutos para las doce de la noche, quedaron en la sala a solas con Crookshanks. Habían mirado ya en todos los libros que tenía, y Ron y Hermione seguían sin volver.

-Me rindo.-dijo Harry.- No tendremos más remedio que bajar al lago mañana y decírselo a los jueces...-

Olvidando que tenía a Crookshanks en el regazo, se levantó de repente. El gato bufó molesto al caer al suelo, le dirigió una mirada de enfado y se marchó ofendido con su cola de cepillo levantada, pero en esos momentos.

-¿A dónde vas?-preguntó Tabatha.

-Por la Capa de invisibilidad.-respondió Harry.- Volveré a la biblioteca.-subía ya a toda prisa por la escalera de caracol que llevaba al dormitorio.

La pelirroja vio a su hermano salir de la sala común como si fuera un rayo. Ella se acurrucó en uno de los sillones y apoyó la cabeza contra los cojines. Lentamente fue cerrando los ojos.

Había sido un día muy largo. Cuando por fin sus parpados bajaron, la cabeza y la mente de la pelirroja, se desconectó del resto del cuerpo. Merecía descansar un poco. Pero aun así, convenciéndose a sí misma de que debía descansar, no podía parar de maquinar cosas: la principal era que si no encontraban una forma de permanecer bajo el agua durante una hora, defraudarían a Hagrid. El guardabosque les había hablado con la voz impregnada de confianza y apoyo.

¡Oh, Hermione! ¿Dónde estás?

-¿Tabatha?-la pelirroja gruñó apenas cuando comenzaron a zarandearla.- ¡Despierta, niña, despierta!-abrió los ojos de golpe y el cabello se sacudió violentamente.

-¿Qué pasó?-preguntó, pasándose una mano por la boca.

-Lo que pasa es que tienes que apresurarte si quieres llegar a la segunda prueba.-luego de frotarse con efusión los ojos, distinguió a Neville, Fred y Lee.

-Te quedan 15 minutos.-

-¡Merlín!-exclamó ella, levantándose de un salto.- ¡Dios! ¿Alguien vio a Harry?-

-Suponemos que ya está abajo.-respondió Fred.

-¡Debo irme!-gritó, tomando su varita y acomodándose la túnica. A eso de las tres de la mañana, decidió ponerse el traje de baño que había utilizado en las vacaciones con los Weasley.

-¡Espera!-Neville la retuvo, sosteniéndola de uno de los bordes.

-Créeme, me encantaría quedarme hablando contigo, pero no puedo.-intentó correr, pero el muchacho la siguió deteniendo.

-Los observé anoche.-dijo.-No encontraron nada para la segunda prueba, pero creo que tengo la solución.-

-¿Enserio?-Tabatha se relajó por unos instantes.

-Supongo que tiene que haber algo en el lago, ¿verdad?-ella asintió.-Bien, debes de tener esto.-del bolsillo de su túnica sacó un paquetito.

-¿Qué es eso?-la pelirroja lo olió, pero hizo una mueca.

-Tienes que comértelo.- el contenido parecía viscosas colas de rata de color gris verdoso.- Justo antes de entrar en el lago. Son branquialgas.-

-¿Bran qué?-

-Te ayudaran a respirar bajo el agua.-explicó.

-¡Ay, Neville!-Tabatha se colgó de su cuello y le besó la mejilla.- ¡Gracias!-

-¡Oigan, yo también quiero uno de esos!-exclamó Lee Jordan.

La pelirroja rió libremente y luego abrió el retrato y salió corriendo.

Con el pelo volando tras ella, Tabatha emprendió una marcha un tanto apurada.

-¿Dónde estabas?-exigió saber, cuando se encontró junto a Harry.

-Donde te dije.-respondió él.-En la biblioteca. Y encontré algo.-

-Yo también.-añadió ella.

-¡Branquialgas!-dijeron a la vez.

