"Los mellizos Potter" — capítulo 130
Capítulo 9
"Prefecta Potter"
N/A: Capítulo dedicado a ArlyEd. Espero que te guste****J
La súbita partida de Dumbledore tomó por sorpresa a Harry, que se quedó sentado donde estaba, en la silla con cadenas, debatiéndose entre la conmoción y el alivio. Tabatha se puso de pie y acortó la distancia que la separaba de su hermano; soltó un gritito de alegría y se lanzó a los brazos de su hermano, quién la recibió sin tanta efusión. Los miembros del Wizengamot empezaron a levantarse, hablando entre ellos, mientras recogían sus papeles y los guardaban. Ellos también se levantaron. Nadie les prestaba la más mínima atención, excepto la bruja con cara de sapo, y que en ese instante los miraba en lugar de a Dumbledore desde el estrado.
-Vayámonos.-susurró la pelirroja, aferrándose a la mano de Harry. Sin que nadie les diera la orden, juntos comenzaron a caminar muy deprisa hacia la salida.
Abrieron la puerta de un tirón y casi chocaron con el señor Weasley, que estaba de pie fuera, pálido y con gesto preocupado.
-Dumbledore no me ha dicho...
-¡Absuelto!-gritó Harry cerrando la puerta tras él.- ¡Absuelto de todos los cargos!
El señor Weasley sonrió, radiante, y agarró al chico por los hombros.
-¡Eso es fantástico, Harry! Bueno, era evidente que no podían declararte culpable con las pruebas que tenían, pero, aun así, no puedo decir que no estuviera...-pero el hombre no terminó la frase porque la puerta de la sala del tribunal acababa de abrirse otra vez. Los miembros del Wizengamot comenzaron a desfilar por ella.- ¡Por las barbas de Merlín!-exclamó, y apartó a Harry para dejarlos pasar.- ¿Te ha juzgado el tribunal en pleno?
-Creo que sí.-contestó el azabache.
Uno o dos magos saludaron a los mellizos al pasar, y otros, entre ellos Madame Bones. Sin embargo, la mayoría esquivó su mirada. Fudge y la bruja con cara de sapo fueron de los últimos en abandonar la mazmorra. El ministro se comportó como si ellos fueran parte de la pared, pero la bruja, una vez más, miró de arriba a abajo a Harry al pasar a su lado. El último en salir fue Percy. Al igual que había hecho Fudge, los ignoró por completo; pasó sin decir nada con un gran rollo de pergamino y un puñado de plumas de recambio en las manos, con la espalda rígida y la barbilla levantada. Los labios del señor Weasley se tensaron ligeramente, pero aparte de eso no dio señales de haber visto a su tercer hijo.
-Voy a acompañarlos ahora mismo para que puedas contarles a todos la buena noticia.-dijo, haciéndole señas para que los siguiera tan pronto como Percy se perdió de vista por la escalera que conducía a la novena planta.-Los dejaré en casa aprovechando que tengo que ir a ver ese inodoro público de Bethnal Green. Vamos...
-¿Y qué tendrá que hacer con el inodoro? -preguntó Tabatha, sonriente.
-Oh, bastará con un sencillo antiembrujo.-respondió el señor Weasley mientras subían la escalera.-Pero el problema no está tanto en tener que reparar los daños causados, sino en la actitud que hay detrás de ese acto de vandalismo. Hay magos que se divierten fastidiando a los muggles, y eso es la expresión de algo mucho más profundo y feo, y yo personalmente...
El señor Weasley se interrumpió a media frase. Acababan de llegar al pasillo de la novena planta y Cornelius Fudge estaba plantado a pocos metros de ellos, hablando en voz baja con un individuo alto que tenía el cabello rubio y lacio y el rostro pálido y anguloso.
La pelirroja entrecerró los ojos.
-Malfoy.-musitó.
El individuo se volvió al oír pasos y también interrumpió la conversación; también entrecerró los ojos, grises y de fría mirada, y los clavó en la cara de Harry.
-Vaya, vaya... Patronus Potter.-dijo Lucius Malfoy con descaro.-El ministro me estaba contando que te has librado de una buena, Potter.-comentó arrastrando las palabras.- Es asombroso cómo te las ingenias para escabullirte de las situaciones comprometidas... Como una culebra, diría yo.
El señor Weasley sujetó a Harry por un hombro en señal de advertencia.
