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"Los mellizos Potter" — capítulo 131

Capítulo10

"Luna Lovegood"

N/A: Capítulo de dedicado a mi buena amiga**, quien hace unos días estuvo de cumpleaños. !Ojala lo hayas pasado bien!**

-Mata al otro.-ordenó una voz fría y aguda, cuando ambos mellizos se retorcían. Tabatha levantó la cabeza de golpe, mostrando sus ojos llenos de lágrimas.

-Ce…-musitó.-Ced…-

-¡ Avada Kedavra !- entonces escuchó un silbido que pareció arrebatarle la voz y dejarla muda; seguido de eso, un destello de luz verde le iluminó el rostro y tras unos segundos, el cuerpo inerte de Cedric, cayó sobre ella. El dolor de la cicatriz no era nada comparado con el dolor que sentía en el pecho.

Tabatha se despertó de golpe. Cuando pensaba que las pesadillas se estaban acabando, un recordatorio de lo ocurrido esanoche volvió a colarse en sus sueños.

Se deshizo del calor de las sabanas, empapadas de sudor frío, y se sentó al borde de la cama. Respiró profundamente un rato largo y se pasó las manos por el cuello. En momento así, la vocecita de su cabeza le hubiera empezado a cantar ¡Eres débil! ¡Eres débil! Pero se sorprendió al encontrarse a sí misma reprimiéndola.

Miró el reloj de la pared, que indicaba las 5:30 de la mañana. Tragó saliva y se puso de pie. Se deslizó por la habitación, sin hacer ruido, y salió al rellano. Grimmauld Place estaba demasiado silencioso para su gusto.

A medida que avanzaba, sus pasos hacían crujir la vieja madera. Se trasladó un piso más abajo y se detuvo frente a una puerta de color ocre viejo y descascarado, que sin duda no hacía juego con la coloración normal de la casa. Levantó la mano y llamó con el puño cerrado. El eco del golpe resonó en todo el rellano.

Aguardó unos instantes, en los que tuvo que abrazarse a sí misma, hasta que la puerta chirrió cuando la abrieron. Remus Lupin apareció ante ella, envuelto en una bata de algodón color café claro. Él se fregó los ojos y parpadeó varias veces.

-Pesadillas.-dijo retóricamente. Tabatha asintió mientras su padrino se hacía a un lado y me permitía ingresar.- ¿Quieres algo de chocolate?-preguntó al tiempo que cerraba la puerta y se rascaba la desordenada mata de cabellos castaños claro. La pelirroja negó.- ¿Y bien?-Remus se sentó en el destartalado silloncito que formaba parte del mobiliario.- ¿Qué pasó?-

-Volví a soñar con esa noche.-respondió con voz áspera, casi como si estuviera hablando con Voldemort en persona.- No tenía idea que mi Boggart había cambiado.-añadió, bajando la vista.-Fue…chocante verlo.-

-Te entiendo.-asintió Remus, masajeándose la sien. En sus ojos se notaba el cansancio.-Es comprensible. Eso significa que tu mayor miedo sigue siendo la muerte.-con un gesto hosco, Tabatha aprobó aquella resolución.

-Es algo tonto.-resopló, acomodándose un mechón detrás de la oreja.-Ya no tengo 10 años como para temerle a algo tan tonto como la muerte. Tarde o temprano, a todos nos llega la hora de…-

-Todos le temen a la muerte.-la interrumpió Lupin, apoyando sus codos sobre sus rodillas. Tenía el rostro despejado y la voz un poco más clara.- No importa cuán fuerte sea una persona o cuán débil sea, todos le temen.-se apretó el puente de la nariz y respiró hondo.-Solo que tú miedo se vio profundizado debido a las pérdidas que sufriste siendo tan joven.-una sonrisa cálida se dibujó en su rostro.-No tienes que avergonzarte por tener miedo.-

-Harry me dijo algo parecido en Privet Drive.-murmuró la pelirroja.

-Sí, estoy al tanto de esa conversación.-asintió Remus.-Y debo decirte, te guste o no, que tu hermano tiene razón. No siempre debes ponerte en el lugar de la chica fuerte. Si no te conociera creería que eres valiente con solo verte de reojo.-Tabatha sonrió de lado.- ¿Estás mejor?-preguntó, hurgando algo en el bolsillo de su bata.

-Sí ya dos personas me recomendaron lo mismo…-ella suspiró y ladeó la cabeza.-…supongo que tendré que hacerles caso.-Remus le sonrió y le revolvió el cabello.-Bueno, supongo que debo dejarte dormir. Mañana será un día bastante agitado y necesitarás estar bien descansado.-los resortes de la cama crujieron cuando se vieron liberados del peso de la pelirroja.-Que descanses, tío Mus.-enrolló sus brazos alrededor del cuello de su padrino, mientras Lupin la recibía.

-Quiero que sepas que tampoco estás sola.-le susurró al oído, entretanto ella asentía.

..*

A la mañana siguiente, la señora Weasley ingresó a la habitación y sobresaltó a las tres chicas, que estaban terminando de guardar sus cosas.

-¡Apúrense, apúrense!-las apremió.- ¡Bajen enseguida!-giró la cadera y fijó la vista en el pasillo.- ¡RON, DESPIERTA YA!-cerró la puerta tan fuerte que polvo cayó del techo.

