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"Los mellizos Potter" — capítulo 147

Capítulo 25:

"San Valentín en Hogwarts."

La mañana siguiente fue mucho más agitada que el día anterior y las expectativas de Tabatha murieron cuando sus ojos vieron dos noticias de gran relevancia ocupando la mayor parte del periódico: la primera se trataba de la huida en masa de diez Mortifagos de la temida y más segura prisión de Azkaban; entre los nombres destacaban el de Bellatrix y los hermanos Lestrange.

Tabatha recordó el día de la Audición en el Ministerio cuando Dumbledore comentó sobre la delicada inestabilidad de los Dementores con respecto a la lealtad que debía implementar hacía el ministro. Aunque, a pesar de la obvia situación, Fudge había preferido culpar a un tercero por la fuga. Inculpó a la única persona que fue capaz de pasar desapercibido entre aquellos abominables seres y así recuperar su libertad: Sirius.

El solo hecho de pensar que esas personas estaban sueltas, le dieron un horrible escalofrío en todo el cuerpo.  La pelirroja sacudió la cabeza y enterró su  rostro nuevamente en el periódico, tratando de concentrarse en la otra noticia; ésta era casi tan impactante como la primera. Un funcionario del Ministerio había sido asesinado por una planta mientras se hallaba internado en San Mungo.

-Bode.-susurró, bajando apenas el periódico. El nombre le sonaba. Corrió una página más para poder continuar con la noticia cuando vio una foto del susodicho Bode. Sus ojos se abrieron con sorpresa en cuanto lo reconoció. Ese había sido el hombre que tenía una cama frente a la de Lockhart cuando ellos visitaron el hospital. Era aquel hombre al que una enfermera le había colocado una planta en la mesa de junto diciendo que alguien se la había dejado por ser navidad.-Un Lazo del Diablo.-debían de ser una vergüenza en la clases de la profesora Sprout si no lograban distinguir una planta tan peligrosa como aquella; y de haberlo hecho, podrían haber alertado a las autoridades del hospital y el señor Bode estaría vivo.

El sentimiento de culpa crecía desde el fondo de su garganta, subiendo como una horrenda mezcla de bilis y ganas de vomitar.

Tabatha tuvo que recoger sus cosas cuando un grupo numeroso de Slytherin ingresó a la biblioteca. Y aunque la señora Pince pedía silencio, ellos iban lo más escandaloso posible a buscar mesas desocupadas; entre los recién llegados iba Malfoy con Parkinson prendida al cuello.  La pelirroja prefirió irse antes a tener que toparse  con ellos. 

Una vez en el pasillo, escondió el periódico entre sus libros y puso rumbo al comedor. Ya era tarde y el desayuno había terminado, pero ella no tenía hambre. Tal vez si se apuraba un poco lograría alcanzar a Harry y los chicos antes de la primera hora de clases.

Mientras avanzaba, pensaba en la noticia del escape en masa. Aquello, sin duda, sería un golpe bajo para el Ministerio: ¿Cómo justificarían si hubiesen más sucesos como esos? Pero después comprendió que la gente se ponía sensible cuando se mencionaban los hechos que habían pasado tantísimos años atrás; la comunidad mágica seguía temblando ante la simple mención del Señor Tenebroso y Tabatha apostaba a que no muchos debían de estar al tanto de su retorno.

»Creerán todas las mentiras que Fudge diga si con eso consigue limpiarse las manos y seguir negando que Dumbledore tenía razón« 

Eso le hacía bullir la sangre. El Ministro no podía ser tan terco y ciego. Ella debió de  haberle gritado más cosas cuando tuvo la oportunidad casi un año atrás.

Aguardó a que un grupo de tercero atravesará las puertas del Gran Comedor y luego procedió a avanzar.

-A veces odio que se comporte así.-escuchó refunfuñar a Ron mientras él y Harry avanzaban por los pasillos que formaban las mesas.- ¿Qué le costaría, por una vez, explicarnos lo que se propone? Sólo tardaría unos diez segundos más...

-¿Hablas de Hermione?-preguntó la pelirroja llegando a ellos.

  • Tu también deberíamos explicarnos porque te saltas el desayuno y apareces dos horas después.-reprochó Ron.-No entiendo porque...  ¡Eh, Hagrid!-exclamó pronto.

El guardabosque estaba de pie junto a las puertas que daban al vestíbulo, esperando a que pasara un grupo de Ravenclaw. 

-¿Todo bien, chicos?-preguntó intentando sonreír, aunque sólo consiguió una especie de dolorosa mueca. Aún seguía tan magullado como el día en que regreso e incluso tenía nuevas heridas. Y aquello no pasó desapercibido por el trio. 

-¿Y tú? ¿Estás bien?-inquirió Harry, y lo siguieron cuando el guardabosques echó a andar pesadamente.

-Sí, sí.-contestó con falsa ligereza.-Un poco complicado, ya saben, lo de siempre: tengo que preparar las clases, hay un par de salamandras a las que se les están pudriendo las escamas... y estoy en periodo de prueba.-murmuró con un tono únicamente audible para ellos cuatro.