-Sí.-afirmó el azabache. -Es verdad, se me da muy bien escabullirme.
Lucius Malfoy miró al señor Weasley.
-¡Mira por dónde, Arthur Weasley! ¿Qué haces aquí, Arthur?
-Trabajo aquí.-contestó éste en tono cortante.
-¿Aquí?-se extrañó el señor Malfoy, arqueando las cejas y mirando hacia la puerta que el señor Weasley tenía a sus espaldas.- Creía que estabas arriba, en la segunda planta... ¿No te dedicabas a llevarte artefactos muggles a escondidas y hechizarlos?
-No.-se limitó a decir el señor Weasley, y clavó aún más los dedos en el hombro de Harry.
-¿Y usted qué hace aquí, por cierto?-cuestionó la pelirroja, cruzándose de brazos.
-No creo que los asuntos privados que hay entre el ministro y yo sean de tu incumbencia, Potter.-contestó Malfoy alisándose la parte delantera de la túnica. Se oyó con claridad el débil tintineo de un bolsillo lleno de oro.- Francamente, que sean los alumnos favoritos de Dumbledore no significa que deban esperar la misma indulgencia por parte de los demás...-se dirigió hacia Fudge.- ¿Subimos a su despacho, ministro?
-Desde luego.-respondió dándoles la espalda a los mellizos y al señor Weasley.- Por aquí, Lucius.
Echaron a andar hablando en voz baja, y el señor Weasley no soltó el hombro de Harry hasta que los otros dos entraron en el ascensor.
-Si tienen asuntos que tratar, ¿por qué no estaba esperando Malfoy frente al despacho de Fudge?-estalló Harry.- ¿Qué hacía aquí abajo?
-Intentar colarse en la sala del tribunal, supongo.-respondió el señor Weasley, muy agitado, al mismo tiempo que giraba la cabeza para asegurarse de que nadie podía oírlos.- Debía de querer enterarse de si te habían expulsado o no. Cuando te lleve a casa le dejaré una nota a Dumbledore; le conviene saber que Malfoy ha estado hablando con Fudge otra vez.
-¿Y qué asunto privado debe de ser ese del que tienen que tratar? -quiso saber Tabatha, frunciendo el ceño.
-Oro, supongo.-contestó el señor Weasley, enojado.-Malfoy lleva años haciendo generosas donaciones de todo tipo. Así se congracia con la gente que le interesa... y de ese modo puede pedir favores, retrasar leyes que no le conviene que aprueben... ¡Ah, sí, Lucius Malfoy está muy bien relacionado!
Llegó el ascensor, que iba vacío, con excepción de una nube de memorándum que revolotearon alrededor de la cabeza del señor Weasley mientras él pulsaba el botón del Atrio y se cerraban las puertas. Irritado, el hombre movió la mano para apartarlos.
-Señor Weasley.-dijo Harry lentamente.-Si Fudge se reúne con Mortifagos como Malfoy, si los ve a solas, ¿cómo podemos saber que no le han echado una maldición Imperius?
-No creas que no se nos ha ocurrido ya.-respondió el señor Weasley en voz baja.- Pero Dumbledore cree que de momento Fudge actúa por voluntad propia, lo cual, como también dice Albus, no supone un gran consuelo. Pero ahora más vale que no hablemos de eso, Harry.
Se abrieron las puertas y salieron al Atrio, que en ese instante estaba casi desierto. Eric, el mago de seguridad, volvía a estar escondido tras El Profeta. Cuando ya habían pasado la fuente dorada, Harry se acordó de algo.
-Un momento.-le pidió al señor Weasley, y sacando su monedero del bolsillo, volvió junto a la fuente. Al situarse en un lateral, dejó caer todo el contenido de su monedero dentro del agua.
..*
-¡Lo sabía!-gritó Ron lanzando puñetazos al aire.- ¡Siempre te libras de todo!
-Estaba clarísimo que tendrían que absolverte.-objetó Hermione, que cuando Harry entró en la cocina parecía a punto de desmayarse de la ansiedad, y que en ese instante se tapaba los ojos con una mano temblorosa.- No podían acusarte de nada.
-Pues estáis todos muy aliviados teniendo en cuenta que creíais que me absolverían.-comentó Harry, sonriente.
La señora Weasley se secaba las lágrimas con el delantal, y Fred, George y Ginny se habían puesto a bailar una especie de danza guerrera al son de una canción que decía:
-¡Se ha librado! ¡Se ha librado! ¡Se ha librado!
