"Los mellizos Potter" — capítulo 57
Capítulo 2:
"El error de tía Marge"
Cuando los mellizos bajaron a desayunar a la mañana siguiente, se encontraron a los tres Dursley ya sentados a la mesa de la cocina. Veían la televisión en un aparato nuevo, un regalo que le habían hecho a Dudley al volver a casa después de terminar el año, porque se había quejado a gritos del largo camino que tenía que recorrer desde la heladera a la tele de la salita. Dudley se había pasado la mayor parte del verano en la cocina, con los ojos de cerdito fijos en la pantalla y sus cinco papadas temblando mientras engullía sin parar.
Se sentaron entre su primo y su tío. Lejos de desearles un feliz cumpleaños, ninguno de los Dursley dio muestra alguna de haberse percatado de que acababan de entrar en la cocina, pero ellos estaban demasiado acostumbrados para ofenderse. Se sirvieron el desayuno y prestaron atención al presentador de televisión, que informaba sobre un recluso fugado.
«Tenemos que advertir a los telespectadores de que Black va armado y es muy peligroso. Se ha puesto a disposición del público un teléfono con línea directa para que cualquiera que lo vea pueda denunciarlo…»
-No hace falta que nos digan que no es un buen tipo.-resopló tío Vernon echando un vistazo al fugitivo por encima del periódico.- ¡Fíjense qué pinta, de vago asqueroso! ¡Fíjense qué pelo!-lanzó una mirada de asco hacia donde estaba Harry, cuyo pelo desordenado había sido motivo de muchos enfados de tío Vernon. Sin embargo, comparado con el hombre de la televisión, cuya cara demacrada aparecía circundada por una revuelta cabellera que le llegaba hasta los codos, Harry parecía muy bien arreglado.
Volvió a aparecer el presentador.
«El ministro de Agricultura y Pesca anunciará hoy…>>
-¡Un momento!-ladró tío Vernon, mirando furioso al presentador.- ¡No nos has dicho de dónde se ha escapado ese enfermo! ¿Qué podemos hacer? ¡Ese lunático podría estar acercándose ahora mismo por la calle!-Tía Petunia, se dio la vuelta y escudriñó atentamente por la ventana de la cocina. Ambos sabían que a tía Petunia le habría encantado llamar a aquel teléfono directo. Era la mujer más entrometida del mundo, y pasaba la mayor parte del tiempo espiando a sus vecinos, que eran aburridísimos y muy respetuosos con las normas.
-¡Cuándo aprenderán que la horca es la única manera de tratar a esa gente!-dijo Vernon, golpeando la mesa con su puño grande y amoratado.
-Muy cierto.-dijo tía Petunia, que seguía espiando la casa del vecino. Tío Vernon apuró la taza de té, miró el reloj y añadió:
-Tengo que marcharme. El tren de Marge llega a las diez. -los mellizos, cuyas cabezas seguían en sus habitaciones con el equipo de mantenimiento de escobas voladoras, volvieron de golpe a la realidad.
-¿Tía… Marge?-tartamudeo la pelirroja.
-No...No vendrá aquí, ¿verdad?-se animó a preguntar el azabache. Tía Marge era la hermana de tío Vernon. Aunque no era pariente consanguíneo de los mellizos, desde siempre los habían obligado a llamarla «tía». Marge vivía en el campo, en una casa con un gran jardín donde criaba bulldogs. No iba con frecuencia a Privet Drive porque no soportaba estar lejos de sus queridos perros, pero sus visitas habían quedado vívidamente grabadas en la mente de Harry y Tabatha.
En la fiesta que celebró Dudley al cumplir cinco años, tía Marge golpeó a Harry en las espinillas con el bastón para impedir que ganara a Dudley en el juego de las estatuas musicales. Unos años después, por Navidad, apareció con un robot automático para Dudley y una caja de galletas de perro para Tabatha. En su última visita, el año anterior a su ingreso en Hogwarts, Harry le había pisado una pata sin querer a su perro favorito. Ripper persiguió a Harry, obligándolo a salir al jardín y a subirse a un árbol, y tía Marge no había querido llamar al perro hasta pasada la medianoche. El recuerdo de aquel incidente todavía hacía llorar a Dudley de la risa.
