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"Los mellizos Potter" — capítulo 84

Capítulo 28:

El Giratiempo (parte dos)

-Habrá que moverse.-dijo Harry, pensando.- Tenemos que ir donde podamos ver el sauce boxeador o no nos enteraremos de lo que ocurre.

-De acuerdo.-acoró Hermione, sujetando la cuerda de Buckbeak aún más firme.- Pero hemos de seguir ocultos, Harry, recuérdalo.-se movieron por el borde del bosque, mientras caía la noche, hasta ocultarse tras un grupo de árboles entre los cuales podían distinguir el sauce.

-¡Ahí está Ron!-exclamó el azabache de repente. Una figura oscura corría por el césped y el aire silencioso de la noche les transmitió el eco de su grito.

-Aléjate de él..., aléjate... Scabbers, ven aquí...-y entonces vieron a otras tres figuras que salían de la nada. Harry se vio a sí mismo, a Hermione y a Tabatha siguiendo a Ron. Luego vio a Ron lanzándose en picado. -¡Te he atrapado! Vete, gato asqueroso.

-¡Ahí está Sirius!-siguió el joven Potter. El perrazo había surgido de las raíces del sauce. Lo vieron derribar a Harry y sujetar a Ron.-Desde aquí parece incluso más horrible, ¿verdad?-añadió mientras el perro arrastraba a Ron hasta meterlo entre las raíces.- ¡Eh, mira! El árbol acaba de pegarme. Y también a ti. Pobre Tabatha.-negó varias veces con la cabeza, mirando a su hermana, esquivando otra rama.- ¡Qué situación más rara!

El sauce boxeador crujía y largaba puñetazos con sus ramas más bajas. Podían verse a sí mismos corriendo de un lado para otro en su intento de alcanzar el tronco. Y de repente el árbol se quedó quieto.

-Crookshanks ya ha apretado el nudo.-explicó Hermione.

-Allá vamos...-murmuró Harry.-Ya hemos entrado.-en cuanto desaparecieron, el árbol volvió a agitarse. Unos segundos después, oyeron pasos cercanos. Dumbledore, Macnair, Fudge y el anciano de la Comisión se dirigían al castillo.

-¡En cuanto bajamos por el pasadizo!-dijo Hermione.- ¡Ojalá Dumbledore hubiera venido con nosotros...!-

-Macnair y Fudge habrían venido también.-repuso Harry con tristeza.- Te apuesto lo que quieras a que Fudge habría ordenado a Macnair que matara a Sirius allí mismo.-Vieron a los cuatro hombres subir por la escalera de entrada del castillo y perderse de vista. Durante unos minutos el lugar quedó vacío. Luego...

-¡Aquí viene Lupin!-dijo Harry al ver a otra persona que bajaba la escalera y se dirigía corriendo hacia el sauce. Harry miró al cielo. Las nubes ocultaban la luna. Vieron que Lupin cogía del suelo una rama rota y apretaba con ella el nudo del tronco. El árbol dejó de dar golpes y también Lupin desapareció por el hueco que había entre las raíces.

-¡Ojalá hubiera agarrado la capa!-dijo Harry.- Está ahí... -se volvió a Hermione.- Si saliera ahora corriendo y me la llevara, no la podría tomar Snape.

-¡Harry, no nos deben ver!-

-¿Cómo puedes soportarlo?-le preguntó con irritación.- ¿Estar aquí y ver lo que sucede sin hacer nada?-dudó.- ¡Voy a por la capa!

-¡Harry, no!-Hermione sujetó a lo detuvo a tiempo por la parte trasera de la túnica. En ese momento oyeron cantar a alguien. Era Hagrid, que se dirigía hacia el castillo, cantando a voz en grito y oscilando ligeramente al caminar. Llevaba una botella grande en la mano.- ¿Lo ves?-susurró Hermione.- ¿Ves lo que habría ocurrido? ¡Tenemos que estar donde nadie nos pueda ver! ¡No, Buckbeak!-el hipogrifo hacia intentos desesperados por ir hacia Hagrid. Harry aferró también la cuerda para sujetar a Buckbeak. Observaron a Hagrid, que iba haciendo eses hacia el castillo. Desapareció. El hipogrifo cejó en sus intentos de escapar. Abatió la cabeza con tristeza. Apenas dos minutos después las puertas del castillo volvieron a abrirse y Snape apareció corriendo hacia el sauce, en pos de ellos. Harry cerró fuertemente los puños al ver que Snape se detenía cerca del árbol, mirando a su alrededor. Cogió la capa y la sostuvo en alto.

-Aparta de ella tus asquerosas manos.-murmuró Harry entre dientes. Hermione le dio un golpe en la cabeza y se llevó un dedo a los labios. Snape tomó la rama que había usado Lupin para inmovilizar el árbol, apretó el nudo con ella y, cubriéndose con la capa, se perdió de vista.

