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"Los mellizos Potter" — capítulo 74

Capítulo 19:

"El Patronus"

Tabatha sabía que la intención de Hermione había sido buena, pero eso no le impidió enfadarse con ella. Los mellizos habían sido propietarios de las mejores escobas del mundo durante unas horas y, por culpa de la castaña, ya no sabían si las volverían a ver.

Ron también estaba enfadado con ella. En su opinión, desmontar una Saeta de Fuego completamente nueva era un crimen. Hermione, que seguía convencida de que había hecho lo que debía y comenzó a evitar la sala común. Los mellizos y Ron supusieron que se había refugiado en la biblioteca y no intentaron persuadirla de que saliera de allí. Y la pelirroja, solo hablaba con ella cuando ingresaban en la habitación.

Se alegraron de que el resto del colegio regresara poco después de Año Nuevo y la torre de Gryffindor volviera a estar abarrotada de gente y de bullicio. Wood buscó a los mellizos la noche anterior al comienzo de las clases.

-¿Qué tal las Navidades?-preguntó. Y, sin esperar respuesta, se sentó, bajó la voz - He estado meditando durante las vacaciones, chicos. Después del último partido, ¿sabes? Si los Dementores acuden al siguiente... no nos podemos permitir que tú... bueno...-Oliver se quedó callado, con cara de sentirse incómodo.

-Estoy trabajando en ello.-dijo Harry rápidamente.-El profesor Lupin me dijo que nos daría unas clases para ahuyentar a los Dementores. Comenzaremos esta semana. Dijo que después de Navidades estaría menos atareado.

-Ya.-murmuró Wood. Su rostro se animó.-Bueno, en ese caso... Realmente no quería perderte como buscador; Harry. ¿Han comprado ya otras escobas?

-No.-contestó Tabatha.

-¿Cómo? Pues será mejor que se den prisa. No pueden montar en esas Estrella Fugaz en el partido contra Ravenclaw.-

-Les regalaron dos Saetas de Fuego en Navidad.-dijo Ron, sumándose a la conversación.

-¿Una Saeta de Fuego? ¡No! ¿En serio? ¿Una Saeta de Fuego de verdad?

-No te emociones, Oliver.-habló la pelirroja con tristeza.-Ya no la tenemos. Nos las confiscaron.-Harry se encargó de explicarle los motivos.

-¿Hechizada? ¿Por qué podría estar hechizada?

-Sirius Black.-explicó Harry sin entusiasmo.-Parece que va detrás de nosotros. Así que McGonagall piensa que él nos la podría haber enviado.-desechando la idea de que un famoso asesino estuviera interesado por la vida de su buscador y su cazadora, Oliver, siguió con el tema.  

-¡Pero Black no podría haber comprado una Saeta de Fuego! Es un fugitivo. Todo el país lo está buscando. ¿Cómo podría entrar en la tienda de Artículos de Calidad para el Juego del Quidditch y comprar una escoba?-

-Ya lo sabemos. Pero aun así, McGonagall quiere desmontarlas.-Wood se puso pálido.

-Iré a hablar con ella, chicos.-les prometió.- La haré entrar en razón... dos Saetas de Fuego... ¡dos auténticas Saetas de Fuego en nuestro equipo! Ella tiene tantos deseos como nosotros de que gane Gryffindor... La haré entrar en razón... ¡dos Saetas de Fuego...!

..*

Las clases comenzaron al día siguiente. Lo último que deseaba nadie una mañana de enero era pasar dos horas en una fila en el patio, pero Hagrid había encendido una hoguera de salamandras, para su propio disfrute, y pasaron una clase inusualmente agradable recogiendo leña seca y hojarasca para mantener vivo el fuego, mientras las salamandras, correteaban de un lado para otro de los troncos incandescentes que se iban desmoronando. La primera clase de Adivinación del nuevo trimestre fue mucho menos divertida. La profesora Trelawney les enseñaba ahora quiromancia y se apresuró a informar a Harry de que tenía la línea de la vida más corta que había visto nunca. A la que los mellizos tenían más ganas de acudir era a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras. Después de la conversación con Wood, querían comenzar las clases contra los Dementores tan pronto como fuera posible.

-El jueves a las ocho en el salón de Historia, tenemos nuestra primera clase.-informó Tabatha, cuando alcanzó a su hermano en el pasillo, rumbo al gran Comedor.

