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"Los mellizos Potter" — capítulo 92

Capítulo 7:

"La victoria de Irlanda"

Luego de haber tomado todo lo que compraron se internaron a toda prisa en el bosque por el camino que marcaban los faroles. A medida que se iban acercando se oían los gritos, los canticos de los espectadores, los vendedores promocionando sus productos. La emoción llenaba el ambiente y la adrenalina invadía a cada uno. Harry tenía una sonrisa tan grande en su rostro que le hacía doler las mejillas. Tabatha tenía los ojos llenos de imágenes que jamás había visto en su vida. De vez en cuando ella y Ron se emocionaban con cada cosa que veían.

-Hay asientos para cien mil personas.-explicó el señor Weasley, por encima de todo el ruido.-Quinientos funcionarios han estado trabajando durante todo el año para levantarlo. Cada centímetro del edificio tiene un repelente mágico de muggles. Cada vez que se acercan hasta aquí, recuerdan de repente que tenían una cita en otro lugar y salen corriendo... ¡Dios los bendiga!-añadió en tono cariñoso, encaminándose delante de los demás hacia la entrada más cercana, que ya estaba rodeada de un enjambre de bulliciosos magos y brujas.

Una vez que ingresaron, vieron las escaleras del estadio. Subieron con la multitud, que poco a poco iba traspasando por las puertas que daban a las tribunas que había a derecha e izquierda. Siguieron subiendo hasta llegar al final de la escalera y encontraron una pequeña tribuna ubicada en la parte más elevada del estadio, justo a mitad de camino entre los dorados postes de gol. Contenía unas veinte butacas de color rojo y dorado, repartidas en dos filas. Los mellizos se sentaron juntos. Pocos minutos después llegaron los Diggory; Cedric se ubicó junto a la pelirroja, luego de guiñarle un ojo y acomodarle un moño de Irlanda en el cabello.

Cien mil magos y brujas ocupaban sus asientos en las gradas dispuestas en torno al largo campo. Todo estaba envuelto en una misteriosa luz dorada que parecía provenir del mismo estadio. El campo parecía forrado de terciopelo. A cada extremo se levantaban tres aros de gol, a unos quince metros de altura.

Hasta entonces no había llegado nadie, salvo una criatura diminuta que estaba sentada en la antepenúltima butaca de la fila de atrás. La criatura, cuyas piernas eran tan cortas que apenas sobresalían del asiento, llevaba puesto a modo de toga un paño de cocina y se tapaba la cara con las manos.

-Harry…-susurró Tabatha, pellizcando la mano de su mellizo.- Mira.-el azabache giró hacía atrás, mirando a la criatura.

-¿Dobby?-preguntó, extrañado.

La diminuta figura levantó la cara y separó los dedos, mostrando unos enormes ojos castaños y una nariz que tenía la misma forma y tamaño que un tomate grande. No era Dobby... pero no cabía duda de que se trataba de un elfo doméstico.

-¿El señor acaba de llamarme Dobby?-chilló el elfo de forma extraña, por el resquicio de los dedos. Tenía una voz aún más aguda que la de Dobby, apenas un chillido flojo y tembloroso que le hizo suponer a Harry.

-Me parece que no es él.-murmuró la pelirroja.- Más bien parece una…elfina.- Ron y Hermione se volvieron en sus asientos para mirar.

-Disculpe.-se disculpó Harry.-La he confundido con un conocido.

-¡Yo también conozco a Dobby, señor!-chilló la elfina. Se tapaba la cara como si la luz la cegara, a pesar de que la tribuna principal no estaba excesivamente iluminada.- Me llamo Winky, señor... y usted, señor…ustedes...-en ese momento reconoció la cicatriz de Harry, y los ojos se le abrieron hasta adquirir el tamaño de dos platos pequeños.- ¡Ustedes sin duda son los...!-

-Sí, lo somos.-se apresuró a terminar Tabatha.

-¡Dobby habla todo el tiempo de ustedes!-dijo la elfina, bajando las manos un poco pero conservando su expresión de miedo.

