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"Los mellizos Potter" — capítulo 115

Capítulo 30

La tercera prueba

-¿También Dumbledore cree que Quien-tú-sabes está recuperando fuerzas?-murmuró Ron.

Aquella noche los cuatro volvieron a quedarse hasta tarde hablando de todas esas cosas en la sala común, hasta que a Harry empezó a darle vueltas la cabeza y comprendió a qué se refería Dumbledore cuando le había dicho que tenía tantos pensamientos en la cabeza que resultaba un alivio sacarlos.

Ron miraba la chimenea. A Harry le pareció que su amigo temblaba un poco, aunque la noche era cálida.

-¿Y confía en Snape?-añadió el pelirrojo.- ¿De verdad confía en Snape, aunque sabe que fue un Mortifago?

-Sí.-respondió Tabatha.

Hermione llevaba diez minutos sin hablar. Estaba sentada con la frente apoyada en las manos y mirando al suelo. A Harry se le ocurrió que también a ella le hubiera sido útil un Pensadero.

-Rita Skeeter.-murmuró al final.

-¿Cómo puedes preocuparte ahora por ella?-exclamó Ron, sin dar crédito a lo escuchado.

-Espera.-pidió la pelirroja mirando a su amiga.- ¿Qué tiene Rita?-

-No me preocupo por ella.-replicó Hermione sin dejar de mirar al suelo.- Sólo estoy pensando... ¿recuerdan lo que nos dijo en Las Tres Escobas?-

-*Yo sé cosas sobre Ludo Bagman que les pondrían los pelos de punta...-*respondió Tabatha, mirando a la nada.

Supongo que se refería a eso.-añadió Hermione.- Ella hizo la crónica del juicio, sabía que les había pasado información a los Mortifagos. Y Winky también lo sabía, ¿se acuerdan? ¡El señor Bagman es un mago malo! Seguro que el señor Crouch se puso furioso cuando lo dejaron en libertad y lo comentó en su casa.

-Ya, pero Bagman no pasó la información a sabiendas, ¿o sí?

Hermione se encogió de hombros.

-¿Y Fudge cree que Madame Máxime atacó a Crouch?-preguntó Ron, volviéndose hacia Harry.

-Sí.-repuso Harry.-Pero sólo porque Crouch desapareció junto al carruaje de Beauxbatons.

-Nosotros nunca sospechamos de ella.-comentó Ron pensativo.- Tiene sangre de gigante, y no quiere admitirlo... 

-Claro que no quiere admitirlo.-dijo Hermione bruscamente, levantando la mirada.-Mira lo que le pasó a Hagrid cuando Rita se enteró de lo de su madre. Mira a Fudge, llegando a rápidas conclusiones sobre ella, sólo porque es semigigante. ¿Para qué iba a querer que lo supieran?, ¿para hacerse víctima de ese tipo de prejuicios? En su lugar, sabiendo lo que me esperaba por decir la verdad, también yo diría que tengo el esqueleto grande.-de  pronto Hermione miró el reloj y exclamó asustada.- ¡No hemos practicado nada! ¡Tendríamos que haber preparado el embrujo obstaculizador! ¡Mañana tendremos que ponernos a ello muy en serio! Vamos, Harry, Tab, tienen que dormir.

Mediante empujones, Hermione subió a la pelirroja hacia la habitación. Las dos ingresaron sin hacer mucho ruido, lo menos que querían era despertar a sus compañeras. Las dos se cambiaron en silencio y se despidieron con un leve movimiento de la cabeza para luego esconderse tras los doseles.

Esponjando la almohada, Tabatha suspiró y miró por la rendija que dejaba que la luz de la luna se proyectase en su rostro. Algo le molestaba en el interior y era algo que le había dicho Dumbledore tiempo atrás.

Estando juntos, lo lograran debilitar y terminaron por destruirlo.

Pero a su vez había algo más haciendo presión sobre su conciencia: y eso era el motivo por el cual tomaba clases con la profesora McGonagall. Si Voldemort llegase a regresar, ella debía de ser quién defendiese a su hermano. Todo ese peso recaí sobre sus hombros y se le estaba haciendo demasiado pesado y difícil de lidiar.

-Voldemort.-murmuró, mirando la luna.-Sí…sí nunca hubiese aparecido en nuestras vidas…Neville, Harry…yo, tendríamos lo que más merecemos: una familia.-chasqueó la lengua y frotó su cabeza contra la almohada. Debía de aceptar que jamás dejaría que hirieran a su hermano.

Al empezar junio, volvieron la excitación y el nerviosismo al castillo. Todos esperaban con impaciencia la tercera prueba, que tendría lugar una semana antes de fin de curso. Los mellizos aprovechaban cualquier momento para practicar los maleficios, y la confianza los llenaba completamente.

Harta de pillarlos por todas partes, la profesora McGonagall les había dado permiso para usar el aula vacía de Transformaciones durante la hora de comer. Ninguno de los dos tardó en dominar el embrujo obstaculizador, la maldición reductora y el encantamiento brújula. Sin embargo, seguían teniendo problemas con el encantamiento escudo. Se suponía que creaba alrededor del que lo conjuraba un muro temporal e invisible capaz de desviar maldiciones no muy potentes. Hermione había logrado romper el escudo de Harry con un el encantamiento de piernas gelatinosas.

 Por aquellos días, Sirius les enviaba lechuzas a diario. Al igual que Hermione, parecía que su interés primordial era ayudar a que los mellizos pasaran la tercera prueba, antes de preocuparse por otros asuntos. En cada carta les recordaba que, ocurriera lo que ocurriera fuera de los muros de Hogwarts, ni era asunto suyo, ni podía hacer nada al respecto.

El desayuno fue muy bullicioso en la mesa de Gryffindor la mañana de la tercera prueba. Las lechuzas llevaron a Harry una tarjeta de Sirius para desearle buena suerte. No era más que un trozo de pergamino doblado con la huella de una pata de perro, pero Harry la agradeció de todas maneras. Llegó una lechuza para Hermione llevándole su acostumbrado ejemplar de El Profeta. Lo desplegó, miró la primera página y escupió sin querer el zumo de calabaza que tenía en la boca.

