"Los mellizos Potter" — capítulo 79
Capítulo 24
Un mago llamado Peter Pettigrew.
A Harry se le quedó la mente en blanco a causa de la impresión. Los tres se habían quedado paralizados bajo la capa invisible. Los últimos rayos del sol arrojaron una luz sanguinolenta sobre los terrenos, en los que las sombras se dibujaban muy alargadas. Detrás de ellos oyeron un aullido salvaje.
-Hagrid.-susurró Tabatha aferrándose más a su hermano. Harry, sin pensar en lo que hacía, fue a darse la vuelta, pero Ron y Hermione lo tuvieron por los brazos.
-No podemos.-dijo Ron, blanco como una pared.-Se verá en un problema más serio si se descubre que lo hemos ido a visitar...-Hermione respiraba floja e irregularmente.
-¿Cómo... han podido...?-jadeo, como si se ahogase.- ¿Cómo han podido?
-Vamos.-ordenó Ron, tiritando. Reemprendieron el camino hacia el castillo, andando muy despacio para no descubrirse. La luz se apagaba. Cuando llegaron a campo abierto, la oscuridad se cernía sobre ellos como un embrujo.-Scabbers, estate quieta.-susurró, llevándose la mano al pecho. La rata se retorcía como loca. Él se detuvo, obligando a Scabbers a que se metiera del todo en el bolsillo.- ¿Qué te ocurre, tonta? Quédate quieta... ¡Me ha mordido!
-¡Ron, cállate!-susurró Hermione.-Fudge se presentará aquí dentro de un minuto...-no hay manera. Scabbers estaba aterrorizada. Se retorcía con todas sus fuerzas, intentando soltarse de Ron.
-¿Qué le ocurre?-pero Harry acababa de ver a Crookshanks acercándose a ellos sigilosamente, arrastrándose y con los grandes ojos amarillos destellando pavorosamente en la oscuridad.
-¡Crookshanks!-gimió Hermione. - ¡No, vete, Crookshanks! ¡Vete!-Pero el gato se acercaba más...-
-Scabbers... ¡NO!-demasiado tarde...la rata escapó por entre los dedos de Ron, se echó al suelo y huyó a toda prisa. De un salto, Crookshanks se lanzó tras el roedor; y antes de que los mellizos y Hermione pudieran detenerlo, Ron se salió de la capa y se internó en la oscuridad.
-¡Ron!-gimieron ambas chicas.
Ellas y Harry se miraron para luego seguirle la carrera. Era imposible correr a toda velocidad debajo de la capa, así que se la quitaron y la llevaron al vuelo, ondeando como un estandarte mientras seguían a Ron. Oían delante de ellos el ruido de sus pasos y los gritos que dirigía a Crookshanks.
-Aléjate de él..., aléjate... Scabbers, ven aquí...-oyeron un golpe seco.- ¡Te atrape! Vete, gato asqueroso.-Harry y las chicas casi chocaron contra Ron. Estaba tendido en el suelo. Scabbers había vuelto a su bolsillo y él sujetaba con ambas manos el tembloroso bulto.
-Vamos, Ron, volvamos a cubrirnos.-dijo Hermione jadeando.-Dumbledore y el ministro saldrán dentro de un minuto.-
Pero antes de que pudieran volver a taparse, antes incluso de que pudieran recuperar el aliento, oyeron los pasos de unas patas gigantes. Algo se acercaba a ellos en la oscuridad: un enorme perro negro de ojos claros. Harry quiso tomar la varita, pero era ya demasiado tarde. El perro había dado un gran salto y sus patas delanteras le golpearon el pecho. Él cayó de espaldas, con un fardo de pelo. Sintió el cálido aliento del fardo, sus dientes de tres centímetros de longitud...pero el empujón lo había llevado demasiado lejos. Se apartó rodando. Aturdido, sintiendo como si le hubieran roto las costillas, trató de ponerse en pie; oyó rugir al animal, preparándose para un nuevo ataque. Ron se levantó. Cuando el perro volvió a saltar contra ellos, Ron empujó a Harry hacia un lado y el perro le mordió el brazo estirado. Harry embistió y agarró al animal por el pelo, pero éste arrastraba a Ron con tanta facilidad como si fuera un muñeco de trapo.
