"Los mellizos Potter" — capítulo 87
Capítulo 2:
La invitación
Querido Tab:
Gracias por tu última carta. Vaya regalo más lindo que me has hecho, Lily. Sin duda, me encantó. Prometo darte algo cuando nos volvamos a ver.
Aquí todo sigue como siempre. La dieta de Dudley no va demasiado bien. La tía Petunia lo descubrió ayer escondiendo en su habitación unas rosquillas que había traído de la calle. Le dijeron que tendrían que rebajarle la paga si seguía haciéndolo, y él se puso como loco y tiró la videoconsola por la ventana. Fue algo bastante tonto, realmente, porque ahora ni siquiera puede evadirse con su Mega-Mutilación, tercera generación.
Yo estoy bien, sobre todo gracias a que tienen muchísimo miedo de que Sirius aparezca de pronto y los convierta en murciélagos. Sin embargo, esta mañana me ha pasado algo raro. La cicatriz me ha vuelto a doler. La última vez que ocurrió fue porque Voldemort estaba en Hogwarts, ¿a ti te pasó lo mismo? Pero supongo que es imposible que él ronde ahora por aquí, ¿verdad?
Enviaré esta carta en cuanto regrese Hedwig. Ahora está por ahí, cazando. Recuerdos a los Weasley de mi parte.
Tabatha bajo la carta lentamente, hasta depositarla sobre su regazo. Soltó un suspiro y recargó su cabeza contra el tronco de un árbol. Miró hacia el estanque, encontrándose con los gemelos, Ron y Ginny. Los cuatro chapoteaban en el agua. La pelirroja sonrió y se abrazó a sus rodillas. En todo el tiempo que estuvo con los Weasley, jamás, había sentido el típico cosquilleo que se expandía por su estómago y costillas. Pero, más de una vez, había soñado con una enorme casa abandonada, un viejo, una serpiente y una luz verde. Por más que pensase y pensase en otras cosas, ese sueño, usurpaba su mente.
-¿No vas a divertirte con tus amigos?-sobresaltada, levantó la vista encontrándose con la jovial sonrisa de Cedric.- Hace calor y el agua parece tener la temperatura perfecta.-
-Ah…-tartamudeo la pelirroja, guardando el pergamino debajo de una manta que habían llevado.- Sí, sí. Creo que haré eso en un momento.-dijo mientras asentía. El chico de ojos grises se sentó a su lado y tomó su mano.
-Hace un par de semanas cumplimos cuatro años.-comentó Cedric, apoyando su mentón sobre la coronilla de la chica.-Cada vez que paso por el pasillo del comedor, no puedo evitar recordar el momento en que nos conocimos.-Tabatha soltó una risita y se acomodó sobre su hombro.- Te quiero, Tab.-
-Y yo a ti.-el chico de ojos grises separó su cabeza del tronco y depositó un beso en la comisura de los labios de la pelirroja.
-¡Tab! ¡Tab!-exclamó Ginny, salpicando el césped, con su húmeda cabellera.- Oh…hola.-saludó tímidamente.- Ven, te estamos esperando desde hace mucho. Ven.-repitió la pequeña Weasley, tomando la mano de su amiga para que se levantase. Cedric rió y también se reincorporó. George salió del agua y sin pensarlo dos veces, tomó a la pelirroja de la cintura y sin soltarla, se lanzó hacia el estanque.