-¿Qué...?-preguntaron al mismo tiempo Harry y Ron, mirándola.

-Qué asco.-murmuró Tabatha, limpiándose el jugo de la túnica.

-Nada.-se apresuró a contestar Hermione, intentando retirar el periódico de la vista. Pero Ron se lo arrebató.

—No puede ser. Hoy no. Esa vieja rata...

-¿Qué?-preguntó Harry.- ¿Otra vez Rita Skeeter?

-No.-dijo Ron, e, igual que había hecho Hermione, intentó retirar el periódico.

-Es sobre nosotros, ¿verdad?

-No.-contestó Ron, en un tono nada convincente.

-¡Eh, Potter!-gritó Malfoy desde la mesa de Slytherin.- ¿Qué tal te encuentras? ¿Te sientes bien? ¿Estás seguros de que no te vas a poner furioso con nosotros?- Malfoy tenía en la mano un ejemplar de El Profeta.

-Déjame verlo.-ordenó Harry.- Dámelo. 

A regañadientes, Ron le entregó el periódico.

HARRY POTTER, «TRASTORNADO Y PELIGROSO»

El muchacho que derrotó a El-que-no-debe-ser-nombrado es inestable y probablemente peligroso, escribe Rita Skeeter, nuestra corresponsal especial. Recientemente han salido a la luz evidencias alarmantes del extraño comportamiento de Harry Potter que arrojan dudas sobre su idoneidad para competir en algo que exige tanto de sus participantes como el Torneo de los tres magos, e incluso para estudiar en Hogwarts.

Potter, como revela en exclusiva El Profeta, pierde el conocimiento con frecuencia en las clases, y a menudo se le oye quejarse de que le duele la cicatriz que tiene en la frente, vestigio de la maldición con la que Quien-ustedes-saben intentó matarlo. El pasado lunes, en medio de una clase de Adivinación, nuestra corresponsal de El Profeta presenció que Potter salía de la clase como un huracán, gritando que  la cicatriz le dolía tanto que no podía seguir estudiando.

Es posible que la mente de Potter quedara afectada por el ataque infligido por Quien-ustedes-saben, y que la insistencia en que la cicatriz le sigue doliendo sea expresión de una alteración arraigada en lo más profundo del cerebro.

"Podría incluso estar fingiendo-ha dicho un especialista- Podría tratarse de una manera de reclamar atención."

Pero El Profeta ha descubierto hechos preocupantes relativos a Harry Potter que el director de Hogwarts, Albus Dumbledore, ha ocultado cuidadosamente a la opinión pública del mundo mágico.

"Los Potter hablan la lengua Parsel-nos revela Draco Malfoy, un alumno de cuarto curso de Hogwarts- Hace dos años hubo un montón de ataques contra alumnos, y casi todo el mundo pensaba que ellos eran los culpables después de haberlo visto perder los estribos en el club de duelo y arrojarle una serpiente a otro compañero. Pero lo taparon todo. También ha hecho amistad con hombres lobo y con gigantes. En nuestra opinión, sería capaz de cualquier cosa por conseguir un poco de poder."

La lengua Parsel, con la que se comunican las serpientes, se considera desde hace mucho tiempo un arte oscura. De hecho, el hablante de idioma más famoso de nuestros tiempos no es otro que el mismísimo Quien-ustedes-saben. Un miembro de la Liga para la Defensa contra las Fuerzas Oscuras, que no desea que su nombre aparezca aquí, asegura que consideraría a cualquier mago capaz de hablar en Parsel "sospechoso a priori: personalmente, no me fiaría de nadie que hablara con las serpientes, ya que éstas son frecuentemente utilizadas en los peores tipos de magia tenebrosa y están tradicionalmente relacionadas con los malhechores". De forma semejante, añadió: "Cualquiera que busque la compañía de engendros tales como gigantes y hombres lobo parece revelar una atracción por la violencia."

Albus Dumbledore debería tal vez considerar si es adecuado que un muchacho como éste compita en el Torneo de los tres magos. Hay quien teme que Potter pueda recurrir a las artes oscuras en su afán por ganar el Torneo, cuya tercera prueba tendrá lugar esta noche.

-Ya no me tiene tanto cariño, ¿verdad?-dijo Harry sin darle importancia y doblando el periódico.

En la mesa de Slytherin, Malfoy, Crabbe y Goyle se reían de él, atornillándose el dedo en la sien, poniendo grotescas caras de loco y moviendo la lengua como las serpientes.

-¿Cómo ha sabido lo de la clase de Adivinación?-preguntó Tabatha en voz baja.- Ella no podía encontrarse allí, y es imposible que pudiera oír...

-La ventana estaba abierta. La abrí para poder respirar.

-¡Estabas en lo alto de la torre norte!-objetó Hermione.- ¡Tu voz no pudo llegar hasta abajo!

-Bueno, eres tú la que se supone que está investigando métodos mágicos de escucha.-replicó Harry.- ¡Dinos tú cómo lo hace!

-Es lo que intento averiguar.-admitió Hermione.- Pero... pero...-de repente, la cara de Hermione adquirió una expresión extraña y absorta. Levantó una mano lentamente y se pasó los dedos por el cabello.

-¿Te encuentras bien?- preguntó Ron, frunciendo el entrecejo.

-Sí.-musitó ella. Volvió a pasarse los dedos por el cabello y luego se llevó la mano a la boca, como si hablara por un walkie-talkie invisible. Los otros se miraron sin comprender.-Se me acaba de ocurrir algo.-explicó, mirando al vacío.- Creo que sé... porque entonces nadie se daría cuenta... ni siquiera Moody... y ella podría haber llegado al alféizar de la ventana... Pero no puede hacerlo... lo tiene tajantemente prohibido... ¡Creo que la he pillado! Necesito ir dos segundos a la biblioteca... ¡Sólo para asegurarme! 

Diciendo esto, tomó la mochila y salió corriendo del Gran Comedor.

-¡Eh!-la llamó Ron.- ¡Tenemos el examen de Historia de la Magia dentro de diez minutos!-pero ella no se detuvo.-Vaya.-dijo, volviéndose hacia los mellizos.-Tiene que odiar mucho a esa Skeeter para arriesgarse a llegar tarde al examen. ¿Qué van a hacer en clase de Binns, leer otra vez?