-Típica vuelta a Hogwarts.-comentó Ginny, doblando la túnica. Tabatha se sacudió el polvo del cabello y afirmó con un breve gesto.

-Phebs.-llamó. La enorme lechuza aleteó, sacudiendo las plumas se estaban a su alrededor. Atravesó la habitación en un corto vuelo y se colocó sobre el hombro de su dueña.-Es hora de que te metas en la jaula.-el ave le dio suaves picotazos en la oreja y obedeció.

Una vez que las tres estuvieron listas, recogieron sus equipajes y salieron al rellano. La casa era un caos.

-Buenos días, jóvenes.-saludó Fred, sosteniendo su varita por encima de su hombro mientras su baúl, encantado, lo seguía de cerca.

-Qué lindo podrá ser hacer magia fuera de Hogwarts.-comentó Ginny, bajando la cabeza.-Y todavía me quedan tres años.-

-Tranquila, hermanita.-la consoló George.-Pronto te llegará la mayoría de edad.-le apretó el hombro, mientras los cinco avanzaban por el rellano. Phoebe tironeaba de la manga bota de su dueña, para luego soltar leves arrullos.- ¿Están preparadas para…?-la voz de George se fue apagando cuando su baúl se adelantó y golpeó la parte trasera de las piernas de su hermana. Ginny rodó dos tramos de escalera abajo, llegando al vestíbulo. Los cuatro que quedaban al borde del escalón, ahogaron un gemido y se taparon la boca.

-¿Estás bien?-preguntó Hermione, sosteniéndose de la baranda. Antes de que la pelirroja pudiera responder, las voces de la señora Black y la señora Weasley inundaron la casa.

-¿¡QUÉ LES DIJE SOBRE UTILIZAR MAGIA EN…!?-

-¡CANALLAS! ¡IMPUROS!-

-¡...PODRÍAN HABERLE HECHO DAÑO DE VERDAD, IDIOTAS!-la señora Weasley ayudó a Ginny a ponerse de pie, mientras que con unos toquecitos de la varita le curaba un importante raspón en la rodilla.

-¡...MESTIZOS PODRIDOS, MANCILLANDO LA CASA DE MIS PADRES!

El retrato de la señora Black lanzaba unos furiosos aullidos, pero nadie se molestó en cerrar las cortinas; de todos modos, el ruido que había en el vestíbulo la habría despertado otra vez.

Los rostros de Ron y Harry se asomaron para ver qué pasaba. La señora Weasley reprendía a sus hijos, mientras las tres chicas se escurrían por un costado.

-Tabatha, tú y Harry vienen conmigo y con Tonks.-gritó la mujer para hacerse oír sobre los chillidos.-Dejen sus baúles y las lechuzas; Alastor se encargará del equipaje... ¡Oh, por favor, Sirius!-un perro negro, del tamaño de un oso, apareció.- ¡Dumbledore dijo que no!-el animal se situó junto a Harry mientras, trepaba por los baúles amontonados en el vestíbulo.-En serio...-dijo la señora Weasley con desesperación. El perro ladeó la cabeza y soltó un gemido lastimero.- ¡Está bien, pero allá te las compongas!

Luego abrió la puerta de la calle de un fuerte tirón y salió a la débil luz del día otoñal. Harry y el perro la siguieron. La puerta se cerró tras ellos, y los gritos de la señora Black dejaron de escucharse de inmediato.

-¿Dónde está Tonks?-preguntó Harry, mirando alrededor, mientras bajaban los escalones de piedra del número 12, que desaparecieron en cuanto pisaron la acera.

-Nos espera allí.-contestó la señora Weasley con tono frío apartando la vista del perro negro que caminaba con torpeza sin separarse de Harry.

Una anciana los saludó cuando llegaron a la esquina. Tenía el cabello gris muy rizado y llevaba un sombrero de color morado con forma de pastel de carne de cerdo.

-¿Qué hay, chicos?-preguntó guiñándoles un ojo.- Será mejor que nos demos prisa, ¿verdad, Molly?-añadió mientras consultaba su reloj.

-Ya lo sé, ya lo sé.-gimoteó ésta mientras daba pasos más largos.-Es que Ojoloco quería esperar a Sturgis...si Arthur nos hubiera conseguido unos coches del Ministerio...pero últimamente Fudge no le presta ni un tintero vacío...-suspiró.- ¿Cómo se las ingenian los muggles para viajar sin hacer magia?

En ese momento, el enorme perro negro soltó un alegre ladrido y se puso a hacer cabriolas a su alrededor, corriendo detrás de las palomas y persiguiéndose la cola. Los mellizos no pudieron contener la risa. La señora Weasley, sin embargo, frunció los labios de forma muy parecida a como lo hacía tía Petunia.

Tardaron veinte minutos en llegar a King's Cross a pie, y en ese rato no ocurrió nada digno de mención, salvo que Sirius asustó a un par de gatos para distraerlos. Una vez dentro de la estación, se quedaron con disimulo junto a la barrera que había entre el andén número nueve y el número diez hasta que no hubo moros en la costa; entonces, uno a uno, se apoyaron en ella y la atravesaron fácilmente, apareciendo en el andén nueve y tres cuartos, donde el expreso de Hogwarts escupía vapor y hollín junto a un montón de alumnos que aguardaban con sus familias la hora de partir. Los mellizos aspiraron aquel familiar aroma...iban a regresar a Hogwarts, por fin...

