"Los mellizos Potter" — capítulo 76
Capítulo 21:
La decepción de Lupin.
En la torre de Gryffindor nadie pudo dormir aquella noche. Sabían que el castillo estaba volviendo a ser rastreado y todo el colegio permaneció despierto en la sala común. Esperando a saber si habían atrapado a Black o no. La profesora McGonagall volvió al amanecer para decir que se había vuelto a escapar.
Por cualquier sitio por el que pasaran al día siguiente encontraban medidas de seguridad más rigurosas. El profesor Flitwick instruía a las puertas principales para que reconocieran una foto de Sirius Black. Filch iba por los pasillos, tapándolo todo con tablas, desde las pequeñas grietas de las paredes hasta las ratoneras. Sir Cadogan fue despedido. Lo devolvieron al solitario descansillo del piso séptimo y lo reemplazó la señora gorda. Había sido restaurada magistralmente, pero continuaba muy nerviosa, y accedió a regresar a su trabajo sólo si contaba con protección. Contrataron a un grupo de hoscos troles de seguridad para protegerla. Recorrían el pasillo formando un grupo amenazador; hablando entre gruñidos y comparando el tamaño de sus porras.
Harry no pudo dejar de notar que la estatua de la bruja tuerta del tercer piso seguía sin protección y despejada. Parecía que Fred y George estaban en lo cierto al pensar que ellos, y ahora los mellizos, Ron y Hermione, eran los únicos que sabían que allí estaba la entrada de un pasadizo secreto.
-¿Crees que deberíamos decírselo a alguien?-preguntó Harry.
-Sabemos que no entra por Honeydukes.-dijo Ron.-Si hubieran forzado la entrada de la tienda, lo habríamos oído.-
Ron se convirtió de repente en una celebridad. Por primera vez, la gente le prestaba más atención a él que a los mellizos, y era evidente que a él le complacía. Aunque seguía asustado por lo de aquella noche, le encantaba contarle a todo el mundo los pormenores de lo ocurrido.
Neville había caído en desgracia. La profesora McGonagall estaba tan furiosa con él que le había suprimido las futuras visitas a Hogsmeade, le había impuesto un castigo y había prohibido a los demás que le dieran la contraseña para entrar en la torre. El pobre se veía obligado a esperar cada noche la llegada de alguien con quien entrar, mientras los troles de seguridad lo miraban burlona y desagradablemente. Ninguno de aquellos castigos, sin embargo, era ni sombra del que su abuela le reservaba; dos días después de la intrusión de Black, envió a su nieto lo peor que un alumno de Hogwarts podía recibir durante el desayuno: un vociferador.
Las lechuzas del colegio entraron como flechas en el Gran Comedor; llevando el correo como de costumbre, y Neville se atragantó cuando una enorme lechuza aterrizó ante él, con un sobre rojo en el pico. Los mellizos y Ron, que estaban sentados al otro lado de la mesa, reconocieron enseguida la carta.
-¡Tómalo y vete, Neville!-le aconsejó Ron. Esté no necesitó oírlo dos veces. Tomó el sobre y, sujetándolo como si se tratara de una bomba, salió del Gran Comedor corriendo, mientras la mesa de Slytherin, estallaba en carcajadas. Oyeron el vociferador en el vestíbulo. La voz de la abuela de Neville, amplificada cien veces por medio de la magia, le gritaba que había llevado la vergüenza a la familia. Tabatha estaba demasiado absorto apiadándose de Neville para darse cuenta de que también él tenía carta. Phoebe llamó su atención dándole un picotazo en la muñeca.
-Oh, gracias.- Harry rasgó el sobre mientras que la lechuza picoteaba entre los copos de maíz de Neville. La nota que había dentro decía:
Queridos Harry, Tabatha y Ron:
¿Les apetece tornar el té conmigo esta tarde, a eso de las seis? Iré a recogerlos al castillo. ESPERADME EN EL VESTÍBULO. NO TIENEN PERMISO PARA SALIR SOLOS.
Un saludo, Hagrid
-Probablemente quiere saber los detalles de lo de Black.-opinó Ron. Así que aquella tarde, a las seis, los tres salieron de la torre de Gryffindor, pasaron corriendo por entre los troles de seguridad y se dirigieron al vestíbulo.
-Bien, Hagrid.-habló Tabatha.- Me imagino que quieres que te cuente lo de la noche del sábado, ¿no?
-Ya me lo han contado.-dijo el guardabosque, abriendo la puerta principal y saliendo con ellos.
