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"Los mellizos Potter" — capítulo 148

Capítulo 26:

"Y el escarabajo contó una historia."

-Vamos, niña.-apremió Rita mirando a la pelirroja con aprensión mientras su pluma verde quedabas suspendida en el aire, a la espera de algo que escribir.

Tabatha cerró los ojos muy despacio y respiró profundo. Aquella mujer estaba poniéndole los pelos de punta y esmeraba por presionarla; tal vez aquel regocijo de autoridad era una clase de venganza por haber estado encerrada dentro de un frasco por casi un año.-Recordar este tipo de cosas lleva tiempo, señora.-replicó la muchacha con tranquilidad, volviendo a abrir los ojos.-Créame que no ha sido fácil.-la pelirroja no había estado demasiado de acuerdo con la idea de que Rita Skeeter, ex corresponsal del Profeta, un periódico para nada certero, fuese la indicada para contar lo ocurrido aquella noche de junio. Pero Hermione la había convencido de que era la única cosa que podían hacer para limpiar el nombre de los mellizos.

-¿Y tú crees que fue placentero vivir entre cuatro paredes de cristal?-cuestionó la mujer mientras un rizo dorado escapaba de su enmarañado peinado y sus lentillas desnudas, carentes de las piedras preciosas que solían ornamentar las orillas la miraban con los vidrios sucios.

-Pues créame, que ese no es mi problema.-reiteró Tabatha, bebiendo un sorbo de cerveza de mantequilla.-Estoy recordando algo.-dijo de pronto, dejando el tazón sobre la mesa y limpiándose las comisuras con una servilleta de papel. Rita se inclinó sobre la mesa.-Luego de haber tocado el Traslador, fuimos automáticamente succionados en un torbellino que nos llevó muy lejos de Hogwarts. En un principio fue difícil de reconocer que habíamos caído en un cementerio, pero al cabo de unos instantes cuando Vol…Quién-Usted-Ya-Sabe salió del interior del caldero, descubrimos que estábamos en las tierras de la familia Riddle.-la Vuelapluma comenzó a deslizarse por el papel a una velocidad increíble, colocando todos los signos de puntuación correctos.

-Cuéntame sobre Él.-pidió Rita, apoyando un codo contra su rodilla e inclinándose con más curiosidad que antes; la pluma también estaba a la espera, ansiosa por seguir escribiendo.

-Fue horrible.-admitió la pelirroja, bajando lentamente la vista.-Su lacayorecolectó todos los ingredientes necesarios y por un momento quise creer que todo era un mal sueño, y que Él no saldría de aquella olla…-suspiró, entrelazando sus manos sobre la mesa.-No voy a olvidar esa noche, ni mucho menos el siseo de su voz ordenando…ordenando, bueno, usted ya sabe que.-la periodista asintió lentamente, pero la pelirroja entendía que no era lastima o respeto, era por codicia. Ella y Harry estaban sirviendo todos los detalles de aquella fatídica noche a una escritora que en el pasado había escrito sandeces sobre ellos dos, pero que hoy en día parecía ser la única opción para que la verdad saliese a la luz.

Luego de que la sesión hubiese terminado, Tabatha se preguntó cuándo saldría la nota pero la única respuesta que obtuvo por parte de Luna Lovegood fue: "Papá ha encontrado testigos que afirman haber visto snorkacks de cuernos arrugados. ¡Son testimonios que no se pueden desperdiciar! Y como se pueden imaginar, es una historia muy importante, así que sus declaraciones quizá tengan que esperar al siguiente número."

Aquella respuesta no había sido lo suficientemente alentadora para los mellizos. Durante las tardes de sábado que pasaban junto a Rita se habían visto forzados a recordar todo lo que pudiesen del regreso de Voldemort; y aunque muy de acuerdo no estaban con el plan de Hermione, no iban a negar que les picara la curiosidad sobre qué pensaría la gente cuando los nuevos ejemplares del Quisquilloso saliesen. Ellos lo habían comentado en las clases del Ejercito de Dumbledore y más de uno de sus compañeros se habían mostrado expectantes y preocupados: Dean tenía ganas de leerla nota, pero a su vez temía la reacción de Umbridge. Neville se mostró un tanto cohibido cuando se acercó a hablar con los hermanos, ya que era la primera vez que cruzaban palabras desde el encontronazo en San Mungo: el muchacho, a pesar de estar pálido como la nieve, les mostró estar de acuerdo con la decisión que tomaron.

