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"Los mellizos Potter" — capítulo 62

Capítulo 7:

R.J. Lupin

Capítulo narrado por****Tabatha:

Todo estaba empezando a tomar forma, Sirius Black iba detrás de nosotros. Fudge había sido indulgente porque estaba muy contento de habernos encontrado con vida.

Nos había hecho prometer que no saldríamos del callejón Diagon, donde había un montón de magos para vigilarnos. Y había mandado dos autos del Ministerio para que fuéramos todos a la estación al día siguiente, para que los Weasley pudieran cuidarnos hasta que hubiéramos subido al tren.

Ingresé a mí habitación y me tiré sobre la cama, escuchando los gritos amortiguados que provenían de la habitación de al lado, me preguntó por qué no estaría más asustada. Sirius Black había matado a trece personas con un hechizo; los padres de Ron, obviamente, pensaban que nos aterrorizaríamos al enterarnos de la verdad. Pero estaba completamente de acuerdo con la señora Weasley en que el lugar más seguro de la Tierra era aquel en que estuviera Albus Dumbledore.

Y además estaban los guardias de Azkaban, de los que hablaba todo el mundo. Nunca los había visto en persona pero la mayoría les tenían miedo, y si estaban apostados alrededor del colegio, las posibilidades de que Black pudiera entrar parecían muy escasas.

Solté un bufido de frustración, si Black andaba suelto buscándonos no nos dejarían salir a Hogsmeade por precaución. No nos iban a dejar abandonar el castillo hasta que lo hubiesen atrapado. De hecho tuve la leve sospechaba que vigilarían cada uno de nuestros movimientos hasta que hubiera pasado el peligro.

Arrugue  el ceño mirando al oscuro techo. ¿Nos creían incapaces de cuidarnos a nosotros mismos? Si se habían olvidado, sobrevivimos tres veces a la ira de Voldemort. No éramos inútiles...

Me di vuelta en la cama, quedando de frente a la ventana. La oscuridad de la noche me hizo estremecer y hacer que una fría corriente, recorrió mi espalda. Me puse de pie y me aseguré de que Ginny y Hermione, estuviesen dormidas. Salí sin hacer ruido. Di un pequeño brinco al sentir a Crookshanks pasar a mí lado.

-Vuelve adentro.-el gato pasó por entre mis piernas y luego ingresó a nuestra habitación. Atravesé el pasillo hasta llegar a la habitación once. Abrí lentamente la puerta, dejando que la fina luz se filtrase.- ¿Harry?-llamé suavemente, cerrando la puerta detrás de mí. Él hizo un sonido que indicaba profundo sueño. Se fregó los ojos y tomó sus anteojos.

-¿Tab? ¿Qué ocurre?-preguntó acostumbrándose a la luz.

-No podía dormir.-abracé mi brazo derecho con el izquierdo y mordí interiormente mi mejilla.- ¿Puedo quedarme?-él asintió fervientemente y me hizo un espacio en la cama.

-¿Qué ocurre?-quiso saber cuándo quedé frente a él, pegando la punta de mi nariz con la suya.

-Accidentalmente he escuchado a los señores Weasley hablar sobre… sobre… Sirius Black.-respondí a modo de susurro, temiendo que nos escucharan.- Él va detrás de nosotros. Quiere matarnos.-

-No nos van a matar.-replicó Harry.- No permitiré que nada te ocurra.-

-Ni yo, pero siento que nunca tendremos un año tranquilo.-

-Algún día las cosas malas tendrán que terminar, ¿no?-asentí levemente.- Bueno, por el momento no te preocupes por lo que llegue a pasarnos en el futuro, ahora piensa que estamos juntos y que ya no estamos solos, tenemos a los Weasley y a Hermione.- me tomó con delicadeza del mentón.- ¿Prometes no pensar en eso?-volví a asentir, esta vez más convencida.-Así me gusta, pelirroja.-

..*

A la mañana siguiente, Tom nos despertó, sonriendo como de costumbre con su boca desdentada mientras dejaba una taza de té. Harry se vistió en la habitación dejándome la privacidad del baño para mí. Luego de una rápida ducha, cepillé mis dientes y mi cabello, para luego cambiarme finalmente. Al salir tuve que ayudar a mí mellizo a convencer a Hedwig  y Phoebe de que volvieran a las jaulas. Ambos dimos un brinco cuando Ron abrió de golpe la puerta y entró enfadado, poniéndose la camisa.

-Cuanto antes subamos al tren, mejor.-exclamó un tanto acalorado.- Por lo menos en Hogwarts puedo alejarme de Percy. Ahora me acusa de haber manchado de té su foto de Penélope Clearwater.- hizo una mueca.- Ya saben, su novia. Ha ocultado la cara bajo el marco porque su nariz ha quedado manchada...

-Tenemos algo que contarte.-comenzó Harry, pero lo interrumpieron Fred y George, que se asomaron a la habitación para felicitar a Ron por haber vuelto a enfadar a Percy.

Al bajar a desayunar encontramos al señor Weasley, leyendo la primera página de El Profeta con el entrecejo fruncido, y a la señora Weasley, que hablaba a Ginny y a Hermione de un filtro amoroso que había hecho de joven. Las tres se reían con risa floja.

-¿Qué me iban a contar?-preguntó Ron cuando nos sentamos.

-Más tarde.-murmuré, al mismo tiempo que Percy irrumpía en el comedor. Con todo el tema de la partida a Hogwarts, no tuvimos tiempo de hablar ni con Hermione ni con Ronnie.