-Espero que los demás lleguen a tiempo.-comentó la señora Weasley, nerviosa, y giró la cabeza hacia el arco de hierro forjado que había en el andén, por donde entraban los que iban llegando.

-¡Qué perro tan bonito, Harry!-gritó un muchacho con rastas.

-Gracias, Lee.-respondió el azabache, sonriente, y Sirius agitó con frenesí la cola, fregando su cabeza contra la pierna de Tabatha.

-¡Ahí!-señaló la pelirroja, acariciando la oreja de su tío.- El profesor Moody viene con el equipaje.-

Con una gorra de mozo que le tapaba los desiguales ojos, Ojoloco entró rengueando por debajo del arco mientras empujaba un carrito donde llevaba los baúles.

-Todo en orden.-murmuró al llegar junto a Tonks y la señora Weasley.- Creo que no nos han seguido...

Unos instantes después, el señor Weasley apareció en el andén con Ron y Hermione. Casi habían descargado el equipaje del carrito de Moody cuando llegaron Fred, George y Ginny con Lupin.

-¿Algún problema?-gruñó Moody.

-Ninguno.-contestó Lupin.

-De todos modos, informaré a Dumbledore de lo de Sturgis.-afirmó Moody.- Es la segunda vez que no se presenta en una semana. Está volviéndose tan informal como Mundungus.

-Bueno, cuídense mucho.-pidió Lupin estrechándoles la mano a todos. Por último se acercó a su ahijada y le dio una palmada en el hombro.- Tú también, Tab. Ten cuidado.

-Sí, no se metan en líos y mantengan los ojos bien abiertos.-aconsejó Moody al estrecharle la mano a Harry.- Y esto va por todos: cuidado con lo que ponen por escrito. Si tienen dudas, no se les ocurra escribirlas en sus cartas.

-Ha sido un placer conocerlos.-dijo Tonks abrazando a Hermione y Ginny.- Espero que volvamos a vernos pronto.-le apretó amistosamente la mejilla a Tabatha, como si se tratase de una abuela despidiéndose de su nieta.

Entonces sonó un silbido de aviso; los alumnos que todavía estaban en el andén fueron apresuradamente hacia el tren.

-Rápido, rápido.-los apremió la señora Weasley, atolondrada, abrazándolos a todos, y a los mellizos dos veces.- Escriban…pórtense bien...si se han dejado algo ya se lo mandaremos…-el tren volvió a pitar.- ¡Rápido, suban!

El perro negro se levantó sobre las patas traseras y colocó las delanteras sobre los hombros de Harry, pero la señora Weasley empujó al muchacho hacia la puerta del tren.

-¡Hasta pronto!-gritó Harry desde la ventanilla abierta cuando el tren se puso en marcha, mientras Ron, Hermione, Ginny y Tabatha saludaban con la mano.

Las figuras de Tonks, Lupin, Moody y el señor y la señora Weasley se encogieron con rapidez, pero el perro negro corrió por el andén junto a la ventana, agitando la cola; la gente que había en el andén reía viéndolo perseguir el tren; entonces éste tomó una curva y Sirius desapareció.

-No ha debido acompañarnos.-comentó Hermione, preocupada.

-Vamos, no seas así.-dijo Ron.-Hacía meses que no veía la luz del sol, pobre hombre.

-Bueno.-dijo Fred dando una palmada.-No podemos pasarnos el día charlando, tenemos asuntos de los que hablar con Lee. Hasta luego.-se despidió, y George y él desaparecieron por el pasillo hacia la derecha.

El tren iba adquiriendo velocidad, y las casas que se veían por la ventana pasaban volando mientras ellos se mecían acompasadamente.

-¿Vamos a buscar nuestro compartimento?-propuso Harry. Hermione asintió, pero Ron y Tabatha se miraron.

-Esto...-empezó a decir Ron.

-Nosotros...bueno, tenemos que ir al vagón de los prefectos.-añadió la pelirroja, mordisqueándose el labio. Ron no miraba a su amigo, pues parecía muy interesado en las uñas de su mano izquierda.

-¡Ah!-exclamó Harry.- Bueno, de acuerdo.

-No creo que tengamos que quedarnos allí durante todo el trayecto.-se apresuró a añadir su hermana.- Nuestras cartas decían que teníamos que recibir instrucciones de los delegados, y luego patrullar por los pasillos de vez en cuando.

-Bien.-repitió Harry.- Bueno, entonces ya...ya nos veremos más tarde.

-Sí, claro.-dijo Ron lanzándole una furtiva y nerviosa mirada a su amigo.- Es una lata que tengamos que ir al vagón de los prefectos, yo preferiría...pero tenemos que hacerlo, es decir, a mí no me hace ninguna gracia. Yo no soy Percy.-concluyó con tono desafiante.

-Ya lo sabemos.-afirmó Harry, y sonrió.

A Tabatha se le contrajo el estómago cuando tomó su baúl y la jaula de su lechuza. Ella tenía muy en cuenta que a Harry no le gustaba para nada su nueva posición, por más que él le dijese que estaba contento por su logro. Tragó saliva, sacudió la cabeza y le sonrió.

-Nos vemos.-se despidió, esperando a que Ron pasase primero por el pasillo. Hermione y Ginny los despidieron con las manos, pero Harry apartó la mirada rápidamente.

