"Los mellizos Potter" — capítulo 146
Capítulo 24:
"Oclumancia"
Las vacaciones finalmente habían terminado y la segunda etapa escolar había dado comienzo aquel día por la mañana. Tabatha no estaba muy contenta con aquella situación por dos simples motivos: el más obvio y el que más le molestaba era tener que soportar unos meses más a Dolores Umbridge; y el segundo, un tanto más...tolerable, las clases particulares con Snape.
Pero por más que aquella situación la molestase, ella debía hacerlo. Era una herramienta que le serviría para evitar situaciones como la del señor Weasley.
Al llegar a las mazmorras, Tabatha se plantó frente al portón y levantó el puño, llamando dos veces en aquella gruesa y dura madera. El golpe de su mano fue absorbido por el tortuoso silencio que residía en el extenso y oscuro pasillo. Eran las 8 de la noche y ningún alma transitaba aquel corredor en aquellos momentos.
-¡Pase!-la voz de Snape llegó desde el otro lado de la puerta instantes después y las esperanzas de la muchacha murieron en aquel mismísimo instante. A ella le hubiera encantado no oír aquella respuesta y muy lamentablemente irse a cualquier otra parte del castillo.
Pero no.
Snape estaba allí adentro, esperándola.
Tabatha se secó las palmas contra la túnica, respiró hondo y procedió a ingresar.
La pesada puerta rechinó mientras era empujada, dejando al descubierto una oscura habitación, forrada de estanterías en las que había cientos de tarros de cristal con viscosos trozos de animales y de plantas suspendidos en pociones de diversos colores; Tabatha arrugó la nariz y cerró la puerta detrás de ella. Pegada contra la pared, sus ojos seguían observando el cuarto; en un apartado se hallaba el mismo Pensadero que Dumbledore tenía en su despacho.
-Siéntate.-ordenó el profesor de Pociones, quién se había colocado donde había luz y señalaba en silencio la silla que había delante de su mesa. Ella se sentó, y lo mismo hizo Snape, con los fríos y negros ojos clavados en la muchacha, sin pestañear.
-Bueno, Potter, ya sabes por qué los dos estamos aquí.-comenzó con su habitual y particular arrastrado de palabras.-El director me ha pedido que te enseñe Oclumancia.-Tabatha recordaba el día en que Snape se había aparecido en Grimmauld Place, también recordaba el incómodo momento que se había vivido entre él y Sirius; había sido una situación engorroso, debido a aquellas enemistades de adolecentes habían sido revividas de grandes.
-Sí, profesor.-contestó ella concisamente.
-Veamos, Oclumancia...como ya te dije en la cocina de tu querido Black, es la rama de la magia que impide que las intrusiones y las influencias mágicas penetren en la mente.
-Ha explicado la definición, señor, pero nunca explico el propósito.-habló la pelirroja, sonando lo más educada posible.
-Sin interrupciones hasta que yo te de la palabra.-anunció Snape, enarcando una ceja.-Pero contestando, hasta tú deberías haberlo deducido, Potter.-continuó con desdén.-El Señor Tenebroso es sumamente hábil en Legeremancia...-el hombre la observó durante unos instantes, tratando de que ella, al menos, se hubiera molestado siquiera en estudiar qué es lo que estaba a punto de aprender. Pero la muchacha simplemente ladeó levemente la cabeza de costado, levantando una comisura en señal de que continuase.-Es la capacidad de extraer sentimientos y recuerdos de la mente de otra persona.-añadió con tono cansino.
-¿Quiere decir que puede leer el pensamiento?-replicó ella rápidamente, creyendo que eso solo pasaba en las películas de ficción o que era casi imposible. Aunque esa deducción era tonta. Estaban en el mundo mágico, todo era posible.
