"Los mellizos Potter" — capítulo 56
Libro 3
Capítulo 1
"Las felicitaciones de cumpleaños"
Era casi medianoche y Tabatha estaba tumbada en la cama, boca abajo, tapada con las mantas hasta la cabeza, como en una tienda de campaña. En una mano tenía la linterna y, abierto sobre la almohada, había un libro grande encuadernado en piel (Historia de la Magia, de Adalbert Waffling). La pelirroja recorría la página con la punta de su pluma de águila y con el entrecejo fruncido buscando algo que le sirviera para su redacción sobre «La inutilidad de la quema de brujas en el siglo XIV».
La pluma se detuvo en la parte superior de un párrafo que podía serle útil. Tabatha acercó la linterna al libro y leyó:
En la Edad Media, los no magos (comúnmente denominados muggles) sentían hacia la magia un especial temor, pero no eran muy hábiles en reconocerla. En las raras ocasiones en que capturaban a un auténtico brujo o bruja, la quema carecía en absoluto de efecto. La bruja o el brujo realizaba un sencillo encantamiento para enfriar las llamas y luego fingía que se retorcía de dolor mientras disfrutaba del suave cosquilleo. A Wendelin la Hechicera le gustaba tanto ser quemada que se dejó capturar no menos de cuarenta y siete veces con distintos aspectos.
Ella se puso la pluma entre los dientes y buscó bajo la almohada el tintero y un rollo de pergamino. Lentamente y con mucho cuidado, destapó el tintero, mojó la pluma y comenzó a escribir, deteniéndose a escuchar de vez en cuando, porque si alguno de los Dursley, al pasar hacia el baño, oía el rasgar de la pluma, lo más probable era que la encerraran, junto a su hermano, bajo llave hasta el final del verano en el armario que había debajo de las escaleras.
Cuando los mellizos estaban de vacaciones, lo único que podían hacer los Dursley aquellos días era guardar bajo llave los libros de hechizos, las varitas mágicas, los calderos y las escobas y prohibirles que hablara con los vecinos.
Para ambos había representado un grave problema que les quitaran los libros, porque los profesores les habían mandado muchos deberes para el verano. Uno de los trabajos menos agradables, para los dos, sobre pociones para encoger; era para el profesor menos estimado por los mellizos. Snape, que estaría encantado de tener una excusa para castigarlos durante un mes. Así que durante la primera semana de vacaciones, Harry y Tabatha, aprovecharon la oportunidad mientras los Dursley estaban en el jardín admirando el nuevo coche de la empresa de tío Vernon, fueron a la planta baja, forzaron la cerradura del armario que estaba debajo de las escaleras, y tomaron algunos libros y los escondieron en sus habitaciones. Mientras no dejaran manchas de tinta en las sábanas, los Dursley no tendrían por qué enterarse de que aprovechaban las noches para estudiando magia.
Los mellizos no querían problemas con sus tíos y menos en aquellos momentos porque estaban enfadados con ellos, y todo porque cuando llevaba una semana de vacaciones habían recibido una llamada telefónica de un compañero de la escuela.
Ron Weasley, que era uno de los mejores amigos que tenían en Hogwarts, procedía de una familia de magos. Esto significaba que sabía muchas cosas que ellos ignoraban, pero nunca había utilizado el teléfono. Por desgracia, fue tío Vernon quien respondió:
Flashback:
-¿Diga?-cada uno de los mellizos, estaban en ese momento en sus habitaciones, se quedaron de piedra al oír que era Ron quien respondía.
-¿HOLA? ¿HOLA? ¿ME OYE? ¡QUISIERA HABLAR CON TABATHA Y HARRY POTTER!-Ron daba tales gritos que tío Vernon dio un salto y alejó el teléfono de su oído por lo menos medio metro, mirándolos con furia y sorpresa.
-¿QUIÉN ES?-voceó en dirección al auricular.- ¿QUIÉN ES?-
-¡RON WEASLEY!-gritó Ron a su vez, como si el tío Vernon y él estuvieran comunicándose desde los extremos de un campo de fútbol—. SOY UN AMIGO DE HARRY Y TABATHA, DEL COLEGIO.-los minúsculos ojos de tío Vernon se volvieron hacia ellos; que estaban inmovilizados.