-Marge pasará aquí una semana.-gruñó Vernon.- Y ya que hablamos de esto.-señaló a los mellizos con un dedo.-Quiero dejar claras algunas cosas antes de ir a recogerla.-Dudley sonrió y apartó la vista de la tele. Su entretenimiento favorito era contemplar a sus primos cuando su padre los reprendía. -Primero usarán un lenguaje educado cuando se dirijan a tía Marge.-
-De acuerdo.-respondieron ambos con resentimiento.
-Si ella lo usa también con nosotros.-murmuró la pelirroja entre dientes.
-Segundo.-prosiguió como si no hubiera oído la puntualización de su sobrina.- Como Marge no sabe nada de sus anormalidades, no quiero ninguna exhibición extraña mientras esté aquí. Compórtense, ¿entendido?-
-Nos comportaremos, si ella se comporta.-contestó Harry apretando los dientes.
-Y tercero.-siguió tío Vernon, casi cerrando los ojos pequeños y mezquinos, en medio de su rostro colorado.-Le hemos dicho a Marge que acuden al Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Juveniles Incurables.-
-¡¿Qué?!-gritaron los mellizos.
-Y eso es lo que dirán ustedes también, si no quieren tener problemas.-soltó el hombre.
Permanecieron sentados en sus sitios, con la cara blanca de ira, mirando a su tío, casi incapaces de creer lo que oían. Que tía Marge se presentase para pasar toda una semana era el peor regalo de cumpleaños que los Dursley les habían hecho nunca.
-Bueno, Petunia.-dijo tío Vernon, levantándose con dificultad.- Me marcho a la estación. ¿Quieres venir; Dudders?-
-No.-respondió Dudley, que había vuelto a fijarse en la tele en cuanto su padre acabo con sus primos.
-Duddy tiene que ponerse elegante para recibir a su tía.-agregó tía Petunia alisando el espeso pelo rubio de Dudley-. Mamá le ha comprado una preciosa pajarita nueva.-
Tío Vernon dio a Dudley una palmadita en su hombro porcino.
-Vuelvo enseguida.-exclamó, y salió de la cocina. Los mellizos, que habían quedado en una especie de trance causado por el terror; tuvieron de repente una idea. Dejaron el desayuno, se pusieron de pie rápidamente y siguieron a tío Vernon hasta la puerta.
Tío Vernon se ponía la chaqueta que usaba para conducir:
-No los voy a llevar.-gruñó, volviéndose hacia sus sobrinos; que lo estaban mirando.
-Como si quisiéramos ir.-repuso la pelirroja encogiéndose de hombres.
-Queremos pedirte algo.- Vernon los miró con suspicacia-. A los de tercero, en Hog... en nuestro colegio, a veces los dejan ir al pueblo.-
-¿Y qué?- soltó el hombre, tomando las llaves de un gancho que había junto a la puerta.
-Necesitamos que nos firmes la autorización.-finalizó la pelirroja, rápidamente.
-¿Y por qué habría de hacerlo?-preguntó con desdén.
-Bueno.-repuso Harry, eligiendo cuidadosamente las palabras.-Será difícil simular ante tía Marge que vamos a ese Centro... ¿cómo se llamaba?-
-¡Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Juveniles Incurables!-bramó tío Vernon. A los mellizos les encantó percibir una nota de terror en la voz de su tío.
-Es demasiado largo para recordarlo. Tendremos que decirlo de manera convincente, ¿no? ¿Qué pasaría si nos equivocáramos?-habló la pelirroja con tono malicioso.
-Se los haría recordar a golpes.-rugió tío Vernon, abalanzándose contra ellos con el puño en alto. Pero ellos no retrocedieron.
-Eso no le hará olvidar a tía Marge lo que lo que le hayamos dicho.-replicó Harry en tono serio. Vernon se detuvo con el puño aún levantado y el rostro desagradablemente amoratado.
-Pero si firmas la autorización, te juramos que recordaremos el colegio al que se supone que vamos, y que actuaremos como unos mug... como personas normales, y todo eso.-finalizó Tabatha. Vernon meditaba lo que le acababa de decir; aunque enseñaba los dientes, y le palpitaba la vena de la sien.