-¿Cómo fue tu cita con Cho?-preguntó Tabatha, pasándose una toalla por el rostro mientras Harry le sostenía la escoba y la esperaba fuera del vestuario.-Con todo lo que ha pasado últimamente, me olvide de preguntarte.-con las manos llenas de agua, la pelirroja se enjuagó el rostro y con otra toalla se humedeció el cuello, borrando una mancha de tierra que se le había pegado a la piel.-Hermione me contó que volviste temprano aquel día.-

A Harry se le encendieron ligeramente las mejillas e intentó esconderse detrás del palo de la Saeta.-Bueno…pues fue…fue…-sin ser capaz de formular una mentira coherente en su mente, suspiró y dejó caer ligeramente su cabeza hacía atrás.- ¿Te reirás si te digo que fue un completo desastre?-preguntó mientras su hermana salía del vestuario.

-No, no me reiría.-repuso la pelirroja mientras juntos emprendían el regreso al castillo.- Pero… ¿qué ocurrió para que fuese un fracaso?-

Harry se cargó la escoba al hombro y comenzó con su relato. Empezó contando desde el momento en que decidieron ir a tomar un café al salón de Madame Pudipié; narró la parte en que Cho comentó sobre las insinuaciones de Roger Davis, para luego echarse a llorar por Cedric, lo que a Tabatha no le causó mucha gracia pero únicamente se limitó a curvar los labios y continuar escuchando; y Harry finalizó con el ataque de celos contra Hermione.

-…y entonces.-concluyó varios minutos más tarde, cuando comenzaban a subir la empinada en dirección a las galerías.-se levanta y dice: «Hasta la vista, Harry» ¡y salió corriendo!-exclamó y aguardó unos instantes antes de volverse a su hermana, con una ceja en alto y una expresión de completa confusión.- ¿Tú entiendes algo?-la pelirroja se encogió de hombros.

-Tal vez tiene un serio problema de bipolaridad.-respondió.-O tal vez es tu falta de tacto lo que lo altera.-

-¿Poco tacto? ¿Yo?-exclamó Harry, indignado y con los ojos bien abiertos; su hermana se mordió el interior de la mejilla y asintió, haciendo muchos esfuerzos por no reír ante aquellas expresiones.- ¡Pero si estábamos de lo más bien, y de repente me cuenta que Roger Davies le había pedido salir y que ella solía ir a aquel ridículo salón de té a besuquearse con Cedric!-su hermana volvió la cabeza muy lentamente, entornando los ojos con un gesto inquisitivo.-A besuquearse con Cedric, mucho antes de que nosotros llegásemos a Hogwarts.-aclaró el azabache.-Pero eso no viene al caso.-añadió.- ¿Cómo crees que me sentó a mí eso?-

Tabatha se armó de paciencia y colocó una mano sobre el hombro de su hermano.-Primero que nada, este es un tema que de verdad me irrita y creo que he dejado muy en claro mi opinión sobre Cho varias veces.-su rostro adoptó una expresión de profunda serenidad y le sonrió con ternura a su mellizo, quién se había encorvado con pesar.-Primer consejo si vas a salir con una chica: jamás de los jamases le digas que más tarde tendrás una reunión u otra cita con otra chica, ni aunque se trate de Hermione. Hay muchas que no entienden la relación que tienes con tu mejor amiga y automáticamente la verán como el enemigo.-

-Pero..., pero.-balbuceó Harry.-Pero Hermione me pidió que nos reuniésemos a las 12 y ¡también me dijo que podía llevarla conmigo!-exclamó.- ¿Cómo pretenden que lo hiciera sin decírselo?-

-¡Harry!-clamó la pelirroja riendo y deteniéndose a medio camino, mientras sujetaba a su hermano por los hombros.-A eso me refiero con tu falta de tacto.-dijo.-Podrías haberle mentido y haberle dicho que no era una reunión importante, y que de verdad preferías quedarte con ella, pasar la tarde juntos y cumplir con la promesa de darle el mejor día de San Valentín de su vida.-Harry seguía manteniendo una expresión de desconcierto.-A veces una mentirita piadosa es todo lo que las chicas necesitamos escuchar para contentarnos.-Harry parpadeó y se mantuvo en silencio, mientras los ojos de su hermana lo examinaban. Tabatha se echó a reír con más ganas.

-Todo es complicado.-suspiró el muchacho.

-Eres tan dulce, James.-murmuró la pelirroja, posando una mano sobre el rostro del chico.-Pero debo decirte que has vivido tu primera escena de celos de la mano de Cho Chang.-

-¿Y no habría sido más sencillo que me hubiera preguntado si ella me gusta más que Hermione?-cuestionó Harry, aun dándole vueltas al tema.