-¿Cómo se encuentra?-preguntó Harry.- ¿Qué tal le sienta la libertad?

-¡Ah, señor!-respondió Winky, moviendo la cabeza de un lado a otro.- No quisiera faltarle al respeto, señor, pero no estoy segura de que le hicieran un favor a Dobby al liberarlo.- 

-¿Por qué?-se extrañó la pelirroja, mirando a su hermano.- ¿Qué le pasa?

-La libertad se le ha subido a la cabeza, señorita.-explicó Winky con tristeza.- Tiene raras ideas sobre su condición, señorita. No encuentra dónde colocarse, señor.

-¿Por qué no?-inquirió Harry. Winky bajó el tono de su voz media octava para susurrar.

-Pretende que le paguen por trabajar, señor.-

-¿Que le paguen?-repitieron los mellizos.

-Bueno... ¿por qué no tendrían que pagarle?-quiso saber el azabache.

La idea pareció espeluznar a Winky, que cerró los dedos un poco para volver a ocultar parcialmente el rostro.

-¡A los elfos domésticos no se nos paga, señor!-explicó en un chillido amortiguado.- No, no, no. Le he dicho a Dobby, se lo he dicho, ve a buscar una buena familia y asiéntate, Dobby. Se está volviendo un juerguista, señor, y eso es muy indecoroso en un elfo doméstico. Si sigues así, Dobby, le digo, lo próximo que oiré de ti es que te han llevado ante el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas, como a un vulgar duende.-

-Bueno, ya era hora de que se divirtiera un poco.-opinó la pelirroja con ligereza.

-La diversión no es para los elfos domésticos, Tabatha Potter.-repuso Winky con firmeza desde detrás de las manos que le ocultaban el rostro.- Los elfos domésticos obedecen. No soporto las alturas, señor…señorita...-miró hacia el borde de la tribuna y tragó saliva.- Pero mi amo me manda venir a la tribuna principal, y vengo, señor.-

-¿Por qué te manda venir tu amo si sabe que no soportas las alturas?-preguntó Harry, frunciendo el entrecejo.

-Mi amo... mi amo quiere que le guarde una butaca, Harry Potter, porque está muy ocupado.-respondió Winky, inclinando la cabeza hacia la butaca vacía que tenía a su lado.- Winky está deseando volver a la tienda de su amo, pero Winky hace lo que le mandan, porque Winky es una buena elfina doméstica.-aterrorizada, echó otro vistazo al borde de la tribuna, y volvió a taparse los ojos completamente.

-¿Así que eso es un elfo doméstico?-murmuró Ron, cuando sus amigos se volvieron a acomodar.- Son extraños, ¿verdad?-

-Dobby era aún más extraño.-le aseguró la pelirroja.

Ron sacó los omniculares y comenzó a probarlos, mirando con ellos a la multitud que había abajo, al otro lado del estadio. 

-¡Sensacional!-exclamó, girando el botón de retroceso que tenía a un lado.- Puedo hacer que aquel viejo se vuelva a meter el dedo en la nariz una vez... y otra... y otra...-

-¡No hagas eso!-le espetó la pelirroja.-Es asqueroso.-

Hermione, mientras tanto, leía con interés su programa forrado de terciopelo y adornado con borlas.

Antes de que empiece el partido habrá una exhibición de las mascotas de los equipos.-comentó en voz alta.

-Eso siempre es digno de ver.-habló el señor Weasley.- Las selecciones nacionales traen criaturas de su tierra para que hagan una pequeña exhibición.-

Durante la siguiente media hora se fue llenando lentamente la tribuna. El señor Weasley no paró de estrechar la mano a personas que obviamente eran magos importantes. Percy se levantaba de un salto tan a menudo que parecía que tuviera un erizo en el asiento. Cuando llegó Cornelius Fudge la reverencia fue tan exagerada que se le cayeron las gafas y se le rompieron. Muy embarazado, las reparó con un golpe de la varita y a partir de ese momento se quedó en el asiento, echando miradas de envidia a los mellizos, a quien el ministro saludó como si se tratara de dos viejos amigos. Fudge les estrechó la mano con ademán paternal, les preguntó cómo estaban y les presentó a los magos que lo acompañaban.