Entonces, algo surgido de no se sabía dónde golpeó a Harry tan fuerte en la cara que volvió a derribarlo. Oyó a Hermione chillar de dolor y caer también. Tabatha intentó ayudarlo, pero recibió un golpe en la espalda que le hizo soltar la varita. Soltando gruñidos de dolor, intentó recuperarla pero un nuevo golpe le raspó las manos. Esquivando a su oponente logró recuperar la varita.
-¡Lumos!-susurró. La luz iluminó un grueso árbol. Habían perseguido a Scabbers hasta el sauce boxeador; y sus ramas crujían como azotadas por un fortísimo viento y oscilaban de atrás adelante para impedir que se aproximaran. Al pie del árbol estaba el perro, arrastrando a Ron y metiéndolo por un hueco que había en las raíces. El pelirrojo luchaba denodadamente, pero su cabeza y su torso se estaban perdiendo de vista.
-¡Ron!-gritó Harry, intentando seguirlo, pero una gruesa rama le propinó un restallante y terrible trallazo que lo obligó a retroceder. Lo único que podían ver ya del chico era la pierna con la que se había enganchado en una rama para impedir que el perro lo arrastrase. Un horrible crujido cortó el aire como un pistoletazo. La pierna de Ron se había roto y el pie desapareció en aquel momento.
-Tenemos que pedir ayuda.-gritó Hermione. Ella también sangraba. El sauce le había hecho un corte en el hombro.
-¡No! ¡Este ser es lo bastante grande para comérselo! ¡No tenemos tiempo!
-No conseguiremos pasar sin ayuda.-murmuró Tabatha. Otra rama les lanzó otro latigazo, con las ramitas enroscadas como puños.
-Si ese perro ha podido entrar, nosotros también.-jadeó Harry, corriendo y zigzagueando, tratando de encontrar un camino a través de las ramas que daban trallazos al aire, pero era imposible acercarse un centímetro más sin ser golpeados por el árbol.
-¡Socorro, socorro!-comenzó a gritar Hermione, como una histérica, dando brincos sin moverse del sitio.- ¡Por favor...!-Crookshanks dio un salto al frente. Se deslizó como una serpiente por entre las ramas que azotaban el aire y se agarró con las zarpas a un nudo del tronco. De repente, como si el árbol se hubiera vuelto de piedra, dejó de moverse.- ¡Crookshanks!-chilló, dubitativa. Tomó a los mellizos por el brazo tan fuerte que les hizo daño.- ¿Cómo sabía...?
-Es amigo del perro.-dijo Harry con tristeza.- Los he visto juntos... Vamos. Tengan las varitas a punto.-
En unos segundos recorrieron la distancia que les separaba del tronco, pero antes de que llegaran al hueco que había entre las raíces, Crookshanks se metió por él agitando la cola de brocha. Los tres entraron a gatas, metiendo primero la cabeza, y se deslizaron por una rampa de tierra hasta la boca de un túnel de techo muy bajo. El gato estaba ya lejos de ellos y sus ojos brillaban a la luz de la varita de Harry.
-¿Dónde está Ron?-preguntó Hermione con voz aterrorizada.
-Por aquí.-indicó Harry, poniéndose en camino con la espalda arqueada, siguiendo a Crookshanks.
-¿Adónde irá este túnel?- habló Tabatha, sin aliento.
-No sé... Está señalado en el mapa del merodeador; pero Fred y George creían que nadie lo había utilizado nunca. Se sale del límite del mapa, pero daba la impresión de que iba a Hogsmeade...-avanzaban tan aprisa como podían, casi doblados por la cintura. Por momentos podían ver la cola de Crookshanks. El pasadizo no se acababa. Parecía tan largo como el que iba a Honeydukes. Lo único en que podía pensar Harry era en Ron y en lo que le podía estar haciendo el perro... Al correr agachados, les costaba trabajo respirar y les dolía... Y entonces el túnel empezó a elevarse, y luego a serpentear; y Crookshanks había desaparecido. En vez de ver al gato, Harry veía una tenue luz que penetraba por una pequeña abertura.