-Por lo general no solemos hacerlo tan fácil.-reconoció Tabatha.

-¡Pues deberían hacerlas!-exclamó Harry con vehemencia.- ¡Así yo habría podido decirle que me gusta, y ella no habría tenido que volver a ponerse a llorar por la muerte de Cedric!-

-Yo no digo que lo que hizo fuera lo más sensato.-puntualizó su hermana.

Luego de unos segundos, Harry se sumó a la risas que emanaba la pelirroja y juntos regresaron al castillo.

--*

Tras haber tomado una ducha y haber cenado, los mellizos y Hermione regresaron a la sala común para terminar los deberes que les habían quedado pendientes. Harry se ubicó en un sillón junto a la chimenea mientras intentaba completar un nuevo mapa celeste para la clase de Astronomía. Y las chicas se habían enfrascado en unos ensayos de posiciones y Runas.

Ron y Ginny, después del entrenamiento y de la cena, subieron a sus cuartos para cambiarse las ropas empapadas de barro y aún no habían bajado. Media hora después, Fred y George ingresaron a la Sala Común. Cada uno se sentó a los lados de la pelirroja, interrumpiéndola en su trabajo.

-¿Pasa algo, chicos?-preguntó ella, sin levantar la vista del pergamino y humedeciendo la punta de su pluma en el tintero.- ¿Cómo van los productos?-

-Mucho mejor que los entrenamientos.-respondió George.

Fred estiró el cuello y oteó alrededor de la sala común.- ¿Ron y Ginny no están por aquí, verdad?-preguntó.

-No.-respondió Harry, uniéndose a la conversación.- ¿Ocurre algo?-Tabatha berreó por lo bajo y dejó su pluma a un costado, masajeándose el puente dela nariz.

-Hemos estado viendo los entrenamientos.-dijo Fred mientras negaba con desdén.-Los van a machacar; sin nosotros son un completo desastre.-Harry se volvió para mirar a su hermana con una mirada de llena inquisición; ella le había asegurado que el equipo iba de maravillas.

-Hombre, Ginny no lo hace mal del todo.-intervino George.- La verdad es que no me explico que lo haga tan bien, porque nunca le hemos dejado jugar con nosotros.

-Tu hermana entra a hurtadillas en el cobertizo de las escobas del jardín desde que tiene seis años y vuela con sus escobas cuando no pueden verla.-habló Hermione desde detrás de un inseguro montón de libros de Runas Antiguas.

-¡Ah!-exclamó George, ligeramente impresionado.- Bueno, eso lo explica todo.

-¿Ha parado Ron alguna bola?-preguntó la castaña asomando por encima de la cubierta de Jeroglíficos y logogramas mágicos.

-Verás, el caso es que las para cuándo cree que nadie lo mira.-explicó Fred poniendo los ojos en blanco.-De modo que lo único que tenemos que hacer el sábado es pedir a los espectadores que se den la vuelta y hablen unos con otros cada vez que la quaffle llegue al extremo del campo donde está Ron.-el gemelo se levantó e inquieto fue hacia la ventana y desde allí contempló los oscuros jardines.- ¿Saben una cosa? El quidditch era lo único por lo que valía la pena quedarse en este colegio.-

Hermione lo miró con severidad.- ¡Pronto tendrás exámenes!-exclamó casi horrorizada.

-Ya te lo he dicho, los ÉXTASIS no nos preocupan.-repuso Fred.- Los Surtidos Saltaclases ya están listos, hemos encontrado la manera de eliminar esos granos: basta con aplicarles un par de gotas de solución de murtlap. Lee fue quien nos lo recomendó.

George bostezó y miró desconsoladamente el nublado cielo nocturno.-Me parece que no quiero ni ver ese partido. Si Zacharias Smith nos gana tendré que matarme.

-Querrás decir que tendrás que matarlo a él.-corrigió Fred con firmeza.