-Ya sabe, los mellizos Potter.-los presentó ante el muy alto al ministro de Bulgaria, que llevaba una espléndida túnica de terciopelo negro con adornos de oro y parecía que no entendía una palabra.- ¡Potter...! Seguro que los conoce: los niños que sobrevivieron a Quien-usted-sabe... Tiene que saber quiénes...-el búlgaro vio de pronto la cicatriz y, señalándola, se puso a decir en voz alta y visiblemente emocionado cosas que nadie entendía.-Sabía que al final lo conseguiríamos.-le dijo Fudge a Harry cansinamente-¡Ah, ahí está Lucius!-los cuatro amigos se volvieron rápidamente. Los que se encaminaban hacia tres asientos aún vacíos de la segunda fila, justo detrás del padre de Ron, no eran otros que los antiguos amos de Dobby.

De piel pálida, cara afilada y pelo rubio platino, Draco se parecía mucho a su padre. También su madre era rubia, alta y delgada, y habría parecido guapa si no hubiera sido por el gesto de asco de su cara, que daba la impresión de que, justo debajo de la nariz, tenía algo que olía a demonios.

-¡Ah, Fudge!-saludó el señor Malfoy, tendiendo la mano al llegar ante el ministro de Magia.- ¿Cómo estás? Me parece que no conoces a mi mujer, Narcisa, ni a nuestro hijo, Draco.

-¿Cómo está usted?, ¿cómo estás?-Fudge, sonrió mientras se inclinaba ante la señora Malfoy.- Permítanme presentarles al señor Oblansk... Oblansk... al señor... Bueno, es el ministro búlgaro de Magia, y, como no entiende ni jota de lo que digo, da lo mismo. Veamos quién más...Supongo que conoces a Arthur Weasley.-

-Por Dios, Arthur.-habló con suavidad Malfoy.-  ¿Qué has tenido que vender para comprar entradas en la tribuna principal? Me imagino que no te ha llegado sólo con la casa.-

-Lucius acaba de aportar una generosa contribución para el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, Arthur.-comentó Fudge, sin escuchar.- Ha venido aquí como invitado mío.

-¡Ah... qué bien!-dijo el señor Weasley, con una sonrisa muy tensa.  El señor Malfoy observó a Hermione, que se puso algo colorada pero le devolvió la mirada con determinación. Harry comprendió qué era lo que provocaba aquella mueca de desprecio en los labios del señor Malfoy no se atrevió a decir nada delante del ministro de Magia. Con la cabeza hizo un gesto desdeñoso al señor Weasley, y continuó caminando hasta llegar a sus asientos. También Draco lanzó a Harry, Ron y Hermione una mirada de desprecio, y luego se sentó entre sus padres. Tabatha tenía las orejas coloradas; odiaba que ese rubio hiciese caras fanfarronas hacia ella. Obviamente, en ese momento la trató como trataba a su hermano, todo para aparentar ante sus padres.

-Asquerosos.-murmuró Ron.

Un segundo más tarde, Ludo Bagman llegaba a la tribuna principal como si fuera un indio lanzándose al ataque de un fuerte.

-¿Todos listos?-preguntó. Su redonda cara relucía de emoción como un queso de bola grande.- Señor ministro, ¿qué le parece si empezamos?

-Cuando tú quieras, Ludo.-respondió Fudge complacido. Bagman sacó la varita y se apuntó con ella a la garganta.

-¡Sonorus!-su voz se alzó por encima del estruendo de la multitud que abarrotaba ya el estadio y retumbó en cada rincón de las tribunas.- Damas y  caballeros... ¡bienvenidos! ¡Bienvenidos a la cuadringentésima vigésima segunda edición de la Copa del Mundo de Quidditch!-los espectadores gritaron y aplaudieron, ondearon miles de banderas, y los discordantes himnos de sus naciones se sumaron al jaleo de la multitud.- Y ahora, sin más dilación, permítanme que les presente a... ¡las mascotas del equipo de Bulgaria!-las tribunas del lado derecho, que eran un sólido bloque de color escarlata, bramaron su aprobación.