-Supongo.-contestó Harry.

Pero, justo entonces, la profesora McGonagall llegó hacia él bordeando la mesa de Gryffindor.

-Potter, después de desayunar los campeones tienen que ir a la sala de al lado.-dijo.

-¡Pero la prueba no es hasta la noche!-exclamó Harry, manchándose de huevo revuelto la pechera y temiendo haberse confundido de hora.

-Ya lo sé, Potter. Las familias de los campeones están invitadas a la última prueba, ya sabes. Ahora tienen la oportunidad de saludarlos. -se fue.

-No esperará que vengan los Dursley, ¿verdad?-inquirió Tabatha.

-Ni idea.-dijo Ron.- Será mejor que me dé prisa o llegaré tarde al examen de Binns. Hasta luego.

Los mellizos terminaron de desayunar en el Gran Comedor, que se iba vaciando rápidamente. Vieron a Fleur levantarse de la mesa de Ravenclaw y se juntaba con Cedric, para luego acercarse a ellos. El chico de ojos grises tomó la mano de su novia y los cuatro se encaminaron a la sala contigua. Krum marcaba cabizbajo, poco después, para unirse a ellos. Cedric soltó a Tabatha y abrazó a sus padres. Viktor fue a un rincón y se encontró con una señora de pelo negro, y con su padre mientras que hablaban en un fluido búlgaro. Al otro lado de la sala, se reunió Fleur con su madre y su hermana, quien los saludó con un gesto y  ellos respondieron de igual manera.

-No puede ser.-murmuró Tabatha, deteniéndose de improvisto. Delante de la chimenea se encontraban Bill y a la señora Weasley. Y a un costado, se hallaba un hombre de rostro curtido por cicatrices, pero una jovial sonrisa.- ¡Remus!-exclamó la pelirroja, corriendo hacia su padrino. El ex profesor la atajó casi en el aire y la abrazó.- No puedo creer que estés aquí.-

-Bueno, pues, sorpresa.-Remus apoyó su mentón contra la coronilla de su ahijada, mientras ella lo estrechaba aún más.-Lamento no haberte escribido durante estos meses, pero, tampoco estoy seguro de que esta visita lo compense…-

-Tonterías.-negó Tabatha, levantando la vista y sonriéndole a su padrino.-Es lo mejor que me ha pasado en todo el año.-

-¡Pensamos que podíamos venir a verte, chicos!-exclamó la señora Weasley, mientras se inclinaba para darle un beso en la mejilla a Harry.

-¿Qué tal?-los saludó Bill, sonriéndole y estrechándole la mano.- Charlie quería venir, pero no han podido darle permiso. Dice que estuvieron increíbles con los dragones.-Remus abrazó a su ahijada por los hombros y se acercaron a los demás.

Harry notó que Fleur Delacour miraba a Bill por encima del hombro de su madre con bastante interés. No parecía que le disgustaran ni el pelo largo ni los pendientes con colmillos.

-Muchísimas gracias por venir.-murmuró Harry, dirigiéndose a la señora Weasley.- Por un momento pensamos... los Dursley...

-Mmm.-dijo la señora Weasley, frunciendo los labios.

-Es estupendo volver aquí.-comentó Bill mirando la sala.-Hacía cinco años que no veía este lugar. ¿Sigue por ahí el cuadro del caballero loco, sir Cadogan?

-Sí.-contestó Tabatha.

-¿Y la Señora Gorda?-preguntó Bill.

-Ya estaba aquí en mis tiempos.-comentó la señora Weasley.- Me echó una buena bronca la noche en que volví al dormitorio a las cuatro de la mañana.

-¿Qué hacías fuera del dormitorio a las cuatro de la mañana?-quiso saber Bill, mirando a su madre sorprendido.

La señora Weasley sonrió, y los ojos le brillaron.

-Tu padre y yo fuimos a dar un paseo a la luz de la luna.-explicó.- Lo pilló Apollyon Pringle, que era el conserje por aquellos días. Tu padre aún conserva las señales.

-¿Les gustaría dar una vuelta, chicos?-ofreció Remus.

-Claro.-aceptaron, y salieron de la sala.

Al pasar al lado de Amos Diggory, éste se volvió hacia ellos. 

-Conque estás aquí, ¿eh?-dijo, mirándolos de arriba abajo.-Apuesto a que no te sientes tan ufano ahora que Cedric te ha alcanzado en puntuación, ¿a qué no?

-¿Qué?-preguntó Harry.

-No le hagas caso.- dijo Cedric en voz baja, mirando con severidad a su padre.-Está enfadado desde que leyó el artículo de Rita Skeeter sobre el Torneo de los tres magos. Ya sabes, cuando te hizo aparecer como el único campeón de Hogwarts.

-Pero no se preocupó por corregirla, ¿verdad?-comentó Amos Diggory, lo bastante alto para que Harry lo oyera mientras se dirigía a la puerta con Bill y la señora Weasley.- A pesar de todo le darás una lección, Cedric. Ya lo venciste una vez, ¿no?-

-¡Rita Skeeter haría cualquier cosa por causar problemas, Amos!-dijo malhumorada la señora Weasley.- ¡Creí que lo sabrías, trabajando en el Ministerio!

Dio la impresión de que el señor Diggory iba a decir algo hiriente, pero su mujer le puso una mano en el brazo, y él no hizo más que encogerse de hombros y apartarse.

Por otro lado, los mellizos disfrutaron mucho la mañana caminando por los terrenos soleados con Bill, la señora Weasley y Remus, mostrándoles el carruaje de Beauxbatons y el barco de Durmstrang. La señora Weasley sentía curiosidad por el sauce boxeador, que había sido plantado después de que ella había dejado el colegio, y recordaba con todo detalle al guardabosque que había precedido a Hagrid, un hombre llamado Ogg.

-¿Cómo está Percy?-preguntó Harry cuando caminaban por los invernaderos.

-No muy bien.-dijo Bill.