-De acuerdo.-atajó de manera brusca.- Los vigilaré muy atentamente durante la estancia de Marge. Si al final se han sabido comportar y no han desmentido la historia, firmaré esas cochinas autorizaciones.- dio media vuelta, abrió la puerta de la casa y la cerró con un golpe tan fuerte que se cayó uno de los cristales de arriba.
Ellos no volvieron a la cocina. Subieron por las escaleras a sus habitaciones. Si tenían que obrar como un auténticos muggles, mejor empezar en aquel momento. Tabatha muy despacio y con tristeza, fue recogiendo todos los regalos y tarjetas de cumpleaños y los escondió debajo de la tabla suelta, junto con sus deberes. Se dirigió a la jaula de Phoebe. Ella estaba dormida, mientras se balanceaba en las barandillas. Suspiró pesadamente y la despertó.
-Phoebe.-dijo un poco triste.-Tendrás que desaparecer una semana. Vete con Errol y Hedwig. Ron cuidará de ti. Voy a escribirle una nota para darle una explicación. Y no me mires así.-la lechuza la miraba con sus grandes ojos ambarinos, llenos de reproche. -No es culpa mía. No hay otra manera de que me permitan visitar Hogsmeade con Ron, Hermione y Harry.-
Diez minutos más tarde, tres lechuzas, salieron por la ventana y volaron hasta perderse de vista. Los mellizos, muy tristes, guardaron las jaulas en sus armarios. No tuvieron mucho tiempo para entristecerse. Enseguida tía Petunia les empezó a gritar para que bajaran y se prepararan para recibir a la invitada.
-¡Péinate bien! -le dijo imperiosamente tía Petunia al azabache en cuanto llegó al vestíbulo. Harry no entendía por qué tenía que aplastarse el pelo contra el cuero cabelludo. A tía Marge le encantaba criticarlos, así que cuanto menos se arreglaran, más contenta estaría ella.
Oyeron crujir la gravilla bajo las ruedas del coche de tío Vernon. Luego, los golpes de las puertas del coche y pasos por el camino del jardín.
-Abre la puerta.-susurró tía Petunia a la pelirroja. Tabatha abrió la puerta con un sentimiento de pesadumbre.
En el umbral de la puerta estaba tía Marge. Se parecía mucho a tío Vernon: era grande, robusta y tenía la cara colorada. Incluso tenía bigote, aunque no tan poblado como el de tío Vernon. En una mano llevaba una maleta enorme; y debajo de la otra se hallaba un perro viejo y con malas pulgas.
-¿Dónde está mi Dudders? -rugió tía Marge.- ¿Dónde está mi sobrinito querido?-Dudley se acercó andando como un pato, con el pelo rubio totalmente pegado al gordo cráneo y una pajarita que apenas se veía debajo de las múltiples papadas. Tía Marge tiró la maleta contra el estómago de Tabatha, cortándole la respiración, estrechó a Dudley fuertemente con un solo brazo, y le plantó en la mejilla un beso sonoro.
Ambos sabían bien que Dudley soportaba los abrazos de tía Marge sólo porque le pagaba muy bien por ello, y con toda seguridad, al separarse después del abrazo, Dudley encontraría un billete de veinte libras en el interior de su manaza.
-¡Petunia!-gritó tía Marge pasando junto al azabache sin mirarlo, como si fuera un perchero.
Tía Marge y tía Petunia se dieron un beso, o más bien tía Marge golpeó con su prominente mandíbula el huesudo pómulo de tía Petunia.
Entró tío Vernon sonriendo jovialmente mientras cerraba la puerta.
-¿Un té, Marge?-preguntó.- ¿Y qué tomará Ripper?-
-Ripper sorberá el té que se me derrame en el plato.-dijo tía Marge mientras entraban todos en tropel en la cocina, dejando a los mellizos solos en el vestíbulo con la maleta. Pero no lo lamentaron; cualquier cosa era mejor que estar con tía Marge. Subieron la maleta por las escaleras hasta la habitación de invitados lo más despacio que pudieron.