-Me pregunto qué habrán traído.-dijo el señor Weasley, inclinándose en el asiento hacia delante.- ¡Ah!-exclamó, limpiando sus gafas contra su camisa para volver a ponérselas.- ¡Son Veelas!-

-¿Qué son Vee...?-

La pregunta de Harry quedó a la deriva al ver que las "Veelas"  eran mujeres, las más bellísimas que él hubiese visto en su vida... pero algo le decía que eran demasiado perfectas para ser humanas. Tabatha rodó los ojos al ver la cara de embelesado que tenía su hermano.

-Casi que se le cae la baba.-murmuró, cruzándose de brazos. Las Veelas se pusieron a bailar, y la mente de Harry se quedó totalmente en blanco, sólo ocupada por una suerte de dicha. En ese momento, lo único que en el mundo merecía la pena era seguir viendo a esas jóvenes; porque, si ellas dejaban de bailar, ocurrirían cosas terribles...

-Son hermosas…-la voz de Cedric sonaba como si estuviese ida. La pelirroja chasqueo la lengua y apretó más los brazos contra su pecho.

A medida que las Veelas aumentaban la velocidad de su danza, unos pensamientos desenfrenados, aún indefinidos, se iban apoderando de la aturdida mente de Harry. Quería hacer algo muy impresionante, y tenía que ser en aquel mismo instante. Saltar desde la tribuna al estadio parecía una buena idea.

-Harry, ¿qué haces?-la voz de Hermione lo sacó de su ensoñación. Él se encontraba con un pie sobre el muro de la tribuna. A su lado, Ron permanecía inmóvil, en la postura que habría adoptado si hubiera pretendido saltar desde un trampolín.

-Apoya a Bulgaria.-murmuró, mientras se volvía a sentar.

-¡Y ahora!-bramó la voz de Ludo Bagman.- Tengan la bondad de alzar sus varitas para recibir a... ¡las mascotas del equipo nacional de Irlanda!-en aquel momento,  un cometa de color oro y verde entró en el estadio como disparado, dio una vuelta al terreno de juego y se dividió en dos cometas más pequeños que se dirigieron a toda velocidad hacia los postes de gol. Repentinamente se formó un arco iris que se extendió de un  lado a otro del campo de juego, conectando las dos bolas de luz. La multitud exclamaba como si estuviera contemplando un castillo de fuegos de artificio. A continuación se formó un trébol enorme y reluciente que se levantó en el aire y empezó a elevarse sobre las tribunas. De él caía algo que parecía una lluvia de oro.

-¡Maravilloso!-exclamó Ron cuando el trébol se elevó sobre el estadio dejando caer pesadas monedas de oro que rebotaban al dar en los asientos. Entornando los ojos para ver mejor el trébol, Harry apreció que estaba compuesto de miles de hombrecitos diminutos con barba y chalecos rojos, cada uno de los cuales llevaba una diminuta lámpara de color oro o verde.

-¡¿Qué son?!-preguntó Tabatha, señalando el trébol. En él había miles de pequeñísimos hombrecitos de barba y chalecos rojos, que llevaban lámparas acordes a su tamaño con luces oro y verde.

-¡Son Leprechauns!-explicó el señor Weasley, alzando la voz por encima del tumultuoso aplauso de los espectadores.

-¡Aquí tienes!-dijo Ron muy contento, poniéndole a Harry un montón de monedas de oro en la mano.- ¡Por los omniculares! ¡Ahora me tendrás que comprar un regalo de Navidad!-

El enorme trébol se disolvió, los Leprechauns se fueron hacia el lado opuesto al que ocupaban las Veelas, y se sentaron con las piernas cruzadas para contemplar el partido.