-¿Que estás en periodo de prueba?-exclamó con exaltación Ron y unos cuantos estudiantes giraron la cabeza con curiosidad. Los mellizos lo apremiaron con ligeros codazos a la altura de las costillas, mientras rogaban que ningún Slytherin estuviese transitando el pasillo en aquellos instantes.- Lo siento... ¿estás en periodo de prueba?-repitió en un susurro y teniendo un poco más de tacto esta vez.

-Sí.-respondió Hagrid con pesar.-Pero la verdad es que ya me lo imaginaba.-soltó un hondo suspiro-Será mejor que vaya a ponerles un poco más de chile en polvo a esas salamandras o dentro de poco se les van a caer las colas.-levanto la mano y se despidió.-Hasta luego, chicos...

Conforme a cómo iban pasando los días, la noticia de Hagrid y su estado de prueba se esparció por todo el castillo. La mayoría no estaba ni remotamente molestos por aquello; más bien, había grupos que lo gozaban y entre ellos destacaban el grupo de Malfoy. Tabatha y Parkinson habían tenido un fuerte intercambio de ideas durante el desayuno, que termino con un ojo morado para Pansy y una mejilla al rojo vivo para la joven Potter. Como era de esperarse, Parkinson montó una de sus escenitas melodramáticas y Tabatha terminó cumpliendo cuatro días de detención con Umbridge.

-He escuchado que han visto al grupo que escapó de Azkaban en las afueras de Hogsmeade.-comentó Lavander con cara de susto durante la clase de la profesora Sprout. El segundo temas más comentado era la huida en masa. Aquellos que estaban subscriptos al Profeta se habían encargado de comunicar la noticia, sembrando el pánico entre los alumnos y ahora todo el mundo tenía teorías de haber visto al grupo vagando cerca del castillo, como Sirius había hecha una vez.

Tabatha se rasco por encima de los guantes, pero el ardor y la comezón que le había dejado el castigo de Umbridge era imparable. Eso la ponía molesta y de un humor agrio casi todos los días.

-Te admiro.-aún con los dedos enguantados y haciendo todo lo posible para saciar su picazón, se volvió hacia el otro lado de la extensa mesa.

-¿Qué?-las mejillas de Susan Bones se enrojecieron mientras tiraba más estiércol de dragón dentro de la bandeja con brotes. Durante los cinco años que habían compartido la asignatura, ninguna de las dos habían intercambiado una palabra con la otra.

-Todo esto.-continuó la niña de mejillas pecosas.-Con todas las noticias, no sé cómo hacen para soportarlo.-su espátula volvía a estar llena de estiércol y su bandeja rebosaba de ello.-Puedo decir que los entiendo a ambos.-sus ojos se aguaron, pero ella parpadeó.-Es espantoso.-

La picazón cesó, pero una extraña sensación de malestar comenzó a nacer en su interior. Tal vez Tabatha no lo supiese con total seguridad, pero apostaba a que había más de un alumno que tuviese parte de su pasado atado a las acciones nefastas que Voldemort llevó a cabo. Tal vez esa chica, Susan Bones, perdió a alguien importante de su familia y, al igual que Neville, enterarse de que los asesinos volvían a estar en libertad... Tabatha los entendía y sentía impotencia por ellos.

Cuando la hora terminó el cuarteto guardó sus cosas y subieron de nuevo la explanada de regreso al castillo. El día era húmedo y el suelo se hallaba blando bajo sus pies. Había llovido en la mañana, por lo que el fango predominaba en los alrededores, haciendo que los dobladillos de las túnicas se empapasen y llenasen de barro a medida que escalaban.

Al ingresar a las galerías, el suave calor de las antorchas resultaba reconfortante. Los cuatro se eliminaron las gotas de rocío que impregnaba sus hombros y sacudieron sus libros mientras caminaban por los pasillos.

A esa hora del día no había alumnos merodeando, pero si  había profesores reunidos en pequeños grupitos que cuchicheaban entre ellos. La profesora McGonagall detuvo a sus compañeros en cuanto el cuarteto pasó junto a ellos. Flitwick y Vector se volvieron hacia ellos, con expectantes ojos y rostros serios. Con aquella actitud los acompañaron hasta que dieron la vuelta en la esquina más cercana.

-Es evidente que si la profesora Umbridge está en la sala de profesores, ya no pueden hablar con libertad allí.-comentó Hermione en voz baja.

-¿Crees que ellos saben algo más?-preguntó Ron girando la cabeza para mirar a los tres profesores, pero los adultos ya habían desaparecido del radio visual.

-Y si supieran algo, no nos lo van a contar, ¿verdad?-terció Harry, enfadado.

-El nuevo decreto lo prohíbe.-suspiró Tabatha, subiendo las escaleras hacía la sala común.

-.-.-.-.-

Luego de la cena, y como si fuera lo último que pudiese colmar el día, el reloj marcó las ocho y las clases particulares con Snape dieron comienzo. 