Al bajar a la carrera por la explanada, vieron que las mismas tribunas que habían rodeado en noviembre el cercado de los dragones estaban ahora dispuestas a lo largo de una de las orillas del lago. Las gradas, llenas a rebosar, se reflejaban en el agua. El eco de la algarabía de la emocionada multitud se propagaba de forma extraña por la superficie del agua y llegaba hasta la orilla. Los dos corrían a toda velocidad hacia el tribunal, que estaba sentado en el borde del lago a una mesa cubierta con tela dorada. Cedric, Fleur y Krum se hallaban junto a la mesa, y los observaban acercarse.

-Estamos... aquí...-dijo sin aliento Harry, que patinó en el barro al tratar de detenerse en seco y salpicó sin querer la túnica de Fleur.

-¿Dónde estaban?-inquirió una voz severa y autoritaria.- ¡La prueba está a punto de dar comienzo!

Miró hacia el lugar del que provenía la voz. Era Percy Weasley, sentado a la mesa del tribunal. Nuevamente faltaba el señor Crouch.

-¡Bueno, bueno, Percy!-intervino Bagman, que parecía muy contento de ver a los mellizos.- ¡Dejémoslo que recuperen el aliento!

Dumbledore les sonrió, pero Karkarov y Madame Maxime no parecían nada contentos de verlos... Por las caras, resultaba obvio que habían pensado que no aparecerían.

Ambos respiraron hondo. Los pulmones les ardían y el corazón parecía que se les saldría por la boca. Ya tendrían tiempo de recuperarse. Ludo Bagman iba en aquel momento entre los campeones, espaciándolos por la orilla del lago a una distancia de tres metros. Harry quedó en un extremo, al lado de Krum. Y Tabatha en medio de Cedric y Fleur.

-Bien, todos los campeones están listos para la segunda prueba, que comenzará cuando suene el silbato. Disponen exactamente de una hora para recuperar lo que se les ha quitado. Así que, cuando cuente tres: uno...dos... ¡tres!-

El silbato sonó en el aire frío y calmado. Las tribunas se convirtieron en un hervidero de gritos y aplausos.  Cedric y Fleur se lanzaron al agua casi sin pensarlo. Tabatha medito unos segundos y se desabotono la túnica, revelando su traje de baño. Luego sacó el sobre con branquialgas y las tragó sin siquiera hacer una mueca. ¡Eran horribles! Y sosteniendo con fuerza su varita, se lanzó al agua.

El contraste de caliente a frío, parecía rebanar cada parte del cuerpo de Tabatha. El agua estaba helada y casi ni sentía las manos, pero aun así, siguió sosteniendo su varita. De repente, sintió como si le hubieran tapado la boca y la nariz con una almohada invisible. Intentó respirar, pero eso hizo que la cabeza le diera vueltas. Tenía los pulmones vacíos, y notaba un dolor agudo a ambos lados del cuello. Soltó un grito silencioso cuando se llevó las manos a la garganta, y notó dos grandes rajaduras justo debajo de las orejas.

Sus ojos se adaptaron al agua, al igual que sus pulmones. Estar ahí abajo, era igual a estar en la superficie. Podía respirar sin problema alguno, es más, ya no había frío. Tuvo una segunda reacción al ver sus manos: parecían verdes y fantasmales bajo el agua, y le habían nacido membranas entre los dedos. Se retorció para verse los pies desnudos: se habían alargado y también les habían salido membranas: era como si tuviera aletas.

Nadar era igual que caminar.

Al deslizarse por aquel paisaje extraño, oscuro y neblinoso, el silencio le presionaba los oídos. No veía más allá de tres metros a la redonda. Bajó más y más hondo hacia las profundidades del lago, con los ojos abiertos, escudriñando, entre la misteriosa luz gris que lo rodeaba, las sombras que había más allá, donde el agua se volvía opaca. 