-Está bastante alterado.-explicó la señora Weasley bajando la voz y mirando a su alrededor.- El Ministerio quiere que no se hable de la desaparición del señor Crouch, pero a Percy lo han llamado para preguntarle acerca de las instrucciones que Crouch le ha estado enviando. Piensan que pudieran no haber sido escritas realmente por él. Percy está sometido a demasiada tensión. No lo han dejado que sustituya esta noche al señor Crouch en el tribunal. Va a hacerlo Cornelius Fudge.

Volvieron al castillo para la comida.

-¡Mamá...Bill!-exclamó Ron, atónito, acudiendo a la mesa de Gryffindor.- ¿Qué hacen aquí?-

-Hemos venido a ver a los chicos en la última prueba.-dijo con alegría la señora Weasley.

-¡Profesor Lupin!-añadió Ron. Remus le sonrió de lado.

-Por favor, siéntense.-indicó Tabatha, ocupando un asiento junto a su amigo.

-Tengo que decir que me gusta el cambio, no tener que cocinar.-comentó la señora Weasley.- ¿Qué tal el examen?-

-Eh... bien.-contestó Ron.- No pude recordar todos los nombres de los duendes rebeldes, así que me inventé algunos. Pero bien.-añadió, sirviéndose empanada de Cornualles, mientras la señora Weasley lo miraba con severidad.-Todos se llaman cosas como Bodrod el Barbudo y Urg el Guarro, así que no fue difícil.

Fred, George y Ginny fueron también a sentarse con ellos, y los mellizos lo pasaron tan bien que les parecía estar de vuelta en La Madriguera. Casi que se habían olvidado de  preocuparse por la prueba de aquella noche, y hasta que Hermione apareció en medio de la comida no recordó tampoco que ella había tenido una iluminación sobre Rita Skeeter.

-¿Nos vas a decir...?

La castaña negó con la cabeza pidiendo que se callara, y miró a la señora Weasley.

-Hola, Hermione.-la saludó ella, mucho menos afectuosa de lo habitual.

-Hola.-le respondió Hermione, con una sonrisa que vaciló ante la fría expresión de la señora Weasley.

Tabatha miró a una y a otra.

-Señora Weasley…-comenzó, aclarándose la garganta.-… usted no creería esas mentiras que escribió Rita Skeeter en Corazón de bruja, ¿verdad?-

-¡Porque Hermione y yo no somos novios!-añadió Harry, con un leve rubor.

-¡Ah!-exclamó la señora Weasley.- No... ¡Por supuesto que no!

Pero a partir de ese momento empezó a mostrarse más cariñosa con Hermione.

Los mellizos, Bill, la señora Weasley y Remus pasaron la tarde dando un largo paseo por el castillo y volvieron al Gran Comedor para el banquete de la noche. Para entonces, Bagman y Fudge se habían incorporado a la mesa de los profesores. Ludo parecía muy contento, pero Cornelius, que estaba sentado junto a Madame Máxime, tenía una mirada severa y no hablaba. Madame Máxime no levantaba la vista del plato, y parecía que tenía los ojos enrojecidos. Hagrid no dejaba de mirarla desde el otro lado de la mesa.

Cuando el techo encantado comenzó a  pasar del azul a un morado oscuro, Dumbledore, en la mesa de los profesores, se puso en pie y se hizo el silencio.

-Damas y caballeros, dentro de cinco minutos les pediré que vayamos todos hacia el campo de Quidditch para presenciar la tercera y última prueba del Torneo de los tres magos.-Tabatha apretó los puños y trago saliva con cierta dificultad.- En cuanto a los campeones, les ruego que tengan la bondad de seguir ya al señor Bagman hasta el estadio.-

-Te ira bien. Suerte.-le aseguró Remus, besándole la sien para luego sonreírle.-Ten esto.-de su raída túnica, extrajo una tableta mediana de chocolate de Honeydukes.-Tal vez algo dulce te tranquilice.-

-Gracias.-musitó la pelirroja, guardándola en el bolsillo interno.

Ella y Harry se pusieron de pie. A lo largo de la mesa, todos los de Gryffindor los aplaudieron. Los Weasley y Hermione le desearon buena suerte, y salieron del Gran Comedor, con Cedric, Fleur y Krum.  Al pasar junto a Cedric, el tejón tomó la mano de la pelirroja mientras ella apoyaba su cabeza contra su brazo.

Bajaron la escalinata y llegaron al campo de Quidditch, que estaba totalmente irreconocible. Un seto de seis metros de altura lo bordeaba. Había un hueco justo delante de ellos: era la entrada al enorme laberinto. El camino que había dentro parecía oscuro y terrorífico.

Cinco minutos después empezaron a ocuparse las tribunas. El aire se llenó de voces excitadas y del ruido de pisadas de cientos de alumnos que se dirigían a sus sitios. El cielo era de un azul intenso pero claro, y empezaban a aparecer las primeras estrellas. Hagrid, Moody, McGonagall y el profesor Flitwick llegaron al estadio y se aproximaron a Bagman y los campeones. Llevaban en el sombrero estrellas luminosas, grandes y rojas. Todos menos Hagrid, que las llevaba en la espalda de su chaleco de piel de topo.

-Estaremos haciendo una ronda por la parte exterior del laberinto.-dijo la  profesora McGonagall a los campeones.- Si tienen dificultades y quieren que los rescaten, lancen al aire chispas rojas, y uno de nosotros irá a salvarlos, ¿entendido?-los campeones asintieron con la cabeza.

-Pues entonces... ya pueden irse.-añadió Bagman con voz alegre a los cuatro que iban a hacer la ronda.

-Buena suerte, chicos.-susurró Hagrid, y los cuatro se fueron en diferentes direcciones para situarse alrededor del laberinto.

Bagman se apuntó a la garganta con la varita, murmuró ¡Sonorus!, y su voz, amplificada por arte de magia, retumbó en las tribunas.