A pesar de haber prometido que practicaría, los resultados eran horrendos a comparación de la primera  sesión; el profesor de Pociones lograba tener un acceso casi completo a la mente de Tabatha. Los intentos por suprimir la entrada eran débiles y Snape no vio el sentido de pasar el resto de los cuarenta minutos restantes en aquellas condiciones. Pero antes de dejarla ir, le recriminó su falta de entusiasmo en una materia importante. La pelirroja lo único que fue capaz de hacer fue darle la razón y mantener la vista baja.

-No es mi culpa.-murmuró recostada en un sillón de la Sala Común. Harry, Ron y Hermione estaban sentados junto a la chimenea mientras al otro lado de las ventanas la lluvia volvía a azotar los vidrios.-No logro concentrarme.-

-Yo tampoco.-indicó Harry, viendo las llamas danzar alrededor de los leños.-La cicatriz me está volviendo loco, parece querer partirme la cabeza a la mitad.-expresó, llevándose dos dedos a la frente y masajeando la marca en forma de rayo.

El ruido de la lluvia en medio de la noche era como una canción de cuna; el sonido llenaba los ojos de la pelirroja, induciéndola en un anhelado dormitar (uno que venía postergando desde hacía días).

-A lo mejor es como una enfermedad.-sugirió Hermione, un tanto preocupada, después de unos instantes.- Un virus o algo así. Tiene que empeorar antes de empezar a mejorar.

-Las clases con Snape lo están agravando.-aseguró Harry con rotundidad.-Estoy harto de que me duela y de recorrer ese pasillo todas las noches.-se volvió a frotar la frente con fastidio.- ¡Ojalá se abriera esa puerta porque estoy hasta la coronilla de quedarme allí plantado mirándola!-su hermana se reincorporó, apoyando todo el peso de su cuerpo contra un codo y lo miró con expresión seria.

-Eso no tiene ninguna gracia.-opinó con aspereza.-Dumbledore no quiere que sueñes con ese pasillo; estás haciendo que las clases de Oclumancia sean en vano.-

-Deberías esforzarte un poco más, Harry.-opinó Granger.

-¡Ya me esfuerzo!-protestó el azabache, molesto.-Pruébalo un día y verás. A ver si a ti te gusta que Snape se meta dentro de tu cabeza... ¡Te aseguro que no es nada divertido!-

-¡No le grites!-exclamó Tabatha, defendiendo a su amiga.-Habíamos quedado en que no más reproches hacía ellos, cuando solo intentan ayudar.-Harry apartó la vista mientras chasqueaba la lengua. La pelirroja volvió a recostarse mientras entrelazaba sus dedos encima de su vientre.

El fuego devoraba con lentitud los leños, desprendiendo un fresco aroma a pino. La Sala Común se hallaba vacía y a oscuras; la chimenea era el único punto de luz que apenas llegaba a iluminar un tramo del lugar.

-A lo mejor...-intervino Ron cortando con el silencio. Él intentó finalizar la oración, pero lo único que logró fue boquear como pez fuera del agua.

-A lo mejor ¿qué?-dijo Hermione con brusquedad.

Ron se acomodó junto al sillón y se volvió hacía sus amigos.

-A lo mejor ellos no tienen la culpa de no poder cerrar sus mentes.-dijo con cierto tono misterioso.

-¿Qué quieres decir?-preguntó la chica.

-Pues que... quizá Snape en realidad no intente ayudarlos...-detonando un tema tabú, tanto Hermione como Tabatha bufaron, mirando a Ron con el ceño fruncido. Pero él, por su parte, las observaba elocuentemente.- Tal vez.-prosiguió bajando un poco la voz.-Lo que intenta es abrir un poco más sus mentes... ponérselo más fácil a Quien-ustedes-saben...-

-Cállate, Ron.-espetó Hermione.- ¿Cuántas veces has sospechado de Snape y cuándo has tenido razón? Dumbledore confía en él, trabaja para la Orden, con eso tendría que bastarte.

-Era un Mortífago.-afirmó el muchacho con testarudez.- Y no tenemos pruebas de que verdaderamente se cambiara de bando.

-Dumbledore confía en él.-repitió Hermione.- Y si nosotros no confiamos en Dumbledore, no podemos confiar en nadie.-

Nuevamente el silencio reinó en la Sala Común. La lluvia seguía golpeando contra los vidrios mientras el fuego chisporroteaba suavemente haciendo que pequeñas chispas cayeran y se fundieran en la alfombra.

-Me voy a la cama.-anunció Tabatha, poniéndose de pie y pasando por entre medio de sus amigos.

-Voy contigo.-acotó Hermione, ayudándose del sillón para pararse y seguirla.

A la mañana siguiente, el castillo entero se vio revolucionado. Lavander y Parvati habían despertado temprano y habían adornado el cuarto con corazones. Hermione fue sorprendida cuando una pelota de confeti rosa estrelló contra su cabeza, dejando restos en todo su cabello.

