"Los mellizos Potter" — capítulo 85
Capítulo 29:
Más lechuzas mensajeras
-¡Chicos!-exclamó Hermione tirándoles de las manga, mirando el reloj.- Tenemos diez minutos para regresar a la enfermería sin ser vistos. Antes de que Dumbledore cierre la puerta con llave.
-De acuerdo.-dijo Harry, apartando los ojos del cielo.- ¡Vamos!
Entraron por la puerta que tenían detrás y bajaron una estrecha escalera de caracol. Al llegar abajo oyeron voces. Se arrimaron a la pared y escucharon. Parecían Fudge y Snape. Caminaban aprisa por el corredor que comenzaba al pie de la escalera.
-... Sólo espero que Dumbledore no ponga impedimentos.-decía Snape.- ¿Le darán el Beso inmediatamente?
-En cuanto llegue Macnair con los Dementores. Todo este asunto de Black ha resultado muy desagradable. No tiene ni idea de las ganas que tengo de decir a El Profeta que por fin lo hemos atrapado. Supongo que querrán entrevistarle, Snape... Y en cuanto a los jóvenes Potter vuelva a estar en sus cabales, también querrán contarle al periódico cómo usted los salvó.-Harry apretó los dientes. Entrevió la sonrisa hipócrita de Snape cuando él y Fudge pasaron ante el lugar en que estaban escondidos. Sus pasos se perdieron.
Los mellizos y Hermione aguardaron unos instantes para asegurarse de que estaban lejos y echaron a correr en dirección opuesta. Bajaron una escalera, luego otra, continuaron por otro corredor y oyeron una carcajada delante de ellos.
-¡Peeves!-susurró Tabatha, asiendo a Hermione por la muñeca.- ¡Entremos aquí!-corrieron a toda velocidad y entraron en un aula vacía que encontraron a la izquierda. Peeves iba por el pasillo dando saltos de contento, riéndose a mandíbula batiente.
-¡Es horrible!-susurró Hermione, con el oído pegado a la puerta.- Estoy segura de que se ha puesto así de alegre porque los Dementores van a ejecutar a Sirius...-miró el reloj.- Tres minutos, chicos.-
Aguardaron a que la risa malvada de Peeves se perdiera en la distancia. Entonces salieron del aula y volvieron a correr.
-Hermione, ¿qué ocurrirá si no regresamos antes de que Dumbledore cierre la puerta?-jadeó Harry.
-No quiero ni pensarlo.-chilló Hermione, volviendo a mirar el reloj.- ¡Un minuto!-llegaron al pasillo en que se hallaba la enfermería.- Bueno, ya se oye a Dumbledore.-dijo nerviosa.- ¡Vamos, chicos!
Siguieron por el corredor cautelosamente. La puerta se abrió. Vieron la espalda de Dumbledore.
-Voy a cerrar con llave.-le oyeron decir.- Son las doce menos cinco. Señorita Granger; tres vueltas deberían bastar. Buena suerte.-Dumbledore salió de espaldas de la enfermería, cerró la puerta y sacó la varita para cerrarla mágicamente. Asustados, los mellizos y Hermione se apresuraron. Dumbledore alzó la vista y una sonrisa apareció bajo el bigote largo y plateado. -¿Bien?-preguntó en voz baja.
-¡Lo hemos logrado!-exclamó Harry entre jadeos.- Sirius se ha ido montado en Buckbeak...-Dumbledore les dirigió una amplia sonrisa.
-Bien hecho. Creo...-escuchó atentamente por si se oía algo dentro de la enfermería.- Sí, creo que ya no están ahí dentro. Entren. Los cerraré.-ingresaron en la enfermería. Estaba vacía, salvo por lo que se refería a Ron, que permanecía en la cama. Después de oír la cerradura, se metieron en sus camas. Hermione volvió a esconder el Giratiempo debajo de la túnica. Un instante después, la señora Pomfrey volvió de su oficina con paso enérgico.