-Qué poca sutileza tienes, Potter.-observó Snape escudriñándola con aquellos ojos que emitían destellos.-No sabes apreciar los matices.-hizo una breve pausa.-Sólo los muggles hablan de leer el pensamiento.- añadió haciendo comillas.-La mente no es ningún libro que uno pueda abrir cuando se le antoje o examinarlo cuando le apetezca.-dibujó una sonrisa irónica.-Sin embargo, es cierto que aquellos que dominan el arte de la Legeremancia pueden, bajo determinadas condiciones, hurgar en la mente de sus víctimas e interpretar de forma correcta sus hallazgos.-
-Con aquella forma de interpretar, ¿es posible que El Señor Tenebroso sepa lo que estoy pensando ahora, profesor?-
-El Señor Tenebroso se encuentra a una considerable distancia de aquí, y los muros y los terrenos de Hogwarts están protegidos mediante numerosos y antiguos hechizos y encantamientos para asegurar la seguridad física y mental de aquellos que habitan detrás de ellos.-respondió Snape.-El tiempo y el espacio son factores que hay que tener en cuenta cuando se trata de hacer magia, Potter. En general, el contacto visual es esencial para la Legeremancia.
-Entonces… ¿por qué el profesor Dumbledore quiere que yo aprenda a cerrar mi mente?-
-Por lo visto, el Señor Tenebroso no se ha percatado de la conexión que hay entre ustedes y él hasta hace muy poco.-respondió Snape.-Hasta ahora parece que has estado experimentando sus emociones y compartiendo sus pensamientos sin que él se enterara. Sin embargo, la visión que tuviste poco antes de Navidad representó una incursión tan poderosa en los pensamientos del Señor Tenebroso...
-Señor...-Tabatha respiró hondo, mientras sus manos volvían a hallarse húmedas. Aquella revelación aclaraba algunas confusiones, pero generaba nuevas preguntas.- ¿Cómo es posible que yo me haya visto como Voldemort…?
-¡No pronuncies el nombre del Señor Tenebroso!-espetó Snape alarmado.
La pelirroja brincó en su asiento, mientras que las últimas palabras de Severus Snape eran succionadas en un incómodo silencio, tan extenso y profundo como el del pasillo.
-Señor.-continuó ella.-Es necesario que sepa que no gozo de altanería ni de egocéntrica, pero debo decirle que no le temo ni a él ni a su nombre.-replicó la muchacha con serenidad, buscando la forma de acomodarse y mantenerse erguida.-Dumbledore no lo hace y es por eso que sigo su ejemplo.-
-Dumbledore es un mago extraordinariamente poderoso.-murmuró Snape.-El hecho de que él se sienta lo bastante seguro para utilizar ese nombre no quiere decir que los demás...-se frotó el antebrazo izquierdo, al parecer de forma inconsciente, justo en el sitio donde se hallaba grabada a fuego la Marca Tenebrosa.
-Sólo quería saber por qué...-continuó Tabatha obligándose a adoptar un tono educado.
-Por lo visto visitaste la mente del Señor Tenebroso porque allí era donde él estaba más concentrado en ese momento.-gruñó Snape.-Él estaba poseyendo a la serpiente.
-¿Y él se dio cuenta de que yo estaba allí?
-Parece que sí.-contestó Snape con frialdad.
-¿Cómo lo saben?-preguntó la pelirroja con urgencia.- ¿Es eso algo que ha deducido el profesor Dumbledore o...?
-Basta con que lo sepamos.-atajó Snape.-Lo que importa es que ahora el Señor Tenebroso está al corriente de que ambos tiene acceso a sus pensamientos y a sus sentimientos. Del mismo modo ha deducido que es probable que el proceso funcione a la inversa; es decir, se ha dado cuenta de que él también podría tener acceso a sus pensamientos y a tus sentimientos...
-¿Y podría intentar que yo hiciera determinadas cosas, señor?-inquirió, recordando aquellos sueños dónde escuchaba la voz fría de Voldemort.
-Es posible.-respondió Snape con frialdad y con un tono indiferente.-Lo cual nos lleva de nuevo a la Oclumancia.- sacó su varita mágica del bolsillo interior de la túnica y se limitó a colocar la punta encima de las grasientas raíces de su cabello. Cuando la retiró, se desprendió una sustancia plateada que se extendió entre la sien y la varita, como una gruesa hebra de telaraña. Cuando Snape se apartó la varita de la sien, la hebra se rompió y cayó suavemente en el Pensadero, donde se arremolinó con un reflejo blanco plateado, pero no era ni un gas ni un líquido. Snape repitió el proceso dos veces más y luego, sin ofrecer ninguna explicación sobre aquel procedimiento, levantó con cuidado el Pensadero, lo dejó en un estante, lejos de donde estaban ellos, y volvió a colocarse frente a Tabatha.