-Eso es lo malo que tiene el quidditch.-comentó Hermione, distraída, sin apartar la vista de su traducción de runas.-Crea muchas tensiones y enemistades entre las casas.-levantó la cabeza para buscar su ejemplar del Silabario del hechicero y se dio cuenta de que Fred, George y los mellizos la miraban de hito en hito con una mezcla de asco e incredulidad en el rostro.- ¡Es cierto!-se defendió.-En realidad no es más que un juego, ¿no?-

-Hermione.-dijo Harry moviendo la cabeza con un gesto negativo.-Eres un as con cualquier tema, pero de quidditch no tienes ni idea.-

-El quidditch no es el único que genera enemistad entre las casa.-intervino Tabatha.-La Copa de las Casas también es motivo de riña todo los años, pero no te veo preocupada por esa clase de problemas.-acotó.-Los que jugamos en ese campo, sabemos lo que se siente distraernos y sentirnos plenos, felices.-

-Es posible.-admitió ella con vaguedad, y siguió con su traducción.-Pero al menos mi felicidad no depende de la habilidad de Ron como guardián.-

Llegado el sábado, el martirio de los leones, para suerte de ellos, sólo duró veintidós minutos. Pero para los jugadores había sido la peor derrota de todos los tiempos. Los golpeadores no servían ni para un comino nada más que para asustarse al ver a otros jugadores pasar junto a ellos y para reventarle la boca a la capitana. El partido acabó con una diferencia de diez puntos a favor de Hufflepuff, aunque de nada había servido que Tabatha atrapase la snitch; y en aquel momento se sintió igual de humillada que el equipo de Bulgaria durante el mundial de Quidditch. Pero lo peor llegó cuando en un momento de ira, Sloper golpeó una bludger, enviándola directamente a la cara de la buscadora de Gryffindor.

-¡Lo hicieron bien!-exclamó Harry tratando de animar la fúnebre atmosfera que reinaba en la sala común.

-¿Un tabique roto es hacerlo bien?-cuestionó su hermana con malhumor mientras escuchaba como su voz era gangosa; ningún jugador se había cambiado aún, por lo que ella tenía la túnica sucia y manchada de su propia sangre.- ¡Una hora inconsciente, Harry, una hora!-no pudo evitar mirar con odio a los golpeadores mientras se recostaba con cuidado en un sillón; Madame Pomfrey le había hecho tomar la poción Crece-huesos y le había vendado la nariz, también le había mandado una pomada para tratar el moretón que le cubría la mayor parte del rostro.

-Todo mejorará cuando tú vuelvas al equipo.-intervino Ginny, untándose los dedos en la pomada verde y atendiendo a su amiga con cuidado.

-Me han suspendido de por vida.-recordó Harry con pesadumbre.

-Te han suspendido mientras la profesora Umbridge siga en el colegio.-lo corrigió ella.- No es lo mismo. En fin, cuando tú vuelvas, creo que me presentaré a las pruebas de cazador. Angelina y Alicia se marchan el año que viene.-

-Seríamos una pareja increíble.-comentó Tabatha apretando los dedos mientras que Ginny intentaba ser lo más cuidadosa posible.

Mientras tanto, Harry miró a Ron, que estaba encorvado en una esquina observándose las rodillas y llevaba una botella de cerveza de mantequilla colgando de una mano.

-Angelina sigue sin dejarle renunciar.-explicó la menor de los Weasley como si le hubiera leído el pensamiento a su amigo.- Dice que está segura de que lo lleva en la sangre.

A Harry le caía bien Angelina por la fe que demostraba tener en Ron, pero al mismo tiempo pensaba que en el fondo le haría un favor si lo dejara abandonar el equipo.

-Ni siquiera he tenido valor para tomarle el pelo.-comentó Fred mirando a su hermano.-Y eso que... cuando se le escapó la decimocuarta...-hizo unos aspavientos con los brazos, como si nadara al estilo perro.-Bueno, me lo guardo para las fiestas, ¿eh?-

Poco después, Ron subió arrastrándose hasta el dormitorio. Harry, por respeto al estado de ánimo de su amigo, tardó un rato en subir a acostarse, para que pudiera hacerse el dormido si le apetecía. Y en efecto, cuando Harry entró en la habitación, Ron roncaba de un modo demasiado exagerado para ser del todo verosímil.

-.-.-.-

El lunes por la mañana, una bandada de lechuzas ingresó al Gran Comedor en el preciso momento en que el cuarteto se sentaba para desayunar. Los ejemplares de Profeta fueron entregados a los suscriptores como todos los días, pero Harry frunció el ceño cuando vio una lechuza posada frente a su plato.

-¿A quién buscas?-preguntó, dejando su vaso con zumo sobre la mesa y extendiendo la mano para tomar la carta que el ave sostenía. En el reverso del sobre se hallaban todos los datos de cómo encontrar a Harry, lo que causó que el muchacho acentuara cada vez más su expresión. Pero antes de que pudiese hacerse con la carta, cinco lechuzas más se plantaron frente a él.