-¡AQUÍ NO VIVE NADIE CON ESOS NOMBRES!-gritó tío Vernon manteniendo el brazo estirado, como si temiera que el teléfono pudiera estallar—. ¡NO SÉ DE QUÉ COLEGIO ME HABLA! ¡NO VUELVA A LLAMAR AQUÍ! ¡NO SE ACERQUE A MI FAMILIA! -colgó el teléfono como quien se desprende de una araña venenosa. La bronca que siguió fue una de las peores que les habían echado. -¡CÓMO SE ATREVEN A DARLE ESTE NÚMERO A GENTE COMO USTEDES! ¡COMO USTEDES!-le gritó Vernon, salpicándolos de saliva.
Ron, obviamente, comprendió que había los había puesto en un apuros porque no volvió a llamar. La mejor amiga de Tabatha en Hogwarts, Hermione Granger, tampoco los llamó. Ellos se imaginaba que Ron le había dicho que no lo llamara, lo cual era una pena, porque los padres de Hermione, la bruja más inteligente de la clase, (sacando a Tabatha) eran muggles, y ella sabía muy bien cómo utilizar el teléfono, y probablemente habría tenido tacto suficiente para no revelar que estudiaba en Hogwarts.
De manera que los mellizos habían permanecido cinco largas semanas sin tener noticias de sus amigos, y aquel verano estaba resultando casi tan desagradable como el anterior. Sólo había una pequeña mejora: después de jurar que no las usarían para enviar mensajes a ninguno de sus amigos, les habían permitido sacar de la jaula por las noches a sus lechuzas, Hedwig y Phoebe. Tío Vernon había aceptado debido al escándalo que armaban cuando permanecían todo el tiempo encerradas.
Tabatha terminó de escribir sobre Wendelin la Hechicera e hizo una pausa para volver a escuchar. Sólo los ronquidos lejanos y ruidosos de su enorme primo Dudley rompían el silencio de la casa. Debía de ser muy tarde. Le picaban los ojos del cansancio. Sería mejor terminar la redacción la noche siguiente...
Tapó el tintero, sacó una funda de almohada de debajo de la cama, metió dentro la linterna, la Historia de la Magia, la redacción, la pluma y el tintero, se levantó y lo escondió todo debajo de la cama, bajo una tabla del entarimado que estaba suelta. Se puso de pie, se estiró y miró la hora en la esfera luminosa del despertador de la mesilla de noche.
Era la una de la mañana. Ella se sobresaltó: hacía una hora que había cumplido trece años y no se había dado cuenta. Las ganas de ir a la habitación de su hermano, eran gigantes, pero la puerta de su habitación estaba con llave, por lo que tendría que esperar a que la mañana llegase.
Atravesó a oscuras la habitación, pasando junto a la gran jaula vacía de Hedwig, y llegó hasta la ventana, que estaba abierta. Se apoyó en el alféizar y notó con agrado en la cara el frescor de la noche. Hacía unas cuantas noches que su lechuza había salido y no había regresado aún.
Aunque Tabatha seguía siendo demasiado pequeña para su edad, había crecido varios centímetros durante el último año. Sin embargo, tenía hermosos y perfectos rizos al final de su larga cabellera rojiza. Sus oscuros ojos marrones, reflejaban que había heredado parte de su padre, pero físicamente era como su madre.
Muy pocos sabían de la existencia de una cicatriz que estaba en su estómago pegado a su ombligo. El origen de esa cicatriz no era, como les habían hecho creer los Dursley durante diez años. Ellos les dijeron que eran huellas del accidente de automóvil que había acabado con la vida de sus padres, porque Lily y James Potter no habían muerto en un accidente de tráfico, sino asesinados. Asesinados por el mago tenebroso y más temido de los últimos cien años: lord Voldemort. Ellos habían sobrevivido a aquel ataque sin otra secuela que las cicatrices cuando el hechizo de Voldemort, en vez de matarlos, había rebotado contra su agresor. Medio muerto Voldemort había huido...
Pero los mellizos habían tenido que vérselas con él desde el momento en que llegaron a Hogwarts. Al recordar junto a la ventana su último encuentro, ellos pensaron que si habían cumplido los trece años era porque tenían mucha suerte.
Miró el cielo estrellado, por si veía a Phoebe, que quizá regresara con un ratón muerto en el pico, esperando sus elogios. Ella miraba distraído por encima de los tejados y pasaron algunos segundos hasta que comprendió lo que veía.
Perfilada contra la luna dorada y creciendo a cada instante se veía una figura de forma extrañamente irregular que se dirigía hacia su ventana batiendo las alas. Se quedó quiera mirándola descender. Durante una fracción de segundos no supo si cerrar la ventana de golpe. Pero entonces la extraña criatura revoloteó sobre un farol de Privet Drive, y dándose cuenta de lo que era, se hizo a un lado.