-Ya está.-habló la chica en voz baja.-Ahora ya estamos todos dentro. Y ahora sólo tenemos que esperar a que volvamos a salir...-tomó el extremo de la cuerda de Buckbeak y lo amarró firmemente al árbol más cercano. Luego se sentó en el suelo seco, rodeándose las rodillas con los brazos.-Harry, hay algo que no comprendo... ¿Por qué no atraparon a Sirius los Dementores? Recuerdo que se aproximaban a él antes de que yo me desmayara.-Harry se sentó también. Explicó lo que había visto. Cómo, en el momento en que el Dementor más cercano acercaba la boca a Sirius, algo grande y plateado llegó galopando por el lago y ahuyentó a los demás. Cuando terminó Harry de explicarlo, Hermione tenía la boca abierta.- Pero ¿qué era?

-Sólo hay una cosa que puede hacer retroceder a los Dementores.-respondió Harry.- Un verdadero Patronus, un Patronus poderoso.-

-Pero ¿quién lo hizo aparecer?-él no dijo nada. Volvió a pensar en la persona que había visto en la otra orilla del lago. Imaginaba quién podía ser... Pero ¿cómo era posible?

-¿No viste qué aspecto tenía?-preguntó Hermione con impaciencia.- ¿Era uno de los profesores?

-No.

-Pero tuvo que ser un brujo muy poderoso para alejar a todos los Dementores... Si el Patronus brillaba tanto, ¿no lo iluminó? ¿No pudiste ver...?

-Sí que lo vi.-dijo Harry pensativo.- Aunque tal vez lo imaginase. No pensaba con claridad. Me desmayé inmediatamente después...-

-¿Quién te pareció que era?

-Me pareció.-Harry tragó saliva, consciente de lo raro que iba a sonar aquello.-Me pareció mi padre...pero no estaba solo. Es decir, ese Patronus iba acompañado de otro…-titubeo un momento.- La otra figura, tenía aspecto de una mujer. ¿Tú crees que haya sido mi mamá?-miró a Hermione y vio que estaba con la boca abierta. La muchacha lo miraba con una mezcla de inquietud y pena.

-Harry, ellos están..., bueno..., están muertos.-dijo en voz baja.

-Lo sé.-

-¿Crees que eran sus fantasmas?-

-No lo sé. No... Parecían sólidos.

-Pero entonces...-

-Quizá tuviera alucinaciones.-murmuró Harry.-Pero a juzgar por lo que vi, se parecía a ellos. Tengo fotos suyas...-Hermione seguía mirándolo como preocupada por su salud mental.- Sé que parece una locura.-añadió con determinación. Se volvió para echar un vistazo a Buckbeak, que metía el pico en la tierra, buscando lombrices. Pero no miraba realmente al hipogrifo. Pensaba en su padre y en sus tres amigos de toda la vida. Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta

-¡Ya salen!-exclamó Hermione. Se pusieron en pie. Buckbeak levantó la cabeza. Vieron a Lupin, Ron y Pettigrew saliendo con dificultad del agujero de las raíces. Luego salió Tabatha con Hermione detrás. Luego Snape, inconsciente, flotando. A continuación iban Harry y Black. Todos echaron a andar hacia el castillo. El corazón del azabache comenzaba a latir muy fuerte. Levantó la vista al cielo. De un momento a otro pasaría la nube y la luna quedaría al descubierto...-Harry.-musitó Hermione, como si adivinara lo que pensaba él.-Tenemos que quedarnos aquí. No nos deben ver. No podemos hacer nada.

-¿Y vamos a consentir que Pettigrew vuelva a escaparse?-preguntó en voz baja.

-¿Y cómo esperas encontrar una rata en la oscuridad?-le atajó Hermione.- No podemos hacer nada. Si hemos regresado es sólo para ayudar a Sirius. ¡No debes hacer nada más!-

-Está bien.-la luna salió de detrás de la nube. Vieron las pequeñas siluetas detenerse en medio del césped. Luego las vieron moverse.

-¡Mira a Lupin!-susurró Hermione.- Se está transformando.

-¡Tenemos que hacer algo!-exclamó Harry.

-No podemos. Te lo estoy diciendo todo el tiempo.-repitió ella.

-¡No hablo de intervenir!-repuso el chico.- ¡Es que Lupin se va a adentrar en el bosque y vendrá hacia aquí!-Hermione ahogó un grito.

-¡Rápido!-gimió, apresurándose a desatar a Buckbeak.- ¡Rápido! ¿Dónde vamos? ¿Dónde nos ocultamos? ¡Los Dementores llegarán de un momento a otro!