-¡Está helada!-chilló Tabatha, tratando de mantenerse a flote.- ¡Hubieras dejado al menos que me sacase la camiseta!-
-Ah…-bufó Ginny, tendiéndole una mano para ayudarla a salir.- Ven, te cubriré con una toalla para que puedas cambiarte.-ambas chicas se marcharon hasta una zona donde predominaban los árboles. La pequeña Weasley colocó la tela sobre dos ramas y se puso a vigilar.- Oye, ¿ocurre algo entre tú y Diggory?-preguntó. Tabatha se sonrojó mientras se sacaba la parte de arriba de la ropa y la colgaba en otra rama.-Siempre tuve esa duda.-
-¿Siempre?-inquirió Tabatha, insegura de sacarse el short y dejar al descubierto la cicatriz.- ¿A qué te refieres?-
-Al hecho de que Hermione siempre te hablaba al oído cada vez que él pasaba.-explicó Ginny.- ¿Hace cuánto que salen?-
-En la navidad anterior se cumplieron cuatro años.-
-¡Cuatro años!-exclamó la chica Weasley, sacando de golpe la toalla.- ¿Y no me has contado?-
-Nadie sabía.-se defendió la pelirroja.- Harry se enteró el año pasado.-Ginny rodó los ojos.
-Ven, nos están esperando.-tomó la mano de Tabatha y juntas comenzaron a caminar. Para cuando llegaron a la orilla, vieron que la situación estaba tensa. Cedric se encontraba sentado entre los yuyos, los gemelos a una cierta distancia y sin sacarle los ojos de encima y Ron…bueno, él había salido del agua y había atacado los bocadillos que les había preparado su madre.
-¿Se meten?-preguntó Tabatha, mordiéndose el labio inferior. El chico de ojos grises se puso de pie y se sacó la camisa que llevaba puesta. Las dos pelirrojas se quedaron si habla y rápidamente corrieron la mirada. Cedric tomó la mano de su novia y se introdujo lentamente en el estanque para luego ayudarla a entrar.-Eso no hacía falta.-susurró la pelirroja. George soltó un bufido y salió del agua.
Luego de aquel, incomodo, momento, los demás se dispusieron a disfrutar del momento. Fred había subido a Ginny a sus hombros mientras que Cedric hacia lo mismo con Tabatha. Ambas chicas se empujaban mutuamente intentando hacer que la otra cayese al agua y las risas inundaban ese momento.
-Paren…paren…-jadeo la chica Weasley.- Estoy cansada.-su hermano la bajo y lentamente nadó hacia la orilla. Fred en una rápida zambullida, salió del agua. Solo quedaron la pelirroja y el chico de ojos grises.
-¿Qué le pasa a tu amigo?-preguntó Cedric, ladeando la cabeza hacia el lugar donde se encontraba George, quién había ido por algunas ramas para preparar una fogata.
-No…no lo sé.-respondió Tabatha.-No es de comportarse así.-el joven Diggory se encogió de hombros y subió a la pelirroja a la orilla. Colocó sus manos sobre la cintura de la chica y la abrazó.
-¿Qué es eso?-preguntó mientras dibujaba con las yemas de sus dedos una de las esquinas de la cicatriz de Tabatha.
-Na…nada.-en un rápido movimiento, levantó una parte de su short y la ocultó.
-¿Es la famosa cicatriz de la cual todos hablan, no?-inquirió.- Pensé que solo Harry tenía una.-
-Bueno…no es tan así.-replicó la pelirroja.- Solo unos pocos saben de ella.-Tabatha quedó en silencio y mirando fijamente los ojos de Cedric.- ¿Da miedo verdad?-preguntó.- A los chicos, con los que iba a la escuela Muggle, les daba impresión…-
-A mí no.-la interrumpió.-Yo creo que esa es una marca que le pone fin a una era de oscuridad.-
-Y también un recordatorio de la muerte de mis padres.-murmuró Tabatha.
-Pero, piensa que ellos dieron sus vidas para salvar las de ustedes.-recordó el chico.-Aparte, con o sin esa cicatriz, lo que siento por ti jamás a va a cambiar.-
..*
Los tres Dursley ya se encontraban sentados a la mesa cuando Harry llegó a la cocina. Ninguno de ellos levantó la vista cuando él entró y se sentó. El rostro de tío Vernon, grande y colorado, estaba oculto detrás de un periódico sensacionalista, y tía Petunia cortaba en cuatro trozos un pomelo, con los labios fruncidos contra sus dientes de conejo. Dudley parecía furioso, y daba la sensación de que ocupaba más espacio del habitual, que ya es decir, porque él siempre abarcaba un lado entero de la mesa cuadrada. Cuando Petunia le puso en el plato uno de los trozos de pomelo sin azúcar con un temeroso "Aquí tienes, Dudley, cariño", él la miró ceñudo. Su vida se había vuelto bastante más desagradable desde que había llegado con el informe escolar de fin de curso.
