"Los mellizos Potter" — capítulo 83
Capítulo 28:
El Giratiempo…
-Asombroso. Verdaderamente asombroso. Fue un milagro que quedaran todos con vida. No he oído nunca nada parecido. Menos mal que se encontraba usted allí, Snape...
-Gracias, señor ministro.
-Orden de Merlín, de segunda clase, diría yo. ¡Primera, si estuviese en mi mano!
-Muchísimas gracias, señor ministro.-
-Tiene ahí una herida bastante fea.-señaló Fudge.- Supongo que fue Black.
-En realidad fueron los Potter; Weasley y Granger, señor ministro.
-¡No!-exclamó.
-Black los había encantado. Me di cuenta enseguida. A juzgar por su comportamiento, debió de ser un hechizo para confundir. Me parece que creían que existía una posibilidad de que fuera inocente. No eran responsables de lo que hacían. Por otro lado, su intromisión pudo haber permitido que Black escapara... Obviamente, creyeron que podían atrapar a Black ellos solos. Han salido impunes en tantas ocasiones anteriores que me temo que se les ha subido a la cabeza... Y naturalmente, el director ha consentido siempre que Potter goce de una libertad excesiva.
-Bien, Snape. ¿Sabe? Todos hacemos un poco la vista gorda en lo que se refiere a los mellizos Potter.
-Ya. Pero ¿es bueno para ellos que se les conceda un trato tan especial? Personalmente, intento tratarlos como a cualquier otro. Y cualquier otro sería expulsado, al menos temporalmente, por exponer a sus amigos a un peligro semejante. Fíjese, señor ministro: contra todas las normas del colegio... después de todas las precauciones que se han tomado para protegerlos... Fuera de los límites permitidos, en plena noche, en compañía de un licántropo y un asesino... y tengo indicios de que el chico también ha visitado Hogsmeade, pese a la prohibición.
-Bien, bien..., ya veremos, Snape. El muchacho ha sido travieso, sin duda.-Harry escuchaba acostado, con los ojos cerrados. Estaba completamente aturdido. Las palabras que oía parecían viajar muy despacio hasta su cerebro, de forma que le costaba un gran esfuerzo entenderlas. Sentía los miembros como si fueran de plomo. Sus párpados eran demasiado pesados para levantarlos. Quería quedarse allí acostado, en aquella cómoda cama, para siempre...
-¿Y dónde está la joven Tabatha?-preguntó el ministro, mirando el resto de las camillas.
-Dumbledore, dice que está con el guardabosque.-gruñó el profesor.- Él la encontró luego de que se halla separado de su hermano.-
-Lo importante es que está bien.-dijo Cornelius.-Lo que más me sorprende es el comportamiento de los Dementores... ¿Realmente no sospecha qué pudo ser lo que los hizo retroceder; Snape?-
-No, señor ministro.-respondió el profesor.-Cuando llegué, volvían a sus posiciones, en las entradas.
-Extraordinario. Y sin embargo, Black, Harry y la chica...
-Todos estaban inconscientes cuando llegué allí. Até y amordacé a Black, hice aparecer por arte de magia unas camillas y los traje a todos al castillo.-hubo una pausa. El cerebro de Harry parecía funcionar un poco más aprisa, y al hacerlo, una sensación punzante se acentuaba en su estómago. Abrió los ojos. Todo estaba borroso. Alguien le había quitado las gafas. Se hallaba en la oscura enfermería. Al final de la sala podía vislumbrar a la señora Pomfrey inclinada sobre una cama y dándole la espalda. Bajo el brazo de la señora Pomfrey, distinguió el pelo rojo de Ron. Harry volvió la cabeza hacia el otro lado. En la cama de la derecha se hallaba Hermione. La luz de la luna caía sobre su cama. También tenía los ojos abiertos. Parecía petrificada, y al verlo que estaba despierto, se llevó un dedo a los labios. Luego señaló la puerta de la enfermería. Estaba entreabierta y las voces de Cornelius Fudge y de Snape entraban por ella desde el corredor.
La señora Pomfrey llegó entonces caminando enérgicamente por la oscura sala hasta la cama de Harry Se volvió para mirarla. Llevaba el trozo de chocolate más grande que había visto en su vida. Parecía un pedrusco.
