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"Los mellizos Potter" — capítulo 109

Capítulo 24:

El huevo y el ojo

-Iremos este jueves en la noche.-afirmó Tabatha entre susurros.- No tenemos idea de cuánto tiempo tardaremos, así que nos conviene hacerlo cuando el castillo duerma, ¿de acuerdo?-Harry asintió

-Oye, te voy a ser completamente honesto.-habló el azabache.-No me entusiasma mucho la idea de seguir el consejo de Cedric.-la pelirroja rodó los ojos.

-Es lo más cerca y más sólido que hemos llegado a "encontrar" como pista en cuanto al huevo.-repuso.-Aparte, en el baño de Prefectos no muchos tienen acceso y es mucho menos probable que nos molesten.

Luego de que se separaron, Harry planeó cuidadosamente la incursión. Debían de evitar encontrarse con Filch y la Sra. Norris. Desde luego, la capa invisible sería esencial, y para más seguridad decidió llevar el mapa del merodeador.

El día y a la hora concretada, tomaron sus cosas y se deslizaron por la sala común, esperando a que abrieran el hueco del retrato. Esta vez fue Ron quien esperaba fuera para darle a la Señora Gorda la contraseña (Buñuelos de plátano).

-Buena suerte.-les susurró, entrando en la sala común mientras ellos salían.

En cualquier ocasión resultaría difícil moverse bajo la capa con el pesado huevo en un brazo y el mapa sujeto delante de la nariz con el otro, pero Harry se alegró de que Tabatha hubiese utilizado un hechizo para hacer que el fondo de su bolsa de tela fuese interminable, por lo que solo tuvieron que lidiar con el mapa.

Cuando llegaron a la estatua de Boris el Desconcertado, localizaron la puerta. Tabatha salió de debajo de la capa y se acercó a ella y, tal como le había indicado Cedric, susurró la contraseña.

-Frescura de pino.-

La puerta chirrió al abrirse. Ambos se deslizaron por ella, Harry echó el cerrojo después de entrar y, mirando a su alrededor, se deshicieron de la capa invisible. La reacción inmediata fue pensar que merecía la pena llegar a Prefecto sólo para poder utilizar aquel baño. Estaba suavemente iluminado por una espléndida araña llena de velas, y todo era de mármol blanco, incluyendo lo que parecía una piscina vacía de forma rectangular, en el centro de la habitación. Por los bordes de la piscina había unos cien grifos de oro, los cuales tenían en la llave una joya de diferente color. Había asimismo un trampolín, y de las ventanas colgaban largas cortinas de lino blanco. En un rincón había un montón de toallas blancas muy mullidas, y en la pared un único cuadro con marco dorado que representaba una sirena rubia profundamente dormida sobre una roca; el largo pelo, que le caía sobre el rostro, se agitaba cada vez que resoplaba.

Tabatha dobló el mapa y avanzó suavemente, sentándose. Su mano se extendió hacia un costado y abrió unos grifos.

-Genial.-

Se dio cuenta enseguida de que el agua llevaba incorporados diferentes tipos de gel de baño, aunque eran geles distintos de cualesquiera que hubiera visto antes. Por uno de los grifos manaban burbujas de color rosa y azul del tamaño de balones de fútbol; otro vertía una espuma blanca como el hielo y espesa; de un tercero salía un vapor de color púrpura muy perfumado que flotaba por la superficie del agua. Ambos se divirtieron un rato abriendo y cerrando los grifos, disfrutando especialmente de uno cuyo chorro rebotaba por la superficie del agua formando grandes arcos. Luego, cuando la profunda piscina estuvo llena de agua, espuma y burbujas, cerraron todos los grifos y se escondieron detrás de dos columnas diferentes.  De la bolsa Tabatha sacó una remera de tirantes negra más unos pantalones cortos que apenas sobrepasaban su rodilla. Harry, por otro lado, quedó en un traje de baño bastante sencillo

Una vez que ambos estuvieron listos, se metieron al agua.