Como de costumbre, sus padres, habían logrado encontrar disculpas para las malas notas de su hijo: tía Petunia insistía siempre en que Dudley era un muchacho de gran talento incomprendido por sus profesores, en tanto que tío Vernon aseguraba que no quería tener por**hijo a uno de esos mariquitas empollones. Tampoco dieron mucha importancia a las acusaciones de que su hijo tenía un comportamiento violento. Pero al final del informe había unos bien medidos comentarios de la enfermera del colegio que ni siquiera ellos pudieron soslayar. Daba igual que tía Petunia lloriqueara diciendo que Dudley era de complexión recia, que su peso era en realidad el propio de un niñito saludable, y que estaba en edad de crecer y necesitaba comer bien: el caso era que los que suministraban los uniformes ya no tenían pantalones de su tamaño. La enfermera del colegio había visto lo que los ojos de tía Petunia sencillamente se negaban a ver: que, muy lejos de necesitar un refuerzo nutritivo, Dudley había alcanzado ya el tamaño y peso de una ballena asesina joven.
En aquel momento le sirvió su trozo de pomelo a Harry, quien notó que era mucho más pequeño que el de Dudley. A juzgar por las apariencias, tía Petunia pensaba que la mejor manera de levantar la moral a Dudley era asegurarse de que, por lo menos, podía comer más que su primo.
Pero tía Petunia no sabía lo que se ocultaba bajo la tabla suelta del piso de arriba. No tenía ni idea de que Harry no estaba siguiendo el régimen. En cuanto éste se había enterado de que tenía que pasar el verano alimentándose de tiras de zanahoria, había enviado a Hedwig a casa de sus amigos pidiéndoles socorro, y ellos habían cumplido maravillosamente: Hedwig había vuelto de casa de Hermione con una caja grande llena de cosas sin azúcar para picar; Hagrid le había enviado una bolsa llena de bollos de frutos secos hechos por él; en cuanto a la señora Weasley, le había enviado a la lechuza de la familia, Errol, con un enorme pastel de frutas y pastas variadas. El pobre Errol, que era viejo y débil, tardó cinco días en recuperarse del viaje. Y luego, el día de su cumpleaños, había recibido cuatro tartas estupendas enviadas por Ron, Hermione, Hagrid y Sirius. Todavía le quedaban dos, y por eso, impaciente por tomarse un desayuno de verdad cuando volviera a su habitación, empezó a comerse el pomelo sin una queja. Tío Vernon dejó el periódico a un lado con un resoplido de disgusto y observó su trozo de pomelo.