-¡Ah, estás despierto!-dijo con voz animada. Dejó el chocolate en la mesilla de Harry y empezó a trocearlo con un pequeño martillo.
-¿Cómo está Ron?-preguntaron al mismo tiempo Hermione y Harry.
-Sobrevivirá.-respondió la señora Pomfrey con seriedad.-En cuanto a ustedes dos, permanecerán aquí hasta que yo esté bien segura de que están... ¿Qué haces, Potter?-Harry se había incorporado, se ponía las gafas y tomó su varita.
-Tengo que ver al director.-explicó.- Y de paso, encontrar a mi hermana.-
-Potter.-dijo con dulzura la señora Pomfrey.-Todo se ha solucionado. Han atrapado a Black. Lo han encerrado arriba. Los Dementores le darán el Beso en cualquier momento. Y por la señorita Potter, no se preocupe, ella…-
-¿QUÉ?-Harry saltó de la cama. Hermione hizo lo mismo. Pero su grito se había oído en el pasillo de fuera. Un segundo después, entraron en la enfermería Cornelius Fudge y Snape.
-¿Qué es esto, Harry?-preguntó el ministro, con aspecto agitado.-Tendrías que estar en la cama... ¿ha tomado chocolate?-le preguntó nervioso a la señora Pomfrey.
-Escuche, señor ministro.-habló el azabache.- ¡Sirius Black es inocente! ¡Peter Pettigrew fingió su propia muerte! ¡Lo hemos visto esta noche! No puede permitir que los Dementores le hagan eso a Sirius, es...-pero Fudge movía la cabeza en sentido negativo, sonriendo ligeramente.
-Harry, Harry; estás confuso. Has vivido una terrible experiencia. Vuelve a acostarte. Está todo bajo control.
-¡NADA DE ESO!-gritó.- ¡HAN ATRAPADO AL QUE NO ES!
-Señor ministro, por favor; escuche.-rogó Hermione. Se había acercado a Harry y miraba a Fudge implorante.-Yo también lo vi. Era la rata de Ron. Es un animago. Pettigrew, quiero decir. Y…-
-¿Lo ve, señor ministro?-preguntó Snape.- Los dos tienen confundidas las ideas. Black ha hecho un buen trabajo con ellos...
-¡NO ESTAMOS CONFUNDIDOS!-volvió a gritar Harry.
-¡Señor ministro! ¡Profesor!-chilló enfadada la señora Pomfrey.-He de insistir en que se vayan. ¡Potter es un paciente y no hay que fatigarlo!
-¡No estoy fatigado, estoy intentando explicarles lo ocurrido!-repuso Harry furioso.- Si me escuchan...-pero la señora Pomfrey le introdujo de repente un trozo grande de chocolate en la boca. Harry se atragantó y la mujer aprovechó la oportunidad para obligarle a volver a la cama.
-Ahora, por favor; señor ministro... Estos niños necesitan cuidados. Les ruego que salgan.-volvió a abrirse la puerta. Era Dumbledore. Harry tragó con dificultad el trozo de chocolate y volvió a levantarse.
-Profesor Dumbledore, Sirius Black...-
-¡Por Dios santo! ¿Es esto una enfermería o qué?-exclamó la enfermera.-Señor director; he de insistir en que...-
-Te pido mil perdones, Poppy, pero necesito cambiar unas palabras con el señor Potter y la señorita Granger. He estado hablando con Sirius Black.-
-Supongo que le ha contado el mismo cuento de hadas que metió en la cabeza de Potter.-espetó Snape.- ¿Algo sobre una rata y sobre que Pettigrew está vivo?
-Eso es efectivamente lo que dice Black.-dijo Dumbledore, examinando detenidamente a Snape por sus gafas de media luna.
-¿Y acaso mi testimonio no cuenta para nada?-gruñó el profesor.- Peter Pettigrew no estaba en la Casa de los Gritos. Ni vi señal alguna de él por allí.-
-Eso es porque usted estaba inconsciente, profesor.-explicó con seriedad Hermione.- No llegó con tiempo para oír...