-Y ahora, damas y caballeros, ¡demos una calurosa bienvenida a la selección nacional de Quidditch de Bulgaria! Con ustedes... ¡Dimitrov!-una figura vestida de escarlata entró tan rápido montada sobre el palo de su escoba que sólo se pudo distinguir un borrón en el aire. La afición del equipo de Bulgaria aplaudió como loca.-Ludo Bagman fue nombrando a cada jugador, reservándose al séptimo.- Es un placer presentarles a… ¡Krum!-

-¡Es él, es él!-gritaron Ron y Tabatha, poniéndose de pie de un salto y señalando la última figura escarlata. Harry se apresuró a enfocar sus omniculares.  Viktor Krum era delgado, moreno y de piel cetrina, con una nariz grande y curva y cejas negras y muy pobladas. Semejaba una enorme ave de presa. Costaba creer que sólo tuviera dieciocho años.

-Y recibamos ahora con un cordial saludo ¡a la selección nacional de Quidditch de Irlanda!-continuó Bagman.- Les presento a... ¡Connolly!, ¡Ryan!, ¡Troy!, ¡Mullet!, ¡Moran!, ¡Quigley! ¡Y!... ¡Lynch!-siete borrones de color verde rasgaron el aire al entrar en el campo de juego.

-Todos llevan Saetas de Fuego.-comentó Harry, siguiéndolos con sus omniculares.

-Y ya por fin, llegado desde Egipto, nuestro árbitro, el aclamado Presimago de la Asociación Internacional de Quidditch: ¡Hasán Mustafá!-al campo ingresó un mago vestido con la única túnica que se diferenciaba de la de los jugadores. Bajo el brazo llevaba una caja de madera y con la mano libre llevaba su escoba. Deposito la caja sobre el césped y le dio una patada, en ese momento las cuatro pelotas quedaron libres. Dando un silbatazo, las quince escobas se elevaron.- ¡Comienza el partido!-gritó Bagman.- ¡Mullet tiene la Quaffle! ¡Troy! ¡Moran! ¡Dimitrov! ¡Mullet de nuevo! ¡Troy! ¡Levski! ¡Moran!- cada jugador se movía con una destreza que los mellizos jamás habían visto, eso sí era Quidditch.- ¡TROY MARCA!-bramó Bagman, luego de haber relatado los primeros minutos. El estadio entero vibró entre vítores y aplausos.- ¡Diez a cero a favor de Irlanda!-

-¿Qué?-gritó el azabache, mirando a un lado y a otro como loco a través de los omniculares.- ¡Pero si Levski acaba de tomar la Quaffle!-

-¡Harry, si no ves el partido a velocidad normal, te vas a perder un  montón de jugadas!-le gritó Hermione, que botaba en su asiento moviendo los brazos en el aire mientras Troy daba una vuelta de honor al campo de juego.

Los Leprechauns  habían vuelto a elevarse y a formar el brillante trébol. Desde el otro lado del campo, las Veelas los miraban mal encaradas.

El juego se tomó aún más rápido pero también más brutal. Volkov y Vulchanov, los golpeadores búlgaros, aporreaban las bludgers con todas sus fuerzas para pegar con ellas a los cazadores del equipo de Irlanda, y les impedían hacer uso de algunos de sus mejores movimientos: dos veces se vieron forzados a dispersarse y luego, por fin, Ivanova logró romper su defensa,  esquivar al guardián, Ryan, y marcar el primer tanto del equipo de Bulgaria.

-¡Tápense lo oídos!-gritó el señor Weasley cuando las Veelas empezaron a bailar para celebrarlo.

Luego de la celebración de las Veelas, Bulgaria volvía a estar en posesión de la Quaffle.

-¡Dimitrov! ¡Levski! ¡Dimitrov! Ivanova... ¡¡eh!!-bramó Bagman. Cien mil magos y brujas ahogaron un grito cuando los dos buscadores,  Krum y Lynch, cayeron en picado por en medio de los cazadores, tan veloces como si se hubieran tirado de un avión sin paracaídas.

