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"Los mellizos Potter" — capítulo 75

Capítulo 20:

Una visita un tanto inesperada en el cuarto de niñas.

Parecía el fin de la amistad entre Ron y Hermione. Estaban tan enfadados que Tabatha y Harry no veía ninguna posibilidad de reconciliarlos. A Ron le enfurecía que ella no se hubiera tomado en ningún momento en serio los esfuerzos de Crookshanks por comerse a Scabbers, que no se hubiera preocupado por vigilarlo, y que todavía insistiera en la inocencia del gato y en que él tenía que buscar a Scabbers debajo de las camas.

Hermione, en tanto, sostenía con encono que Ron no tenía ninguna prueba de que Crookshanks se hubiera comido a Scabbers, que los pelos canela podían encontrarse allí desde Navidad y que él había tomado ojeriza a su gato desde el momento en que éste se le había echado a la cabeza en la tienda de animales mágicos.

En cuanto a los mellizos, estaban convencidos de que Crookshanks se había comido a Scabbers, y cuando Harry intento que Hermione comprendiera que todos los indicios parecían demostrarlo, la muchacha se enfadó con él también.

-¡Ya sabía que te pondrías de parte de Ron!-chilló.-Primero las Saetas de Fuego, ahora Scabbers, todo es culpa mía, ¿verdad? Lo único que te pido, Harry, es que me dejes en paz. Tengo mucho que hacer.-el azabache miró a su hermana, y solo consiguió que ella se encogiese de hombros.

Ron estaba muy afectado por la pérdida de su rata.

-Vamos, Ron. Siempre te quejabas de lo aburrida que era Scabbers.-dijo Tabatha, con intención de animarlo.

-Y además llevaba mucho tiempo descolorido. Se estaba consumiendo. Sin duda ha sido mejor para ella morir rápidamente. Un bocado... y no se dio ni cuenta.-agregó uno de los gemelos.

-¡Fred!-exclamó Ginny indignada.

-Lo único que hacía era comer y dormir; Ron. Tú también lo decías.-intervino George.

-¡En una ocasión mordió a Goyle!-recordó el pelirrojo con tristeza.- ¿Se acuerdan, chicos?

-Sí, es verdad.-respondieron los mellizos.

-Fue su momento grandioso.-comentó Fred, incapaz de contener una sonrisa.-La cicatriz que tiene Goyle en el dedo quedará como un último tributo a su memoria. Venga, Ron. Vete a Hogsmeade y cómprate otra rata. ¿Para qué lamentarse tanto?-

En un desesperado intento de animar a Ron, Harry lo persuadió de que acudiera al último entrenamiento del equipo de Gryffindor antes del partido contra Ravenclaw, y podría dar una vuelta en la Saeta de Fuego cuando hubieran terminado. Esto lo alegró durante un rato. Así que se encaminaron juntos hacia el campo de Quidditch.

La señora Hooch, que seguía supervisando los entrenamientos de Gryffindor para cuidar de los chicos Potter, estaba tan impresionada por las Saetas de Fuego como todos los demás. Tomó la de Tabatha en sus manos antes del comienzo y les dio su opinión profesional.

-¡Miren qué equilibrio! Si la serie Nimbus tiene un defecto, es esa tendencia a escorar hacia la cola. Cuando tienen ya unos años, desarrollan una resistencia al avance. También han actualizado el palo, que es algo más delgado que el de las Barredoras. Me recuerda el de la vieja Flecha Plateada. Es una pena que dejaran de fabricarlas. Yo aprendí a volar en una y también era una escoba excelente...-

-Señora Hooch, ¿le puede devolver a Tabatha la Saeta de Fuego?-preguntó Oliver, luego de unos minutos en los que solo habló la profesora.- Tenemos que entrenar.

-Sí, claro. Toma, Potter.-dijo, entregándosela.- Me sentaré aquí con Weasley...-ella y Ron abandonaron el campo y se sentaron en las gradas, y el equipo de Gryffindor rodeó a Wood para recibir las últimas instrucciones para el partido del día siguiente.