-¡Señorita Granger! ¡CIERRE LA BOCA!-
-Vamos, Snape.-dijo Fudge.- La muchacha está trastornada, hay que ser comprensivos.
-Me gustaría hablar con Harry y con Hermione a solas.-pidió Dumbledore bruscamente.- Cornelius, Severus, Poppy Se lo ruego, déjennos.
-Señor director.-farfulló la señora Pomfrey.- Necesitan tratamiento, necesitan descanso.-
-Esto no puede esperar.-terció Dumbledore.- Insisto.- la señora Pomfrey frunció la boca, se fue con paso firme a su despacho, que estaba al final de la sala, y dio un portazo al cerrar. Fudge consultó la gran saboneta de oro que le colgaba del chaleco.
-Los Dementores deberían de haber llegado ya. Iré a recibirlos. Dumbledore, nos veremos arriba.-fue hacia la puerta y la mantuvo abierta para que pasara Snape. Pero él no se movió.
-No creerá una palabra de lo que dice Black, ¿verdad?-susurró con los ojos fijos en Dumbledore.
-Quiero hablar a solas con Harry y con Hermione.-repitió Dumbledore. Snape avanzó un paso hacia el director.
-Sirius Black demostró ser capaz de matar cuando tenía dieciséis años.-gruñó en voz baja.- No lo habrá olvidado. No habrá olvidado que intentó matarme.
-Mi memoria sigue siendo tan buena como siempre, Severus.-respondió Dumbledore con tranquilidad. Snape giró sobre los talones y salió con paso militar por la puerta que Fudge mantenía abierta. La puerta se cerró tras ellos y Dumbledore se volvió hacia Harry y Hermione. Los dos empezaron a hablar al mismo tiempo.
-Señor profesor; Black dice la verdad: nosotros vimos a Pettigrew
-Escapó cuando el profesor Lupin se convirtió en hombre lobo.
-Es una rata.
-La pata delantera de Pettigrew... quiero decir; el dedo: él mismo se lo cortó.
-Pettigrew atacó a Ron. No fue Sirius.-pero Dumbledore levantó una mano para detener la avalancha de explicaciones.
-Ahora tienen que escuchar ustedes y les ruego que no me interrumpan, porque tenemos muy poco tiempo.-pidió con tranquilidad.- Black no tiene ninguna prueba de lo que dice, salvo su palabra. Y la palabra de dos brujos de trece años no convencerá a nadie. Una calle llena de testigos juró haber visto a Sirius matando a Pettigrew. Yo mismo di testimonio al Ministerio de que Sirius era el guardián secreto de los Potter.
-El profesor Lupin también puede testificarlo.-dijo Harry, incapaz de mantenerse callado.
-El profesor Lupin se encuentra en estos momentos en la espesura del bosque, incapaz de contarle nada a nadie. Cuando vuelva a ser humano, ya será demasiado tarde. Sirius estará más que muerto. Y además, la gente confía tan poco en los licántropos que su declaración tendrá muy poco peso. Y el hecho de que él y Sirius sean viejos amigos...
-Pero...
-Escúchame, Harry. Es demasiado tarde, ¿lo entiendes? Tienes que comprender que la versión del profesor Snape es mucho más convincente que la que tienen ustedes.
-Él odia a Sirius.-chilló Hermione con desesperación.-Por una broma tonta que le gastó.
-Sirius no ha obrado como un inocente. La agresión contra la señora gorda..., entrar con un cuchillo en la torre de Gryffindor... Si no encontramos a Pettigrew, vivo o muerto, no tendremos ninguna posibilidad de cambiar la sentencia.-
-Pero usted nos cree.
-Sí, yo sí.-respondió en voz baja.- Pero no puedo convencer a los demás ni desautorizar al ministro de Magia.-Harry miró fijamente el rostro serio de Dumbledore y sintió como si se hundiera el suelo bajo sus pies.-Lo que necesitamos es ganar tiempo.-dijo despacio. Sus ojos azul claro pasaban de Harry a Hermione.
-Pero...-empezó la castaña, poniendo los ojos muy redondos.- ¡AH!
