"Los mellizos Potter" — capítulo 61
Capítulo 6:
"La advertencia del señor Weasley"
Para cuando llegaron al Caldero Chorreante, Ron le pasó a Tabatha el recorte del Profeta, en donde toda la familia Weasley, disfrutaba de su viaje.
-¡Mira están Charlie y Bill!-exclamó la pelirroja.-Egipto, ¿cómo es?-
-Hay muchas antigüedades, momias, tumbas. Hasta Scabbers se divirtió.-respondió Ron, mientras acariciaba a su rata.
-Los egipcios adoraban a los gatos.-explicó Hermione, teniendo al suyo.
-Y a los escarabajos.-
-¿No estarás mostrando ese recorte otra vez, no?-preguntó George, llegando con Fred.
-No se lo mostré a nadie.-se defendió el pelirrojo.
-¿A nadie?-
-A menos que confíes en Tom…-
-En el portero…-
-En la mucama…-
-En el cocinero…-
-En aquel que arregla el baño.-comenzaron a nombrar los gemelos sentándose frente a la pequeña Potter.
-¡Harry! ¡Tabatha!-exclamó la señora Weasley, llegando con los brazos abiertos.
-Señora Weasley.-saludaron los mellizos, poniéndose de pie.
-Me da gusto verlos.-
-Igualmente.-
- ¿Ya compraron todo?-ambos asintieron.- ¿Sí? ¿Todos los libros?-
-Están arriba.-
-¿Toda sus ropas?-volvió a insistir Molly. -A qué bien.-les apretó a los dos las mejillas, antes de retirarse.
-Los mellizos Potter.-saludó Arthur con un apretón de mano.
-Señor Weasley.-
-Tabatha, cariño ¿podrías venir?-solicitó la señora Weasley. Ella asintió viendo como su hermano se iba con el señor Weasley. No le prestó mucha atención y se sentó junto a los demás pelirrojos. Desde la pequeña ventana con forma circular, una lechuza ingresó hasta posarse frente a ella. Con suma delicadeza desató el hilo que sostenía la carta y le entregó un poco de pan que sobraba de una tostada.
"Estimada señorita Potter:
Solo quería informarle que usted continuara con las clases especiales de Transformaciones. Está demás decirle que tiene que tener absoluta confidencialidad. Haga desaparecer esta carta antes de que alguien la lea.
Saludos cordiales, Minerva McGonagall"
Terminó de leer la carta y la dobló guardándola en el bolsillo de su buzo. Para cuando levantó la vista, Phoebe venía con dos cartas más. Una en el pico y la otra en la pata. Le entregó un par de migajas que sobraban y le acaricio la cabeza, haciendo que el ave soltase la primera carta. La reconoció por la caligrafía de Cedric. Unos días antes de huir de Privet Driver, le mando una contándole sobre la estadía de la tía Marge. Él le daba ánimos para que no decayese y que cada vez faltaba menos para que ellos se volviesen a ver en Hogwarts. La segunda carta era de la misma caligrafía que le había estado mandando cartas desde primer año. Con la curiosidad encendida, abrió el sobre.
"Querida Tabatha:
¿Ya cuantas cartas van desde la primera vez que te escribí? ¿Cinco? ¿Cuatro? La verdad es que perdí la cuenta. Me siento bastante avergonzado al no poder dar la cara y decirte quién soy realmente. Juro que me encantaría poder hablar contigo para que me conozcas y seas tú quien me juzgue si es que hice bien o mal. La verdad debo pedirte disculpas por lo que acabo de escribir, como he mencionado, estoy muy avergonzado.
Sé que mañana empezaras tú tercer año en Hogwarts, vaya como pasa el tiempo. Ya tienes 13 años y debes ser toda una mujer. Sé que tu cumpleaños pasó hace unos meses, pero dentro del sobre encontraras algo que tal vez te guste.