Era tan profunda que apenas llegaban a tocar el fondo, Harry hizo un par de largos antes de volver a la orilla y quedarse mirando el huevo.

-No podemos perder tiempo.-le recordó su hermana, acariciando la superficie lisa del huevo. 

-¿Pero, que se supone que debemos hacer?-preguntó el azabache. Alargó los brazos, levantó el huevo con las manos húmedas y lo abrió. Los gemidos estridentes llenaron el cuarto de baño, reverberando en los muros de mármol, pero sonaban tan incomprensibles como siempre, si no más debido al eco.

-¡Ciérralo!-lo apremió Tabatha, mirando hacia la puerta. Harry obedeció, preocupado porque el sonido pudiera atraer a Filch y preguntándose si no sería eso precisamente lo que había pretendido Cedric.

-Yo que ustedes los metería en el agua.-

Del susto, ambos acabaron por tragarse una considerable cantidad de burbujas. Era Myrtel la Llorona

-¡Myrtel!-exclamó Harry, molesto.- ¿Qué haces aquí?-

-Hace siglos que no vienes a verme.-pestañeó tras sus gruesas gafas.

-Sí, bueno...-dijo Harry, doblando ligeramente las rodillas para asegurarse de que Myrtel sólo pudiera verle la cabeza.- Se supone que no puedo entrar en tu cuarto de baño, ¿no? Es de chicas.-

-Eso no te importaba mucho.-replicó Myrtel con voz triste.- Antes te pasabas allí todo el tiempo.

-Me gané una reprimenda por entrar en él.-contestó Harry, lo que era verdad a medias.-Después de eso no he querido volver.

-¡Ah, ya veo!-chilló Myrtel malhumorada, toqueteándose un grano de la barbilla.- Bueno... da igual... Yo metería el huevo en el agua. Eso es lo que hizo Cedric Diggory.

-¿También lo espiaste a él?-exigió saber Tabatha, indignada.- ¿Te dedicas a venir aquí por las noches para ver bañarse a los prefectos?

-A veces.-respondió Myrtel con picardía.-Pero son a los primeros a los que les dirijo la palabra.

-Que honor.- ironizó la pelirroja.-

-Vamos...-los apremió.- ¡Ábranlo bajo el agua!

Los mellizos hundieron sus huevos por debajo de la superficie de espuma y lo abrieron. Aquella vez no se oyeron gemidos: surgía de él un canto compuesto de gorgoritos, un canto cuyas palabras era incapaz de apreciar.

-Tendrán que sumergir también la cabeza.- indicó Myrtel.- ¡Vamos!

Ambos se sumergieron. Y entonces, sentados en el suelo de mármol de la bañera llena de burbujas, se oyó un coro de voces misteriosas que cantaban desde los huevos abiertos:

Donde nuestras voces suenan, ven a buscarnos, que sobre la tierra no se oyen nuestros cantos. Y estas palabras medita mientras tanto, pues son importantes, ¡no sabes cuánto!: Nos hemos llevado lo que más valoras, y para encontrarlo tienes una hora. Pasado este tiempo ¡negras perspectivas! Demasiado tarde, ya no habrá salida.

Dando una estruendosa bocanada de aire, los mellizos rompieron la barrera de espuma y volvieron a la superficie.

-¿Lo han oído?-preguntó Myrtel.

-Sí... Donde nuestras voces suenan, ven a buscarnos... No sé si me convencen... Espera, quiero escuchar de nuevo.-y volvió a sumergirse. Tuvo que escuchar la canción otras tres veces para memorizarla. Luego se quedó un rato flotando, haciendo un esfuerzo por pensar, mientras Myrtel lo observaba sentada.

-Creo que es algo difícil de comprender, pero creo que debemos ir en busca de gente que no puede utilizar su voz sobre la tierra.-habló Tabatha pensativamente.-Pero…eh... ¿quién puede ser?