-Aún parece enfermo, ¿verdad?-preguntó Ron.- ¿Qué crees que le pasa?-oyeron que alguien los llamaba con impaciencia detrás de ellos. Era Hermione, que había estado sentada a los pies de una armadura, ordenando la mochila, tan llena de libros que no se cerraba.- ¿Por qué nos chistas?-cuestionó el pelirrojo, irritado.

-Por nada.-dijo Hermione con altivez, echándose la mochila al hombro.

-Por algo será.-repuso Ron.-Dije que no sabía qué le ocurría a Lupin y tú...

-Bueno, ¿no es evidente?-inquirió ella con una mirada de superioridad exasperante.

-Si no nos lo quieres decir, no lo hagas.-dijo el joven Weasley con brusquedad.

-De acuerdo.- sentenció Hermione, y se marchó altivamente.

-No lo sabe.-murmuró él, siguiéndola con los ojos y resentido.-Sólo quiere que le volvamos a hablar.

A las ocho de la tarde del jueves, los chicos Potter salieron de la torre para acudir al aula de Historia de la Magia. Cuando llegaron estaba a oscuras y vacía, pero encendieron las luces con sus varita mágica y al cabo de cinco minutos apareció el profesor Lupin, llevando dos grandes cajas de embalar que puso encima de la mesa del profesor Binns.

-¿Qué es?-preguntó Harry.

-Otros Boggart.-respondió el profesor, quitándose la capa.-He estado buscando por el castillo desde el martes y he tenido la suerte de encontrar a estos escondidos dentro del archivador del señor Filch. Es lo más parecido que podemos encontrar a un auténtico Dementor. El Boggart se convertirá en Dementor cuando te vea, de forma que podrás practicar con él. En este caso, Tabatha, necesito que cambies al tuyo.-

-¿Cambiarlo?-preguntó ella.

-Sí, debes concentrarte y lo lograras.-la pelirroja meditó y luego, asintió.- Puedo guardarlos en mi despacho cuando no los utilicemos, bajo mi mesa hay un armario que les gustará.-

-De acuerdo.-dijeron ambos. Se sentían más cómodos al saber que no deberían enfrentarse a los verdaderos, por el momento.

-Así pues...-el profesor Lupin sacó su varita mágica y les indicó que hiciesen lo mismo. --El hechizo que trataré de enseñarles es magia muy avanzada... Bueno, muy por encima del Nivel Corriente de Embrujo. Se llama Encantamiento Patronus.

-¿Cómo es?-preguntó Harry, nervioso.

-Bueno, cuando sale bien invocar a un Patronus para que se aparezca, se crea una especie de escudo entre el Dementor y tú.- explicó Lupin.-El Patronus es una especie de fuerza positiva, una proyección de las mismas cosas de las que el Dementor se alimenta: esperanza, alegría, deseo de vivir... y no puede sentir desesperación como los seres humanos, de forma que no lo pueden herir. Pero tengo que advertirles de que el hechizo podría resultarles excesivamente avanzado. Muchos magos cualificados tienen dificultades con él.

-¿Qué aspecto tiene un Patronus?-preguntó Tabatha con curiosidad.

-Es según el mago que lo invoca.-

-¿Y cómo se invoca?- siguió Harry.

-Con un encantamiento que sólo funcionará si te concentras con todas tus fuerzas en un solo recuerdo de mucha alegría.-los mellizos se miraron. E intentaron recordar algo alegre. Desde luego, nada de lo que les había ocurrido en casa de los Dursley le serviría. Tabatha puso la misma cara que ponía cuando tenía exámenes y comenzó a buscar en el interior de su mente, algún recuerdo que le sirviese. Terminó eligiendo el momento en que tenía cinco años y se había roto la bomba de agua de la esquina de Privet Driver y junto a Harry, se mojaron para luego reír con la carcajada más pura.

-Ya.-dijeron ambos.

-El encantamiento es así.-Lupin se aclaró la garganta.- ¡Expecto Patronum!

-¡Expecto Patronum!-repitieron entre dientes.- ¡Expecto Patronum! -

-¿Se están concentrando con fuerza en el recuerdo feliz?-

-Sí...-contestaron los mellizos.  Ambos se presionaban a sí mismos para internarse en el recuerdo y así poder lograr conjurarlo.- Expecto patrono, no, Patronum... perdón... ¡Expecto Patronum! ¡Expecto Patronum!-de repente, como un chorro, surgió algo del extremo de la varita del azabache. Era como un gas plateado.