-¡La Snitch!-exclamó Tabatha, mirando por sus omniculares.

-¡Se van a estrellar!-gritó Hermione del otro lado. Y así parecía... hasta que en el último segundo Krum frenó su descenso y se elevó con un movimiento de espiral. Lynch, sin embargo, chocó contra el suelo con un golpe sordo que se oyó en todo el estadio.

-¡Tonto!-se lamentó el señor Weasley.- ¡Krum lo ha engañado!

-¡Tiempo muerto!-pidió la voz de Bagman.- ¡Los expertos medimagos tienen que salir al campo para examinar a Aidan Lynch!

-Estará bien, ¡sólo ha sido un castañazo!-le dijo Charlie en tono tranquilizador a Ginny, que se asomaba por encima de la pared de la tribuna principal, horrorizada.- Que es lo que andaba buscando Krum, claro...-

-¿Ese es el Amago de Wronski?-preguntó Tabatha.

-Claro.-respondió Charlie.

En otros quince minutos, Irlanda consiguió marcar diez veces más. Ganaban por ciento treinta puntos a diez, y los jugadores comenzaban a jugar de manera más sucia. Cuando Mullet, una vez más, salió disparada hacia los postes de gol aferrando la Quaffle bajo el brazo, el guardián del equipo búlgaro, Zograf, salió a su encuentro. Fuera lo que fuera lo que sucedió, ocurrió tan rápido que no pudieron verlo, pero un grito de rabia brotó de la afición de Irlanda, y el largo y vibrante pitido de Mustafá indicó falta.

-Y Mustafá está reprendiendo al guardián búlgaro por juego violento... ¡Excesivo uso de los codos!-informó Bagman a los espectadores, por encima de la audiencia.- Y... ¡sí, señores, penalti favorable a Irlanda!

Los Leprechauns, que se habían elevado en el aire, enojados como un enjambre de avispas cuando Mullet había sufrido la falta, se apresuraron a burlarse. Las Veelas se pusieron de pie de un salto, agitaron de enfado sus melenas y volvieron a bailar.

Todos a una, los chicos Weasley, Harry y Cedric se metieron los dedos en los oídos; pero Hermione ni Tabatha, que no se habían tomado la molestia de hacerlo, no tardaron en volver a colocarlos en sus lugares. Él se volvió hacia ella, y Hermione, con un gesto de impaciencia, le quitó los dedos de las orejas.

-Al parecer, el árbitro también cayó en los encantos de las Veelas.-rió la pelirroja.

-¡No, esto sí que no!-dijo Ludo Bagman, aunque parecía que le hacía mucha gracia.-  ¡Por favor, que alguien le dé una palmada al árbitro!-un medimago cruzó a toda prisa el campo, tapándose los oídos con los dedos, y le dio una patada.

-Y, si no me equivoco, ¡Mustafá está tratando de expulsar a las mascotas del equipo búlgaro!-explicó la voz de Bagman.- Esto es algo que no habíamos visto nunca... ¡Ah, la cosa podría ponerse fea...! ¡Dos penaltis a favor de Irlanda!-gritó y la afición del equipo búlgaro vociferó de rabia.- Será mejor que Volkov y Vulchanov regresen a sus escobas... Sí... ahí van... Troy toma la Quaffle...

A partir de aquel instante el juego alcanzó nuevos niveles de ferocidad. Los golpeadores de ambos equipos jugaban sin compasión: Volkov y Vulchanov, en especial, no parecían preocuparse mucho si en vez de a las bludgers golpeaban con los bates a los jugadores irlandeses. Dimitrov se lanzó hacia Moran, que estaba en posesión de la Quaffle, y casi la derriba de la escoba.

-¡Falta!-corearon los seguidores del equipo de Irlanda todos a una, y al levantarse a la vez, con su color verde, semejaron una ola.

-¡Falta!-repitió la voz mágicamente amplificada de Bagman.- Dimitrov pretende acabar con Moran... volando deliberadamente para chocar con ella... Eso será otro penalti... ¡Sí, ya oímos el silbato!

