"Los mellizos Potter" — capítulo 58
Capítulo 3
El autobús noctámbulo
Después de alejarse varias calles, los mellizos, arrastraban sus baúles detrás de ellos. Harry tenía el rostro tenso y crispado, debido al malhumor que acarreaba. Tabatha, caminaba lento detrás de su hermano.
-Harry.-llamó suavemente, pero el azabache, no respondía.- ¡Harry!-gritó asustándolo. Él suavizó su rostro y giró para verla.
-¿Qué ocurre, Tab?-preguntó.
-¿A dónde se supone que iremos?-
-No… no lo sé.-
-No podemos pasar toda la noche aquí parados sin saber a dónde ir.-reprocho la pelirroja, sentándose en la vereda.
-Ya encontraremos un lugar para pasar la noche, no te preocupes.-Harry, se sentó a su lado abrazándola por los hombros, dejando que ella apoyase su cabeza en su hombro.
No tenían dinero muggle y les quedaba algo de oro mágico en los monederos, en el fondo de los baúles, pero el resto de la fortuna que les habían dejado sus padres estaba en una cámara acorazada en Gringotts, en Londres. Nunca podrían llevar sus a rastras hasta Londres.
Un extraño cosquilleo en sus nucas les provocaba la sensación de que los estaban vigilando, pero la calle parecía desierta y no brillaba luz en ninguna casa. La luz del farol que estaba sobre ellos, comenzó a titilar, los juegos se mecieron solos. Más que oírlo, lo intuyeron: había alguien frente entre los arbustos de la calle de enfrente. De la espesura de las plantas, salió la figura de un gran perro negro. El animal les enseñaba los dientes, mostrándose amenazador. Harry se puso de pie, con la varita en mano, la pelirroja, lo imitó. Cuando lo hicieron, algo los impulsó hacía atrás, haciendo que tropezaran con sus baúles cayendo de espalda al suelo.
-Tab, ¿estás bien?-preguntó Harry, mirándola.
-Estoy bien, no pasó nada.-un gran estruendo, hizo que ambos se taparán los ojos, para protegerse de una repentina luz cegadora
Un segundo más tarde, un vehículo de ruedas enormes y grandes faros delanteros frenó con un chirrido exactamente en el lugar en que había caído Tabatha. Era un autobús de dos plantas, pintado de azul vivo, que había salido de la nada. En el parabrisas llevaba una inscripción con letras doradas: AUTOBÚS NOCTÁMBULO. Durante una fracción de segundo, pensaron si estaban aturdidos.
-Bienvenido al autobús noctámbulo, transporte de emergencia para el brujo o bruja abandonado. Me llamo Stan Shunpike y voy a ser su guía está noche...-habló un chico apenas más grande que ellos, lleno de granos y el cabello desordenado y sucio. Él guardó el papel que leía y miro para todos lados buscando a la bruja o brujo. Bajó la vista y encontró a los mellizos que seguían sentados en el suelo.
-¿Qué hacían ahí?-preguntó, abandonando los buenos modales.
-Nos resbalamos.-respondieron a coro.
-¿Y para qué resbalaron? -volvió a insistir Stan con risa burlona.
-No nos resbalamos a propósito.-protestó Tabatha enfadada.
-Bueno, súbanse ya, no voy a esperar a que empiece a nevar.- luego de haberse parado, los mellizos, se acercaron a un extremo del autobús intentado mirar hacia donde habían visto a la extraña figura.
-¿Qué ven ahí?-preguntó Stan, asomándose sobre ellos.
-Nada.- volvieron a responder.
-Bueno, suban ya.-los apresuró Stan. Harry y Tabatha, quisieron tomar sus baúles, pero él los detuvo.-No, no. Yo lo haré.-los mellizos se miraron entre sí y subieron. El interior del autobús era como un hotel andante. Tenía dos pisos, carias camas y un gran candelabro colgado, que se tambaleaba. Tabatha vio que en la primera cama, había un mago con las medias agujeradas, durmiendo.-Bueno, muévanse, muévanse.- Stan empujaba a la pelirroja, para que caminase. Él les entregó un boleto a cada uno y luego golpeo el vidrió que tenía a sus espaldas.-Ya vámonos, Ern.-
-¡Acelera, mi Ernie! ¡Abróchense los cinturones porque estaremos muy meneados!-el autobús arrancó brutalmente, haciendo que Harry, cayese sobre su hermana.