Cuando regresó a la cocina, a tía Marge le habían servido té y pastel de frutas, y Ripper lamía té en un rincón, haciendo mucho ruido. Notaron que tía Petunia se estremecía al ver a Ripper manchando el suelo de té y baba. Tía Petunia odiaba a los animales.
-¿Has dejado a alguien al cuidado de los otros perros, Marge?-inquirió Vernon.
-El coronel Fubster los cuida.-dijo tía Marge con voz de trueno.- Está jubilado. Le viene bien tener algo que hacer. Pero no podría dejar al viejo y pobre Ripper. ¡Sufre tanto si no está conmigo...!-el perro volvió a gruñir cuando se sentaron los mellizos. Tía Marge se fijó en ellos por primera vez. -Conque todavía están por aquí, ¿eh?-bramó.
-Sí.-respondió a coro.
-No digan sí en ese tono altanero.-gruñó tía Marge.-Demasiado bien los tratan Vernon y Petunia teniéndolos aquí con ellos. Yo en su lugar no lo hubiera hecho. Si los hubieran abandonado a la puerta de mi casa los habría enviado directamente al orfanato.-
Harry estuvo a punto de decir que hubiera preferido un orfanato a vivir con los Dursley, pero se contuvo al recordar la autorización para ir a Hogsmeade. A Tabatha se le dibujó en la cara una triste sonrisa.
-¡No pongas esa cara!-rugió tía Marge.- Ya veo que no han mejorado desde la última vez que los vi. Esperaba que el colegio les hubiera enseñado modales.-tomó un largo sorbo de té, se limpió el bigote.- ¿Adónde me has dicho que los envían, Vernon?-
-Al colegio San Bruto.-respondió con prontitud tío Vernon.- Es una institución de primera categoría para casos desesperados.-
-Bien.-dijo tía Marge.- ¿Utilizan la vara en San Bruto, chico? —dijo, orientando la boca hacia el otro lado de la mesa.
-Bueno…-comenzó Tabatha, dubitativa. Tío Vernon asentía detrás de tía Marge.
-Sí.-finalizó Harry.-Sin parar.-la pelirroja hacía ademán de frotarse un brazo de dolor.
-Excelente.-exclamó tía Marge.-No comprendo esas ñoñerías de no pegar a los que se lo merecen. Una buena paliza es lo que haría falta en el noventa y nueve por ciento de los casos. ¿Los han sacudido con frecuencia?-
-Ya lo creo.-respondió Harry.- Muchísimas veces.- tía Marge arrugó el entrecejo.
-Sigue sin gustarme tu tono, muchacho. Si puedes hablar tan tranquilamente de los azotes que les dan, es que no te sacuden bastante fuerte. Petunia, yo en tu lugar escribiría. Explica con claridad que con este chico admites la utilización de los métodos más enérgicos.-tal vez a tío Vernon le preocupara que sus sobrinos pudieran olvidar el trato que acababan de hacer; de cualquier forma, cambió abruptamente de tema.
-¿Has oído las noticias esta mañana, Marge? ¿Qué te parece lo de ese preso que ha escapado?-
...
Con tía Marge en casa, los mellizos empezaban a echar de menos la vida en el número 4 de Privet Drive tal como era antes de su aparición. Tío Vernon y tía Petunia solían preferir que se perdieran de vista, cosa que los ponía de lo más contento. Tía Marge, por el contrario, quería tenerlos continuamente vigilado, para poder lanzar sugerencias encaminadas a mejorar sus comportamientos. A ella le encantaba comparar a Harry con Dudley, y le producía un placer especial entregarle a éste regalos caros mientras fulminaba a Tabatha con la mirada, como si quisiera que ella se atreviera a preguntar por qué no le daba nada. No dejaba de lanzar indirectas sobre los defectos de ambos.
-No debes culparte por cómo han salido esos niños, Vernon.-comentó el tercer día, a la hora de la comida.-Si están podridos por dentro, no hay nada que hacer.-
La pelirroja y el azabache intentaban pensar en la comida, pero les temblaban las manos y los rostros les ardían de ira.
*-La autorización. La autorización. La autorización.-*pensaba la pelirroja, tratando de controlarse.
Tía Marge alargó el brazo para tomar la copa de vino.