-Eres de efecto retardado, ¿no?-Myrtel tenía la sonrisa más grande del mundo.-Bueno, eso es lo que pensaba Diggory.- explicó.-Estuvo ahí quieto, hablando solo sobre el tema durante un montón de tiempo. Un montón de tiempo, hasta que desaparecieron casi todas las burbujas...-le lanzó una mirada a Tabatha.-Se notan que están hechos el uno para el otro. Lentos los dos.-

-Criaturas submarinas...-reflexionó Harry en voz alta.- ¿Qué criaturas viven en el lago, aparte del calamar gigante?

-¡Uf; de todo!-respondió Myrtel.- He bajado algunas veces, cuando no me queda más remedio porque alguien tira de la cadena inesperadamente...

-Bueno, ¿hay algo allí que tenga voz humana?-

-Espera...-la pelirroja corrió los ojos hasta el cuadro de la sirena durmiente.- Myrtel, ¿hay sirenas allí?-

-¡No eres tan tonta!-alabó ella muy contenta.

-Pero al menos estoy viva.-masculló Tabatha entre dientes.

-¡A Diggory le llevó mucho más tiempo! Y eso que ella estaba despierta...-con una expresión de disgusto en la cara, Myrtel señaló con la cabeza a la sirena del cuadro.-…riéndose como una tonta, pavoneándose y aleteando.

-Es eso, ¿verdad?-dijo Harry emocionado.- La segunda prueba consiste en ir a buscar a las sirenas del lago y... y...-pero de repente comprendió lo que estaba diciendo, y se vació de toda la emoción como si él mismo fuera una bañera y le acabaran de quitar el tapón del estómago.-Tab, nosotros no sabemos nadar.-

-Oh…-la pelirroja se sonrojó violentamente.-El lago es inmenso, las sirenas deben estar en el fondo.-

-¡Myrtel!-exclamó Harry pensativamente.- ¿Cómo se supone que nos arreglaremos para respirar?

Al oír esto, los ojos de Myrtel se llenaron de lágrimas.

-Oye, no creo que esa sea una buena pregun…-intervino Tabatha, mirando de reojo a Myrtel.

-¡Qué poco delicado!-chilló el fantasma, tentándose en la túnica en busca de un pañuelo.

-¿Por qué?-preguntó Harry, desconcertado.

-¡Hablar de respirar delante de mí!-contestó con una voz más chillona,  que resonó con fuerza en el cuarto de baño.- ¡Cuando sabes que yo no respiro... que no he respirado desde hace tantos años...!-se tapó la cara con el pañuelo y sollozó en él de forma estentórea.

-¿Te olvidaste que es muy susceptible?-inquirió Tabatha con una ceja en alto.

-Lo siento. Yo no quería... Se me olvidó...-su hermana se llevó una mano al rostro.

-¡Ah, claro, es muy fácil olvidarse de que Myrtel está muerta!-dijo ella tragando saliva y mirándolos con los ojos hinchados.-Nadie me echa de menos, ni me echaban de menos cuando estaba viva. Les llevó horas descubrir mi cadáver…-

-¡YA CALLENSE LOS DOS!-exclamó Tabatha, al tiempo que un mechón enjabonado le caía por la mejilla.

-Nos hemos llevado lo que más valoras.-recitó Harry en un susurró.- ¿Qué será lo que se llevaron?-

-Tal vez lo descubramos en la prueba.- respondió Tabatha vagamente, mientras espantaba a Myrtel para que no le contase sobre su muerte.- ¡Ya basta!-sacudió sus mano y la alejó.- Piensa en esto, ahora estamos más cerca que antes.-

-Será mejor que volvamos.-anunció Harry, colocando sus manos a los costados de la pileta.

-¿Volverás a visitarme en mis lavabos alguna vez?-preguntó en tono lúgubre Myrtel, cuando Harry tomaba la capa invisible.

