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"Los mellizos Potter" — capítulo 94

Capítulo 9

La Marca Tenebrosa y varitas desaparecidas (parte 2)

Tabatha no podía sacarle de encima la mirada la mini Marca Tenebrosa. Era una calavera que subía por su cadera y no medía más de cinco centímetros, lo más espeluznante era la lengua en forma de serpiente que le salía de la boca.

-¿Cómo demonios pudo cambiar?-preguntó Ron, pasmado. La original Marca,  se alzaba más y más, resplandeciendo en una bruma de humo verdoso, estampada en el cielo negro como si se tratara de una nueva constelación.

De pronto, el bosque se llenó de gritos. Harry no comprendía por qué, pero la única causa posible era la repentina aparición de la calavera, que ya se había elevado lo suficiente para iluminar el bosque entero como un horrendo anuncio de neón. Buscó en la oscuridad a la persona que la había hecho aparecer, pero no vio a nadie.

-¡¿Quién está ahí?!-gritó de nuevo.

-¡Harry, vamos, muévete!-pidió Hermione tomándolo de la parte trasera de su camiseta y tirando de él.

-¿Qué pasa?-preguntó el azabache, sobresaltándose al ver la cara de ella tan pálida y aterrorizada.

-¡Es la Marca Tenebrosa, Harry!-chilló la pelirroja, luego de haber vuelto en sí.- ¡El signo de Quien-tú-sabes, James!

-¿El de Voldemort?-

-¡Por el amor de Dios, hermano!-se lamentó.- ¡No lo nombres!-Tabatha reaccionó y comenzó a tironear del brazo de su mellizo.- ¡Vamos, Harry!

Él se volvió, mientras Ron recogía a toda prisa su miniatura de Krum, y los cuatro se dispusieron a cruzar el claro. Pero tan sólo habían dado unos pocos pasos, cuando una serie de ruiditos anunció la repentina aparición, de la nada, de una veintena de magos que los rodearon.

-¡AL SUELO!-ordenó Harry, obligándolos a tirarse sobre la hierba.

-¡Desmaius!-gritaron las veinte voces. Hubo una serie de destellos cegadores.  Al azabache se le despeinó, aún más, el cabello. Chorros de luz roja salían de las varitas de, pasaban por encima de ellos, cruzándose, rebotaban en los troncos de los árboles y se perdían luego en la oscuridad.

-¡Alto!-gritó una voz familiar.- ¡ALTO! ¡Es mi hijo!-el pelo de Harry volvió a asentarse. Levantó un poco la cabeza. El mago que tenía delante acababa de bajar la varita. Al darse la vuelta vio al señor Weasley, que avanzaba hacia ellos a zancadas, aterrorizado.- Ron... Harry...-su voz sonaba temblorosa.-Chicas... ¿están bien?

-Apártate, Arthur.-ordenó la voz fría y cortante del señor Crouch. Él y los otros magos del Ministerio estaban acercándose. Harry se puso en pie de cara a ellos. Crouch tenía el rostro crispado de rabia.- ¿Quién de ustedes lo ha hecho?-inquirió bruscamente, fulminándolos con la mirada.- ¿Quién de ustedes ha invocado la Marca Tenebrosa?

-¡Nosotros no hemos invocado eso!-exclamó el azabache, señalando la calavera.

-¡No hemos hecho nada!-añadió Ron, frotándose el codo y mirando a su padre con expresión indignada.- ¿Por qué nos atacan?

-¡No mienta, señor Potter!-gritó el señor Crouch. Seguía apuntando a Ron con la varita, y los ojos casi se le salían de las órbitas.- ¡Lo hemos descubierto en el lugar del crimen!

-Barty...-susurró una bruja vestida con una bata larga de lana.- Son niños, Barty. Nunca podrían haberlo hecho...

-Díganme, ¿de dónde ha salido la Marca Tenebrosa?-preguntó apresuradamente el señor Weasley.

-De allí.-señalaron la castaña y la pelirroja. Sus manos temblaban al señalar el lugar del que había partido la voz.

-Estaban detrás de los árboles. Gritaron unas palabras...un conjuro.-agregó Hermione.

-¿Conque estaban allí?-repitió Crouch, volviendo sus desorbitados ojos hacia ella, con la desconfianza impresa en cada rasgó de su rostro.- ¿Conque pronunciaron un conjuro? Usted parece muy bien informada de la manera en que se invoca la Marca Tenebrosa, señorita.