-Harry, acabo de enterarme de quién será el buscador de Ravenclaw. Es Cho Chang.-la pelirroja, soltó un silencioso bufido y se cruzó de brazos.- Es una alumna de cuarto y es bastante buena. Yo esperaba que no se encontrara en forma, porque ha tenido algunas lesiones.-Wood frunció el entrecejo para expresar su disgusto ante la total recuperación de la otra buscadora.- Por otra parte, monta una Cometa 260, que al lado de la Saeta de Fuego parece un juguete.-echó a la escoba una mirada de ferviente admiración.- ¡Vamos!-y por fin los mellizos montaron sus regalos y se elevaron del suelo. Era mejor de lo que habían soñado. Las Saetas giraban al más ligero roce. Parecía obedecer más a sus pensamientos que a sus manos.- ¡Harry, suelto la Snitch!-gritó Wood.

El azabache se volvió y corrió junto a una Bludger hacia la portería. La adelantó con facilidad, vio la Snitch que salía disparada por detrás de Wood y al cabo de diez segundos la tenía en la mano. El equipo lo vitoreó entusiasmado. Harry soltó la Snitch, le dio un minuto de ventaja y se lanzó tras ella esquivando al resto del equipo. La localizó cerca de una rodilla de Katie Bell, dio un rodeo y volvió a atraparla.

Fue la mejor sesión de entrenamiento que habían tenido nunca. El equipo, animado por la presencia de la Saeta de Fuego, realizó los mejores movimientos de forma impecable, y cuando descendieron, Wood no tenía una sola crítica que hacer, lo cual, como señaló George Weasley, era una absoluta novedad.

-No sé qué problema podríamos tener mañana.-dijo Oliver.-Tan sólo... Harry, Tabatha, han resuelto su problema con los Dementores, ¿verdad?-

-Sí.-respondieron, pensando en sus débiles Patronus y lamentando que no fueran más fuertes.

-Los Dementores no volverán a aparecer; Oliver. Dumbledore se irritaría.-opinó Fred con total seguridad.

-Esperemos que no.-aseguró el capitán.- En cualquier caso, todo el mundo ha hecho un buen trabajo. Ahora volvamos a la torre. Hay que acostarse temprano...

-Nos vamos a quedar un ratito. Ron quiere probar la Saeta.-comentó Harry.

 Mientras el resto del equipo se encaminaba a los vestuarios, los mellizos fueron hacia Ron, que saltó la barrera de las tribunas y se dirigió hacia él. La señora Hooch se había quedado dormida en el asiento.

-Ten.-Tabatha, le entregó su escoba. Ron montó con cara de emoción y salió zumbando en la noche, que empezaba a caer, mientras los dos hermanos paseaban por el extremo del campo, observándolo. Cuando la señora Hooch despertó sobresaltada ya era completamente de noche. Riñó a los mellizos y a Ron por no despertarla y los obligó a volver al castillo.

Una vez que se pusieron las escobas al hombro, salieron del estadio a oscuras, comentando el suave movimiento de las Saetas, sus formidables aceleraciones y sus virajes milimétricos. Estaban a mitad de camino cuando la pelirroja, al mirar hacia la izquierda, vio algo que le hizo dar un brinco: dos ojos que brillaban en la oscuridad. Se detuvo en seco y se aferró al brazo de su amigo.

-¿Qué ocurre?-preguntó Ron. Ella señaló hacia los ojos. El pelirrojo sacó la varita y musitó:- ¡Lumos!-un rayo de luz se extendió sobre la hierba, llegó hasta la base de un árbol e iluminó sus ramas. Allí, oculto en el follaje, estaba Crookshanks.- ¡Sal de ahí!-gritó, agachándose y tomando una piedra del suelo. Pero antes de que pudiera hacer nada, el gato se había desvanecido con un susurro de su larga cola canela.- ¿Lo ven?-preguntó furioso, tirando la piedra al suelo.- Aún le permite andar a sus anchas. Seguramente piensa acompañar los restos de Scabbers con un par de pájaros. 