-¡Damas y caballeros, va a dar comienzo la tercera y última prueba del Torneo de los tres magos!-hubo ovaciones.- Permítanme que les recuerde el estado de las puntuaciones: empatados en el primer puesto, con ochenta y cinco puntos cada uno... ¡el señor Cedric Diggory y el señor Harry Potter, ambos del colegio Hogwarts!-los aplausos y vítores provocaron que algunos pájaros salieran revoloteando del bosque prohibido y se perdieran en el cielo cada vez más oscuro.- En segundo y tercer lugar, con ochenta puntos, ¡el señor y la señorita Viktor Krum y Tabatha Potter, del Instituto Durmstrang y el colegio Hogwarts!-más aplausos y más ovaciones por parte del público de Gryffindor.- Y, en cuarto lugar, ¡la señorita Fleur Delacour, de la Academia Beauxbatons!

Harry pudo distinguir a duras penas, en medio de las tribunas, a la señora Weasley, Bill, Ron y Hermione, que aplaudían a Fleur por cortesía. Los saludó con la mano, y ellos le devolvieron el saludo, sonriéndole.

-¡Entonces... cuando sople el silbato, entrarán Harry y Cedric!-dijo Bagman. Los nombrados se pusieron en posición.- Tres... dos... uno...-dio un fuerte pitido, y los campeones penetraron rápidamente en el laberinto.-Señor Krum, señorita Potter, por favor.-Tabatha miró a Viktor y le regaló un débil sonrisa. El búlgaro apenas movió la cabeza.- ¡Tras soplar el silbato, ingresarán ustedes dos!-la pelirroja miró por encima de su hombro y distinguió a los Weasley, Hermione y Remus, quienes le sonreían. Por un momento le dieron ganas de gritas y salir corriendo de ahí. Podía decirle a todo el mundo que estaba preparada para esa prueba, pero estaría mintiendo.- ¡Tres…dos…uno!-un fuerte pitido la hizo reaccionar y empuñando su varita se metió al laberinto.

Ingresó con los ojos cerrados, sintiendo como la oscuridad la devoraba y le arrebataba los últimos atisbos de luz. Al volver a abrir los ojos, parecía como si aún lo mantuviese cerrados. Todo estaba oscuro. Alcanzó a escuchar su nombre en boca de la multitud pero el laberinto las acalló.

-¡Lumus!-susurró. La luminosidad era tenue, pero le servía para guiarse. A su costado encontró a Krum.-Suerte.-murmuró con voz ronca.

-Suerrte.-repitió Viktor, marcando su acento.

Ambos quedaron en silencio hasta que Tabatha comenzó a caminar.

Tomó el pasaje de la derecha y al dar dos pasos se escuchó un nuevo silbatazo: Fleur acaba de ingresar al laberinto.

La varita le temblaba en las manos. No había comenzado a correr que ya se sentía cansada, abrumada y un sudor helado le recorría la frente. A cada paso que daba sentía como que algo o alguien la perseguía, tenía miedo de voltear y enfrentar lo que fuese. Al llegar a una bifurcación, miró por encima de su hombro y comenzó a correr en dirección hacia la izquierda. Al haber corrido veinte metros, giró la mitad del cuerpo hacia atrás, pero el laberinto parecía vació, más oscuro y más terrorífico. Tabatha soltó un grito ahogado y se vio escupiendo tierra. Había tropezado.

-Genial-gruñó, sentándose en el suelo. Se examinó las manos y estas estaban rojas, tenía la rodilla raspada y un delgado hilillo de sangre hacia su aparición.-Genial. ¡Genial!-se puso nuevamente de pie y sostuvo con más firmeza su varita, sin importarle que las palmas le escociesen.-Simplemente genial, ¿cómo no?-soltó un bufido y siguió caminando.- La verdad es que no me quejo: las mejores cosas me pasan a mí, ¡JA!-no le importaba en lo más mínimo ser discreta, ya que sus pasos eran pesados.- *Oriéntame.-*le susurró a su varita, al llegar a una calle sin salida. La colocó sobre su palma herida. La varita dio varias vueltas hasta que señaló a la izquierda.-Gracias.-Tabatha la volvió a sostener mientras que con su mano libre se sacaba el polvo de su ropa.

Al tomar la calle izquierda, un estremecedor frío le recorrió toda la espalda haciendo que se detuviese. ¿Acaso serían capaces de poner un Dementor de verdad? Cuando estaba a punto de mirar hacia atrás, se escuchó un grito y alguien chillando su nombre. La pelirroja repiqueteó sus dedos contra la madera de su varita y volteó. Ante ella se alzaba un Dementor enorme: desprendía un desagradable olor putrefacto y tenía la boca completamente abierta, como si estuviese dispuesto a succionarle el alma ahí mismo.

-*¡Expecto Patronus!-*la varita vibró entre sus dedos y de la punta salió un chorro plateado, que fue adquiriendo la forma de una cierva majestuosa. El Patronus embistió al Dementor, pero el desagradable ser lo esquivo y se colocó frente a Tabatha. Quedó tan cerca que su boca rozó la nariz de la pelirroja.- Claro, no eres un Dementor.-ella soltó un risita. Cerró los ojos para no ver en que se convertiría aquel Boggart y empuñó su varita.- ¡Riddikulus!- y por primera vez, desde que Remus les había enseñado ese encantamiento, pudo ver la transformación: lo que antes representaba a Lily Evans tratando de salvar a sus hijos, ahora se modificaba a una pelota roja que rebotaba contra las paredes del laberinto.-Mucho mejor.-Tabatha giró hacia su Patronus. La cierva movió su elegante cabeza y volvió hacia su dueña.-Me encantaría que te quedes.-cuando la punta de sus dedos la rozaron, el Patronus desapareció.

Una vez que se aseguró de que el resto de la calle estuviese desierta y siguió avanzando. Hasta el momento solo se había encontrado con un Boggart: por el momento todo iba bien.

-¿Quién anda ahí?-chilló alguien a sus espaldas.

Tabatha se volvió hacia atrás, con la varita entre sus manos.

-¿Fleur?-una figura se acercaba lentamente, parecía temerosa.- ¿Fleur? ¿Eres tú?-

-Oh…Tabagtha.-la muchacha avanzó la distancia que las separaba y la abrazó.- ¡Me alegro tanto de vegte!-

-¿Estás bien?-quiso saber la pelirroja, palmeándole la espalda.