Pequeños peces pasaban en todas direcciones como dardos de plata. No había ni rastro de los otros campeones, de sirenas ni tritones, ni de aquello que le pudieran haber robado. Hasta deseo poder ver al calamar gigante. 

Nadó muy cerca de un grupo de Grindylows, pero los esquivo, pasando por encima para no ser vista. Aminoró un tanto y miró en torno, escuchando, mientras describía en el agua un círculo completo. La presión del silencio contra los tímpanos se había incrementado. Debía de hallarse a mayor profundidad, pero nada se movía salvo las ondulantes algas.

-Yo que tú, probaría suerte por allí.-soltando una larga hilera de burbujas, Tabatha giró para encontrarse con Myrtel. El fantasma rió.- ¡Deberías mirar por allá!-repitió, señalando en una dirección.-Me encantaría acompañarte, pero prefiero esperar a Harry.-

La pelirroja hizo un gesto de agradecimiento con la mano, y se fue en la dirección indicada, con cuidado de nadar algo más distanciado de las algas para evitar a otros Grindylows que pudieran estar al acecho.

Siguió nadando durante unos veinte minutos, hasta que llegó a unas vastas extensiones de barro negro, que enturbiaba el agua en pequeños remolinos cuando él pasaba aleteando. Luego, por fin, percibió un retazo del canto de las criaturas marinas:

Nos hemos llevado lo que más valoras, y para encontrarlo tienes una hora...

No tardó en ver aparecer una roca grande que se alzaba del lodo. Había en ella pinturas de sirenas y tritones que portaban lanzas y parecían estar tratando de dar caza al calamar gigante.

... ya ha pasado media hora, así que no nos des largas si no quieres que lo que buscas se quede criando algas...

De repente, de la oscuridad que la envolvía todo surgió un grupo de casas de piedra sin labrar y cubiertas de algas. Distinguió rostros en las ventanas, rostros que no guardaban ninguna semejanza con el del cuadro de la sirena que había en el baño de los prefectos...

Las sirenas y los tritones tenían la piel cetrina y el pelo verde oscuro, largo y revuelto. Los ojos eran amarillos, del mismo color que sus dientes partidos, y llevaban alrededor del cuello unas gruesas cuerdas con guijarros ensartados.

Le dirigieron sonrisas malévolas. Tabatha siguió, mirando a su alrededor, y enseguida las casas se hicieron más numerosas. Alrededor de algunas de ellas había jardines de algas, y hasta vio un Grindylow que parecían tener de mascota, atado a una estaca a la puerta de una de las moradas. Para entonces las sirenas y los tritones salían de todos lados y la contemplaban con mucha curiosidad.

-¡Ah!-burbujas salieron de la boca de la pelirroja.

Una multitud de sirenas y tritones flotaba delante de las casas que se alineaban en lo que parecía una versión submarina de la plaza de un pueblo pintoresco. En el medio cantaba un coro de tritones y sirenas para atraer a los campeones, y tras ellos se erguía una tosca estatua que representaba a una sirena gigante tallada en una mole de piedra. Había cinco personas ligadas con cuerdas a la cola de la sirena.

Ron estaba atado entre Hermione y Cho Chang. Había también una niña que no parecía contar más de ocho años y el último, indiscutiblemente pelirrojo, George. Daba la impresión de que se hallaban sumidos en un sueño muy profundo: la cabeza les colgaba sobre los hombros, y de la boca les salía una fina hilera de burbujas.

Sacudiéndose hacia adelante, se acercó rápidamente a ellos, temía alguna reacción de los tritones, pero no hicieron nada. Las cuerdas de algas que sujetaban a los rehenes a la estatua eran gruesas, viscosas y muy fuertes.

-¡Tab!-volteó, encontrándose con Harry. Suspiro aliviada y le señaló a las cinco personas y luego las cuerdas de algas.

El azabache miró a su alrededor. Muchos de los tritones y sirenas que los rodeaban llevaban lanzas. Se acercó rápidamente a un tritón de más de dos metros de altura y le pidió por señas la lanza. El tritón se rió y negó con la cabeza.