-¡Volvamos a la cabaña de Hagrid!-gritó Harry.- Ahora está vacía. ¡Vamos!-corrieron todo lo aprisa que pudieron. Buckbeak iba detrás de ellos a medio galope. Oyeron aullar al hombre lobo a sus espaldas y se estremecieron, cuando aquel llamado fue respondido. Vieron la cabaña. Harry derrapó al llegar a la puerta. La abrió de un tirón y dejó pasar a Hermione y a Buckbeak, que entraron como un rayo. Él entró detrás de ellos y echó el cerrojo. Fang ladró muy fuerte.

-¡Silencio, Fang, somos nosotros!-lo calmó Hermione, avanzando rápidamente hacia él y acariciándole las orejas para que callara.- ¡Nos hemos salvado por poco!-

-Sí...-Harry miró por la ventana. Desde allí era mucho más difícil ver lo que ocurría. Buckbeak parecía muy contento de volver a casa de Hagrid. Se echó delante del fuego, plegó las alas con satisfacción y se dispuso a echar un buen sueñecito. -Será mejor que salga.-murmuró pensativo.- Desde aquí no veo lo que ocurre. No sabremos cuándo llega el momento.-Hermione levantó los ojos para mirarlo. Tenía expresión de recelo.- No voy a intervenir.-añadió de inmediato.- Pero si no vemos lo que ocurre, ¿cómo sabremos cuál es el momento de rescatar a Sirius?-

-Bueno, de acuerdo. Aguardaré aquí con Buckbeak... Pero ten cuidado, Harry. Ahí fuera hay un licántropo y multitud de Dementores.-luego de asentir varias veces, salió y bordeó la cabaña.

Oyó gritos distantes. Aquello quería decir que los Dementores se acercaban a Sirius... El otro Harry y la otra Hermione irían hacia él en cualquier momento... Miró hacia el lago, con el corazón redoblando como un tambor. Quienquiera que hubiese enviado al Patronus, haría aparición enseguida. Durante una fracción de segundo se quedó ante la puerta de la cabaña de Hagrid sin saber qué hacer... Ya estaban allí los Dementores. Surgían de la oscuridad, llegaban de todas partes. Se deslizaban por las orillas del lago. Se alejaban de Harry hacia la orilla opuesta... No tendría que acercarse a ellos.

Echó a correr. No pensaba más que en sus padres... Si eran ellos, si eran ellos realmente, tenía que saberlo, tenía que averiguarlo. Cada vez estaba más cerca del lago, pero no se veía a nadie. En la orilla opuesta veía leves destellos de plata: eran sus propios intentos de conseguir un Patronus.

Había un arbusto en la misma orilla del agua. Harry se agachó detrás de él y miró por entre las hojas. En la otra orilla los destellos de plata se extinguieron de repente. Sintió emoción y terror: faltaba muy poco.

-¡Vamos!-murmuró, mirando a su alrededor.- ¿Dónde están? Vamos, papá, mamá.-pero nadie acudió. Harry levantó la cabeza para mirar el círculo de los Dementores del otro lado del lago. Uno de ellos se bajaba la capucha. Era el momento de que aparecieran los salvadores. Pero no veía a nadie. Y entonces lo comprendió. No había visto a sus padres, se había visto a sí mismo y tal vez a su hermana. Harry salió de detrás del arbusto y sacó la varita.

-¡EXPECTO PATRONUM! —exclamó. Y de la punta de su varita surgió, no una nube informe, sino un animal plateado, deslumbrante y cegador. Frunció el entrecejo tratando de distinguir lo que era. Parecía un caballo. Galopaba en silencio, alejándose de él por la superficie negra del lago. No muy lejos de él, otra figura seguía a suyo. Ambos Patronus bajaron la cabeza y cargaron contra los Dementores. Estos  retrocedían, se dispersaban y huían en la oscuridad. Y finalmente, se fueron. Ambas figuras plateadas, dieron media vuelta y regresaron a sus respectivos dueños.

-¿Qué crees que sean?-la voz de Tabatha, sorprendió al azabache.- No tienen forma de unicornios o de caballos.-

-Son más bien…ciervos.-los dos Patronus se detuvieron frente a ellos. Sus pezuñas no dejaban huellas en la orilla. Ambos miraban a los mellizos con sus ojos grandes y plateados. El de Harry lentamente reclinó la cabeza. Y los mellizos, comprendieron.

-Cornamenta.-susurraron al mismo tiempo. Tabatha extendió sus temblorosas manos, pero las figuras se desvanecieron antes de que pudiese tocarlas.

