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"Los mellizos Potter" — capítulo 60

Capítulo 5:

"La llegada de Crookshanks"

Al pasar los días, los mellizos empezaron a buscar con más ansias a Ron y a Hermione.  Por aquellos días llegaban al callejón Diagon muchos alumnos de Hogwarts, ya que faltaba poco para el comienzo del año. Se encontraron a Seamus Finnigan y a Dean Thomas, en la tienda Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch, donde también ellos se comían con los ojos la Saeta de Fuego; se tropezaron también, en la puerta de Flourish y Blotts, con Neville.

Tabatha despertó el último día de vacaciones pensando en que vería a Ron y a Hermione al día siguiente, en el expreso de Hogwarts. Se levantó, se vistió, y junto a Harry fueron a contemplar por última vez la Saeta de Fuego. Mientras caminaban se preguntaban donde estarían sus amigos. Dejaron de hacerlo cuando alguien grito sus nombres.

-¡Harry! ¡Tabatha!-allí estaban los dos, sentados en la terraza de la heladería Florean Fortescue. Ron, más pecoso que nunca; Hermione, muy morena.

-¡Por fin!-exclamó Ron, sonriéndoles de oreja a oreja cuando se sentaron.- Hemos estado en el Caldero Chorreante, pero nos dijeron que habían salido, y luego hemos ido a Flourish y Blotts, y al establecimiento de la señora Malkin, y...-

-Compramos la semana pasada todo el material escolar. ¿Y cómo se enteraron de que nos alojamos en el Caldero Chorreante?-preguntó el azabache.

-Mi padre.-contestó Ron escuetamente.

¿Es verdad que inflaron a tu tía, chicos?-preguntó Hermione muy seria.

-Fue sin querer.-respondió Tabatha, mientras Ron se partía de risa.-Perdimos el control.-

-No tiene ninguna gracia, Ron.-habló la castaña con severidad.-Verdaderamente, me sorprende que no los hayan expulsado. -

-A nosotros también.-admitió Harry.- No sólo expulsado: lo que más temíamos era ser arrestados.-ambos miraron a Ron-¿No sabrá tu padre por qué nos ha perdonado Fudge el castigo?-

-Probablemente, porque son ustedes.-

-¿No puede ser ése el motivo?-Ron se encogió los hombros, sin dejar de reírse.-

-Los famosos mellizos Potter. No me gustaría enterarme de lo que me haría a mí el Ministerio si se me ocurriera inflar a mi tía. Pero primero me tendrían que desenterrar; porque mi madre me habría matado. De cualquier manera, ustedes mismos le pueden preguntar a mi padre  esta tarde. ¡Esta noche nos alojamos también en el Caldero Chorreante! Mañana podrán venir con nosotros a King's Cross. ¡Ah, y Hermione también se aloja allí!-la muchacha asintió con la cabeza, sonriendo.

-Mis padres me han traído esta mañana, con todas mis cosas del colegio.-

-¡Estupendo!-dijo Tabatha, muy contenta.- ¿Han comprado ya todos los libros y el material para el próximo curso?-

-Mira esto.-dijo Ron, sacando de una mochila una caja delgada y alargada, y abriéndola.-Una varita mágica nueva. Treinta y cinco centímetros, madera de sauce, con un pelo de cola de unicornio. Y tenemos todos los libros.-señaló una mochila grande que había debajo de su silla.- ¿Y qué les parecen los libros monstruosos? El librero casi se echó a llorar cuando le dijimos que queríamos dos. -

  • ¿Y qué es todo eso, Hermione?-preguntó Harry, señalando no una sino tres mochilas repletas que había a su lado, en una silla.

-Bueno, me he anotado en más asignaturas que tú, ¿no te acuerdas?-dijo Hermione.-Son mis libros de Aritmancia, Cuidado de Criaturas Mágicas, Adivinación, Estudio de las Runas Antiguas, Estudios Muggles...

-¿Para qué quieres hacer Estudios Muggles?-preguntó Ron volviéndose a los mellizos y poniendo los ojos en blanco.- ¡Tú eres de sangre muggle! ¡Tus padres son muggles! ¡Ya lo sabes todo sobre los muggles! -

-Pero será fascinante estudiarlos desde el punto de vista de los magos.-repuso Hermione con seriedad.

-¿Tienes pensado comer o dormir este curso en algún momento, Hermione? -ironizó Tabatha mientras Ron y su hermano, reían.  Hermione no les hizo caso.

-Todavía me quedan diez galeones.-dijo comprobando su monedero.- En septiembre es mi cumpleaños, y mis padres me han dado dinero para comprarme el regalo de cumpleaños por adelantado.-

 -¿Por qué no te compras un libro?- preguntó Ron poniendo voz cándida.

-No, creo que no.-respondió Hermione sin enfadarse.- Lo que más me apetece es una lechuza. Harry tiene a Hedwig, Tabatha tiene a Phoebe y tú tienes a Errol...-

-No, no es mío. Errol es de la familia. Lo único que poseo es a Scabbers.-el pelirrojo sacó la rata del bolsillo.-Quiero que le hagan un chequeo.-añadió, poniendo a Scabbers en la mesa, ante ellos.- Me parece que Egipto no le ha sentado bien.-

Scabbers estaba más delgada de lo normal y tenía mustios los bigotes. 

-Ahí hay una tienda de animales mágicos.-señaló Harry, que por entonces se conocían ya bastante bien el callejón Diagon.

Puedes mirar a ver si tienen algo para Scabbers. Y Hermione se puede comprar una lechuza.-propuso la pelirroja. Así que pagaron los helados, cruzaron la calle para ir a la tienda de animales.