-¡Basta! ¡Cálmense! -gritó el señor Weasley, aunque él también sonreía.-Oye, Sirius, hemos visto a Lucius Malfoy en el Ministerio...
-¿Qué?-saltó Sirius.
-¡Se ha librado! ¡Se ha librado! ¡Se ha librado!
-¡Cállense, ustedes tres!-insistió el señor Weasley.- Sí. Lo hemos visto hablando con Fudge en la novena planta; luego han subido juntos al despacho de Fudge. Dumbledore debería saberlo.
-Desde luego.-coincidió Sirius.-Se lo diremos, no te preocupes.
-Bueno, tengo que irme, hay un inodoro que vomita esperándome en Bethnal Green.-anunció.- Molly, llegaré tarde, debo cubrir a Tonks, pero quizá Kingsley venga a cenar...
-Se ha librado, se ha librado, se ha librado...
-¡Basta! ¡Fred, George, Ginny!-chilló la señora Weasley cuando su marido salió de la cocina.- Chicos.-se dirigió a los mellizos.-Queridos, vengan y siéntense, coman algo, que apenas han desayunado.
Ron y Hermione se sentaron enfrente de ellos, que no los había visto tan contentos desde su llegada a Grimmauld Place. De pronto la sombría casa resultaba más cálida y acogedora; hasta Kreacher parecía menos feo cuando éste metió la nariz en la cocina para investigar el origen de todo aquel alboroto.
-Claro, cuando Dumbledore se puso de tu lado, no había forma de que te condenaran.-observó Ron alegremente mientras servía enormes cucharadas de puré de patatas en los platos.
-Sí, Dumbledore me echó una mano.-afirmó Harry.-Pero no fue el único.-las mejillas de Tabatha se tiñeron de rojo. Bajó la vista y se llenó de modestia. El azabache le sonreía, cuando toda expresión se esfumó de su rostro. Ya estaba pasándole de nuevo; la cicatriz empezó a arderle, al punto que tuvo que sostenerse la frente con la mano. Tabatha frunció el ceño y una mueca de dolor adornó su rostro.
-¿Qué ocurre?-preguntó Hermione, alarmada.
-La cicatriz.-murmuró Harry.- Pero no es nada...ahora me pasa con mucha frecuencia.
Los demás no se habían dado cuenta, pues todos se servían comida mientras seguían saboreando la absolución de Harry. Fred, George y Ginny seguían cantando y Hermione estaba muy nerviosa.
-Seguro que Dumbledore vendrá esta noche para celebrarlo con nosotros.-comentó Ron, con la boca llena.
-No creo que pueda venir, Ron.-intervino la señora Weasley al mismo tiempo que ponía un inmenso plato de pollo asado delante de Harry.-Ahora está muy ocupado.
-Se ha librado, se ha librado, se ha librado...
-¡Cállense!-rugió la señora Weasley.
En los días que siguieron, a Harry no se le escapó que en el número 12 de Grimmauld Place había una persona a la que no parecía alegrarle mucho saber que él regresaría a Hogwarts. Al enterarse de la noticia, Sirius interpretó bien su papel expresando su satisfacción, estrujándole la mano y sonriendo encantado como todos los demás. Sin embargo, poco después se mostró más malhumorado y hosco que antes; cada vez hablaba menos, incluso con Harry, y pasaba mucho tiempo encerrado en la habitación de su madre con Buckbeak. A medida que se acercaba el final de las vacaciones, Harry cada vez fantaseaba más sobre Hogwarts; aunque no lo comentaba cuando Sirius podía oírlo.
-Han llegado las listas de libros.-anunció Hermione mientras que Tabatha y Ginny preparaban sus equipajes.
-¡Ya era hora!-exclamó la pelirroja menor, dejando una pila de libros sobre la cama. La castaña se encargó de repartirlas.
Tabatha se limpió el polvo de los dedos contra su pantalón y rompió el sello lacrado de su carta. Como era habitual: contenía dos trozos de pergamino, uno era la nota habitual que le recordaba que el curso empezaba el uno de septiembre, y en el otro estaban detallados los libros que necesitaría para el próximo curso.