-He visto algo…-Fleur quedó en silencio.- ¡Aléjate!-gritó, empujando a Tabatha hacia un costado.- ¡Debemos salir de aquí!-tomó a la pelirroja del brazo, casi clavándole las uñas. Y justo cuando estaba por dar un paso, un rayo la golpeó en la espalda.- ¡AH!-gritó, cayendo al suelo.

-¡Fleur!-exclamó Tabatha, arrodillándose a su lado. La sacudió varias veces y se alegró de que estuviese viva.- ¿Fleur? ¿Estás bien?-

-¿Fleur? ¿Tabatha?-se escuchó de algún lado del laberinto.

La francesa no respondía a los golpes en la mejilla. La pelirroja ya estaba entrando en pánico.

-¡Por favor!-rogó.- ¡Abre los ojos!-escuchó el quebrantamiento de algunas ramas y se puso alerta, colocándose frente a Fleur y con la varita en alto.- ¿Quién anda ahí?-gritó, mirando para todos lados.

*-¡Expelliarmus!-*se escuchó de una de las esquinas y la varita de Tabatha voló por los aires. Detrás de un manto de oscuridad apareció el rostro de Krum, pero no era el mismo que cuando se habían despedido al ingresar.

-¿Viktor?-llamó la pelirroja.- ¿Estás bien?-el búlgaro soltó un gruñido y avanzó con determinación.- Oye, ¿Qué te ocurre?-Krum alzó los brazos y se lanzó sobre ella. Tabatha soltó un grito de dolor cuanto su espalda chocó duramente contra el suelo.- ¡¿Qué estás haciendo?!-chilló, forcejeando con él.- ¡Ya déjame!- Viktor le apresó los brazos. Fleur seguía sin reaccionar y no sería de mucha ayuda.- ¡Auxilio!-chilló, pataleando.- ¡Ayuda!-en ese momento Viktor subió sus manos hasta el cuello de la pelirroja y comenzó a ejercer fuerza sobre él. Por más que ella intentase gritar, lo único que conseguía era graznar como un pájaro con la garganta reseca. La presión era tanta que la cara se le estaba poniendo roja y las lágrimas desbordaban por su rostro.

-¡Hey!-gritó alguien más, haciendo que Viktor se alejara de ella. Como si fuera una película Muggle, Cedric venía al rescate.- ¡Apártate de ella, AHORA!-Krum apretó su varita entre sus dedos y miró al tejón con ojos desafiantes.- ¿Qué vas a hacer?-gritó Cedric.- ¿Qué demonios pretendes hacer?-

-¡Crucio!-el aire se llenó de repente con los gritos de Cedric.

-¡NO!-gritó Tabatha, recuperando su varita.- ¡Desmauis!-Krum lo esquivo y echó a correr. Junto a la pelirroja, el seto comenzó a moverse como si tuviese vida propia. Del otro lado salió una pierna, luego una cabeza y finalmente, Harry.- ¿Qué…?-Tabatha negó.- ¡Krum regresa!-anunció. Tanto ella como su hermano se colocaron en posición. Viktor tenía la mirada de un desquiciado y parecía querer infligir daños hacia los presentes. Los mellizos se batieron en un pequeño duelo contra el extranjero.

-¡Cru…!

*-¡Protego!-*exclamó Tabatha, antes de que Krum pudiese terminar. Ante los mellizos se formó un escudo que hizo que el maleficio atacante rebotase contra aquella superficie invisible.

-Debemos salir de aquí.-murmuró Harry.

-De acuerdo.-Tabatha se mordió el labio y miró en todas direcciones: Cedric se estaba recuperando pero Fleur aún no reaccionaba.- Voy a deshacer…-un nuevo encantamiento impactó contra el escudo.-…voy a deshacer el hechizo, pero debes actuar rápido y dejar fuera de juego a Krum.-Harry asintió. La pelirroja movió su varita y el escudo cayó. Viktor soltó un grito y empuñó su varita, dispuesto a lanzar otra maldición.

-¡Desmaius!-gritó Harry. El encantamiento pegó a Krum en el pecho. Se detuvo en seco, cayó de espalda y se quedó inmóvil, boca arriba, tendido en la hierba. Aliviada, Tabatha corrió hacia Cedric, que había dejado de retorcerse y jadeaba con las manos en la cara.

-¿Estás bien?-le preguntó, examinándolo.

-Sí.-dijo Cedric sin aliento.- ¿Tú lo estás?-ella asintió, para luego abrazarlo.

-No puedo creerlo...-musitó, aferrándose al tejón.-Inmovilizó a Fleur y vino hacia mí por detrás...lo oí, me volví y me apuntó con la varita e hizo volar la mía.-ambas se pusieron de pie. Tabatha seguía aferrada a Cedric. Ahora que lo tenía a su lado, no quería dejarlo ir.

-Me cuesta creerlo...-comentó Harry, mirando a Krum.- Creía que era un tipo legal.-

-Yo también lo creía.-repuso Cedric.- ¿Creen que Fleur esté bien?-la pelirroja se alejó de él y corrió junto a la francesa.

-Viva está.-aseguró, corriéndolo unos brillantes mechones rubios del rostro.

-¿Los dejamos aquí?-preguntó Cedric.

-No.-replicó Harry.- Creo que deberíamos lanzar chispas rojas. Alguien vendrá a recogerlos... Si no, lo más fácil es que se los coma un Escregutos.

-Es lo que se merece Krum.-musitó Cedric, pero aun así levantó la varita y disparó al aire una lluvia roja que brilló por encima de Viktor, marcando el punto en que se encontraba.

Los tres permanecieron por un momento en la oscuridad, mirando a su alrededor.

-Bueno, supongo que lo mejor es seguir...-murmuró Tabatha, masajeándose la garganta. No se sorprendería si mañana tuviese unos lindos moretones.

-¿Qué?-preguntó Harry.- Ah... sí... bien...

Fue un instante extraño: los mellizos y Cedric se habían sentido brevemente unidos contra Krum, pero enseguida volvieron a comprender que eran contrincantes.

Siguieron por el oscuro camino sin hablar; al llegar a una bifurcación Harry giró a la izquierda, y Cedric a la derecha.  Tabatha se quedó parada sin saber qué hacer. Como si fuera que alguien la comandaba, siguió a su hermano. Pronto dejaron de oírse los pasos de Cedric.