-¿Ya se ha ido el director? ¿Se me permitirá ahora ocuparme de mis pacientes?-se la notaba de muy mal humor.- ¡Oh, señorita Potter!-exclamó.- Veo que al fin podré atenderla. ¿Dónde se había metido?-
-Larga historia, señora Pomfrey.-murmuró la pelirroja.-Larga historia.-
Los tres tuvieron aceptar el chocolate en silencio. La enfermera se quedó allí delante para asegurarse de que se lo comieran. Pero Harry apenas se lo podía tragar. Hermione y él aguzaban el oído, con los nervios alterados. Y Tabatha… bueno, ella se lo comía en silencio. Y entonces, mientras tomaban el cuarto trozo del chocolate de la señora Pomfrey, oyeron un rugido furioso, procedente de algún distante lugar por encima de la enfermería.
-¿Qué ha sido eso?-dijo alarmada la señora Pomfrey. Oyeron voces de enfado, cada vez más fuertes. La señora Pomfrey no perdía de vista la puerta.- ¡Hay que ver! ¡Despertarán a todo el mundo! ¿Qué creen que hacen?
-Debe de haber desaparecido, Severus. Tendríamos que haber dejado a alguien con él en el despacho. Cuando esto se sepa...
-¡NO HA DESAPARECIDO!-bramó Snape, muy cerca de ellos.- ¡UNO NO PUEDE APARECER NI DESAPARECER EN ESTE CASTILLO! ¡POTTER TIENE ALGO QUE VER CON ESTO!
-Sé razonable, Severus. Harry está encerrado.-la puerta de la enfermería se abrió de golpe. Fudge, Snape y Dumbledore entraron en la sala con paso enérgico. Sólo Dumbledore parecía tranquilo, incluso contento. Fudge estaba enfadado, pero Snape se hallaba fuera de sí.
-¡CONFIESA, POTTER!-vociferó.- ¿QUÉ ES LO QUE HAS HECHO?- cuestionó.- ¿DONDE SE HABÍA METIDO, POTTER?-se alejó de la cama de Harry y se acercó a la de la pelirroja.
-¡Profesor Snape! -chilló la señora Pomfrey.- ¡Contrólese!
-Por favor, Snape, sé razonable.-repitió Fudge.- Esta puerta estaba cerrada con llave. Acabamos de comprobarlo. Y en cuanto a Tabatha…-
-Hagrid me dijo que estaba en su cabaña y se ofreció a traerla antes de que yo cerrase la puerta.-mintió Dumbledore, sacando un poco de chocolate que sobraba del plato de la pelirroja.-Ohm, tiene nueces.-
-¡LE AYUDARON A ESCAPAR, LO SÉ!-gritó Snape, señalando a los tres chicos. Tenía la cara contorsionada. Escupía saliva.
-¡Tranquilícese, hombre!-gritó Fudge.- ¡Está diciendo tonterías!
-¡NO CONOCE A POTTER!-exclamó Snape.- ¡LO HIZO ÉL, SÉ QUE LO HIZO ÉL!
-De acuerdo, Severus.-habló Dumbledore con voz tranquila.- Piensa lo que dices. Esta puerta ha permanecido cerrada con llave desde que abandoné la enfermería, hace diez minutos. Señora Pomfrey, ¿han abandonado estos alumnos sus camas?
-¡Por supuesto que no!-dijo ofendida la señora Pomfrey.- ¡He estado con ellos desde que usted salió!
-Ahí lo tienes, Severus.-prosiguió Dumbledore con tranquilidad.- A menos que crea que ellos sean capaces de encontrarse en dos lugares al mismo tiempo, me temo que no encuentro motivo para seguir molestándolos.
..*
Cuando los mellizos; Ron y Hermione dejaron la enfermería al día siguiente a mediodía, encontraron el castillo casi desierto. El calor abrasador y el final de los exámenes invitaban a todo el mundo a aprovechar al máximo la última visita a Hogsmeade. Sin embargo, ni a Ron ni a Hermione les apetecía ir, así que pasearon los cuatro juntos por los terrenos del colegio, sin parar de hablar de los extraordinarios acontecimientos de la noche anterior y preguntándose dónde estarían en aquel momento Sirius y Buckbeak. Cuando se sentaron cerca del lago, viendo cómo sacaba los tentáculos del agua el calamar gigante, Harry perdió el hilo de la conversación mirando hacia la orilla opuesta. Una sombra los cubrió. Al levantar la vista vieron a Hagrid, medio dormido, que se secaba la cara sudorosa con uno de sus enormes pañuelos y les sonreía.