-¿Esto es el desayuno?-le preguntó de mal humor a tía Petunia. Ella le dirigió una severa mirada y luego asintió con la cabeza, mirando de forma harto significativa a Dudley, que había terminado ya su parte de pomelo y observaba el de Harry con una expresión muy amarga en sus pequeños ojos de cerdito. Tío Vernon lanzó un intenso suspiro que le alborotó el poblado bigote y tomo la cuchara. Llamaron al timbre de la puerta. Tío Vernon se levantó con mucho esfuerzo y fue al recibidor. Veloz como un rayo, mientras su madre preparaba el té, Dudley le robó a su padre lo que le quedaba de pomelo. Harry oyó un murmullo en la entrada, a alguien riéndose y a tío Vernon respondiendo de manera cortante. Luego se cerró la puerta y oyó rasgar un papel en el recibidor. Tía Petunia posó la tetera en la mesa y miró a su alrededor preguntándose dónde se había metido tío Vernon. No tardó en averiguarlo: regresó un minuto después, lívido.-Tú.-le gritó a Harry.- Ven a la sala, ahora mismo.-desconcertado, preguntándose qué demonios había hecho en aquella ocasión, Harry se levantó, salió de la cocina detrás de tío Vernon y fue con él hasta la habitación contigua. Tío Vernon cerró la puerta con fuerza detrás de ellos.-Vaya.-dijo, yendo hasta la chimenea y volviéndose hacia Harry como si estuviera a punto de pronunciar la sentencia de su arresto.- Vaya. Acaba de llegar esto.-dijo tío Vernon, blandiendo ante Harry un trozo de papel de color púrpura.-Una carta. Sobre ti.-el desconcierto de Harry fue en aumento. Tío Vernon lo miró furioso; luego bajó los ojos al papel y empezó a leer:
Estimados señor y señora Dursley:
No nos conocemos personalmente, pero estoy segura de que Harry les habrá hablado mucho de mi hijo Ron. Como Harry les habrá dicho, la final de los Mundiales de Quidditch tendrá lugar el próximo lunes por la noche, y Arthur, mi marido, acaba de conseguir entradas de primera clase gracias a sus conocidos en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos.
Espero que nos permitan llevar a Harry al partido, ya que es una oportunidad única en la vida. Hace treinta años que Gran Bretaña no es la anfitriona de la Copa y es extraordinariamente difícil con seguir una entrada. Nos encantaría que Harry pudiera quedarse con nosotros lo que queda de vacaciones de verano y acompañarlo al tren que lo llevará de nuevo al colegio.
Sería preferible que Harry nos enviara la respuesta de ustedes por el medio habitual, ya que el cartero muggle nunca nos ha entregado una carta y me temo que ni siquiera sabe dónde vivimos.
Esperando ver pronto a Harry, se despide cordialmente
Molly Weasley
P. D.: Espero que hayamos puesto bastantes sellos.
Tío Vernon terminó de leer, se metió la mano en el bolsillo superior y sacó otra cosa.
-Mira esto.-gruñó.
Levantó el sobre en qué había llegado la carta, y Harry tuvo que hacer un esfuerzo para contener la risa. Todo el sobre estaba cubierto de sellos salvo un trocito, delante, en el que la señora Weasley había consignado en letra diminuta la dirección de los Dursley.
-Creo que sí que han puesto bastantes sellos.-comentó Harry, como si cualquiera pudiera cometer el error de la señora Weasley. Hubo un fulgor en los ojos de su tío.
-El cartero se dio cuenta.-dijo entre sus dientes apretados.- Estaba muy interesado en saber de dónde procedía la carta. Por eso llamó al timbre. Daba la impresión de que le parecía divertido.
Harry no dijo nada. Otra gente podría no entender por qué tío Vernon armaba tanto escándalo porque alguien hubiera puesto demasiados sellos en un sobre, pero Harry había vivido demasiado tiempo con ellos para no comprender hasta qué punto les molestaba cualquier cosa que se saliera de lo ordinario. Nada los aterrorizaba tanto como que alguien pudiera averiguar que tenían relación con gente como la señora Weasley.
Vernon seguía mirando a Harry, que intentaba mantener su expresión neutra. Si no hacía ni decía ninguna tontería, podía lograr que lo dejaran asistir al mejor espectáculo de su vida. Esperó a que tío Vernon añadiera algo, pero simplemente seguía mirándolo. Harry decidió romper el silencio.
-Entonces, ¿puedo ir?-preguntó.
Un ligero espasmo cruzó el rostro de tío Vernon, grande y colorado. Se le erizó el bigote. Harry creía saber lo que tenía lugar detrás de aquel mostacho: una furiosa batalla en la que entraban en conflicto dos de los instintos más básicos en tío Vernon. Permitirle marchar haría feliz a Harry, algo contra lo que tío Vernon había luchado durante trece años. Pero, por otro lado, dejar que se fuera con los Weasley lo que quedaba de verano equivalía a deshacerse de él dos semanas antes de lo esperado, y tío Vernon aborrecía tener a Harry en casa. Para ganar algo de tiempo, volvió a mirar la carta de la señora Weasley.