Se detuvieron jadeando, para tomar aire. Avanzaron con cautela hasta la abertura. Levantaron las varitas para ver lo que había al otro lado. Había una habitación, muy desordenada y llena de polvo. El papel se despegaba de las paredes. El suelo estaba lleno de manchas. Todos los muebles estaban rotos, como si alguien los hubiera destrozado. Las ventanas estaban todas cegadas con maderas. Harry miró a Hermione y luego a su hermana, ambas parecían muy asustadas, pero asintieron con la cabeza.
Harry salió por la abertura mirando a su alrededor. La habitación estaba desierta, pero a la derecha había una puerta abierta que daba a un vestíbulo en sombras. Hermione volvió a aferrarse del brazo de Harry. Miraba de un lado a otro con los ojos muy abiertos, observando las ventanas tapadas.
-Harry.-susurró Tabatha.- Creo que estamos en la Casa de los Gritos.-Harry miró a su alrededor. Posó la mirada en una silla de madera que estaba cerca de ellos. Le habían arrancado varios trozos y una pata.
-Eso no lo han hecho los fantasmas.-observó Hermione. En ese momento oyeron un crujido en lo alto. Algo se había movido en la parte de arriba. Tan en silencio como pudieron, entraron en el vestíbulo y subieron por la escalera, que se estaba desmoronando. Todo estaba cubierto por una gruesa capa de polvo, salvo el suelo, donde algo arrastrado escaleras arriba había dejado una estela ancha y brillante. Llegaron hasta el oscuro descansillo.
-Nox.-susurraron y se apagaron las luces de las varitas. Solamente había una puerta abierta. Al dirigirse despacio hacia ella, oyeron un movimiento al otro lado. Un suave gemido, y luego un ronroneo profundo y sonoro. Cambiaron una última mirada y un último asentimiento con la cabeza.
Sosteniendo la varita ante sí, Harry abrió la puerta de una patada. Crookshanks estaba acostado en una magnífica cama con dosel y colgaduras polvorientas. Ronroneó al verlos. En el suelo, a su lado, sujetándose la pierna que sobresalía en un ángulo anormal, estaba Ron. Los mellizos y Hermione se le acercaron rápidamente.
-¡Ron!, ¿te encuentras bien?-preguntaron las chicas.
-¿Dónde está el perro?-siguió Harry.
-No hay perro.-gimió. El dolor le hacía apretar los dientes.-Esto es una trampa...
-¿Qué...?-
-Él es el perro. Es un animago...-Ron miraba por encima del hombro de Harry. Los mellizos se dieron la vuelta. El hombre oculto en las sombras cerró la puerta tras ellos.
Una mata de pelo sucio y revuelto le caía hasta los codos. Si no le hubieran brillado los ojos en las cuencas profundas y oscuras, habría creído que se trataba de un cadáver. La piel de cera estaba tan estirada sobre los huesos de la cara que parecía una calavera. Una mueca dejaba al descubierto sus dientes amarillos. Era Sirius Black.
-¡Expelliarmus!-exclamó, dirigiendo hacia ellos con la varita de Ron. Las varitas que empuñaban saltaron de sus manos, y Black las recogió. Dio un paso hacia ellos, con los ojos fijos en los chicos Potter.-Pensé que vendrían a ayudar a su amigo.-dijo con voz ronca. Su voz sonaba como si no la hubiera empleado en mucho tiempo.-Su padre habría hecho lo mismo por mí. Han sido muy valientes por no salir corriendo en busca de un profesor. Muchas gracias. Esto lo hará todo mucho más fácil...
Harry oyó la burla sobre su padre como si Black la hubiera proferido a voces. Notó la quemazón del odio, que no dejaba lugar al miedo. Por primera vez en su vida habría querido volver a tener en su mano la varita, no para defenderse, sino para atacar... para matar. Sin saber lo que hacía, se adelanté, pero algo se movió a sus costados, y dos pares de manos lo sujetaron y lo hicieron retroceder.