-¿Lo ha visto?-preguntó Harry entusiasmado.- ¡Algo ha ocurrido!

-Muy bien —dijo Lupin sonriendo.- Bien, entonces... ¿están preparado para probarlo en un Dementor?

-Sí.-volvieron a asentir. Ambos, empuñando sus varitas con fuerza se colocaron frente a los baúles que les correspondía, juntando sus espaldas. La pelirroja no había logrado conseguir ningún gas ni nada y temía no poder enfrentarse al Boggart. Tal vez fallaría al escuchar la voz de su madre, llegando a defraudar al profesor de DCAO.

Lupin  movió sus manos y ambas cajas se abrieron. Tabatha cerró los ojos concentrándose en hacer aparecer un Dementor. Para cuando los abrió, uno inmenso se alzaba frente a ella. Una mano viscosa y llena de pústulas sujetaba la capa. Las luces que había en el aula parpadearon hasta apagarse. El Dementor salió de la caja y se dirigió silenciosamente hacia la pelirroja, exhalando un aliento profundo y vibrante. Una ola de intenso frío se extendió sobre ella.

-¡Expecto Patronum!-gritaron los mellizos.- ¡Expecto Patronum! ¡Expecto...!-pero el aula y los Dementores, desaparecían. Ambos cayeron de nuevo a través de una niebla blanca y espesa, y la voz de su madre resonó en sus cabezas, más fuerte que nunca...

-¡A mis hijos no! ¡A mis hijos no! Por favor... haré cualquier cosa...-

-A un lado... hazte a un lado, muchacha...-

-¡No!

Tabatha volvió de pronto a la realidad. Estaba boca arriba, tendida en el suelo. Las luces del aula habían vuelto a encenderse. Miró a su hermano y ambos estaban en la misma situación.

-Lo siento.-musitaron, incorporándose y notando un sudor frío que les corría por el cuerpo.

-¿Se encuentran bien?-les preguntó Lupin.

-Sí...-para levantarse, se apoyaron primero en un pupitre y luego en el profesor.

-Tomen.-él les ofreció dos ranas de chocolate.- Cómanselas antes de que volvamos a intentarlo. No esperaba que lo consiguieran a la primera vez. Me habría impresionado mucho que lo hubieran hecho.

-Cada vez es peor.-comentó Tabatha, mordiendo la cabeza de la rana.- Esta vez la he oído más alto aún. Y a él... a Voldemort...-Lupin estaba más pálido de lo habitual.

-Si no quieren continuar; lo comprenderé perfectamente...-

-¡Sí queremos!-exclamó Harry con energía, metiéndose en la boca el resto de la rana.- ¡Tenemos que hacerlo! ¿Y si los Dementores vuelven a presentarse en el partido contra Ravenclaw? No puedo caer de nuevo. ¡Si perdemos este partido, habremos perdido la copa de Quidditch!-

-De acuerdo, entonces...-dijo Lupin.-Tal vez quieran seleccionar otro recuerdo feliz. Quiero decir; para concentrarse. Ése no parece haber sido bastante poderoso...-nuevamente los mellizos, tuvieron que revisar su memoria por algo que les ayude. La pelirroja pensó cuando salvaron a Ginny el año anterior. Empuñando otra vez las varitas mágicas, volvieron a su puesto en mitad del aula.- ¿Preparados?-preguntó Lupin, antes de repetir el movimiento con sus manos.

-Preparados.-Tabatha se concentró a más no poder.  

-¡Ya!-dijo Lupin, levantando la tapa. El aula volvió a enfriarse y a quedarse a oscuras. El Dementor avanzó con su violenta respiración, abriendo una mano putrefacta en dirección a Harry.

-¡Expecto Patronum!-gritaron los mellizos.- ¡Expecto Patronum! ¡Expecto Pat...!-una niebla blanca les oscureció el sentido.

*-¡Lily, toma a Taba y Harry! ¡Vete! ¡Es él! ¡Vete! ¡Corre! Yo lo detendré.-*el ruido de alguien dentro de una habitación, una puerta que se abría de golpe, una carcajada estridente.

Tabatha abrió los ojos, llenos de lágrimas y con el pecho subiéndole y bajándole con mucha rapidez.

-¿Están…?-antes de que Lupin llegase a terminar de formular la pregunta, la pelirroja se le tiró encima, abrazándolo.