Ningún otro mago del Ministerio parecía creer ni remotamente que cuatro chicos pudieran haber invocado la calavera. Por el contrario, después de oír a Hermione habían vuelto a alzar las varitas y apuntaban a la dirección a la que ella había señalado, tratando de ver algo entre los árboles.

-Demasiado tarde.-murmuró la bruja vestida con una bata de lana, sacudiendo la cabeza.-Se han desaparecido.

-No lo creo.-declaró un mago. Era Amos Diggory.-Nuestros rayos aturdidores penetraron en aquella dirección, así que hay muchas posibilidades de que los hayamos atrapado...-

-¡Ten cuidado, Amos!-le advirtieron algunos de los magos cuando alzó su varita, fue hacia el borde del claro y desapareció en la oscuridad.

Hermione se llevó las manos a la boca cuando lo vio desaparecer.

-¡Sí! ¡Los hemos capturado!-gritó al cabo de unos segundos.- ¡Aquí hay alguien! ¡Está inconsciente! Es... Pero... ¡caray!

-¿Has atrapado a alguien?-quiso saber el señor Crouch, con tono de incredulidad.- ¿A quién? ¿Quién es?-oyeron chasquear ramas, crujir hojas y luego unos pasos sonoros hasta que Diggory salió de entre los árboles. Llevaba en los brazos a un ser pequeño, desmayado. Winky.

El señor Crouch no se movió ni dijo nada mientras el señor Diggory depositaba a la elfina en el suelo, a sus pies. Tenía los ojos puestos en Winky. Luego pareció despertar.

-Esto... es... imposible.-balbuceó.- No...-rodeó al señor Diggory y se dirigió a zancadas al lugar en que éste había encontrado a Winky.

-¡Es inútil, señor!-dijo Amos.- No hay nadie más.-pero Barty no parecía dispuesto a creerle. Lo oyeron moverse por allí, rebuscando entre los arbustos.-Es un poco embarazoso.-declaró con gravedad, bajando la vista hacia la inconsciente Winky.- La elfina doméstica de Barty Crouch... Lo que quiero decir...

-Déjalo, Amos.-dijo el señor Weasley en voz baja.- ¡No creerás de verdad que fue la elfina! La Marca Tenebrosa es una señal de mago. Se necesita una varita.

-Sí.-admitió Diggory.- Y ella tenía una varita, en realidad, dos.-

-¿Qué?-exclamó el señor Weasley, dando un leve saltito hacia atrás.

-Aquí, mira.-el señor Diggory se las tendió frente a él.- Las tenía en la mano. De forma que, para empezar, se ha quebrantado la cláusula tercera del Código de Usó de la Varita Mágica: El uso de la varita mágica no está permitido a ninguna criatura no humana.

Se oyó un ¡PLIN!, y Ludo Bagman se apareció justo al lado del padre de Ron. Parecía despistado y sin aliento. Giró sobre sí mismo, observando con los ojos desorbitados la calavera verde.

-¡La Marca Tenebrosa!-chilló, jadeando, y casi pisa a Winky al volverse hacia sus colegas con expresión interrogante.- ¿Quién ha sido? ¿Los han atrapado? ¡Barty! ¿Qué sucede?-el señor Crouch había vuelto con las manos vacías. Su cara seguía estando espectralmente pálida, y se le había erizado el bigote de cepillo.

-Este hombre vive en la Luna.-le susurró Tabatha a Hermione.

-¿Dónde has estado, Barty?-le preguntó Bagman.- ¿Por qué no estuviste en el partido? Tu elfina te estaba guardando una butaca... ¡Gárgolas tragonas!-el mago recién acababa de ver a Winky, tendida a sus pies.- ¿Qué le ha pasado?

-He estado ocupado, Ludo.-respondió Crouch, hablando aún como a trompicones y sin apenas mover los labios.- Hemos dejado sin inconsciente a mi elfina.

-¿Inconsciente? ¿Ustedes? ¿Qué quieres decir? Pero ¿por qué...?-de repente, Bagman comprendió lo que sucedía. Levantó la vista hacia la calavera, luego la bajó hacia la pequeña criaturita y terminó dirigiéndola al señor Crouch.- ¡No!-dijo.- ¿Winky? ¿Winky invocando la Marca Tenebrosa? ¡Ni siquiera sabría cómo hacerlo! ¡Para empezar, necesitaría una varita mágica!