-Ahora presten atención.-pidió, hablando muy bajo y muy claro.- Sirius está encerrado en el despacho del profesor Flitwick, en el séptimo piso. Torre oeste, ventana número trece por la derecha. Si todo va bien, esta noche pueden salvar más de una vida inocente. Pero recuerden los dos: no los pueden ver. Señorita Granger, ya conoce las normas. Sabes lo que está en juego. No deben verlos.-Harry no entendía nada. Dumbledore se alejó y al llegar a la puerta se volvió.-Los voy a cerrar con llave e iré por la señorita Potter. Son…-consultó su reloj.-…las doce menos cinco. Señorita Granger; tres vueltas deberían bastar. Buena suerte.-
-¿Buena suerte?-repitió Harry, cuando la puerta se hubo cerrado tras Dumbledore.- ¿Tres vueltas? ¿Qué quiere decir? ¿Qué es lo que tenemos que hacer?-pero Hermione rebuscaba en el cuello de su túnica y sacó una cadena de oro muy larga y fina.
-Ven aquí, Harry.-ordenó perentoriamente.- ¡Rápido!-él, perplejo, se acercó a ella. Hermione estiró la cadena por fuera de la túnica y Harry pudo ver un pequeño reloj de arena que pendía de ella.-Así.-puso la cadena también alrededor del cuello de su amigo.- ¿Preparado?-preguntó jadeante.
-¿Qué hacemos?-quiso Harry sin comprender. Hermione dio tres vueltas al reloj de arena. La sala oscura desapareció. Tuvieron la sensación de que volaba muy rápidamente hacia atrás. A su alrededor veía pasar manchas de formas y colores borrosos. Notaba palpitaciones en los oídos. Quiso gritar; pero no podía oír su propia voz. Sintió el suelo firme bajo sus pies y todo volvió a aclararse. Se hallaba de pie, al lado de Hermione, en el vacío vestíbulo, y un chorro de luz dorada bañaba el suelo pavimentado penetrando por las puertas principales, que estaban abiertas. Miró a la castaña con la cadena clavándosele en el cuello.
-Hermione, ¿qué...?-
-¡Ahí dentro!-ella tomó a Harry del brazo y lo arrastró por el vestíbulo hasta la puerta del armario de la limpieza. Lo abrió, empujó al azabache entre los cubos y las fregonas, entró ella tras él y cerró la puerta.
-¿Qué..., cómo...? Hermione, ¿qué ha pasado?-
-Hemos retrocedido en el tiempo.-susurró ella, quitándole a Harry, a oscuras, la cadena del cuello.-Tres horas.-él se palpó la pierna y se dio un fuerte pellizco. Le dolió mucho, lo que en principio descartaba la posibilidad de que estuviera soñando.
-Pero...-
-¡Silencio! ¡Escucha! ¡Alguien viene! ¡Creo que somos nosotros!-Hermione había pegado el oído a la puerta del armario.- Pasos por el vestíbulo... Sí, creo que somos nosotros yendo hacia la cabaña de Hagrid.
-¿Quieres decir que estamos aquí en este armario y que también estamos ahí fuera?
-Sí.-respondió, con el oído aún pegado a la puerta del armario.- Estoy segura de que somos nosotros. No parecen más de cuatro personas. Y... vamos despacio porque vamos ocultos por la capa invisible.-dejó de hablar; pero siguió escuchando.- Acabamos de bajar la escalera principal...-Hermione se sentó en un cubo puesto boca abajo. Harry estaba impaciente y quería que Hermione le respondiera a algunas preguntas.
-¿De dónde has sacado ese reloj de arena?-
-Se llama Giratiempo.-explicó.- Me lo dio la profesora McGonagall el día que volvimos de vacaciones. Lo he utilizado durante el curso para poder asistir a todas las clases. La profesora McGonagall me hizo jurar que no se lo contaría a nadie. Tuvo que escribir un montón de cartas al Ministerio de Magia para que me dejaran tener uno. Les dijo que era una estudiante modelo y que no lo utilizaría nunca para otro fin. Le doy vuelta para volver a disponer de la hora de clase. Gracias a él he podido asistir a varias clases que tenían lugar al mismo tiempo, ¿te das cuenta? Pero, Harry, me temo que no entiendo qué es lo que quiere Dumbledore que hagamos. ¿Por qué nos ha dicho que retrocedamos tres horas? ¿En qué va a ayudar eso a Sirius?-Harry la miró en la oscuridad.