-¡No, Harry!-exclamó Hermione, petrificada. Ron, sin embargo, se dirigió a Black.
-Si quiere matarlos, tendrá que matarnos también a nosotros.-dijo con fiereza, aunque el esfuerzo que había hecho para levantarse lo había dejado aún más pálido, y oscilaba al hablar. Algo titiló en los ojos sombríos de Black.
-Échate.-le dijo a Ron en voz baja.- O será peor para tu pierna.
-¿Me ha oído?-gruñó Ron débilmente, apoyándose en Harry para mantenerse en pie.-Tendrá que matarnos a los cuatro.-
-Sólo habrá un asesinato esta noche.-respondió Black, acentuando la mueca.
-¿Por qué?-se animó a preguntar Tabatha, saliendo por detrás de los otros tres.-No le importó la última vez, ¿a qué no? No le importó matar a todos aquellos Muggles al mismo tiempo que a Pettigrew... ¿Qué ocurre, se ha ablandado usted en Azkaban?-
-¡Tabatha!-sollozó Hermione.- ¡Cállate!
-¡ÉL MATÓ A MIS PADRES, HERMIONE!-gritó con voz quebrada.- ¡ES POR SU CULPA QUE NO LOS CONOCEMOS!-Harry haciendo un último esfuerzo se liberó de Ron y de Hermione, y se lanzó. Había olvidado la magia. Había olvidado que era bajito y poca cosa y que tenía trece años, mientras que Black era un hombre adulto y alto. Lo único que sabía era que quería hacerle todo el daño posible, y que no le importaba el que recibiera a cambio. Tal vez fuera por la impresión que le produjo ver a Harry cometiendo aquella necedad, pero Black no levantó a tiempo las varitas. El azabache sujetó por la muñeca la mano libre de Black, desviando la orientación de las varitas. Tras propinarle un puñetazo en el pómulo, los dos cayeron hacia atrás, contra la pared.
Hermione, Ron y Tabatha gritaron. Vieron un resplandor cegador cuando las varitas que Black tenía en la mano lanzaron un chorro de chispas que por unos centímetros no dieron a Harry en la cara. El chico sintió retorcerse bajo sus dedos el brazo de Black, pero no lo soltó y golpeó con la otra mano. Pero Black aferró con su mano libre el cuello de Harry.
-No.-susurró.-He esperado demasiado tiempo.-apretó los dedos. Harry se ahogaba. Las gafas se le habían caído hacia un lado. Entonces vio el pie de Hermione, salido de no se sabía dónde. Black soltó a Harry profiriendo un alarido de dolor. Ron se arrojó sobre la mano con que Black sujetaba la varita y Harry oyó un débil tintineo. Se soltó del nudo de cuerpos y vio su propia varita en el suelo. Se tiró hacia ella, pero...
-¡Ah!-Crookshanks se había unido a la lucha, clavándole las zarpas delanteras en el brazo. Harry se lo sacudió de encima, pero el gato se dirigió como una flecha hacia la varita de Harry.
-¡NO!-exclamó y propinó a Crookshanks un puntapié que lo tiró a un lado bufando. Harry recogió la varita y se dio la vuelta.
-¡Apártense!-les gritó la pelirroja a Ron y a Hermione. No necesitaron oírla dos veces. Hermione, sin aliento y con sangre en el labio, se hizo a un lado, recogiendo su varita y la de Ron. Él se arrastró hasta la cama y se derrumbó sobre ella, jadeando y con la cara ya casi verde, asiéndose la pierna rota con las manos. Black yacía de cualquier manera junto a la pared. Su estrecho tórax subía y bajaba con rapidez mientras veía a los mellizos aproximarse muy despacio, apuntándole directamente al corazón con la varita.
-¿Van a matarme, chicos?-preguntó. Harry se paró delante de él, sin dejar de apuntarle con la varita, y bajando la vista para observarle la cara. El ojo izquierdo se le estaba hinchando y le sangraba la nariz.
-Usted mató a nuestros padres.-habló Harry con voz algo temblorosa, pero con la mano firme. Black lo miró fijamente con aquellos ojos hundidos.
-No lo niego.-dijo en voz baja.- Pero si supieran toda la historia...