Los Leprechauns habían vuelto a alzarse en el aire, y formaron una mano gigante que hacía un signo muy grosero dedicado a las Veelas que tenían enfrente. Entonces las jóvenes perdieron el control. Se lanzaron al campo y arrojaron a los duendes lo que parecían puñados de fuego. A través de sus omniculares, Harry vio que su aspecto ya no era bello en absoluto. Por el contrario, sus caras se alargaban hasta convertirse en cabezas de pájaro con un pico temible y afilado, y unas alas largas y escamosas les nacían de los hombros.

-¡Por eso, muchachos!-gritó el señor Weasley para hacerse oír por encima del tumulto.- ¡Es por lo que no hay que fijarse sólo en la belleza!-

Los magos del Ministerio se lanzaron en tropel al terreno de juego para separar a las mascotas, pero con poco éxito. Y la batalla que tenía lugar en el suelo no era nada comparada con la del aire. Harry movía los omniculares de un lado para otro sin parar porque la Quaffle cambiaba de manos a la velocidad de una bala.

-Levski... Dimitrov... Moran... Troy... Mullet... Ivanova... De nuevo Moran...Moran... ¡Y MORAN CONSIGUE MARCAR!-pero apenas se pudieron oír los vítores de la afición irlandesa, tapados por los gritos de las Veelas, los disparos de las varitas de los funcionarios y los bramidos de furia de los búlgaros. El juego se reanudó enseguida: primero Levski se hizo con la Quaffle, luego Dimitrov... Quigley, el golpeador irlandés, le dio a una Bludger que pasaba a su lado y la lanzó con todas sus fuerzas contra Krum, que no consiguió esquivarla a tiempo: le pegó de lleno en la cara.

-¡AH!-gritaron Ron y Tabatha, poniéndose de pie.

La multitud lanzó un gruñido ensordecedor. Parecía que Krum tenía la nariz rota, porque la cara estaba cubierta de sangre, pero Mustafá no hizo uso del silbato. La jugada lo había pillado distraído, y Harry no podía reprochárselo: una de las Veelas le había tirado un puñado de fuego, y la cola de su escoba se encontraba en llamas.

-¡Esto tiene que ser tiempo muerto!-protesto Tabatha.- No puede jugar en esas condiciones, míralo...

-¡Mira a Lynch!-le contestó Harry. El buscador irlandés había empezado a caer repentinamente, y Harry comprendió que no se trataba del «Amago de Wronski»: aquello era de verdad. -¡Ha visto la Snitch!-gritó.- ¡La ha visto! ¡Míralo!

Sólo la mitad de los espectadores parecía haberse dado cuenta de lo que ocurría. La afición irlandesa se levantó como una ola verde, gritando a su buscador... pero Krum fue detrás. Iba dejando tras él un rastro de gotas de sangre, pero se puso a la par de Lynch, y ambos se lanzaron de nuevo hacia el suelo...

-¡Van a estrellarse!-gritó Hermione.

-¡Nada de eso!-negó Ron.

-¡Lynch sí!-alentó Harry. Y acertó. Por segunda vez, Lynch chocó contra el suelo con una fuerza tremenda, y una horda de Veelas furiosas empezó a darle patadas.

-La Snitch, ¿dónde está la Snitch?-gritó Charlie, desde su lugar en la fila.

-¡La tiene...! ¡Krum la tiene...! ¡Ha terminado!-exclamó Tabatha. Krum, que tenía la túnica roja manchada con la sangre que le caía de la nariz, se elevaba suavemente en el aire, con el puño en alto y un destello de oro dentro de la mano.

El tablero anunció «BULGARIA: 160; IRLANDA: 170» a la multitud, que no parecía haber comprendido lo ocurrido.

-¡IRLANDA HA GANADO!-voceó Bagman, que, como los mismos irlandeses, parecía desconcertado por el repentino final del juego.- ¡KRUM HA ATRAPADO LA SNITCH, PERO IRLANDA HA GANADO! ¡Dios Santo, no creo que nadie se lo esperara! 