-Quizás ocurriera algo que podemos cambiar ahora.-dijo pensativo.- ¿Qué puede ser? Hace tres horas nos dirigíamos a la cabaña de Hagrid...
-Ya estamos tres horas antes, nos dirigimos a la cabaña.-explicó Hermione.- Acabamos de oírnos salir.-Harry frunció el entrecejo. Estaba estrujándose el cerebro.
-Dumbledore dijo simplemente... dijo simplemente que podíamos salvar más de una vida inocente...-Y entonces se le ocurrió.- ¡Vamos a salvar a Buckbeak!
-Pero... ¿en qué ayudará eso a Sirius?-
-Dumbledore nos dijo dónde está la ventana del despacho de Flitwick, donde tienen encerrado a Sirius con llave. Tenemos que volar con Buckbeak hasta la ventana y rescatar a Sirius. Él puede escapar montado en Buckbeak. ¡Pueden escapar juntos!-Hermione parecía aterrorizada.
-¡Si conseguimos hacerlo sin que nos vean, será un milagro!
-Bueno, tenemos que intentarlo, ¿no crees?- Harry se levantó y pegó el oído a la puerta.- No parece que haya nadie. Vamos...-él empujó y abrió la puerta del armario. El vestíbulo estaba desierto. Tan en silencio y tan rápido como pudieron, salieron del armario y bajaron corriendo los escalones. Las sombras se alargaban. Las copas de los árboles del bosque prohibido volvían a brillar con un fulgor dorado.
-¡Si alguien se asomara a la ventana…!-chilló Hermione, mirando hacia atrás, hacia el castillo.
-Huiremos.-dijo Harry con determinación.-Nos internaremos en el bosque. Tendremos que ocultarnos detrás de un árbol o algo así, y estar atentos.
-¡De acuerdo, pero iremos por detrás de los invernaderos!-acordó Hermione, sin aliento.- ¡Tenemos que apartarnos de la puerta principal de la cabaña de Hagrid o de lo contrario nos veremos a nosotros mismos! Ya debemos de estar llegando.-pensando todavía en las intenciones de Hermione, Harry echó a correr delante de ella. Atravesaron los huertos hasta los invernaderos, se detuvieron un momento detrás de éstos y reanudaron el camino a toda velocidad, rodeando el sauce boxeador y yendo a ocultarse en el bosque...A salvo en la oscuridad de los árboles, Harry se dio la vuelta. Unos segundos más tarde, llegó Hermione jadeando.-Bueno.-dijo con voz entrecortada.-Tenemos que ir a la cabaña sin que se note. Que no nos vean, Harry.-anduvieron en silencio entre los árboles, por la orilla del bosque. Al vislumbrar la fachada de la cabaña, oyeron que alguien llamaba a la puerta. Se escondieron tras un grueso roble y miraron por ambos lados. Hagrid apareció en la puerta, tembloroso y pálido, mirando a todas partes para ver quién había llamado.
-Somos nosotros. Llevamos la capa invisible. Si nos dejas pasar; nos la quitaremos.-dijo el otro Harry.
-No deberían haber venido.-susurró Hagrid. Se hizo a un lado y cerró rápidamente la puerta.
-Esto es lo más raro en que me he metido en mi vida.-comentó Harry con entusiasmo.
-Vamos a adelantarnos un poco.-susurró Hermione.- ¡Tenemos que acercarnos más a Buckbeak!-avanzaron sigilosamente hasta que vieron al nervioso hipogrifo atado a la valla que circundaba la plantación de calabazas de Hagrid.
-¿Ahora?-susurró Harry
-¡No!-chilló Hermione.- Si nos lo llevamos ahora, los hombres de la comisión creerán que Hagrid lo ha liberado. ¡Tenemos que esperar hasta que lo vean atado!
-Eso supone unos sesenta segundos.-dijo Harry. Les empezaba a parecer irrealizable. En ese momento oyeron romperse una pieza de porcelana.