-¿Cómo me dijeron que se llamaban, amigos?-preguntó Stan, señalándolos.
-No te lo hemos dicho.-aclaró la pelirroja, acostada en una cama
-¿Y van muy lejos?-insistió Stan.
-Al Caldero Chorreante, en Londres.-habló Harry, sosteniéndose de los barrotes.
-¿Ya escuchaste, Ern? Al Caldero Chorreante en Londres.-
-Al Caldero Chorreante, mi negro.-repitió una cabeza que estaba junto al chofer.-Si hay sopa, cométela antes de que te coma.-
-Oye, los Muggle ¿pueden vernos?-preguntó Tabatha, mirando por la ventana.
-¿Muggles? Nunca ven nada.-respondió Stan.- ¿Verdad?-
-Pero pínchalos con un tenedor, y veras como gritan.-replicó la cabeza, con acento hawaiano.-Ernie, chico, una anciana en frente, no ves nada, chico.-el autobús freno de golpe. Harry chocó contra una ventana y la pelirroja, cayó sobre Stan. -Diez...nueve…ocho…siete….seis...cinco…cuatro…tres…tres y medio…dos…uno y tres cuarto.-contaba la cabeza, especulando el tiempo que tardaría la mujer en pasar al otro lado de la calle-¡Vámonos!-advirtió cuando tuvo el paso libre. Era tanta la velocidad que los mellizos, volvieron a caer sobre la cama.
-¿Quién es ese?-preguntó Harry, mirando el ejemplar del Profeta, que tenía Stan.-Ese hombre.-Stan volvió a la primera página y rió entre dientes.
-¿Quién es él?-preguntó como si la pregunta del azabache hubiera sido tonta.- ¿Cómo? Él es Sirius Black, amigo. ¿No me digan que nunca ha oído hablar de Sirius Black?-los mellizos, negaron.-Es un asesino. Lo metieron a la prisión de Azkaban por eso.-
-¿Cómo escapó?-preguntó esta vez la pelirroja.
-Esa es la pregunta.-Stan se acercó demasiado a Tabatha.-Es el primero que lo logra. Fue un fiel partidario de ustedes saben quién. ¿Lo han oído mencionar?-
-Sí, muchas veces.-la mirada de ambos mellizos, se perdió en ese momento. Tabatha siguió mirando por la ventana y rara vez miraba la portada del Profeta.
-Ernie, chico, dos camiones al frente.-anunció la cabeza.-Chico, se están acercando. ¡Ernie haz algo! ¿Qué no ves?-el brujo que manejaba, tiro una palanca hacia atrás cuando la luz de los faros de los camiones estaba cerca. El tiempo pareció detenerse. Lo último que vio la pelirroja, fue una fina línea para luego volver a ver todo como estaba. El autobús volvió a retomar la misma velocidad y giró en una curva. Para cuando freno, Tabatha, volvió a chocar contra Stan.
-El Caldero Chorreante.-anunció el chico, ayudándola a pararse, al tiempo que el autobús golpeaba contra un auto, haciendo que se activase la alarma de este.
-¡Siguiente parada, el Callejón Nocturno!-anunció la cabeza.
-Ah los mellizos Potter, llegaron.-anunció un hombre bastante encorvado, ingresando por la puerta, tomando sus equipajes. Ellos se despidieron de Stan y bajaron mirando atentamente la fachada del Caldero Chorreante. El azabache tomo la mano de su hermana e ingresaron. El lugar estaba tal como lo recordaban solo que esta vez un poco más iluminado. Un joven mago limpiaba las mesas y levantaba las sillas, un hombre bebía de una taza mientras leía un libro muggle y recitaba pequeñas partes de él.
-A la once.-ordenó Tom, el cantinero. Él guió a los mellizos hasta una habitación que se encontraba subiendo unos escalones.
