"Los mellizos Potter" — capítulo 78
Capítulo 23
Buckbeak
Comenzó la semana de exámenes y el castillo se sumió en un inusitado silencio. Los alumnos de tercero salieron del examen de Transformaciones el lunes a la hora de la comida, agotados y lívidos, comparando lo que habían hecho y quejándose de la dificultad de los ejercicios, consistentes en transformar una tetera en tortuga. Hermione irritó a todos porque juraba que su tortuga era mucho más galápago, cosa que a los demás les traía sin cuidado.
Después de una comida apresurada, la clase volvió a subir para el examen de Encantamientos. Hermione había tenido razón: el profesor Flitwick puso en el examen los encantamientos estimulantes. Harry, por los nervios, exageró un poco el suyo, y Ron, que era su pareja en el ejercicio, se echó a reír como un histérico. Tuvieron que llevárselo a un aula vacía y dejarlo allí una hora, hasta que estuvo en condiciones de llevar a cabo el encantamiento. Después de cenar; los alumnos se fueron inmediatamente a sus respectivas salas comunes, pero no a relajarse, sino a repasar Cuidado de Criaturas Mágicas, Pociones y Astronomía.
Hagrid presidió el examen de Cuidado de Criaturas Mágicas, que se celebró la mañana siguiente, con un aire ciertamente preocupado. Parecía tener la cabeza en otra parte. Había llevado un gran cubo de gusarajos al aula, y les dijo que para aprobar tenían que conservar el gusarajo vivo durante una hora. Como los gusarajos vivían mejor si se los dejaba en paz, resultó el examen más sencillo que habían tenido nunca, y además concedió a Harry, a Tabatha, a Ron y a Hermione muchas oportunidades de hablar con Hagrid.
-Buckbeak está algo deprimido.-les dijo Hagrid inclinándose un poco, haciendo como que comprobaba que el gusarajo de Harry seguía vivo.-Ha estado encerrado demasiado tiempo. Pero... en cualquier caso, pasado mañana lo sabremos.
Aquella tarde tuvieron el examen de Pociones: un absoluto desastre. Por más que lo intentó, Harry no consiguió que espesara su receta para confundir, y Snape, vigilándolo con aire de vengativo placer, garabateó en el espacio de la nota, antes de alejarse, algo que parecía un cero.
A media noche, arriba, en la torre más alta, tuvieron el de Astronomía; el miércoles por la mañana el de Historia de la Magia, en el que los mellizos escribió todo lo que Florean Fortescue le había contado acerca de la persecución de las brujas en la Edad Media, y hubiera dado cualquier cosa por poderse tomar además en aquella aula sofocante uno de sus helados de nueces y chocolate. El miércoles por la tarde tenían el examen de Herbología, en los invernaderos, bajo un sol abrasador. Luego volvieron a la sala común, con la nuca quemada por el sol y deseosos de encontrarse al día siguiente a aquella misma hora, cuando todo hubiera finalizado.
El penúltimo examen, la mañana del jueves, fue el de Defensa Contra las Artes Oscuras. El profesor Lupin había preparado el examen más raro que habían tenido hasta la fecha. Una especie de carrera de obstáculos fuera, al sol, en la que tenían que vadear un profundo estanque de juegos que contenía un Grindylow; atravesar una serie de agujeros llenos de gorros rojos; chapotear por entre ciénagas sin prestar oídos a las engañosas indicaciones de un Hinkypunk; y meterse dentro del tronco de un árbol para enfrentarse con otro Boggart.
