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"Los mellizos Potter" — capítulo 93

Capítulo 8

La Marca Tenebrosa y varitas desaparecidas

-No le digan a su madre que han apostado.-imploró el señor Weasley, bajando despacio por la escalera alfombrada de púrpura.

-No te preocupes, papá.-respondió Fred muy alegre.- Tenemos grandes planes para este dinero, y no queremos que nos lo confisquen.

-¿Qué piensan hacer con él?-curioseo Tabatha, cediéndole el lugar a una bruja para que bajase.

-Es para nuestra tienda de bromas.-susurró George.-Pero…-se llevó un dedo a los labios a modo de silencio. La pelirroja sonrió y asintió. Pronto se vieron rodeados por la multitud que abandonaba el estadio para regresar a las tiendas de campaña. El aire de la noche llevaba hasta ellos estridentes cantos mientras volvían por el camino iluminado de farolas, y los Leprechauns no paraban de moverse velozmente por encima de sus cabezas, riéndose a carcajadas y agitando sus faroles.

Cuando por fin llegaron, nadie tenía sueño y, dada la algarabía que había en torno a ellos, el señor Weasley consintió en que tomaran todos juntos una última taza de chocolate con leche antes de acostarse. No tardaron en enzarzarse en una agradable discusión sobre el partido. El señor Weasley se mostró en desacuerdo con Charlie en lo referente al comportamiento violento, y no dio por finalizado el análisis del partido hasta que Ginny se cayó dormida sobre la pequeña mesa, derramando el chocolate por el suelo. Entonces los mandó a todos a dormir.

Las chicas se metieron en su tienda, y Harry y el resto de los Weasley se pusieron el pijama y se subieron cada uno a su litera. Desde el otro lado del campamento llegaba aún el eco de cánticos y de ruidos extraños.

-¿Podrían ir callándose, no?-gruñó Tabatha, utilizando su almohada como tapón para sus oídos. Ginny rió entre sueños. Lentamente, todos se fueron quedando dormidos. Los fanáticos de Irlanda seguían cantando, pero el sonido era más lejano.

Al cabo de una hora, ya los aficionado se habían calmado un poco, pero sus vitoreos aún se oían. Tabatha había estado dando vueltas desde que se acostó. Tenía la sensación de haber perdido algo. Sin hacer ruido, salió de su cama y se acercó a la pila de ropa que se hallaba al final del colchón. Revisó su camisa y el bolsillo de su pantalón pero nada. ¿Dónde se hallaba su varita? Decidida, se puso de pie y tomó su abrigo color morado y salió al exterior.

Las tiendas de alrededor se hallaban pacíficas, a excepción de la zona verde trébol. Tabatha se cerró más el abrigo y comenzó a caminar. Apenas hizo unos cuantos pasos, alguien le colocó la mano en la boca y la llevo hasta el costado de una de las tiendas.

-¿Vas a algún lado?-preguntó George, con una radiante sonrisa.

-¿Estás loco?-exclamó ella en voz baja, deshaciéndose del agarre.- ¡Casi me matas del susto!-

-Lo lamento.-se disculpó el pelirrojo.- Por cierto, ¿a dónde vas?-quiso saber, cruzándose de brazos.

-Yo…ohm…perdí algo.-respondió Tabatha. 

-¿Qué cosa?-

-Mi varita.-la pelirroja hizo una mueca y se frotó el brazo izquierdo con la mano derecha.

-En ese caso.-continuo George.- No sería prudente que vayas sola.-él pasó su brazo por encima del hombro de Tabatha y echaron a caminar. Durante varios minutos estuvieron en silencio, siendo alumbrados nada más que por el reflejo de la varita de George.- Y, ¿cómo era tu varita?-preguntó.

-De cedro, pluma de Fénix de núcleo de 32 centímetros y medio.-respondió.

-Bien, entonces debemos encontrar esa varita.-animó el pelirrojo.- Por cierto, ¿tú y Harry comparten el mismo núcleo?-Tabatha asintió.

-Creo que después de todo, Ollivander tenía razón.-murmuró.-La varita elije al mago.-George sonrió y luego se detuvo.