-Hedwig.-exclamó Harry, al ver a su lechuza. A la pelirroja se le iluminó el rostro al ver a la suya.
-Son aves muy inteligentes, niños Potter. Arribaron aquí cinco minutos antes que ustedes.-explicó el posadero. Tabatha acariciaba a Phoebe cuando alguien se aclaró la garganta.
-Como Ministro de Magia es mi deber informarles que, los mellizos Potter, está tarde a la hermana de su tío la encontraron al sur de Sheffield, volando sobre una chimenea.-mientras Fudge hablaba, Tom obligo a los mellizos a sentarse y comenzó a ofrecerles cosas, que ellos rechazaban.-El departamento para deshacer magia accidental, intervino de inmediato y lograron desinflarla y le han borrado la memoria. No tendrá ningún recuerdo del incidente que sufrió ahí quedó todo y ya todo está bien.-el ministro dio la vuelta quedando frente a ambos Potter, con una gran sonrisa y los brazos abiertos.- ¿Sopa?-les ofreció.
-No, gracias.-respondieron ambos.
-Ministro.-habló la pelirroja.
-¿Sí?-
-No entendemos.-
-¿Qué cosa?-preguntó Fudge.
-Violamos las reglas, en casa no hay que usar la magia siendo tan jóvenes.-explicó ella.
-¡Oh por favor! El Ministerio no los enviará a Azkaban por inflar a su tía.-Tom, reía tontamente pero dejó de hacerlo ante la severa mirada del ministro.-Lo cierto es que huir así, dadas las condiciones, fue muy, muy irresponsable.-
-¿Qué condiciones?-preguntó Harry, girando apenas en el sofá.
-Hay un asesino suelto.-sentenció Fudge.
-¿Sirius Black?-inquirió Tabatha.
-Sí.-
-Pero nosotros, ¿qué tenemos que ver?-preguntó el azabache, arrancando una pequeña carcajada de Cornelius.
-Nada, niños. Ustedes están a salvo y eso es lo que importa. Y en unos días estarán de camino de regreso a Hogwarts.-el ministro se alejó de ellos y caminó hasta su escritorio.- ¡Ah! Esos son sus nuevos libros, me tomé la libertad de comprarlos por ustedes. Tom los llevará a sus habitaciones.-el tabernero, los tomó del cuello de sus ropas y los puso de pie rápidamente.
-Phoebe.-llamó la pelirroja, extendiendo su brazo para que su lechuza se posara en él.
-Una cosa más, niños. Mientras estén aquí, será mejor que no salgan solos a… pasear.-les avisó el ministro desde su escritorio. Ellos asintieron y acompañaron a Tom por una escalera de madera muy elegante hasta una puerta con un número 11 de metal colgado en ella. Tom la abrió con la llave para que ellos pasaran. Dentro había una cama de aspecto muy cómodo, algunos muebles de roble con mucho barniz, un fuego que crepitaba alegremente y, encaramada sobre el armario...
-Si necesitan algo, solo pídanmelo.-sonrió el cantinero, dejándolos solos. Tabatha se sentó en el borde de su cama, con su lechuza al lado.
-Te dije que todo iba a salir bien.-comentó Harry, acariciando a Hedwig. Ella suspiró cansadamente y se tiró de espaldas a la cama, haciendo que su pobre lechuza aleteara asustada.
-Me agrada pensar que dentro de unos cuantos días estaremos en Hogwarts, lejos de los Dursley y de sus castigos.-murmuró la pelirroja con orgullo. Harry sonrió.
El cielo que veía por la ventana cambió rápidamente del azul intenso y aterciopelado a un gris frío y metálico, y luego, lentamente, a un rosa con franjas doradas. Apenas podían creer que acababan de abandonar Privet Drive hacía sólo unas horas y que no hubieran sido expulsados y que tuvieran por delante la perspectiva de pasar dos semanas sin los Dursley.
-Ha sido una noche muy rara, Tabi.-dijo el azabache bostezando. Y sin siquiera quitarse las gafas, se desplomó sobre la almohada y se quedó dormido junto a su hermana.