-Ya sé que no debería alegrarme después de lo sucedido la pasada noche.-dijo.- Me refiero a que Black se volviera a escapar y todo eso... Pero ¿a que no adivinan...?
-¿Qué?-preguntaron, fingiendo curiosidad.
-Buckbeak. ¡Se escapó! ¡Está libre! ¡Lo estuve celebrando toda la noche!
-¡Eso es estupendo! -dijo Hermione, dirigiéndole una mirada severa a Ron, que parecía a punto de reírse.
-Sí, no lo atamos bien.-explicó Hagrid, contemplando el campo satisfecho.- Esta mañana estaba preocupado, pensé que podía tropezarse por ahí con el profesor Lupin. Pero Lupin dice que anoche no comió nada.
-¿Cómo?-preguntó Tabatha.
-Caramba, ¿no lo has oído?-le preguntó Hagrid, borrando la sonrisa. Bajó la voz, aunque no había nadie cerca.- Snape se lo ha revelado esta mañana a todos los de Slytherin. Creía que a estas alturas ya lo sabría todo el mundo: el profesor Lupin es un hombre lobo. Y la noche pasada anduvo suelto por los terrenos del colegio. En estos momentos está haciendo las maletas, por supuesto.
-¿Que está haciendo las maletas?-insistió la pelirroja, alarmada.- ¿Por qué?
-Porque se marcha.-dijo Hagrid, sorprendido de que ella lo preguntara.- Lo primero que hizo esta mañana fue presentar la dimisión. Dice que no puede arriesgarse a que vuelva a suceder.-Tabatha se levantó de un salto.
-Voy a verlo.-avisó antes de salir corriendo, rumbo al castillo.
La puerta del despacho de Lupin estaba abierta. Ya había empaquetado la mayor parte de sus cosas. Junto al depósito vacío del Grindylow, la maleta vieja y desvencijada se hallaba abierta y casi llena. Lupin se inclinaba sobre algo que había en la mesa y sólo levantó la vista cuando la pelirroja llamó a la puerta.
-Te he visto venir.-dijo Lupin sonriendo. Señaló el pergamino sobre el que estaba inclinado. Era el mapa del merodeador.
-Acabo de estar con Hagrid.-habló Tabatha.- Me ha dicho que ha presentado usted la dimisión. No es cierto, ¿verdad?
-Me temo que sí.-contestó Lupin. Comenzó a abrir los cajones de la mesa y a vaciar el contenido.
-¿Por qué?-preguntó, acercándose más a él.- El Ministerio de Magia no lo creerá confabulado con Sirius, ¿verdad?-Lupin fue hacia la puerta y la cerró.
-No. El profesor Dumbledore se las ha arreglado para convencer a Fudge de que intenté salvarles la vida.-suspiró.- Ha sido el colmo para Severus. Creo que ha sido muy duro para él perder la Orden de Merlín. Así que él... por casualidad... reveló esta mañana en el desayuno que soy un licántropo.
-¿Y se va sólo por eso?-insistió Tabatha. Lupin sonrió con ironía.
-Mañana a esta hora empezarán a llegar las lechuzas enviadas por los padres. No consentirán que un hombre lobo dé clase a sus hijos, Tab. Y después de lo de la última noche, creo que tienen razón. Pude haber mordido a cualquiera de ustedes…incluyéndote. Sí, McGonagall me contó acerca de tus clases especiales, y permíteme decirte que ha sido una excelente transformación... pero no debe repetirse.-
-¡Es usted el mejor profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras que hemos tenido nunca!-exclamó.- ¡No se vaya!-Lupin negó con la cabeza, pero no dijo nada. Siguió vaciando los cajones. Luego, mientras Tabatha buscaba un argumento para convencerlo, él la detuvo.
-Por lo que el director me ha contado esta mañana, la noche pasada salvaste muchas vidas junto a Harry y Hermione. Si estoy orgulloso de algo es de todo lo que has aprendido. Háblame de tu Patronus.
-¿Cómo lo sabe?-preguntó anonadada.
-¿Qué otra cosa podía haber puesto en fuga a los Dementores?