-Vaya.-dijo Ron, un poco ofendido. Lo primero que vieron al entrar en la cabaña fue a Buckbeak, que estaba estirado sobre el edredón de retales de Hagrid, con las enormes alas plegadas y comiéndose un abundante plato de hurones muertos. Al apartar los ojos de la desagradable visión, Harry vio un traje gigantesco de una tela marrón peluda y una espantosa corbata amarilla y naranja, colgados de la puerta del armario.
-¿Para qué son, Hagrid?-preguntó.
-Buckbeak tiene que presentarse ante la Comisión para las Criaturas Peligrosas.-explicó.-Será este viernes. Iremos juntos a Londres. He reservado dos camas en el autobús noctámbulo...-Harry se avergonzó. Se habían olvidado por completo de que el juicio estaba próximo, y a juzgar por la incomodidad evidente de Ron, él también lo había olvidado. Habían olvidado igualmente que habían prometido que lo ayudarían a preparar la defensa. La llegada de la Saeta de Fuego lo había borrado de la cabeza de ambos. Hagrid les sirvió té y les ofreció un plato de bollos de Bath. Pero los conocían demasiado bien para aceptarlos. Ya tenían experiencia con la cocina de Hagrid.-Tengo algo que comentaros.-dijo, sentándose entre ellos, con una seriedad que resultaba rara en él.
-¿Qué?-preguntó la pelirroja.
-Hermione.-dijo Hagrid.
-¿Qué le pasa?-preguntó Ron.
-Está muy mal, eso es lo que le pasa. Me ha venido a visitar con mucha frecuencia desde las Navidades. Se encuentra sola. Primero no le hablan por lo de la Saeta de Fuego. Ahora no le hablan por culpa del gato.
-¡Se comió a Scabbers!-exclamó Ron de malhumor.
-¡Porque su gato hizo lo que todos los gatos!-prosiguió Hagrid.- Ha llorado, ¿saben? Está pasando momentos muy difíciles. Creo que trata de abarcar más de lo que puede. Demasiado trabajo. Aún encontró tiempo para ayudarme con el caso Buckbeak. Por supuesto, me ha encontrado algo muy útil... Creo que ahora va a tener bastantes posibilidades...
-Nosotros también tendríamos que haberte ayudado. Hagrid, lo siento.-balbuceó Harry
-¡No los culpo!-dijo el guardabosque con un movimiento de la mano.-Ya sé que han estado muy ocupados. Los he visto entrenar día y noche. Pero tengo que decirles que creía que valoraban más a su amiga que a las escobas o las ratas. Nada más.-
-Yo no estoy enojada con Hermi. Intento hablar con ella, pero se me escurre como un renacuajo.-murmuró Tabatha, sintiéndose mal por su amiga.- Sé que ella hace todo lo posible para que no nos reprendan y a veces excede con su protección. Pero no la culpo por lo de las escobas ni nada de eso.-
-Ese es un sentimiento noble, Tab.-siguió Hagrid.-Ella sufrió mucho cuando se enteró de que Black había estado a punto de matarte, Ron. Hermione tiene buen corazón. Y ustedes dos sin dirigirle la palabra...
-Si se deshiciera de ese gato, le volvería a hablar.-repuso el pelirrojo enfadado.-Pero todavía lo defiende. Está loco, y ella no admite una palabra en su contra.
-Ah, bueno, la gente suele ponerse un poco tonta con sus animales de compañía.-dijo Hagrid prudentemente. Buckbeak escupió unos huesos de hurón sobre la almohada.
..*
Pasaron el resto del tiempo hablando de las crecientes posibilidades de Gryffindor de ganar la copa de Quidditch. A las nueve en punto, Hagrid los acompañó al castillo. Cuando volvieron a la sala común, un grupo numeroso de gente se amontonaba delante del tablón de anuncios.
-¡Hogsmeade el próximo fin de semana!-dijo Ron, estirando el cuello para leer la nueva nota por encima de las cabezas ajenas.- ¿Qué van a hacer?-les preguntó a los mellizos en voz baja, al sentarse.
-Bueno, Filch no ha tapado la entrada del pasadizo que lleva a Honeydukes.-dijo Harry aún más bajo.
-Chicos.-dijo una voz en su oído derecho. Ambos se sobresaltaron. Se volvieron y vieron a Hermione, sentada a la mesa que tenían detrás, por un hueco que había en el muro de libros que la ocultaba.-Si vuelven otra vez a Hogsmeade... le contaré a la profesora McGonagall lo del mapa.-
-¿Oyen a alguien?-masculló Ron, sin mirarla.