-Y las tenía.- explicó el señor Diggory, recalcando el plural de las varitas.- La encontré con dos varitas en la mano, Ludo.-agregó.- Si le parece bien, señor Crouch, creó que deberíamos oír lo que ella tenga que decir.-Barty no respondió, pero dejó bien en claro sus intenciones. Diggory la apuntó con su varita.- ¡Enervate!-

Winky se movió lánguidamente. Abrió sus grandes ojos de color castaño y parpadeó varias veces, como aturdida. Ante la mirada de los magos, que guardaban silencio, se incorporó con movimientos vacilantes y se quedó sentada en el suelo. Vio los pies del mago y poco a poco, temblando, fue levantando los ojos hasta llegar a su cara, y luego, más despacio todavía, siguió elevándolos hasta el cielo. Ahogó un grito, miró asustada a la multitud de gente que la rodeaba y estalló en sollozos de terror.

-¡Elfina!-habló severamente el señor Diggory.- ¿Sabes quién soy?-preguntó.- ¡Soy miembro del Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas!-Winky se balanceó de atrás adelante sobre la hierba, respirando entrecortadamente.-Como ves, elfina, la Marca Tenebrosa ha sido conjurada en este lugar hace tan sólo un instante.-explicó.- ¡Y a ti te hemos descubierto un poco después, justo debajo! ¡Si eres tan amable de darnos una  explicación...!

-¡Yo... yo... yo no lo he hecho, señor!-repuso la elfina jadeando.- ¡Ni siquiera hubiera sabido cómo hacerlo, señor!

-¡Te hemos encontrado con una varita en la mano! Y no solo has hecho aparecer la Marca, sino que le robaste dos varitas a dos magos.-gritó el señor Diggory, las blandió ante ella.

Con la tenue luz verde, las varitas se notaron un poco más.

-Oh, no.-susurró Tabatha, poniéndose de pie de un salto.- ¿Ohm…señor Diggory?-el mago se volvió a ella, con el ceño fruncido.

-¡Son las nuestras!-exclamó Harry, sin previo aviso.

Todo el mundo los miró.

-¿Cómo has dicho?-preguntó el señor Diggory, sin dar crédito a sus oídos.

-¡Que es mi varita y la de mi hermana!-repitió Harry.- ¡Se nos cayeron!

-¿Que se les cayó?-repitió el señor Diggory, extrañado.- ¿Es eso una confesión? ¡¿Las tiraron luego de haber embocado la Marca Tenebrosa?!

-¿Usted está bromeando, verdad?-exclamó Tabatha, mostrándose ofendida.

-¡Amos, recuerda con quién hablas!-intervino el señor Weasley, muy enojado.- ¿Te parece posible que los mellizos Potter invocaran la Marca Tenebrosa?

-Eh... no, por supuesto.-farfulló el señor Diggory.- Lo siento... Me he dejado llevar.

-De todas formas.-continuó la pelirroja, con el ceño fruncido.- No fue ahí donde las perdimos.- con el pulgar hacia los árboles que había justo debajo de la calavera.- En mi caso, creo haberla perdido entre la multitud que salía del estadio. Y mi hermano, cuando salimos corriendo de las tiendas.-

-Así que…-dijo el señor Diggory, mirando con severidad a Winky, que se había encogido de miedo.-…las encontraste tú, ¿eh, elfina? Y las tomaste y quisiste divertirte un rato con ellas, ¿eh?

-¡Yo no he hecho magia con ella, señor!-chilló Winky, mientras las lágrimas le resbalaban por ambos lados de su nariz, aplastada y bulbosa.- ¡Yo... yo... yo sólo las tomé, señor! ¡Yo no he conjurado la Marca Tenebrosa, señor, ni siquiera sabría cómo hacerlo!

-¡No fue ella!-intervino Hermione, siendo secundada por su amiga, que asentía.- ¡Winky tiene una vocecita chillona, y la voz que oímos pronunciar el conjuro era mucho más grave!-miró a Ron y Harry, en busca de apoyo.- No se parecía en nada a la de ella, ¿a qué no?

-No.-confirmó Harry, negando con la cabeza.-Sin lugar a dudas, no era la de un elfo.

-No, era una voz humana.-dijo Ron.