-¿Toda la historia?-repitió Tabatha, con un furioso martilleo en los oídos.-Los entregó a Voldemort, eso es todo lo que necesitamos saber.-
-Tienen que escucharme.-pidió Black con un deje de apremio en la voz.-Lo lamentarán si no...Si no comprenden...
-Comprendemos más de lo que cree.-dijo Harry con la voz cada vez más temblorosa.- Usted no la ha oído nunca, ¿verdad? A nuestra madre, impidiendo que Voldemort nos matara... Y usted lo hizo. Lo hizo...-antes de que nadie pudiera decir nada más, algo canela pasó por delante de Harry como un rayo. Crookshanks saltó sobre el pecho de Black y se quedó allí, sobre su corazón. Black cerró los ojos y los volvió a abrir mirando al gato.
-Vete.-le ordenó, tratando de quitarse de encima al animal. Pero Crookshanks le hundió las garras en la túnica. Volvió a los mellizos su cara fea y aplastada, y los miró con sus grandes ojos amarillos. Hermione, que estaba a su derecha, lanzó un sollozo. Harry miró a Black y a Crookshanks, sujetando la varita aún con más fuerza.
Harry levantó la varita. Había llegado el momento de vengar a sus padres. Iba a matar a Black. Tenía que matarlo. Era su oportunidad...
-No.-la mano de su hermana, lo obligó a bajar la varita.
-¿De qué estás hablando?-le espetó.
-Piensa, apenas podemos defendernos de un Dementor, ¿Qué te asegura que un hechizo saldrá de su boca y te ayudará a derribar a un persona, Harry?-explicó.- Es mejor llevarlo al castillo y si tenemos que dar explicaciones, las daremos.
-¿Pero qué hay de nuestros padres?-inquirió el azabache.
-Ellos no hubieran querido que nos convirtiésemos en asesinos, no como él.-pasaron unos segundos y Harry seguía inmóvil, con la varita de nuevo en alto. Black miraba a Tabatha fijamente, con Crookshanks sobre el pecho. En la cama en la que estaba tendido Ron se oía una respiración jadeante. Hermione permanecía en silencio. Y entonces oyeron algo que no habían oído hasta entonces. Unos pasos amortiguados. Alguien caminaba por el piso inferior.
-¡ESTAMOS AQUÍ ARRIBA!-gritó Hermione de pronto.- ¡ESTAMOS AQUÍ ARRIBA! ¡SIRIUS BLACK! ¡DENSE PRISA!-Black sufrió tal sobresalto que Crookshanks estuvo a punto de caerse. Harry apretó la varita con una fuerza irracional. Los pasos que subían las escaleras se oían cada vez más fuertes, y Harry seguía sin moverse.
La puerta de la habitación se abrió de golpe entre una lluvia de chispas rojas y Harry se volvió cuando el profesor Lupin entró en la habitación como un rayo. El profesor Lupin tenía la cara exangüe, y la varita levantada y dispuesta. Miró a Ron, que yacía en la cama; a Hermione, encogida de miedo junto a la puerta; a Harry, que no dejaba de apuntar a Black con la varita; y al mismo Black.
-¡Expelliarmus!-gritó Lupin. La varita de los mellizos salió volando de sus manos. También lo hicieron las dos que sujetaba Hermione. Lupin las tomó hábilmente y luego penetró en la habitación, mirando a Black, que todavía tenía a Crookshanks protectoramente encaramado en el pecho. Harry se sintió de pronto como vacío. No lo había matado. Le había faltado valor. Black volvería a manos de los Dementores.- ¿Dónde está, Sirius?-Tabatha miró a Lupin. No comprendía qué quería decir. ¿De quién hablaba? Se volvió para mirar de nuevo a Black, cuyo rostro carecía completamente de expresión. Durante unos segundos no se movió. Luego, muy despacio, levantó la mano y señaló a Ron. Desconcertado, los mellizos se volvieron hacia el sorprendido pelirrojo.-Pero entonces...-murmuró Lupin, mirando tan intensamente a Black que parecía leer sus pensamientos.- ¿Por qué no se ha manifestado antes? A menos que...-de repente, los ojos de Lupin se dilataron como si viera algo más allá de Black, algo que no podía ver ninguno de los presentes-... a menos que fuera él quien... a menos que te transmutaras... sin decírmelo...-muy despacio, sin apartar los hundidos ojos de Lupin, Black asintió con la cabeza.