-He oído a mi padre.-balbuceó.-Es la primera vez que lo oigo. Quería enfrentarse a Voldemort para que a mi madre le diera tiempo de escapar.-las lágrimas mojaron la túnica del profesor, mientras sus pequeñas manos, se agarraban más a la cintura de Lupin.

-¿Han oído a James?-preguntó Lupin con voz extraña.

-Sí...-Con la cara ya seca, volvió a levantar la vista.- ¿Por qué? Usted no conocía a mi papá, ¿o sí?

-Lo... lo conocí, sí.-contestó.-Fuimos amigos en Hogwarts. Escuchen, chicos. Tal vez deberíamos dejarlo por hoy. Este encantamiento es demasiado avanzado... No debería haberlos puesto en este trance...-

-No.-repuso Harry. Se volvió a levantar.- ¡Lo volveremos a intentar!- Tabatha se alejó del profesor y se secó las lágrimas. Cerró los ojos y comenzó a pensar.

*-Tranquila cariño, ahora estoy yo…-*ella sonrió con nostalgia y se puso en posición.

Las tapas se abrieron por tercera vez y los Dementores volvieron a salir de ellas. El aula volvió a enfriarse y a oscurecerse.

-¡EXPECTO PATRONUM!-gritaron los mellizos, nuevamente.- ¡EXPECTO PATRONUM! ¡EXPECTO PATRONUM!-de nuevo comenzaron los gritos en la mente de ambos, salvo que esta vez sonaban como si procedieran de una radio mal sintonizada. El sonido bajó, subió y volvió a bajar... Todavía seguían viendo a los Dementores. Se habían detenido... Y luego, dos enormes sombras plateadas salieron con fuerza del extremo de las varitas y se mantuvieron entre ellos y los Dementores. Aunque se sentían tan blandos como una mantequilla, se mantuvieron en sus posiciones, haciendo retroceder a los seres.

-¡Riddikulus!-gritó Lupin, saltando hacia delante. Se oyó un fuerte crujido y el nebuloso Patronus se desvaneció junto con los Dementores. Ambos se derrumbaron en una silla, con las piernas temblando, tan cansados como si acabara de correr varios kilómetros. Por el rabillo del ojo vio al profesor Lupin obligando con la varita al Boggart a volver a la caja de embalaje. Se había vuelto a convertir en una esfera plateada.- ¡Estupendo!-exclamó,  yendo hacia donde estaban sentados.-  ¡Estupendo, chicos! Ha sido un buen principio.

-¿Podemos volver a probar?-pidió Harry.- Sólo una vez más.

-Ahora no.-negó Lupin con firmeza.- Ya han tenido bastante por una noche. Tengan...-les ofreció dos tabletas del mejor chocolate de Honeydukes.- Cómanselo todo o la señora Pomfrey me matará. ¿El jueves que viene a la misma hora?

-De acuerdo.-respondieron.

¿Profesor Lupin?-preguntó Harry.- Si conoció a mi padre, también conocería a Sirius Black.-Lupin se volvió con rapidez.

-¿Qué te hace pensar eso?-dijo severamente.

-Nada. Quiero decir... nos hemos enterado de que eran amigos en Hogwarts.-el rostro del profesor, se calmó.

-Sí, lo conocí.-murmuró lacónicamente.- O creía que lo conocía.-afirmó.- Será mejor que se vayan, chicos. Se hace tarde.-

Los mellizos salieron del aula, atravesaron el corredor; doblaron una esquina, dieron un rodeo por detrás de una armadura y se sentaron en la peana para terminar el chocolate, lamentando haber mencionado a Black, dado que a Lupin, obviamente, no le había hecho gracia.

-¿Tú también los escuchaste?-preguntó la pelirroja, dando un pequeño mordisco.- ¿A mamá y a papá?-

-Sí, lo hice.-Harry suspiró y apoyó su cabeza sobre la de su hermana.- Durante ese momento me sentí extraño…como si estuviese…

-Vació.-completó Tabatha.- No me creo que capaz de lograr un Patronus si sigo oyendo sus voces...-

 -Están muertos.- dijo el azabache, con firmeza.-Están muertos y volver a oír el eco de su voz no los traerá a la vida.-aunque le doliera pensar eso, Tabatha, sabía que su hermano tenía razón.