•   •   •

Al día siguiente, Tabatha bajó a desayunar con las demás chicas de su dormitorio, que por lo visto pensaban que la Saeta de Fuego era merecedora de una especie de guardia de honor. Al entrar en el Gran Comedor; todos se volvieron a mirar la escoba, murmurando emocionados. Vio con satisfacción que los del equipo de Slytherin estaban atónitos.

-¿Le has visto la cara?- preguntó Ron con alegría, volviéndose para mirar a Malfoy.- ¡No se lo puede creer! ¡Es estupendo!-Wood también estaba orgulloso de las Saetas de Fuego.

-Déjenlas aquí, chicos.-dijo, poniendo las escoba en el centro de la mesa y dándole la vuelta con cuidado, para que el nombre quedara visible. Los de Ravenclaw y Hufflepuff se acercaron para verla. Cedric Diggory fue a felicitar a su novia por haber conseguido un sustituto tan soberbio para su Nimbus y antes de irse, le besó la mejilla frente a toda la casa de Gryffindor. La novia de Percy, Penélope Clearwater, de Ravenclaw, pidió permiso para tomar una.

-Sin sabotajes, ¿eh, Penélope?-le dijo efusivamente Percy mientras la joven examinaba detenidamente la Saeta de Fuego.- Hemos hecho una apuesta.-le comentó al equipo.- Diez galeones a ver quién gana.- ella dejó la Saeta de Fuego, le dio las gracias y volvió a la mesa.-Harry, procura ganar.-le susurró apremiante.- Porque no tengo diez galeones. ¡Ya voy, Penélope!-y fue con ella al terminarse la tostada.

-¿Estás seguro de que puedes manejarla, Potter?-preguntó una voz fría y arrastrada. Draco Malfoy se había acercado para ver mejor; y Crabbe y Goyle estaban detrás de él.

-Sí, creo que sí.-contestó Harry.

-Muchas características especiales, ¿verdad?-siguió Malfoy, con un brillo de malicia en los ojos.-Es una pena que no incluya paracaídas, por si aparece algún Dementor.-Crabbe y Goyle se rieron.

-Y es una pena que no tengas tres brazos.-le contestó Tabatha, mostrándose desinteresada.-De esa forma podrías agarrar la Snitch.-el equipo de Gryffindor se rió con ganas. Malfoy entornó sus ojos claros y se marchó ofendido. Lo vieron reunirse con los demás jugadores de Slytherin, que juntaron las cabezas, seguramente para preguntarle a Malfoy si las escobas eran de verdad dos Saetas de Fuego.

A las once menos cuarto el equipo de Gryffindor se dirigió a los vestuarios. El tiempo no podía ser más distinto del que había imperado en el partido contra Hufflepuff. Hacía un día fresco y despejado, con una brisa muy ligera. Esta vez no habría problemas de visibilidad, y Harry, aunque estaba nervioso, empezaba a sentir la emoción que sólo podía producir un partido de Quidditch. Oían al resto del colegio que se dirigía al estadio. Luego de haberse sacado la túnica y de haberse puesto el uniforme escarlata, Tabatha tomó su varita y la guardó en la parte de adentro. Esperaba no necesitarla. Se preguntó de repente si el profesor Lupin estaría entre el público viendo el partido.

-Ya saben lo que tienen que hacer.-les recordó Wood cuando se disponían a salir del vestuario.- Si perdemos este partido, estamos eliminados. Sólo... sólo tienen que hacerlo como en el entrenamiento de ayer y todo irá de perlas.-

Salieron al campo y fueron recibidos con un aplauso tumultuoso. El equipo de Ravenclaw, de color azul, aguardaba ya en el campo. La buscadora, Cho Chang, era la única chica del equipo y a pesar de los nervios,  Harry no pudo dejar de notar que era muy guapa. Ella le sonrió cuando los equipos se alinearon uno frente al otro, detrás de sus capitanes.