-Ron, ¿cómo puedes dejarle que vaya? ¡Después de lo que estuvo a punto de hacerte Sirius Black! Hablo en serio. Le contaré...
-¡Así que ahora quieres que expulsen a los chicos!-espetó furioso.- ¿Es que no has hecho ya bastante daño este curso? Hermione abrió la boca para responder, pero Crookshanks saltó sobre su regazo con un leve bufido. Hermione se asustó de la expresión de Ron, tomo al y se fue corriendo hacia los dormitorios de las chicas.
-¡Hermi!-exclamó Tabatha, intentando detenerla.
Entonces ¿qué les parece?-preguntó Ron a Harry, como si no hubiera habido ninguna interrupción.- Vamos, la última vez no vieron nada. ¡Ni siquiera han estado todavía en Zonko!-
-Lo lamento, chicos.-habló la pelirroja.-Pero Hermione, tiene razón. No podemos exponernos más, ¿y si algo pasa y nos descubren?-preguntó.- Lo menos que quiero es volver a Privet Driver.-se dio media vuelta, enfilando hacia las escaleras y luego perdiéndose detrás de la puerta de la habitación de chicas.- ¿Hermi?-
-¿No me harás caso e irás?-preguntó la castaña con el ceño fruncido, mientras peinaba a su gato.-Tab, de ustedes tres, la más sensata eres tú y…
-Tranquila.-la interrumpió.-No voy a ir a Hogsmeade.-Hermione, soltó un suspiro aliviada.
-Sabía que entrarías en razón.-sonrió, dejando de lado a su gato.- ¿Harry ira?-
-No lo sé, espero que no.-ambas chicas se sentaron en el alfeizar de la ventana, mirando al exterior.- ¿Por qué huías cuando trataba de hablar contigo?-preguntó la pelirroja, mirándola por el rabillo del ojo.- ¿Acaso ya no confías más en mí?-
-No, no, no.-se apresuró a decir.- No es eso, es solo qué…-hizo una pausa y soltó un suspiro.- No lo sé, pero me molesta que siempre se la agarren conmigo cuando trato de hacer algo bueno por la gente. Me duele, ¿sabes?-
-Pero aun así, me tienes a mí, ¿lo sabías?-Hermione, asintió sonriendo.
-.-.-.-
El sábado por la mañana, Harry metió en la mochila la capa invisible, guardó en el bolsillo el mapa del merodeador y bajó a desayunar con los otros. Hermione no dejaba de mirarlo con suspicacia, pero él evitaba su mirada y se aseguró de que ella lo viera subir la escalera de mármol del vestíbulo mientras todos los demás se dirigían a las puertas principales.
-¡Adiós, Harry! ¡Adiós, Tab!-les dijo en voz alta.- ¡Hasta la vuelta!-Ron se sonrió y guiñó un ojo.
-¿Vas a irte?-preguntó la pelirroja, cruzándose de brazos.
-No empieces, Tab.-pidió el azabache.-Entiendo tu preocupación y la de Hermione, pero quiero divertirme.-
-De acuerdo, de acuerdo.-dijo ella, alzando las manos.- Después no me quiero enterar de que alguien te vio merodeando por ahí.-
-Eso no va a pasar, Tabi.-sonrió Harry.- Tú quédate tranquila.-se despidió de su melliza y puso rumbo al tercer piso. La pelirroja soltó un bufido y se encaminó hacia la sala común de Gryffindor, de donde sacó los pergaminos que debía entregar para DCAO y se sentó en el patio a terminarlos. El día era agradable, con un poco de brisa, que parecía no molestarle.
-¿Cómo escapar del ataque de un vampiro?-leyó para sí misma, mientras consultaba con el libro.- Página…130.-pasó una a una las hojas, hasta llegar a la indicada.- Para escapar del ataque de un vampiro, es necesario…-dejo de leer cuando una sombra, le cubrió toda la luz.- Oh.-dijo al ver la figura de un perro frente a ella.- Ohm, ¿hola?-jamás en su vida había visto un animal como ese tan de cerca y le atemorizaba saber que se parecía mucho al Grimm. El perro, movió la cola al tiempo que le daba un lengüetazo en la mejilla. Tabatha rió un poco, dejando de lado los pergaminos.- Que sucio estás, amigo.-comentó, pasándole una mano por la cabeza.- ¿Tienes hambre?-ella metió su mano dentro de su mochila, sacando una roja manzana.- Jamás he tenido un perro, y no tengo idea de que es lo que comento. ¿Te gusta?-se la ofreció y animal, no le hizo asco.- Bueno, voy a suponer que tienes hambre.-le volvió a acariciar la cabeza, volviendo a concentrarse en sus deberes, pero la nueva compañía, insistía en acaparar su atención.- ¿Por qué no te sientas y descansas un poco?-le preguntó.- Vamos, Tabatha, estás hablando con un perro. No te va a enten…-dejó de hablar al ver que el animal, había acatado la orden y ahora reposaba su cabeza sobre la pila de pergaminos.- Bien, a sí me gusta.-le dio una leve caricia en el hocico y siguió con lo suyo.