Cuatro lechuzas penetraron por la ventana, dos sosteniendo a otra que parecía inconsciente. Aterrizaron suavemente sobre su cama, la lechuza que iba en medio, y que era grande y gris, cayó y quedó allí inmóvil. Llevaba un paquete atado a las patas.
Reconoció enseguida a la lechuza inconsciente. Se llamaba Errol pertenecía a la familia Weasley. Se lanzó inmediatamente sobre la cama, desatándole los cordeles de las patas, tomó el paquete y lo depositó en la jaula de Phoebe. Errol abrió un ojo empañado, ululó débilmente en señal de agradecimiento y comenzó a beber agua a tragos.
Tabatha volvió al lugar en que descansaban las otras lechuzas. Una de ellas (una hembra grande de color caramelo con líneas negras en el contorno de los ojos) era su propia Phoebe. También llevaba dos paquetes y parecía muy satisfecha de sí misma. Dio a Tabatha un picotazo cariñoso cuando le quitó la carga, y luego atravesó la habitación volando para reunirse con Errol. No reconoció a la tercera lechuza, que era muy bonita y de color pardo rojizo, pero supo enseguida de dónde venía porque además del correspondiente paquete portaba un mensaje con el emblema de Hogwarts. Cuando le sacó la carta a esta lechuza, ella erizó las plumas orgullosamente, estiró las alas y emprendió el vuelo atravesando la ventana e internándose en la noche.
Ella se sentó en la cama, tomó el paquete de Errol, rasgó el papel marrón y descubrió dos regalos envuelto en papel dorado y la primera tarjeta de cumpleaños de su vida. Abrió el sobre con dedos ligeramente tembloroso. Cayeron dos trozos de papel: una carta y un recorte de periódico.
Supo que el recorte de periódico pertenecía al diario del mundo mágico, El Profeta porque la gente de la fotografía en blanco y negro se movía. Harry recogió el recorte, lo alisó y leyó:
FUNCIONARIO DEL MINISTERIO DE MAGIA
RECIBE EL GRAN PREMIO
Arthur Weasley, director del Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles, ha ganado el gran premio anual Galleon Draw que entrega el diario El Profeta. El señor Weasley, radiante de alegría, declaró a El Profeta:
«Gastaremos el dinero en unas vacaciones estivales en Egipto, donde trabaja Bill, nuestro hijo mayor, deshaciendo hechizos para el banco mágico Gringotts.»
La familia Weasley pasará un mes en Egipto, y regresará para el comienzo del nuevo curso escolar de Hogwarts, donde estudian actualmente cinco hijos del matrimonio Weasley.
Observó la fotografía en movimiento, y una sonrisa se le dibujó en el rostro al ver a los nueve Weasley ante una enorme pirámide, saludándolos con la mano. La pequeña y rechoncha señora Weasley, el alto y calvo señor Weasley, los seis hijos y la hija tenían (aunque la fotografía en blanco y negro no mostrara) el pelo de un rojo intenso, como ella. Justo en el centro de la foto aparecía Ron más alto y larguirucho, con su rata Scabbers sobre el hombro y con el brazo alrededor de Ginny, su hermana pequeña.
Tabatha no sabían de nadie que mereciera un premio más que los Weasley que eran muy buenos y pobres de solemnidad. Harry tomó la carta de Ron y la desdobló.
Queridos Harry y Tabatha:
¡Feliz cumpleaños!
Siento mucho lo de la llamada de teléfono. Espero que los muggles no les dieran un mal rato. Se lo he dicho a mi padre y él opina que no debería haber gritado.
Egipto es estupendo. Bill nos ha llevado a ver todas las tumbas, y no se creerían las maldiciones que los antiguos brujos egipcios ponían en ellas. Mi madre no dejó que Ginny entrara en la última. Estaba llena de esqueletos mutantes de muggles que habían profanado la tumba y tenían varias cabezas y cosas así.
Cuando mi padre ganó el premio de El Profeta no me lo podía creer. ¡Setecientos galeones! La mayor parte se nos ha ido en estas vacaciones, pero me van a comprar otra varita mágica para el próximo año.
Regresaremos más o menos una semana antes de que comience el año. Iremos a Londres a comprar la varita mágica y los nuevos libros. ¿Podríamos vernos allí?
¡No dejen que los muggles los depriman!
Intenten venir a Londres.