-¡Feliz San Valentín!-exclamó Parvati mientras un pequeño querubín sobrevolaba por toda la habitación. Con el ceño fruncido y molesta por la intromisión, Hermione se reincorporó en la cama al tiempo que sacudía la cabeza. Miles de pedacitos de confeti cayeron en el cubrecama mientras que una segunda pelota impactaba contra Tabatha.

Tanto Granger como Potter se deshicieron de los papelitos rosa y se levantaron de sus camas con profundas expresiones de malestar; pero desgraciadamente sólo una pudo entrar al baño primero y cambiarse, mientras que la otra debía soportar a las otras dos compañeras de habitación decorando todo con corazones.

Cuando finalmente salieron del cuarto, ambas amigas respiraron en paz; Parvati y Lavander habían rociado las cuatro paredes con muestras de perfumes que venían en la revista Corazón de Bruja, haciendo que el ambiente fuese denso de respirar.

Juntas salieron de la Sala Común y bajaron las escaleras, poniendo rumbo hacía el Gran Comedor. Tabatha agradecía que el ambiente fuera de la habitación no fuese el mismo; aún conservaba el horrendo recuerdo cuando Lockhart se había hecho cargo de dicha festividad y el castillo entero había sido cubierto de color rosa.

Al arribar al comedor, ambas amigas ocuparon dos espacios en la mesa de Gryffindor. Y apenas estuvieron ubicadas, del techo ingresó una bandada de lechuzas cargando el correo. Tabatha no había enviado a Phoebe con ninguna carta pero nunca estaba demás ver si ella aprecia con algún mensaje de Remus. La decepción fue grande. Pero no para Hermione: en cuanto una lechuza parda se posó frente a ella, Hermione soltó el plato que sostenía y se apresuró a abrir el correo.

-¡Ya era hora!-exclamó, desatando el nudo que sujetaba la carta a la pata del animal.-Si no hubiera llegado hoy...-su voz se convirtió en un hilillo apenas audible. Tabatha se volvió hacia su amiga, observándola sin saber de qué estaba hablando. Con desesperación Hermione abrió el sobre y extrajo un pequeño trozo de pergamino; leyó el mensaje a toda velocidad, y una expresión de triste placer apareció en su cara.

-¿Qué ocurre?-Harry también ingresó al comedor, ubicándose junto a las chicas.

-Oye, Harry.-dijo Hermione, levantando la cabeza.-Esto es muy importante. ¿Crees que podrías reunirte conmigo en Las Tres Escobas hacia mediodía?-

-Pues... no lo sé.-contestó el azabache con tono vacilante.- A lo mejor Cho espera que pase todo el día con ella. Nunca hemos hablado de lo que íbamos a hacer.-

-¿Pasarás el día entero con Cho?-inquirió su melliza, sirviéndose el desayuno.

-Es San Valentín.-argumentó la castaña.-Harry, está bien, pero si es necesario ve con ella.-concedió aunque con gravedad.- Sólo necesito que me prometas que irás.-

-Lo haré.-asintió el azabache.-Pero, ¿para qué?-

-Ahora no tengo tiempo para contártelo.-dijo la muchacha, guardando la carta dentro del bolsillo de su túnica.- Tengo que contestar esto cuanto antes.-y sin dar más explicaciones, salió a toda prisa del Gran Comedor, con la carta en una mano y una tostada en la otra.

Los mellizos permanecieron juntos hasta que el desayuno dio por terminado. No hablaron mucho de lo que harían en el día, pero en varias ocasiones, Harry estuvo tentado de preguntarle a su hermana como debía comportarse en una primera cita, pero se abstuvo, limitándose únicamente a desayunar.

Cuando los primeros alumnos comenzaron a retirarse, él se despidió con un rápido beso en la mejilla y ella le deseó suerte.

Tabatha no asistiría a la salida Hogsmeade, ya que Angelina había planificado usar aquel día para entrenar. Por lo que una vez finalizado oficialmente el desayuno, ella y Alicia bajaron al encuentro de lo que quedaba del equipo. 

-Muchos deben pensar que nos han arruinado.-suspiró la capitana, apoyándose sobre su escoba.-Pero tengo algunos nombres en mente que tal vez puedan ayudarnos.-dijo esbozando media sonrisa alentadora mientras que del interior de su uniforme rojo y amarillo sacaba un trozo de pergamino.-Bien.-extendió el papel entre sus manos.-Como ya saben, los nuevos bateadores son Sloper y Kirke.-sus ojos se deslizaron por el papel mientras el resto del equipo asentía.-Ginny Weasley ocupará el puesto de cazadora.-continuó.

Tanto Alicia como Tabatha intercambiaron una mirada.

-Pero…-comenzó la joven Spinnet.-Angelina, ya hay tres cazadoras.-le recordó.

La capitana rodó los ojos.

-Ya sé que hay tres.-respondió.