-Es una de las normas básicas de la crianza, se ve claramente en los perros: de tal palo, tal astilla.-en aquel momento estalló la copa de vino que tía Marge tenía en la mano. En todas direcciones salieron volando fragmentos de cristal, y tía Marge parpadeó y farfulló algo. De su cara grande y encarnada caían gotas de vino.
-¡Marge!-chilló tía Petunia.- ¡Marge!, ¿te encuentras bien?-
-No te preocupes.-gruñó la mujer secándose la cara con la servilleta.-Debo de haber apretado la copa demasiado fuerte. Me pasó lo mismo el otro día, en casa del coronel Fubster. No tiene importancia, Petunia, es que tomó las cosas con demasiada fuerza...-
Pero tanto tía Petunia como tío Vernon miraban a Harry y a Tabatha suspicazmente, de forma que los mellizos decidieron quedarse sin tomar el pudín y levantarse de la mesa lo antes posible.
Se apoyaron en la pared del vestíbulo, respirando hondo. Hacía mucho tiempo que no perdían el control de aquella manera, haciendo estallar algo. No podían permitirse que aquello se repitiera. La autorización para ir a Hogsmeade no era lo único que estaba en juego. Si continuaban así, tendrían problemas con el Ministerio de Magia.
-Solo faltan 4 días.-murmuró la pelirroja, apoyándose en el hombro de su hermano.
-No creo poder controlarme.-escucharon a los Dursley levantarse de la mesa y se apresuraron a desaparecer escaleras arriba.
Soportaron los tres días siguientes obligándose a pensar en el Manual de la escoba voladora cada vez que tía Marge se metía con ellos. El truco funcionó bastante bien, aunque debían de darles aspecto de atontado y tía Marge había empezado a decir que eran subnormales.
Por fin llegó la última noche que había de pasar tía Marge en la casa. Tía Petunia preparó una cena por todo lo alto y Vernon descorchó varias botellas de vino. Tomaron la sopa y el salmón sin hacer ninguna referencia a los defectos de los mellizos; durante el pastel de merengue de limón, tío Vernon aburrió a todos con un largo discurso sobre Grunnings, la empresa de taladros para la que trabajaba; luego tía Petunia preparó café y tío Vernon sacó una botella de brandy.
-¿Puedo tentarte, Marge?-la mujer había bebido ya bastante vino. Su rostro grande estaba muy colorado.
-Sólo un poquito.-respondió con una sonrisita.-Bueno, un poquito más... un poco más... ya está.-
Dudley se comía su cuarta ración de pastel. Tía Petunia sorbía el café con el dedo meñique estirado. Tabatha habría querido subir a su habitación, pero tropezó con los ojos pequeños e iracundos de tío Vernon y supo que debía quedarse allí.
-¡Ah!-dijo tía Marge lamiéndose los labios y dejando la copa vacía en la mesa.- Una comilona estupenda, Petunia. Por las noches me contento con cualquier frito. Con doce perros que cuidar...-de repente, soltó un erecto a sus anchas y se dio una palmada en la voluminosa barriga.- Perdón. Pero me gusta ver a un buen mozo.-prosiguió guiñándole el ojo a Dudley—. Serás un hombre de buen tamaño, Dudders, como tu padre. Sí, tomaré una gota más de brandy, Vernon... En cuanto a estos...-señaló a los mellizos con la cabeza. El estómago de ambos se retorció.
«<El manual», pensaron con rapidez.
-Éste no tiene buena planta, ha salido pequeñajo. Y en cuanto a la niña.-Marge hizo una mueca de asco.- Pasa también con los perros. El año pasado tuve que pedirle al coronel Fubster que asfixiara a uno, porque era raquítico. Débil. De mala raza.-la pelirroja se mordió el labio del lado de adentro, pensando en las normas de Quidditch.-Como decía el otro día, todo se hereda. La mala sangre prevalece. No digo nada contra tu familia, Petunia.-con su mano de pala dio una palmadita sobre la mano huesuda de su cuñada.- Pero tu hermana era la oveja negra. Siempre hay alguna, hasta en las mejores familias. Y se escapó con un gandul. Aquí tenemos el resultado.-
Los mellizos miraban sus platos, sintiendo un extraño zumbido en los oídos.