Ron
Posdata: Percy ha ganado el Premio Anual. Recibió la notificación la semana pasada.
Miró el regalo de Ron y desenvolvió el que llevaba su nombre. Parecía una diminuta peonza de cristal. Debajo había otra nota en cada uno de los regalos:
Tabatha:
Esto es un Chivatoscopio de bolsillo. Si hay alguien cerca que no sea de fiar, en teoría tiene que dar vueltas y encenderse. Bill dice que no es más que una engañifa para turistas magos, y que no funciona, porque la noche pasada estuvo toda la cena sin parar. Claro que él no sabía que Fred y George le habían echado escarabajos en la sopa.
Hasta pronto.
Ron
Ella puso el Chivatoscopio de bolsillo sobre la mesita de noche, donde permaneció inmóvil, en equilibrio sobre la punta, reflejando las manecillas luminosas del reloj. Lo contempló durante unos segundos, satisfecho, y luego tomó el paquete que había llevado Phoebe.
También contenía un regalo envuelto en papel, una tarjeta y una carta esta vez de Hermione:
Querida Tabatha:
Ron me escribió y me contó lo de su conversación telefónica con tu tío Vernon. Espero que estén bien.
En estos momentos estoy en Francia de vacaciones y no sabía cómo enviarles esto (¿y si lo abrían en la aduana?), ¡pero entonces apareció Phoebe! Creo que quería asegurarse de que, para variar, recibías un regalo de cumpleaños. El regalo te lo he comprado por catálogo vía lechuza. Había un anuncio en El Profeta (me he suscrito, hay que estar al tanto de lo que ocurre en el mundo mágico). ¿Han visto la foto que salió de Ron y su familia hace una semana? Apuesto a que está aprendiendo montones de cosas, me muero de envidia... los brujos del antiguo Egipto eran fascinantes.
Aquí también tienen un interesante pasado en cuestión de brujería. He tenido que reescribir completa la redacción sobre Historia de la Magia para poder incluir algunas cosas que he averiguado. Espero que no resulte excesivamente larga: comprende dos pergaminos más de los que había pedido el profesor Binns.
Ron dice que irá a Londres la última semana de vacaciones. ¿Podrían ir ustedes también? ¿Los dejarán sus tíos? Espero que sí. Si no, nos veremos en el expreso de Hogwarts el 1 de septiembre.
Besos de Hermione
Posdata: Ron me ha dicho que Percy ha recibido el Premio Anual. Me imagino que Percy estará en una nube. A Ron no parece que le haga mucha gracia.
Segunda posdata: el regalo de Harry, se lo enviare mañana. Creí que era demasiado pesado para una sola lechuza."
Tabatha volvió a sonreír mientras dejaba a un lado la carta de su amiga y tomaba el regalo. Pesaba mucho. Conociendo a Hermione, estaba convencida de que sería un gran libro lleno de difíciles embrujos, pero no. El corazón le dio un vuelco cuando quitó el papel y vio un estuche de cuero negro con unas palabras estampadas en plata: EQUIPO DE MANTENIMIENTO DE ESCOBA VOLADORAS.
-¡Por las barbas de Merlín, Hermione!-murmuró, abriendo el estuche para echar un vistazo.
Contenía un tarro grande de abrillantador de palo de escoba marca Fleetwood, unas tijeras especiales de plata para recortar las ramitas, una pequeña brújula de latón para los viajes largos en escoba y un Manual de mantenimiento de la escoba voladora.
Después de sus amigos, su hermano y Cedric, lo que Tabatha más apreciaba de Hogwarts era el Quidditch, el deporte que contaba con más seguidores en el mundo mágico. Era muy peligroso, pero muy emocionante, y los jugadores iban montados en escoba.
Tabatha era muy buena jugando al Quidditch. Los mellizos eran los jugadores más jóvenes de Hogwarts de los últimos cien años. Uno de sus trofeos más estimados era su escoba de carreras la Nimbus 2.000.
Dejó a un lado el estuche y cogió el último paquete. Reconoció de inmediato los garabatos que había en el papel marrón: aquel paquete lo había enviado Hagrid, el guardabosque de Hogwarts. Desprendió la capa superior de papel y vislumbró una cosa verde y como de piel, pero antes de que pudiese desenvolverlo del todo, el paquete tembló y lo que estaba dentro emitió un ruido fuerte, como de fauces que se cierran.