-¿Y quién se va a ir?-curioseó la pelirroja, sintiendo una renovada comezón en la zona dónde Umbridge la había castigado. No quería pensar que la profesora de DCAO también se había encargado de expulsar a alguien más.

-Oh, no, no, nadie se va ir.-alegó Johnson.-Solo cambiaremos momentáneamente de lugares hasta que Harry y los gemelos puedan regresar.-

-No lo harán si Umbridge sigue en el colegio.-masculló Ron.

-Ella no es la máxima autoridad en Hogwarts.-debatió Angelina.-Dumbledore sigue siendo el director.-los tres únicos jugadores que aún componían el equipo volvieron a asentir.-Y haremos todo lo posible para que Fred, George y Harry regresen.-

-Angelina.-habló Tabatha.- Ya tenemos bateadores y una nueva cazadora; eso significa que tu asumirás el cargo de buscadora, ¿verdad?-la capitana se echó a reír.

-Claro que no.-aseguró.-No, para ese puesto esperaba que tú dijeras que sí.-en aquel momento todas las miradas recayeron sobre ella.

-¿Qué?-preguntó la pelirroja, sintiendo sus mejillas arder.

-Oliver lo mencionó una vez.-respondió Angelina.-A él le hubiera gustado que tú hicieras las pruebas y tenerte como buscadora suplente en caso de que Harry no pudiese jugar. Aparte, lo llevas en la sangre: tu papá y tu hermano fueron y son los mejores buscadores que Gryffindor pudo haber tenido.

El silencio reinó en el vestuario. Ron tragó saliva sonoramente mientras alternaba la vista entre la capitana y su amiga.

-No creo encajar en ese puesto.-murmuró la pelirroja, sintiendo ganas de arrancarse las cascaritas que comenzaban a cicatrizar el castigo.-Digo, a Harry lo eligieron por una razón…-

-Y por otra razón lo echaron del equipo.-se lamentó Angelina.-Tab.-se arrodilló, colocándose a la altura de la joven Potter mientras una de sus manos se posaba por la rodilla de la muchacha; en sus oscuros ojos se hallaba la misma expresión que solía llevar Oliver cada vez que un problema se presentaba para el grupo.-Si no logramos completar los agujeros que tiene el equipo, me temo que no podremos jugar el próximo partido.-

Tabatha se mordió el labio. Umbridge se había encargado de que su quinto año fuese el peor de todos con tantos decretos y la constante intromisión del Ministerio dentro del colegio; pero ella podía estar segura de una cosa: Dolores Umbridge no le quitaría el deporte al cual ella estaba orgullosa de pertenecer. 

-De acuerdo.-asintió con determinación.-Lo haré.-Alicia soltó una exclamación de alegría y sus brazos  sujetaron tanto a Ron como a las chicas en un apretado abrazo. Tabatha quedó en el medio, pero desde el fondo se la escuchaba reír.

-Muy bien, muy bien.-habló Angelina.-Será mejor que vayamos de una vez al campo.-dijo, rompiendo el abrazo y recuperando su escoba.-Tenemos que entrenar duro. Vamos.-

Con renovadas ganas, el equipo original salió de los vestuarios, siguiendo a la capitana.

Afuera en el campo, el cielo estaba tan nublado como lo había estado el día anterior. Nubes grandes y cargadas de agua cubrían cada pulgada y amenazaban con romperse en cualquier momento.

En las tribunas había pocos espectadores que, teniendo en cuenta el clima, se habían animado a bajar; a mitad de la grada sur, Tabatha distinguió las cabelleras de los gemelos y Lee Jordán. En las demás, salpicados de forma irregular había miembros de las casa de Gryffindor y Hufflepuff.

-¡Muy bien!-exclamó Angelina, llamando a los nuevos jugadores con la mano para que se reunieran en el centro de la cancha.-Ya cada uno tiene en claro su puesto, solamente nos queda lanzar las pelotas.-

Cuando las tres pelotas fueron liberadas, también lo estuvo la tormenta con la que las nubes venían amenazando. Los espectadores invocaron hechizos para evitar que el agua los empape, aunque de todas formas la lluvia lograba colarse.

Los siete jugadores patearon el suelo y las escobas se elevaron. Los primeros en pasar fueron Sloper y Kirke; Ron había dicho que eran muy malos jugadores, pero muy a pesar del equipo, era lo mejor que había podido conseguir para sustituir a los gemelos. El turno de los bateadores concluyó cuando las dos Bludgers fueron lanzadas hacia la mismísima capitana.