Con cariño, yo"
Tabatha dejó la carta de lado y metió la mano en el sobre sacando una pequeña foto. Primero al verla no supo cómo reaccionar. Puso ojo crítico y la examinó de arriba abajo. Había dos personas y un bebé. La foto era en blanco y negro pero si instinto mal no le fallaba, la mujer era su madre y el hombre que la abrazaba y besaba su mejilla, era su padre. Entre medio de ellos dos se encontraba ella recién nacida. Volteó para ver el reverso de la foto, pero no encontró nada que comprobase sus dudas acerca de que si eran sus padres o no.
-¿Revisando el correo matutino, Tabatha?-ella tomó todos los sobres y los apiló para que nadie pudiese verlos.
-Hola, Percy.-saludó con una sonrisa.- ¿Cómo estás?-
-Yo bien, por suerte. Espero que estés bien.-dijo ceremoniosamente, estrechándole la mano.
-¡Tabatha!-exclamó Fred, quitando a Percy de en medio de un codazo, y haciendo ante ella una profunda reverencia.- Es estupendo verte, chica...-
-Maravilloso.-prosiguió George, haciendo a un lado a Fred y tomando la mano de la pelirroja.- Sencillamente increíble. -Percy frunció el entrecejo.
-Ya basta.-sentenció la señora Weasley.
-¡Mamá!-volvió a exclamar Fred, como si acabara de verla, y también le estrechó la mano.-Esto es fabuloso...-
-He dicho que ya basta.- repitió la señora Weasley, depositando sus compras sobre una silla vacía.- Cariño. Supongo que has oído ya todas nuestras emocionantes noticias.-señaló la insignia de plata recién estrenada que brillaba en el pecho de Percy.- El segundo Premio Anual de la familia.- rebosante de orgullo.
-Y último.-susurró Fred.
-De eso no me cabe ninguna duda.-dijo la señora Weasley, frunciendo de repente el entrecejo.-Ya me he dado cuenta de que no os han hecho prefectos.
-¿Para qué queremos ser prefectos?-cuestiono George, a quien la sola idea parecía repugnarle.- Le quitaría a la vida su lado divertido. -Tabatha y Ginny rieron.
-¿Quieres hacer el favor de darle a tu hermana mejor ejemplo?-ordenó cortante la señora Weasley.
-Ginny tiene otros hermanos para que le den buen ejemplo.-respondió Percy con altivez.-Voy a cambiarme para la cena... -
Se fue y George dio un suspiro.
-Intentamos encerrarlo en una pirámide.-le contó a la pelirroja.- Pero mi madre nos descubrió.-
..*
Aquella noche la cena resulto muy agradable. Tom, el tabernero, junto tres mesas del comedor; y los siete Weasley, Harry, Tabatha y Hermione tomaron los cinco deliciosos platos de la cena.
-¿Cómo iremos a King's Cross mañana, papá?-preguntó Fred en el momento en que probaban un suculento pudín de chocolate.
-El Ministerio pone a nuestra disposición un par de coches.-respondió el señor Weasley. Todos lo miraron.
-¿Por qué?-preguntó Percy con curiosidad.
-Por ti, Percy.-dijo George muy serio.- Y pondrán banderitas en el capó, con las iniciales «P. A.» en ellas...-
-Por «Presumido del Año».-explicó Fred. Todos, salvo Percy y la señora Weasley, soltaron una carcajada.
-¿Por qué nos proporciona coches el Ministerio, padre?-volvió a insistir el mayor con voz de circunstancias.
-Bueno, como ya no tenemos coche, me hacen ese favor; dado que soy funcionario. Lo dijo sin darle importancia, pero Harry notó que las orejas se le habían puesto coloradas, como las de Ron cuando se azoraba.
-Menos mal.-dijo la señora Weasley con voz firme.- ¿Se dieron cuenta de la cantidad de equipaje que llevan entre unos y otros? Qué buena estampa harían en el metro muggle... Lo tenéis ya todo listo, ¿verdad?-
-Ron no ha metido aún las cosas nuevas en el baúl.-delató Percy con tono de resignación.- Las ha dejado todas encima de mi cama.-
-Lo mejor es que vayas a preparar el equipaje, Ron, porque mañana por la mañana no tendremos mucho tiempo.