-¿Escuchas eso?-preguntó. Ambos hicieron silencio. No muy lejos, se escuchaban gritos y se veían grandes columnas rojas.

-Vaya, los irlandeses saben cómo festejar.-comentó Tabatha.

-No creo que sean los irlandeses.-repuso el gemelo, serio. Frente a ellos, apareció un aficionado de Irlanda y por su rostro, dedujeron que no era una celebración lo de más adelante.

-¡Corran!-les advirtió, trastabillando con sus propios pies.- ¡Corran y avisen a todos que deben irse!-por instinto,  George tomó la mano de Tabatha y comenzó a retroceder.

-Debemos volver.-ambos dieron la vuelta y, sin soltarse, comenzaron a correr.

-¿Y mi varita?-gritó Tabatha por encima del ruido. George no contestó, más bien se aferró más a la mano de la chica y aumento la velocidad. La pelirroja miró por encima de su hombro y algo la asustó; detrás de ellos se abalanzaba un enjambre de aficionados que intentaban huir.

-¡Mortifagos! ¡Mortifagos! ¡Sálvense!-gritaba una mujer, cubriendo a un niño contra su pecho.

-¡¿Qué es un Mortifago?!-preguntó la pelirroja, más asustada que nunca. George, no contestó de nuevo y para cuando se quisieron dar cuenta, ya estaban en la tienda.

-Oh, ¿dieron un paseo bajo la luna?-bromeo Fred, al verlos ingresar. Su sonrisa se desdibujó al ver el rostro de su gemelo.- ¿Qué pasó?-George lo ignoró y se acercó a la cama de su padre. Dándole grandes sacudidas, logró despertarlo. Luego acercó su cabeza a su oído y susurró algo que puso tenso al señor Weasley.

-¡Levántense! ¡Ron, Harry... deprisa, levántense, es urgente!-comenzó a gritar, intentando cambiarse.

Harry se incorporó de un salto y se golpeó la cabeza con la lona del techo.

-¿Qué pasa?-preguntó. El azabache intuyó que algo malo ocurría, porque los ruidos del campamento parecían distintos. Los cánticos habían cesado. Se oían gritos, y gente que corría. Y por sobre todo, se preocupó al ver a Tabatha despierta y abrazada a Fred.

Bajó de la litera y tomó su ropa, pero el señor Weasley, que se había puesto los vaqueros sobre el pijama, lo detuvo.

-No hay tiempo, Harry... toma sólo tu chaqueta y sal... ¡rápido!-él obedeció y salió a toda prisa de la tienda, delante de Ron. Al pasar junto a los gemelos, agarró la mano de su hermana.

A la luz de los escasos fuegos que aún ardían, pudo ver a gente que corría hacia el bosque, huyendo de algo que se acercaba detrás, por el campo, algo que emitía extraños destellos de luz y hacía un ruido como de disparos de pistola. Llegaban hasta ellos abucheos escandalosos, carcajadas estridentes y gritos de borrachos. A continuación, apareció una fuerte luz de color verde que iluminó la escena.

A través del campo marchaba una multitud de magos, que iban muy apretados y se movían todos juntos apuntando hacia arriba con las varitas. Harry entornó los ojos para distinguirlos mejor. Parecía que no tuvieran rostro, pero luego comprendió que iban tapados con capuchas y máscaras. Por encima de ellos, en lo alto, flotando en medio del aire, había cuatro figuras que se debatían y contorsionaban adoptando formas grotescas. Era como si los magos enmascarados que iban por el campo fueran titiriteros y los que flotaban en el aire fueran sus marionetas, manejadas mediante hilos invisibles que surgían de las varitas. Dos de las figuras eran muy pequeñas.

Al grupo se iban juntando otros magos, que reían y apuntaban también con sus varitas a las figuras del aire. La marcha de la multitud arrollaba las tiendas de campaña. En una o dos ocasiones, Harry vio a alguno de los que marchaban destruir con un rayo originado en su varita alguna tienda que le estorbaba el paso. Varias se prendieron. El griterío iba en aumento.  Las personas que flotaban en el aire resultaron repentinamente iluminadas al pasar por encima de una tienda de campaña que estaba en llamas, y Harry reconoció a una de ellas: era el señor Roberts, el gerente del cámping. Los otros tres bien podían ser su mujer y sus hijos.