-Estupendo, Harry.-susurró Lupin, cuando el joven bajó sonriente del tronco.- Nota máxima.-cuando llegó el turno de Tabatha, no hubo complicación alguna, hasta la parte del Boggart. La pelirroja cerró los ojos y trató de imaginarse el momento más feliz de su vida mientras que la figura de su madre hacia acto de presencia. Con la mano temblorosa, logró alzar la varita y pronunciar Expecto Patronus. De la punta salió un hilo plateado que fue adquiriendo una forma que irradia gracia; en medio de la oscuridad que otorgaba el tronco, la silueta de una cierva iluminó hasta el último rincón e hizo desaparecer los gritos de súplica de Lily Evans.- ¡Excelente! ¡Bravo, Tabatha, bravo!-exclamó el profesor Lupin al inicio del tronco.- También nota máxima.- la pelirroja, con un poco más de alivio encima, se quedó a mirar a sus compañeros. Ron lo hizo muy bien hasta llegar al Hinkypunk, que logró confundirlo y que se hundiese en la ciénaga hasta la cintura. Hermione lo hizo perfectamente hasta llegar al árbol del Boggart. Después de pasar un minuto dentro del tronco, salió gritando. -¡Hermione!-dijo Lupin sobresaltado.- ¿Qué ocurre?
-La pro... profesora McGonagall-respondió la chica con voz entrecortada, señalando al interior del tronco.- Me... ¡me ha dicho que me han desaprobado en todo!
Costó un rato tranquilizarla. Cuando por fin se recuperó, ella, los mellizos y Ron volvieron al castillo. Ron seguía riéndose del Boggart de Hermione, pero cuando estaban a punto de reñir, vieron algo al final de las escaleras. Cornelius Fudge, sudando bajo su capa de rayas, contemplaba desde arriba los terrenos del colegio. Se sobresaltó al ver a Harry.
-¡Hola, Harry! ¡Tabatha!-saludó.- ¿Vienen de un examen? ¿Les falta poco para acabar?
-Sí.-dijo el azabache. Hermione y Ron, como no tenían trato con el ministro de Magia, se quedaron un poco apartados.
-Estupendo día.-comentó Fudge, contemplando el lago.-Es una pena..., es una pena...-suspiró ampliamente y miró a los mellizos.- Me trae un asunto desagradable, chicos, La Comisión para las Criaturas Peligrosas solicitó que un testigo presenciase la ejecución de un hipogrifo furioso. Como tenía que visitar Hogwarts por lo de Black, me pidieron que entrara.
-¿Significa eso que la revisión del caso ya ha tenido lugar?-interrumpió Ron, dando un paso adelante.
-No, no. Está fijada para la tarde.-respondió el ministro, mirándolo con curiosidad.
-¡Entonces quizá no tenga que presenciar ninguna ejecución!-exclamó Ron resueltamente.- ¡El hipogrifo podría ser absuelto!-
Antes de que Fudge pudiera responder; dos magos entraron por las puertas del castillo que había a su espalda. Uno era tan anciano que parecía descomponerse ante sus ojos; el otro era alto y fornido, y tenía un fino bigote de color negro. Harry entendió que eran representantes de la Comisión para las Criaturas Peligrosas, porque el anciano miró de soslayo hacia la cabaña de Hagrid.
-Santo Dios, me estoy haciendo viejo para esto. A las dos en punto, ¿no, Fudge?-el hombre del bigote negro toqueteaba algo que llevaba al cinto; Harry advirtió que pasaba el ancho pulgar por el filo de un hacha. Ron abrió la boca para decir algo, pero Hermione le dio con el codo en las costillas y señaló el vestíbulo con la cabeza.
-¿Por qué no me has dejado?-dijo enfadado Ron, entrando en el Gran Comedor para almorzar.- ¿Los has visto? ¡Hasta llevan un hacha! ¡Eso no es justicia!
-Ron, tu padre trabaja en el Ministerio. No puedes ir diciéndole esas cosas a su jefe.-le recordó la pelirroja.- Si Hagrid conserva esta vez la cabeza y argumenta adecuadamente su defensa, es posible que no ejecuten a Buckbeak...-
A su alrededor, todos hablaban animados, saboreando por adelantado el final de los exámenes, que tendría lugar aquella tarde, pero los mellizos; Ron y Hermione, preocupados por Hagrid y Buckbeak, permanecieron al margen.