Para cuando terminaron con la cena cada cual tomo su camino a sus respectivas habitaciones. Tabatha la compartía ahora con Hermione y Ginny, por lo tanto estaba más que contenta con sus nuevas compañeras.
Mientras subía las escaleras del bar, luego de haber tomado un vaso de leche tibia, se detuvo en una puerta al escuchar un par de voces hablando. Por una ranura logró distinguir a los padres de Ron.
-No tiene ningún sentido ocultárselo.-decía acaloradamente el señor Weasley.-Harry ya lo sabe y Tabatha tiene derecho a saberlo. He intentado decírselo a Fudge, pero se empeña en tratarla como a una niña. Tiene trece años y...
-¡Arthur, la verdad le aterrorizaría!-intervino la señora Weasley en voz muy alta- ¿Quieres de verdad enviarlos al colegio? ¡Por Dios, está muy tranquila sin saber nada!-
-No quiero asustarlos, ¡quiero prevenirlos!-contestó el señor Weasley.-Ya sabes cómo son ellos dos y Ron, que se escapan por ahí. Se han internado en el bosque prohibido dos veces. ¡Pero los mellizos no deben hacer lo mismo en este año! ¡Cada vez que pienso lo que podía haberles sucedido la otra noche, cuando se escaparon de casa...! Si el autobús noctámbulo no los hubiera recogido, me juego lo que sea a que el Ministerio lo hubiera encontrado muertos.-
-Pero no están muertos, están bien, así que ¿de qué sirve...?-
-Molly: dicen que Sirius Black está loco, y quizá lo esté, pero fue lo bastante inteligente para escapar de Azkaban, y se supone que eso es imposible. Han pasado tres semanas y no le han visto el pelo. Y me da igual todo lo que declara Fudge a El Profeta: no estamos más cerca de pillarlo quede inventar varitas mágicas que hagan los hechizos solas. Lo único que sabemos con seguridad es que Black va detrás...
-Pero ellos estarán a salvo en Hogwarts.-
-Pensábamos que Azkaban era una prisión completamente segura. Si Black es capaz de escapar de Azkaban, será capaz de entrar en Hogwarts.-
-Pero nadie está realmente seguro de que vaya en detrás de los mellizos...- se oyó un golpe y Tabatha supuso que el señor Weasley había dado un golpe en la mesa.
-Molly, ¿cuántas veces te tengo que decir que... que no lo han dicho en la prensa porque Fudge quería mantenerlo en secreto? Pero Fudge fue a Azkaban la noche que Black se escapó. Los guardias le dijeron a Fudge que hacía tiempo que Black hablaba en sueños. Siempre decía las mismas palabras: «Está en Hogwarts, está en Hogwarts.» Black está loco, Molly, y quiere matarlos. Si me preguntas por qué, creo que Black piensa que con su muerte Quien- Tú- Sabes volvería al poder. Black lo perdió todo la noche en que detuvieron a Al-que-no-debe-ser-nombrado. Y se ha pasado doce años solo en Azkaban, rumiando todo eso…-
-Bien, Arthur. Debes hacer lo que te parezca mejor. Pero te olvidas de Albus Dumbledore. Creo que nada le podría hacer daño en Hogwarts mientras él sea el director. Supongo que estará al corriente de todo esto.-
-Por supuesto que sí. Tuvimos que pedirle permiso para que los guardias de Azkaban se apostaran en los accesos al colegio. No le hizo mucha gracia, pero accedió.-
-¿No le hizo gracia? ¿Por qué no, si están ahí para atrapar a Black?-
-Dumbledore no les tiene mucha simpatía a los guardias de Azkaban.-respondió el señor Weasley con disgusto.- Tampoco yo se la tengo, si nos ponemos así... Pero cuando se trata con alguien como Black, hay que unir fuerzas con los que uno preferiría evitar.
-Si los salvan...-
-En ese caso, no volveré a decir nada contra ellos.-sentenció el señor Weasley con cansancio.- Es tarde, Molly. Será mejor que subamos...-antes de que el matrimonio saliese, Tabatha, había desaparecido.