-Sólo hay dos nuevos.-comentó leyendo la lista.- Libro reglamentario de hechizos, 5° curso, de Miranda Goshawk, y Teoría de defensa mágica, de Wilbert Slinkhard.-mientras Hermione asentía, reparó en que había algo que sobresalía del sobre. Sopló la boca de papel y dejó que el resto del contenido cayese sobre su mano. Sobre su palma cayó un objeto pequeño con una enorme P grabada en dorado con un león de fondo.-Ohm…Hermione, creo que te equivocaste de sobre.-murmuró, volviendo a guardar el pequeño objeto para luego entregárselo.
La castaña se acercó a su amiga y lo recibió. Dubitativa releyó el remitente y negó lentamente.
-Creo que no se equivocaron.-dijo, tomando el pequeño objeto entre sus dedos. Luego de inspeccionarla, abrió los ojos de una manera desmesurada.- ¡No puedo creerlo!-tanto Tabatha como Ginny, que estaba distraídas, dieron un respingo.
-¿Qué pasó?-preguntaron ambas pelirrojas.
-¡Te nombraron Prefecta!-chilló Hermione, zarandeando a su mejor amiga por los hombros. - ¡A ti, Prefecta, Gryffindor!-la alegría de la castaña asustaba a Tabatha.- ¡Yo lo sabía!-la estrechó en un abrazo tan fuerte que casi que se quedó sin aire.
-¿Cómo…yo…qué?-la pelirroja logró sacársela de encima y agarró la carta. Releyó el pergamino varias veces, pero no había ninguna nota que acompañase a la insignia.
-¡Eso es genial!-añadió Ginny, reaccionando finalmente.- ¡Simplemente, increíble!-se sumó al abrazo y tiró a ambas chicas a la cama.
-Creo…creo que debo ir a ver si alguno de los chicos recibió la insignia también.-se excusó Tabatha, saliendo del enredo de brazos y poniéndose de pie.
Apretó la P entre sus manos y salió de la habitación.
Una vez que cerró la puerta detrás de sí, emprendió una carrera hacia el piso de arriba. Mientras subía se preguntaba cómo, después de los recientes eventos, podían nombrarla Prefecta; no tenía malas calificaciones pero, ¿sería lo bastante responsable como para llevar a cabo tal tarea? ¿A caso Dumbledore confiaba tanto en ella como para ponerle el título de Prefecta? ¿Habrían considerado las cualidades de Hermione?
Dejó de pensar cuando se halló frente a la puerta del cuarto de Ron y Harry.
Hasta ese momento no se había dado cuan tensa se encontraba. Relajó los hombros, colocó su mano en la perilla y abrió la puerta. Irrumpió en la habitación y lo primero que vio fue a Harry con la misma insignia que ella.
-¿Tú también?-preguntó sonriendo. Las preocupaciones se habían disipado un poco.- ¡Yo también!-
-No.-se apresuró a decir Harry, y le puso la insignia en la mano al pelirrojo.- No es mía, es de Ron.
La sonrisa del rostro de Tabatha se desdibujó al instante, pero su sombra permanecía en sus labios.
-¿Cómo dices?
-El prefecto es Ron, no yo.-explicó Harry.
-¿Ron?-se extrañó y trató no sonar tan dura.- Pero...-se puso muy roja cuando Ron la miró con expresión desafiante.- ¡Felicitaciones, Ronnie!-exclamó, tratando de arreglar la situación.-Es totalmente...-tomó aire y no supo que decir, solo sonreía y apretaba su insignia.
-Inesperado.-acabó George haciendo un movimiento afirmativo con la cabeza.
-No.-se apresuró a decir ella, ruborizándose aún más.-No, no es nada inesperado. Ron, Ron se lo merece. Es un buen estudiante y de seguro será un excelente Prefecto.
La puerta que había a su espalda se abrió un poco más y la señora Weasley entró en la habitación cargada de ropa recién planchada.
-Ginny me ha dicho que por fin han llegado las listas de libros.-comentó echando un vistazo a los sobres mientras iba hacia la cama y empezaba a ordenar la ropa en dos montones.- Si me las dan, iré al callejón Diagon esta tarde y les compraré los libros mientras ustedes hacen el equipaje. Ron, tendré que comprarte más pijamas, éstos se te han quedado al menos quince centímetros cortos. No puedo creer que hayas crecido tanto... ¿De qué color los quieres?
-Cómpraselos rojos y dorados para que hagan juego con su insignia.-propuso George con una sonrisita de suficiencia.
-¿Para que hagan juego con qué?-preguntó la señora Weasley, distraída, mientras doblaba unos calcetines granates y los colocaba en el montón de ropa de Ron.