Ambos prefectos echaron a andar por el pasillo.

-Con que…prefectos.-comentó Ron, mirando por las ventanillas.- ¡Quién iba a creerlo!-exclamó.

-Todavía ni yo lo hago.-admitió Tabatha, teniendo cuidado con su lechuza.-Siempre pensé que elegirían a Hermione.

-Y yo que elegirían a Harry.-añadió el pelirrojo.-Es raro verla en mi pecho.-bajó la vista hacia su insignia, tanteándola de vez en cuando con la punta de los dedos.

-Te acostumbrarás tarde o temprano.-murmuró Tabatha, deteniéndose frente a un compartimiento.-Bien. Aquí es.-miró a su amigo y le sonrió de costado.- ¿Estás listo?-a Ron le transpiraban las manos, pero se las arregló para asentir. Tabatha accionó el cerrojo y la manija cedió.

-…ya te lo digo, Draco estás vacaciones…-los recién llegaron vieron a Parkinson y a Malfoy en el interior.- ¡Ah!-exclamó la chica.- Draco, ¿no sientes como que el aire está viciado?-

-Vámonos.-dijo la pelirroja, empujando la puerta hacia ella.

-El otro compartimiento para Prefectos, está lleno, Potter.-anunció Malfoy, sonriendo malévolamente.- Creo que deben quedarse.-Ron se asomó a la segunda puerta.

-Tiene razón.-masculló, volviendo con su amiga.-Podemos irnos y buscar a los Premios Anuales más tarde.-propuso. Los dos Slytherin no les sacaban la vista de encima.

Tabatha suspiró y cerró los ojos. Se adentró dos pasos más y se sentó.

-Me temo que  no tenemos opción.-se cruzó de brazos y de piernas. Ron rodó los ojos y se ubicó a su lado.

Parkinson sonreía sarcásticamente, subiendo la comisura de los labios.

-Weasley.-habló Malfoy.- ¿A quién le robaste la insignia?-el rostro de Ron se tornó rojo tomate.

-Se la ganó.-espetó Tabatha, enarcando una ceja.-Y se la merecía tanto como ustedes.-añadió.

Parkinson soltó una risita por lo bajo.

-De cualquier forma, me alegra que no hayan nombrado a la sangre sucia de Granger.-ambos pelirrojos se pusieron de pie de un salto, pero antes de que pudieran hacer algo, la puerta del compartimiento se abrió.

-Buenos días, jóvenes.-saludó una chica alta, de tez pálida y alborotado cabello negro.- Mi nombre es Selena Greenwood y soy la Premio Anual de Hufflepuff.-hinchó el pecho, haciendo resaltar el emblema de su casa.-Y mi deber, junto al de mi compañero…-señaló al chico que se encontraba detrás.-…es instruirlos para que puedan desarrollar sus roles como Prefectos.-del bolsillo de su túnica sacó un pergamino.-Por lo que tengo entendido…-sus ojos se movieron rápidamente por el papel.-Los Prefectos de Gryffindor son Weasley y Potter.-miró de soslayó a ambos pelirrojos, quienes asintieron.-Bien. Y los de Slytherin…Parkinson y Malfoy.-los otros dos sonrieron con autosuficiencia.- Excelente.

-Primero que nada, queríamos felicitarlos.-habló el segundo Premio Anual. En su túnica brillaba el escudo de Ravenclaw.

-Exactamente.-asintió Selena.-Bien, para empezar deben saber que…-durante quince minutos estuvo explicándoles las cosas que tenían permitido hacer y las que no. Tabatha trataba de ponerle atención, pero sentía la mirada de Malfoy taladrándole la nuca.

Durante el tiempo que estuvo en Privet Drive, había recibido cartas casi todos los días de parte del Slytherin. La mayoría transportaban mensajes de burla hacia los mellizos o recortes del Profeta.

La pelirroja se movió, de forma que les dio completamente la espalda a las dos serpientes. Selena menciono que los prefectos tenían su propio baño, cual contraseña era Frescura de Pino; Tabatha recordó el consejo de Cedric en el Torneo de los tres magos y esta vez su rostro no se descompuso en una mueca triste. Esta vez prestó atención.

-¿Entendieron?-preguntó Selena, acomodándose su desordenado cabello. Los cuatro Prefectos asintieron.- Me parece genial. Como prueba, quiero que patrullen los pasillos por al menos cinco minutos, como para que los demás alumnos se vayan familiarizando con ustedes.-ambos Premios Anuales estaban por retirarse, cuando el chico de Ravenclaw, se detuvo.

-Recuerden que no pueden castigar o descontar puntos a nadie sin motivo alguno.-la mirada del chico voló hacia Malfoy y acentuó su gesto de advertencia.- ¡Que tengan un buen inicio de clases!-deseó, antes de irse.

-De acuerdo.-Tabatha se alisó la túnica y miró a Ron.

-Vayamos a patrullar.-propuso éste, sonriendo y tanteando nuevamente su insignia. La pelirroja le sonrió y enfiló hacia la puerta. Ron corrió el pestillo y salió primero. Tabatha se demoró un poco más.