-¿Quién es esta mujer?-inquirió, observando la firma con desagrado.
-La conoces.-respondió Harry.- Es la madre de mi amigo Ron. Lo estaba esperando cuando llegamos en el expreso de Hog... en el tren del colegio al final del curso y la que te convenció de que dejes ir a Tabatha a su casa.- Vernon hizo una mueca con su enorme rostro como si tratara de recordar algo muy desagradable.
-¿Una mujer gorda?-gruñó por fin.- ¿Con un montón de niños pelirrojos?- el azabache frunció el entrecejo pensando que tenía gracia que tío Vernon llamara gordo a alguien cuando su propio hijo acababa de lograr lo que había estado intentando desde que tenía tres años: ser más ancho que alto. Tío Vernon volvió a examinar la carta.-Quidditch.-murmuró entre dientes.- Quidditch. ¿Qué demonios es eso?-Harry sintió una segunda punzada de irritación.
-Es un deporte.-dijo lacónicamente.-Que se juega sobre esc...
-¡De acuerdo, de acuerdo!-interrumpió Vernon casi gritando. Con cierta satisfacción, Harry observó que su tío tenía expresión de miedo. Daba la impresión de que sus nervios no aguantarían el sonido de las palabras escobas voladoras en la sala de estar. Disimuló volviendo a examinar la carta.- ¿Qué quiere decir eso de «el medio habitual»?-
-Habitual para nosotros.-explicó Harry y, antes de que su tío pudiera detenerlo, añadió.-Ya sabes, lechuzas mensajeras. Es lo normal entre magos.- Vernon parecía tan ofendido como si Harry acabara de soltar una horrible blasfemia. Temblando de enojo, lanzó una mirada nerviosa por la ventana; parecía temeroso de ver a algún vecino con la oreja pegada al cristal.
-¿Cuántas veces tengo que decirte que no menciones tu anormalidad bajo este techo?-dijo entre dientes. Su rostro había adquirido un tono ciruela vivo.- Recuerda dónde están tú y tú hermana, y recuerda que deberían agradecer un poco esa ropa que Petunia y yo les hemos da...-
-Después de que Dudley la usó y ropa que consiguieron en un domingo de caridad en la iglesia para Tabatha.-lo interrumpió Harry con frialdad; de hecho, llevaba una sudadera tan grande para él que tenía que dar cinco vueltas a las mangas para poder utilizar las manos y que le caía hasta más abajo de las rodillas de unos vaqueros extremadamente anchos.
-¡No consentiré que se me hable en ese tono!-exclamó tío Vernon, temblando de ira. Pero Harry no pensaba resignarse. Ya habían pasado los tiempos en que se había visto obligado a aceptar cada una de las estúpidas disposiciones de los Dursley. No estaba siguiendo el régimen de Dudley, y no se iba a quedar sin ir a los Mundiales de Quidditch.
-De acuerdo, no iré a los Mundiales. ¿Puedo subir ya a mi habitación? Tengo que terminar una carta para Sirius. Ya sabes... mi padrino y tal vez le envié una carta al padrino de Taba, creo que se acerca luna llena y… ya sabes, a los hombres lobos hay que acompañarlos.-lo había hecho, había pronunciado las palabras mágicas. Vio cómo la colorada piel de tío Vernon palidecía a ronchas, dándole el aspecto de un helado de grosellas mal mezclado.
-Le... ¿le vas a escribir, de verdad?-preguntó, intentando aparentar tranquilidad. Pero Harry había visto cómo se le contraían de miedo los diminutos ojos.