El último examen de Harry y Ron era de Adivinación. Tabatha había decidido darle una última oportunidad a la materia con la promesa de que si salía otra predicción de su muerte, se iría definitivamente El último de Hermione, Estudios Muggles. Subieron juntos la escalera de mármol pero la castaña los dejó en el primer piso, y los mellizos y Ron continuaron hasta el séptimo, donde muchos de su clase estaban sentados en la escalera de caracol que conducía al aula de la profesora Trelawney, repasando en el último minuto.
-Nos va a examinar por separado.-les informó Neville, cuando se sentaron a su lado. Tenía Disipar las nieblas del futuro abierto sobre los muslos, por las páginas dedicadas a la bola de cristal.- ¿Alguno ha visto algo alguna vez en la bola de cristal?-preguntó desanimado.
-No, no.-dijo Ron. Miraba el reloj de vez en cuando. Harry se dio cuenta de que calculaba lo que faltaba para el comienzo de la revisión del caso de Buckbeak.
La cola de personas que había fuera del aula se reducía muy despacio. Cada vez que bajaba alguien por la plateada escalera de mano, los demás le preguntaban entre susurros que clase de preguntas les había hecho y que es lo que debían hacer.
-¡Me ha dicho que, según la bola de cristal, sufriré un accidente horrible si revelo algo!-chilló Neville, bajando la escalera hacia ellos.
-Es muy lista.-refunfuñó Ron.-Empiezo a pensar que tú y Hermione tenían razón.-dijo señalando la trampilla con el dedo.-Es una impostora.
-Sí.-murmuró Harry, mirando su reloj. Eran las dos.- Ojalá se dé prisa.-Parvati bajó la escalera rebosante de orgullo.
-Me ha dicho que tengo todas las características de una verdadera vidente.-les explicó, ampliando cada vez más su sonrisa.- He visto muchísimas cosas... Bueno, que les vaya bien.-bajó aprisa por la escalera de caracol, hasta llegar junto a Lavender.
-Ronald Weasley.-anunció desde arriba la voz conocida y susurrante. Ron hizo un guiño a sus amigos y subió por la escalera de plata.
Los mellizos eran los únicos que quedaba por examinarse. Ambos sentaron en el suelo, con la espalda contra la pared, escuchando una mosca que zumbaba en la ventana soleada.
-¿Cómo te fue con el Boggart?-preguntó el azabache.- Me tenías preocupado. Tardaste mucho.-
-Sí, lo sé.-respondió la pelirroja, haciendo una mueca.- Pensé que sería como la primera vez; pensé que me quedaría inmovilizada o algo así, pero fue más fácil de lo que pensaba.-Tabatha intentó sonreír, pero solo logró hacer otra mueca.
Por fin, después de unos veinte minutos, los pies grandes de Ron volvieron a aparecer en la escalera.
-¿Qué tal?-le preguntaron, levantándose.
-Una porquería.-gruñó.- No conseguía ver nada, así que me inventé algunas cosas. Pero no creo que la haya convencido...
-Nos veremos en la sala común.-musitó Harry cuando la figura de la profesora Trelawney apareció.
-¿Solo quedan ustedes dos?-les preguntó con su mística voz soñadora. Los mellizos asintieron.- Por ser ustedes, haré una excepción.-ambos hermanos se miraron.- Los evaluaré a ambos. He oído que los hermanos que nacen juntos, tienden a hacer mejor las cosas.-empujó a ambos hacia el interior y luego se sentó detrás de su pequeña mesa de madera.- Evaluaré a…-se tomó unos segundos para mirarlos ambos y luego señaló a Harry con el dedo.-Si tuvieras la amabilidad de mirar la bola... Tómate tu tiempo, y luego dime lo que ves dentro de ella...-él se inclinó sobre la bola de cristal y miró concentrándose con todas sus fuerzas, buscando algo más que la niebla blanca que se arremolinaba dentro, pero sin encontrarlo. -¿Y bien?-le preguntó con delicadeza.- ¿Qué ves?