-Levántate y saca tu varita, Potter.-ordenó. Ella empujó la silla hacía atrás y se puso en pie., buscando su varita dentro de la túnica.
Una vez armadas, alumna y profesor, se miraban el uno al otro, separados por la mesa.
-Puedes utilizar tu varita para intentar desarmarme, o defenderte de cualquier otra forma que se te ocurra.-anunció Snape.
-¿Y qué va a hacer usted?-preguntó la pelirroja mirando con aprensión la varita de su profesor.
-Voy a intentar entrar en tu mente.-contestó éste con voz queda.-Vamos a ver si resistes.-
-¿Es parecido a la maldición Imperius?-insistió saber, recordando las clases del falso Moody.
-Para esto se necesitan poderes semejantes...-respondió Snape.-Prepárate…-él se colocó en posición y sacudiendo levemente la varita, exclamó: -¡Legeremens!-el hombre había atacado antes de que ella se hubiera preparado, antes incluso de que hubiera empezado a reunir cualquier fuerza de resistencia.
Luego de que el hechizo fuese emitido, el despacho dio vueltas ante sus ojos y desapareció. La sensación era parecida a la de estar usando un Traslador, con la única diferencia de que por su mente pasaban a toda velocidad imágenes y más imágenes, como una la cinta de una película, tan intensa que le impedía ver su entorno.
Todo se detuvo y el despacho finalmente había desaparecido, dejando al descubierto un panorama diferente. Tenía cinco años, y miraba como Dudley rompía sus juguetes nuevos, echándole la culpa a Harry...al ver aquella injusticia, el pecho comenzó a burbujear de ira.
Con un parpadeo, el lugar desapareció nuevamente. Ahora tenía nueve años, y un grupo de niñas en la escuela le tironeaban del cabello, mientras le tiraban bolas de papel húmeda al tiempo que se reían de ella... Tabatha se tocó la cabeza, recordando los fuertes tirones y rememorando el hecho de que nadie había acudido a ayudarla.
Una tercera vez, la escuela sucumbió y la sala de estar de los Dursley ocupó su mente. Tenía once años y miles de cartas eran escupidas por la chimenea mientras que el tío Vernon quería evitarlo…el sentimiento de gracia se formó en su rostro, componiendo una sonrisa, al ver los intentos del hombre por detener todo, mientras los gritos agudos de Dudley se escuchaban por encima del rasgar de los sobres.
Luego todo fue más rápido: Hermione estaba tumbada en una cama de la enfermería, con la cara cubierta de grueso pelo negro... Remus la perseguía durante la luna llena... Cedric y ella bajo un árbol, cerca del lago...
Un punzante dolor en la rodilla la sorprendió. El despacho de Snape había vuelto a aparecer, y Tabatha se encontraba tirada en el suelo.
Soltando una profunda exclamación ahogada, levantó la cabeza y miró al profesor, que había bajado la varita y se frotaba la muñeca.
-¿Pensabas hacerme un maleficio punzante?-preguntó Snape fríamente.
-No.-respondió ella con voz ronca, mientras se sostenía de la mesa y se ponía de pie.
-Ya me lo imaginaba.-repuso Snape.- Me has dejado llegar demasiado lejos. Has perdido el control.
-¿Ha visto todo lo que he visto yo?-preguntó.
-Fragmentos.-dijo Snape haciendo una mueca con el labio.- ¿De quiénes eran esas niñas?
-Eran de mi escuela.-masculló, recordando todos los malos momentos que había vivido durante su niñez.
-Bueno, para tratarse de un primer intento, no ha estado tan mal como habría podido estar.-reverenció Snape, y volvió a levantar la varita.- Al final has conseguido pararme, aunque has malgastado tiempo y energía gritando.-las mejillas de la muchacha se tiñeron de rojo: ¿había estado gritando?- Tienes que conservar la concentración. Repéleme con el cerebro y no tendrás que recurrir a la varita mágica.
-Lo intentaré, señor.-asintió.
-Bien, ahora quiero que cierres los ojos.-ella suspiró y luego obedeció.- Vacía tu mente, Potter.-ordenó la fría voz de Snape.- Libérate de toda emoción...-era difícil; Tabatha era demasiado sentimental y sería algo complicado de hacer.-No lo estás haciendo, Potter...-anunció Snape.-Necesitas más disciplina...concéntrate...-ella trató de vaciar su mente, trató de no pensar, ni recordar, ni sentir.-Volvamos a intentarlo... uno... dos... tres...¡Legeremens!