-Wood, Davies, dense la mano.-ordenó la señora Hooch.-Monten en las escobas... Cuando suene el silbato... ¡Tres, dos, uno!-

Catorce escobas se elevaron en el aire. Como todos los partidos, Tabatha, formó la defensiva junto a las demás cazadoras, esperando atrapar las Quaffles

-Han empezado a jugar y los objetos de expectación en este partido son las Saetas de Fuegos que montan los mellizos Potter, del equipo de Gryffindor. Según la revista El mundo de la escoba, la Saeta es la escoba elegida por los equipos nacionales para el campeonato mundial de este año.

-Jordan, ¿te importaría explicar lo que ocurre en el partido?-interrumpió la voz de la profesora McGonagall.

-Tiene razón, profesora. Sólo daba algo de información complementaria. La Saeta de Fuego, por cierto, está dotada de frenos automáticos y...

-¡Jordan!-

-De acuerdo, de acuerdo. Gryffindor tiene la pelota. Angelina Johnson  se dirige a la meta... Harry pasó como un rayo al lado de Angelina y en dirección contraria, buscando a su alrededor un resplandor dorado y notando que Cho Chang le pisaba los talones.- la jugadora volaba muy bien. Continuamente se le cruzaba, obligándolo a cambiar de dirección.

-Enséñale cómo se acelera, Harry.-le gritó Fred al pasar velozmente por su lado en persecución de una Bludger que se dirigía hacia Alicia. Harry aceleró la Saeta al rodear los postes de la meta de Ravenclaw, seguido de Cho. La vio en el momento en que su hermana conseguía el primer tanto del partido y las gradas ocupadas por los de Gryffindor enloquecían de entusiasmo.

La Snitch estaba muy próxima al suelo, cerca de una de las barreras. Harry descendió en picado; Cho lo vio y salió rápidamente tras él. El azabache aumentó la velocidad. Estaba embargado de emoción. Su especialidad eran los descensos en picado. Estaba a tres metros de distancia... Entonces, una Bludger impulsada por uno de los golpeadores de Ravenclaw surgió ante él veloz como un rayo. Harry viró. La esquivó por un centímetro. Tras esos escasos y cruciales segundos, la Snitch desapareció.

Los seguidores de Gryffindor dieron un grito de decepción y los de Ravenclaw aplaudieron a rabiar a su golpeador. George desfogó su rabia enviando la segunda Bludger directamente contra el golpeador que había lanzado contra Harry. El golpeador tuvo que dar en el aire una vuelta de campana para esquivarla.

-¡Gryffindor gana por ochenta a cero! ¡Y miren esa Saeta de Fuego! Potter le está sacando partido. Vean cómo gira. La Cometa de Chang no está a su altura. La precisión y equilibrio de la Saeta es realmente evidente en estos largos...

-¡JORDAN!-chillo McGonagall.- ¿TE PAGAN PARA QUE HAGAS PUBLICIDAD DE LAS SAETAS DE FUEGO? ¡SIGUE COMENTANDO EL PARTIDO!

Ravenclaw jugaba a la defensiva. Ya habían marcado tres goles, lo cual había reducido la distancia con Gryffindor a cincuenta puntos. Si Cho atrapaba la Snitch antes que él, Ravenclaw ganaría. Harry descendió evitando por muy poco a un cazador de Ravenclaw y buscó la Snitch por todo el campo, desesperadamente. Vio un destello dorado y un aleteo de pequeñas alas: la Snitch rodeaba la meta de Gryffindor. Harry aceleró con los ojos fijos en la mota de oro que tenía delante. Pero un segundo después surgió Cho, bloqueándole.

-¡HARRY, NO ES MOMENTO PARA PORTARSE COMO UN CABALLERO!-le gritaron Tabatha y Oliver.- ¡SI ES NECESARIO, TÍRALA DE LA ESCOBA! 