-Bueno, pronto lo veremos.-gruñó Diggory, sin darles mucho crédito.- Hay una manera muy sencilla de averiguar cuál ha sido el último conjuro efectuado con una varita mágica. ¿Sabías eso, elfina?-Winky temblaba y negaba frenéticamente con la cabeza, batiendo las orejas, mientras el mago volvía a levantar su varita y juntaba la punta con el extremo de las varitas.- ¡Prior Incantato!-en el primer intento, que fue con la de Tabatha, no salió nada. Pero, todo empeoró con la varita de Harry.

Hermione ahogó un grito, horrorizada, cuando una calavera con lengua en forma de serpiente surgió del punto en que las dos varitas hacían contacto. Era, sin embargo, un simple reflejo de la calavera verde que se alzaba sobre ellos, y parecía hecha de un humo gris espeso. La pelirroja se contrajo un poco, pero se mantuvo en pie.

-¡Deletrius!-gritó el señor Diggory, y la calavera se desvaneció en una voluta de humo.- ¡Bien!-exclamó con una expresión incontenible de triunfo, bajando la vista hacia Winky, que seguía agitándose convulsivamente.

-¡Yo no lo he hecho!-chilló la elfina, moviendo los ojos aterrorizada.- ¡No he sido, no he sido, yo ni siquiera sabría cómo hacerlo! ¡Soy una elfina buena, no uso varita, no sé cómo se hace!-

-¡Te hemos atrapado con las manos en la masa, elfina!-gritó el señor Diggory.- ¡Te hemos atrapado con la varita que ha obrado el conjuro!-

-¡Qué ella haya sido encontrada con una varita, no significa que haya sido la autora!-protestó Tabatha, enfrentando al padre de su novio.- ¡Pudo haber sido cualquiera, que terminó culpando a la pobre Winky!-

-¿Estás insinuando que alguien lo hizo, verdad?-la pelirroja asintió.- ¿No serás tú?-Tabatha abrió los ojos y estaba por replicar, de no haber sido por el señor Weasley que a tomó de los hombros y la apartó.

-Amos.-dijo en voz alta.- Piensa en lo que dices. Son poquísimos los magos que saben llevar a cabo ese conjuro. Soy consciente de que en Hogwarts no se enseñan ese tipo de magia... ¿Quién se lo podría haber enseñado a una elfina?-

-Quizá Amos quiere sugerir que yo tengo por costumbre enseñar a mis sirvientes a invocar la Marca Tenebrosa.-intervino el señor Crouch impregnando cada sílaba de una cólera fría.

Se hizo un silencio muy tenso. Amos Diggory se asustó.

-No...No...Señor Crouch, en absoluto...-

-Te ha faltado muy poco para acusar a las dos personas de entre los presentes que son menos sospechosas de invocar la Marca Tenebrosa: a Harry Potter... ¡y a mí mismo! Supongo que conoces la historia estos niños, Amos.-

-Por supuesto... Todo el mundo la conoce....-musitó el señor Diggory, desconcertado. ¡Y yo espero que recuerdes las muchas pruebas que he dado, a lo largo de mi prolongada trayectoria profesional, de que desprecio y detesto las Artes Oscuras y a cuantos las practican!-gritó Barty, con los ojos de nuevo desorbitados.

-Señor Crouch, yo... ¡yo nunca sugeriría que usted tuviera la más remota relación con este incidente!-farfulló Amos. Su rala barba de color castaño conseguía en parte disimular su sonrojo.

-¡Si acusas a mi elfina me acusas a mí, Diggory!-vociferó el señor Crouch.- ¿Dónde podría haber aprendido la invocación?

-Po... podría haberla aprendido... en cualquier sitio...

-Eso es, Amos...-repuso el señor Weasley.- En cualquier sitio. Winky.-añadió en tono amable, dirigiéndose a la elfina, pero ella se estremeció como si él también le estuviera gritando.- ¿Dónde exactamente encontraste las varitas mágicas?

Winky retorcía el dobladillo del paño de cocina tan violentamente que se le deshilachaba entre los dedos.

-Yo... yo las he encontrado... las he encontrado ahí, señor...-susurró.-Ahí... entre los árboles, señor.