George se hallaba sumergido en el río, flotando... Su madre gritaba en forma de Boggart mientras la señora Weasley lloraba en el estudio... Cedric Diggory se interponía entre ella y Voldemort...
-¡No!
Había vuelto a caer de rodillas, tenía la cara entre las manos y le dolía el cerebro, como si alguien hubiera intentado arrancárselo del cráneo.
-¡Levántate!-ordenó Snape con aspereza. Ella negó, sacudiendo la cabeza, rememorando una y otra vez lo que su mente le había enseñado de Cedric.- ¡Levántate!-insistió, rodeando el escritorio y sujetándola por un brazo.
-No puedo.-masculló la joven, sintiendo los ojos cristalizados.-No puedo.-
-No te esfuerzas, es diferente a no poder.-replicó Snape.-No opones resistencia. ¡Me estás dejando entrar en recuerdos que temes, me estás proporcionando armas!-
Tabatha tragó saliva; el corazón le latía tan deprisa como si de verdad hubiera vuelto a aquella noche en el cementerio.
-¡Usted vería que es imposible si al menos hubiese vivido lo que yo viví!-clamó entre dientes, pasándose violentamente el dorso de la mano por las mejillas.
-¡Te he dicho que te vacíes de toda emoción!-insistió Snape.
-¡No es fácil!-exclamó.
-¡Entonces serás una presa fácil para el Señor Tenebroso!-replicó el hombre con crueldad.- ¡Los imbéciles que demuestran con orgullo sus sentimientos, que no saben controlar sus emociones o que se regodean con tristes recuerdos y se dejan provocar fácilmente, los débiles, en una palabra, lo tienen muy difícil frente a sus poderes!-Tabatha lo miró horrorizada, mientras el labio superior temblaba.- ¡Penetrará en tu mente con absurda facilidad, Potter!
Ere débil.
-¡Yo no soy débil!-gritó la pelirroja, recordando la voz de Voldemort en sus sueños.
-¡Pues demuéstralo!-dijo del mismo modo Snape.- ¡Domínate! ¡Controla tu ira, impón disciplina a tu mente! ¡Lo intentaremos otra vez! ¡Prepárate!-Tabatha se aferró a la mesa y miró de frente al hombre.- ¡Legeremens!
Ripper le había mordido la pierna y Harry le curaba la herida... Nuevamente se veía como Voldemort, ordenándole a la serpiente que ataque... El señor Weasley se hallaba acostado sobre un charco de sangre.
-¡YA SÉ!-la cicatriz le ardía y las rodillas las tenía al rojo vivo. Nuevamente se puso de pie y vio que Snape lo miraba fijamente con la varita levantada. Tenía la impresión de que esa vez Snape había detenido el hechizo antes incluso de que ella hubiera intentado defenderse.
-¿Qué ha pasado, Potter?-preguntó.
-Esto es difícil.-murmuró, desplomándose sobre el asiento.
-Hemos terminado por hoy.-respondió Snape.-Quiero que vengas aquí el miércoles a la misma hora que hoy. Seguiremos trabajando.
-De acuerdo.-Tabatha se frotó la cabeza, mientras asentía.-Buenas noches, profesor.-ella corrió la silla, poniéndose de nuevo de pie.
-Potter.-llamó Snape.
-Profesor.-ella se volvió sobre sus talones.
-Quiero que todas las noches, antes de dormir, limpies tu mente de toda emoción; vacíala, ponla en blanco y relájala, ¿entendido?
-Sí, señor.-asintió ella.
-Y te lo advierto, Potter...si no has practicado, lo sabré...
-Lo haré, señor.-murmuró, tomando su mochila.
Tras colgársela al hombro, fue rápidamente hacia la puerta del despacho. Al abrirla, giró la cabeza y miró a Snape, que estaba de espaldas y sacaba sus pensamientos del Pensadero con la punta de la varita y los devolvía con cuidado al interior de su cabeza.
..*
Tras haber terminado su sesión, era hora de que comenzase la de Harry.