-Dan ganas de vomitar.-susurró Ron, observando al más pequeño de los niños muggles, que había empezado a dar vueltas como una peonza, a veinte metros de altura, con la cabeza caída y balanceándose de lado a lado como si estuviera muerto.- Dan verdaderas ganas de vomitar...

Hermione y Ginny llegaron a toda prisa, poniéndose la bata sobre el camisón, con el señor Weasley detrás. Al mismo tiempo salieron de la tienda de los chicos Bill, Charlie y Percy, completamente vestidos, arremangados y con las varitas en la mano.

-Vamos a ayudar al Ministerio.-gritó el señor Weasley por encima de todo aquel ruido, arremangándose él también.-Ustedes vayan al bosque, y no se separen. ¡Cuando hayamos solucionado esto iré a buscarlos!-Bill, Charlie y Percy se precipitaron al encuentro de la multitud.

Desde todos los puntos, los magos del Ministerio se dirigían a la fuente del problema. La multitud que había bajo la familia Roberts  se acercaba cada vez más.

-Vamos.-ordenó Fred, tomando a Ginny de la mano y tirando de ella hacia el bosque.

Los mellizos, Ron, Hermione y George los siguieron. Al llegar a los primeros árboles volvieron la vista atrás. La multitud seguía creciendo. Distinguieron a los magos del Ministerio, que intentaban introducirse por entre el numeroso grupo para llegar hasta los encapuchados que iban en el centro: les estaba costando trabajo. Debían de tener miedo de lanzar algún embrujo que tuviera como consecuencia la caída al suelo de la familia Roberts.

Las farolas de colores que habían iluminado el camino al estadio estaban apagadas. Oscuras siluetas daban tumbos entre los árboles, y se oía el llanto de niños; a su alrededor, en el frío aire de la noche, resonaban gritos de ansiedad y voces aterrorizadas. Harry avanzaba con dificultad, empujado de un lado y de otro por personas cuyos rostros no podía distinguir, pero en ningún momento soltó la mano de su hermana. De pronto oyó a Ron gritar de dolor.

-¿Qué ha sucedido?-preguntó Hermione nerviosa, deteniéndose tan de repente que Harry chocó con ella.- ¿Dónde estás, Ron? Qué idiotez... ¡Lumos!

La varita se encendió, y su haz de luz se proyectó en el camino. Ron estaba echado en el suelo.

-He tropezado con la raíz de un árbol.-dijo de malhumor, volviendo a ponerse en pie.

-Bueno, con pies de ese tamaño, lo difícil sería no tropezar.-murmuró detrás de ellos una voz que arrastraba las palabras. Harry, Tabatha, Ron y Hermione se volvieron con brusquedad. Draco Malfoy estaba solo, cerca de ellos, apoyado tranquilamente en un árbol. Tenía los brazos cruzados y parecía que había estado contemplando todo lo sucedido desde un hueco entre los árboles. Ron mandó a Malfoy a hacer algo que, como bien sabía Harry, nunca habría dicho delante de su madre. -Cuida esa lengua, Weasley.-le respondió Malfoy, con un brillo en los ojos.- ¿No sería mejor que se echaran a correr? No les gustaría que la vieran, supongo...-señaló a Hermione con un gesto de la cabeza, al mismo tiempo que desde el cámping llegaba un sonido como de una bomba y un destello de luz verde iluminaba por un momento los árboles que había a su alrededor.

-¿Qué quieres decir?-le preguntó Tabatha desafiante.

-Que van detrás de los muggles, Potter.-explicó Malfoy.- Yo que tú, la dejo. Ella no tiene más que darse una vuelta... Vienen  hacia aquí, y les divertiría muchísimo.

-¡Hermione es bruja!-exclamó Harry.

-Sigue tu camino, Potter. Se los recomiendo a los tres. Déjenla a ella.-dijo Malfoy sonriendo maliciosamente.-Pero si crees que no pueden distinguir a un sangre sucia, quédate aquí.

-¡Te voy a lavar la boca!-gritó Ron.

-No importa, Ron.-dijo Hermione rápidamente, agarrándolo del brazo para impedirle que se acercara a Malfoy.