-Oh, Malfoy…-se llevó una mano al pecho y suspiró.-Tus cartas fueron hermosas. No sabía que sentías tanto afecto por mí.-se acercó a él y le plantó un casto beso en la mejilla. Parkinson comenzó a ponerse roja como una antorcha, casi que le salía humo por las orejas.-Nos vemos.-las pestañas de Tabatha aletearon de arriba abajo y luego se retiró.

Apenas la puerta se cerró a sus espaldas, los chillidos de Parkinson resonaron en todo el compartimiento.

..*

Los nuevos Prefectos terminaron de patrullar casi media hora después. Juntos buscaron en todos los vagones, hasta dar con sus amigos. Llegaron justo cuando el carrito de la comida se iba. 

-Estoy muerto de hambre.-se quejó Ron; dejó a Pigwidgeon junto a Hedwig, le quitó una rana de chocolate de las manos a Harry y se sentó a su lado. Abrió el envoltorio, mordió la cabeza de la rana y se recostó con los ojos cerrados, como si hubiera tenido una mañana agotadora.

-Hay dos prefectos de quinto en cada casa.-explicó Tabatha, acomodando a su lechuza sobre la rejilla que estaba encima de su cabeza.-Un chico y una chica.

-Y a ver si saben quién es uno de los prefectos de Slytherin.-preguntó Ron, que todavía no había abierto los ojos.

-Malfoy.-contestó Harry.

-Por supuesto.-afirmó el pelirrojo con amargura; luego se metió el resto de la rana en la boca y tomó otra.

-Y Pansy Parkinson, esa cara de bulldog.-añadió Tabatha con malicia.- No sé cómo la han nombrado prefecta, si es más tonta que un trol con conmoción cerebral...

-¿Quiénes son los de Hufflepuff?-preguntó Harry.

-Ernie Macmillan y Hannah Abbott.-contestó Ron.

-Y Anthony Goldstein y Padma Patil son los de Ravenclaw.-añadió la pelirroja.

-Tú fuiste al baile de Navidad con Padma Patil.-dijo una vocecilla.

Los recién llegados se sorprendieron al ver la presencia de otra niña. Tenía el pelo rubio, sucio y desgreñado, largo hasta la cintura, cejas muy claras y unos ojos saltones que le daban un aire de sorpresa permanente. La muchacha tenía un aire inconfundible de chiflada. Todos se volvieron para mirar a Luna Lovegood, que observaba sin pestañear a Ron por encima de El Quisquilloso. El chico se tragó el trozo de rana que tenía en la boca.

-Sí, ya lo sé.-afirmó un tanto sorprendido.

-Ella no se lo pasó muy bien.- informó Luna.- No está contenta con cómo la trataste, porque no quisiste bailar con ella. A mí no me habría importado.-añadió pensativa.- A mí no me gusta bailar.-aseguró, y luego volvió a esconderse detrás de El Quisquilloso.

Ron se quedó mirando la portada durante unos segundos con la boca abierta y después miró a Ginny en busca de algún tipo de explicación, pero su hermana se había metido los nudillos en la boca para no reírse. Ron movió negativamente la cabeza, desconcertado, y luego miró la hora.  

-Tenemos que patrullar por los pasillos de vez en cuando.-les comentó a Harry y a Neville, cambiando de tema.-Y podemos castigar a los alumnos si se portan mal. Estoy deseando pillar a Crabbe y a Goyle haciendo algo...

-¡No debes aprovecharte de tu cargo, Ron!-lo regañó Hermione.

-Sí, claro, como si Malfoy no pensara sacarle provecho al suyo-replicó éste con sarcasmo.

-¿Qué vas a hacer? ¿Ponerte a su altura?-inquirió Tabatha, ubicada entre Hermione y Luna, comiendo una caja de Grageas.

-No, sólo voy a asegurarme de pillar a sus amigos antes de que él pille a los míos.

-Ron, por favor...

-Obligaré a Goyle a copiar y copiar; eso le fastidiará mucho porque no soporta escribir.-aseguró, muy contento. Luego bajó la voz imitando los gruñidos de Goyle y, poniendo una mueca de dolorosa concentración, hizo como si escribiera en el aire.- No... Debo... parecerme... al trasero... de un... babuino.

Todos rieron, pero nadie más fuerte que Luna Lovegood, quien soltó una sonora carcajada que hizo que Hedwig despertara y agitara las alas con indignación, y que Crookshanks saltara a la rejilla portaequipajes bufando. Rió tan fuerte que la revista salió despedida de sus manos, resbaló por sus piernas y fue a parar al suelo.

-¡Qué gracioso!

Sus saltones ojos se llenaron de lágrimas mientras intentaba recobrar el aliento, mirando fijamente a Ron. Éste, perplejo, observó a los demás, que en ese momento se reían de la expresión del rostro de su amigo y de la risa ridículamente prolongada de Luna, que se mecía adelante y atrás sujetándose los costados.

-¿Me tomas el pelo?-preguntó Ron frunciendo el entrecejo.

-¡El trasero... de un... babuino!-exclamó ella con voz entrecortada sin soltarse las costillas.

Todos los demás observaban cómo reía Luna, pero Harry se fijó en la revista que había caído al suelo y vio algo que lo hizo agacharse con rapidez y tomarla. Viéndola del revés no había identificado la imagen de la portada, pero entonces se dio cuenta de que era una caricatura bastante mala de Cornelius Fudge; de hecho, sólo lo reconoció por el bombín de color verde lima. Fudge tenía una bolsa de oro en una mano, y con la otra estrangulaba a un duende. La caricatura llevaba esta leyenda: ¿De qué será capaz Fudge para conseguir el control de Gringotts?