..*

Ravenclaw jugó contra Slytherin una semana después del comienzo del trimestre. Slytherin ganó, aunque por muy poco. Según Wood, eran buenas noticias para Gryffindor; que se colocaría en segundo puesto si le ganaba también a Ravenclaw. Por lo tanto, aumentó los entrenamientos a cinco veces por semana. Esto significaba que, junto con las clases de Lupin, más la de McGonagall, que resultaban más agotadoras que seis sesiones de entrenamiento de Quidditch, a Tabatha le quedaba tan sólo una noche a la semana para hacer todos los deberes. Aun así, no parecía tan agobiada como Hermione, a la que le afectaba la inmensa cantidad de trabajo. Cada noche, sin excepción, la veían en un rincón de la sala común, con varias mesas llenas de libros, tablas de Aritmancia, diccionarios de runas, dibujos de Muggles levantando objetos pesados y carpetas amontonadas con apuntes extensísimos. Apenas hablaba con nadie y respondía de malos modos cuando alguien la interrumpía.

-¿Cómo lo hará?- preguntó Ron, mientras terminaba un insoportable trabajo para Snape sobre Venenos indetectables. Harry alzó la vista. A Hermione casi no se la veía detrás de la torre de libros.

-¿Cómo hará qué?-inquirió la pelirroja, mirando a su amiga.

-Ir a todas las clases.-respondió Ron.-Esta mañana la oí hablar con la profesora Vector. Hablaban de la clase de ayer. Pero Hermione no pudo ir, porque estaba con nosotros en Cuidado de Criaturas Mágicas. Y Hernie me dijo que no ha faltado nunca a una clase de Estudios Muggles. Pero la mitad de esas clases coinciden con Adivinación y tampoco ha faltado nunca a éstas.-los mellizos no tenían tiempo en aquel momento para indagar el misterio del horario imposible de Hermione. Tenían que seguir con el trabajo para Snape. Dos segundos más tarde volvió a ser interrumpido, esta vez por Wood.

-Malas noticias, chicos. Acabo de ver a la profesora McGonagall por lo de las Saetas de Fuego. Ella... se ha puesto algo antipática conmigo. Me ha dicho que mis prioridades están mal. Piensa que me preocupa más ganar la copa que sus vidas. Sólo porque le dije que no me importaba que la escoba los tirase al suelo, siempre que Harry tomase la Snitch.-Oliver sacudió la cabeza con incredulidad.-Realmente, por su forma de gritarme... cualquiera habría pensado que le había dicho algo terrible. Luego le pregunté cuánto tiempo la tendría todavía.-hizo una mueca e imitó la voz de la profesora McGonagall.- El tiempo que haga falta, Wood. Me parece que tendrás que pedir otra escoba. Hay un cupón de pedido en la última página de El mundo de la escoba. Podrían comprar unas Nimbus 2.001 como la que tiene Malfoy.

-No vamos  a comprar nada que le guste a Malfoy.-gruñó Tabatha, volviendo con su trabajo.

..*

 Enero dio paso a febrero sin que se notara, persistiendo en el mismo frío glaciar. El partido contra Ravenclaw se aproximaba, pero los mellizos seguían sin solicitar otra escoba. Al final de cada clase de Transformaciones, le preguntaban a la profesora McGonagall por la Saeta de Fuego, Ron expectante junto a ellos, Hermione pasando a toda velocidad por su lado, con la cara vuelta.

Para empeorar aún más las cosas, las clases con Lupin, no iban tan bien como esperaban, ni mucho menos. Después de varias sesiones, eran capaces de crear una sombra poco precisa cada vez que el Dementor se le acercaba, pero sus Patronus eran demasiado débiles para ahuyentar.

Lo único que hacían era mantenerse en el aire como una nube semitransparente, vaciando de energía a los chicos Potter,  mientras éste se esforzaba por mantenerlo. Harry estaba enfadado consigo mismo.

-Esperas demasiado de ti mismo.- dijo severamente el profesor Lupin en la cuarta semana de práctica.- Para dos brujos de trece años, incluso un Patronus como éste es una hazaña enorme. Ya no se desmayas, ¿a qué no?-

-Creí que el Patronus embestiría contra los Dementores.-murmuró Harry desalentado.-Que los haría desaparecer...

-El verdadero Patronus los hace desaparecer.-contestó Lupin.- Pero ustedes han logrado mucho en poco tiempo. Si los Dementores hacen aparición en el próximo partido de Quidditch, serán capaces de tenerlos a raya el tiempo necesario para volver al juego.-

-Usted dijo que es más difícil cuando hay muchos.-repuso Tabatha.