Pasaron así un largo rato, la pelirroja, seguía con su tarea y de vez en cuando hacia aparecer algún bocadillo para el perro o le preguntaba cosas, que él respondía moviendo la cola.
-¿Tabatha?-ella levantó la cabeza encontrándose con el jovial rostro del profesor Lupin.- ¿Terminando el trabajo que pedí?-
-Así es, señor.-respondió, mostrándole algunos pergaminos.
-Nada mal.-comentó Lupin, examinándolos.- Nada mal. No me sorprendería saber que Gryffindor ganase puntos extras por tu esfuerzo.-Tabatha sonrió un poco y bajó la vista, ocultando su sonrojo.- ¿Y ese perro?-preguntó el profesor, poniéndose en cuclillas, junto al animal.
-No lo sé.-dijo la chica Potter, encogiéndose de hombros.- Tal vez es de Hogsmeade.-
-No deberías acercarte mucho a él.-le aconsejó Lupin, frunciendo el ceño.- Podría morderte o algo así.-
-No lo creo.-repuso ella, haciéndole cosquillas bajo la barbilla al perro.- Ha estado conmigo un largo rato y no me ha hecho nada.-
-Yo que tu no me confiaría mucho.-insistió, ganándose un gruñido por parte del animal.-De acuerdo, dejaré que termines tus deberes y nos vemos la próxima clase.
-¡Hasta luego, profesor!-saludó ella, marcando sus hoyuelos. Unos diez minutos más y el trabajo estuvo terminado.-Bien, creo que Hermi está a punto de llegar. Así que voy a aprovechar para dejar las cosas en la sala común, para esperarla.-se puso de pie, seguida del perro, que le mordió un extremo de la túnica, deteniéndola.- ¿Qué ocurre?-preguntó, volviéndose. El perro tironeo un poco.-Ah, no quieres que me vaya.-murmuró, mordiéndose el labio.-Debo hacerlo, lo lamento.-de su mochila sacó el resto de su merienda y aprovechó que el animal se distrajo, para irse.
Una vez que dejó sus cosas en la sala común, bajo para caminar por los pasillos, evitar a Peeves, ser vigilada por los troles que custodiaban el castillo y todo ese tipo de cosas.
-¡Potter!-dio un respingo y volteo para ver a Malfoy, avanzar hacia ella con el rostro crispado y bastante enojado.- ¿Dónde está tu hermano?-gritó.
-No…no sé.-respondió, temiendo que haya pasado algo malo.- La última vez que lo vi, estaba en la sala común.-mintió.- ¿Pasó algo, Malfoy?-
-¿Dónde crees que esté su cabeza?-Tabatha, enarcó una ceja.
-Sí mal no me equivoco, creo que está pegada a su cuerpo. Así lo vi la última vez.-respondió.- ¿Pasó algo?-
-Ya lo veras, linda.-Malfoy sonrió y la tomó de la muñeca, arrastrándola.
-¡Detenté!-pedí ella, mientras bajaban las escaleras de las mazmorras.- Me estás lastimando, Draco.-
-Es la primera vez que me llamas por mi nombre.-comentó, sin dejar de agarrarla.
-Lo sé, pero… ¡No me cambies de tema!-exclamó, frunciendo más el ceño.- ¡Déjame en paz, Malfoy!-
-Ahora sí, te voy a soltar.-para cuando se dio cuenta, habían llegado a la oficina de Snape. Tabatha intentó escapar, pero se vio rodeada por Crabbe y Goyle, que aparecieron de la nada.
-Malfoy.-habló el profesor Snape, cuando los invitó a pasar.- ¿A qué se debe esta inesperada reunión con la señorita Potter?-
-¡Vi la cabeza Harry Potter en Hogsmeade!- exclamó, cierta malicia en su voz.