-Profesor Lupin, ¿qué pasa?-interrumpió Harry en voz alta.- ¿Qué...?-pero no terminó la pregunta, porque lo que vio lo dejó mudo. Lupin bajaba la varita. Un instante después, se acercó a Black, le tomó la mano, tiró de él para incorporarlo y para que Crookshanks cayese al suelo, y abrazó a Black como a un hermano.
-¡NO LO PUEDO CREER!-gritó Tabatha. Lupin soltó a Black y se volvió hacia ella. La pelirroja tenía los ojos puesto en el profesor y lo miraba con odio.-Usted... usted...-
-Tabatha...-
-¡... usted y él!
-Tranquilízate, por favor.-
-¡No se lo dije a nadie!-gritó, de pronto, Hermione.- ¡Lo he estado encubriendo!
-¡Hermione, escúchame, por favor!-exclamó Lupin.-Puedo explicarlo...-Harry temblaba, no de miedo, sino de una ira renovada.
-Yo confié en usted.-volvió a grita la pelirroja, con la voz aún más quebrada.-Y en realidad era amigo de él.-
-Están en un error.-explicó Lupin.-No he sido amigo suyo durante estos doce años, pero ahora sí... déjenme que se lo explique...
-¡NO!-interrumpió Hermione.-No se fíen de él.-les advirtió a los mellizos.- Ha ayudado a Black a entrar en el castillo. También él quiere matarlos. ¡Es un hombre lobo!-se hizo un vibrante silencio. Todos miraban a Lupin, que parecía tranquilo, aunque estaba muy pálido.
-¿Qué?-preguntó Tabatha, desconcertada.
-Estás acertando mucho menos que de costumbre, Hermione.-dijo Lupin.- Me temo que sólo una de tres. No es verdad que haya ayudado a Sirius a entrar en el castillo, y te aseguro que no quiero matarlos...-se estremeció visiblemente y le dirigió una mirada a la pelirroja.- Pero no negaré que soy un hombre lobo.-Ron hizo un esfuerzo por volver a levantarse, pero se cayó con un gemido de dolor. Lupin se le acercó preocupado.
-¡Aléjate de mí, licántropo!-Lupin se paró en seco.
-¡Ron!-le espetó Tabatha, mirándolo con malos ojos.
-¿Cuánto hace que lo sabes?-le preguntó Lupin a Hermione.
-Siglos.-contestó.-Desde que hice el trabajo para el profesor Snape.
-Estará encantado.-dijo Lupin con poco entusiasmo.-Les puso ese trabajo para que alguno de ustedes se percatara de mis síntomas. ¿Comprobaste el mapa lunar y te diste cuenta de que yo siempre estaba enfermo en luna llena? ¿Te diste cuenta de que el Boggart se transformaba en luna al verme?
-Las dos cosas.-respondió Hermione en voz baja. Lupin lanzó una risa forzada.
-Nunca he conocido una bruja de tu edad tan inteligente, Hermione.-la pelirroja soltó un bufido y miró hacia otro lado. Lupin suspiró.- No, no me estoy olvidando de que tú también eres inteligente, Tabatha.-
-No soy tan inteligente.-susurró Hermione.- ¡Si lo fuera, le habría dicho a todo el mundo lo que es usted!
-Ya lo saben.-dijo Lupin.-Al menos, el personal docente lo sabe.-
-¿Dumbledore lo contrató sabiendo que era usted un licántropo?-preguntó Ron con voz ahogada.- ¿Está loco?-
-¡Ron!-lo regañó Tabatha.