-Bueno, sí...-contestó Harry, como sin darle importancia.-Sirius, hace tiempo que no ha tenido noticias mías y, bueno, si no le escribo puede pensar que algo va mal.-
Se detuvo para disfrutar el efecto de sus palabras. Casi podía ver funcionar los engranajes del cerebro de tío Vernon debajo de su grueso y oscuro cabello peinado con una raya muy recta. Si intentaba impedir que Harry escribiera a Sirius, éste pensaría que lo maltrataban. Si no lo dejaba ir a los Mundiales de Quidditch, Harry se lo contaría a Sirius, y Sirius sabría que lo maltrataban. A Vernon sólo le quedaba una salida, y Harry pudo ver esa conclusión formársele en el cerebro como si el rostro grande adornado con el bigote fuera transparente. Harry trató de no reírse y de mantener la cara tan inexpresiva como le fuera posible. Y luego...
-Bien, de acuerdo. Puedes ir a esa condenada... a esa estúpida... a esa Copa del Mundo. Escríbeles a esos... a esos Weasley para que vengan a recogerte, porque yo no tengo tiempo para llevarte a ningún lado. Y puedes pasar con ellos el resto del verano. Y dile a tu... tu padrino... dile... dile que vas.-
-Muy bien.-asintió Harry, muy contento. Se volvió y fue hacia la puerta de la sala, reprimiendo el impulso de gritar y dar saltos. Iba a... ¡Se iba con los Weasley! ¡Iba a presenciar la final de los Mundiales! En el recibidor estuvo a punto de atropellar a Dudley, que acechaba detrás de la puerta esperando oír una buena reprimenda contra Harry y se quedó desconcertado al ver su amplia sonrisa. -¡Qué buen desayuno!, ¿verdad?-le dijo.-Estoy lleno, ¿tú no?-riéndose de la cara atónita de Dudley, Harry subió los escalones de tres en tres y entró en su habitación como un bólido. Lo primero que vio fue que Hedwig ya había regresado. Estaba en la jaula, mirando a Harry con sus enormes ojos ambarinos y chasqueando el pico como hacía siempre que estaba molesta. Harry no tardó en ver qué era lo que le molestaba en aquella ocasión. -¡Ay!-gritó. Acababa de pegarle en un lado de la cabeza lo que parecía ser una pelota de tenis pequeña, gris y cubierta de plumas. Harry se frotó con fuerza la zona dolorida al tiempo que intentaba descubrir qué era lo que lo había golpeado, y vio una lechuza diminuta, lo bastante pequeña para ocultarla en la mano, que, como si fuera un cohete buscapiés, zumbaba sin parar por toda la habitación .Harry se dio cuenta entonces de que la lechuza había dejado caer a sus pies una carta. Se inclinó para recogerla, reconoció la letra de Ron y abrió el sobre.
Harry:
¡MI PADRE HA CONSEGUIDO LAS ENTRADAS! Irlanda contra Bulgaria, el lunes por la noche. Mi madre les ha escrito a los muggles para pedirles que te dejen venir y quedarte. A lo mejor ya han recibido la carta, no sé cuánto tarda el correo muggle. De todas maneras, he querido enviarte esta nota por medio de Pig.
Vamos a ir a buscarte tanto si quieren los muggles como si no, porque no te puedes perder los Mundiales. Lo que pasa es que mis padres pensaban que era mejor pedirles su consentimiento. Si dicen que te dejan, envía a Pig inmediatamente con la respuesta, e iremos a recogerte el domingo a las cinco en punto. Si no te dejan, envía también a Pig e iremos a recogerte de todas maneras el domingo a las cinco. Hermione llega esta tarde. Percy ha comenzado a trabajar: en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. No menciones nada sobre el extranjero mientras estés aquí a menos que quieras que te mate de aburrimiento.
Hasta pronto, Ron
-¡Cálmate!-exclamó Harry, viendo a la pequeña lechuza, que revoloteaba por encima de su cabeza gorjeando como loca.- ¡Ven aquí! Tienes que llevar la respuesta.-