-Bueno…esta vez sí adoptó una figura.-comenzó.- Se transformó en una bonita cierva y el de Harry en un ciervo.-
-Sí, tu padre se transformaba siempre en ciervo.-confirmó.-Lo adivinaron. Por eso lo llamábamos Cornamenta.-Lupin puso los últimos libros en la maleta y se giró para verla.- Tus padres eran almas gemelas, ¿sabías? Sus Patronus, un ciervo y una cierva.- terminó de cerrar los cajones y se volvió para mirar a Harry.-Toma, la traje la otra noche de la Casa de los Gritos.-dijo, entregándole la capa.-Y...-titubeó y a continuación le entregó también el mapa del Merodeador.- Ya no soy profesor tuyo, así que no me siento culpable por devolverte esto. A mí ya no me sirve. Y me atrevo a creer que tú, Harry, Ron y Hermione le encontraran utilidad.-Tabatha tomó el mapa y sonrió.
-Usted me dijo que Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta nos habrían tentado para que saliéramos del colegio..., que lo habrían encontrado divertido.
-Sí, lo habríamos hecho.-confirmó Lupin, cerrando la maleta.- No dudo que a James le habría decepcionado que sus hijos no hubieran encontrado ninguno de los pasadizos secretos para salir del castillo.-
Alguien llamó a la puerta. Tabatha se guardó rápidamente en el bolsillo el mapa del merodeador y la capa invisible. Era el profesor Dumbledore. No se sorprendió al verla.
-Tu coche está en la puerta, Remus.-anunció.
-Gracias, director.-Lupin tomó su vieja maleta y el depósito vacío del Grindylow. -Bien. Adiós, Tabatha.-dijo sonriendo.-Ha sido un verdadero placer ser profesor tuyo. Estoy seguro de que nos volveremos a encontrar en otra ocasión.-Tabatha sonrió tristemente, mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.- Señor director; no hay necesidad de que me acompañe hasta la puerta. Puedo ir solo.
-Adiós entonces, Remus.-dijo Dumbledore escuetamente. Lupin apartó ligeramente el depósito del Grindylow para estrecharle la mano a Dumbledore. Luego, con un último movimiento de cabeza dirigido a la pelirroja y una rápida sonrisa, salió del despacho.
-Adiós…-susurró Tabatha, cuando se cerró la puerta. Ella se sentó en su silla vacía, mirando al suelo con tristeza.
-¿Por qué estás tan triste, pequeña?-le preguntó Dumbledore en voz baja.
-No quiero que se vaya.-balbuceo, limpiándose las lágrimas.
-Entonces, ¿qué estás esperando?-inquirió el director.- Alcánzalo.-le recomendó.- Aún hay preguntas que resolver, y te puedo asegurar, de que Remus tiene una respuesta para cada una de ellas, pero hay una que te hará sentir bien.-sin decirlo dos veces, Tabatha se puso de pie y salió del despacho, corriendo tan rápido como sus piernas le dejaban.
-¡Profesor!-gritó, cuando estaba cerca del camino.- ¡Profesor!-él no la escuchaba, o sí pero no quería voltear, y seguía caminando.- ¡Remus!-sin perder más tiempo, Tabatha, se apresuró a alcanzarlo y abrazarlo por la espalda.- No se vaya.-le pidió en un susurró. Remus se detuvo y apoyó su equipaje en el suelo, junto al depósito.
-Creo haberte explicado mis razones.-murmuró, girándose para verla.- ¿Te imaginas si llego a lastimar a alguien?-ella negó.-Sería una catástrofe.-Tabatha comenzó a llorar, clavado sus orbes marrones en los ambarinas de su ex profesor.- ¿Estás bien?-ella negó.- ¿Qué ocurre?-
-El director afirma que usted tiene una gran respuesta para mí.-respondió, hipeando.- Quiero saberla.-Remus soltó un suspiro y bajó la cabeza.
-Sí, sí. Las tengo.-respondió.- ¿Tú confías en mí?-Tabatha asintió varias veces.-Entonces, tranquila, cariño; ahora estoy yo contigo.-se formó un nudo en el pecho de la pelirroja y más lágrimas saltaron de sus ojos.
-¡Eras tú!-exclamó con voz ahogada.- Durante doce años tuve tu voz en mi cabeza y eso fue lo único que me ayudó a sobrevivir con mis tíos.-las mejillas de Remus se tiñeron levemente de rojo.