-Con su insignia.-respondió Fred como quien quiere liquidar un asunto desagradable cuanto antes.-Su preciosa y reluciente nueva insignia de prefecto.
Las palabras de Fred tardaron un momento en llegar al cerebro de la señora Weasley, pero fulminaron su preocupación por los pijamas de su hijo.
-Su... Pero si... Ron, tú no...-él le enseñó la insignia y ella soltó un chillido muy parecido al de Hermione.- ¡No puedo creerlo! ¡No puedo creerlo! ¡Oh, Ron, qué maravilla! ¡Prefecto! ¡Como todos en la familia!
-¿Y quiénes somos Fred y yo, los vecinos de enfrente?-preguntó George, indignado, cuando su madre lo apartó de un empujón y se lanzó a abrazar a su hijo menor.
-¡Ya verás cuando lo sepa tu padre! ¡Ron, estoy tan orgullosa de ti, qué noticia tan fabulosa, quizá acaben nombrándote delegado, como a Bill y a Percy, es el primer paso! ¡Oh, qué gran noticia en medio de todos estos problemas, estoy encantada, oh, Ronnie!
A espaldas de su madre, Fred y George se pusieron a fingir que vomitaban, pero la señora Weasley no se dio ni cuenta porque estaba abrazada a Ron, cubriéndole la cara de besos. Él estaba más colorado que su insignia.
-Mamá..., no... Mamá, contrólate...-balbuceó intentando apartarla.
La señora Weasley lo soltó.
-Bueno, ¿qué quieres que te regalemos? A Percy le regalamos una lechuza, pero tú ya tienes una, claro.
-¿Qué quieres decir?-preguntó el chico, que no podía dar crédito a sus oídos.
-¡Mereces una recompensa por esto!-afirmó la señora Weasley con cariño— ¿Qué te parece una túnica de gala nueva?
-Nosotros ya le hemos comprado una.-dijo Fred con amargura, como si lamentara sinceramente tanta generosidad.
-O un caldero nuevo. El de Charlie está tan viejo que está agujereándose. O una rata nueva; siempre te gustó Scabbers...
-Mamá.-aventuró Ron esperanzado.- ¿Pueden comprarme una escoba?-el rostro de la mujer se ensombreció un poco.- ¡No hace falta que sea muy buena!-se apresuró a añadir.- Me conformo con que sea nueva...
La señora Weasley vaciló, pero acabó sonriendo.
-Claro que sí, hijo mío... Bueno, será mejor que me dé prisa si también tengo que comprar una escoba. Ya los veré más tarde... ¡El pequeño Ronnie, prefecto! Y no se olviden de hacer el equipaje... ¡Prefecto! ¡Oh, qué nerviosa estoy!
Volvió a besar a Ron en la mejilla, aspiró ruidosamente por la nariz y salió a toda velocidad de la habitación.
Fred y George se miraron.
-No te importará que nosotros no te besemos, ¿verdad, Ron?-dijo Fred con una voz falsamente nerviosa.
-Si quieres, podemos hacerte una reverencia.-añadió George.
-Pueden abrazar a Tabatha.-repuso Ron.-A mí déjenme en paz.-
-Y si no te dejamos en paz, ¿qué?-inquirió Fred dibujando una maliciosa sonrisa.- ¿Vas a castigarnos?
-Me encantaría ver cómo lo intenta.-se burló George.
-No nos provoquen.-terció la pelirroja, cruzándose de brazos.
Fred y George rompieron a reír.
-Vamos a tener que ir con mucho cuidado, George.-dijo Fred fingiendo que temblaba.-Con estos dos vigilándonos...
-Sí, por lo visto se nos ha acabado lo de hacer escándalos.-añadió George moviendo la cabeza.
Tabatha rodó los ojos, dio media vuelta y salió de la habitación.
..*
La señora Weasley regresó del callejón Diagon hacia las seis, cargada de libros y con un largo paquete envuelto con papel marrón que Ron le quitó de las manos con un gemido de deseo contenido. Abajo, en el sótano, la señora Weasley había colgado una pancarta roja sobre la mesa, llena a rebosar de comida, que decía:
FELICIDADES RON Y TABATHA, NUEVOS PREFECTOS
Harry no la había visto de tan buen humor en todas las vacaciones.