Tabatha se estremeció. Sabía que Hagrid no les enviaría nunca nada peligroso a propósito, pero es que las ideas del guardabosque sobre lo que podía resultar peligroso no eran muy normales: él tenía amistad con arañas gigante; había comprado en las tabernas feroces perros de tres cabezas; y había escondido en su cabaña huevos de dragón.
Ella tocó el paquete con el dedo, con temor. Volvió a hacer el mismo ruido de cerrar de fauces. La pelirroja tomó la lámpara de la mesita de noche, la sujetó firmemente con una mano y la levantó por encima de su cabeza preparado para atizar un golpe. Entonces tomó con la otra mano lo que quedaba del envoltorio y tiró de él.
Cayó un libro. Sólo tuvo tiempo de ver su elegante cubierta verde con el título estampado en letras doradas, El monstruoso libro de los monstruos, antes de que el libro se levantara sobre el lomo y escapara por la cama como si fuera un extraño cangrejo.
-Oh... ah.-susurró.
Cayó de la cama produciendo un golpe seco y recorrió con rapidez la habitación, arrastrando las hojas. Lo persiguió procurando no hacer ruido.
Se había escondido en el oscuro espacio que había debajo de su mesa. Rezando para que los Dursley estuvieran aun profundamente dormidos, se puso arrodillo y se acercó a él.
-¡Ay!- el libro se cerró atrapándole la mano y huyó batiendo las hojas apoyándose aún en las cubiertas. Tabatha gateó, se echó hacia delante y logro aplastarlo. Tío Vernon emitió un sonoro ronquido en el dormitorio contiguo.
Phoebe y Errol lo observaban con interés mientras que Tabatha sujetaba el libro fuertemente entre sus brazos, se iba a toda prisa hacia los cajones del armario y sacaba un cinturón para atarlo. El libro monstruoso tembló de ira, pero ya no podía abrirse ni cerrarse, así que lo dejó sobre la cama y tomó la carta de Hagrid.
Querida Tabatha:
¡Feliz cumpleaños! He pensado que esto te podría resultar útil para el próximo año. De momento no te digo nada más. Te lo diré cuando nos veamos.
Espero que los muggles los estén tratando bien.
Con mis mejores deseos.
Hagrid
Le dio mala espina que Hagrid pensara que podía serle útil un libro que mordía, pero dejó la tarjeta junto a las de Ron y Hermione, sonriendo con más ganas que nunca. Ya sólo le quedaba la carta de Hogwarts. Percatándose de que era más gruesa de lo normal, rasgó el sobre y extrajo la primera página de pergamino y leyó:
Estimado señorita Potter:
Le rogamos que no olvide que el próximo curso dará comienzo el 1 de septiembre. El expreso de Hogwarts partirá a las once en punto de la mañana de la estación de King's Cross, anden nueve y tres cuartos.
A los alumnos de tercer curso se les permite visitar determinados fines de semana el pueblo de Hogsmeade. Le rogamos que entregue a sus padres o tutores el documento de autorización adjunto para que lo firmen.
También se adjunta la lista de libros del próximo curso.
Atentamente,
Profesora M. McGonagall
Subdirectora
Tabatha extrajo la autorización para visitar el pueblo de Hogsmeade, y la examinó, ya sin sonreír. Sería estupendo visitar Hogsmeade los fines de semana; sabía que era un pueblo enteramente dedicado a la magia y nunca había puesto en él los pies. Pero ¿cómo demonios iba a convencer a sus tíos de que le firmaran la autorización? Miró el despertador. Eran las dos de la mañana.
Decidió pensar en ello al día siguiente, se metió en la cama y se acostó para contemplar las tres tarjetas de cumpleaños.
Aunque era una chica diferente en muchos aspectos, en aquel momento Tabatha Potter se sintió como cualquier otra: contenta, por primera vez en su vida, de que fuera su cumpleaños.
Antes de cerrar los ojos por completo, vio la figura de una lechuza gris de grandes ojos amarillos. Se desprendió de las sabanas y se acercó a ella. El animal llevaba una última carta atada a su pata.
-*Cedric.-*fue lo primero que pensó. Rasgó el sobre y extrajo la carta.
"Querida Tabatha:
Como desearía poder estar estos momentos contigo para poder decirte en persona feliz cumpleaños. Espero verte en Hogwarts.
Está demás decir que te quiero demasiado y que muero por tenerte a mi lado.
Con amor, Cedric."
La sonrisa se le amplió cien veces más, descubrió que dentro del sobre había una fina cadena de oro, que terminaba en un pequeño corazón.