Harry volvió la cabeza y vio a Cho. La muchacha sonreía. La Snitch había desaparecido de nuevo. Harry ascendió con la Saeta y enseguida se encontró a siete metros por encima del nivel de juego. Por el rabillo del ojo vio que Cho lo seguía... Prefería marcarlo a buscar la Snitch. Bien, pues... si quería perseguirlo, tendría que atenerse a las consecuencias...

Volvió a bajar en picado; Cho, creyendo que había vuelto a ver la Snitch, quiso seguirle. Harry frenó muy bruscamente. Cho se precipitó hacia abajo. Harry, una vez más, ascendió veloz como un rayo y entonces la vio por tercera vez: la Snitch brillaba por encima del medio campo de Ravenclaw. Aceleró; también lo hizo Cho, muchos metros por debajo. Harry iba delante, acercándose cada vez más a la Snitch. Entonces...

-¡Ah!-gritó Cho, señalando hacia abajo. Harry se distrajo y bajó la vista. Tres Dementores altos, encapuchados y vestidos de negro lo miraban. Tabatha que estaba cerca, también oyó el grito e imitando a su hermano, sacó su varita.

 -¡Expecto Patronum!-algo blanco y plateado, enorme, salió de las puntas de ambas. Sabían que habían disparado hacia los Dementores, pero no se entretuvieron en comprobarlo. Harry con la mente aún despejada, miró delante de él. Ya casi estaba. Alargó la mano, con la que aún empuñaba la varita, y pudo hacerse con la pequeña y rebelde Snitch.

Se oyó el silbato de la señora Hooch. Harry dio media vuelta en el aire y vio seis borrones rojos que se le venían encima. Al momento siguiente, todo el equipo lo abrazaba tan fuerte que casi lo derribaron de la escoba. De abajo llegaba el griterío de la afición de Gryffindor.

-¡Éste es mi valiente!-exclamaba Wood una y otra vez. Alicia, Angelina y la pelirroja besaron a Harry, y Fred le dio un abrazo tan fuerte que el azabache creyó que se le iba a salir la cabeza. En completo desorden, el equipo se las ingenió para abrirse camino y volver al terreno de juego. Harry descendió de la escoba y vio a un montón de seguidores de Gryffindor saltando al campo, con Ron en cabeza. Antes de que se diera cuenta, lo rodeaba una multitud alegre que le ovacionaba.

-¡Sí!-gritó el pelirrojo, subiéndole el brazo.- ¡Sí!

-Bien hecho, Harry.-lo felicitó Percy muy contento.- Acabo de ganar diez galeones. Tengo que encontrar a Penélope. Disculpa.-

-¡Estupendo, Harry!-gritó Seamus Finnigan.

-¡Muy bien!-exclamó Hagrid con voz de trueno, por encima de las cabezas de los de Gryffindor.

-Fue un Patronus bastante bueno.-le susurró una voz a los mellizos junto al oído. Ambos  se volvieron  y vieron al profesor Lupin, que estaba encantado y sorprendido.

-Los Dementores no nos afectaron en absoluto.-explicó Harry emocionado.- No sentí nada.

-Eso sería porque... porque no eran Dementores.-dijo el profesor Lupin.-Vengan y lo verán.-sacó a los mellizos de la multitud para enseñarle el borde del terreno de juego.-Le han dado un buen susto al señor Malfoy.-

Se quedaron mirando. Tendidos en confuso montón estaban Malfoy, Crabbe, Goyle y Marcus Flint, el capitán del equipo de Slytherin, todos forcejeando por quitarse unas túnicas largas, negras y con capucha. Parecía como si Malfoy se hubiera puesto de pie sobre los hombros de Goyle. Delante de ellos, muy enfadada, estaba la profesora McGonagall.

-¡Un truco indigno!-gritaba.- ¡Un intento cobarde e innoble de sabotear al buscador de Gryffindor! ¡Castigo para todos y cincuenta puntos menos para Slytherin! Pondré esto en conocimiento del profesor Dumbledore, no les quepa la menor duda. ¡Ah, aquí llega!