-Bueno, creo que estás al tanto de que Sirius es el padrino de Harry, ¿verdad?-Tabatha asintió.-Bueno, tus padres quería elegir a Peter pero Lily, como te he dicho, puso su confianza en que si algo llegaba a pasarles yo estaría contigo para cuidarte. Y aunque no lo creas, te estuve cuidando después de todos estos años. Fui yo él que te envió todas esas cartas y todos esos regalos. Muchas veces me sentí cobarde por no haber estado presente y quiero que sepas qué…-sin pensarlo dos veces, Tabatha, se abrazó a Lupin aferrándose con fuerza su cintura.-Siempre estaré para ti, pequeña Lunática.-
..*
Nadie en Hogwarts conocía la verdad de lo ocurrido la noche en que desaparecieron Buckbeak, Sirius y Pettigrew, salvo los mellizos; Ron, Hermione y el profesor Dumbledore. Al final del curso, Harry oyó muchas teorías acerca de lo que había sucedido, pero ninguna se acercaba a la verdad.
Malfoy estaba furioso por lo de Buckbeak. Estaba convencido de que Hagrid había hallado la manera de esconder el hipogrifo, y parecía ofendido porque el guardabosque hubiera sido más listo que su padre y él.
Aunque el tiempo era perfecto, aunque el ambiente era tan alegre, aunque sabía que había logrado casi lo imposible al liberar a Sirius, Tabatha nunca había estado tan triste al final de un curso. Ciertamente, no era la única a la que le apenaba la partida del profesor Lupin. Todo el grupo que acudía con Harry a la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras lamentaba su dimisión.
Lo que le pesaba a Harry no era sólo la partida de Lupin. No podía dejar de pensar en la predicción de la profesora Trelawney. Se preguntaba continuamente dónde estaría Pettigrew, si estaría escondido o si habría llegado ya junto a Voldemort. Pero lo que más lo deprimía era la perspectiva de volver con los Dursley. Durante media hora, una gloriosa media hora, había creído que viviría en adelante con Sirius, el mejor amigo de sus padres. Era lo mejor que podía imaginar, exceptuando la posibilidad de tener allí otra vez a su padre. Y aunque era una buena noticia no tener noticias de Sirius, porque significaba que no lo habían encontrado, Harry no podía dejar de entristecerse al pensar en el hogar que habría podido tener y en el hecho de que lo había perdido.
Los resultados de los exámenes salieron el último día del curso. Los mellizos, Ron y Hermione habían aprobado todas las asignaturas. Harry estaba asombrado de que le hubieran aprobado Pociones. Sospechaba que Dumbledore había intervenido para impedir que Snape lo suspendiera injustamente.
El comportamiento de Snape con Harry durante toda la última semana había sido alarmante. Él nunca habría creído que la manía que le tenía Snape pudiera aumentar; pero así fue. A Snape se le movía un músculo en la comisura de la boca cada vez que veía a Harry, y se le crispaban los dedos como si deseara cerrarlos alrededor del cuello de Harry.
Percy obtuvo las más altas calificaciones en ÉXTASIS. Fred y George consiguieron varios TIMOS cada uno. Mientras tanto, la casa de Gryffindor; en gran medida gracias a su espectacular actuación en la copa de Quidditch, había ganado la Copa de las Casas por tercer año consecutivo. Por eso la fiesta de final de curso tuvo lugar en medio de ornamentos rojos y dorados, y la mesa de Gryffindor fue la más ruidosa de todas, ya que todo el mundo lo estaba celebrando. Incluso Harry, comiendo, bebiendo, hablando y riendo con sus compañeros, consiguió olvidar que al día siguiente volvería a casa de los Dursley.
Cuando a la mañana siguiente el expreso de Hogwarts salió de la estación, Hermione dio a Ron y a Harry una sorprendente noticia:
-Esta mañana, antes del desayuno, he ido a ver a la profesora McGonagall. He decidido dejar los Estudios Muggles.
-¡Pero aprobaste el examen con el 320 por ciento de eficacia!-
-Lo sé.-suspiró Hermione.-Pero no puedo soportar otro año como éste. El Giratiempo me estaba volviendo loca. Lo he devuelto. Sin los Estudios Muggles y sin Adivinación, volveré a tener un horario normal.