-¡Cazadoras!-exclamó, mientras sujetaba su escoba e intentaba esquivar ambas pelotas.- ¡Cazadoras!-

Con la presencia de Ginny en el equipo, las cosas no parecían ir tan mal. La joven Weasley tenía el tamaño perfecto para escabullirse entre los bateadores con la Quaffle bajo el brazo. Cuando las Bludgers le cerraron el paso, ella trazo un espiral y lanzó la pelota al aire, coincidiendo justo que sobrevolando sobre su cabeza se hallaba Alicia, quien atrapó la Quaffle y salió disparada hacia los aros. Y allí se encontraba Ron. El muchacho tenía ambas manos aferradas al mango de su escoba, mientras trataba de cubrir los tres aros. Alicia iba con la velocidad de un tren bala y Ron comenzó a ponerse nervioso en cuanto la chica puso su brazo en modo de gancho y lanzó la pelota. El muchacho intento evitar que ingresase por los arcos, pero en un giro de último momento, la pelota apenas le rozó los dedos y de todas formas terminó ingresando.

Mientras las cazadoras festejaban y se preparaban para una nueva demostración, Tabatha sobrevolaba por encima de todo el equipo. Angelina había liberado a la Snitch y la pelota aún no había aparecido. La lluvia había hecho que su cabello se convirtiese en algo realmente imposible de controlar y que al mismo tiempo le obstruía la vista.

»Ahora entiendo a Harry«

Los Buscadores eran los únicos jugadores que de verdad la pasaban mal en cada partido; Tabatha recordaba con horror la vez que su hermano había sido accidentado por aquella Bludger loca y de cómo su brazo (sin la posterior intervención del profesor Lockhart) se había fracturado.  Aunque también debía admitir que los Buscadores no tenían las mismas funciones que los Cazadores o Guardianes; los encargados de atrapar la Snitch únicamente debían quedarse quietos y prestar atención. No obstante, la acción comenzaba una vez divisada la pelota. Allí los Bateadores se convertían en el problema número uno.

Un poderoso trueno iluminó el oscuro cielo y Tabatha se irguió sobre su escoba; le había parecido ver un reflejo dorado muy cerca de los arcos contrarios. Aguardó un momento y luego volvió a verlo. Definitivamente la Snitch había aparecido.

Sujetando el mango con firmeza y obligando a la escoba a bajar en picada, Tabatha comenzó a recorrer el campo. Y tan pronto como pasó por entre medio de sus compañeras cazadoras, las Bludgers se abalanzaron sobre ellas. La Saeta se deslizaba con movimientos zigzagueantes mientras las pelotas intentaban dar contra la buscadora. Por suerte, aquello solamente era una práctica. Pero de tratarse de un partido de verdad, Tabatha no sólo tendría que lidiar con los bateadores contrarios sino que también contra el Buscador.

Trazando bucles con la escoba, logró evadir las pelotas y tener el camino despejado.

La lluvia caía con mayor intensidad sobre el campo, haciendo que la túnica y todo el uniforme de Quidditch fuese pesado, como si tuviese peso propio. La pelirroja estaba a sólo unos cuantos metros de dónde se hallaba la Snitch, cuándo ésta cambió de rumbo, adentrándose al centro del estadio. Kirke y Sloper, tomándose muy en serio su puesto, volvieron a enviar las Bludgers con tanta intensidad que sólo una de ellas logró dar en la parte trasera de la Saeta. La joven Potter se aferró bien a su escoba, recibiendo el brusco impacto.

La dorada pelota nuevamente cambió de dirección, yendo ésta vez hacía arriba. Haciendo un rápido movimiento, colocó la Saeta en posición vertical mientras la escoba ascendía con rapidez; Tabatha extendió su mano hacía adelante mientras las gotas golpeaban su rostro. Forzando a que la escoba aumentase de velocidad, sus dedos finalmente rozaron la Snitch, cerrándose alrededor de ella.

-¡La atrapó!-exclamó Angelina, usando sus manos a modo de visera.- ¡La atrapó!-las tres cazadoras remontaron vuelo, yendo al encuentro de la nueva buscadora.

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Con el entrenamiento finalizado, Tabatha pasó por un baño de agua caliente y por un cambio de ropa. Acompañando a la lluvia, se sumó un helado viento que hacía temblar los vidrios de las ventanas, pero por suerte la chimenea del cuarto se hallaba encendida.

Ya era casi mediodía cuando la pelirroja decidió abandonar su habitación (la cuál seguía teniendo aquella desagradable mezcla de perfumes y restos de confetis en todo por todo el suelo). El castillo se encontraba casi desierto ya que todos habían decidido ir a pasar el día en Hogsmeade a pesar de las condiciones climáticas.

Tabatha no tenía mucha hambre, por lo que únicamente se limitó a buscar una manzana por la cocina y dedicarse a recorrer los pasillos del colegio.

Su jersey tejido a mano le brindaba un agradable calor que le penetraba hasta los huesos y ayudaba a remover el frío que aquella tempestad se había encargado de darle. Su cabello aún se hallaba húmedo y Tabatha no se había molestado en peinarlo ya que sabía que la humedad del día no ayudaría mucho.

Paseando terminó llegando a la sala de trofeos. Ella nunca había estado antes ahí, no porque no quisiera, sino porque nunca le llamó la atención. Hasta aquel día. Haber reemplazado a Harry le había hecho sentir algo que jamás había experimentado antes: una extraña sensación de estar completa. Sonaba raro, pero ni ella podía explicar con exactitud como haberse puesto en los zapatos de un buscador la había hecho sentir.