El calor y el humo aromático que salía del fuego que había a su lado resultaban asfixiantes. Pensó en lo que Ron le había dicho y decidió fingir.
-Eh...-balbuceo Harry.-Una forma oscura...
-¿A qué se parece?-susurró la profesora Trelawney.-Piensa...-la mente de Harry echó a volar y aterrizó en Buckbeak.
-Un hipogrifo.-respondió con firmeza.
-¿De verdad?-volvió a susurra la profesora, escribiendo deprisa y con entusiasmo en el pergamino que tenía en las rodillas.- Muchacho, bien podrías estar contemplando la solución del problema de Hagrid con el Ministerio de Magia. Mira más detenidamente... El hipogrifo ¿tiene cabeza?
-Sí.-dijo Harry con seguridad.
-¿Estás seguro?-insistió la profesora Trelawney.- ¿Totalmente seguro, Harry? ¿No lo ves tal vez retorciéndose en el suelo y con la oscura imagen de un hombre con un hacha detrás?-Tabatha se estremeció y apretó los costados de su túnica.
-No.-dijo Harry, comenzando a sentir náuseas.
-¿No hay sangre? ¿No está Hagrid llorando?
-¡No!-exclamó el azabache, con crecientes deseos de abandonar la sala y aquel calor.-Parece que está bien. Está volando...- Trelawney suspiró.
-Bien, querido. Me parece que lo dejaremos aquí... Un poco decepcionante, pero estoy segura de que has hecho todo lo que has podido.-aliviado, Harry se levantó, tomó la mochila y se dio la vuelta para salir.-Muy bien, Tabatha, tu turno.- la pelirroja ocupó el lugar de su hermano; frunció el ceño e intentó concentrarse.- Me sorprende que hayas vuelto.-susurró la profesora.- Tu eres una buena alumna, Tabita, sabía que volvería; lo presentía.-la pelirroja rodó los ojos y siguió mirando la bola.- ¿Qué es lo que ves, querida?-
-Veo…-hizo una pausa y luego se hecho un poco hacia atrás… en efecto, había algo.
-¿Qué ocurre?-preguntó la profesora, adelantándose un poco hacia adelante.- ¿Qué ves?-
-Hay… tres figuras, no, no…son cuatro.-respondió.- Hay algo…pequeño que corretea, dos de las figuras son iguales y parecen perros.- la mujer soltó un silbido que parecía más un chillido.
-¡Dos Grimm!- exclamó, anotando todo rápidamente.- Sigue, sigue.-
-La cuarta figura está parada en dos piernas y…y.-la imagen se esfumó y todo cambió.- Hay… ¿un cementerio?-
-¡Genial!-chilló Trelawney.- ¡Nota máxima! ¡Sin duda eres una excelente vidente!-la pelirroja no creía lo mismo.-Este, sin duda, fue el mejor resultado que he visto en toda mi vida.-el pecho de la profesora subía y bajaba.- Puedes irte.-Tabatha se apresuró a tomar sus cosas e irse, pero la melodiosa voz de su profesora, cambió.- Sucederá esta noche.-ella dio media vuelta. Trelawney estaba rígida en su sillón. Tenía la vista perdida y la boca abierta.
-¿Cómo dice?-preguntó, retrocediendo un paso nada más. Pero la profesora Trelawney no parecía oírle. Sus pupilas comenzaron a moverse. La profesora parecía a punto de sufrir un ataque. Tabatha no sabía si salir corriendo hacia la enfermería o que hacer.
-El Señor de las Tinieblas está solo y sin amigos, abandonado por sus seguidores. Su vasallo ha estado encadenado doce años. Hoy, antes de la medianoche, el vasallo se liberará e irá a reunirse con su amo. El Señor de las Tinieblas se alzará de nuevo, con la ayuda de su vasallo, más grande y más terrible que nunca. Hoy... antes de la medianoche... el vasallo... irá... a reunirse... con su amo... -su cabeza cayó hacia delante, sobre el pecho. La profesora Trelawney emitió un gruñido. Luego, repentinamente, volvió a levantar la cabeza. -Lo siento mucho, cariño.-añadió con voz soñolienta.-El calor del día, ¿sabes...? Me he quedado traspuesta.-Tabatha estaba perpleja mirándola.- ¿Pasa algo?