-¿Te das cuenta, Amos?-dijo el señor Weasley.- Quienesquiera que invocaran la Marca podrían haberse desaparecido justo después de haberlo hecho, dejando tras ellos las varitas. Una buena idea, no usar su propia varita, que luego podría delatarlos. Y Winky tuvo la desgracia de encontrárselas un poco después y de haberlas tomado.-

-¡Lo ve!-exclamó Tabatha.- ¡Mi punto tiene fundamentos!-dijo, no pudiendo esconder la satisfacción que sentía al saber que estaba en lo correcto.

-¡Pero entonces ella tuvo que estar muy cerca del verdadero culpable!-repuso el señor Diggory, impaciente.- ¿Viste a alguien, elfina?

Winky comenzó a temblar más que antes. Sus enormes ojos pasaron vacilantes del señor Diggory a Ludo Bagman, y luego al señor Crouch. Tragó saliva y negó.

-No he visto a nadie, señor... A nadie.

-Amos.-dijo secamente el señor Crouch.-Soy plenamente consciente de que lo normal, en este caso, sería que te llevaras a Winky a tu departamento para interrogarla. Sin embargo, te ruego que dejes que sea yo quien trate con ella.

El señor Diggory no pareció tomar en consideración aquella sugerencia, pero era evidente que el señor Crouch era un miembro del Ministerio demasiado importante para decirle que no.

-Puedes estar seguro de que será castigada.-agregó el señor Crouch fríamente.

-A... a... amo...-tartamudeó Winky, mirándolo con los ojos bañados en lágrimas.- A... a... amo, se lo ruego...

El señor Crouch bajó la mirada, con el rostro tan tenso que todas sus arrugas se le marcaban profundamente. No había ni un asomo de piedad en su mirada.

-Winky se ha portado esta noche de una manera que yo nunca hubiera creído posible.-dijo despacio.- Le mandé que permaneciera en la tienda. Le mandé permanecer allí mientras yo solucionaba el problema. Y me ha desobedecido.-hizo una pausa y suspiró.- Esto merece la prenda.

-¡No!-gritó Winky, postrándose a los pies del señor Crouch.- ¡No, amo! ¡La prenda no, la prenda no!

-¡Pero estaba aterrorizada!-saltó Hermione indignada, mirando al señor Crouch.- ¡Su elfina siente terror a las alturas, y los magos enmascarados estaban haciendo levitar a la gente! ¡Usted no le puede reprochar que huyera!

Barty dio un paso atrás para librarse del contacto de su elfina, a la que miraba como si fuera algo sucio y podrido que le podía echar a perder los lustrosos zapatos.

-Una elfina que me desobedece no me sirve para nada.-declaró con frialdad, mirando a Hermione.-No me sirve para nada un sirviente que olvida lo que le debe a su amo y a la reputación de su amo.

Winky lloraba con tanta energía que sus sollozos resonaban en el claro del bosque.

Se hizo un silencio muy desagradable.

-Bien, creo que me llevaré a los míos a la tienda, si no hay nada que objetar.-intervino el señor Weasley.- Amos, esas varita ya no nos pueden decir nada más. Si eres tan amable de devolvérselas a sus dueños...-el señor Diggory se las entregó. -Vamos, ustedes cuatro.-les dijo en voz baja.

Hermione no quería moverse. No apartaba la vista de la elfina, que seguía sollozando.

-¿Mione?-preguntó Tabatha, al pasar a su lado.-Ya vámonos. Tuvimos mucho por una noche.-

-¿Qué le va a pasar a Winky?-preguntó, en cuanto salieron del claro.

-No lo sé.-respondió el padre de Ron.

-¡Qué manera de tratarla!-dijo furiosa.- El señor Diggory, sin dejar de llamarla elfina... ¡y el señor Crouch! ¡Sabe que no lo hizo y aun así la va a despedir! Le da igual que estuviera aterrorizada, o alterada... ¡Es como si no fuera humana!

-Es que no lo es.-repuso Ron.

Hermione se le enfrentó.

-Eso no quiere decir que no tenga sentimientos, Ron. Da asco la manera...

-Estoy de acuerdo contigo, Hermione.-se apresuró a decir el señor Weasley, haciéndole señas de que siguiera adelante.-Pero no es el momento de discutir los derechos de los elfos. Me gustaría que estuviéramos de vuelta en la tienda lo antes posible. ¿Qué ocurrió con los otros?

-Los perdimos en la oscuridad.-explicó Ron.- Papá, ¿por qué le preocupaba tanto a todo el mundo aquella cosa en forma de calavera?

-Se los explicaré en la tienda.-contestó con cierto nerviosismo.