-Me ha parecido buena idea celebrar una pequeña fiesta en lugar de servir la cena en la mesa.-explicó.-Tu padre y Bill están en camino, Ron. Les he enviado una lechuza y están entusiasmados.-añadió, radiante.
Fred puso los ojos en blanco.
Sirius, Lupin, Tonks y Kingsley Shacklebolt ya estaban allí, y Ojoloco Moody entró poco después de que Harry se sirviera una cerveza de mantequilla.
-¡Oh, Alastor, me alegro de verte!-exclamó la señora Weasley jovialmente, mientras Ojoloco se quitaba la capa de viaje haciendo un movimiento con los hombros.- Hace mucho tiempo que queríamos pedírtelo... ¿Podrías echarle un vistazo al escritorio del salón y decirnos qué hay dentro? No hemos querido abrirlo por si se trata de algo peligroso.
-No te preocupes, Molly...-el ojo de color azul eléctrico de Moody giró hacia arriba y se clavó en el techo de la cocina.- En el salón...-gruñó mientras se le contraía la pupila.- ¿Ese escritorio del rincón? ¡Ah, sí, ya lo veo! Sí, es un Boggart... ¿Quieres que suba y me deshaga de él, Molly?
-No, no, ya lo haré yo más tarde.-dijo la señora Weasley sin dejar de sonreír.- Ahora tómate algo. Verás, hoy hemos organizado una pequeña fiesta...-señaló la pancarta roja.- ¡El cuarto prefecto de la familia!-añadió con orgullo, alborotándole el pelo a Ron.
-Conque prefectos...-gruñó Moody observando a ambos pelirrojos con su ojo normal mientras el mágico giraba y se quedaba mirando hacia la sien. Harry tuvo la desagradable sensación de que lo contemplaba a él, y fue hacia donde estaban Sirius y Lupin.- Bueno..., felicidades.-dijo Moody fulminándolos con su ojo normal.-Las figuras de autoridad siempre atraen problemas, pero supongo que Dumbledore cree que ustedes pueden soportar cualquier embrujo, porque si no, no los habría nombrado...
Ambos chicos parecieron asustados un poco ante aquella interpretación del asunto, pero se libró de tener que contestar gracias a la llegada del señor Weasley y Bill. La señora Weasley estaba de tan buen humor que ni siquiera protestó porque hubieran llevado a Mundungus con ellos.
-Bueno, creo que la ocasión merece un brindis.-anunció el señor Weasley cuando todos tenían ya su copa. Levantó la suya.- ¡Por Ron y por Tabatha, los nuevos prefectos de Gryffindor!
Los aludidos sonrieron encantados mientras los demás bebían a su salud, y luego todos aplaudieron.
-Yo nunca fui prefecta.-comentó alegremente Tonks, que estaba detrás de Harry, cuando todos fueron hacia la mesa para servirse.- El jefe de mi casa decía que me faltaban ciertas cualidades indispensables.
-¿Como cuáles?-preguntó Ginny, que estaba sirviéndose una patata asada.
-Como la capacidad de comportarme.-respondió Tonks. Ginny rió; Hermione no sabía si sonreír o no, y solucionó el dilema bebiendo un enorme trago de cerveza de mantequilla y atragantándose con él.
-¿Y tú, Sirius?-preguntó Ginny mientras le daba una palmada en la espalda a la castaña.
Sirius, que estaba junto a Harry, soltó su atronadora risa.
-A nadie se le habría ocurrido nombrarme prefecto porque me pasaba demasiado tiempo castigado con James. El bueno era Lupin, a él sí le dieron la insignia.
-Creo que Dumbledore albergaba esperanzas de que yo ejerciera cierto control sobre mis mejores amigos.-terció Lupin.- Ni que decir tiene que fracasé estrepitosamente.
Harry se animó al descubrir que su padre tampoco había sido prefecto y entonces la fiesta empezó a resultar más agradable; se llenó el plato y, de pronto, todo el mundo parecía mucho más simpático. Ron no paraba de hablar, entusiasmado, de su nueva escoba con todo el que estuviera dispuesto a escucharlo. Hermione hablaba muy seriamente con Lupin de su opinión sobre los derechos de los elfos. La señora Weasley y Bill discutían sobre el pelo de este, como siempre.
Harry intercambió algunas palabras con los gemelos, y éstos terminaron yéndose con Mundungus. Tabatha, aprovechó la situación y se sentó junto a su hermano. Ninguno había hablado desde la tarde. Ella bebió un poco de cerveza de mantequilla y con la lengua se borró el bigote de espuma.