-Ya se le ha caído a Hagrid la jarra de leche.-explicó Hermione.- Dentro de un momento encontraré a Scabbers.-efectivamente, minutos después oyeron el chillido de sorpresa de ambas chicas.
-Hermione.-dijo Harry de repente.- ¿Y si entráramos en la cabaña y nos apoderásemos de Pettigrew?
-¡No! -exclamó ella con temor.- ¿No lo entiendes? ¡Estamos rompiendo una de las leyes más importantes de la brujería! ¡Nadie puede cambiar lo ocurrido, nadie! Ya has oído a Dumbledore... Si nos ven...-
-Sólo nos verían Hagrid y nosotros mismos.-insistió Harry.
-¿Qué crees que pasaría si te vieras a ti mismo entrando en la cabaña de Hagrid? —preguntó la castaña.
-Creería... creería que me había vuelto loco.-respondió Harry.- O que había magia oscura por medio. -
-Exactamente. No lo comprenderías. Incluso puede que te atacaras a ti mismo. La profesora McGonagall me dijo que han sucedido cosas terribles cuando los brujos se han inmiscuido con el tiempo. ¡Muchos terminaron matando por error su propio yo, pasado o futuro!-
-De acuerdo.-finalizó Harry.-Sólo era una idea. Yo pensaba nada más que...-pero Hermione le dio un codazo y señaló hacia el castillo. Él movió la cabeza unos centímetros para tener una visión más clara de la puerta central. Dumbledore, Fudge, el anciano de la comisión y Macnair, el verdugo, bajaban los escalones.
-Estamos a punto de salir.-dijo Hermione en voz baja. Efectivamente, un momento después se abrió la puerta trasera de la cabaña de Hagrid y se vieron a sí mismos saliendo por ella con Hagrid. Sin duda era la situación más rara en que se había visto, permanecer detrás del árbol y verse a sí mismo en el huerto de las calabazas.
-No temas, Buckbeak.-susurró el guardabosque.- No temas.-repitió antes de volverse hacia los cuatro amigos.-Vamos, márchense.-
-Hagrid, no podemos... Les diremos lo que de verdad sucedió.
-No pueden matarlo...
-¡Márchense! Ya es bastante horrible y sólo faltaría que además se metieron en un lío.-Harry vio a Hermione echando la capa invisible sobre los cuatro en el huerto de calabazas.- Márchense, rápido. No escuchen.
Llamaron a la puerta principal de la cabaña. El grupo de la ejecución había llegado. Hagrid dio media vuelta y se metió en la cabaña, dejando entreabierta la puerta de atrás. Harry vio que la hierba se aplastaba atrechos alrededor de la cabaña y oyó alejarse cuatro pares de pies. Él, Ron, Tabatha y Hermione se habían marchado, pero el Harry y la Hermione que se ocultaban entre los árboles podían ahora escuchar por la puerta trasera lo que sucedía dentro de la cabaña.
-¿Dónde está la bestia?-preguntó la voz fría de Macnair.
-Fu... fuera contestó Hagrid.-Harry escondió la cabeza cuando Macnair apareció en la ventana para mirar a Buckbeak. Luego oyó a Fudge.
-Tenemos que leer la sentencia, Hagrid. Lo haré rápido. Y luego tú y Macnair tendrán que firmar. Macnair, tú también debes escuchar. Es el procedimiento.-el rostro del verdugo desapareció de la ventana. Tendría que ser en ese momento o nunca.
-Espera aquí.-susurró el azabache.- Yo lo haré.-mientras Fudge volvía a hablar; Harry salió disparado de detrás del árbol, saltó la valla del huerto de calabazas y se acercó a Buckbeak.