Pero cuando llegaron al final del bosque no los dejaron pasar: una multitud de magos y brujas atemorizados se había congregado allí, y al ver aproximarse al señor Weasley muchos de ellos se adelantaron.

-¿Qué ha sucedido?

¿Quién la ha invocado, Arthur?

-¡No será... él!

-Por supuesto que no es él.-contestó el señor Weasley sin demostrar mucha paciencia.- No sabemos quién ha sido, porque se desaparecieron. Ahora, por favor, perdonadme. Quiero ir a dormir.

Atravesó la multitud seguido de los chicos, y regresaron al cámping. Ya estaba todo en calma: no había ni rastro de los magos enmascarados, aunque algunas de las tiendas destruidas seguían humeando.

Charlie asomaba la cabeza fuera de la tienda de los chicos.

-¿Qué pasa, papá?-le dijo en la oscuridad.- Fred, George y Ginny volvieron bien, pero los otros...

-Aquí los traigo.-respondió, agachándose para entrar en la tienda. Harry, Ron, Hermione y Tabatha entraron detrás.

Bill estaba sentado a la pequeña mesa de la cocina, aplicándose una sábana al brazo, que sangraba profusamente. Charlie tenía un desgarrón muy grande en la camisa, y Percy hacía ostentación de su nariz ensangrentada. Fred, George y Ginny parecían incólumes pero asustados.

-¿Los han atrapado, papá?-preguntó Bill de inmediato.- ¿Quién invocó la Marca?

-No, no los hemos atrapado.-repuso el señor Weasley.- Hemos encontrado a la elfina del señor Crouch con las varita de los chicos.-señaló a los mellizos con la cabeza.-Pero no hemos conseguido averiguar quién hizo realmente aparecer la Marca.

-¿Qué?-preguntaron a un tiempo Bill, Charlie y Percy.

-¿Con sus varitas?-dijo Fred.

-¿La elfina del señor Crouch?-inquirió Percy, atónito.

Con ayuda de los mellizos, Ron y Hermione, el señor Weasley les explicó todo lo sucedido en el bosque. Al finalizar el relato, Percy se mostraba indignado.

-¡Bueno, el señor Crouch tiene toda la razón en querer deshacerse de semejante elfina!-dijo.- Escapar cuando él le mandó expresamente que se quedara... Avergonzarlo ante todo el Ministerio... ¿En qué situación habría quedado él si la hubieran llevado ante el Departamento de Regulación y Control...?

-Ella no hizo nada...-lo interrumpió la pelirroja con brusquedad.

-¡Sólo estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado!-añadió Hermione.

-¡Hermione, un mago que ocupa una posición cómo la del señor Crouch no puede permitirse tener una elfina doméstica que hace tonterías con una varita mágica!-declaró Percy pomposamente.

-¡No hizo tonterías con las varitas!-gritaron  ambas chicas.- ¡Sólo las recogió del suelo!

-Bueno, ¿puede explicar alguien qué era esa cosa en forma de calavera?-pidió Ron, impaciente.-No le ha hecho daño a nadie... ¿Por qué le dan tanta importancia?

-Ya te lo dije, Ron, es el símbolo de Quien-tú-sabes.-explicó Hermione, antes de que pudiera contestar ningún otro.- He leído sobre el tema en Auge y caída de las Artes Oscuras.

 -Y no se la había vuelto a ver desde hacía trece años.-añadió en voz baja el señor Weasley.-Es natural que la gente se aterrorizara... Ha sido casi cómo volver a ver a Quien-tú-sabes.

-Sigo sin entenderlo.-dijo Ron, frunciendo el entrecejo.- Quiero decir que no deja de ser simplemente una señal en el cielo...

-Ron, Quien-tú-sabes y sus seguidores mostraban la Marca Tenebrosa en el cielo cada vez que cometían un asesinato.-repuso su padre.- El terror que inspiraba... No puedes ni imaginártelo: eres demasiado joven. Imagínate que vuelves a casa y ves la Marca Tenebrosa flotando justo encima, y comprendes lo que estás a punto de encontrar dentro...-el señor Weasley se estremeció.-Era lo que más temía todo el mundo... lo peor...