-¿Con que Prefecta?-habló Harry, finalmente.- Wow, eso algo genial.-ella ladeó la cabeza y sonrió brevemente.-Jamás dude de ti, Tab.-le apretó la mano pero la pelirroja no distinguió la misma energía positiva que otras veces.
-Supongo que es algo demasiado grande para mi.-confesó.- Digo no tengo tanta autoridad como la que tiene Hermione. Creo que es a ella a quién deberían darle la insignia.-
-No digas tonterías.-replicó Harry.-De niños solías defenderme de los amigos de Dudley; sí a eso no le llamas autoridad, entonces me como una rata.-Tabatha soltó una corta carcajada.-Creo que deberías permitirte darte este lujo.-añadió.-Después de todo, eres un poco más flexible que Hermione, sé que me vas a perdonar alguna que otra infracción.-ella dejó la copa de cerveza de mantequilla y se acomodó contra el hombro de su hermano.
-¿No te molesta, verdad?-él negó, rozando su mentón contra la coronilla de la pelirroja.- ¿No estás mintiéndome?-él volvió a negar.
-Me alegra que hayas conseguido tal logro.-
-Gracias, James.-la pelirroja le besó la mejilla.- Oye, creo que ya me iré a la cama.-anunció.-Ha sido una larga jornada y me apetece descansar.
-Te acompaño.-
A continuación se despidieron de todos y subieron la escalera de puntillas, pasaron por delante de las cabezas de elfo reducidas, pero cuando llegaban al primer rellano oyó ruidos. Había alguien llorando en el salón.
-¿Hola?-llamó Harry.
No obtuvo respuesta, pero los sollozos continuaron. Subió de dos en dos los escalones que faltaban, cruzó el rellano y abrió la puerta del salón. Dentro había alguien encogido de miedo contra la oscura pared, con la varita mágica en la mano, mientras los sollozos sacudían con violencia su cuerpo. Tirado sobre la polvorienta alfombra, en medio de un rayo de luz de luna, y sin duda alguna muerto, estaba Ron. Ron muerto, no, no podía ser...
-¡Señora Weasley!-gritaron al mismo tiempo.
-¡Ri-ri-riddíkulo!-sollozaba la señora Weasley, apuntando con su temblorosa varita al cuerpo de Ron.
¡Crac!
El cuerpo de Ron se transformó en el de Bill, que estaba tumbado boca arriba con los brazos y las piernas extendidos y los ojos muy abiertos e inexpresivos. La señora Weasley sollozó aún más fuerte.
-¡Ri-riddíkulo!-volvió a exclamar.
¡Crac!
El cuerpo del señor Weasley sustituyó al de Bill; llevaba las gafas torcidas y un hilillo de sangre resbalaba por su cara.
-¡No!-gimió la señora Weasley.- No... ¡Riddíkulo! ¡Riddíkulo! ¡RIDDÍKULO!
¡Crac! Los gemelos muertos. ¡Crac! Percy muerto. ¡Crac! Harry muerto...
-¡Tenemos que hacer algo!-chilló Tabatha, tapándose la boca.- ¡Ve por ayuda!-empujó a su hermano hacia afuera mientras ella se adentraba en la habitación.- ¡Salga de aquí, señora Weasley!-exclamó, clavando las rodillas en el suelo y sujetando a la mujer por el brazo.- ¡Deje que alguien...!-ante los ojos avellanas de la pelirroja, se materializó el cuerpo inerte de Cedric. La fuerza que ejercía para tratar de levantar a la señora Weasley se esfumó y se quedó completamente rígida.
-¿Qué está pasando aquí?-Remus había entrado corriendo en la habitación, seguido de Sirius y luego de Moody, que estaba furioso. Lupin miró a ambas y después el cadáver de Cedric echado en el suelo, y al parecer lo entendió todo en un instante. Sacó su varita mágica.
-¡Riddíkulo!-dijo con voz fuerte y clara.
El cadáver desapareció y una esfera plateada quedó suspendida en el aire sobre la alfombra. Lupin sacudió una vez más su varita y la esfera desapareció tras convertirse en una bocanada de humo.
Tabatha volvió a respirar y los ojos se le empezaron a llenar de lágrimas. Se alejó de la señora Weasley, apartó a los recién llegados y corrió hacia su habitación.