*-Los cazadores, son los que manejan las Quaffles.-*Marge parecía perforar su cabeza como un taladro de tío Vernon.
-Ese Potter.-dijo tía Marge en voz alta, tomando la botella de brandy y vertiendo más en su copa y en el mantel.-Nunca me dijiste a qué se dedicaba.-Tío Vernon y tía Petunia estaban completamente tensos. Incluso Dudley había retirado los ojos del pastel y miraba a sus padres boquiabiertos.
-No…no trabajaba.-dijo tío Vernon, mirando a sus sobrinos de reojo.- Estaba desempleado.-
-¡Lo que me imaginaba!-comentó tía Marge tomando un buen trago de brandy y limpiándose la barbilla con la manga—. Un inútil, un vago y un gorrón que...-
-No era nada de eso.-interrumpió Harry de repente. Todos permanecieron en silencio. Harry temblaba de arriba abajo. Nunca había estado tan enfadado.
-¡Más brandy!-gritó tío Vernon, que se había puesto pálido. Vació la botella en la copa de tía Marge-. Ustedes, chicos.-les gruñó.-A la cama.-
-No, Vernon.-dijo entre hipidos Marge, levantando una mano. Fijó sus ojos pequeños y enrojecidos en los mellizos.-Sigue, muchacho, sigue. Conque están orgullosos de sus padres, ¿eh? Van y se matan en un accidente de coche...borrachos, me imagino...-
-No murieron en ningún accidente de coche.-repuso Tabatha, que sin darse cuenta se había levantado.
-¡Murieron en un accidente de coche, sucia embustera, y los dejaron para que fueran una carga para sus decentes y trabajadores tíos!-gritó Marge, inflándose de ira.- Son unos niños insolentes, desagradecidos y....-la mujer se cortó en seco. Por un momento fue como si le faltasen las palabras. Se hinchaba con una ira indescriptible... Pero la hinchazón no se detenía. Su gran cara encarnada comenzó a aumentar de tamaño. Se le agrandaron los pequeños ojos y la boca se le estiró tanto que no podía hablar.
Al cabo de un instante, saltaron varios botones de su chaqueta de mezclilla y golpearon en las paredes... Se inflaba como un globo monstruoso. El estómago se expandió y reventó la cintura de la falda. Los dedos se le pusieron como morcillas...
-¡MARGE!-exclamaron a la vez tío Vernon y tía Petunia, cuando el cuerpo de mujer comenzó a elevarse de la silla hacia el techo. Estaba completamente redonda, como un inmenso globo con ojos de cerdito. Ascendía emitiendo leves ruidos como de estallidos. Ripper entró en la habitación ladrando sin parar.
-¡NO!-tío Vernon tomó a su hermana por un pie y trató de bajarla, pero faltó poco para que se elevara también con ella. Un instante después, Ripper dio un salto y hundió los colmillos en la pierna de tío Vernon.
Los mellizos salieron corriendo del comedor, antes de que nadie los pudiera detener; y se dirigieron al armario que había debajo de las escaleras. Por arte de magia, la puerta del armario se abrió de golpe cuando llegó ante ella. En unos segundos arrastraron sus baúles hasta la puerta de la casa. Subieron las escaleras rápidamente. Tabatha, se echó bajo la cama, levantando la tabla suelta y sacó la funda de almohada llena de libros y regalos de cumpleaños. Salió de debajo de la cama, tomó la jaula vacía de Phoebe. Los mellizos bajaron las escaleras corriendo llegando a sus baúles, al tiempo que tío Vernon salía del comedor con la pernera del pantalón hecha jirones.
-¡Vengan aquí!-bramó.- ¡Regresen y arreglen lo que han hecho!- una rabia imprudente se apodero de Harry. Abrió el baúl de un golpe, sacó la varita y con ella apuntó a su tío.
-Se lo merecía.-dijo jadeando—. Se merecía lo que le ha pasado. No te acerques.- la pelirroja, tanteo a sus espaldas buscando el picaporte de la puerta.-Nos vamos.-añadió.-Ya tenemos suficiente.-