No había mucho espacio dentro. Hasta el último centímetro de la pared estaba cubierto por jaulas. Olía fuerte y había mucho ruido, porque los ocupantes de las jaulas chillaban, graznaban, silbaban o parloteaban. La bruja que había detrás del mostrador estaba aconsejando a un cliente sobre el cuidado de los tritones de doble cola, así que Harry, Ron, Tabatha y Hermione esperaron, observando las jaulas.

Un par de sapos rojos y muy grandes estaban dándose un banquete con moscardas muertas; cerca del escaparate brillaba una tortuga gigante con joyas incrustadas en el caparazón; serpientes venenosas de color naranja trepaban por las paredes de su urna de cristal; un conejo gordo y blanco se transformaba sin parar en una chistera de seda y volvía a su forma de conejo. Había gatos de todos los colores, una escandalosa jaula de cuervos, un cesto con pelotitas de piel del color de las natillas que zumbaban ruidosamente y, encima del mostrador; una enorme jaula de ratas negras de pelo lacio y brillante que jugaban a dar saltos sirviéndose de la cola larga y pelada.

El cliente de los tritones de doble cola salió de la tienda y Ron se aproximó al mostrador.

-Se trata de mi rata.-le explicó a la bruja.- Desde que hemos vuelto de Egipto está descolorida.

-Ponla en el mostrador.- dijo la bruja, sacando unas gruesas gafas negras del bolsillo.

Ron sacó a Scabbers y la puso junto a la jaula de las ratas, que dejaron sus juegos y corrieron a la tela metálica para ver mejor. Como casi todo lo que Ron tenía, Scabbers era de segunda mano y estaba un poco estropeada. Comparada con las flamantes ratas de la jaula, tenía un aspecto muy desmejorado.

 -¿Cuántos años tiene?-preguntó la mujer, examinándola.

-No lo sé.-respondió Ron.- Es muy vieja. Era de mi hermano.

-¿Qué poderes tiene?-volvió a insistir.

-Bueno…-titubeo Ron, rascándose la cabeza.

La verdad era que Scabbers nunca había dado el menor indicio de poseer ningún poder que mereciera la pena. Los ojos de la bruja se desplazaron desde  la partida oreja izquierda de la rata a su pata delantera, a la que le faltaba un dedo, y chascó la lengua en señal de reprobación.

-Ha pasado lo suyo.-

-Ya estaba así cuando me la pasó Percy.-se defendió Ron.

-No se puede esperar que una rata ordinaria, común o de jardín como ésta viva mucho más de tres años.-añadió la bruja.- Ahora bien, si buscas algo un poco más resistente, quizá te guste una de éstas... -señaló las ratas negras, que volvieron a dar saltitos.

-Presumidas.-murmuró Ron.

-Bueno, si no quieres reemplazarla, puedes probar a darle este tónico para ratas.-dijo la bruja, sacando una pequeña botella roja de debajo demostrador.

-De acuerdo.-aceptó el chico.- ¿Cuánto...? -Ron se agachó cuando algo grande de color canela saltó desde la jaula más alta, se le posó en la cabeza y se lanzó contra Scabbers, bufando sin parar.

  • ¡No, Crookshanks, no!-gritó la bruja, pero la rata salió disparada de sus manos como una pastilla de jabón, aterrizó despatarrada en el suelo y huyó hacia la puerta.

  • ¡Scabbers!-gritó Ron, saliendo de la tienda a toda velocidad.  Tabatha y Harry lo siguieron.

Tardaron casi diez minutos en encontrar a la rata, que se había refugiado bajo una papelera, en la puerta de la tienda de Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch. Ron volvió a guardarse la rata, que estaba temblando. Se estiró y se rascó la cabeza.

-¿Qué ha sido?-

-O un gato muy grande o un tigre muy pequeño.-respondió la pelirroja.

  • ¿Dónde está Hermione?-

-Supongo que comprando la lechuza. -volvieron por la calle abarrotada de gente hasta la tienda de animales mágicos. Llegaron cuando salía la castaña, pero no llevaba ninguna lechuza: llevaba firmemente sujeto el enorme gato de color canela.

  • ¿Has comprado ese monstruo? -cuestiono Ron pasmado.

-Es precioso, ¿verdad?-preguntó Hermione, rebosante de alegría.  

El pelaje canela del gato era espeso, suave y esponjoso, pero el animal tenía las piernas combadas y una cara de mal genio extrañamente aplastada, como si hubiera chocado de cara contra un tabique. Sin embargo, en aquel momento en que Scabbers no estaba a la vista, el gato ronroneaba suavemente, feliz en los brazos de Hermione.

¡Hermione, ese ser casi me deja sin pelo!-se quejó el pelirrojo.

-No lo hizo a propósito, ¿verdad, Crookshanks?-dijo Hermione.

-¿Y qué pasa con Scabbers?-preguntó Ron, señalando el bolsillo que tenía a la altura del pecho.- ¡Necesita descanso y tranquilidad! ¿Cómo va a tenerlos con ese ser cerca?

-Eso me recuerda que te olvidaste el tónico para ratas.-comentó Hermione, entregándole la botellita roja.- Y deja de preocuparte. Crookshanks dormirá en mi dormitorio y Scabbers en el tuyo, ¿qué problema hay? El pobre Crookshanks... La bruja me dijo que llevaba una eternidad en la tienda. Nadie lo quería.-

-Me pregunto por qué.-ironizó Ron, mientras emprendían el camino del Caldero Chorreante.