-No hace falta que me defiendas.-intervino Lupin.- Hay profesores que opinan que sí.-admitió.- Le costó convencer a ciertos profesores de que yo era de fiar.-
-¡Y ESTABA EN UN ERROR!-gritó Harry.- ¡HA ESTADO AYUDÁNDOLO TODO ESTE TIEMPO!-señaló a Black, que se había dirigido hacia la cama y se había echado encima, ocultando el rostro con mano temblorosa. Crookshanks saltó a su lado y se subió en sus rodillas ronroneando. Ron se alejó, arrastrando la pierna.
-No he ayudado a Sirius.-repitió el profesor.- Si me dejan, se los explicaré. Miren... -separó las varitas de los mellizos, Ron y Hermione y las lanzó hacia sus respectivos dueños. Los cuatro las atraparon mientras se miraban asombrados.- Ya ven.-prosiguió, guardándose su propia varita en el cinto.-Ahora ustedes están armados y nosotros no. ¿Quieren escucharme?-
-Si no lo ha estado ayudando.-habló Harry, mirando furiosamente a Black.- ¿Cómo sabía que se encontraba aquí?
-Por el mapa.-explicó.- Por el mapa del merodeador. Estaba en mi despacho examinándolo...-
-¿Sabe utilizarlo?- preguntó Tabatha con suspicacia.
-Por supuesto.-contestó Lupin, haciendo con la mano un ademán de impaciencia.-Yo colaboré en su elaboración. Yo soy Lunático... Es el apodo que me pusieron mis amigos en el colegio.-
-Madre mía…-murmuró la pelirroja.- ¿Usted hizo...?-
-Lo importante es que esta tarde lo estaba examinando porque tenía la idea de que ustedes, Ron y Hermione intentaríais salir furtivamente del castillo para visitar a Hagrid antes de que su hipogrifo fuera ejecutado. Y estaba en lo cierto, ¿a que sí?-comenzó a pasear sin dejar de mirarlos, levantando el polvo con los pies.-Supuse que se cubrirían con la vieja capa de tu padre, chicos.-
-¿Cómo sabe lo de la capa?-preguntó Harry.
-¡La de veces que vi a James desaparecer bajo ella!-dijo Lupin, repitiendo el ademán de impaciencia.- Que lleven una capa invisible no les impide aparecer en el mapa del Merodeador. Los vi cruzar los terrenos del colegio y entrar en la cabaña de Hagrid. Veinte minutos más tarde dejar a Hagrid y volvieron hacia el castillo. Pero en aquella ocasión os acompañaba alguien.-
-¿Qué dice?-interrumpió Harry.-Nada de eso. No nos acompañaba nadie.
-No podía creer lo que veía.-prosiguió Lupin, todavía paseando, sin escucharlo.-Creía que el mapa estaría estropeado. ¿Cómo podía estar con ustedes?
-¡No había nadie con nosotros!-exclamó el azabache.
-Y entonces vi otro punto que se les acercaba rápidamente, con la inscripción Sirius Black. Vi que chocaba con ustedes, vi que arrastraba a dos de ustedes hasta el interior del sauce boxeador.
-¡A uno de nosotros!-recalcó Ron enfadado.
-No, no.-dijo Lupin.- A dos.-Dejó de pasearse y miró a Ron.- ¿Me dejas echarle un vistazo a la rata?-pidió con amabilidad.
-¿Qué?-preguntó el pelirrojo.- ¿Qué tiene que ver Scabbers en todo esto?
-Todo.-respondió Lupin.- ¿Podría echarle un vistazo, por favor?-Ron dudó. Metió la mano en la túnica. Scabbers salió agitándose como loca. Él tuvo que agarrarla por la larga cola sin pelo para impedirle escapar. Crookshanks, todavía en las rodillas de Black, se levantó y dio un suave bufido. Lupin se acercó más a Ron. Contuvo el aliento mientras examinaba detenidamente a Scabbers.
-¿Qué?-volvió a preguntar Ron, con cara de asustado y manteniendo a Scabbers junto a él.- ¿Qué tiene que ver la rata en todo esto?
-No es una rata.-graznó de repente Sirius Black.
-¿Qué quiere decir? ¡Claro que es una rata!
-No lo es.-dijo Lupin en voz baja.-Es un mago.
-Un animago.-aclaró Black.-Llamado Peter Pettigrew.-