"Los mellizos Potter" — capítulo 77
Capítulo 22:
La predicción.
-Me ha enviado esto.-dijo Hermione, tendiéndoles la carta. Harry la tomó. El pergamino estaba húmedo; las gruesas lágrimas habían emborronado tanto la tinta que la lectura se hacía difícil en muchos lugares.
Querida Hermione: Hemos perdido. Me permitirán traerlo a Hogwarts, pero van a fijar la fecha del sacrificio.
A Buckbeak le ha gustado Londres.
Nunca olvidaré toda la ayuda que nos has proporcionado.
Hagrid
-No pueden hacerlo.-murmuró Harry.-No pueden. Buckbeak no es peligroso.-
-El padre de Malfoy consiguió atemorizar a la Comisión para que tomaran esta determinación.-explicó Hermione secándose los ojos.-Ya saben cómo es. Son unos viejos imbéciles y los asustó. Pero podremos recurrir. Siempre se puede. Aunque no veo ninguna esperanza... Nada cambiará.
-Sí, algo cambiará.-repuso Ron, decidido.-En esta ocasión no tendrás que hacer tú sola todo el trabajo. Yo te ayudaré.-
-¡Ron!-Hermione le echó los brazos al cuello y rompió a llorar. Él, totalmente aterrado, le dio unas palmadas torpes en la cabeza. Ella se apartó por fin.-Ron, de verdad, siento muchísimo lo de Scabbers.-sollozó.
-Bueno, ya era muy viejo.-dijo Ron, aliviado de que ella se hubiera soltado.-Y era algo inútil. Quién sabe, a lo mejor ahora mis padres me compran una lechuza.
-.-.-
Las medidas de seguridad impuestas a los alumnos después de la segunda intrusión de Black impedían que los mellizos, Ron y Hermione visitaran a Hagrid por las tardes. La única posibilidad que tenían de hablar con él eran las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas. Hagrid parecía conmocionado por el veredicto.
-Todo fue culpa mía. Me quedé petrificado. Estaban todos allí con sus túnicas negras, y a mí se me caían continuamente las notas y se me olvidaron todas las fechas que me habías buscado, Hermione. Y entonces se levantó Lucius Malfoy, soltó su discurso y la Comisión hizo exactamente lo que él dijo...-
-¡Todavía podemos apelar!-exclamó Ron con entusiasmo.- ¡No tires la toalla! ¡Estamos trabajando en ello!-volvían al castillo con el resto de la clase. Delante podían ver a Malfoy, que iba con Crabbe y Goyle, y miraba hacia atrás de vez en cuando, riéndose.
-No servirá de mucho, Ron.- dijo Hagrid con tristeza, al llegar a las escaleras del castillo.- Malfoy tiene a la Comisión en el bolsillo. Sólo me aseguraré de que el tiempo que le queda a Buckbeak sea el más feliz de su vida. Se lo debo... -se dio media vuelta y volvió a la cabaña, cubriéndose el rostro con el pañuelo.
-¡Mírenlo cómo llora!-Malfoy, Crabbe y Goyle habían estado escuchando en la puerta.- ¿Habían visto alguna vez algo tan patético?-preguntó con sorna.- ¡Y pensar que es profesor nuestro!
Harry y Ron fueron hacia ellos, pero Hermione y Tabatha, llegaron antes. Ambas estamparon sus puños cerrados, sobre el rostro del Slytherin. Malfoy se tambaleó. Harry; Ron, Crabbe y Goyle se quedaron atónitos en el momento en que ellas volvieron a levantar sus manos.
-¡No te atrevas a llamar patético a Hagrid!-gruñó la pelirroja.
-¡Puerco... asquerosa cucaracha...!-exclamó la castaña.
-¡Hermione!-dijo Ron con voz débil, intentando sujetarle la mano.
-Ya quédate quieta, Tab.-pedía Harry, sosteniendo a su hermana por la cintura, para que no se le echase encima a Malfoy.
-¡Suéltame, James!-las chicas sacaron las varita. Malfoy se echó hacia atrás. Crabbe y Goyle lo miraron atónitos, sin saber qué hacer.
-Vámonos.-musitó. Y en un instante, los tres desaparecieron por el pasadizo que conducía a las mazmorras.
-¡Hermione!-dijo Ron de nuevo, atónito por la sorpresa.
-¡Espero que Gryffindor les gane en la final de Quidditch!-chilló.- ¡Espero que ganen, porque si gana Slytherin no podré soportarlo!-
-Hay que ir a Encantamientos.-dijo Ron, mirando todavía a Hermione con los ojos como platos. Subieron aprisa hacia la clase del profesor Flitwick.