-Eh... lo intentaré.-repuso él.-Hasta luego, Myrtel... Y gracias por tu ayuda.

-Adiós.-dijo ella con tristeza.

..*

Fuera, en el oscuro corredor, Tabatha consultó el mapa del merodeador para comprobar que no había moros en la costa. No, las motas que correspondían a Filch y a la Señora Norris estaban quietas en la conserjería. Aparte de Peeves, que botaba en el piso de arriba por la sala de trofeos, parecía que no se movía nada más.

-Mira esto.-dijo, señalando algo evidentemente extraño.

No, Peeves no era lo único que se movía. Había una motita que iba de un lado a otro en una habitación situada en la esquina inferior izquierda: el despacho de Snape. Pero la mota no llevaba la inscripción Severus Snape, sino Bartemius Crouch.

-Se suponía que el señor Crouch estaba demasiado enfermo para ir al trabajo o para asistir al baile de Navidad.-reflexionó Harry.- ¿Qué hace entonces colándose en Hogwarts a la una de la madrugada?-

-Solo él sabe.-Tabatha se encogió de hombros.-Tal vez esté buscando alguna poción para calmar su malestar. No lo sé.-Harry siguió dudando, pensando... y luego lo venció la curiosidad. Dio media vuelta, y continuó andando en sentido contrario, hacia la escalera más cercana.- ¿A dónde vas?-

-Quiero saber que trae Crouch entre manos.-respondió con completa seguridad.

-¡Estás loco!-exclamó Tabatha en voz baja.

Él bajó la escalera lo más silenciosamente que pudo, aunque algunos retratos volvían la cara con curiosidad cuando crepitaba alguna tabla del suelo, o hacia frufrú la tela del pijama. La pelirroja miró hacia arriba y se mordió el labio. No iba a dejar solo a su hermano. Fue detrás de él. Ambos avanzaron muy despacio por el corredor del piso inferior, apartando un tapiz que había en la mitad del pasillo, y comenzaron a bajar por una escalera más estrecha, un atajo que los dejaría dos pisos más abajo. Harry tomó posesión del mapa, y mientras lo miraba, reflexionando.

-No me parece correcto que un hombre como Crouch, se meta furtivamente en el despacho de otro a aquellas horas de la noche.-

-Por ahí está desesperado por sentirse bien.-Tabatha se volvió a encoger de hombros, con inocencia.

-Tab, no creo que esté desesperado por…- cuando había descendido media escalera sin pensar en lo que hacía, concentrado tan sólo en el peculiar comportamiento del señor Crouch, metió una pierna en el escalón falso que Neville siempre olvidaba saltar. A pesar de la luminosidad de las antorchas, Tabatha no llegó a ver a su hermano y cayó detrás de él.

La bolsa de desprendió de su brazo y el velcro que la cerraba crujió al abrirse. Todo el contenido hizo ruido y uno de los huevos, aún húmedo del baño, se deslizó por la tela. La pelirroja soltó un grito ahogado y se lanzó hacia delante para intentar atraparlo, pero era ya demasiado tarde: el huevo caía por la larga escalera, repicando como un gong en cada uno de los escalones.

-¡La capa! ¡La capa!-habló Harry. Tabatha alcanzó a detenerla, antes de que terminara en el piso también. De la mano del azabache, resbaló el mapa del merodeador y cayó seis escalones más abajo.- ¡Tómalo! ¡Tómalo!- mientras ella intentaba pasar por encima de Harry, se escuchó un estridente chillido.

-El huevo.-susurró.

-¡PEEVES!-el corazón les dio un vuelco. Tabatha miró detrás del tapiz y luego a su hermano. El inconfundible grito de caza de Filch, la hizo temblar completamente. Sus pasos arrastrados se acercaban más y más, y su sibilante voz que se elevaba furiosamente.- ¿Qué es este estruendo?-Tabatha tomó un extremo de la capa y volvió a cubrirlos.- ¿Es que quieres despertar a todo el castillo? Te voy atrapar, Peeves, te voy atrapar. Tú... Pero ¿qué es esto?