-Todavía no puedo creer que no nos dijeras nada.-reprochó Ron resentido-.Se supone que somos tus amigos.
-Prometí que no se lo contaría a nadie.-dijo gravemente. Se volvió para observar a Harry, que veía cómo desaparecía Hogwarts detrás de una montaña. Pasarían dos meses enteros antes de volverlo a ver.- Alégrate, Harry.-dijo Hermione con tristeza.
-Estoy bien.-repuso Harry de inmediato.- Pensaba en las vacaciones.
-Sí, yo también he estado pensando en ellas.-acotó Ron.- Chichos, tienen que venir a pasar unos días con nosotros. Lo comentaré con mis padres y los llamaré. Ya sé cómo utilizar el felétono.
-El teléfono, Ron.-le corrigió Tabatha.-La verdad, deberías tomar Estudios Muggles el próximo curso...-Ron no le hizo caso.
-¡Este verano son los Mundiales de Quidditch! ¿Qué dices a eso, Harry? ¿Tab? Vengan y quédense con nosotros. Iremos a verlos. Mi padre normalmente consigue entradas en el trabajo.-la proposición alegró mucho a los mellizos.
-Sí... Apuesto a que los Dursley estarán encantados de dejarnos ir... Especialmente después de lo que le hice a tía Marge...-Tabatha rió con ganas y por un momento se olvidó de todo.
Mucho más contento, Harry jugó con Ron y Hermione varias manos de snap explosivo, y cuando llegó la bruja con el carrito del té, compró un montón de cosas de comer; aunque nada que contuviera chocolate. Pero fue a media tarde cuando apareció lo que lo puso de verdad contento...
-Chicos.-dijo Hermione de repente, mirando por encima del hombro de ellos.- ¿Qué es eso de ahí fuera?-Harry se volvió a mirar. Algo muy pequeño y gris aparecía y desaparecía al otro lado del cristal. Se levantó para ver mejor y distinguió una pequeña lechuza que llevaba una carta demasiado grande para ella. La lechuza era tan pequeña que iba por el aire dando tumbos a causa del viento que levantaba el tren. Harry bajó la ventanilla rápidamente, alargó el brazo y la cogió. Parecía una Snitch cubierta de plumas. La introdujo en el vagón con mucho cuidado. La lechuza dejó caer la carta sobre el asiento de Harry y comenzó a zumbar por el compartimento, contenta de haber cumplido su misión. Hedwig dio un picotazo al aire con digna actitud de censura. Phoebe giró varias veces la cabeza mirando a la diminuta ave que estaba a su lado. Crookshanks se incorporó en el asiento, persiguiendo con sus grandes ojos amarillos a la lechuza. Al notarlo, Ron la tomó para protegerla. Harry recogió la carta. Iba dirigida a él.
-¡Es de Sirius!-exclamó.
-¡Léela en voz alta!-pidieron.
Querido Harry:
Espero que recibas esta carta antes de llegar a casa de tus tíos. No sé si ellos están habituados al correo por lechuza. Buckbeak y yo estamos escondidos. No te diré dónde por si ésta cae en malas manos. Tengo dudas acerca de la fiabilidad de la lechuza, pero es la mejor que pude hallar, y parecía deseosa de acometer esta misión.
Creo que los Dementores siguen buscándome, pero no podrán encontrarme. Estoy pensando en dejarme ver por algún Muggle a mucha distancia de Hogwarts, para que relajen la vigilancia en el castillo.
Hay algo que no llegué a contarte a ti ni a Tabatha durante nuestro breve encuentro: fui yo quien les envió las Saetas de Fuego.
-¡Ja!-exclamó Hermione, triunfante.- ¿Lo ven? ¡Se los dije que era de él!
-Sí, pero él no la había gafado, ¿verdad?-observó Ron.
Crookshanks llevó el envío a la oficina de correos. Utilicé tu nombre, pero les dije que tomaron el oro de la cámara de Gringotts número 711, la mía. Por favor, considérenlo como los regalos que se merecen que les haga un padrino y un tío por cumplir trece años.