-¡Llegan tarde, muchachos!-habló en tono de censura el profesor, cuando Harry abrió la puerta del aula.- ¡Vamos, rápido, saquen las varitas! Vamos a trabajar con encantamientos estimulantes. Ya se han colocado todos por parejas.- los mellizos y Ron fueron aprisa hasta un pupitre que había al fondo y abrieron las mochilas. Ron miró a su alrededor.
-¿Dónde se ha puesto Hermione?-Tabatha, se sorprendió al no verla a su lado y también echó un vistazo. Hermione no había entrado en el aula, pero la pelirroja sabía que estaba a su lado cuando había abierto la puerta.
-Es extraño.-dijo Harry mirando a Ron.-Quizás... quizás haya ido a los lavabos...-pero ella no apareció durante la clase.
-Pues tampoco le habría venido mal a ella un encantamiento estimulante.-comentó Ron, cuando salían del aula para ir a comer; todos con una dilatada sonrisa. La clase de encantamientos estimulantes los había dejado muy contentos.
Hermione tampoco apareció por el Gran Comedor durante el almuerzo. Cuando terminaron el pastel de manzana, el efecto de los encantamientos estimulantes se estaba perdiendo, los mellizos y Ron empezaban a preocuparse.
-¿No le habrá hecho nada Malfoy?-comentó Ron mientras subían aprisa las escaleras hacia la torre de Gryffindor. Pasaron entre los troles de seguridad, le dieron la contraseña a la señora gorda y entraron por el agujero del retrato para acceder a la sala común.
Hermione estaba sentada a una mesa, profundamente dormida, con la cabeza apoyada en un libro abierto de Aritmancia. Fueron a sentarse uno a cada lado de ella. Harry le dio con el codo para que despertara.
-¿Qué... qué?-preguntó ella, despertando sobresaltada y mirando alrededor con los ojos muy abiertos.- ¿Es hora de marcharse? ¿Qué clase tenemos ahora?-
-Adivinación, pero no es hasta dentro de veinte minutos.-respondió Tabatha.- Hermione, ¿por qué no has estado en Encantamientos?
-¿Qué? ¡Oh, no!-chilló ella.- ¡Se me olvidó!
-Pero ¿cómo se te pudo olvidar?-le preguntó Harry.- ¡Llegaste con nosotros a la puerta del aula!
-¡Imposible!-aulló Hermione.- ¿Se enfadó el profesor Flitwick? Fue Malfoy. Estaba pensando en él y perdí la noción de las cosas.
-¿Sabes una cosa, Hermione?-le dijo Ron, mirando el libro de Aritmancia que la castaña había empleado como almohada.- Creo que estás a punto de estallar. Tratas de abarcar demasiado.
-No, no es verdad.-negó la chica, apartándose el pelo de los ojos y mirando alrededor, buscando la mochila infructuosamente.-Me he despistado, eso es todo. Lo mejor será que vaya a ver al profesor Flitwick y me disculpe. ¡Los veré en Adivinación!-se reunió con ellos veinte minutos más tarde, todavía confusa, a los pies de la escalera que llevaba a la clase de la profesora Trelawney.- ¡Aún no me puedo creer que me perdiera la clase de encantamientos estimulantes! ¡Y apuesto a que nos sale en el examen! ¡El profesor Flitwick me ha insinuado que puede salir!
Subieron juntos y entraron en la oscura y sofocante sala de la torre. En cada mesa había una brillante bola de cristal llena de neblina nacarada. Harry, Ron, Tabatha y Hermione se sentaron juntos a la misma mesa destartalada.
-Creía que no veríamos las bolas de cristal hasta el próximo trimestre.-susurró Ron, echando a su alrededor una mirada, por si la profesora Trelawney estaba cerca.
-No te quejes, esto quiere decir que ya hemos terminado con la quiromancia. Me ponía enferma verla dar respingos cada vez que me miraba la mano.-repuso la pelirroja, sacando sus cosas.
-¡Buenos días a todos!-dijo una voz conocida y a la vez indistinta, la profesora Trelawney hizo su habitual entrada teatral, surgiendo de las sombras. Parvati y Lavender temblaban de emoción, con el rostro encendido por el resplandor lechoso de su bola de cristal.-He decidido que empecemos con la bola de cristal algo antes de lo planeado.-dijo sentándose de espaldas al fuego y mirando alrededor.- Los hados me han informado de que en sus examen de junio saldrá la bola, y quiero que reciban suficientes clases prácticas.-Hermione dio un bufido.