Sus dedos recorrieron las vidrieras mientras que sus avellanados ojos leían los nombres gravados en las placas de oro. Allí se encontraban todos los jugadores que habían logrado destacar en cada equipo de Quidditch; también se hallaban los nombres de algunos Prefectos y Premios Anuales. Por un momento se preguntó si la placa de Tom Riddle seguía estando en alguna de aquellas vitrinas.

Tras haber recorrido todos los aparadores, se detuvo en uno en particular. Era una tabla de madera que contenía tres medallas: una tenía escrito el nombre de la profesora McGonagall, seguida de la fecha 1971; la segunda pertenecía a un tal R.J.H King, con una fecha que rondaba el final de los años 60'; y la tercera, aquella que se encontraba en el centro, pertenecía a James Potter, Buscador, 1972.

Tabatha sonrió, apoyándose contra el vidrio.

Toda su vida la compararon con su madre, repitiendo la misma frase: "Eres la viva imagen de Lily Evans." Pero nunca escuchó a alguien decir lo mismo de su padre; Harry era quién se había ganado aquel derecho.

Resolviendo el misterio de sus emociones, finalmente admitió que haber jugado de buscadora la había acercado, de alguna forma, al espíritu de su padre. Aquel breve momento de regocijo le había servido para desenterrar aquella conexión que alguna vez había tenido con James, pero que con el correr de los años y las diversas circunstancias terminó cayendo en el olvido.

-Me dijeron que te había visto entrar aquí.-Tabatha dio un respingo, alejándose de la vitrina y volviendo la cabeza hacía la puerta.

-George.-jadeó, llevándose una mano al pecho y sonriendo.-No te había escuchado entrar.-

-¿Cómo sabes que soy George y no Fred?-preguntó él, ingresando a la sala con ambas manos en la espalda.

Ella se mordisqueó el labio y se encogió de hombros.

-Creo que con el correr de los años es fácil darse cuenta la diferencia.-respondió.-O simplemente, de alguna manera, sé quién es quién.-una tímida, pero genuina, sonrisa comenzó a nacer de los labios del muchacho a medida que se acercaba a ella.

-Estuviste increíble ahí afuera.-comentó George, mirando el escaparate que contenía las medallas.-Él estaría orgulloso.-Tabatha se volvió para mirarlo, con sus cansados ojos color avellana, mientras guardaba aquellas palabras dentro de su mente.

-Es raro no verlos en el campo.-acotó ella, acariciando el vidrio.

-Para nosotros también es raro ver un partido desde afuera.-admitió él, suspirando.

-No deberían pasar así su último año.-objetó la pelirroja, frunciendo levemente el ceño.-Umbridge no tenía por qué hacerlo.-de solo pensar en la Suma Inquisidora, la sangre comenzó a hervirle como un caldero.-Angelina tiene razón: ella no tiene toda la autoridad sobre el colegio.-cerró ambas manos en forma de puños mientras se arremangaba apenas por encima de la muñeca.

-¿Qué es eso?-preguntó George, señalando el dorso de su mano.

-¿Qué cosa?-dijo ella, cubriéndose de vuelta.

-Eso.-insistió él, sujetándola suavemente por la muñeca y atrayéndola hacía sí. George levantó la manga del jersey tejido por la señora Weasley, dejando al descubierto la pálida piel de Tabatha.- ¿Has estado en detención?-preguntó sorprendido.

-Terminé ahí por algo tonto.-confesó la muchacha, mordiéndose nuevamente el labio.-Estaba teniendo una semana terrible y Parkinson me provocó.-George soltó una risita, pasando su dedo suavemente por encima de la herida.

-Pensé que hacías oídos sordos a lo que Parkinson pueda ser capaz de decir.-Tabatha rodó los ojos y se encogió de hombros levemente.-Aparte, eso explica porque vi a Pansy en la enfermería la otra vez.-las mejillas de la muchacha se encendieron, adoptando un bonito color rosado.- ¿Ya almorzaste?-preguntó de pronto George.

-Sólo una manzana.-los ojos del muchacho de abrieron con sorpresa y mientras chasqueaba la lengua, negaba con la cabeza.

-¡Eso no es almorzar!-dijo, mientras la tomaba por la muñeca nuevamente.-Ven. Aún tenemos tiempo.-

George la arrastró fuera de la sala de trofeos, alegando que Hermione estaría decepcionada de ella.

"Los elfos no cocinan en vano."

Él comenzó a enumerarle todos los platillos que había visto en el Gran Comedor y prontamente la sensación de saciedad desapareció, dejando espacio para un demandante apetito.

-¿Ibas a dejar éste pastel de carne por una simple manzana?-dijo el chico, mientras servía una gran rebanada sobre su plato.