Desde el otro lado de los árboles llegó otra explosión, más fuerte que cualquiera de las anteriores. Cerca de ellos gritaron algunas personas. La pelirroja se aferró al brazo de su hermano y movió la cabeza en todas direcciones, como si fuese una suricata. Malfoy soltó una risita.

-Qué fácil es asustarlos, ¿verdad?-comentó con calma.-Supongo que papá les dijo que se escondiera. ¿Qué pretende? ¿Rescatar a los muggles?

-¿Dónde están tus padres?-preguntó Harry, a quien le hervía la sangre.- Tendrán una máscara puesta, ¿no?-Malfoy se volvió hacia Harry, sin dejar de sonreír.

-Bueno, si así fuera, me temo que no te lo diría, Potter.

-De acuerdo, vámonos.-los apremió Hermione, arrojándole a Malfoy una mirada de asco.- Tenemos que buscar a los otros.

-Mantén agachada tu cabezota, Granger.-dijo Draco con desprecio.

-Vámonos.-repitió Hermione, y arrastró a sus amigos de nuevo al camino.

-¡Les apuesto lo que quieran a que su padre es uno de los enmascarados!-exclamó Ron, furioso.

-Bueno, con un poco de suerte, el Ministerio lo atrapara.-repuso Tabatha enfáticamente.- ¿Dónde están los otros?

-Fred y George no pueden haber ido muy lejos.-dijo Ron, que sacó la varita mágica, la encendió como la de Hermione y entrecerró los ojos para ver mejor a lo largo del camino.

Harry buscó la suya en los bolsillos de la chaqueta, pero no la encontró. Lo único que había en ellos eran los omniculares.

-No, no lo puedo creer... ¡He perdido la varita!-

-Yo también.-agregó la pelirroja.

-¿Bromean?

Ron y Hermione levantaron las suyas lo suficiente para iluminar el terreno a cierta distancia. Harry miró a su alrededor, pero no había ni rastro de la varita.

-A lo mejor te las han dejado en la tienda.-dijo Ron.

-O tal vez se han caído mientras corríamos.-sugirió Hermione, nerviosa.

-A la mía no la encuentro desde que salimos del estadio.-murmuró Tabatha, con pesar.

Un crujido los asustó a los cuatro. Winky intentaba abrirse paso entre unos matorrales. Se movía de manera muy rara, con mucha dificultad, como si una mano invisible la sujetara por la espalda.

-¡Hay magos malos por ahí!-chilló como loca, mientras se inclinaba hacia delante y trataba de seguir corriendo.- ¡Gente en lo alto! ¡En lo alto del  aire! ¡Winky prefiere desaparecer de la vista!-se metió entre los árboles del otro lado del camino, jadeando y chillando como si tratara de vencer la fuerza que la empujaba hacia atrás.

-Pero ¿qué le pasa?-preguntó Ron, mirándola con curiosidad.- ¿Por qué no puede correr con normalidad?

-Me imagino que no le dieron permiso para esconderse.-explicó Harry.

-¿Saben? ¡Los elfos domésticos llevan una vida muy dura!-dijo, indignada, Hermione.- ¡Es esclavitud, eso es lo que es! Ese señor Crouch la hizo subir a lo alto del estadio, aunque a ella la aterrorizara, ¡y la ha embrujado para que ni siquiera pueda correr cuando aquéllos están arrasando las tiendas de campaña! ¿Por qué nadie hace nada al respecto?

-Bueno, los elfos son felices así, ¿no?-observó Ron.- Ya la oíste antes del partido: La diversión no es para los elfos domésticos… Eso es lo que le gusta, que la manden.

-Es gente como tú, Ron.-replicó Hermione, acalorada-La que mantiene estos sistemas injustos y podridos, simplemente porque son demasiado perezosos para...

Oyeron otra fuerte explosión proveniente del otro lado del bosque.

-¿Qué tal si seguimos?-propuso Ron.

Siguieron el oscuro camino internándose en el bosque más y más, todavía tratando de encontrar a Fred, George y Ginny. Pasaron junto a unos duendes  que se reían a carcajadas. En el camino se encontraron con un montón de cosas, pero prefirieron seguir caminando a detenerse a escuchar.