Los pasos de Filch se detuvieron. Se oyó un chasquido producido por metal al golpear contra otro metal, y los gemidos cesaron. Había agarrado el huevo y lo había cerrado. Los mellizos permanecían muy quietos, Harry con la pierna aún atrapada en el escalón mágico, escuchando. En cualquier momento Filch apartaría a un lado el tapiz esperando ver a Peeves... y no lo encontraría. Pero si seguía subiendo la escalera vería el mapa del merodeador y, tuviera o no puesta la capa invisible, el mapa del merodeador mostraría el letrero con sus nombres y en el punto exacto en que se hallaba.

-Estúpido escalón.-susurró Tabatha, mordiéndose el nudillo.

-¿Un huevo?-habló en voz baja Filch al pie de la escalera.- Cielo mío.-evidentemente la Señora Norris se encontraba con él- ¡Esto es el enigma del Torneo! ¡Esto pertenece a uno de los campeones!-los corazones les latían muy aprisa.- ¡PEEVES!-bramó Filch con júbilo.- ¡Has estado robando!-apartó el tapiz, y vieron su horrible cara abotargada, y los ojos claros y saltones que observaban la escalera oscura y desierta.- ¿Te escondes?-dijo con voz melosa.-Te voy a atrapar, Peeves... Te has atrevido a robar uno de los enigmas del Torneo. Dumbledore te expulsará por esto, ratero...- empezó a subir por la escalera, acompañado por su escuálida gata de color apagado. Los ojos como faros de la Señora Norris, tan parecidos a los de su amo, estaban fijos en ellos. Muertos de miedo, vieron a Filch acercarse poco a poco en su vieja bata de franela. Harry intentó sacar el pie del escalón desesperadamente, pero sólo consiguió hundirlo un poco más.

-Filch, ¿qué ocurre?

El conserje se detuvo unos escalones por debajo de los mellizos, y se volvió. Al pie de la escalera se hallaba la única persona que podía empeorar la situación: Snape. Llevaba un largo camisón gris y parecía lívido.

-Es Peeves, profesor.-susurró Filch con malevolencia.-Tiró este huevo por la escalera.

Snape subió aprisa y se detuvo junto a Filch.

-¿Peeves?-repitió Snape en voz baja, observando el huevo en las manos de Filch.- Pero Peeves no ha podido entrar en mi despacho...

-¿El huevo estaba en su despacho, profesor?

-Por supuesto que no.-replicó Snape.- Oí golpes y luego gemidos...

-Sí, profesor, era el huevo.-

-Vine a investigar...-

-Peeves lo tiró, señor...

-... y al pasar por mi despacho, ¡vi las antorchas encendidas y la puerta de un armario abierta de par en par! ¡Alguien ha estado revolviendo en él!

-Pero Peeves no pudo...

-¡Ya sé que no, Filch!-espetó Snape.- ¡Yo cierro mi despacho con un embrujo que sólo otro mago podría abrir!-miró escaleras arriba y luego hacia el corredor de abajo.- Bueno, ahora quiero que vengas a ayudarme a buscar al intruso, Filch.

-Yo... Sí, profesor, pero...-

Filch miró con ansia escaleras arriba. Evidentemente, se resistía a renunciar a aquella oportunidad de acorralar a Peeves.  

-El caso es, profesor…-dijo Filch lastimeramente.-…que el director tendrá que hacerme caso esta vez. Peeves le ha robado a un alumno, y ésta podría ser mi oportunidad para echarlo del castillo de una vez para siempre.

-Filch, me importa un bledo ese maldito Poltergeist. Es mi despacho lo que...

Bum, bum, bum.

Snape se calló de repente. Tanto él como Filch miraron al pie de la escalera. A través del hueco que quedaba entre sus cabezas, los mellizos vieron aparecer rengueando a Ojoloco Moody. Este llevaba su vieja capa de viaje puesta sobre el camisón, y se apoyaba en el bastón, como de costumbre.