Si algo podía ponerle la guinda a la victoria de Gryffindor era aquello. Ron, que se había abierto camino para llegar junto a los niños Potter, se partía de la risa mientras veían a Malfoy forcejeando para quitarse la túnica, con la cabeza de Goyle todavía dentro.

-¡Vamos, Harry!-dijo George, abriéndose camino.- ¡Vamos a celebrarlo ahora en la sala común!- y más contento de lo que se habían sentido en mucho tiempo, acompañaron al resto del equipo hacia la salida del estadio y otra vez al castillo, vestidos aún con túnica escarlata.

Era como si hubieran ganado ya la copa de Quidditch; la fiesta se prolongó todo el día y hasta bien entrada la noche. Los gemelos Weasley desaparecieron un par de horas y volvieron con los brazos cargados con botellas de cerveza de mantequilla, refresco de calabaza y bolsas de dulces de Honeydukes.

-¿Cómo lo han hecho?-preguntó Angelina, mientras George arrojaba sapos de menta a todos.

-Con la ayuda de Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta.-susurró Fred al oído de Tabatha.

Sólo había una persona que no participaba en la fiesta. Hermione, inverosímilmente sentada en un rincón, se esforzaba por leer un libro enorme que se titulaba Vida doméstica y costumbres sociales de los Muggles británicos. La pelirroja dejó la mesa en que Fred y George habían empezado a hacer juegos malabares con botellas de cerveza de mantequilla, y se acercó a ella.

-¿No has venido al partido?-le preguntó.

-Claro que sí.-respondió Hermione, con voz curiosamente aguda, sin levantar la vista.-Y me alegro mucho de que ganáramos, y creo que tú lo hiciste muy bien, pero tengo que terminar esto para el lunes.

-Vamos, Hermione, ven a tomar algo.-pidió el azabache, mirando hacia Ron y preguntándose si estaría de un humor lo bastante bueno para enterrar el hacha de guerra.

-No puedo, Harry, aún tengo que leer cuatrocientas veintidós páginas.-contestó Hermione, que parecía un poco histérica.- Además...-también miró a Ron.- Él no quiere que vaya.

No pudo negarlo, porque Ron escogió aquel preciso momento para decir en voz alta:

-Si Scabbers no hubiera muerto, podría comerse ahora unas cuantas moscas de café con leche, le gustaban tanto...-Hermione se echó a llorar. Antes de que Harry pudiera hacer o decir nada, se puso el mamotreto en la axila y, sin dejar de sollozar, salió corriendo hacia la escalera que conducía al dormitorio de las chicas, y se perdió de vista.

-Eres un idiota, Weasley.-le espetó la pelirroja, frunciendo el ceño y siguiendo a su amiga.

.:*

La fiesta de Gryffindor sólo terminó cuando la profesora McGonagall se presentó a la una de la madrugada, con su bata de tela escocesa y la redecilla en el pelo, para mandarles que se fueran a dormir.

Tabatha había estado todo ese momento consolando a Hermione, pero no parecía darle resultado y terminó optando por irse a dormir. La noche fue bastante calmada, la habitación de chicas estaba en un profundo silencio, solo era interrumpido por los ronroneos de Crookshanks y los leves aleteos de Phoebe.

La pelirroja había dejado entre abierta el dosel de su cama, permitiendo que los rayos de la luna se filtrasen y se impregnasen en la tela de sus sabanas. Ella soltó un suspiro y se acomodó dándole la espalda a la ventana. En el proceso entre abrió los ojos, encontrándose con una figura alta frente a ella. Asustada se reincorporó y alcanzó a ver el hundido y blanquecino rostro que había visto varias veces en el Profeta. Sin pensarlo dos veces, soltó un grito, haciendo que sus compañeras despertasen rápidamente.

-¡¿Qué ocurre?!-chilló Hermione, encendiendo los veladores. Pero la pelirroja no pudo contestar, ya que hubo otro grito que hizo temblar la torre. Las cuatro chicas se pusieron de pie y salieron de la habitación. Se sorprendieron al ver que la puerta estaba abierta.