-Creo que podríamos aguardar aquí. Podemos oír a cualquiera a un kilómetro de distancia.-dijo Harry. Apenas había acabado de decirlo cuando Ludo Bagman salió de detrás de un árbol, justo delante de ellos. Se lo veía pálido y tenso.

-¿Quién está ahí?-dijo pestañeando y tratando de distinguir sus rostros.- ¿Qué hacen aquí solos?-se miraron unos a otros, sorprendidos.

-Bueno, en el campamento hay una especie de disturbio.-explicó Ron. Bagman lo miró.

-¿Qué?-

—El cámping. Unos cuantos han atrapado a una familia de muggles...

Bagman lanzó un juramento.

-¡Maldición!-dijo, muy preocupado, y sin otra palabra desapareció haciendo.

-No se puede decir que el señor Bagman esté enterado de todo, ¿verdad?-observó Hermione frunciendo el entrecejo. 

-Pero fue un gran golpeador.-puntualizó Ron, que salió del camino para dirigirse a un pequeño claro; se sentó en la hierba seca, al pie de un árbol.-Las Avispas de Wimbourne ganaron la liga tres veces consecutivas estando él en el equipo.-se sacó del bolsillo la pequeña figura de Krum, lo posó en el suelo y lo observó caminar durante un rato.

Todo parecía tranquilo: tal vez el disturbio hubiera acabado.

-Espero que los otros estén bien.-dijo Hermione después de un rato.

-Estarán bien.-afirmó Tabatha, abrigándose con sus brazos.

-¿Te imaginas que tu padre atrape a Lucius Malfoy?-preguntó Harry, sentándose al lado de Ron y contemplando la desgarbada miniatura de Krum sobre las hojas caídas en el suelo.-Siempre ha dicho que le gustaría atraparlo.

-Eso borraría la sonrisa de satisfacción de la cara de Draco.-comentó Ron.

-Pero esos pobres muggles...-murmuró Hermione con nerviosismo.- ¿Y si no pueden bajarlos?

-Podrán —le aseguró Ron.-Hallarán la manera.

-Es una idiotez hacer algo así cuando todo el Ministerio de Magia está por allí.-declaró la pelirroja.-Lo que quiero decir es que ¿cómo esperan salirse con la suya? ¿Creen que habrán bebido, o simplemente...?

Pero de repente dejó de hablar y miró por encima del hombro. Harry, Hermione y Ron se apresuraron a mirar también. Parecía que alguien se acercaba hacia ellos dando tumbos. Esperaron, escuchando el sonido de los pasos descompasados tras los árboles. Pero los pasos se detuvieron de repente.

-¿Quién es?-llamó Harry. Sólo se oyó el silencio. El azabache se puso en pie y miró hacia el árbol. Estaba demasiado oscuro para ver muy lejos, pero tenía la sensación de que había alguien justo un poco más allá de donde llegaba su visión.- ¿Quién está ahí?-

Y entonces, sin previo aviso, una voz diferente de cualquier otra que hubieran escuchado en el bosque desgarró el silencio. Y no lanzó un grito de terror, sino algo que parecía más bien un conjuro.

-¡MORSMORDRE!-algo grande, verde y brillante salió de la oscuridad y se levantó hacia el cielo por encima de las copas de los árboles.

-¿Qué...?-exclamó Ron, poniéndose en pie de un salto y mirando hacia arriba.

Durante una fracción de segundo, Harry creyó que aquello era otra formación de Leprechauns. Luego comprendió que se trataba de una calavera de tamaño colosal, compuesta de lo que parecían estrellas de color esmeralda y con una lengua en forma de serpiente que le salía de la boca. Mientras miraban, la imagen se alzaba más y más, resplandeciendo en una bruma de humo verdoso, estampada en el cielo negro como si se tratara de una nueva constelación.

Tabatha sintió un pinchazo sobre la cadera y se retiró. Jadeando del dolor, se levantó la remera y dejó al descubierto su cicatriz. Soltó un grito de horror y chocó contra un árbol. Hermione fue la primera en acercarse y también lo notó. La vieja marca había dejado su antigua forma, ahora, era igual a la que estaba en el cielo.