-¿Qué está pasando aquí?-preguntó Ron, asombrado, mientras los demás ocupantes de la mesa de se inclinaban para mirar y siete lechuzas más aterrizaban entre las anteriores, chillando, ululando y agitando las alas.

-¡Harry!-exclamó Hermione, que a continuación hundió las manos en la masa de plumas y levantó una lechuza que llevaba un paquete largo y cilíndrico.- Creo que sé lo que esto significa. ¡Abre ésta primero!-Harry retiró el envoltorio de papel de color marrón y encontró un ejemplar fuertemente enrollado del número de marzo de El Quisquilloso. Lo desenrolló y vio su cara y la de su hermana, ambos sonreían tímidamente en la portada. Sobre la imagen de había unas grandes letras rojas que rezaban: HARRY POTTER HABLA POR FIN: «TODA LA VERDAD SOBRE EL-QUE-NO-DEBE-SER-NOMBRADO Y LA NOCHE QUE LO VI REGRESAR»

-¿Te gusta?-preguntó Luna, que se había acercado a la mesa de Gryffindor y se apretujaba en el banco entre Fred y Ron.- Salió ayer. Le pedí a mi padre que te enviara un ejemplar gratuito. Supongo que todo esto.-añadió señalando las lechuzas, que seguían buscando un lugar frente a Harry.-son cartas de los lectores.

-Lo que me imaginaba.-dijo Hermione con entusiasmo.- Harry, ¿te importa si...?-

-Hazlo.-y sin decir nada más Hermione, Ron y Tabatha comenzaron a abrir los sobres uno por uno y leyendo el contenido de cada carta.

-¡Ja!-exclamó Ron, sacudiendo un trozo de pergamino después de unos instantes.-Ésta es de un tipo que cree que estás como una cabra.-dijo.

-Ah, bueno...-Harry tragó saliva.

-Tab, esta mujer te recomienda que hagas un tratamiento de hechizos de choque en San Mungo.-comentó Hermione, decepcionada, y arrugó su carta.

-Mal no me vendría.-repuso la pelirroja, abriendo un nuevo sobre.-Necesito cambiar el aspecto de mi cabello.-

-¡Eh, dice que nos cree!-exclamó con entusiasmo Harry leyendo la carta de una bruja.

-Éste está indeciso.-terció Fred, que se había apuntado con arrebato a abrir cartas.-Dice que no cree que estés loco, pero que no le hace ninguna gracia pensar que Quien-ustedes-saben ha regresado y por eso ahora no sabe qué pensar. ¡Vaya, qué manera de malgastar el pergamino!-

-¡A éste también lo han convencido!-exclamó Hermione, emocionada.- «Después de leer tu versión de la historia, he llegado a la conclusión de que El Profeta te ha tratado injustamente... Aunque no me guste pensar que El-que-no-debe-ser-nombrado ha regresado, no tengo más remedio que aceptar que dices la verdad...» ¡Es fantástico!-

-Otro que cree que has perdido la cabeza.-comentó Ron, y tiró una carta arrugada por encima del hombro.-Pero ésta dice que la has convencido y que ahora piensa que eres un verdadero héroe; ¡hasta ha incluido una fotografía suya! ¡Toma!-

¿Qué está pasando aquí?-preguntó una voz infantil y falsamente dulzona. Los chicos estaban emocionados abriendo sobres que no se habían inmutado de la cantidad de papeles que habían esparcido alrededor de la mesa. Pero al parecer, solo había una persona que sí se había dado cuenta. La profesora Umbridge estaba de pie detrás de Fred y de Luna y examinaba con sus saltones ojos de sapo el revoltijo de lechuzas.- ¿A qué se debe que reciban tantas cartas, Potter?-preguntó lentamente.

-¿También es delito recibir correo?-inquirió Fred en voz alta.

-Ten cuidado, Weasley, o tendré que castigarte.-respondió la bruja.- ¿Y bien, Potter?-Harry vaciló, decirle o no la verdad a Umbridge era algo en vano; tarde o temprano, la mujer oiría sobre la entrevista.

-La gente nos escribe cartas porque nos han hecho una entrevista.-contestó Tabatha, interviniendo.- Sobre lo que pasó en junio.-

-¿Una entrevista?-repitió la profesora Umbridge con una voz más aguda y alta que nunca.- ¿Qué quieres decir con eso?