Debajo había una lista de los títulos de otros artículos incluidos en la revista:

Corrupción en la liga de Quidditch: los ilícitos métodos de los Tornados. Los secretos de las runas antiguas, desvelados. Sirius Black: ¿víctima o villano?

-¿Me dejas mirar un momento?-preguntó Harry a Luna.

Ella, que seguía mirando a Ron y riendo a carcajadas, asintió con la cabeza.

Harry, por su parte, le hizo una señal a su hermana para que se sentase a su lado. Tabatha intercambió lugar con Neville, quién miraba con cierto temor a Luna, y se ubicó junto al azabache. Harry abrió la revista y buscó el índice. Ese artículo también iba ilustrado con una caricatura bastante mala; seguramente, no habría sabido que pretendía representar a Sirius si no hubiera llevado una leyenda. Su padrino estaba de pie sobre un montón de huesos humanos, con la varita en alto. El titular del artículo rezaba:

¿ES SIRIUS BLACK TAN MALO COMO LO PINTAN?

¿Famoso autor de matanzas  o inocente cantante de éxito?

 Los mellizos intercambiaron una mirada y  tuvieron que leer la segunda frase varias veces. ¿Desde cuándo era Sirius un cantante de éxito?

PERO ¿LO MERECE EN REALIDAD?

Hace poco tiempo han salido a la luz nuevas y sorprendentes pruebas de que Sirius Black podría no haber cometido los crímenes por los que lo enviaron a Azkaban. De hecho, Doris Purkiss, del número 18 de Acanthia Way, Little Norton, sostiene que Black ni siquiera podría haber estado presente en el escenario de los crímenes.

*"-Lo que la gente no sabe es que Sirius Black es un nombre falso.-*afirma la señora Purkiss.-El hombre al que todos creen conocer como Sirius Black es en realidad Stubby Boardman, cantante del conocido grupo musical Los Trasgos, que se retiró de la vida pública hace casi quince años, tras recibir el impacto de un nabo en una oreja durante un concierto celebrado en la iglesia de Little Norton. Lo reconocí en cuanto vi su fotografía en el periódico. Pues bien, Stubby no pudo cometer esos crímenes porque el día en cuestión estaba disfrutando de una romántica cena a la luz de las velas conmigo. He escrito al ministro de la Magia y espero que pronto presente sus disculpas a Stubby, alias Sirius.-"

 Terminaron de leer el artículo y se quedaron mirando la página, incrédulos. Quizá fuera un chiste, pensó, quizá la revista incluyese bromas de ese tipo. Retrocedió unas cuantas páginas y encontró el artículo sobre Fudge.

Cornelius Fudge, el ministro de la Magia, ha negado que tuviera planes para hacerse con la dirección de Gringotts, el banco mágico, cuando fue elegido ministro de la Magia hace cinco años. Fudge siempre ha insistido en que lo único que quiere es "cooperar pacíficamente" con los guardianes de nuestro oro.

PERO ¿ES ESO CIERTO?

Fuentes cercanas al ministro han revelado recientemente que la mayor ambición de Fudge es hacerse con el control del oro de los duendes, y que no dudará en emplear la fuerza si es necesario.

"-No sería la primera vez que sucede.-dijo un empleado del Ministerio.-Cornelius Fudge, el Aplastaduendes, así es como lo llaman sus amigos. Si lo oyera usted hablar cuándo cree que nadie lo escucha...Oh, siempre está hablando de los duendes que ha matado: ha mandado que los ahoguen, que los lancen desde lo alto de edificios, que los envenenen, que hagan pasteles con ellos..."

Harry no siguió leyendo. Fudge podía tener muchos defectos, pero le resultaba extremadamente difícil imaginárselo ordenando que hicieran pasteles con duendes.

-¿Hay algo que valga la pena?-preguntó Ron cuando Harry cerró la revista.

-Pues claro que no.-se adelantó Hermione en tono mordaz.- El Quisquilloso es pura basura, lo sabe todo el mundo.

-Perdona.-dijo Luna, cuya voz, de pronto, había perdido aquel tono soñador.- Mi padre es el director.

-¡Oh..., yo...! —balbuceó Hermione, abochornada—. Bueno..., tiene cosas interesantes... Es muy...

-¡A mí me encanta!-exclamó Tabatha, sonriendo de oreja a oreja.- ¡Siempre es divertido salir de la monotonía del Profeta!-añadió.

Luna le sonrió a la pelirroja, pero se volvió frívola con los demás.

-Dámela, por favor.-exigió.-Gracias.-respondió con frialdad, y luego se inclinó hacia delante y se la quitó a Harry de las manos.

Pasó con rapidez las páginas hasta la número cincuenta y siete, volvió a ponerla del revés con decisión y desapareció de nuevo tras ella justo cuando la puerta del compartimento se abría por tercera vez.

Harry se volvió; estaba esperando que sucediera, pero eso no significó que el hecho de ver a Draco Malfoy sonriendo con suficiencia, flanqueado por Crabbe y Goyle, le resultara menos desagradable.

-¿Qué?-espetó agresivamente antes de que Malfoy pudiera abrir la boca.