-Usted... acaba de decirme que... el Señor de las Tinieblas volverá a alzarse, que su vasallo va a regresar con él...-la mujer se sobresaltó.
-¿El Señor de las Tinieblas?-repitió.- ¿El que no debe nombrarse? Querido niña, no se puede bromear con ese tema... Alzarse de nuevo, Dios mío...
-¡Pero usted acaba de decirlo! Usted ha dicho que el Señor de las Tinieblas...-
-Creo que tú también te has quedado dormida.-repuso la profesora Trelawney.-Desde luego, nunca predeciría algo así.-Tabatha se dio media vuelta y salió corriendo de la torre. Cinco minutos más tarde pasaba aprisa por entre los troles de seguridad que estaban a la puerta de la torre de Gryffindor. Las palabras de la profesora Trelawney resonaban aún en su cabeza. Se cruzó con muchos que caminaban a zancadas, riendo y bromeando, dirigiéndose hacia los terrenos del colegio y hacia una libertad largamente deseada. Cuando llegó al retrato y entró en la sala común, estaba casi desierta. En un rincón, sin embargo, estaban sentados Harry, Ron y Hermione.
-La profesora Trelawney me acaba de decir...-intentó decir, pero se detuvo al fijarse en sus caras.
-Buckbeak ha perdido.-musitó Ron.- Hagrid acaba de enviar esto.-él le pasó un trozo de pergamino. La nota de estaba seca esta vez: no había lágrimas en ella. Pero su mano parecía haber temblado tanto al escribirla que apenas resultaba legible.
Apelación perdida. La ejecución será a la puesta del sol. No se puede hacer nada. No vengan. No quiero que lo vean.
Hagrid
-Tenemos que ir.-dijo Harry de inmediato.- ¡No puede estar allí solo, esperando al verdugo!
-Pero es a la puesta del sol.-habló la pelirroja, mirando por la ventana con los ojos empañados.- No nos dejarán salir, y menos a nosotros, Harry...-el azabache se tapó la cabeza con las manos, pensando.
-Si al menos tuviéramos la capa invisible...-
-¿Dónde está?-dijo Hermione. Harry le explicó que la había dejado en el pasadizo, debajo de la estatua de la bruja tuerta.
-... Si Snape me vuelve a ver por allí, me veré en un serio aprieto.-concluyó.
-Eso es verdad.-dijo Hermione, poniéndose en pie.-Si te ve... ¿Cómo se abre la joroba de la bruja?
Se le dan unos golpecitos y se dice*¡Dissendio!*-explicó la pelirroja.-Pero...-Hermione no aguardó a que terminara la frase; atravesó la sala con decisión, abrió el retrato y se perdió de vista.
-¿Habrá ido a tomarla?-preguntó Ron, mirando el punto por donde había desaparecido la muchacha. A eso había ido. Hermione regresó al cuarto de hora, con la capa plateada cuidadosamente doblada y escondida bajo la túnica.- ¡Hermione, no sé qué te pasa últimamente!-exclamó, sorprendido.- Primero le pegas a Malfoy, luego te vas de la clase de la profesora Trelawney...-Hermione se sintió halagada.
• • •
Bajaron a cenar con los demás, pero no regresaron luego a la torre de Gryffindor. Harry llevaba escondida la capa en la parte delantera de la túnica. Tenía que llevar los brazos cruzados para que no se viera el bulto. Esperaron en una habitación contigua al vestíbulo hasta asegurarse de que éste estuviese completamente vacío. Oyeron a los dos últimos que pasaban aprisa y cerraban dando un portazo. Hermione asomó la cabeza por la puerta y luego la volvió a meter.