-Quiero decir que una periodista se tomó el tiempo para sentarse con nosotros y escucharnos.-la pelirroja tomó un ejemplar y se lo entregó a la mujer.-Puede leerlo por usted misma.-la profesora Umbridge lo tomó y se quedó contemplando la portada. Inmediatamente, su blancuzco rostro se cubrió de desagradables manchas violetas.

-¿Cuándo han hecho esto?-preguntó con voz ligeramente temblorosa.

-En la última excursión a Hogsmeade.-contestó Harry. La profesora lo miró rabiosa mientras la revista temblaba entre sus regordetes dedos.

-Permítanme decirle que se les han acabado los fines de semana en Hogsmeade, Potter.-susurró.-Pero… ¿Cómo se atreves..., cómo han podido...?-inspiró hondo.

-Pusimos en prácticas sus enseñanzas.-murmuró Tabatha con un sutil tomo provocativo.

-¿Mis…mis enseñanzas?-repitió la mujer, estrujando el ejemplar entre sus dedos.-Oh, mi niña, he intentado mil veces enseñarte a no decir mentiras.-curvó ligeramente los labios en un gesto apenado.- Por lo visto, todavía no has captado el mensaje. Cincuenta puntos menos para Gryffindor y otra semana de castigos.-

-¡No es justo!-protestó la joven Potter poniéndose de pie.- ¡Decir la verdad no debe ser motivo para castigo!-exclamó.

-Una palabra más y le agregaré una semana más, señorita Potter.-amenazó la profesora, lanzando el Quisquilloso sobre la mesa.

-¿Qué gana ocultándose detrás de las paparruchadas del Ministro?-cuestionó.- ¿Cómo le explica a los padres de Cedric Diggory que su único hijo a muerto?-el gran comedor quedó en silencio y el alboroto atrajo la atención de la mesa de profesoras; Minerva McGonagall se había puesto de pie y con los labios bien apretados comenzó a acercarse al centro de la conmoción.- ¿La gente muere así como si nada, sin explicaciones?-Dolores Umbridge entrecerró los ojos.- ¿El ministro se niega a aceptar que Quie…¡No! Que Voldemort ha regresado?-a lo largo de las cuatro mesas se escucharon gemidos ahogados y más de un rostro se puso pálido.- ¡Ay, por Merlín, no deben temerle a un nombre!-espetó la pelirroja, mirando a su alrededor.- Los mentirosos son la verdadera amenaza.-

-¡Potter!-exclamó la profesora de DCAO.-A mi despacho.-masculló entre dientes, girando muy lentamente sobre sus talones.

Tabatha tragó saliva y después de unos segundos cayó en la cuenta de las cosas que habían salido de su boca. Pero no se arrepentía.

-.-.-

Umbridge retuvo a la joven Potter por más de dos horas en su despacho y al cabo de ese tiempo, el dorso de su mano estaba al rojo vivo y con una herida tan profunda que Tabatha temía poder verse la carne.

Únicamente la dejó marchar una vez que la niña fue incapaz de seguir escribiendo.

La hermana de Harry salió del despacho corriendo y no dudo en internarse en el baño de niñas en el segundo piso. Ella se sentó junto a la fuente, con las rodillas al pecho mientras sollozaba. El dolor de la mano no era nada comparado con lo que sentía en su interior en aquellos momentos. La rabia la consumía con más velocidad que nunca. Sentía impotencia de no poder hacer nada para que todo el mundo entendiese la magnitud de las mentiras que el Ministerio era capaz de manejar con tal de no asumir las consecuencias de su negligencia.

Pero algo la alegró casi llegando al final del día. A pesar de que Umbridge había sacado un decreto que prohibía rotundamente leer aquella entrevista, muchos alumnos hicieron sus mejores esfuerzos para esconder la revista y leerla cuando estuviesen fuera del radar de la profesora de DCAO.

Y por algún extraño motivo, eso le hacía cosquillear el estómago con una sensación que nunca antes había experimentado.

-Potter.-llamó el profesor Flitwick al finalizar su hora de Encantamientos. Todos los alumnos habían salido y Tabatha les avisó a sus amigos que iría enseguida.

-¿Se le ofrece algo, profesor?-preguntó, reuniéndose junto al despacho. El diminuto profesor Flitwick se subió a una tambaleante pila de libros y la mano de la pelirroja depositó una caja de ratones de azúcar chillones y luego llevándose un dedo a los labios susurró un chissst y se apresuró a ingresar a su despacho.

Aquello era nuevo, pero daba la clara pauta de que todos estaban comenzando a creer.