-¿Qué es esto, una fiesta nocturna?-gruñó.

-El profesor Snape y yo hemos oído ruidos, profesor.-se apresuró a contestar Filch.- Peeves, que ha estado tirando cosas como de costumbre. Y además el profesor Snape ha descubierto que alguien ha entrado en su despacho.

-¡Cállate!-le dijo Snape a Filch entre dientes.

Moody dio un paso más hacia la escalera. Harry vio que el ojo mágico de Moody se fijaba en Snape, y luego, sin posibilidad de error, en ellos mismos. Moody podía ver a través de las capas invisibles...durante unos segundos, él y ellos se miraron a los ojos. Luego Moody cerró la boca y volvió a dirigir el ojo azul a Snape.

-¿He oído bien, Snape?-preguntó.- ¿Ha entrado alguien en tu despacho?

-No tiene importancia.-repuso Snape con frialdad.

-Al contrario.-replicó Moody con brusquedad.-Tiene mucha  importancia. ¿Quién puede estar interesado en entrar en tu despacho?

-Supongo que algún estudiante.-contestó Snape.-Ya ha ocurrido antes. Han estado desapareciendo de mi armario privado ingredientes de pociones... Sin duda, alumnos que tratan de probar mezclas prohibidas.

-¿Piensas que buscaban ingredientes de pociones?-dijo Moody.- ¿No escondes nada más en tu despacho?

La cetrina cara de Snape adquiría un desagradable color teja, y la vena de la sien palpitaba con más rapidez.

-Sabes que no, Moody.-respondió en voz peligrosamente suave.-Porque tú mismo lo has examinado exhaustivamente.

La cara de Moody se contorsionó en una terrible sonrisa.

-Privilegio de Auror, Snape. Dumbledore me dijo que echara un ojo...

-Resulta que Dumbledore confía en mí.-dijo Snape, con los dientes apretados.- ¡Me niego a creer que él te diera órdenes de husmear en mi despacho!

-¡Por supuesto que Dumbledore confía en ti!-gruñó Moody.- Es un hombre confiado, ¿no? Cree que hay que dar una segunda oportunidad. Yo, en cambio, pienso que hay manchas que no se quitan. Manchas que no se quitan nunca, ¿me entiendes?

Snape hizo de repente algo muy extraño. Se agarró convulsivamente el antebrazo izquierdo con la mano derecha, como si algo le doliera.

Moody se rió.

-Vuelve a la cama, Snape.

-¡Tú no tienes autoridad para enviarme a ningún lado!-replicó con furia contenida, soltando el brazo como enojado consigo mismo.-Tengo tanto derecho como tú a hacer la ronda nocturna de este colegio.

-Pues sigue haciendo la ronda.-contestó Moody, pero su voz resultaba amenazante.- Me muero de ganas de pillearte alguna vez en algún oscuro corredor...-lo miró a lo ojo durante unos segundos y luego señaló el piso.-Se te ha caído algo, al parecer.-

-El mapa.-musitó Tabatha.

Harry abandonó toda prudencia: levantó los brazos bajo la capa y los movió para llamar la atención de Moody, mientras gesticulaba con la boca  ¡es mío!, ¡mío!

Snape fue a tomarlo; por la expresión de su cara, parecía que empezaba a entender.

-¡Accio pergamino!-el mapa voló por el aire, se deslizó entre los dedos extendidos de Snape y bajó la escalera hasta la mano de Moody.-Disculpa.-dijo con calma.- Es mío, se me ha debido de caer antes.

Pero los negros ojos de Snape pasaban del huevo en los brazos de Filch al mapa en la mano de Moody, estaba atando cabos, como sólo él sabía...

-Potter.-murmuró.

  • ¿Qué pasa?-preguntó Moody muy tranquilo, plegando el mapa y guardándoselo.