Todos estábamos muy ocupados bajando los baúles por la estrecha escalera del Caldero Chorreante y apilándolos en la puerta, con Hedwig y Hermes, la lechuza de Percy, encaramadas en sus jaulas. Al lado de los baúles había un pequeño cesto de mimbre que bufaba ruidosamente.

-De acuerdo, Crookshanks.-susurró Hermione a través del mimbre.-Te dejaré salir en el tren.-

-No lo harás.-espetó Ron terminantemente.- ¿Y la pobre Scabbers?- se señaló el bolsillo del pecho, donde un bulto revelaba que Scabbers estaba allí acurrucada. El señor Weasley, que había aguardado fuera a los coches del Ministerio, se asomó al interior.

-Aquí están.-anunció al vernos.- Vamos, Harry, Tabatha.-

El señor Weasley nos condujo a través del corto trecho de acera hasta el primero de los dos coches antiguos de color verde oscuro, los dos conducidos por brujos de mirada furtiva con uniforme de terciopelo verde esmeralda.

-Suban, chicos.-pidió el señor Weasley, mirando a ambos lados de la calle llena de gente. Subimos a la parte trasera del coche, y enseguida nos reunimos con Hermione, Ron y los gemelos, y para disgusto de mi amigo pelirrojo, también Percy.

El viaje hasta King's Cross fue muy tranquilo, comparado con el que habíamos hecho en el autobús noctámbulo. Los coches del Ministerio de Magia parecían bastante normales, aunque podían deslizarse por huecos que no podría haber traspasado el coche nuevo de la empresa de tío Vernon. La mayor parte del camino estuve apoyada sobre el hombro de George, cabeceando para no quedarme dormida. Llegamos a la estación con veinte minutos de adelanto; los conductores del Ministerio nos consiguieron carritos, descargaron los baúles, saludaron al señor Weasley y se alejaron.  El señor Weasley se mantuvo muy pegado a nosotros durante todo el camino de la estación.

-Bien, pues.-propuso mirándonos a todos.- Como somos muchos, vamos a entrar de dos en dos. Yo pasaré primero con Harry.-

El señor Weasley fue hacia la barrera que había entre los andenes nueve y diez, empujando el carrito de mi hermano y, según parecía, muy interesado por el Intercity  que acababa de entrar por la vía 9. Dirigiéndole a Harry una elocuente mirada, se apoyó contra la barrera como sin querer. Harry lo imitó y así desaparecieron.  Yo fui con Hermione. Ron con Percy. Ginny con la señora Weasley y por último, los gemelos juntos.

Como todos los años, el andén estaba repleto de magos, niños que se despedían de sus padres y de nuevos entusiastas que miraban con detenimiento el color escarlata del tren. Mientras esperábamos a que sean las once de la mañana, había logrado divisar la castaña melena de Cedric. Se encontraba junto a sus padres. Ellos sabían acerca de nosotros y lo habían tomado para bien. Él me contó que su  padre, Amos Diggory, moría por conocerme. Que considerado.

-Ahora vuelvo.-le comenté a Harry, él solo asintió. Rodé los ojos y me aleje.- ¿Ced?-llamé tironeando de su jersey marrón claro.

-¡Tab!-exclamó, con una gran sonrisa. Pude ver que estaba un tanto incomodo por la presencia de sus padres.- Ven, vayamos a otro lugar.-les dediqué una sonrisa a los señores Diggory y dejé que mi novio pasase sus brazos alrededor de mis hombros y me guiase a otra parte.- ¿Cómo has estado?-preguntó cuándo estábamos detrás de una viga.

-Bien, haber pasado las vacaciones en el Caldero Chorreante, me han sentado de maravillas.-el rió de costado, acariciando mi mejilla.

-Te dije que todo se iba a solucionar.-apoyé mi mano sobre la suya, recostando mi rostro sobre su palma.

-Gracias por siempre estar.-nos quedamos mirándonos fijamente durante unos segundos.

-Chicos, lamentó interrumpir.-volteamos y nos encontramos con Hermione.- Pero es hora.-Cedric, me tomó de la mano y juntos volvimos al bullicio. Al llegar, Ced, soltó mi mano y se despidió con una sonrisa para volver con sus padres. Los gemelos los vieron con mala ara y se encargaron de llevarme con los demás. La señora Weasley, me besó las mejillas unas siete veces, hasta dejarlas completamente rojas y caliente. El señor Weasley, en cambio fue un poco más sutil, estrechó su gran mano con la mía, acompañado de un "Buen año"

Cuando subimos Ginny se fue con sus amigas, mientras nosotros fuimos por el pasillo en busca de un compartimento vacío, pero todos estaban llenos salvo uno que se encontraba justo al final.

En éste sólo había un ocupante: un hombre que estaba sentado al lado de la ventana y profundamente dormido. Me detuve en la puerta y comencé a abrirla.

-En este estaremos mejor.- ellos tres entraron y yo cerré la puerta. Por lo que sabía en los tres años que había tomado el tren es que el Expreso de Hogwarts estaba reservado para estudiantes y nunca había visto a un adulto en él, salvo la bruja que llevaba el carrito de la comida.

El extraño llevaba una túnica de mago muy raída y remendada. Parecía enfermo y exhausto. Aunque joven, su pelo castaño claro estaba veteado de gris. Al lado de la ventana había una botella de no sé qué cosa. Acomodé mi equipaje de mano sobre la parte de arriba de los asientos. Mi mano rozó la del extraño, haciéndome levantar la vista rápidamente.

-R. J. Lupin.-susurré para mí misma. Ese nombre se me hacía demasiado familiar, demasiado, pero no sabía exactamente de donde se me hacía familiar.