-¡Black! ¡Sirius Black! ¡Con un cuchillo!-gritaba Ron, saliendo despavorido del cuarto de varones.

-¿Qué?-preguntó Tabatha.

-¡Aquí! ¡Ahora mismo! ¡Rasgó las cortinas! ¡Me despertó!-

-¿No estarías soñando, Ron?-preguntó Dean.

-¡Miren las cortinas! ¡Les digo que estaba aquí!-

-¿Quién ha gritado?-preguntaban voces somnolientas que salían de sus habitaciones.

-¿Qué hacen?-

La sala común estaba iluminada por los últimos rescoldos del fuego y llena de restos de la fiesta. No había nadie allí.

-¿Estás seguro de que no soñabas, Ron?-

-Yo te creo, a mí también me pareció ver alguien en nuestra habitación.-explicó la pelirroja.

-¡Lo ven!-reprochó el pelirrojo.- ¡Estuvo aquí! ¡Tenía un cuchillo!-

-¿Por qué armáis tanto alboroto?

-¡La profesora McGonagall nos ha mandado acostarnos!-algunas chicas habían bajado poniéndose la bata y bostezando.

-Estupendo, ¿continuamos?-preguntó Fred Weasley con animación.

  • ¡Todo el mundo a la cama!-ordenó Percy, entrando aprisa en la sala común y poniéndose, mientras hablaba, su insignia de Premio Anual en el pijama.

-Percy... ¡Sirius Black!-dijo Ron, con voz débil.- ¡En nuestro dormitorio y en el de las chicas! ¡Con un cuchillo! ¡Me despertó!-todos contuvieron la respiración.

-¡Absurdo!-murmuró Percy con cara de susto.-Has comido demasiado, Ron. Has tenido una pesadilla.

-Te digo que...

  • ¡Ya basta!-llegó la profesora McGonagall. Cerró la puerta de la sala común y miró furiosa a su alrededor.

-¡Me encanta que Gryffindor haya ganado el partido, pero esto es ridículo! ¡Percy, no esperaba esto de ti!

 -¡Le aseguro que no he dado permiso, profesora!-se defendió el prefecto.- ¡Precisamente les estaba diciendo a todos que regresaran a la cama! ¡Mi hermano Ron tuvo una pesadilla....!

  • ¡NO FUE UNA PESADILLA!-gritó Tabatha.-  ¡PROFESORA, ME DESPERTÉ Y SIRIUS BLACK ESTABA DELANTE DE MÍ!

-¡CON UN CUCHILLO EN LA MANO!-agregó Ron. La profesora McGonagall los miró fijamente.

-No digan tonterías, Weasley, Potter. ¿Cómo iba a pasar por el retrato?

-¡Hay que preguntarle!-dijo Ron, señalando con el dedo la parte trasera del cuadro de sir Cadogan.- Hay que preguntarle si ha visto...-mirando a Ron con recelo, la profesora McGonagall abrió el retrato y salió. Todos los de la sala común escucharon conteniendo la respiración.

-Sir Cadogan, ¿ha dejado entrar a un hombre en la torre de Gryffindor?-

-¡Sí, gentil señora!-gritó el cuadro. Todos, dentro y fuera de la sala común, se quedaron callados, anonadados.

-¿De... de verdad?-preguntó la profesora McGonagall.- Pero ¿y la contraseña?

-¡Me la dijo!-respondió altanero.-Se sabía las de toda la semana, señora. ¡Las traía escritas en un papel!-la profesora McGonagall volvió a pasar por el retrato para encontrarse con la multitud, que estaba estupefacta. Se había quedado blanca como la tiza.

  • ¿Quién ha sido?-preguntó con voz temblorosa.- ¿Quién ha sido el tonto que ha escrito las contraseñas de la semana y las ha perdido?

Hubo un silencio total, roto por un leve grito de terror. Neville, temblando desde los pies calzados con zapatillas de tela hasta la cabeza, levantó la mano muy lentamente.