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"Los mellizos Potter" — capítulo 35

Capítulo 12:

"La primera clase de DCAO"

La pelirroja, al sentir que alguien la llamo, se dio la vuelta muy lentamente. Ella esperaba que no haya sido Cedric, quien haya visto eso.

-Hola… George, me asustaste.- ella se llevo una mano al pecho mientras le sonreía al pelirrojo.

-¿Sales del comedor?- el colorado, le devolvió la sonrisa y comenzó a caminar a su lado.

-Si, tu madre le mando un vociferador a Ron y Phoebe se asusto, por lo que decidí llevarla a mi habitación, ¿Y tú?-empezaron a subir las escaleras de la Torre de Gryffindor.

-Venia de la sala común para encontrar a Fred.-se detuvieron frente al retrato de la Dama Gorda y dijeron la contraseña para entrar.

-¡Tabatha!-grito la voz de un niño detrás de ellos.

-¡Hola, mi nombre Colin Creevey, Harry, me dijo que te entregue tu horario!- antes de que la pelirroja pueda contestar, el pequeño de primero, le tomo una foto.

-Mi padre no va a creerlo, debo decir que soy un admirador de ustedes.- Tabatha le sonrió y le dio las gracias por el horario.

-Primera clase Herbologia.- la pelirroja hizo una mueca de felicidad que hizo sonreír a George.

-Bueno será mejor que vaya yendo, y encontrar a los chicos.-subió a su habitación para dejar a su lechuza. Aprovecho para acomodarse su uniforme y tomar su varita () hacía poco, Ginny, le había dicho que su varita era igual a la de George, que por lo tanto era gemelas. Al bajar, se despidió de su amigo, y comenzó a caminar hacía el invernadero.

En el camino se encontró con su Hermione, Ron y Harry, por lo que decidieron ir juntos. Esa clase la tendría con Hufflepuff. Al llegar, se encontraron con la profesora Sprout, esperándolos en la puerta del invernadero número 3.

La profesora, era bastante corta de estatura, bastante regordeta, llevaba una túnica y un sombrero, ambos de color mostaza y se caracterizaba no solo por ser Jefa de Hufflepuff, sino por siempre tener esa chispa de carisma tanto en su voz como en su forma de ser.

-¡Muy bien, muchachos, les tengo preparada una clase especial!-dijo con una voz fuerte y clara, corriéndose para dejarlos pasar al interior del invernadero.

-Hoy nos vamos de dedicar a trasplantar Mandrágoras, ¿Alguien sabe las propiedades de las Mandrágoras?- las únicas manos levantadas fueron las de Hermione y Tabatha.

-Señoritas Granger, Potter, deslúmbrenos.-Hermione se aclaro la voz antes de hablar.

-La Mandrágoras o Madrúgala, es un reconstituyente muy potente...-su tono era igual al de siempre, como si estuviese leyendo un libro en ese momento.

-Se utiliza para volver a su estado normal, a aquellas personas que han sido petrificadas o encantadas.- término de dar el concepto, Tabatha.

-¡Excelente! 10 puntos para cada una.-las dos amigas se sonrieron y siguieron con la clase.

 -Pero también, puede ser peligrosa, ¿Alguien sabe porque?-las manos de la pelirroja y la castaña, se levantaron inmediatamente y rozaron los costados de Harry.

-Esta vez vamos a darle la oportunidad a la señorita Potter.-Tabatha, miro a su amiga quien le sonrió.

-El llanto de la Mandrágora es muy letal para quien lo escuche.-contesto la pelirroja.

-Exacto, otros diez puntos para Gryffindor.-la profesora Sprout se tapó los oídos indicándole a los demás que hicieran el mismo.

 -Todos tomen un par de orejeras y cuando yo les diga asegúrense de que sus oídos queden completamente asegurados. Cuando se las puedan sacar, levantare el pulgar. Ahora pónganselas.- hubo varios segundos  en que se dedicaron a apretar bien las orejeras para no dejar que el sonido les traspase.

La profesora, también se acomodó las orejeras rosas pomposas. Se arremango la túnica para agarrar firmemente el tallo de una de las plantas y tiro hacía arriba. Todos los alumnos, apretaron con sus manos las orejeras, más de uno dejo escapar un grito de miedo, que nadie escucho debido a que el llanto de un bebe tapaba cualquier otro ruido.

Las Mandrágoras, eran un planta con forma de bebe recién nacido, tenían un color entre verde y marrón, era bastante feo y sin duda estaba llorando a todo pulmón. La profesora, saco  una maceta más grande y coloco las raíces dentro, para luego cubrir toda la planta con tierra dejando nada más las hojas visibles y luego se sacó las orejeras.

Neville, no soporto mucho tiempo y cayo desmayado al suelo.

-¿Está bien?-preguntó Sprout.

-Parece desmayado.- contesto Seaumus, mirándolo.

-Como nuestras Mandrágoras, aún son pequeñas, su llanto no es tan peligroso.-siguió la profesora como si nada.

-Sin embargo, los dejara inconscientes  durante varias horas.- señalando con la cabeza a Neville.- Y como estoy segura, nadie querrá perder el primer día de clases, exceptuando a Longbottom. Asegúrense de ajustar bien sus orejeras, mientras trabajan, yo les indicare cuando termina la clase.-

Había muchas macetas y se harían grupos de cuatro integrantes, Ron, Hermione, Tabatha y Harry, formaban uno.