-No ayudamos.-declaró con una voz ronca.

-¡Vamos!-dijo Harry furioso e intentó arrancarle la lanza al tritón, pero él tiró de ella, sin dejar de negar ni de reírse.

Tabatha rodó los ojos y se sumergió más en el fondo, donde había piedras. Se hundió para coger una particularmente dentada, y regresó junto a la estatua. Comenzó a cortar las cuerdas que ataban a George, y, tras varios minutos de duro trabajo, lo consiguió.  Este flotó, inconsciente, unos centímetros por encima del fondo del lago, balanceándose ligeramente con el flujo del agua. Luego Harry hizo lo mismo con Ron.

En los alrededores había señal de ninguno de los otros campeones. Se volvieron hacia Hermione,  y Harry levantó la piedra dentada y se dispuso a cortarle las cuerdas también a ella... de inmediato lo agarraron varios pares de fuertes manos grises. Media docena de tritones lo separaban de Hermione, negando con la cabeza y riéndose.

-Llévense al suyo.- dijo uno de ellos.- ¡Dejen a los otros!

-¡De ninguna manera!-respondió Harry mucho más furioso.

-Sus misiones consisten en liberar a sus amigo... ¡dejen a los otros!-

-¡Ella también es amiga nuestra!-gritó Tabatha, señalando a Hermione y sin echar por la boca más que una enorme burbuja plateada.

-¡Y tampoco quiero que ellas mueran!-añadió Harry.

La cabeza de Cho se inclinaba sobre el hombro de Hermione. La niña del pelo plateado estaba espectralmente pálida y verdosa.

-A Cho podríamos dejarla.-murmuró Tabatha, frunciendo el ceño e imaginando a quien pertenecería la chica de Ravenclaw.

Los tritones y las sirenas que los rodeaban señalaron hacia lo alto. Al levantar la vista, vieron a Cedric nadando hacia allí. Tenía una enorme burbuja alrededor de la cabeza, que agrandaba extrañamente los rasgos de su cara.

-¡Nos perdimos!-dijo moviendo los labios, sin pronunciar ningún sonido, y estremecido de horror.- ¡Fleur y Krum vienen detrás!

Muy aliviado, Harry vio a Cedric sacar un cuchillo del bolsillo y liberar con él a Cho, para luego subir con ella hasta perderse de vista.

-Dejaré a George y volveré a ayudarte.-habló Tabatha, aferrándose a la túnica de su amigo.- ¡Enseguida vuelvo!-

Casi ni tuvo que hacer fuerza para subir. George parecía ser ligero, como el agua. Al romper la barrera, los ojos se acostumbraron a la luz del sol. Tabatha dio una bocanada profunda y aspiró todo el aire que pudo. A los pocos segundos, hubo una gran conmoción en las tribunas.

-¡Damas y caballeros!-habló la voz de Bagman.- ¡Los primeros campeones junto a sus rescatados!-más aplausos inundaron el ambiente.

-¡¿Estás bien?!-gritó Cedric, por encima de todo el ruido.

-Ajam.-

George pareció volver en sí y se sacudió un poco en el agua.

-Vaya, ¿de qué me perdí?-Tabatha sonrió.

-Déjeme ayudarte, Potter.-alguien la tomó del brazo e hizo fuerza hacia arriba. Luego, la envolvieron en una toalla.

-Necesito volver.-intentó decir, cuando Madame Pomfrey, comenzó a revisarla.

-Claro que no.-

-Pero…mi hermano…él…las sirenas… ¡debo volver!-

-Potter.-habló con firmeza la enfermera.- Quieta.-la envolvió con una nueva toalla y la hizo sentar.

A los pocos segundos, apareció un tiburón muy feo: Viktor, quién había rescatado a Hermione y demostró ser un desastre en transformaciones. Madame Pomfrey se alejó de la chica Potter y decidió ayudar a los recién llegados.