-De acuerdo.- susurró.- No hay nadie. Podemos taparnos con la capa.-caminando muy juntos, de puntillas y bajo la capa, para que nadie los viera, bajaron la escalera y salieron. El sol se hundía ya en el bosque prohibido, dorando las ramas más altas de los árboles. Llegaron a la cabaña y llamaron a la puerta. Hagrid tardó en contestar; cuando por fin lo hizo, miró a su alrededor; pálido y tembloroso, en busca de la persona que había llamado.
-Somos nosotros.-habló en un pequeño susurro, Harry.-Llevamos la capa invisible. Si nos dejas pasar; nos la quitaremos.
-No deberían haber venido.-los apremió Hagrid, también susurrando. Pero se hizo a un lado, y ellos entraron. El guardabosque cerró la puerta rápidamente y el azabache se desprendió de la capa. Hagrid no lloró ni se arrojó al cuello de sus amigos. No parecía saber dónde se encontraba ni qué hacer. Resultaba más trágico verlo así que llorando.- ¿Quieren un té?-invitó. Sus manos enormes temblaban al tomar la tetera.
-¿Dónde está Buckbeak?-preguntó Ron, vacilante.
-Lo... lo tengo en el exterior.-respondió, derramando la leche por la mesa al llenar la jarra.-Está atado en el huerto, junto a las calabazas. Pensé que debía ver los árboles y oler el aire fresco antes de...-le temblaba tanto la mano que la jarra se le cayó y se hizo añicos.
-Yo lo haré, Hagrid.-se ofreció Hermione inmediatamente, apresurándose a limpiar el suelo.
-Hay otra en el aparador.-dijo el guardabosque sentándose y limpiándose la frente con la manga. Harry miró a Ron, que le devolvió una mirada de desesperanza.
-¿No hay nada que hacer; Hagrid?-preguntó el azabache sentándose a su lado.- Dumbledore...
-Lo ha intentado.-lo interrumpió.- No puede hacer nada contra una sentencia de la Comisión. Les ha dicho que Buckbeak es inofensivo, pero tienen miedo. Ya saben cómo es Lucius Malfoy... Me imagino que los ha amenazado... Y el verdugo, Macnair, es un viejo amigo suyo. Pero será rápido y limpio, y yo estaré a su lado.-Hagrid tragó saliva. Sus ojos recorrían la cabaña buscando algún retazo de esperanza.-Dumbledore estará presente. Me ha escrito esta mañana. Dice que quiere estar conmigo. Un gran hombre, Dumbledore...-
Hermione, que había estado rebuscando en el aparador, dejó escapar un leve sollozo, que reprimió rápidamente. Se incorporó con la jarra en las manos y esforzándose por contener las lágrimas.
-Déjame ayudarte.-dijo Tabatha, ayudándola, mientras intentaba consolarla en silencio.-Nosotros también estaremos contigo, Hagrid.-agregó utilizando su varita para atraer hacia ella la azucarera, pero él negó con la despeinada cabeza.
-Tienen que volver al castillo.-le ordenó.-Les he dicho que no quería que lo vinieran. Y tampoco deberían estar aquí. Si Fudge y Dumbledore los atrapan fueran sin permiso, chicos, se verán en un aprieto.-dijo refiriéndose a los mellizos.
Por el rostro de Hermione corrían lágrimas silenciosas, pero disimuló ante Hagrid preparando el té. Al tomar la botella de leche para verter parte de ella en la jarra, dio un grito.
-¡Ron! No...No puedo creerlo. ¡Es Scabbers!-Ron la miró boquiabierto.
-¿Qué dices?-ella acercó la jarra a la mesa y la volcó. Con un gritito asustado y desesperado por volver a meterse en el recipiente, la rata apareció correteando por la mesa.