Ocuparon asientos enfrentados, de modo que podían verse el uno al otro. Tabatha no podía negar que él tenía razón. La mesa de Gryffindor estaba a rebosar de bandejas de plata con todo tipo de comidas: había empanadas de calabaza, pasteles de carne y pollo, sopa de cangrejo, patatas asadas y batatas bañadas en un caldo espeso.

Había pocos comensales en la mesa de los leones, por lo que se dieron el lujo de repetir cuantas veces quisieron. Y a pesar de haber comido hasta el hartazgo, no le dijeron que no a los postres.

-¿Dónde está Fred?-preguntó Tabatha mientras se servía una rebanada de strudel de manzana.- ¿Y Lee?-

-En el pueblo.-respondió George, cortando una porción de tarta de melaza con nueces.-Fred fue con Angelina a Tres Escobas y Lee…bueno, él debe estar en Zonko.-

-¿Zonko?-repitió la pelirroja, bajando el postre con un sorbito de jugo de calabaza.- ¿Y por qué no estás con él?-el muchacho se encogió de hombros mientras se limpiaba un hilillo de melaza.- Veo que les está yendo bien con los artilugios de broma.-comentó ella, cortando un nuevo bocadito de strudel.-

-Todos los días tenemos ideas nuevas para nuevos productos.-reconoció el gemelo Weasley.-Hace unos días inventamos los caramelos vomitivos.-dejó los cubiertos sobre la mesa y metió la mano dentro del bolsillo interior de su túnica.-Ten.-a los pocos segundos extrajo una cajita que al agitarse producía un rítmico tac-tac.-La próxima vez que quieras agarrártelas con Parkinson, mejor dale uno de estos.-

-No está bien que me incites a eso.-rió la pelirroja.-Pero, acepto tus caramelos.-

Tras haber finalizado con el ostentoso almuerzo, George y Tabatha decidieron ir a caminar por el castillo.

No debían de ser más de la una de la tarde y aún seguía lloviendo, por lo que una paseo por los terrenos del colegio era una idea que debía completamente descartar. Sin más otra opción que quedarse dentro, decidieron ir a la Torre de Astronomía. A Tabatha realmente le gustaba la vista desde allí arriba; todo parecía un mundo miniatura visto desde los ojos de un gigante.

-Me alegra saber que el dinero del Torneo terminó ayudándolos.-murmuró, luego de un rato en silencio.-Y me alegra saber que por fin Ron tiene una túnica de gala decente.-George rió entre dientes, mientras sus brazos se abrazaban a sus rodillas.

-Aún no entiende porque se la regalamos ni como.-confesó.-Nadie sabe lo del premio; mamá nos mataría si se llegase a enterar.-

-Pero nosotros se los dimos.-repuso Tabatha, recordando aquel momento en el tren cuando Harry los había amenazado a punta de varita para que aceptasen.-No lo robaron.-

-Nuestra familia es así.-acotó él.

Tabatha reposó la cabeza contra la pared mientras cerraba lentamente los ojos.

-Creo que Angelina y Fred hacen linda pareja.-comentó, llevándose una rodilla al pecho y entrelazando sus manos sobre ella.

-¿Lo crees?-inquirió George.

-Ajam.-respondió ella.-Aunque siempre creí que ella sentía cierta atracción hacía ti.-las mejillas del muchacho se fueron enciendo lentamente.

-¿Y por qué lo dices?-Tabatha se encogió de hombros.

-Supongo que por la forma en que te miraba.-

-O tal vez pensaba que yo era Fred.-objetó George con gesto pensativo y ella sonrió.

-La confusión puede ser tu peor enemiga.-Tabatha volvió a abrir los ojos, descubriendo que George se había arrimado un poco más hacía su lado. Ella reposó su cabeza contra el hombro del muchacho mientras sus ojos viajaban hacía la continuaba lluvia que ahora caía a cantaros y las nubes parecían más oscuras que nunca. Los ojos de la chica amenazaban con querer cerrarse y dormir, pero el ruido de la lluvia ya no era arrullador como la noche anterior.

-¿Tab?-llamó George.

-¿Hum?-

-Nunca hablamos de esto y temo que tampoco tendremos la confianza necesaria, pero…hoy es San Valentín, ¿estás bien?-Tabatha separó lentamente la cabeza del hombro del muchacho, apoyándola nuevamente contra la pared.

-Había estado tratando de no pensar en eso.-murmuró.-Quería creer que…que sólo era un día más.-

-Lo lamento.-se apresuró a decir George.

-No, no lo hagas.-repuso ella.-Creo que con todo el tiempo que ha pasado ya, es momento de asumir que…Cedric se ha ido.-admitirlo era duro, pero era lo único que podía hacer; era necesario sacarse aquel peso del alma.- ¿Crees que mi Bogart haya cambiado?-preguntó.-Digo, la última vez me mostró la misma escena que viví en el cementerio.

-Tal vez.-ella volvió a reposar su cabeza contra el hombro del muchacho. Finalmente la lluvia cesó en el exterior. George pasó un brazo por encima de los hombros de Tabatha, mientras la muchacha comenzaba a quedarse dormida.