-¡Gracias!-exclamó, desde alguna parte, Cho para luego abrazar a Cedric. Tabatha entrecerró los ojos y chasqueo la lengua.

-Se supone que también debo darte las gracias.-George se sentó a su lado, sacudiendo la cabeza.

-Si quieres.-

-Gracias.-la pelirroja sonrió.-Jamás me imaginé que me elegirían para esta prueba. Eso significa que soy importante para ti.-

-Eres mi amigo.-

-Por un momento pensé que pondrían a tu lechuza.-George rió.-No nada más que ames en este mundo que no sea a tu lechuza.-

Desde las tribunas, la multitud comenzó a chillar. Todos estaban de pie.

-Es Harry.-anunció Cedric.

-Logro sacar a los dos.-comentó Tabatha, asomándose al borde de la plataforma. La niña parecía asustada y confusa, pero Ron simplemente echó un chorro de agua por la boca y parpadeó a la brillante luz del día.

Dumbledore y Ludo Bagman les sonreían, pero Percy, que parecía muy pálido y, en cierto modo, más joven de lo habitual, fue a su encuentro chapoteando en el agua. Mientras tanto, Madame Maxime intentaba sujetar a Fleur Delacour, que estaba completamente histérica y peleaba con uñas y dientes para volver al agua.

-¡Gabguielle!, ¡Gabguielle! ¿Está viva? ¿Está heguida?

-¡Está bien!-intentó decirle Harry, pero llegaba tan cansado que apenas  podía hablar, y mucho menos gritar.

Percy agarró a Ron y tiró de él hacia la orilla; Dumbledore y Bagman tomaron a Harry; Fleur se había soltado de Madame Maxime y corría a abrazar a su hermana.

-¡Harry!-exclamó Tabatha, sosteniendo sus toallas y yendo al encuentro con su mellizo.- ¡Lo lamento!-dijo, abrazándolo con fuerza.- ¡Lamento no haber podido regresar! ¡Perdón!-

-Está bien, está bien.-el azabache la palmeo la espalda y le revolvió el cabello.-Está bien.-

-Tú, ven aquí.-dijo la voz de la señora Pomfrey. Lo tomó del brazo y lo llevó hasta donde estaban Hermione y los otros, lo envolvió tan apretado en una manta que le pareció que le había puesto una camisa de fuerza, y lo obligó a beber una poción muy caliente que le hizo salir humo por las orejas.

-¡Muy bien, chicos!-gritó Hermione.- ¡Lo hicieron, averiguaron el modo, y todo por ustedes mismos!

-Bueno...-contestó Harry.-Sí, es verdad.-

-Tienes un escarrabajo en el pelo, Herr... mío... ne.-dijo Krum.

Harry tuvo la impresión de que Krum intentaba recuperar la atención de Hermione, tal vez para recordarle que había sido él quien la había rescatado del lago, pero Hermione se quitó el escarabajo del pelo con un gesto de impaciencia.

-Pero te has pasado un montón del tiempo, Harry... ¿Te costó mucho encontrarnos?

-No, los encontramos sin problemas.

Dumbledore estaba agachado en la orilla, trabando conversación con la que parecía la jefa de las sirenas, que tenía un aspecto especialmente feroz y  salvaje. El director hacía el mismo tipo de ruidos estridentes que las sirenas y los tritones producían fuera del agua: evidentemente, Dumbledore hablaba sirenio. Finalmente se enderezó, se volvió hacia los otros miembros del tribunal.

-Me parece que tenemos que hablar antes de dar la puntuación.

Los miembros del tribunal hicieron un corrillo para discutir. La señora Pomfrey había ido a rescatar a Ron de las garras de Percy; lo llevó con Harry y  los otros, le dio una manta y un poco de poción pimentónica, y luego fue en busca de Fleur y su hermana. Fleur tenía muchos cortes en la cara y los brazos, y la túnica rasgada; pero no parecía que eso le preocupara, y no permitió que la señora Pomfrey se ocupara de ella.