Luego de una ruidosa clase, los cuatro, terminaron llenos de tierra, con dolores en cada parte del cuerpo. Caminaron hasta el castillo para limpiarse un poco y salir apresurados a la clase de Transformación.

A Harry ni Ron, les gustaban las clases de Transformaciones, pero a Tabatha y a Hermione, le encantaba. McGonagall, solía ser muy dura y estricta, pero ese día fue muy duro para Harry y Tabatha, lo noto. Como podía, lo ayudaba a convertir escarabajos en botones sin que la profesora la viera.

La clase paso lenta para todos, menos para dos Gryffindor que consiguieron transformar muchos escarabajos. Todos, se sintieron relajados al ver que era la hora del almuerzo. Los primeros en salir fueron Harry y Ron, más tarde Hermione y Tabatha.

-¿Qué tenemos está tarde?- preguntó Harry, cuando llegaron al comedor.

-Defensa Contra las Artes Oscuras.- respondió rápidamente Hermione.

-¿Por qué?-preguntó con un tono dramático, Ron, dejando de lado su plato. Tabatha y Harry, se encogieron de hombros y siguieron almorzando.

Luego de unas horas, se dispusieron a ir al salón de DCAO, era la primera clase, por lo que Hermione, llevo a rastras a Tabatha, para sentarse en el primer asiento.

Ya todo el salón estaba completo, solo faltaba que el profesor llegase.

-Aun no entiendo que le vieron.-comento la pelirroja, apoyando su cabeza en sus manos.

-¿Creí habértelo dicho con lujo de detalle en mi casa?-pregunto la castaña mirándola.

-Es cierto, pero cuando nombraste a Lockhart, deje de escuchar.- Hermione, iba a decir algo, pero la puerta del cuarto del salón se abrió, dejando ver al profesor. Lockhart, se aclaro la garganta y comenzó a bajar las escaleras.

  • Les presento, a su nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras… yo….- al sonreír, más de una alumna, suspiraron enamoradas, mientras que el resto hacía una mueca de asco.

  • Gilderoy Lockhart, caballero de la Orden de Merlín, tercera clase, miembro honorario de la Liga de Defensa contra las Fuerzas Oscuras y ganador en cinco ocasiones del premio a la sonrisa más encantadora, otorgado por la revista*"Corazón de Bruja"*. Pero no quiero hablar de eso, ¡No me libre con mi sonrisa de la Banshee  que presagiaba la muerte!- nadie rió de su ridículo chiste, por lo que decidió seguir con la clase.

Las horas pasaron lentas, Lockhart, le había repartido una hojas con un cuestionario para saber cuántos sabían acerca su magnífica biografía. Muchos no sabían que poner por lo que decidieron inventar y entregar cualquier cosa. Tabatha, de reojo miraba la hoja de Hermione, y se copiaba de su trabajo.

Faltaban pocos minutos para que se acabe la clase, Lockhart, paso a retirar las hojas.

-Ahora, ¡cuidado! Es mi misión, dotarlos de defensas contra las más horrendas criaturas del mundo mágico. En esta jaula, se enfrentaran a las cosas que más le temen. Pero déjenme, decirles que nada les ocurrirá mientras yo esté aquí.- Tabatha, tomo con miedo la mano de su amiga, ante lo último que dijo el profesor.

-Todo lo que pido, es que mantengan la calma.-tomo el extremo de la tela blanca mientras miraba a sus alumnos.

Dean y Seamus, trataban de controlar las risas al ver lo que contenía la jaula.

-¡Si!-Lockhart, puso una pose de teatro.-Duendecillos de Cornualles, recién cazados.-

El salón estaba en silencio, pero fue roto por una estruendosa carcajada de Seamus. Lockhart, se quedo en silencio, sin poder descifrar la reacción de su alumno.

-¿Si?-preguntó, Seamus, secándose una lágrima del ataque de risa.

-Bueno, es que no son… tan peligrosos.-se explico Seamus, aun riendo.

-¡No estés tan seguro! Pueden ser muy engañosos.-Lockhart, lo apunto con su dedo acusador, mientras con su otra mano abría lentamente la pequeña puerta de la jaula.

-¡Veamos que hacen con ellos!- una docena de pequeños duendes, salieron disparados hacía todos lados, los alumnos, trataban de cubrirse con lo que encontraba para que no los ataquen. Dos tomaron de las orejas a Neville, y lo colaron del candelabro del techo. Otros, trataban de agarrar los cuadros del profesor.

-¡Haga algo!-grito desesperada, Tabatha, golpeando a un duende con un libro.

Lockhart, iba a decir un hechizo, pero un duende, se la saco y comenzó a reírse de él. Todos, habían salido del aula, gritando asustados.

-Ustedes cuatro, encargasen del resto.-fue lo último que dijo el profesor, antes de salir asustado del salón, dejando a Ron, Hermione y los mellizos, solos.

-¿Qué hacemos?-pregunto Ron, mirando a las dos chicas.

-¡Inmobilus!**-dijeron a la vez Tabatha y Hermione, dejando suspendidos en el aire a los duendecillos y a las cosas que había tirado al aire.

-Cobarde.-susurro, la pelirroja, mirando por donde se había ido el profesor.