-¡Scabbers!-exclamó Ron desconcertado.-Scabbers, ¿qué haces aquí?-la tomó mientras que, el animal, forcejeaba por escapar; y la levantó para verla a la luz. Tenía un aspecto horrible. Estaba más delgada que nunca. Se le había caído mucho pelo, dejándole amplias lagunas, y se retorcía en las manos de Ron, desesperada por escapar.-No te preocupes, Scabbers.-dijo Ron.-No hay gatos. No hay nada que temer.
De pronto, Hagrid se puso en pie, mirando la ventana fijamente. Su cara, habitualmente rubicunda, se había puesto del color del pergamino.
-Ya vienen...-los mellizos, Ron y Hermione se dieron rápidamente la vuelta. Un grupo de hombres bajaba por los lejanos escalones de la puerta principal del castillo. Delante iba Albus Dumbledore. Su barba plateada brillaba al sol del ocaso. A su lado iba Cornelius Fudge. Tras ellos marchaban el viejo y débil miembro de la Comisión y el verdugo Macnair.-Tienen que irse.-murmuró. Le temblaba todo el cuerpo.-No deben verlos aquí... márchense ya.-Ron se metió a Scabbers en el bolsillo y Hermione tomó la capa.-Salgan por detrás.-lo siguieron hacia la puerta trasera que daba al huerto. Harry se sentía muy raro y aún más al ver a Buckbeak a pocos metros, atado a un árbol, detrás de las calabazas. El hipogrifo parecía presentir algo. Volvió la cara afilada de un lado a otro y golpeó el suelo con la zarpa, nervioso.-No temas, Buckbeak.-susurró Hagrid con voz suave.-No temas.-se volvió hacia los cuatro amigos.-De acuerdo, márchense.-pero no se movieron.
-Hagrid, no podemos... Les diremos lo que de verdad sucedió.-dijo Hermione.
-No pueden matarlo...-se quejó Tabatha.
-¡Márchense!-ordenó Hagrid con firmeza.-Ya es bastante horrible y sólo faltaría que además se metiesen en un lío.-no tenían opción. Mientras Hermione echaba la capa sobre los otros tres, oyeron hablar al otro lado de la cabaña. Hagrid miró hacia el punto por el que acababan de desaparecer.- Váyanse, rápido. No escuchen.-él volvió a entrar en la cabaña al mismo tiempo que alguien llamaba a la puerta de delante.
Lentamente, como en trance, los mellizos, Ron y Hermione rodearon silenciosamente la casa. Al llegar al otro lado, la puerta se cerró con un golpe seco.
-Vámonos rápido, por favor.-susurró Hermione.-No puedo seguir aquí, no lo puedo soportar...-empezaron a subir hacia el castillo. El sol se apresuraba a ocultarse; el cielo se había vuelto de un gris claro teñido de púrpura, pero en el oeste había destellos de rojo rubí. Ron se detuvo en seco.
-Por favor; Ron.-pidió la pelirroja, tratando de no mirar hacia atrás.
-Se trata de Scabbers..., quiere salir.-el chico se inclinaba intentando impedir que la rata se escapara, pero el animal estaba fuera de sí; chillando como loca, se debatía y trataba de morder a Ron en la mano.-Scabbers, tonta, soy yo.-susurró. Oyeron abrirse una puerta detrás de ellos y luego voces masculinas.
-¡Por favor; Ron, vámonos, están a punto de hacerlo!-insistieron ambas chicas.
-De acuerdo, ¡quédate quieta, Scabbers!-siguieron caminando; al igual que Hermione, Harry procuraba no oír el sordo rumor de las voces que sonaban detrás de ellos. Ron volvió a detenerse.-No la puedo sujetar... Calla, Scabbers, o nos oirá todo el mundo.-la rata chillaba como loca, pero no lo bastante fuerte para eclipsar los sonidos que llegaban del jardín de Hagrid. Las voces de hombre se mezclaban y se confundían. Hubo un silencio y luego, sin previo aviso, el inconfundible silbido del hacha rasgando el aire. Tabatha se tambaleó y se aferró a su hermano.
-Ya está.-susurró Harry.