Entonces la voz mágicamente amplificada de Ludo Bagman retumbó junto a ellos y los sobresaltó. En las gradas, la multitud se quedó de repente en silencio.

-Damas y caballeros, hemos tomado una decisión. Murcus, la jefa sirena, nos ha explicado qué ha ocurrido exactamente en el fondo del lago, y hemos puntuado en consecuencia. El total de nuestras puntuaciones, que se dan sobre un máximo de cincuenta puntos a cada uno de los campeones, es el siguiente: La señorita Delacour, aunque ha demostrado un uso excelente del encantamiento casco-burbuja, fue atacada por los Grindylows cuando se acercaba a su meta, y no consiguió recuperar a su hermana. Le concedemos veinticinco puntos.

Aplaudieron en las tribunas.

-Me meguezco un cego.-dijo ella con voz ronca, agitando su magnífica cabellera.

-El señor Diggory y la señorita Potter, quienes utilizaron el encantamiento casco-burbuja y las branquialgas, has sido el primero en volver con sus rehenes, aunque lo hizo un minuto después de concluida la hora.-se escucharon unos vítores atronadores procedentes de la zona de Hufflepuff y Gryffindor.-Por tanto les concedemos cuarenta y siete puntos.

-¡Genial!-felicitó George, abrazando brevemente a Tabatha.

A Harry se le cayó el alma a los pies. Si Cedric había llegado demasiado tarde, él desde luego mucho más.

-El señor Viktor Krum ha utilizado una forma de transformación  incompleta, que sin embargo dio buen resultado, y ha sido el tercero en volver con su rescatada. Le concedemos cuarenta puntos.

Karkarov aplaudió muy fuerte y de manera muy arrogante.

-El señor Harry Potter ha utilizado con mucho éxito las branquialgas.-prosiguió Bagman.- Volvió en último lugar, y mucho después de terminado el plazo de una hora. Pero la jefa sirena nos ha comunicado que el señor Potter fue el segundo, siendo su hermana la primera, en llegar hasta los rehenes, y que el retraso en su vuelta se debió a su firme decisión de salvarlos a todos, no sólo al suyo.

Tanto Ron como Hermione y Tabatha dirigieron a Harry miradas que eran en parte de exasperación, en parte de compasión.

-La mayoría de los miembros del tribunal…-y aquí Bagman le dirigió a Karkarov una mirada muy desagradable.-…están de acuerdo en que esto demuestra una gran altura moral y que merece ser recompensado con la máxima puntuación. No obstante... la puntuación del señor Potter son cuarenta y cinco puntos.

A Harry le dio un vuelco el estómago. Estaba empatado en el primer puesto con Cedric y Tabatha.

-¡Ese es mi hermano!-exclamó Tabatha, aplaudiendo. Ron y Hermione, la acompañaron junto al resto de la multitud.

-¿Has visto, Harry?- gritó Ron por encima del estruendo.- ¡Después de todo, no fuiste tan tonto! ¡Estabas demostrando gran altura moral!

Fleur también aplaudía con mucho entusiasmo. Krum, en cambio, no parecía nada contento. Volvió a intentar entablar conversación con Hermione, pero ella estaba demasiado ocupada vitoreando a Harry para escuchar.

-La tercera y última prueba tendrá lugar al anochecer del día veinticuatro de junio.-continuó Bagman.- A los campeones se les notificará en qué consiste dicha prueba justo un mes antes. Gracias a todos por el apoyo que les brindan.

-Ya ha pasado.-dijo Tabatha, aferrándose al brazo de su hermano. Harry aún seguía algo aturdido mientras la señora Pomfrey se lo llevaba con el resto de los campeones y los rehenes de regresó al castillo, para que se pusieran  ropa seca. Ya había pasado todo: había superado la prueba, y no tenía que preocuparse por nada más hasta el 24 de junio...