Se hizo el silencio. Luego Bill, quitándose la sábana del brazo para comprobar el estado de su herida, habló:

-Bueno, quienquiera que la hiciera aparecer esta noche, a nosotros nos fastidió, porque los Mortifagos echaron a correr en cuanto la vieron. Todos se desaparecieron antes de que nosotros hubiéramos llegado lo bastante cerca para desenmascarar a ninguno de ellos. Afortunadamente, pudimos tomar a la familia Roberts antes de que dieran contra el suelo. En estos momentos les están modificando la memoria.

-¿Mortifagos?-repitió Harry.- ¿Qué son los Mortifagos?-

-Por lo que están diciendo, son los seguidores de Vol…de-Quién-ya- tu-sabes.-respondió Tabatha.

-Creo que esta noche hemos visto lo que queda de ellos; quiero decir, los que se libraron de Azkaban.-agregó el mayor de los Weasley.

-Pero no tenemos pruebas de eso, Bill.-observó su padre.-Aunque es probable que tengas razón.-agregó, desesperanzado.

-Apuesto a que sí.-dijo Ron de pronto.- ¡Papá, encontramos a Draco Malfoy en el bosque, y prácticamente admitió que su padre era uno de aquellos tontos de las máscaras! ¡Y todos sabemos lo bien que se llevaban los Malfoy con Quien-tú-sabes!

-Pero ¿qué pretendían los partidarios de Voldemort...?-empezó a decir Harry. Todos se estremecieron.-Lo siento.-dijo apresuradamente.- ¿Qué pretendían los partidarios de Quien-ustedes-saben, haciendo levitar a los Muggles? Quiero decir, ¿para qué lo hicieron?

-¿Para qué?-dijo el señor Weasley, con una risa forzada.- Harry, ésa es su idea de la diversión. La mitad de los asesinatos de Muggles que tuvieron lugar bajo el poder de Quien-tú-sabes se cometieron nada más que por diversión. Me imagino que anoche bebieron bastante y no pudieron aguantar las ganas de recordarnos que todavía están ahí y son unos cuantos. Una encantadora reunión para ellos.-terminó, haciendo un gesto de asco.

-Pero, si eran Mortifagos, ¿por qué se desaparecieron al ver la Marca Tenebrosa?-preguntó Tabatha.- Tendrían que haber estado encantados de verla, ¿no?

-Piensa un poco, Tab.-dijo Bill.- Si de verdad eran Mortifagos, hicieron lo indecible para no entrar en Azkaban cuando cayó Quien-tú-sabes, y dijeron todo tipo de mentiras sobre que él los había obligado a matar y a torturar a la gente. Estoy seguro de que ellos tendrían aún más miedo que nosotros si volviera. Cuando perdió sus poderes, negaron haber tenido relación con él y se apresuraron a regresar a su vida cotidiana. Imagino que no les guarda mucho aprecio, ¿no crees?

-Entonces... los que hicieron aparecer la Marca Tenebrosa...-dijo Hermione pensativamente.- ¿Lo hicieron para mostrar su apoyo a los Mortifagos o para espantarlos?

-Puede ser cualquier cosa, Hermione.-admitió el señor Weasley.-Pero te diré algo: sólo los Mortifagos sabían formar la Marca. Me sorprendería mucho que la persona que lo hizo no hubiera sido en otro tiempo un Mortífago, aunque no lo sea ahora...-hizo una breve pausa y se puso de pie.-Escuchen: es muy tarde, y si su madre se entera de lo sucedido se preocupará muchísimo. Lo que vamos a hacer es dormir unas cuantas horas y luego intentaremos irnos de aquí en uno de los primeros Trasladores.

Mientras todos se estaban levantando, Ron habló.

-Tu novio no es tan grandioso con el padre que tiene, ¿verdad, Tab?-le dio leves codazos. La pelirroja rodó los ojos y partió junto a sus amigas para prepararse e ir a dormir.

...

¡Hola!

Les traigo un nuevo capítulo. Espero que les guste ;)

Aviso, mi computadora (la que contiene tooodos los archivos de mis historias) se bloqueó. Los que vivan en Argentina y tengan las computadoras del gobierno van a entender, para los que no, les explico. Esas netbooks tienen un plazo de actividad antes de que se bloqueen y para desbloquearlas es necesario un código que lo da la escuela. Bueno, yo quise habilitarla de nuevo pero no pude y ahora está en mi escuela con todos mis capítulosL. Quiero morirL. Cómo pueda voy a intentar subir mis novelas****J

Bueno, era eso.

¡Nos vemos!

¡¡Besos!!