-Potter.-repitió el profesor, con el mismo tono.- Ah, el gran Harry Potter, haciendo nuevamente una de las suyas.-se concentró en Tabatha.- ¿Dónde está su hermano, Potter?-
-Ya se lo dije a Malfoy, señor.-respondió con voz aburrida.- Está en la sala común.-
-De acuerdo.-habló Snape, sin borrar su sonrisa.- Puede retirarse.-
-Nos vemos, Potter.-comentó Malfoy con una sonrisa de satisfacción.
-Púdrete.-susurró ella, golpeándolo con el hombro.
..*
-¡Tabatha!-la pelirroja rodó los ojos, harta de tener tanta atención por un día.
-¿Qué paso?-preguntó al ver llegar a Ron, más agitado que nunca.
-Sígueme.-la tomó del brazo y la volvió arrastrar por los pasillos, hasta ingresar nuevamente en las mazmorras.
-Otra vez no.-se lamentó, cuando se abrió la puerta. Ron se paró de pronto delante de la mesa de Snape, con una mano en el pecho e intentando hablar.
-Yo... le di... a Harry... ese objeto.-dijo con la voz ahogada.- Lo compré en Zonko hace mucho tiempo...
-Bien.-dijo Lupin, dando una palmada y mirando contento a su alrededor.- ¡Parece que eso lo aclara todo! Me lo llevo, Severus, si no te importa.-plegó el mapa y se lo metió en la túnica.-Harry, Ron, Tabatha vengan conmigo. Tengo que decirles algo relacionado con el trabajo sobre los vampiros. Discúlpanos, Severus.- Harry no se atrevió a mirar a Snape al salir del despacho. Él, su melliza, Ron y Lupin hicieron todo el camino hasta el vestíbulo sin hablar.
-Señor profesor; yo...-
-No quiero disculpas.-lo interrumpió el profesor. Echó una mirada al vestíbulo vacío y bajó la voz.-Da la casualidad de que sé que este mapa fue confiscado por el señor Filch hace muchos años. Sí, sé que es un mapa.-dijo ante los asombrados de los mellizos y Ron.-No quiero saber cómo ha caído en sus manos. Me asombra, sin embargo, que no lo entregaran, especialmente después de lo sucedido en la última ocasión en que un alumno dejó por ahí información relativa al castillo. No te lo puedo devolver; Harry.-
-¿Por qué pensó Snape que me lo habían dado los fabricantes?-
-Porque... porque los fabricantes de estos mapas habrían querido sacarte del colegio. Habrían pensado que era muy divertido.
-¿Los conoce?-preguntó el azabache impresionado.
-Nos hemos visto.-dijo Lupin lacónicamente. Miraba a Harry más serio que nunca.-No esperes que te vuelva a encubrir; Harry. No puedo conseguir que te tomes en serio a Sirius Black, pero creía que los gritos que oye tu hermana cuando se le aproximan los Dementores te habían hecho algún efecto. Tus padres dieron su vida para que ustedes siguieran vivos. Y ustedes les corresponden muy mal... cambiando su sacrificio por una bolsa de artículos de broma.-se marchó y Harry se sintió mucho peor que en el despacho de Snape.
-¿Se puede saber que hiciste, James?-preguntó Tabatha, cruzándose de brazos y frunciendo los labios.- Mira, en realidad no quiero saber, ¿sí? Hermione y yo te advertimos que no era buena idea ir, pero no nos hiciste caso. Ahora, te haces cargo de tus actos.-golpeando el rostro de su hermano con su cabello se dio media vuelta.
Despacio, subieron la escalera de mármol. Al pasar al lado de la estatua de la bruja tuerta, Harry se acordó de la capa invisible. Seguía allí abajo, pero no se atrevió a ir por ella.
-Es culpa mía.-murmuró Ron, mirando a la pelirroja.- Yo te persuadí de que fueras. Lupin y Tabatha tienen razón. Fue una idiotez. No debimos hacerlo.-dejó de hablar. Habían llegado al corredor en que los troles de seguridad estaban haciendo la ronda y por el que Hermione avanzaba hacia ellos. Al verle la cara, a Harry no le cupo ninguna duda de que estaba enterada de lo ocurrido.- ¿Has venido a darte el gusto?-le preguntó, cuando se detuvo la muchacha.- ¿O acabas de delatarnos?
-No.-respondió Hermione. Tenía en las manos una carta y el labio le temblaba.- Sólo creí que debían saberlo. Hagrid ha perdido el caso. Van a ejecutar a Buckbeak.-