Tabatha se alegró mucho de que aquel momento con Snape hubiese terminado; ya se sentía mucho más relajada e incluso tal vez llamaría a Dobby para que le alcance un poco de pudin, aunque lo que ella más necesitaba era desplomarse en la cama y dormir por el resto de su vida.
-¿Cómo te ha ido?-preguntó Hermione en un susurro en cuanto ingresó a la Sala Común.
- Bueno, no lo sé...-respondió, sentándose en un cojín.
-Estas un poco pálida.-comentó Ron mientras se golpeteaba el mentón con la punta de su pluma.- ¿Seguro que te encuentras bien?-
-Sí, lo estoy...-repitió, y reprimió una mueca de dolor; al haberse agachado, la herida comenzó a palpitar.- Definitivamente no me gusta mucho la Oclumancia.
-Cualquiera se sentiría débil si acabaran de atacar su mente un montón de veces seguidas.-opinó Hermione, comprensiva.
Tabatha dejó su mochila de lado mientras tomaba un segundo cojín y se acostaba en el suelo. Las tenues luces de la Sala Común ayudaban a que la presión detrás de sus ojos fuese nula. Ya era tarde y el sueño estaba comenzando a aparecer.
-¡Sombreros acéfalos!-gritó George. La pelirroja abrió los ojos, dejando escapar un suspiro.
-¿Y ahora qué?-
Los gemelos Weasley habían irrumpido en la sala Común, exhibiendo ante los estudiantes un sombrero puntiagudo decorado con una suave y sedosa pluma de color rosa.
-¡Dos galeones cada uno!-continuó George.- ¡Miren a Fred!-el aludido, sonriente, se puso el sombrero en la cabeza. Al principio no pasó nada, sólo que Fred tenía pinta de estúpido; pero a continuación sombrero y cabeza desaparecieron. Varias chicas chillaron, pero los demás se desternillaban de risa.- ¡Y ahora...!-gritó George, y la mano de Fred tanteó un momento sobre sus hombros; entonces le volvió a aparecer la cabeza y él se quitó el sombrero con la pluma de color rosa.
-¿Cómo funcionarán esos sombreros?-se preguntó Hermione, que dejó un momento sus deberes y se puso a observar a los gemelos.-Evidentemente, se trata de algún tipo de hechizo de invisibilidad, pero hay que ser muy hábil para extender el campo de invisibilidad más allá de los límites del objeto encantado...aunque me imagino que el encantamiento no debe de durar mucho.-la castaña se volvió hacía su amiga, quién había vuelto a cerrar los ojos y había acomodado el cojín debajo de su cabeza.-Tab.-llamó, sacudiéndola levemente.- ¿Por qué no vas a dormir?-la pelirroja tragó saliva, asintiendo levemente.
-Terminaré los deberes mañana.-anunció, tomando su mochila y colgándosela al hombro.
-¡Sí lo anotas ahora, no te olvidarás!-exclamó Hermione, tendiéndole la agenda planificadora que le había regalado para navidad.-Porqué como dice el dicho: ¡No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy!-Tabatha le sonrió, mientras recogía la libretilla.
-Te espero en la habitación...si es que sigo despierta.-enunció la pelirroja, despidiéndose de sus amigos con una tenue sonrisa.
Luego atravesó la sala común esquivando a George, que intentó ponerle un sombrero acéfalo, y llegó a la tranquila y fresca escalera de piedra que conducía a los dormitorios. La presión detrás de los ojos había regresado, acompañado con un estresante mareo.
Al ingresar a la habitación, Tabatha se despojó de la mochila, dejándola a los pies de la cama para luego desplomarse sin siquiera cambiarse sobre el colchón. El día había sido largo y las clases de Snape le habían arrebatado hasta la última gota de energía.
Su cabeza se acomodó en las mullidas almohadas mientras un bostezo se escapaba de sus labios. Tabatha se cubrió con las mantas mientras que sin usar las manos se sacaba las zapatillas. Luego con la varita cerró los doseles, dejando su cama rodeada por las pesadas telas rojas y envueltas en una tranquilizante oscuridad, que inducía al sueño. Bostezó una vez más, pero su mente no dejaba de trabajar.
Por alguna razón, algo en su interior se hallaba alarmado. Como si temiese que algo malo ocurriese.