-Tengo total confianza en ustedes.-aseguró Lupin sonriendo.-Tengan, se han ganado una bebida. Esto es de Las Tres Escobas y supongo que no lo habrán probado antes...-sacó dos botellas de su maletín.

-¡Cerveza de mantequilla!-exclamó Harry irreflexivamente.- Sí, nos encanta.-Lupin alzó una ceja y la pelirroja, le pegó un disimulado codazo.- Bueno... Ron y Hermione nos trajeron algunas cosas de Hogsmeade.-

-Ya veo.-dijo Lupin, aunque parecía algo suspicaz.-Bien, bebamos por la victoria de Gryffindor contra Ravenclaw. Aunque en teoría, como profesor no debo tomar partido.-añadió inmediatamente.

-¿Qué hay debajo de la capucha de un Dementor?-preguntó Tabatha. El profesor Lupin, pensativo, dejó la botella.

-Bueno, los únicos que lo saben no pueden decimos nada. El Dementor sólo se baja la capucha para utilizar su última arma.

-¿Cuál es?

-Lo llaman Beso del Dementor.-respondió Lupin con una amarga sonrisa.- Es lo que le hacen a aquellos a los que quieren destruir completamente. Supongo que tendrán algo parecido a una boca, porque pegan las mandíbulas a la boca de la víctima y... le absorben el alma.-Harry escupió, sin querer; un poco de cerveza de mantequilla.

  • ¿Las matan?

-No. Mucho peor que eso. Se puede vivir sin alma, mientras sigan funcionando el cerebro y el corazón. Pero no se puede tener conciencia de uno mismo, ni memoria, ni nada. No hay ninguna posibilidad de recuperarse. Uno se limita a existir. Como una concha vacía. Sin alma, perdido para siempre.-Lupin bebió otro trago de cerveza de mantequilla.-Es el destino que le espera a Sirius Black. Lo decía El Profeta esta mañana. El Ministerio le ha dado permiso a los Dementores para besarlo cuando lo encuentren.-

Los mellizos se quedaron abstraídos unos instantes, pensando en la posibilidad de sorber el alma por la boca de una persona.

-Se lo merece.-dijo Harry, de pronto.

-¿Eso piensas?-preguntó Lupin, como sin darle importancia.- ¿De verdad crees que alguien se merece eso?-

-Sí.-respondió el azabache con altivez.-Por varios motivos.-

Luego de que hubieran terminado la clase, ambos salieron. Harry casi se arrepentía de haberle preguntado qué había debajo de la capucha de un Dementor. La respuesta había sido tan horrible y lo había sumido hasta tal punto en horribles pensamientos sobre almas sorbidas que se dio de bruces con la profesora McGonagall mientras subía por las escaleras.

-Mira por dónde vas, Potter.-

-Lo siento, profesora.

-Fui a buscarlos a la sala común de Gryffindor.-dijo.-Bueno, aquí las tienen. Hemos hecho todas las comprobaciones y parece que están bien. En algún lugar tienes un buen amigo, Potter.- los dos se quedaron con la boca abierta. La profesora McGonagall sostenía sus Saetas de Fuego, que tenían un aspecto tan magnífico como siempre.

-¿Podemos quedárnoslas?-preguntó Tabatha con un extraño brillo en los ojos al ver su escoba.- ¿De verdad?

-De verdad.-respondió la profesora McGonagall.-Tendrán que familiarizarse con ellas antes del partido del sábado, ¿no? Hagan todo lo posible por ganar; porque si no quedaremos eliminados por octavo año consecutivo, como me acaba de recordar muy amablemente el profesor Snape.-

Los mellizos subieron por las escaleras hacia la torre de Gryffindor; casi sin poder hablar. Al doblar una esquina, vieron a Ron, que se precipitaba hacia ellos con una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Se las han dado? ¡Estupendo! ¿Me dejarás que monte en ella, Harry? ¿Mañana?

-Sí, por supuesto.-respondió él, con un entusiasmo que no había experimentado desde hacía un mes.

-Tendríamos que hacer las paces con Hermione. Sólo quería ayudar...-murmuró la pelirroja.

-Sí, de acuerdo.-la interrumpió Ron.- Está en la sala común, trabajando, para variar.

Llegaron al corredor que llevaba a la torre de Gryffindor; y vieron a Neville que suplicaba a sir Cadogan que lo dejara entrar.