-¡Potter!-gruñó Snape, y entonces volvió la cabeza y miró hacia donde estaban los mellizos, como si de repente fuera capaz de verlos.- Ese huevo es el de Potter o de su hermana, y ese pergamino pertenece a Potter. Lo he visto antes, ¡lo reconozco! ¡Potter está por aquí! ¡Potter, con su capa invisible!

Snape extendió las manos como un ciego y comenzó a subir por la escalera. Harry hubiera jurado que sus narices de por si grandes se dilataban, intentando descubrirlos por el olfato. Atrapados como estaban, Harry se hizo atrás para evitar los dedos de Snape, pero de un momento a otro...

-¡Ahí no hay nada, Snape!-bramó Moody.- ¡Pero me encantará contarle al director lo rápido que pensaste en los mellizos Potter!

  • ¿Con qué intención?-inquirió Snape, girando el rostro hacia Moody, pero con las manos todavía extendidas a sólo unos centímetros del pecho de Harry.

-¡Con la intención de darle una pista sobre quién pudo meter a esos niños en el Torneo!-contestó, acercándose más al inicio de la escalera.-Lo mismo que yo, está muy interesado en el problema.-la luz de la antorcha titiló en su mutilado rostro, de forma que las cicatrices y el trozo de nariz que le faltaba fueron más evidentes que nunca.

Durante un momento nadie se movió ni dijo nada. Luego Snape bajó las manos lentamente.

-Sólo pensé.-dijo intentando aparentar calma.- Que si Potter había vuelto a pasear por el castillo de noche... habría que impedirlo. Por... por su propia seguridad.

-¡Ah, ya veo!-repuso Moody en voz baja.- Lo haces por Potter, ¿eh?-hubo una pausa. Snape y Moody seguían mirándose el uno al otro. La Señora Norris emitió un sonoro maullido, todavía escudriñando desde los pies de Filch, como si buscara la fuente del olor del baño de espuma.

-Creo que volveré a la cama.-declaró Snape con tono cortante.

-Ésa es la mejor idea que has tenido en toda la noche.-dijo Moody.-Ahora, Filch, si me das ese huevo...

-¡No!-Filch agarraba el huevo como si fuera su primogénito.- ¡Profesor Moody, ésta es la prueba de la conducta de Peeves! 

-Pero pertenece al campeón al que se lo robó.-replicó Moody.- Entrégamelo. Ahora mismo.

Snape bajó la escalera y pasó por al lado de Moody sin decir nada más. Filch le hizo una especie de marramiau a la Señora Norris, que miró a los mellizos fijamente, como sin comprender, antes de volverse y seguir a su amo. Aún con la respiración alterada, Harry oyó a Snape alejarse por el corredor. Filch le entregó el huevo a Moody, y también desapareció de la vista.

Se oyó un portazo. Quedaron solos ellos y Moody, que apoyó el bastón en el primer escalón y empezó a ascender con dificultad hacia él, dando un golpe sordo a cada paso.

-Por un pelo, Potter.-murmuró.

-Sí... eh... gracias.-dijo Harry débilmente.

-¿Qué es esto?-preguntó Moody, sacando del bolsillo el mapa del merodeador y desplegándolo.

-Un mapa de Hogwarts.-explicó Harry, esperando que Moody no tardara en sacarlo del escalón falso.

-¡Por las barbas de Merlín!-susurró, mirando el mapa. Su ojo mágico lo recorría como enloquecido.- Esto... ¡esto sí que es un buen mapa, Potter!

-Sí, es... es muy útil.-repuso Tabatha, tratando de ayudar a Harry.-Eh... profesor Moody, ¿cree que podrá ayudarlo?

-¿Qué? ¡Ah!, sí, claro.-lo agarró de los brazos y tiró. La pierna de Harry se liberó del escalón falso, y él se subió al inmediatamente superior. Moody volvió a observar el mapa.-Potter...-dijo pensativamente.- ¿No verías por casualidad quién entró en el despacho de Snape? ¿No lo verías en el mapa?