Ella iba detrás de Harry, quien había decidido utilizar el encantamiento brújula para asegurarse de que caminaba en la dirección correcta. Ahora el reto estaba entre ellos y Cedric.

Mientras avanzaban Tabatha soltó una risa, que le hizo doler la garganta.

-¿Qué pasa?-preguntó Harry.

-Esto que pasó con Krum…-se detuvo y rió con más ganas.-…esto será una historia que seguramente le contaré a mis hijos y nietos. El gran Viktor Krum tuvo el gran placer de ahorcarme.-

-Tal vez en este momento sea grave, pero cuando pasen los años, seguramente me reiré como te estás riendo ahora.-

-Tenlo por hecho, hermanito.-la pelirroja se apoyó contra Harry.-Oye, ¿crees que a Viktor lo vayan a mandar a Azkaban por utilizar una maldición imperdonable?-

-No lo sé.-Harry se encogió de hombros.

De vez en cuando llegaban a otro callejón sin salida, pero la creciente oscuridad era una señal inequívoca de que se estaban acercando al centro del laberinto. Entonces, caminando a zancadas por un camino recto y largo, volvieron a percibir que algo se movía, y el haz de luz de la varita iluminó a una criatura extraordinaria, un espécimen al que sólo había visto en una ilustración de El monstruoso libro de los monstruos.

Era una esfinge: tenía el cuerpo de un enorme león, con grandes zarpas y una cola larga, amarillenta, que terminaba en un mechón castaño. La cabeza, sin embargo, era de mujer. Harry levantó la varita, dudando. No parecía dispuesta a atacarlos, sino que paseaba de un lado a otro del camino, cerrándoles el paso.

-Están muy cerca de la meta.-murmuró con voz ronca.- El camino más rápido es por aquí.

-Eh... entonces, ¿nos dejarías pasar, por favor?-preguntó Harry, suponiendo cuál iba a ser la respuesta.

-No.-respondió, continuando su paseo.- No a menos que descifren mi enigma. Si aciertan a la primera, los dejaré pasar. Si se equivocas, los atacaré. Si se quedan callados, los dejaré marchar sin hacerles ningún daño.

Los mellizos se miraron entre sí.

-¿Te encargas tú?-preguntó Harry. Tabatha asintió.

-De acuerdo.-dijo la pelirroja.- ¿Podemos oír el enigma?

La esfinge se sentó sobre sus patas traseras, en el centro mismo del camino.

 -Si te lo hiciera, te desgarraría con mis zarpas, pero eso sólo ocurrirá si no lo captas. Y no es fácil la respuesta de esta adivinanza,  porque está lejana, en tierras de bonanza,  donde empieza la región de las montañas de arena  y acaba la de los toros, la sangre, el mar y la verbena. Y ahora contesta, tú, que has venido a jugar: ¿a qué animal no te gustaría besar?

-¿Eh?- Harry la miró con la boca abierta.

-¿Podría decírmelo otra vez... más despacio?-pidió Tabatha. Ella parpadeó, sonrió y repitió el enigma.

-¿Todas las pistas conducen a un animal que no me gustaría besar?-preguntó Harry. Ella se limitó a esbozar su misteriosa sonrisa. Los mellizos tomaron aquel gesto por un sí.

La pelirroja comenzó a darle vueltas al acertijo en la cabeza. Había muchos animales a los que no le gustaría besar: de inmediato pensó en un Escregutos de cola explosiva. 

-Si te lo hiciera, te desgarraría con mis zarpas.-murmuró, mirándola.-Puede desgarrarme si me come, pero me desgarraría con los colmillos, no con las zarpas.-pensó, curvando los labios.- ¿Podría repetirme lo que sigue, si es tan amable?

La Esfinge aceptó el pedido.

-Gracias.-dijo Harry.

-Bien: la respuesta está donde empieza la región de las montañas de arena y acaba la de los toros, la sangre, el mar y la verbena. El país de los toros, la sangre, el mar y la verbena podría ser España, y la región de las montañas de arena podría ser Marruecos, el Magreb, Arabia. Donde acaba España y empieza Marruecos podría ser el estrecho de Gibraltar, pero no puedo ir ahora tan lejos en busca de la respuesta.-volvió a curvar los labios.-Claro que Marruecos y Magreb empiezan por ma, Arabia lo hace por ara, y España acaba en ña. Y si me lo hace,  si se da maña, no, si me araña... ¿qué animal no me gustaría besar?-la pelirroja asintió.

-¿Lo tienes?-preguntó Harry. Tabatha le susurró su explicación al oído.

-¡La araña!-exclamaron los dos al mismo tiempo.

La esfinge pronunció más su sonrisa. Se levantó, extendió sus patas delanteras y se hizo a un lado para dejarlos pasar.

-¡Gracias!-dijo Harry y, sorprendido de la inteligencia de su hermana, echó a correr con ella a arrastras.- ¡Eres asombrosa, Lily!-exclamó.

-No me adules, James y sigue corriendo.-ella soltó una risita.

-¡Oriéntame!-le susurró a la varita Harry cuando llegaron a una bifurcación. Su varita giró y se paró apuntando al camino de la derecha. Giraron corriendo por él, y vio luz delante.

La Copa de los tres magos brillaba sobre un pedestal a menos de cien metros de distancia. Harry apretó la mano de su hermana y volvieron a echar a correr pero una mancha oscura salió al camino, corriendo como una bala por delante de ellos.

Cedric iba a llegar primero. Corría hacia la copa tan rápido como podía, y Harry sabía que nunca podría alcanzarlo, porque Cedric era mucho más alto y tenía las piernas más largas...

Entonces Harry vio algo inmenso que asomaba por encima de un seto que había a su izquierda y que se movía velozmente por un camino que cruzaba el suyo. Iba tan rápido que Cedric estaba a punto de chocar contra aquello, y, con los ojos fijos en la copa, no lo había visto...

-¡Cedric!-gritó Tabatha, con los ojos impregnados de terror.- ¡A tu izquierda!