-¿Y para qué ha atrapado la Snitch?-exclamó Ron, al mismo tiempo que daba saltos en su asiento, aplaudiendo con las manos elevadas por encima de la cabeza.- ¡El muy idiota ha dado por finalizado el juego cuando Irlanda les sacaba ciento sesenta puntos de ventaja!-

-Sabía que nunca conseguirían alcanzarlos.-le respondió Harry, gritando para hacerse oír por encima del estruendo, y aplaudiendo con todas sus fuerzas.

-Los cazadores del equipo de Irlanda son demasiado buenos. Quiso terminar lo mejor posible, eso es todo...-acotó Tabatha.

-Ha estado magnífico, ¿verdad?-dijo Hermione, inclinándose hacia delante para verlo aterrizar, mientras un enjambre de medimagos se abría camino hacia él entre los Leprechauns y las Veelas, que seguían peleándose.- Está hecho una pena...

-Vueno, hemos luchado vrravamente.-dijo detrás de ellos una voz lúgubre. El Ministro de Bulgaria, negaba lentamente con la cabeza.

-¡Usted habla nuestro idioma!-chilló Fudge, ofendido.- ¡Y me ha tenido todo el día comunicándome por gestos!-

-Vueno, eso fue muy divertida.-dijo el búlgaro, encogiéndose de hombros.

-¡Y mientras la selección irlandesa da una vuelta de honor al campo, escoltada por sus mascotas, llega a la tribuna principal la Copa del Mundo de Quidditch!-voceó Bagman.

De repente una cegadora luz blanca que bañó mágicamente la tribuna en que se hallaban, para que todo el mundo pudiera ver el interior. Entornando los ojos y mirando hacia la entrada, pudo distinguir a dos magos que llevaban, jadeando, una gran copa de oro que entregaron a Cornelius Fudge, el cual aún parecía muy contrariado por haberse pasado el día comunicándose por señas sin razón.

-Dediquemos un fuerte aplauso a los caballerosos perdedores: ¡la selección de Bulgaria!-gritó Ludo.  Y, subiendo por la escalera, llegaron hasta la tribuna los siete derrotados jugadores búlgaros. Abajo, la multitud aplaudía con aprecio. Harry vio miles y miles de omniculares apuntando en dirección a ellos. Uno a uno, los búlgaros desfilaron entre las butacas de la tribuna, y Bagman los fue nombrando mientras estrechaban la mano de su ministro y luego la de Fudge. Krum, que estaba en último lugar, tenía realmente muy mal aspecto. Todavía agarraba la Snitch.

-Es medio tonto caminando.-le susurró Cedric a Tabatha. Pero, cuando Bagman pronunció el nombre de Krum, el estadio entero le dedicó una ovación ensordecedora.

Y a continuación subió el equipo de Irlanda. Moran y Connolly llevaban a Aidan Lynch. El segundo batacazo parecía haberlo aturdido, y tenía los ojos desenfocados. Pero sonrió muy contento cuando Troy y Quigley levantaron la Copa en el aire y la multitud expresó estruendosamente su aprobación. A Harry le dolían las manos de tanto aplaudir.

Al final, cuando la selección irlandesa bajó de la tribuna para dar otra vuelta de honor sobre las escobas, Bagman se apuntó con la varita a la garganta y susurró un hechizo.

-Se hablará de esto durante años.-dijo con la voz ronca.- Ha sido un giro verdaderamente inesperado. Es una pena que no haya durado más...-se lamentó.- Ah, ya... ya... ¿Cuánto les debo?-Fred y George acababan de subirse sobre los respaldos de sus butacas y permanecían frente a Ludo Bagman con una amplia sonrisa y la mano tendida hacia él.

..*

N/A: en respuesta a Julii_Potter, los días que actualizo son los domingos o los martesJ. También les agradezco a Lili10, lunatico0030, SradeDixon09.

¡¡Besos!!

PD: Llegamos a los 200 comentarios!!! Mil gracias!