-Bueno, de verdad... los hados le han informado... ¿Quién pone el examen? ¡Ella! ¡Qué predicción tan asombrosa!-dijo, sin preocuparse de bajar la voz. Era difícil saber si la profesora Trelawney los había oído, ya que su rostro estaba oculto en las sombras. Sin embargo, prosiguió como si no se hubiera enterado de nada.
-Mirar la bola de cristal es un arte muy sutil.-explicó en tono soñador.- No espero que ninguno vea nada en la bola la primera vez que mire en sus infinitas profundidades. Comenzaremos practicando la relajación de la conciencia y de los ojos externos.-Ron empezó a reírse de forma incontrolada y tuvo que meterse el puño en la boca para ahogar el ruido.-Con el fin de liberar el ojo interior y la súper conciencia. Tal vez, si tienen suerte, algunos lleguen a ver algo antes de que acabe la clase.-
Y entonces comenzaron. Harry; por lo menos, se sentía muy tonto mirando la bola de cristal sin comprender. No facilitaba las cosas el que Ron prorrumpiera continuamente en risitas mudas ni que Hermione chascara la lengua sin parar; en señal de censura o que su hermana soltase suspiros de aburrimiento, mientras se apoyaba en sus palmas.
-¿Han visto ya algo?-les preguntó después de mirar la bola en silencio durante un cuarto de hora.
-Sí, aquí hay una quemadura.-dijo la pelirroja, señalando la mesa con el dedo.-A alguien se le ha caído la cera de la vela.
-Esto es una horrible pérdida de tiempo.-bramó Hermione entre dientes.-En estos momentos podría estar practicando algo útil. Podría ponerme al día en encantamientos estimulantes.-acompañada por el susurro de la falda, la profesora Trelawney pasó por su lado.
-¿Alguien quiere que le ayude a interpretar los oscuros augurios de la bola mágica?-susurró con una voz que se elevaba por encima del tintineo de sus pulseras.
-Yo no necesito ayuda.-susurró Ron.-Es obvio lo que esto quiere decir: que esta noche habrá mucha niebla.-los mellizos y Hermione estallaron en una carcajada.
-¡Basta!-les llamó la atención la profesora Trelawney, al mismo tiempo que todo el mundo se volvía hacia ellos. Parvati y Lavender los miraban escandalizadas.- Están perjudicando nuestras vibraciones clarividentes.-se aproximó a la mesa de los cuatro amigos y observó su bola de cristal. A los hermanos Potter se les vino el mundo encima. Imaginaban lo que pasaría a continuación.- ¡Aquí hay algo!-susurró la profesora Trelawney, acercando el rostro a la bola, que quedó doblemente reflejada en sus grandes gafas.-Algo que se mueve... pero ¿qué es?-Harry habría apostado todo cuanto poseía a que, fuera lo que fuese, no serían buenas noticias.-Mis niños...-la profesora Trelawney suspiró mirándolos.- Está aquí, más claro que el agua. Sí, queridos niños... está aquí acechándote, aproximándose... el Gr...-
-¡Por Dios santo!-exclamó Tabatha, con exasperación.
-¿Otra vez ese ridículo Grim?-la siguió la castaña. La profesora Trelawney levantó sus grandes ojos hasta la cara de ambas chicas. Parvati susurró algo a Lavender y ambas las miraron. La profesora se incorporó y las contempló con ira.
-Siento decirles que desde el momento en que llegaron a esta clase ha resultado evidente que no carecen de lo que requiere el noble arte de la adivinación. En realidad, no recuerdo haber tenido nunca dos alumnos cuyas mentes fueran tan incorregiblemente vulgares.-hubo un momento de silencio.
-Bien.-hablaron de repente, levantándose y metiendo en las mochilas sus ejemplares de Disipar las nieblas del futuro.-Bien.-repitió, echándose la mochila al hombro y casi derribando a Ron de la silla.
-Dejamos la clase.-espetó la pelirroja.
-¡Nos vamos!-y ante el asombro de toda la clase, se dirigieron con paso firme hacia la trampilla, la abrió de un golpe y se perdieron escaleras abajo.
La clase tardó unos minutos en volver a apaciguarse. Parecía que la profesora Trelawney se había olvidado por completo del Grim. Se volvió de repente desde la mesa de Harry y Ron, respirando hondo a la vez que se subía el chal transparente.
-¡Ah!-exclamó de repente Lavender; sobresaltando a todo el mundo.- ¡Ah, profesora Trelawney, acabo de acordarme! Usted la ha visto salir; ¿no es así, profesora? En torno a Semana Santa, dos de ustedes nos dejarán para siempre.-