-La Comisión para las Criaturas Peligrosas ha decidido que el hipogrifo Buckbeak, en adelante el condenado, sea ejecutado el día seis de junio a la puesta del sol...- guardándose de parpadear; Harry volvió a mirar fijamente los feroces ojos naranja de Buckbeak e inclinó la cabeza. Buckbeak dobló las escamosas rodillas y volvió a enderezarse. Harry soltó la cuerda que ataba a Buckbeak a la valla.-... sentenciado a muerte por decapitación, que será llevada a cabo por el verdugo nombrado por la Comisión, Walden Macnair...-
-Vamos, Buckbeak.-murmuró.- Ven, vamos a salvarte. Sin hacer ruido, sin hacer ruido...-
-... por los abajo firmantes. Firma aquí, Hagrid.-Harry tiró de la cuerda con todas sus fuerzas, pero el hipogrifo había clavado en el suelo las patas delanteras.
-Bueno, acabemos ya.-habló la voz atiplada del anciano de la Comisión en el interior de la cabaña.- Hagrid, tal vez fuera mejor que te quedaras aquí dentro.-
-No, quiero estar con él... No quiero que esté solo.-se oyeron pasos dentro de la cabaña.
-Muévete.-susurró Harry. Él tiró de la cuerda con más fuerza. El hipogrifo echó a andar agitando un poco las alas con talante irritado. Aún se hallaban a tres metros del bosque y se les podía ver perfectamente desde la puerta trasera de la cabaña.
-Un momento, Macnair; por favor.-dijo la voz de Dumbledore.-Usted también tiene que firmar.-los pasos se detuvieron. Buckbeak dio un picotazo al aire y anduvo algo más aprisa. La cara pálida de Hermione asomaba por detrás de un árbol.
-¡Harry; date prisa!-exclamó en susurros. El azabache aún oía la voz de Dumbledore en la cabaña. Dio otro tirón a la cuerda. Buckbeak se puso a trotar a regañadientes. Llegaron a los árboles...-¡Rápido, rápido!-gritó Hermione, saliendo como una flecha de detrás del árbol, asiendo también la cuerda para que Buckbeak avanzara más aprisa. Harry miró por encima del hombro. Ya estaban fuera del alcance de las miradas. Desde allí no veían el huerto de Hagrid.
-¡Para!-le dijo a Hermione.-Podrían oírnos.-la puerta trasera de la cabaña se había abierto de golpe. Los tres quedaron se quedaron inmóviles. Incluso el hipogrifo parecía escuchar con atención. Silencio. Luego...
-¿Dónde está?-preguntó la voz atiplada del anciano de la comisión.- ¿Dónde está la bestia?
-¡Estaba atada aquí!-chilló con furia el verdugo.- Yo la vi. ¡Exactamente aquí!
-¡Qué extraordinario!-dijo Dumbledore. Había en su voz un dejo de desenfado.
-¡Buckbeak!-exclamó Hagrid con voz ronca. Se oyó un sonido silbante y a continuación el golpe de un hacha. El verdugo, furioso, la había lanzado contra la valla. Luego se oyó el aullido y en esta ocasión pudieron oír también las palabras de Hagrid entre sollozos-¡Se ha ido!, ¡se ha ido! Alabado sea, ¡ha escapado! Debe de haberse soltado solo. Buckbeak, qué listo eres.-el hipogrifo empezó a tirar de la cuerda, deseoso de volver con él. Harry y Hermione la sujetaron con más fuerza, hundiendo los talones en tierra.
-¡Lo han soltado!-gruñó el verdugo.- Deberíamos rastrear los terrenos y el bosque.
-Macnair; si alguien ha tomado realmente a Buckbeak, ¿crees que se lo habrá llevado a pie?-preguntó Dumbledore, que seguía hablando con desenfado.- Rastrea el cielo, si quieres... Hagrid, no me iría mal un té. O una buena copa de brandy.-
-Por... por supuesto, profesor.-dijo el guardabosque, al que la alegría parecía haber dejado flojo.-Entre, entre...-Harry y Hermione escuchaban con atención: oyeron pasos, la leve maldición del verdugo, el golpe de la puerta y de nuevo el silencio.
-¿Y ahora qué?-susurró el azabache, mirando a su alrededor.
-Tendremos que quedarnos aquí escondidos.-respondió Hermione con miedo.- Tenemos que esperar a que vuelvan al castillo. Luego aguardaremos a que pase el peligro y nos acercaremos a la ventana de Sirius volando con Buckbeak. No volverá por allí hasta dentro de dos horas... Esto va a resultar difícil...-