-Eh... sí, lo vi.-admitió Harry.- Fue el señor Crouch.

El ojo mágico de Moody recorrió rápidamente toda la superficie del mapa.

-¿Crouch?-preguntó con inquietud.- ¿Estás seguro, Potter?

-Completamente.-afirmó él.

-Bueno, ya no está aquí.-dijo Moody, recorriendo todavía el mapa con su ojo.- Crouch... Eso es muy, muy interesante.

Quedó en silencio durante más de un minuto, sin dejar de mirar el mapa. Harry comprendió que aquella noticia le revelaba algo a Moody, y hubiera querido saber qué era.

-Eh... profesor Moody.-habló Tabatha.- ¿Por qué cree que el señor Crouch ha querido revolver en el despacho de Snape?

El ojo mágico de Moody abandonó el mapa y se fijó, temblando, en ella. Era una mirada penetrante, y Tabatha tuvo la impresión de que la estaba evaluando, considerando si responder o no, o cuánto decir.

-Mira, Potter.-murmuró finalmente.-Dicen que el viejo Ojoloco está obsesionado con atrapar magos tenebrosos... pero lo de Ojoloco no es nada, nada, al lado de lo de Barty Crouch.

Siguió mirando el mapa. Harry ardía en deseos de saber más.

-Profesor Moody, ¿piensa usted que esto podría tener algo que ver con... eh... tal vez el señor Crouch crea que pasa algo...?

-¿Cómo qué?-preguntó Moody bruscamente.

-No lo sé.-murmuró Harry.- Últimamente han ocurrido cosas raras, ¿no? Ha salido en El Profeta. La Marca Tenebrosa en los Mundiales, los Mortifagos y todo eso...

Moody abrió de par en par sus dos ojos desiguales.

-Eres agudo, Potter.-el ojo mágico vagó de nuevo por el mapa del merodeador.- Crouch podría pensar de manera parecida.-dijo pensativamente.-Es muy posible... Últimamente ha habido algunos rumores... incentivados por Rita Skeeter, claro. Creo que mucha gente se está poniendo nerviosa.-una forzada sonrisa contorsionó su boca torcida.- ¡Ah, si hay algo que odio es un Mortifago indultado!-susurró, más para sí mismo que para ellos, y su ojo mágico se clavó en la esquina inferior izquierda del mapa.-Y ahora quiero hacerte una pregunta, Potter.-dijo, en un tono mucho más frío. -¿Podrías prestármelo?

-¡Ah!-dijo Harry. Le tenía mucho aprecio a aquel mapa pero, por otro lado, se sentía muy aliviado de que Moody no le preguntara de dónde lo había sacado, y no le cabía duda de que le debía un favor.- Sí, vale.

-Son buenos chicos.-gruñó Moody.- Haré buen uso de esto: podría ser exactamente lo que yo andaba buscando. Bueno, a la cama, Potter, ya es hora. Vamos...

Subieron juntos la escalera, Moody sin dejar de examinar el mapa como si fuera un tesoro inigualable. Caminaron en silencio hasta la puerta de su despacho, donde él se detuvo y miró a los mellizos.

-¿Alguna vez han pensado en ser Aurores, Potter?

-No.-respondieron, desconcertados.

-Tienen que planteártelos.-dijo Moody moviendo la cabeza de arriba abajo y mirándolos apreciativamente.- Sí, en serio. Y a propósito...Supongo que no llevaban ese huevo simplemente para dar un paseo por la noche.

-Eh... no.-repuso Tabatha sonriendo.- Hemos estado pensando en el enigma.

Moody le guiñó un ojo, y luego el ojo mágico volvió a moverse como loco.

-No hay nada como un paseo nocturno para inspirarse, Potter.-soltó una carcajada.-Los veo por la mañana.