El tejón miró justo a tiempo de esquivar la cosa y evitar chocar con ella, pero, en su apresuramiento, tropezó. La varita se le cayó de la mano, mientras  la araña gigante entraba en el camino y se abalanzaba sobre él.

-¡Desmaius!-volvió a gritar Harry. El encantamiento dio de lleno en el gigantesco cuerpo, negro y peludo,  pero fue como si le hubiera tirado una piedra: el bicho dio una sacudida, se balanceó un momento y luego corrió hacia él, en lugar de hacerlo hacia Cedric.- *¡Desmauis!-*pero no servía de nada: la araña era tan grande, o tan mágica, que los encantamientos no hacían más que provocaría. Antes de que estuviera sobre él, Harry sólo vio la imagen horrible de ocho patas negras brillantes y de pinzas afiladas como cuchillas. Lo levantó en el aire con sus patas delanteras. Forcejeando como loco, Harry intentaba darle patadas: su pierna pegó en las pinzas del animal, y sintió de inmediato un dolor insoportable. Oyó que Cedric también gritaba ¡Desmaius!, pero sin más éxito que él.

-¡Arania Exumai!-exclamó la pelirroja. El encantamiento hizo que el bicho soltara a Harry, pero eso supuso una caída de casi cuatro metros de altura sobre la pierna herida, que se aplastó bajo su peso.- ¡Desmaius!-gritó Tabatha al mismo tiempo que Cedric.

Combinados, los dos encantamientos lograron lo que uno solo no podía: el animal se desplomó de lado, sobre un seto, y quedó obstruyendo el camino con una maraña de patas peludas.

-¡Harry!- exclamó Cedric.- ¿Estás bien? ¿Cayó sobre ti?

-¡No!-respondió Harry, jadeando.

-¡Estás sangrando!-chilló su hermana, arrodillándose junto a él: tenía una herida en la pierna la cual sangraba y le manchaba la túnica con una secreción viscosa de las pinzas. Trató de levantarse, pero la pierna le temblaba y se negaba a soportar el peso de su cuerpo.-Déjame ayudarte.-ella le hizo pasar su brazo por encima de sus hombros y logró que él se apoyase en el seto.

Cedric estaba a muy poca distancia de la Copa de los tres magos, que brillaba tras él.

-Tómala.-jadeó Harry sin aliento.- Vamos, tómala. Ya has llegado.-pero Cedric no se movió. Se quedó allí, mirando a los mellizos. Luego se volvió para observarla. Harry vio la expresión de anhelo en su rostro, iluminado por el resplandor dorado de la Copa.

-Ced.-habló la pelirroja.-No pasa nada si la tomas, después de todo, eres el legítimo campeón de Hogwarts.-

-No.-dijo el tejón.-Tómenla ustedes. Merecen ganar: me salvaron la vida dos veces.

-No es así el Torneo.-replicó Harry.

-El primero que llega a la Copa gana.-recordó la pelirroja, sosteniendo a su hermano por la cintura.- Y el primero has sido tú. Te lo estoy diciendo: no habrá rencores si la tomas.-

Cedric se acercó un poco más a la araña desmayada, alejándose de la Copa y negando con la cabeza.

-No.-dijo.

-¡Deja de hacer alardes de nobleza!-exclamó Harry irritado.- No tienes más que tomarla, y podremos salir de aquí.

-Tab, tú me dijiste lo de los dragones.-recordó Cedric.-Habría caído en la primera prueba si no me lo hubieras dicho.

-Nos los dijeron a nosotros.-espetó Harry, tratando de limpiarse con la túnica la sangre de la pierna.- Y luego tú nos ayudaste con el huevo: estamos en paz.

-También a mí me ayudaron con el huevo.

-Seguimos estando en paz.-insistió Tabatha.

-Harry, te merecías más puntos en la segunda prueba.-dijo Cedric tercamente.-Te rezagaste porque querías salvar a todos los rehenes. Es lo que tendría que haber hecho yo.

-¡Sólo yo fui lo bastante tonto para tomarme en serio la canción!-contestó Harry con amargura.- ¡Toma la Copa!

-No.-contestó Cedric, dando unos pasos más hacia Harry.

-Quédate aquí.-susurró Tabatha, apoyando a su hermano contra el seto.-Ced.-se acercó al tejón y lo tomó de la mano.-Mereces ir a tomar esa Copa. Esto es una competencia y debes ganar. Nos hemos ayudado mutuamente, pero solo uno puede ganar y ese UNO, eres tú: un honesto Hufflepuff, quien debe aceptar la rendición de dos Gryffindor.-

-No, vamos, tómenla ustedes.-insistió Cedric, tomándola de las mejillas. La besó cortamente.-Te amo, pero no voy a cambiar de idea.- se cruzó los brazos y su rostro no dejaba lugar a dudas.

-Me había olvidado lo terco que eras.-Tabatha sonrió y lo abrazó.- Así que… estás complemente decidido…-

-Vamos los tres.-propuso Harry.

-¿Qué?-preguntaron Tabatha y Cedric.

-La tomaremos los tres al mismo tiempo.-explicó el azabache.- Será la victoria de Hogwarts.  Empataremos.

Cedric observó a Harry. Descruzó los brazos.

-¿Es... estás seguro?-

-Sí.-afirmó Harry.- Sí...nos hemos ayudado el uno al otro, ¿no? Hemos llegado hasta aquí. Tenemos que tomarla juntos.

Por un momento pareció que Cedric no daba crédito a sus oídos. Luego sonrió.

-Adelante, pues.-dijo, apretando la mano de su novia.- Vamos.

Entre los dos tomaron a Harry de los brazos, por debajo del hombro, y lo ayudaron a ir hacia el pedestal en que descansaba la Copa. Al llegar, uno y otro acercaron sendas manos a las relucientes asas.

-A la de tres, ¿de acuerdo?-propuso la pelirroja. Los otros dos asintieron.- Uno... dos... tres...

Los tres agarraron las asas de la Copa.

Al instante, la pelirroja sintió una sacudida en el estómago. Sus pies despegaron del suelo. No podía aflojar la mano que sostenía la Copa de los tres magos: lo llevaba hacia delante, en un torbellino de viento y colores, y Cedric y Harry iban a su lado.