-Cuida tus modales, Potter, o tendré que castigarte.-dijo, arrastrando las palabras; su lacio y rubio cabello y su puntiaguda barbilla eran iguales que los de su padre.-Mira, a mí me han nombrado prefecto y a ti no, lo cual significa que yo tengo el derecho de imponer castigos y tú no.

-Ya.-replicó Harry.-Pero tú eres un imbécil y yo no, así que lárgate de aquí y déjanos en paz.

Ron, Hermione, Ginny, Neville y Tabatha se pusieron a reír y Malfoy torció el gesto.

-Dime, Potter, ¿qué se siente siendo el mejor después de Weasley?

-Cállate, Malfoy.-gruñó Hermione con dureza.

-Veo que he puesto el dedo en la llaga.-sentenció Malfoy sin dejar de sonreír.-Bueno, ándate con mucho cuidado, Potter, porque voy a estar siguiéndote como un perro por si desobedeces en algo.

-Te recuerdo que también soy Prefecta.-terció Tabatha, poniéndose de pie. En ese momento se dio cuenta que no había crecido mucho; solo le llegaba a la barbilla.-Y yo también andaré detrás de tus amigos, esperando a que pisen el palito.-Malfoy sonrió.- ¡Largo!-ordenó. Draco, dirigió una última mirada maliciosa a Harry y salió del compartimento seguido de Crabbe y Goyle. La pelirroja cerró de golpe la puerta y se volvió para mirar a su hermano, quien comprendió de inmediato que ella, igual que él, había entendido lo que había querido decir Malfoy con aquellas palabras, y que la habían impresionado tanto como a él.

-Pásame otra rana.-dijo entonces Ron, que no se había enterado de nada.

Harry no podía hablar libremente delante de Neville y Luna, así que intercambió otra mirada nerviosa con su hermana, para luego se puso a mirar por la ventanilla.

..*

El clima seguía sin definirse mientras el tren avanzaba hacia el norte. La lluvia salpicaba las ventanillas con desgana, y de vez en cuando el sol hacía una débil aparición antes de que las nubes volvieran a taparlo. Cuando oscureció y se encendieron las luces dentro de los vagones, Luna enrolló El Quisquilloso, lo guardó con cuidado en su bolsa y se dedicó a observar a los que viajaban con ella en el compartimento.

Harry iba sentado con la frente apoyada en la ventanilla intentando divisar la silueta de Hogwarts, pero no había luna y el cristal estaba mojado y sucio.

-Será mejor que nos cambiemos.-dijo Hermione al fin.

Ron y Tabatha engancharon sus insignias de prefectos en sus túnicas. Por fin el tren empezó a aminorar la marcha y oyeron el habitual alboroto por el pasillo, pues todos se pusieron en pie para recoger su equipaje y a sus mascotas, listos para apearse. Como los Prefectos tenían que supervisar que hubiera orden, volvieron a salir del compartimento encargando a Harry y a los  demás del cuidado de Phoebe y Pigwidgeon.

-¿Qué pasó cuando salimos del compartimiento de los Prefectos?-preguntó Ron, cuando Pansy pasó al lado de su amiga y la empujó fuertemente con el hombro.

-La hice enojar.-admitió Tabatha, sobándose la parte golpeada.-Y me parece que me excedí. Ambos miraron a Parkinson, quien daba órdenes a diestra y siniestra, descargándose con el primero que la mirase.

-Creo que será mejor agrupar a los de primero, para facilitarle el trabajo a Hagrid.-propuso Ron. Tabatha asintió y juntos se abrieron paso entre la marea de alumnos, que iban en dirección opuesta.

En un rincón del vagón encontraron a un grupito de estudiantes, con túnicas negras y el escudo de Hogwarts. Por la mirada que había en sus rostros, parecían estar perdidos.

-Hola-saludó la pelirroja, sonriéndoles.-Mi nombre es Tabatha y él es Ron.-el aludido les hizo un breve gesto con la cabeza.-Nosotros somos los Prefectos de Gryffindor.

-¡GRYFFINDOR!-exclamó uno de los nuevos.

-Y estamos aquí para ayudarlos.-añadió Ron.

-Hagan una fila y sígannos.-el pelirrojo se ubicó al final mientras que Tabatha iba a la delantera.

La fila, de casi 20 estudiantes, se abrió paso entre los que salían de los compartimientos con sus respectivas mascotas. Lentamente fueron avanzando hacia las puertas. Había un intenso olor a pinos. La pelirroja fue la primera en bajar al andén y se sorprendió al no escuchar la voz de Hagrid, llamando a los de primero. En su lugar, había una voz femenina que gritaba con un enérgico tono, llamando a los de primero. Un farol se acercaba oscilando, y su luz le permitió ver la prominente barbilla y el severo corte de pelo de la mujer.

-Profesora Grubbly-Plank.-saludó Tabatha.-Aquí le traigo a algunos de primero.-la mujer iluminó a los nuevo con el farol.

-Gracias.-dijo.

-Profesora, ¿dónde está…?-

-¡Los de primero conmigo!-gritó la mujer, sin dejar que Tabatha terminase de hablar. La fila de los nuevos estudiantes, se rompió y se reunieron detrás de la profesoraGrubbly-Plank.