-Las escribí, pero se me deben de haber caído en alguna parte.

-¡Ve a otro con ese cuento!-vociferaba el cuadro.- ¡Voto a bríos, mis valientes y bella señorita! ¡Vayan a atar a este demente que trata de forzar la entrada!

-Cierra la boca.-gruñó Ron al llegar junto a Neville.

-He perdido las contraseñas.-les confesó abatido.- Le pedí que me dijera las contraseñas de esta semana, porque las está cambiando continuamente, y ahora no sé dónde las tengo.

-Rompetechos.-dijo Harry al cuadro, que parecía muy decepcionado y reacio a dejarlos pasar. Hubo murmullos repentinos y emocionados cuando todos se dieron la  vuelta y rodearon a los mellizos para admirar sus Saetas de Fuego.

-¿Cómo las han conseguido, chicos?

-¿Me dejarán dar una vuelta?

-¿Ya la han probado?

-Ravenclaw no tiene nada que hacer. Todos van montados en Barredoras 7.-

-¿Puedo tomarla, Harry?-después de unos diez minutos en que las Saetas de Fuego fueron pasando de mano en mano y admiradas desde cada ángulo, la multitud se dispersó y los mellizos y Ron pudieron ver a Hermione, la única que no había corrido hacia ellos y había seguido estudiando. Ellos se acercaron a su mesa y la muchacha levantó la vista.

-Nos las han devuelto.- comentó Tabatha sonriendo y levantando la Saeta de Fuego.

-¿Lo ves, Hermione?-reprochó Ron.- ¡No había nada malo en ella!

-Bueno... Podía haberlo.-repuso ella.- Por lo menos ahora saben que son seguras.

-Sí, supongo que sí.-dijo Harry.-Será mejor que la deje arriba.

-¡Yo la llevaré!-se ofreció Ron con entusiasmo.-Tengo que darle a Scabbers el tónico para ratas. Lavander se acercó a ellas y se ofreció también para llevar la de Tabatha. Harry se excusó y se acercó al capitán del equipo, dejando a ambas chicas solas.

-¿Me puedo sentar?-preguntó la pelirroja.

-Supongo que sí.-contestó Hermione, retirando un montón de pergaminos que había sobre la silla.

Tabatha echó un vistazo a la mesa abarrotada, al largo trabajo de Aritmancia, cuya tinta todavía estaba fresca, al todavía más largo trabajo para la asignatura de Estudios Muggles, y a la traducción rúnica en que Hermione se hallaba enfrascada.

-¿Qué tal lo llevas?-preguntó.

-Bien. Ya sabes, trabajando duro.-respondió la castaña. Tabatha vio que de cerca parecía casi tan agotada como Lupin.

-¿Por qué no dejas un par de asignaturas?-preguntó, viéndola revolver entre libros en busca del diccionario de runas.

-¡No podría!-exclamó escandalizada.

-La Aritmancia parece horrible.-observó la pelirroja, tomando una tabla de números particularmente abstrusa.

-No, es maravillosa.-repuso Hermione con sinceridad.- Es mi asignatura favorita. Es...

Pero la joven Potter no llegó a enterarse de qué tenía de maravilloso la Aritmancia. En aquel preciso instante resonó un grito ahogado en la escalera de los chicos. Todos los de la sala común se quedaron en silencio, petrificados, mirando hacia la entrada. Se acercaban unos pasos apresurados que se oían cada vez más fuerte. Y entonces apareció Ron arrastrando una sábana.

-¡MIRA!-gritó, acercándose a zancadas a la mesa de Hermione.- ¡MIRA! —repitió, sacudiendo la sábana delante de su cara.

-¿Qué pasa, Ron?-preguntó Tabatha, preocupada.

-¡SCABBERS! ¡MIRA! ¡SCABBERS!-Hermione se apartó, echándose hacia atrás, muy asombrada. Harry se acercó para observar la sábana. Había algo rojo en ella. Algo que se parecía mucho a...-¡SANGRE!-exclamó el pelirrojo, en medio del silencio.- ¡NO ESTÁ! ¿Y SABES LO QUE HABÍA EN EL SUELO?-

-No, no.-dijo Hermione con voz temblorosa. Ron tiró algo encima de la traducción rúnica de Hermione. Ella y los mellizos se inclinaron hacia delante. Sobre las inscripciones extrañas y espigadas había unos pelos de gato, largos y de color canela.