..*

-Bueno, ya es casi el momento.-dijo Hermione, nerviosa, mirando el reloj.- Disponemos de unos 45 minutos antes de que Dumbledore cierre con llave la puerta de la enfermería. Tenemos que rescatar a Sirius y volver antes de que nadie note nuestra ausencia.-aguardaron. Veían reflejarse en el lago el movimiento de las nubes. La brisa susurraba entre las hojas del arbusto que tenían al lado. Aburrido, Buckbeak había vuelto a buscar lombrices en la tierra.

-¿Crees que ya estará allí arriba?-preguntó Tabatha, consultando la hora. Levantó la mirada hacia el castillo y empezó a contar las ventanas de la derecha de la torre oeste.

-¡Miren!-susurró Hermione.- ¿Quién es? ¡Alguien vuelve a salir del castillo!-miraron en la oscuridad. El hombre se apresuraba por los terrenos del colegio hacia una de las entradas. Algo brillaba en su cinturón.

-¡Macnair!-dijo Harry.- ¡El verdugo! ¡Va a buscar a los Dementores!-Hermione puso las manos en el lomo de Buckbeak y Harry ayudó a montar a su hermana. Luego apoyó el pie en una rama baja del arbusto y montó delante de ellas. Pasó la cuerda por el cuello de Buckbeak y la ató también al otro lado, como unas riendas. - ¿Preparadas?-les preguntó en un susurro.-Será mejor que te sujetes a mí, Tab.-y sin decir nada más, espoleó a Buckbeak con los talones.  El hipogrifo emprendió el vuelo hacia el oscuro cielo. Harry le presionó los costados con las rodillas y notó que levantaba las alas. Hermione se sujetaba con fuerza a la cintura de su amiga, mientras que murmuraba cosas para sí misma. Buckbeak planeaban silenciosamente hacia los pisos más altos del castillo. Harry tiró de la rienda de la izquierda y Buckbeak viró. Harry trataba de contar las ventanas que pasaban como relámpagos. - ¡Detente!-dijo, tirando de las riendas todo lo que pudo.  El hipogrifo redujo la velocidad y se detuvieron. Pasando por alto el hecho de que subían y bajaban casi un metro cada vez que Buckbeak batía las alas, podía decirse que estaban inmóviles.

-¡Ahí está!-informó Tabatha, localizando a Sirius mientras ascendían junto a la ventana. Sacó la mano y en el momento en que Buckbeak bajaba las alas, golpeó en el cristal. Black levantó la mirada y se quedó boquiabierto. Saltó de la silla, fue aprisa hacia la ventana y trató de abrirla, pero estaba cerrada con llave.

-¡Échate hacia atrás!-le gritó Hermione, y sacó su varita, sin dejar de sujetarse con la mano izquierda a la túnica de la pelirroja.- *¡Alohomora!-*la ventana se abrió de golpe.

-¿Cómo... cómo...?-preguntó Black casi sin voz, mirando al hipogrifo.

-Monta, no hay mucho tiempo.-dijo Harry, abrazándose al cuello liso y brillante de Buckbeak, para impedir que se moviera.-Tienes que huir, los Dementores están a punto de llegar. Macnair ha ido a buscarlos.-Black se sujetó al marco de la ventana y asomó la cabeza y los hombros. Fue una suerte que estuviera tan delgado. En unos segundos pasó una pierna por el lomo del hipogrifo y montó detrás de Hermione. -¡Arriba, Buckbeak!-exclamó Harry, sacudiendo las riendas.- Arriba, a la torre. ¡Vamos!

El hipogrifo batió las alas y volvió a emprender el vuelo. Navegaron a la altura del techo de la torre oeste. Buckbeak aterrizó tras las almenas con mucho alboroto, y los mellizos y Hermione se bajaron inmediatamente.

-Será mejor que escapes rápido, Sirius.-habló Tabatha jadeando.- No tardarán en llegar al despacho de Flitwick. Descubrirán tu huida.-Buckbeak dio una coz en el suelo, sacudiendo la afilada cabeza.

-¿Qué le ocurrió al otro chico? A Ron.-preguntó Sirius.

-Se pondrá bien. Está todavía inconsciente, pero la señora Pomfrey dice que se curará. ¡Rápido, vete!-pero Black seguía mirando a los dos hermanos.

-¿Cómo se los puedo agradecer?

-¡VETE!-gritaron al mismo tiempo los tres chicos. Black dio la vuelta a Buckbeak, orientándolo hacia el cielo abierto.

-¡Nos volveremos a ver!-exclamó.- ¡Verdaderamente, chicos, se parecen a sus padres! -presionó los flancos de Buckbeak con los talones. Los mellizos y Hermione se echaron atrás cuando las enormes alas volvieron a batir. El hipogrifo emprendió el vuelo... Animal y jinete empequeñecieron conforme a se alejaban de las almenas... Luego, una nube pasó ante la luna... y se perdieron de vista.