También me gustaría disculparme por el susto que creo que les di aquella noche del año pasado cuando abandonaron la casa de su tío. Sólo quería verlos antes de comenzar mi viaje hacia el norte. Pero creo que Tabatha se alarmó un poco al verme. Espero que no se haya lastimado cuando te caíste sobre ella.
Te envío en la carta algo que espero que te haga disfrutar más el próximo curso en Hogwarts.
Si alguna vez me necesitas, comunícamelo. Tu lechuza me encontrará.
Volveré a escribirte pronto.
Sirius
Harry miró impaciente dentro del sobre. Había otro pergamino. Lo leyó rápidamente, y se sintió tan contento y reconfortado como si se hubiera tomado de un trago una botella de cerveza de mantequilla.
Yo, Sirius Black, padrino de Harry Potter, autorizo por la presente a mi ahijado a visitar Hogsmeade los fines de semana.
-Esto le bastará a Dumbledore.-dijo contento. Volvió a mirar la carta de Sirius—. ¡Un momento! ¡Hay una posdata...!
He pensado que a tu amigo Ron tal vez le guste esta lechuza, ya que por mi culpa se ha quedado sin rata.
Ron abrió los ojos de par en par. La pequeña lechuza seguía gimiendo de emoción.
-¿Quedármela?-preguntó dubitativo. La miró muy de cerca durante un momento, y luego, para sorpresa de los mellizos y Hermione, se la acercó a Crookshanks para que la olfatease. -¿Qué te parece?-le preguntó al gato.- ¿Es una lechuza de verdad?-Crookshanks ronroneó.- Es suficiente.-sentenció.-Me la quedo.-
-Miren eso.-señaló la pelirroja. Una segunda lechuza ingresó al compartimiento.- Es para mí.-se apresuró a sacarle el sobre y a entregarle algunos dulces antes de dejarla partir.
-¿De quién eso?-preguntó Hermione.
-Del Ministro.-logró sacarle el lacrado al sobre y abrir la carta.- *Estimada señorita Potter, nos complace darle noticia de que es usted la octava bruja en convertirse en animago. Hemos recibido todas sus calificaciones, de parte de la profesora Minerva McGonagall y hemos accedido a darle el permiso. Dentro del sobre encontrará su certificado.-*los dedos de Tabatha ingresaron y sacaron un prolijo pergamino.- Tabatha Lilian Potter Evans, animaga, forma: Loba.-
-¡Genial!-exclamó Ron.- Tampoco apruebo que no nos hayas dicho eso.-reprochó.
Cuando el tren se detuvo en la estación de King Cross, Molly Weasley, los esperaban en el andén.
-¡Mamá!-exclamó Ginny, corriendo hacia ella.- ¿Puede Tabatha ir a pasar las vacaciones en casa?-preguntó mientras tironeaba de su falda.- Por favor, por favor.-
-Cariño, hay que preguntarle a sus tíos.-explicó Molly.-Pero, por mí no hay problema.-les sonrió.- Los mellizos Potter son siempre bienvenidos.- juntos atravesaron la barrera mágica y pasaron al mundo Muggle. Vernon se encontraba junto a su auto y con los brazos cruzados.
-Pregúntale, pregúntale, pregúntale.-insistía Ginny. Molly soltó un suspiro y se acercó con decisión.
-Buenos días, señor Dursley.-saludó con una gran sonrisa.- Soy la señora Weasley, madre de Ron un compañero de Harry y Tabatha.-Vernon soltó un gruñido y apretó los labios.- Quería preguntarle si dejaría que los mellizos pasasen las vacaciones en nuestra casa.-
-¿Los dos?-preguntó.
-Piensa esto, tío.-dijo Tabatha.- No tendrías que renegar con nosotros.-
-¿Y dejar que Dudley haga todas las cosas que DEBERÍAN hacer ustedes?-inquirió.- No claro que no. Va uno y se queda el otro o no va ninguno.-los mellizos se miraron y suspiraron.
-Creo que deberías ir tú.-murmuró Harry.
-Pero…-
-Decidido.-Vernon tomó el brazo del azabache y tiró hacia el auto.
-¡Te escribiré cada día!-gritó Harry antes de desaparecer.
-Bueno, fue una decisión muy…decidida.-comentó Molly.- Bien, Tabatha serás bienvenida a nuestra casa.-