-Ven.-Ron la tomó del brazo y la comenzó a alejar.-Debemos encontrar a los demás.-

Luego de hacerse paso entre el gentío, divisaron el centenar de carruajes que los llevarían al castillo. Harry, Ginny y Hermione ya estaban allí.

Antes de dar un paso más, Tabatha notó algo raro. Los carruajes habían cambiado, pues entre las varas de los coches había unas criaturas de pie. Si hubiera debido llamarlas de alguna forma, suponía que las habría llamado caballos, aunque tenían cierto aire de reptil. No tenían ni pizca de carne, y el negro pelaje se pegaba al esqueleto, del que se distinguía con claridad cada uno de los huesos. La cabeza parecía de dragón y tenían los ojos sin pupila, blancos y fijos. De la cruz, la parte más alta del lomo de aquella especie de animales, les salían alas, unas alas inmensas, negras y curtidas, que parecían de gigantescos murciélagos. Allí plantadas, quietas y silenciosas en la oscuridad, las criaturas tenían un aire fantasmal y siniestro. Boqueó varias veces y luego cerró la boca.

-¿Dónde está Pig?-preguntó la voz de Ron llegando por detrás de Harry.

-La llevaba esa chica, Luna.-respondió éste volviéndose con rapidez.- ¿Dónde crees que...?

-¿... está Hagrid?-lo interrumpió.- No lo sé.-contestó su amigo, que se mostraba preocupado.- Espero que esté bien...

Cerca de ellos, Draco Malfoy, seguido de un pequeño grupo de amigotes, entre ellos Crabbe, Goyle y Pansy Parkinson, apartaba a unos alumnos de segundo de aspecto tímido para que él y sus colegas pudieran tener un coche para ellos solos. Unos segundos más tarde.

-El aire de Prefecto se le fue a la cabeza a Malfoy.-bramó la pelirroja.- Pienso informar de esto, sólo hace tres minutos que se ha puesto la insignia y ya está utilizándola para intimidar a la gente... ¿Dónde está Phoebe?

-La tiene Ginny.-respondió Harry.- Mira, allí está...-la segunda pelirroja acababa de salir de la muchedumbre con la jaula en las manos.

-Gracias.-dijo Tabatha tomando a su mascota.

-Vamos a ver si encontramos un coche antes de que se llenen todos; así podremos ir juntos...-propuso Hermione, abrazándose a su gato.

-¡Todavía no tengo a Pig!-exclamó entonces Ron, pero ella ya iba hacia el primer carruaje libre que había visto.

-¿Qué crees que son esos bichos? -preguntó Harry señalando con la cabeza los horribles caballos, mientras los otros alumnos pasaban a su lado. Tabatha se detuvo junto a su hermano. Él también los veía; ella no estaba loca.

-¿Qué bichos? 

-Esos caballos...

En ese momento apareció Luna con la jaula de Pigwidgeon; la pequeña lechuza gorjeaba muy emocionada, como siempre.

-Toma.-dijo.- Es una lechuza encantadora, ¿no?

-Esto..., sí..., encantadora.-balbuceó Ron con brusquedad.-Vamos, subamos al... ¿Qué estabas diciéndome, Harry?

-Estaba preguntándote qué son esos caballos.-repitió Harry mientras los cuatro se dirigían al carruaje al que ya habían subido Hermione y Ginny.

-¿Qué caballos?

-¡Los caballos que tiran de los coches!-exclamó Harry con impaciencia.

-¿De qué me hablas? 

-Te hablo de... ¡Mira!

Harry agarró a Ron por un brazo y le dio la vuelta, colocándolo cara a cara con el caballo alado. Ron lo miró fijamente un par de segundos y luego volvió a mirar a Harry.

-¿Qué se supone que estoy mirando? 

-El... ¡Aquí, entre las varas! ¡Enganchado al coche! ¡Lo tienes delante de las narices!-

Pero Ron seguía sin comprender ni una palabra.

-Harry, no puede verlos.-masculló Tabatha.

-¿No..., no los ves? 

-¿Ver qué?

-¿No ves lo que tira de los carruajes? 

En ese instante Ron parecía ya muy alarmado.

-¿Te encuentras bien, Harry? 

-Sí, claro...

El caballo estaba allí mismo, delante de él, sólido y reluciente bajo la débil luz que salía de las ventanas de la estación que tenían detrás, y le salía vaho por los orificios de la nariz. Sin embargo, a menos que Ron estuviera gastándole una broma, y si así era no tenía ninguna gracia, su amigo no los veía.

-¿Subimos o no?-preguntó éste, perplejo, mirando a Harry como si estuviera preocupado por él.

-Sí. Sí, subamos...

-No pasa nada.-dijo entonces una voz soñadora detrás de Harry en cuanto Ron se perdió en el oscuro interior del carruaje.-No te estás volviendo loco ni nada parecido. Yo también los veo.

-¿Ah, sí?-replicó Harry, desesperado, volviéndose hacia Luna y viendo reflejados en sus redondos y plateados ojos los caballos con alas de murciélago.

-Sí, claro.-

-¿Siempre estuvieron?-preguntó Tabatha.

-Yo ya los vi el primer día que vine aquí.-explicó la chica.- Siempre han tirado de los carruajes. No se preocupen, están tan cuerdos como yo.

Luna esbozó una sonrisa y subió al mohoso carruaje detrás de Ron. Los mellizos intercambiaron una mirada y luego la siguieron, sin estar muy convencidos.